Disclaimers:
Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.
Capítulo 13
Edward
Estaba parado frente la casucha de Bones cuando Bella me encontró. Sudor corría por su rostro.
-Perseguí una gallina por toda la isla, pero corría muy rápido. La atrapare aunque sea lo último que haga. –se agacho y puso sus manos sobre sus rodillas, tratando de recuperar el aliento. Levanto su mirada hacia mí-. ¿Qué estás haciendo?
-Quiero echar abajo esta casucha, luego llevar la madera de vuelta a la playa para construir una casa.
-¿Tienes alguna idea de cómo construir una casa?
-No, pero tengo un montón de tiempo para averiguarlos. Si soy cuidadoso, puedo reutilizar toda la madera y los clavos. Puedo hacer un toldo con la lona para que el fuego no se escape. –examine las bisagras de la puerta, considerando si eran salvables-. Necesito algo que hacer, Bella.
-Creo que es una gran idea –dijo.
Nos tomó tres días derrumbar la casucha y llevar las piezas a la playa. Saque todos los viejos clavos y los puse en la caja de herramienta con los otros.
-No quiero estar cerca del bosque –dijo bella-. Por las ratas.
-De acuerdo. –sin embargo no podía construir en la playa, porque la arena era muy inestable. Elegimos un lugar entre los dos, donde terminaba la arena y comenzaba el barro. Cavamos una base, lo que apesto porque no teníamos una excavadora. Use la garra del martillo para sacar pedazos de tierra y Bella me siguió detrás, recogiéndolos en uno de nuestros contenedores de plástico.
Use el serrucho rustico para cortar la madera del tamaño correcto. Bella sostenía las tablas mientras yo aporreaba los clavos.
-Estoy feliz que hayas decidido hacer esto –me dijo.
-Me va a tomar un tiempo terminarlo.
-Está bien.
Se dirigió a la caja de herramientas para traerme unos clavos más. Después de que me los pasara dijo-. Dime si necesitas más ayuda.
Estrecho una manta cercana y cerró los ojos. La observe por un minuto, mis ojos moviéndose desde sus piernas hasta su estómago y sus pechos, preguntándome si su piel se sentía tan sueva como parecía. Pensé en lo sucedido el otro día, cuando beso mi cuello debajo de la palmera. Recordé lo bien que se sintió. De repente, abrió sus ojos y volvió su cabeza hacia mí. Aparte la mirada rápidamente. Perdí la cuenta de cuantas veces me había atrapado mirándola. Nunca decía nada al respecto, ni que dejara de hacerlo, lo que era una razón más de porque me gustaba tanto.
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Habría sido mi último año, y Bella odiaba que yo no extrañara tanto la escuela.
-Probablemente vas a tener que obtener un GED. No te culparía para nada si eso es lo que quieres hacer, en vez de regresar y terminar la secundaria.
-¿Qué es un GED?
-Un certificado de equivalencia de educación secundaria, a veces cuando los chicos abandonan la escuela, en vez de volver eligen esa opción, pero no te preocupes, yo te ayudare.
-De acuerdo. –me importaba una mierda mi certificado de secundaria en ese entonces, pero parecía importante para ella.
Al día siguiente, cuando estábamos trabajando en la casa, Bella dijo-. ¿Alguna vez te vas a afeitar? –Toco mi barba con el dorso de su mano-. ¿No tienes calor?
Esperaba que hubiese suficiente cabello como para ocultar mi sonrojo-. Nunca me he afeitado antes. Era muy pequeño cuando empecé la quimio. Cuando dejamos chicago todo empezó a crecer de nuevo.
-Bueno, esta todo allí ahora.
-Lo sé, pero no tenemos un espejo, y no sé cómo hacerlo.
-¿Por qué no lo dijiste antes? Sabes que te habría ayudado.
-Uh, ¿Por qué es vergonzoso?
-Vamos –dijo, agarro mi mano y me llevo de vuelta al cobertizo. Abrió su maleta y saco una hoja de afeitar y crema que usaba en sus piernas, luego bajamos al agua.
Nos sentamos con las piernas cruzadas, uno frente al otro. Echo un chorro de crema en su mano y la aplico en mi cara antes de esparcirla. Puso su mano detrás de mi cabeza, empujándome hacia ella hasta que estuve en el angulo correcto, después afeito el lado izquierdo de mi rostro con lentos y cuidadosos toques.
-Solo para que sepas –dijo-. Nunca he afeitado a un hombre antes. Tratare de no cortarte, pero no prometo nada.
-Lo harás mejor de lo que yo lo haría.
Solo unos pocos centímetros separaban nuestros rostro, y mire sus ojos, algunas veces eran grises, y otras azules. Hoy eran azules. Nunca me había dado cuenta de lo largas que tenía sus pestañas.
-¿Se fijan las personas en tus ojos? –solté.
Ella se inclinó y hundió la hoja de afeitar en el agua.
–A veces.
-Son increíbles, se ven inclusos más azules ahora que están tan bronceada.
Sonrió. –Gracias.
Recogió agua en sus manos y la dejo correr por mis mejillas sacando la crema de afeitar.
-¿Por qué esa mirada? –pregunto.
-¿Qué mirada?
-Tienes algo en mente –apunto mi cabeza-. Prácticamente puedo ver las ruedas dando vueltas ahí arriba.
-Cuando dijiste que nunca habías afeitado a un hombre antes. ¿Piensas en mí como un hombre?
Se detuvo antes de contestar. –No pienso en ti como un niño.
Bien, porque no lo soy.
Aplico más crema en su palma y afeito el resto de mi rostro. Cuando termino, sostuvo mi mejilla y volvió mi cara de un lado al otro, recorriendo con su mano mi piel.
-Bien –dijo-. Estas listo.
-Gracias, ya me siento más fresco.
-De nada, avísame cuando quieras que lo haga otra vez.
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Bella y yo nos acostamos en la cama una noche, hablando en la oscuridad.
-Extraño a mi familia –dijo ella-. Tengo este pensamiento en mi cabeza reproduciéndose todo el tiempo. Me imagino que aterriza un avión en la laguna y tú y yo estamos justo en la playa cuando eso pasa. Nadamos para salir y el piloto no puede creer que seamos nosotros. Volamos lejos y tan pronto como encontramos un teléfono, llamamos a nuestras familias. ¿Puedes imaginar cómo sería para ellos? ¿Qué se les diga que alguien murió e ir a su funeral, para que luego ellos te llamen por teléfono?
-No puedo imaginar cómo seria. –Me di vuelta sobre mi estómago y acomode el cojín del asiento debajo de mi cabeza-. Apuesto que deseas no haber aceptado este trabajo.
-Acepte este trabajo porque era una gran oportunidad para ir a un lugar en el que nunca hubiese estado. Nadie hubiese podido predecir que esto iba a pasar.
Me rasque una picadura de mosquito en mis piernas. -¿Vivías con ese tipo? Dijiste que dormías junto a él.
-Sí.
-No creo que él quisiera que estuvieses lejos por tanto tiempo.
-No quería.
-¿Pero tu si?
No dijo nada por un minuto. –Me siento extraña hablando de esto contigo.
-¿Por qué? ¿Por qué pienses que soy muy joven para siquiera entenderlo?
-No, porque eres hombres. No sé si puedas comprenderlo.
-Oh, lo siento. –no debí haber dicho eso. Bella era realmente buena en no tratarme como un niño.
-Su nombre es Jacob, yo quería casarme, pero él no estaba listo, y estaba cansada de esperar. Pensaba que sería bueno si me iba por un tiempo. Tomar algunas decisiones.
-¿Cuánto tiempo han estado juntos?
-Ocho años. –sonaba avergonzada.
-¿Así que no quería casarse?
-Bueno, creo que simplemente no quería casarse conmigo.
-Oh.
-No quiero seguir hablando de él. ¿Qué hay contigo? ¿Tienes a alguien en chicago?
-Ya no, salía salir con esta chica llamada Emma. La conocí en el hospital.
-¿Ella también tenía Hodgking?
-No, leucemia. Estaba sentada en una silla a mi lado cuando me hicieron mi primera quimioterapia. Pasamos un montón de tiempo juntos después de eso.
-¿Tenia tu edad?
-Un poco más joven, tenía catorce.
-¿Cómo era?
-Un poco callada. Pensaba que era muy linda. Aunque ya había perdido su cabello y ella lo odiaba, usaba siempre un gorro, cuando el mío también se cayó, dejo de estar avergonzada. Después de eso simplemente nos sentábamos por ahí como dos peladitos y no nos importaba.
-Perder tu cabello debe ser difícil.
-Sí, y probablemente es peor para las chicas. Emma me mostro algunas fotos viejas, tenía el pelo largo y rubio.
-¿Alguna vez pudieron estar juntos cuando no estaban en quimio?
-Sí, ella conocía el camino alrededor del hospital. Las enfermeras siempre miraban para otro lado cuando nos atrapaban besándonos en alguna parte. Subíamos al jardín de la azotea del hospital, y nos sentábamos al sol. Quería llevarla afuera, pero su sistema inmunológico no podía soportar estar en una multitud. Una noche, las enfermeras nos dejaron ver un video en una habitación vacía. Nos acostamos en una cama juntos y nos trajeron palomitas.
-¿Qué tan enferma estaba ella?
-Estaba bien cuando nos conocimos, pero después de seis meses, se enfermó bastante. Una noche en el teléfono, me dijo que había hecho una lista de cosas que quería hacer, y me dijo que pensaba que se estaba quedando sin tiempo.
-Oh, Edward.
-Tenía quince años para ese entonces, pero ella quería llegar a los dieciséis para poder sacar la licencia de conducir. Quería ir a la graduación, pero decía que cualquier baile escolar serviría. –vacile pero estar alado de Bella en la oscuridad hacia más fácil poder hablar de estas cosas-. Me dijo que quería tener sexo, para poder saber cómo se sentía. Su doctor tuvo que regresar al hospital y le consiguieron una habitación privada, creo que las enfermeras lo sabían, quizás ella se los conto, pero nos dejaban solos y nos las arreglamos para sacar una cosa de esa lista. Murió tres semanas después.
-Eso es tan triste, Edward. –bella sonaba como si estuviera tratando de no llorar-. ¿Estabas enamorada de ella?
-No lo sé. Me importaba mucho, pero fue un tiempo tan extraño. Mi quimio dejo de funcionar, y tuve que empezar radiación. Me asuste cuando murió. ¿Sabría si la ame, Bella?
-Si –susurro.
No había pensado en Emma en un tiempo, aun así nunca la olvidaría; había sido mi primera vez también.
-¿Qué decidiste sobre ese tipo, Bella?
No respondió. Quizás no quería decírmelo, o quizás ya se había quedado dormida. Escuche las olas rompiéndose contra el arrecife. El sonido me relajaba. Cerré mis ojos y no los abrí hasta que el sol me despertó a la mañana siguiente.
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Bella
-¿Quieres jugar póker? –pregunto Edward.
-Claro, deje las cartas abajo, cerca del agua.
-Voy a buscarlas –dijo.
-Está bien, tengo que ir al baño, las traeré en mi camino de regreso. –odiaba ir a cualquier parte cerca de los bosques por la noche, y tenía cerca de dos minutos antes que el sol se pusiera.
Acababa de tomar las cartas cuando ocurrió. Nunca lo vi venir, y debió hacer surgido rápidamente del cielo con algo de velocidad detrás, porque cuando el murciélago colisiono con mi cabeza, casi me echo al suelo. Me tomo un segundo averiguar lo que me había golpeado, y entonces empecé a gritar. Entre en pánico, mis manos corrieron a través de mi cabello para sacar el murciélago.
Edward corrió hacia mí. -¿Qué pasa? –antes de poder responderle, el murciélago hundió sus dientes en mi mano. Grite fuerte-.
-Hay un murciégalo en mi cabello –dije, mientras un dolor punzante se irradiaba a través de mi palma-. ¡Me está mordiendo!
Edward volvió a correr a toda velocidad, sacudió mi cabeza hacia atrás y hacia adelante, tratando de sacar el murciélago. Cuando regreso, me empujó hacia abajo sobre la arena hasta que estuve tumbada en el suelo.
-No te muevas –dijo, llevando sus manos alrededor de mi cabeza. Entonces clavo la hoja del cuchillo en el cuerpo del murciélago. Dejo de menearse-. Solo espera, voy a sacarlo de tu cabello.
-¿Esta muerto? –pregunte.
-Sí.
Me quede quieta. Mi corazón se aceleró, y quería enloquecer, pero me obligue a mantener la calma mientras Edward desenredaba el murciélago de mi cabello.
-Esta fuera.
No podíamos verlo muy bien con la franja de luz que nos proporcionaba la luna, por lo que Edward regreso al fuego y agarro un leño encendido. Se agacho y lo sostuvo sobre el cuerpo del murciélago.
Era repugnante, de color marrón claro con grandes alas negras, orejas puntiagudas, y dientes afilados. Su cuerpo estaba cubierto de heridas abiertas. La piel alrededor de su boca parecía húmeda y viscosa.
-Vamos –dijo Edward-. Vamos a tomar el botiquín de primeros auxilios.
Caminamos de regreso a la choza y nos sentamos junto al fuego.
-Dame tu mano.
Limpio la mordedura con las toallitas con alcohol, unto con crema antibiótica, y la cubrió con un curita. Mi mano latía.
-¿Te duele?
-Sí.
Podía manejar el dolor, pero la idea de lo que pudiera estar incubándose en mi torrente sanguíneo me aterrorizo.
Edward debió pensarlo también, porque antes de irnos a la cama metió el cuchillo en el fuego y el dejo ahí toda la noche.
COMENTEEEEN!
DD: esperemos que no le pase nada a Bella con la mordida del murciélago :s
maleja twihard : Ya edward tiene la mayoria de edad lo cual, ya no hay problema en que pase nada :3 ya se acerca unos capitulos xD
Brendiiita: me alegra mucho que te guste me llena de alegria *.*
Guest : espero ver mas tus comentarios 3
Los demas, les contesto por PM 3.3
