Disclaimers:

Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.


Capítulo 15

Edward

Estaba en el bosque cuando Bella grito. Venía en dirección de la casa, y cuando despeje los árboles, corrí hacia el sonido.

Se tambaleo y se desplomo en el suelo, dijo-. Medusa.

El contorno de los tentáculos había dejado marcas rojas en sus piernas, estómago y pecho. No sabía qué hacer.

-Haz que me suelte –grito, cuando baje la mirada, vi claramente algunos tentáculos todavía pegados a su estómago y pecho. Tire de uno, y me hirió.

Corrí hacia el colector de agua y agarre el recipiente de plástico en el suelo junto a ella. Lo llene, corrí de regreso a Bella, y la rocié con el agua fresca. Los tentáculos no se enjuagaron y grito de dolor, como el si el agua dulce lo empeorara.

-Edward, prueba el agua de mar –dijo-. ¡Date prisa!

Sin soltar el recipiente, corrí hasta la orilla y lo llene con agua del océano. Corrí de vuelta y esta vez, cuando vertí el agua de mar, no grito.

Lloriqueo en el suelo mientras trataba de averiguar que hacer a continuación. Sabía que aun sentía dolor por la forma en que se movía adelante y atrás, tratando de encontrar una posición cómoda.

Me acorde de las pinzas y corrí a la maleta de Bella para conseguirlas. Cuando volví, saque los tentáculos tan rápido como pude. Cerró los ojos y gimió.

Los había quitado prácticamente todos cuando la piel de Bella comenzó a ponerse roja, no solo donde había sido picada, sino por todas partes. Sus parpados y labios se hinchaban. Me entro pánico y vertí mas agua de mar sobre ella, pero no sirvió de nada. Sus ojos cerrados siguieron hinchándose.

Me topé con el cobertizo y encontré el botiquín de primeros auxilios, y luego me lance hacia abajo sobre la arena a su lado, abriendo la tapa y vertiéndolo todo.

Cuando cogí la botella con el líquido en su interior de color rojo, escuche una voz en mi cabeza.

Esto puede salvarte la vida, detiene las reacciones alérgicas.

La cara de Bella parecía un globo para entonces, y sus labios hinchados, la piel se había separado. Luche con la tapa a prueba de niños, pero una vez que lo baje puse mi brazo debajo de ella, levanto su cabeza, y derrame el Benadryl en su garganta. Tosió y escupió, no tenía ni idea de cuando le había dado.

Su parte superior del bikini se desplazó cuando la levante. Era muy grande en ella, puesto que había perdido peso, y cuando baje la mirada vi unos pocos tentáculos dentro de él, escondiéndole.

Tire de su top, haciendo una mueca a las marcas en su pecho. Puse su espalda hacia abajo, derrame lo que quedaba del agua del mar, y saque los tentáculos con las pinzas.

Me quite la camiseta y la cubrí con ella, vistiéndola con cuidado. –Estas bien, Bella. –entonces le cogí la mano y espere.

Cuando su piel no estaba tan roja y la hinchazón bajo un poco, mire a través de los contenidos del botiquín de primeros auxilios esparcidos por el suelo,

Después de leer todas las etiquetas, elegí un tubo de crema con cortisona.

Empecé por las piernas y me abrí paso hacia arriba, fritando la crema sobre las ronchas.

-¿Esto ayudara?

-Si –susurro, sus ojos ya no estaban hinchados, pero no los abrió-. Estoy muy cansada.

No supe si debería dejarla dormir, y temí que por accidente le diera una sobredosis. Revise la botella de Benadryl todavía había un montón a la izquierda y decía que podía causar somnolencia.

-Está bien, duérmete. –lo hizo antes de que terminase de hablar.

Frote la crema sobre su estómago, pero cuando llegue a su pecho dude. No creí que se diese cuenta de que tome su top, o tal vez no le importó.

Levante la camiseta y retrocedí.

Sus tetas eran un desastre. Verdugones elevados cubrían la piel, algunos ya formando la costra de sangre seca.

Me mantuve enfocado, pensando solo en ayudarla, y aplique la crema con cuidado y con la punta de mis dedos. Cuando termine|, comprobé si olvide alguno.

Su color d piel volvió a la normalidad y la hinchazón desapareció. Espere un poco más, luego la levante y la lleve a la balsa de salvavidas.

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Bella

Abrí mis ojos y suspire de alivio por la falta de ardor y dolor punzante, Edward dormía a mi lado, su respiración profunda y constante.

Desnuda de cintura para arriba, algo suave cubrí mi pecho como una manta. Me senté y deslice la camiseta por encima de mi cabeza, inhalando el aroma familiar de Edward, di vuelta en mi lado y me dormí de nuevo.

Por la mañana, me desperté sola, tire del dobladillo de la camiseta hacia arriba, la silueta roja de los tentáculos permanecía y lo haría probablemente por un largo tiempo. El aumento era mayor, me estremecí por la condiciones de mis pechos. Oscuras manchas de color rojo, costras y mucha sangre los cubrían. Deje caer la camiseta, la remetí en mis pantaloncillos y abandone la casa para ir al baño.

Edward hacia fuego cuando regreso. Se puso de pie. -¿Cómo estás?

-Regresando a la normalidad. –levante la camiseta un poco y le mostré mi estómago. Trazo las marcas con su dedo.

-¿Te duele?

-No, no realmente…

-¿Y eso? –señalo mi pecho.

-No tan bien.

-Lo siento, había algunos tentáculos en el interior de tu top picándote, y no me di cuenta de inmediato.

No tenía ningún recuerdo de él quitándome el top, solo el dolor ardiente.

-Está bien, no lo sabias.

-Estabas roja e hinchada.

-¿Si? No recuerdo eso.

-Te di un Benadryl. Te noqueo.

-Hiciste exactamente lo que tenías que hacer.

Entro en la casa y regreso con un tubo de cortisona. –Frote esto en tu piel. Veo que te ayudo, me dijiste que lo hiciera antes de quedarte dormida.

Tome el tubo que me extendía. ¿Froto esto en mis pechos también? Me imagine a mí misma tumbada en la arena, vestida solo con la mitad inferior de mi traje de baño, mientras Edward extendía la crema sobre mi piel, y de repente no pude mirarlo.

-Gracias –dije-

-¿Lograste ver la medusa que te pico?

-No, solo sentí el dolor.

-Nunca he visto una en la laguna.

-Yo tampoco. Debió tomar el camino equivocado en el arrecife.

Entre en casa para tomar mi cepillo de dientes, y apreté una minúscula cantidad de pasta en el cepillo, cuando Salí, le dije-. Por lo menos no era una de las mortales.

Edward me miro con una expresión de alarma-. ¿Una medusa puede matarte?

Saque el cepillo de dientes de mi boca. –Algunas de ellas.

Nos quedamos fuera del agua ese día. Camine a lo largo de la costa, entrecerrando los ojos por la distancia y comprobando por medusas, recordándome a mí misma que el hecho de que no podíamos ver los peligros del océano no quería decía que no estaba allí. También me pregunte si el botiquín de primero auxilios algún día dejaría de contener la única cosa que necesitábamos para salvar cualquier de nuestra vida.

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En junio del 2003, Edward y yo llevábamos dos años en la isla, cumplí los treinta y dos en mayo, y Edward tendría diecinueve en unos meses. Se levantó al menos seis veces para entonces, y no tenía nada de niño en él.

A veces cuando lo miraba pescar, reparando la casa, o saliendo al bosque que conocía como la palma de su mano, me preguntaba si pensaba en la isla como suya. Un lugar donde podía hacer lo que quisiera y cualquier cosa eran aceptables, siempre y cuando siguiéramos con vida.

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Nos sentamos con las piernas cruzadas, enfrentando en la orilla del agua, así podía afeitarnos. Se inclinó hacia adelante, apoyando sus manos sobre mis muslos para mantener el equilibrio.

-¿Cómo me convertí en tu peluquera personal? –bromee-. Te baño, te afeito. –esparcí la crema de afeitar, que casi desaparecía entre sus mejillas.

Me dio una gran sonrisa.

-¿Soy un afortunado?

-Te estas malcriando, cuando salgamos de esta isla tendrás que afeitarte tú mismo.

-Eso no será divertido en absoluto.

-Podrás manejarlo.

Termine de afeitarlo y caminamos de regreso a la casa, listos para una siesta bajo el toldo.

-Sabes, estaría feliz de darte un baño o afeitarte, Bella. Solo tienes que decírmelo.

Me eche a reír. –Estoy bien, en serio.

-¿Segura? –estaba acostado sobre la manta a mi lado, se acercó y tiro de mi brazo hacia arriba, entonces paso el dorso de su mano a lo largo de mi axila.

-Vaya, son suaves.

-¡Alto! Tengo muchas cosquillas. –sacudí su mano.

-¿Qué pasa con las piernas? –pregunto, y antes de que pudiera responder, se inclinó hacia mí y paso la mano lentamente por mi pierna, desde el tobillo hasta el muslo.

El calor que inundo mi cuerpo me tomo por sorpresa. Jadee, un cruce entre un suspiro y un gemido, y se escapó antes de que pudiera detenerlo. Los ojos de Edward se abrieron y me miro con la boca abierta. Luego sonrió, claramente satisfecho con el efecto que su toque tuve en mí.

Respire profundamente y dije-. Puedo manejar mi propio aseo.

-Solo trato de recompensarte por haberme ayudado todo este tiempo.

-Eso es muy amable de tu parte, Edward, ve a dormir. –se rio y se acostó de lado, de espalda a mí. Me acosté bocarriba y cerré los ojos.

Solo tiene dieciocho años, es demasiado joven.

Una voz en mi cabeza dijo: técnicamente es bastante viejo.

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Días después por la tarde, Edward y yo nadábamos con los delfines. Había cuatro de ellos, y vimos como retozaban a nuestro alrededor. Quería ponerle nombre, pero no poda distinguirlos.

Cuando se fueron, nos sentamos en la orilla. Coloque los dedos de mis pies en la sueva arena blanca.

-¿No dijiste que ibas a tomar un baño? –pregunto.

-Sí, pero no he traído nada. –nuestras fuentes fueron disminuyendo con rapidez. Solo podíamos bañarnos con jabón una vez por semana. Ya no notaba como olíamos.

-Puedo conseguirte cualquier cosa –dijo.

-¿Puedes?

-Claro.

-Está bien, pero necesito ropa también.

-No hay problema.

Trajo todo y lo dejo sobre la arena. Espere hasta que se marchó y luego me desnude.

Cuando termine de bañarme, me quede un minuto secándome al sol. Me acerque a la pila de ropa, esperándome al sol. Me acerque a la pila de ropa, esperando encontrar una camiseta sin mangas y pantalones cortos, o un bikini. Me sorprendió lo que escogió. Había elegido un vestido, el único aun empacado. Era uno de mis favoritos, azul corto y ligero con finos tirantes.

También selecciono encaje de color rosa como ropa interior, sentí calor en mis mejillas. Olvido el sujetador, o tal vez no, porque nuca use uno con este vestido de todos modos.

Me deslice en la ropa interior y coloque el vestido por encima de mi cabeza. Cuando llegue a casa, Edward me miro abiertamente.

-¿Tenemos reserva para cenar y no lo sabía? –pregunte.

-Me gustaría –dijo.

Me detuve frente a él. -¿Por qué un vestido?

Se encogió de hombros. –Pensé que te verías bien en él. –se quitó sus gafas de sol y me miro de arriba, abajo-. Estaba en lo cierto.

-Gracias –dije, sonrojándome de nuevo.

Fue a pescar y me senté sobre la manta, bajo la marquesina, esperando a que regresara.

A menudo atrapaba a Edward mirándome, pero nunca fue tan evidente. Se estaba volviendo más audaz, probando el agua. Si trataba de ocultar sus sentimientos antes, ahora no le interesaba hacerlo. No sabía cuáles eran sus intenciones, o incluso si las tenía, pero vivir con él estaba a punto de complicarse.

Eso lo sabía.

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-Me encantaría tener tijeras. –sentada en la manta, fuera de casa, una semana más tarde, trataba de pierna los nudos de mi cabello. Llegaba casi hasta mi trasero y me volvía loca-. Debí cortarme el pelo antes de que la navaja se volviera tan dura –dije, le eche un vistazo al fuego.

-Estás pensando en quemar alguno de ellos, ¿no? –pregunto Edward lo miro como si estuviera loco.

-No.

Tal vez.

Edward se acercó y tendió la mano. –Dame el cepillo, yo lo hare, ¿vez? Voy a pagarte mi afeitado.

Le pase el cepillo. –Tú mismo.

Se recostó contra la pared exterior de la casa, y me senté de espaldas a él. Comenzó a peinar mi cabello.

-Tienes mi cabello–dijo.

-Lose, es demasiado largo.

-Me gusta el cabello largo.

Edward trabajo pacientemente con los enredos, una sección a la vez. El sol se ocultaba, pero el toldo nos cubría, una fresca brisa soplaba desde el mar. El sonido omnipresente de las olas rompiendo en el arrecife y las sensación del cepillo moviéndose suavemente entre mi cabello me sumió en un estado de relajación.

Levanto el cabello de mi cuello y luego me atrajo hacia él, para que me recostara en su pecho. Volví la cabeza, y tiro mi cabello a un lado, por encima del hombro derecho. Continúo el cepillado, y se sentía tan bien que tras n tiempo cerré los ojos y me quede dormida.

Cuando me desperté, supe que el sonido de la respiración de Edward que cayo dormido también, sus brazos rodeaban mi cintura por la espalda, las manos entrecruzadas descansando sobre la piel desnuda sobre la piel desnuda encima de la parte inferior de mi bikini. Cerré los ojos otra vez, pensando en lo bonito que se sentían los brazos de Edward a mí alrededor.

Se movió, susurrando en mi oído-: ¿Estas despierta?

-Sí, tuve una buena siesta.

-Yo también.

Aunque realmente no quería, me senté y sus manos deslizaron por mi estómago. Mi cabello cayó como una hoja lisa por mi espalda. Mire por encima de mi hombro y sonreí.

-Gracias por cepillar mi cabello.

Sus ojos estaban cargados de sueño y algo más. Algo que se parecía sin lugar a dudas al deseo.

-Cuando quieras.

Mi ritmo cardiaco aumento. Mi estómago se llenó de mariposas y una sensación de calor se extendió sobre mí.

Pensar que nuestra relación estaba a punto de complicarse bien podría ser un eufermismo.


COMENTEEEN!

Ya bella siente cosas por Edward, pero se quiere hacer la fuerte por la edad x_x

maleja twihard : Lo se, ya somos dos que nos imaginamos a edward asi *-* xD si ya bella ya no puede ocultar lo que esta sintiendo y edward ya se da cuenta :3 espero y te guste este capitulo 3

Desiree: me alegra mucho, saber que te tiene la historia asi jajajaja espero y te guste los capitulos nuevos 3

Los demas les contesto por privado :*

LOS QUIERO MUCHO.

Mary.