Disclaimers:
Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.
Capítulo 14
Edward
Bella estaba despierta y sentada cerca del fuego cuando regrese de pescar la mañana siguiente. -¿Cómo está tu mano? Tendió hacia arriba la palma de su mano y quite su vendaje.
-No se ve tan mal –dijo, la irregular herida filtraba sangre, y su mano se había hinchado un poco de la noche a la mañana-. Voy a limpiarla otra vez, y ponerle otro vendaje, ¿De acuerdo?
-Está bien.
Pase otra toallita impregnada en alcohol a través de la picadura. –Te ves cansada –dije, notando los círculos oscuros bajo sus ojos.
-No dormí muy bien.
-¿Quieres volver a la cama? –sacudió la cabeza.
-Tomare una siesta más tarde. –pues su vendaje en su mano.
-Ahí, tan buena como nueva.
No debió haberme odio bien, porque se quedó pegada en el espacio y no dijo nada.
Más tarde esa mañana, termine de elaborar la casa y comencé a colocar las murallas. Los arboles del pan daban una savia lechosa, y parche las grietas con la misma.
Clavos, Bella trabajo en silencio a mi lado, sosteniendo tablas o dándome.
-Está tranquila –comente.
-Sí.
Martille un clavo en la tabla, asegurándola en el marco y pregunte-. ¿Estas preocupada por el mordisco?
Asintió con la cabeza.
-Ese murciélago parecía enfermo, Edward.
Deje de martillo y seque el sudor de mis ojos. –No se veía nada bien –admití-. ¿Crees que tenía la rabia?
Coloque la siguiente tabla y cogí el martillo.
-No, estoy seguro de que no la tenía. –sin embargo, sabía que a veces los murciélagos portaban enfermedades.
Bella tomo una respiración profunda.
-Voy a tener que esperar, supongo. Si no me enfermo dentro de un mes, probablemente estoy bien.
-¿Cuáles son los síntomas?
-No lo sé. Fiebre, ¿tal vez? ¿Convulsiones? La enfermedad ataca el sistema nervioso central.
Eso me asusto como la mierda. -¿Qué debo hacer si te enfermas? –trate de recordad lo que había en el botiquín de primeros auxilios.
Bella negó con la cabeza. –No haces nada, Edward.
-¿Por qué no?
-Porque sin vacunas contra la rabia la enfermedad es fatal.
No pude respirar por un segundo, como si el viento hubiera sido sacado de mí.
-No los sabía.
Asintió con la cabeza, lagrimas llenado sus ojos. Deje caer el martillo y puse mis manos sobre sus hombros. –No te preocupes –le dije-. Vas a estar bien.
No tenía ni idea de si lo estaría, pero necesitaba que los dos lo creyéramos.
Conté hacia adelante cinco semanas y encerré en un círculo la fecha en la agenda de Bella. Ella quería esperar poco más de un mes, solo para estar segura.
-Así que si no pasa nada por aquel entonces –dije-. Y no tienes ningún síntomas, estas bien, ¿verdad?
-Creo que sí.
Cerré la agenda y la puse de vuelta en la maleta de Bella.
-Vamos a volver a nuestra rutina regular –dijo-. No quiero pensar en eso.
-Claro, lo que ayude.
Ella debería haber sido una actriz en lugar de una maestra. Durante el día, dio un gran espectáculo, sonriendo como si nada le molestara. Se mantuvo ocupada, gastando horas jugando con los delfines o ayudándome con la casa, pero no comía, y estaba muy inquieta en la cama, sabía que tenía problemas para dormir.
Me desperté cuando salió de la balsa una noche dos semanas más tarde. Siempre se levantaba al menos una vez a tirar leña al fuego, pero por lo general venia de regreso. No lo hizo esta vez, así que fui a ver como estaba. La encontré en el cobertizo, mirando las llamas.
-Oye –dije, sentándome a su lado-. ¿Qué pasa?
-No puedo dormir. –bella atizo el fuego con un palo.
-¿Te encuentras bien? -Trate de no parecer ansioso-. No tienes fiebre, ¿verdad?
Sacudió la cabeza. –No, estoy bien, de verdad. Vuelve a la cama.
–No puedo volver a dormir a menos que estés a mi lado. -Se veía sorprendida.
-¿No puedes?
-No. No me gusta cuando estás aquí sola. Me pone nerviosa. No tienes que ponerle leña al fuego todas las noches. Te dije que no es gran cosa para mí hacer uno en la mañana.
-Es simplemente un hábito. –Se puso de pies-. Vamos, por lo menos uno de nosotros debería ser capaz de dormir.
Seguí a Bella a la balsa y después de acostarnos, nos cubrió con la manta. Llevaba pantalones cortos y mi camiseta, y mientras se acomodaba en una buena posición, su pierna desnuda rozo la mía. No la alejo cuando dejo de moverse, y yo tampoco lo hice.
Nos quedamos en la oscuridad, con las piernas tocándose, y ninguno de nosotros durmió durante mucho tiempo.
Estuvo de acuerdo en dejar de levantarse en medio de la noche y una mañana un par de semanas más tarde, después de que encendí el fuego, dije-. Bella, me gustaría que pudieras tomarme el tempo. Apuesto a que hago esto en menos de cinco minutos.
-Bueno, ahora estas mostrándolo.
Sin embargo, se rio cuando lo dijo, y a medida que nos acercamos a la fecha que marque en la agenda, pareció relajarse un poco. Cuando las cinco semanas habían pasado sostuve su palma abierta en mi mano, y trace la cicatriz que quedo con el pulgar.
-Creo que vas a estar bien –dije, y esta vez, realmente lo pensaba. Me sonrió.
-Yo también lo creo.
Limpio los tres peces para el almuerzo ese día.
-¿Aun tienes hambre? Soy capaz de comer más,
-No, gracias. Me moría de hambre, pero estoy lleno.
Nadamos por mucho tiempo y trabajamos en la casa hasta la hora de cenar, una vez más, comió más de lo que había comido e las últimas semanas, a la hora de acostarse apenas podía mantener los ojos abiertos, y se quedó dormida después de segundos que me acosté a su lado. Me quede dormido también, pero me desperté cuando Bella se acurruco a mi lado y apoyo su cabeza en mi hombro.
Puse mi brazo alrededor de ella y la atraje más cerca. Si se hubiera enfermado, lo único que podría haber hecho era verla sufrir, enterrarla al lado de Mick cuando muriera. No sabía si podría lograrlo sin ella. El sonido de su voz, su sonrisa, ella, esa eran las cosas que hacían la vida en la isla soportable. La abrace un poco más apretado y pensé que si despertaba podría decirle eso. No lo hizo sin embargo. Suspiro en su sueño, y en fin me dormí.
Se había mudado de vuelta a su lado de la cama en el momento en que me desperté a la mañana siguiente. Estaba encendiendo el fuego cuando ella salió de la balsa. Me sonrió, extendió los brazos sobre su cabeza.
-Tuve una buena noche de sueño. La mejor que he tenido en mucho tiempo.
-También dormí bastante bien, Bella.
Unas noches más tarde, nos encontrábamos en la cama debatiendo sobre nuestro top diez favorito de álbumes de rock clásico de todos los tiempos.
-Los rolling stones sticky fingers es mi número uno. Coloco led zeppelín IV de nuevo a la quinta posición –dijo.
-¿Estas drogada? –Cuando comencé a enumerar las razones por las que no estaba de acuerdo-. Todo el mundo sabía que the Wall de pink Floyd debía ser el número uno. –me tire un pedo. La frita de pan tenía ese efecto en mí a veces.
Ella grito y de inmediato trato de escapar por la puerta de la balsa, pero la agarre por la cintura, tire de ella hacia atrás, y puse la manta apretada sobre su cabeza.
Era un pequeño juego que me gustaba jugar con ella.
-Oh, no, Bella, oh dios mío, es mejor salgas de ahí abajo –me burle riendo-. Debe oler horrible. –lucho para liberarse, y sostuvo la manta aún más apretada.
Cuando por fin la solté, hacia ruidos de náuseas y dijo-. Voy a patear tu trasero, Cullen.
-¿En serio? ¿Tú y que ejercito? –probablemente pesaba unos cincuenta kilos. Los dos sabíamos que no planeaba patear el trasero de nadie.
-No te pongas demasiado. Uno de estos días, voy a buscar la manera de tirarte abajo.
Me reí y dije-. Oh, estoy asustado, Bella.
Lo que no reconocí, sin embargo puesto de rodillas con un toque de su mano, si la ponía en el lugar correcto.
Me pregunto si lo sabía.
.
.
.
-Voy a tomar un baño. –dijo Bella cuando volví de la playa, recogió el jabón y el champú y su ropa.
-Está bien.
Después que se fue, me di cuenta de que nos estábamos quedando sin leña. Tome mi mochila y metí todos los palos que pude encontrar en el interior. El sol se escondió bajo el cielo y los mosquitos zumbaban a mí alrededor. Me aleje de la gruesa cubierta de hojas, sin prestar atención.
Salí de los árboles y levante la vista a tiempo para ver a Bella caminando en el océano desnuda. Me quede congelado. Sabía que tenía que irme, largarme de allí, pero no pude. Me escondí detrás de un árbol y la observe.
Se hundió debajo del agua para mojar su pelo, se dio la vuelta y volvió a salir. Se veía increíble, y las líneas de bronceado de su cuerpo que más me gustaban. Deslice mi mano dentro de mis pantalones cortos.
Se puso de pie en la playa y lavo su pelo y luego se volvió a meter para enjuagar el champú. Salió, frito el jabón en su mano y lavo su cuerpo. Después de sentarse en la arena, se depilo las piernas y luego entro en el agua una vez más para enjuagarse.
Lo que hizo a continuación me dejo alucinado. Cuando salió, miro a su alrededor y luego se sentó frente a la costa. Había traído el aceite de bebe, y se echó un poco en la palma y puso su mano entre las piernas.
Oh, Jesucristo.
Se recostó con unas piernas extendidas y la otra doblada en la rodilla. La vi tocarse, mi propia mano moviéndose un poco más rápido.
A pesar de que lo hacía casi a diario, cuando estaba solo en el bosque, nunca se me ocurrió que ella podría estar haciéndolo, también.
Seguí mirando, y después de unos minutos enderezo la pierna doblada y arqueo la espalda. Sabía que se estaba viniendo y yo también.
Se levantó, se sacudió la arena, y se puso en su ropa interior. Se vistió con el resto de su ropa y recogió sus cosas. Cuando se volvió para irse, se detuvo de pronto y miro en mi dirección. Oculto detrás de un árbol, no me moví, esperando a que se alejara. Luego hui, corriendo por entre los árboles, lejos de la playa.
-Oh, hola –dije cuando me acerque. Ella estaba de pie junto al cobertizo cepillándose los dientes.
Saco el cepillo de dientes de su boca y me miro, ladeando la cabeza hacia un lado. -¿Dónde estabas?
-Buscando madera –abrí la cremallera de mi mochila y arroje los palos en la pila de leña.
-Oh –termino de cepillarse los dientes y bostezo-. Voy a la cama.
-Entrare luego.
Más tarde, mientras dormía a mi lado, recordaba las imágenes de su cuerpo desnudo y ella misma tocándose en mi cabeza como una película que podía ver tantas veces como quería. Me hubiera gustado darle un beso, tocarla, hacer lo que quisiera con ella, pero no podía. La película se reproducía en mi cabeza una y otra vez, y no pude conciliar el sueño esa noche.
.
.
.
Bella
Edward se subió al techo de la casa y extendió una capa de savia del fruto de pan sobre las hojas de palmera.-No sé si esto nos mantendrá secos. Supongo que lo sabremos cuando llueva.
La casa estaba casi terminada. Me senté con las piernas cruzadas en el suelo, mirándole mientras saltaba desde el tejado, cogía el martillo, y clavaba los últimos clavos.
Se había recogido el pelo en una coleta, y llevaba el sombrero de vaquero y gafas de aviador. Su rostro era tan moreno que parecía que había nacido en la isla. Tenía una gran sonrisa, con dientes blancos y rectos, pómulos salientes, y una mandíbula cuadrada sólida. Necesitaba afeitarse de nuevo.
-Te vez bien, Edward muy saludable. –estaba delgado, pero tenía los músculos definidos, probablemente por la construcción a mano de nuestra casa, y no mostraba signos externos de malnutrición, por lo menos no todavía.
-¿En serio?
-Sí, no estoy segura de cómo, pero has crecido aquí.
-¿Me veo más viejo?
-Lo haces.
-¿Soy guapo, Bella? –Se arrodillo frente a mí y sonrió-. Vamos, puedes decírmelo.
Rodé mis ojos. –Sí, Edward –dije, sonriéndole-. Eres muy guapo, si alguna vez salimos de esta isla serás muy popular entre las damas.
Levanto su puño al aire.
-Sí. –Entonces dejo el martillo y tomo un sorbo de agua-. No puedo recordar como lucia antes del accidente, ¿tú puedes?
-Más o menos, pero probablemente no he cambiado tanto.
-Dios, estoy adolorido. ¿Me fritas la espalda por favor? –Edward se sentó.
-claro. –masajee sus hombros, que eran considerablemente más amplios de lo que estaban hace dos años. Su espalda era más anche también, y sus brazos eran sólidos. Levante su cola de caballo, amasando la parte de atrás de su cuello.
-Eso se siente bien.
Le di un masaje extra-largo y cerca del final, dijo-. Sigues siendo hermosa, Bella. En caso de que te lo preguntaras.
-mi cara se puso caliente, pero sonreí.
-No lo hacía, Edward, pero gracias.
.
.
.
Dos noches más tardes, dormimos en nuestra nueva casa por primera vez. Nos decidimos por una sola habitación grande, en lugar de dos, lo que nos dio un montón de espacio. Podía vestirme dentro de la casa, en lugar de menearme dentro de mi ropa en la balsa salvavidas. Mi maleta y la caja de herramientas asentadas en la esquina, y la funda de la guitarra a su lado contenían nuestro botiquín de primeros auxilios, un cuchillo, y la cuerda.
Edward quito la cubierta de la balsa salvavidas teníamos un techo real ahora e hizo ventanas de la malla de las puertas desplegables, que dejaban entrar luz y aire.
Utilizo los laterales de nylon para las cortinas, que cerrábamos por la noche. Clavo la lona en el frete de la casa, la extendió hacia fuera, y la ato a los palos altos que clavo en el suelo, luego cavo un pozo debajo para el fogón.
-Estoy orgullosa de ti, Edward. Bones también lo estaría.
-Gracias, Bella.
Recorrimos un largo camino desde nuestros días de dormir en el suelo, solo un par de náufragos jugando a las casitas.
.
.
.
Un hidroavión cayó en la laguna mientras Edward y yo nadábamos. El piloto abrió la puerta, asomo la cabeza y dijo-. Por fin los encontramos, hemos estado buscándonos eternamente.
Yo tenía cincuenta y dos años.
Me desperté, empapada en sudor y ahogando un grito, segundos antes de que escapara de mi boca.
El lado de la cama de Edward estaba vacío. Paseaba por el bosque mucho tiempo últimamente, recogiendo leña en la mañana y otra vez por la tarde.
Me vestí, me lave los dientes y camine hacia el árbol del coco. Mientras los reunía, uno se cayó en una rama y casi me golpeo en la cabeza.
Sobresaltada, di un salto y grite-. ¡Maldita sea!
Cuando regrese a casa, comprobé el colector de agua. Era febrero, a mitad de temporada seca, y no había mucho. Se me cayó y rompí a llorar cuando el agua se derramo por el suelo.
Edward entro con su mochila llena de leña.
-Oye –dijo, bajando su mochila-. ¿Qué pasa?
Me seque los ojos con el dorso de mi mano. –Nada, solo estoy cansada y enojada conmigo misma. Derrame el agua –entonces me puse a llorar de nuevo.
-Está bien. Probablemente lloverá de nuevo más tarde.
-Tal vez no, apenas llovía ayer. –me deje caer en el suelo, sintiéndome estúpida.
Se sentó a mi lado. –Uh, ¿esto es, como, el síndrome premenstrual o algo así?
Cerré los ojos fuertemente, deseando que las lágrimas se detuviesen.
-No, tengo una mala mañana.
-Vuelve a la cama –dijo-. Iré a buscarte cuando termine de pescar, ¿de acuerdo?
-Vale.
Me desperté cuando Edward froto mi brazo. –El pescado está listo –dijo, estirándose junto a mí.
-¿Po que no me despertarse para que pudiera limpiar?
–pensé que te sentirías mejor si dormías un poco más.
-Gracias, lo hago.
-Siento haberte preguntado si tenías el síndrome premenstrual. Realmente no sé nada de eso.
-No, fue una pregunta razonable. –dude-. Ya no tengo mi periodo, desde hace mucho tiempo. –todavía tenía tampones en mi maleta.
Edward parecía confundido. -¿Por qué?
-No lo sé, estoy por debajo del peso normal, estrés, malnutrición. Escoge una.
-Oh –dijo.
Nos acostamos en nuestros lados, uno frente al otro. –Tuve un mal sueño esta mañana, un hidroavión cayo en la laguna mientras nadábamos.
-Eso suena como un buen sueño.
-Tenía cincuenta y dos años cuando nos encontraron.
-Entonces queda mucho tiempo, ¿es por eso que estabas tan molesta?
-Quiero tener un bebe.
-¿En serio?
-Sí, dos o tres, en realidad. Esa fue otra cosa que Jacob no quería. Si no nos encuentras hasta que tenga cincuenta y dos, será demasiado tarde. Cuarenta y dos podría ser muy justo, siempre se puede adoptar, pero tenía muchas ganas de dar a luz al menos a uno. –Elegí un hilo sobre la manta-. Es una estupidez pensar en un bebe cuando hay tantas otras cosas de que preocuparse aquí. Y sé que tener hijo no está en tu radar aun, pero realmente los querrás algún día.
-He pensado sobre niños, soy estéril.
Sus palabras fueron tan inesperadas que no supe que decir, en un primer momento. -¿Debido al cáncer?
-Sí, tuve un montón de quimioterapia.
-Oh, dios Edward, lo siento no estaba pensando.
Hay nada como hablar sobre tener hijos frente a alguien cuya fertilidad había sido intercambiada por sobrevivir.
-Está bien, el médico me hablo antes de que la quimioterapia comenzara, explico que si alguna vez quería hijos, tendría que tener un banco de esperma de inmediato, porque una vez empezara el tratamiento, sería demasiado tarde. Decidí que quería esa posibilidad.
-Vaya, eso no es una decisión que la mayoría de los chicos tienen que hacer cuando tienen quince.
-No, estamos más o menos pensando en no embarazar a nadie, esa parte puede levantarte el ánimo. Así que mi madre dijo que iba a llevarme a mi cita en el banco de esperma, y me entrego uno de los playboy de mi padre, tenía algo así de sucio escondido en mi armario, por cierto y me pregunto totalmente seria, si sabía qué hacer.
-Tienes que estar bromeando.
-No, no lo estoy. –comenzó a reírse-. Tenía quince años, Bella. Era un experto en eso, y no quería hablara de pajas con mi madre.
-Oh, dios mío, me estoy muriendo aquí –le dije, riendo tan fuerte que lagrimas corrían por mi cara.
-Sí, la siguiente vez que tuve que ir al banco de esperma mi padre me llevo.
Me seque los ojos y una última risita se escapó.
-¿Quieres saber cuál es tu mejor cualidad?
-¿Qué soy tan guapo? –dijo inexpresivo.
Me eche a reír de nuevo.
-Veo que el cumplido que te di fue directo a tu cabeza. No, eso no es todo. Quiero que sepas que es casi imposible no ser feliz cuando estas cercan.
-¿En serio? Gracias –me dio unas palmaditas en el brazo-. No te preocupes, Bella nos encontraras y tendrás ese bebe.
-Eso espero, tic tac, ya sabes.
COMENTEEEN!
Estos dos ya estan mas cerca :3 y amo a edward y es tan skjjs *-*
maleja twihard: no mueras jajaja me alegras el dia tus comentarios :3 y ya se acerca capitulo muy interesante xd
Brendiiita : espero y te guste el capitulo 3
Los demas, que tienen cuenta les contesto por privado y los quiero 3
