Disclaimers:
Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.
Capítulo 15
Edward
Vi como Bella se alejaba después de que la cepillase el pelo. Pensé en el otro da, cuando hizo ese sonido mientras subía mi mano por su pierna, me pregunte qué tipo de ruido haría si hiciese algo mas con mi mano. La necesidad de meterla dentro de la parte inferior de su bikini y descubrirlo había sido casi incontrolable. Si estuviéramos en chicago, no tendría ninguna posibilidad con ella.
Pero estaba comenzando a preguntarme si, aquí en la isla, podría.
.
.
.
Bella y yo nadábamos de un lado al otro en la laguna, esperando a los delfines. –Me aburro –dije.
-Yo también –dijo, flotando sobre su espalda-. Ey, vamos a ver si podemos hacer el alzamiento como Johnny y Baby.
-Realmente no tengo ni idea de lo que estás hablando.
-¿Nunca has visto Dirty Dancing?
-No. –el titulo no sonaba mal, sin embargo.
-Es una película genial. La vi en el instituto, 1987, creo.
-Tenía dos años.
-Oh, a veces se me olvida lo joven que eres.
Sacudí mi cabeza. –No soy tan joven.
-Bueno, de todos modos, Patrick swanyze interpreta a un profesor de baile llamado Johnny castle en un resort turístico en las montañas Catskill. Jennifer Grey interpreta a Baby houseman, y se hospedan allí con su familia –Bella se detuvo un momento y entonces dijo-. Oye, se me acaba de ocurrir algo, Baby y su familia estaban pasando todas sus vacaciones lejos de casa, justo como tú.
-¿Ella también estaba enfadad por eso? –pregunte.
Bella sacudió su cabeza y se echó a reír. –No lo creo, se lio con Johnny y pasaron un montón de tiempo en la cama.
¿Por qué nunca he visto esa película? Suena impresionante.
-Pero entonces Penny, la pareja de baile de Johnny se queda embarazada, y Baby tiene que sustituirla. Haz un alzamiento difícil, y Baby no puede hacerlo al principio, por lo que lo practican en el agua.
-¿Y eso es lo que quieres hacer? –si significaba tocarla, yo estaba de acuerdo.
-Siempre he querido internarlo, no puede ser tan difícil.
Se puso en frente de mí y dijo-. Está bien, voy a correr hacia ti, y cuando salte pon tus manos aquí. –Cogió mis manos y las puso sobre sus caderas-. Entonces me alzas por encima de tu cabeza. ¿Crees que me puedas levantar?
Puse mis ojos en blanco. –Por supuesto que puedo levantarte.
-Por alguna razón, Baby llevaba pantalones en el agua cuando hizo eso, lo cuando no entendí. Bueno. ¿Estás listo?
Dije que sí, y Bella corrió hacia mí y salto. En el momento en que mis manos tocaron sus caderas, se agarró a mí porque decía que le hice cosquillas. Mi cara termino entre sus piernas.
Nos desenredamos y me dijo-. No me hagas cosquillas la próxima vez.
Me eche a reír. –No te hice cosquillas, puse mis manos donde me dijiste.
-Vale, vamos a hacerlo de nuevo. –Retrocedió para coger carrerilla-. Allá voy.
Esta vez, cuando la alce, el agua era muy profunda y no pude hacer pie, caí hacia atrás y ella cayó sobre mí, lo que no apestaba.
-Mierda, eso fue mi culpa –dije-. Tenemos que acercarnos más a la orilla. Inténtalo de nuevo.
Esta vez lo hicimos perfectamente. La alce, extendió los brazos y las piernas y arqueo la espalda.
-¡Lo hice! –grito.
La sostuve todo el tiempo que pude, y luego baje mis brazos, había retrocedido unos pasos para bajarla, y tan pronto como sus pies tocaron el fondo, su cabeza estaba bajo el agua. Me agache y la levanto. Tomo aliento y puso sus brazos alrededor de mi cuello. Unos segundos más tarde, envolvió sus piernas alrededor de mi cintura y me abrazo.
Parecía sorprendida, tal vez porque no se esperaba que el agua la cubriese la cabeza, o tal vez porque tenía mis manos en su culo.
-Ya no me aburro, Bella. –de hecho si la bajaba un poco, sentiría exactamente como de poco me estaba aburriendo.
-Bien. –seguía aferrada a mí con sus brazos y sus piernas, y estaba pensando en besarla cuando dijo-. Tenemos compañía.
Mire detrás de mí como cuatro delfines nadaba hacia la laguna, asomando sus hocicos y pidiendo que jugásemos con ellos.
Decepcionado, fui a la parte poco profunda y la solté, asegurándome de que tocaba el suelo.
Me gustaba jugar con los delfines, pero jugar con Bella me gustaba mucho más.
.
.
.
Bella
Nos sentamos bajo la cubierta a jugar póker viendo la tormenta caer, un rayo zigzagueo a través del cielo y el aire húmedo presiono sobre mí como una cobija, el viento levanto y disperso nuestras cartas.
-Mejor vamos dentro –dijo Edward.
Una vez dentro, me estire detrás de el en el bote salvavidas y vi el bote de la casa iluminarse con cada rayo.
-No vamos a dormir mucho esta noche –dije.
-Probablemente no.
Nos acostamos uno junto al otro, escuchando la lluvia golpear contra la casa. Solo unos segundos separaban en ruido del trueno.
-Nunca ha habido tantos rayos antes –dije.
Aún más inquietante, el vello de mis brazos y detrás de mí cuello se puso de punta por el aire cargando eléctricamente. Me dije a mi mismo que la tormenta terminaría pronto, pero a medida que las horas pasaron solo intensifico.
Cuando las paredes comenzaron a sacudirse, Edward trepo fuera del bote salvavidas y alcanzo mi maleta. Se volteo y me arrojo los jeans.
-Ponte estos.
Tomo sus propios jeans y se metió dentro de ellos. Luego metió la caña de pescar dentro del estuche de la guitarra.
-¿Por qué?
-Porque no creo que podamos soportar esto aquí afuera.
Salí de la cama y puse mis jeans sobre mis short. -¿A dónde más iríamos? –Tan pronto como pregunte lo supe-. ¡No! No hay forma de que yo vaya ahí, lo hemos hecho bien en otras tormentas. No podemos quedar aquí.
Edward tomo su mochila y metió dentro su cuchillo, soga, y el botiquín de primeros auxilios. Me arrojo las zapatillas y metió los pies en sus nikes, sin desatar los cordones primero.
-Nunca ha sido tan malo –dijo-. Y lo sabes.
Abrí la boca para discutir con él y el techo voló.
Edward sabía que había ganado. –Vamos –dijo apenas audibles sobre el bramido del viento. Deslizo sus brazos por la mochila y me paso el estuche de la guitarra-. Vas a tener que llevar esto. –tomo la caja de herramientas en una mano, mi maleta en la otra y nos apresuramos por el bosque hacia la cuela. La lluvia nos golpeaba y el viento soplaba con mucha violencia, pensé que me haría caer.
Dude en la entrada de la cueva. –Entra Bella –grito.
Me incline tratando de encontrar e coraje para entrar, el repentino crujido de la rama en un árbol sonó como un disparo, Edward puso su mano en mi trasero y me empujo. Empujo dentro del estuche de la guitarra, la caja de herramientas y la maleta después de i y siguió justo antes de que el árbol cayera que el árbol cayera bloqueando la entrada a la cueva y hundiéndonos en la oscuridad.
Choque con los huesos como una bola de boliche contra diez pines. El esqueleto se esparció por el suelo de la cueva y unos segundos después Edward aterrizo en un montón junto a mí.
Los dos y todo lo que teníamos apenas cabíamos en el pequeño espacio. Tuvimos que tumbarnos en nuestra espalda, hombro con hombro y si extendí mi brazo podría haber tocado la pared de la cueva, centímetros a mi derecha; Edward podría haber hecho lo mismo a su izquierda. La cueva olía a suciedad, plantas descomponiéndose y a animales que esperaba no fueran murciélagos. Agradecida de estar usando jeans, cruce los pies en los tobillos para evitar cualquier cosa trepar por mis pantalones. El techo estaba a menos de sesenta centímetros sobre nuestras cabezas. Era como estar en un ataúd con la tapa cerrada y entre en pánico, mi corazón retumbando, jadeando, sintiendo como si no pudiera obtener suficiente aire.
-Intenta no respirar tan rápido –dijo Edward-. Tan pronto como se detenga estaremos fuera de aquí.
Cerré mis ojos y me concentre en inhalar y exhalar, solo bloquear todo. Dejar la cueva ahora no era una opción.
Edward tomo mi mano y entrelazo sus dedos con los míos apretando suavemente, yo apreté también, aferrándome a su mano como una línea de vida.
-No te sueltes –susurre.
-No iba a hacerlo.
Nos quedamos en la cueva por horas, escuchando la tormenta mientras rugía afuera. Cuando finalmente se detuvo, Edward movió de la entrada las ramas del árbol. El sol estaba arriba y nos arrastramos afuera mirando en shock la devastación.
La tormenta derribo tantos árboles que volver a la playa era como elegir un camino en un laberinto. Cuando finalmente salimos del bosque los dos nos quedamos mirando.
La casa se había ido-
Edward miro el suelo donde una vez estuvo, lo abrace y dije-. Lo siento.
No respondió pero me rodeo con sus brazos y nos quedamos así por largo tiempo.
Recorrimos la aérea y encontramos el bote salvavidas contra un árbol. Lo revisamos cuidadosamente buscando agujeros, y yo buscaba escuchar el silbido del aire escapando, pero no escuche nada. El colector de agua flotaba en el mar a varios metros de la costa y la lona y el toldo del techo estaba enredados entre los montones de madera que una vez fue nuestro hogar.
Los cojines de los asientos, chalecos salvavidas y cobijas estaban dispersas por la arena, los dejamos secar al sol, amarramos el toldo del techo a la balsa de salvavidas pero Edward había cortado los lados de nailon y la puerta que se pliega hacia abajo para usarlo en la casa. La cubierta nos protegería de la lluvia pero ya no teníamos ninguna protección de los mosquitos.
Nos pasamos el resto del día construyendo otro refugio y juntando leña para el fuego y amontonándola dentro para que pudiera secar, Edward fue a pescar y yo recolectar cocos y frutos de pan.
Después nos sentamos junto a la fogata a comer pescado, apenas manteniendo nuestros ojos abiertos. Afortunadamente la balsa continúo manteniendo el aire y cuando el sol se puso Edward y yo nos acostamos, me quede dormida instantáneamente con la cabeza apoyada en mi cojín del asiento ligeramente húmedo.
.
.
.
Nade de un lado a otro en la laguna, Edward estaba trabajando en reconstruir la casa, pero prometió unírseme tan pronto como terminara de clavar unas tablas. Se deseó de tener un techo sobre nuestras cabezas de nuevo lo consumía y en la seis semanas después de la tormenta había hecho un progreso notable; había terminado la estructura y cambio su atención a colocar las paredes. Después de haber construido la casa una vez su ritmo era más rápido y habría trabajado todo el día si no lo hubiese convencido de tomarse un descanso.
Estaba flotando en el agua cuando el apareció en la playa, de repente corrió hacia la orilla gritando y haciendo señas para que me saliera, no podía entender porque estaba tan molesto así que me gire.
Vi la aleta segundos antes de que desapareciera bajo la superficie y supe por su tamaño y forma que eso no era un delfín, Edward corrió dentro del agua gritando.
-¡Nada, Bella, nada!
Con miedo de mirar sobre mi hombro, nade más rápido de lo que creí posible y aun no podía tocar el fondo del mar pero Edward me alcanzo, le halo del brazo y me llevo a aguas menos profundas, encontré el equilibrio y corrimos.
Me estremecí Edward me tomo por los hombros y dijo-. Estas bien.
-¿Por cuánto tiempo crees que ha estado nadando en nuestra laguna? –pregunte.
Edward escaneo el agua turquesa. –No lo sé.
-¿Qué clase crees que era?
-¿De arrecife tal vez?
-No puedes ir a pescar.
A menudo se paraba con el agua hasta la cintura ya que nuestro sedal no era muy largo.
-Podría salir si veo la aleta.
-A vemos que no la veas.
Pasamos los siguientes días por la costa vigilando por el tiburón. La superficie de la laguna permaneció intacta y el agua permaneció intacta y el agua permaneció en calma y en silencio. Los delfines vinieron pero yo no quería entrar. Nos turnamos para bañarnos pero acordamos permanecer cerca a la orilla, solo entramos a unos pocos pies para enjuagarnos. Una semana entera pasó sin que ninguno viera el tiburón, pensamos que se había ido para siempre, que su aparición en la laguna había sido una anomalía, como la medusa.
Edward comenzó a pescar de nuevo, a los pocos días me senté cerca de la orilla a depilar mis piernas, Edward se acercó con el pez que había atrapado, mirando como yo pasaba la cuchilla lentamente por mi pierna lastimando mi rodilla y sacando sangre, hizo una mueca.
-La cuchilla está mal –explique, se sentó junto a mí.
-No puedes ir cerca del agua ahora Bella.
Y así es como supe que el tiburón estaba de vuelta.
Me dijo que justo había sacado el último pez cuando lo vio.
-Nado de un lado a otro paralelo a la orilla, con solo la punta de su aleta sobresaliendo fuera del agua, parecía que estaba cazando.
-No pesques más Edward, por favor.
Había días en los que apenas podía tragar los peces que constituían la mayoría en nuestra dieta. Verificábamos la orilla diariamente por si había cangrejos, esperando un poco de variedad, pero casi nunca los encontrábamos y ninguno de los dos podía entender porque. Las panas y los cocos nos sostendría pero me di cuenta que cual hambrientos estaríamos mientras el tiburón acechara la laguna.
Otras dos semanas pasaron sin que ninguno de los dos lo viera, yo todavía no iba cerca del agua excepto para bañarme y solo hasta la rodilla. Nuestros estómagos gruñían constantemente, Edward quería pescar pero le rogué que no lo hiciera.
Visualice el tiburón esperando pacientemente a que uno de nosotros se aventurara a adentrarse demasiado lejos, Edward creía que el tiburón se había decidido finalmente que no había nada que quisiera en la laguna. Nuestras teorías opuestas causaron más de un desacuerdo entre nosotros.
Hacía tiempo que había abandonado la idea de que tenía algún tipo de rango sobre Edward, puede que fuera mayor y que todavía más experiencia en la vida, pero eso no importaba en la isla. Tomábamos cada día como venía, atendiendo y resolviendo problemas juntos. Pero ponerte a ti mismo en el hábitat natural de un animal que podía comerte me pareció el epitome de la estupidez y se lo dije a Edward por lo que cuando lo vi pescando cerca de la hora de la cena dos días después me enfurecí.
Moví mis brazos y una y otra vez para atraer su atención, saltando arriba y abajo en la arena. -¡Sal ahora mismo!
Se tomó su tiempo para salir del agua, camino hacia, y dijo-. ¿Cuál es tu problema?
-¿Qué crees que estás haciendo?
-Estoy pescando, tengo hambre y tú también.
-Hambriento no es muerto Edward, ¡y no eres insensible! –lo toque duramente en el pecho luego de cada palabra, y el tomo mi mano para detenerme de tocarlo de nuevo.
-Jesucristo, ¡cálmate!
-Me dijiste que no entrara en el agua el otro día y ahora estas de pie con ella hasta tu cintura como si no fuera gran cosa.
-¡Estabas sangrando, Bella! Y no te acercarías al agua ahora aunque te rogara que lo hicieras, así que no actúes como si necesitaras mi permiso –grito.
-¿Por qué estás tan determinado en ponerte en peligro, aun después de que te pedí que no lo hicieras?
-Porque si entro o no en el agua es mi decisión, Bella, no tuya.
-¡Tus decisiones me afectan directamente, Edward así que creo que tengo todo el derecho de intervenir cuando esas decisiones son necias!
Lagrimas surgieron en mis ojos, y mi labio tembló. Volví mi espalda hacia él y me aleje pisando fuerte. No me siguió.
Edward había terminado de reconstruir la casa la semana anterior. Entre por la puerta y me recosté en la balsa salvavidas. Cuando termine de llorar, tome profundas respiraciones, y debo haber dormido porque cuando abrí mis ojos, Edward estaba recostado en su espalda al lado mío, despierto.
-Lo siento. –ambos lo dijimos al mismo tiempo.
-Maldición, me debes una cosa –dije-. Quiero una grande, con hielo extra.
Sonrió. –Es la primera cosa que hare cuando salgamos de esta isla.
Me levante en un codo, frente a él.
-Enloquecí, solo estoy muy asustada.
-Realmente, solo estoy muy asustada.
-Realmente creo que el tiburón se fue.
-No es solo el tiburón Edward. –Tome una profunda respiración-. Me preocupo por ti, mucho, y no puedo soportar el pensamiento de que te hieras, o mueras. Solo puedo soportar estar aquí porque estás conmigo.
-Podrías sobrevivir, Bella. Puedes hacer todo lo que yo puedo y estarías bien.
-No estaría bien, estoy bien contando solo conmigo en casa, pero no aquí, Edward no en esta isla. –lagrimas se acumularon en mis ojos mientras imaginaba el aislamiento y dolor que sentiría si Edward no estuviera-. No sé si puedes morir de soledad, pero después de un tiempo podría querer hacerlo –susurre.
Se sentó un poco y puso su mano en mi antebrazo-. Nunca digas eso.
-Es verdad, no me digas que nunca lo has pensado.
No dijo nada al principio, pero no me miro directamente. Finalmente, asintió y dijo-. Luego de que el murciélago te mordió.
Lagrimas manaban de mis ojos y corría por mi rostro, Edward me atrajo a su pecho y me sostuvo mientras lloraba, frotando mi espalda y esperando a que terminara. Ninguno de nosotros usaba mucho un par de pantaloncillos cortos pantaloncillos cortos para él y un traje de baño para mí, y el contacto piel a piel me tranquilizaba en una manera que no esperaba. Olía como el océano y esa era una fragancia que siempre asociaría con él.
Suspire, satisfecha con la liberación que venía con un buen llanto, había pasado tanto desde que alguien me sostuvo que no quería moverme. Finalmente, levante mi cabeza, acuno mi rostro en sus manos y limpio mis lágrimas con sus pulgares.
-¿Mejor?
-Sí.
Me miro a los ojos y dijo-. Nunca te dejare sola, Bella no si puedo evitarlo.
-Entonces por favor no entres en el agua.
-Bien. –Limpio unas pocas lágrimas más-. No te preocupes, pensaremos en otra cosa, siempre lo hacemos.
-Solo estoy cansada Edward.
-Entonces cierra tus ojos.
Me malentendió, me refería a cansada en general, de siempre tener nuevo problema que resolver y constantemente preocuparme que alguno de nosotros se enfermera o hiriera, se pondría oscuro pronto, sin embargo, y se sentía tan bien estar en sus brazos. Volví a bajar mi cabeza y cerré mis ojos.
Me sostuvo más fuerte, una de sus manos acaricio desde mi hombro bajando hacia mi espalda baja, y el otro descanso en mi brazo.
-Me haces sentir segura. –susurre.
-Estas segura.
Me rendí al empuje del sueño y el escape que ofrecía, pero segundos antes de perderme por completo, pude haber jurado que los labios de Edward rozaron los míos en el más dulce y suave de los besos.
.
.
.
Me desperté en sus brazos justo antes del amanecer, hambrienta, sedienta y necesitando ir al baño. Me baje de la cama y Salí de la casa, y camine dentro del bosque, deteniéndome para reunir cocos y panas en mi camino de vuelta. El cielo se llenó con luz de la mañana mientras me cepillaba los dientes y peinaba mi cabello, luego prepare nuestro desayuno.
Mientras esperaba que despertara, repetí los eventos de anoche en mi mente. Su deseo había sido palpable, irradiando del como calor de una fogata.
Su respiración había cambiado, poniéndose más fuerte, su corazón había martillado bajo mi mejilla, había mostrado un excepcional control, y me preguntaba cuanto tiempo estaría satisfecho con solo sostenerme en sus brazos.
Me preguntaba cuanto tiempo yo lo estaría.
Salió de la casa unos minutos después, rastrillando su cabello en una cola de caballo.
-Hola. –Se sentó a mi lado y le dio un apretón a mi hombro-. ¿Cómo estas esta mañana? –su rodilla descanso contra la mía.
-Mucho mejor.
-¿Dormiste bien?
-Sí, ¿y tú?
Asintió, sonriendo. –Dormí fenomenal, Bella nos sentamos en la orilla luego del desayuno.
-Así que, he estado pensado –dijo, rascándose una de sus picaduras de mosquitos-. ¿Y si llevo una balsa salvavidas dentro de la laguna para pescar?
Su sugerencia me aterro. –De ninguna manera –dije, sacudiendo mi cabeza una y otra vez-. ¿Y si ese tiburón muerde la balsa? ¿O la vuelca?
-Esto no es tiburón, Bella aparte, dijiste que no me querías de pie en el agua.
-Debo haber dejado claro mis sentimientos sobre eso –admití.
-Si pesco desde la balsa, no tendremos hambre.
Mi estómago gruño cuando menciono pescar.
-No lo sé, Edward parece mala idea.
-No iré muy lejos, solo lo suficiente profundo para atrapar algunos peces.
-Bien, pero iré contigo.
-No tienes que hacerlo.
-Por supuesto que sí.
Tuvimos que desinflar la pequeña balsa para sacarla por la entrada de la casa, la volvimos a inflar con la bomba de dióxido de carbono y la cargamos hacia la playa.
-Cambie de parecer –dije-. Esto es demente, deberíamos quedarnos en la playa donde es seguro.
Edward sonrió abiertamente. -¿Ahora, que tendría de entretenido eso?
Remamos la balsa salvavidas hasta el medio de la laguna, Edward le puso carnada a su gacho y tiro los peces uno a uno, lanzándolos en un contenedor plástico lleno de agua de mar. No podía sentarme quieta o dejar de mirar por el lado de la bolsa, Edward me empujó hacia abajo a su lado.
-Me pones nervioso –dijo, poniendo su brazo alrededor de mí-. Atrapare otro par de peces, y volveremos.
La balsa salvavidas ya no tenía el toldo único y el sol nos golpeaba. Usaba solo un bikini, pero aún estaba abrasada en el calor, Edward estaba usando mi sombrero vaquero y se lo saco y lo dejo caer en mi cabeza.
-Tu nariz se está poniendo roja –dijo-.
-Me estoy hirviendo, hace calor aquí.
Edward tiro su mano por el lado, recogió algo de agua, y la dejo caer en mi pecho, mirando mientras escurría en un lento goteo hacia mi ombligo. Mi cuerpo hormigueo y la temperatura de mis entrañas subió de golpe diez grados. Comenzó a hundir su mano de nuevo, y luego se detuvo abruptamente. –Allí esta. –saco su caña de pescar del agua.
Mire sobre mi hombro y cada musculo en mi cuerpo se tensó. La aleta se desliza a través del agua a dieciocho metros más ellas, moviéndose hacia nosotros. Cuando se acercó lo suficiente como para que tuviéramos un buen vistazo, alcance instintivamente los remos y le paso uno a Edward miramos el tiburón rodear en círculos la balsa, ninguno de nosotros diciendo algo.
-Quiero volver a la orilla –dije.
Edward asintió y remamos lejos, el tiburón siguiéndonos a aguas poco profundas, cuando estaba solo a la altura de la rodilla, Edward salto afuera y tiro la balsa dentro de la arena conmigo todavía sentada en ella, me baje.
-¿Qué demonios vamos hacer con eso? –pregunto él.
-No lo sé.
Porque realmente, no tenía idea que íbamos a hacer Edward y yo sobre el tiburón tigre de casi tres metros viviendo en nuestra laguna.
Caminamos de vuelta a la casa Edward hizo una fugara, y yo limpie y cocine nuestro almuerzo.
Comimos todo el pescado, llenándonos de ellos después de no tenerlo durante tanto tiempo, Edward empezó a caminar tan pronto como termino su último bocado.
-No puedo creer que estuvieras en el agua con esa cosa. –se detuvo, volviéndose a mirarme-.
-No tienes que preocuparte más por mí de pie en el océano, voy a pescar desde la balsa. Solo espero que eso no decida tomar un bocado de ella.
-Aquí está el problema, Edward no podemos seguir re-inflando la balsa cada vez que la entremos o saquemos de la casa. No se cuánto CO2 nos queda. Siempre y cuando utilices la balsa para pescar, vamos a tener que mantenerla fuera. Vamos a tener la cabeza cubierta, pero no es todo. No hay protección de los mosquitos sin los lados de nylon. –Edward ya tenía múltiples picaduras de estar en el bosque todo el tiempo.
-¿Así que el tiburón puede decidir si comemos y en donde dormimos?
-Más o menos.
-Eso es mentira. El tiburón puede sentir los tiros en el agua, pero no en la tierra. Vamos a tener que matarlo.
Tienes que estar bromeando.
Tomar a un verdadero devorador de hombres no parecía muy realista, y pensé que también podría hacer que nos matara, Edward entro en la casa y volvió con la caja de herramientas. Retiro la cuerda, deshaciéndola, y separándola en tira.
-¿Qué estás pensando? –le pregunte, con miedo de cuál podría ser su respuesta.
-Si puedo doblar unos cuantos clavos, y adjuntarlas a esta cuerda, tal vez podamos enganchar el tiburón y tirarlo fuera del agua.
-¿Quieres tratar de atraparlo?
-Sí.
-¿Desde la balsa?
-No, desde la playa, si entramos en tierra, en realidad podríamos tener una oportunidad, vamos a tener que conseguir traer al tiburón a aguas poco profundas –dijo.
-Bueno, sabemos que eso es posible, me sorprendió lo cerca que llego a la orilla.
Edward asintió con la cabeza, ninguno de los dos menciono que el tiburón había sido perfectamente capaz de nadar en el agua hasta la cintura.
Edward martillo tres clavos hasta la mitad al lado de la casa y luego uso al final de la uña de un martillo para doblarlo antes de tirar de ellas, hacia afuera. Ato los hilos individuales de la cuerda alrededor de la cabeza de cada clavo, haciendo un gancho de tres puntas.
-No estoy seguro de lo que debemos usar como carnada –dijo Edward.
-¿Quieres tratar de atrapas el tiburón hoy?
-Quiero nuestra laguna de regreso, Bella –tenía una mirada determinada en los ojos, y pensé que no podía persuadirlo.
-Se lo que necesitamos. –no podía creer que estuviera a punto de contribuir a este loco plan.
-¿Qué?
-Una gallina, si lo ponemos como anzuelo vivo, va a retorcerse y a atraer a los tiburones. –me dijo una palmadita en la espalda.
-Me alegra ver que estas a bordo.
-De mala gana. –pero estaba de acuerdo con Edward acerca de que debíamos internarlo. A pesar del tiburón y las medusas, y los otros peligros que probablemente ni siquiera conocíamos, la laguna era nuestra, y podía entender porque Edward quería luchar por ella, solo esperaba no pagar por ello con nuestras vidas.
Habíamos cogido y comido dos gallinas más desde la que habíamos encontrado en nuestra primera navidad. Pensamos que por lo menos nos quedarían dos si teníamos suerte. No habíamos oídos o visto una por un tiempo, sin embargo. Era como si supieran que las estaban cazando una por una.
Recorrimos la isla y caso nos habíamos rendido cuando escuchamos el aleteo. Tomo otra media hora atraparla. Mire hacia otro lado cuando Edward la puso en el gancho.
Se metió en el agua profunda hasta el pecho, echo la gallina en la medida que pudo, y regreso rápidamente, haciendo el relevo de la cuerda de tal manera que podía sentir cualquier cambio en la tensión.
La gallina aleteaba sobre la superficie, tratando de escapar. Observamos con horror como el tiburón se lanzaba fuera del agua y la envolvía con la boca, Edward tiro de la cuerda tan fuerte como pudo para echarlo.
-Creo que funciono, Bella. Puedo sentir que tira.
Dos varios pasos hacia atrás y clavo sus talones, sosteniendo las cuerda con ambas manos.
De repente la cuerda se sacudió y Edward voló hacia adelante, aterrizando boca abajo mientras el tiburón nadaba en la dirección opuesta de la costa, me tire sobre su espalda y arañe la arena, rompiendo de nuevo dos de mis uñas. El tiburón nos arrastraba como si no pensáramos nada. Cuando logramos recuperar nuestra posición y nos levantamos, teniendo las rodillas en el agua.
-Ve detrás de mí –dijo Edward.
Envolvió la cuerda alrededor de su brazo dos veces. Agarre la otra punta. Dimos unos pasos hacia atrás y nos anclamos a la tierra. El tiburón goleo de ida y vuelta, tratando al mismo tiempo de comer a la gallina y deshacerse de nuestro gancho.
Nos tiro de nuevo hacia adelante Edward, tiro de la cuerda tan fuerte como pudo, sus antebrazos abultados. El sudor corría por mi cara mientras continuábamos nuestra lucha para remolcarlo, el agua ahora hasta los muslos.
Mis brazos quemaban y mientras los minutos pasaban, sabia con absoluto certeza que Edward y yo no podríamos llevarlo a la tierra, pensé que la única razón por la que habíamos pisado alguna tierra en absoluto era porque el tiburón nos lo había permitido, se habría necesitado tres hombres adultos para luchar y tener algún tipo de oportunidad, y era hora de darse por vencido.
-Suelta la cuerda, Edward tenemos que salir ahora.
No discutió, pero la cuerda estaba tan apretadamente envuelta alrededor de su antebrazo que no podía deshacerla. Lucho para liberarse cuando el tiburón le tiro a aguas más profundas, y estaba con el agua bastante más alta que su cabeza cuando la cuerda se aflojo. Aliviada, pensé que se había roto, pero luego me dic cuenta de que el tiburón estaba nadando hacia nosotros.
-¡Sal del agua, Bella!
Me quede inmóvil, mirando a Edward que frenéticamente desentrañaba el brazo de la cuerda. La aleta se deslizo debajo de la superficie, y sabía que nunca llegaría a la orilla a tiempo.
Grite, pero entonces, por el rabillo de mi ojo, me di cuenta de más aletas, moviéndose tan rápido que aceleraban en forma borrosa. Los delfines habían llegado, dos o tres de ellos nadando junto en grupo.
Me escabullí fuera del agua y vi que rodearon a Edward protegiéndolo mientras nadaba hacia la orilla, cuando se único a mí en la arena, lance mis brazos alrededor de él, sollozando.
Cuatro delfines más se unieron a los demás y ahora siete, cargaron contra el tiburón matándolo con sus hocicos, presionándolo en aguas poco profundas.
Edward vio el extremo de la cuerda flotando al lado del grupo de delfines, se metió al agua y rápidamente el agarro, nos detuvimos, y con la ayuda termino en la playa sacudiendo su cabeza adelante y atrás, pocas plumas de gallina saliendo de su boca.
Edward me atrapo en un abrazo de oso. Envolví mis piernas alrededor de su cintura y gritamos y vitoreamos.
Los delfines nadaron hacia atrás con entusiasmo, Edward y yo corrimos hacia el agua y aunque abrazar delfines no era una cosa fácil de hacer, nos las arreglamos. Se dispersaron unos minutos más tarde. Edward y yo salimos del agua y nos paramos al lado del tiburón, que se quedó inmóvil en la arena.
-No sé qué hubiera pasado si los delfines no se hubiesen presentado –le dije.
-Estábamos recibiendo una patada en el culo, eso es seguro.
-Nunca he estado tan asustada en mi vida, pensaba que el tiburón te iba a comer. –Edward me abrazo, apoyando la barbilla en la parte superior de mi cabeza.
-No lo hizo, sin embargo.
-Lo vamos a comer ahora, ¿no? –pregunte.
-¡Oh, infierno sí! –dijo, con una gran sonrisa en su rostro.
Edward partió el tiburón con la sierra de mano, y fue la cosa más asquerosa que he visto nunca. Lo dividí en trozos de filetes con el cuchillo. La sierra y el cuchillo no eran los implementos ideales para filetear un tiburón y la sangre nos cubrió, empapando mi bikini amarillo y sus pantalones cortos con un residuo aceitoso. El olor me domino, un asalto metálico agudo cada vez que inhalaba. Teníamos que enterrar el cadáver en algún lugar, pero decidimos preocuparnos e eso más tarde.
Revise nuestro trabajo, teníamos más filetes de tiburón de lo que podríamos que tirar la mayor parte de ellos, pero la cena sería un festín.
Había rastros de sangre en el pecho Edward,
-¿Quieres lavarte primero? –pregunto, después de que regresáramos a la casa.
-No adelante, voy a hacer puré de fruta del pan. Iré después de ti. –hacia días que no me sentía realmente limpia. Ansiaba el uso de jabón y tomar un largo baño con más de un pie en el agua.
Entro en la casa y salió con su ropa y el jabón y el champú. –Solo deja tus pantalones allí abajo, voy a tratar de lavarlos más tarde.
-Está bien –dijo sobre su hombro.
Hice puré de fruta del pan, había inventado la receta un día largo y aburrido, primero rallado el coco en una roca y luego metiéndolo a través de una camiseta para hacer leche de coco. Tosté la fruta del pan y las raye también, añadiendo la leche de coco y calentando todo junto al fuego en una cascara de coco vacía. A Edward le encanto.
Empale el tiburón en los palillos, para poder cocinarlo sobre el fuego.
-Tu turno –dijo Edward cuando regreso, oliendo mucho mejor que yo.
-Empecé a cocinar al mismo tiempo en que te fuiste, podemos comer tan pronto como regrese.
-Está bien.
Señale a Edward. –Manos fuera de las panas.
Entre en la casa y busque en mi maleta por mi ropa, algo azul me llamo la atención.
¿Por qué no?
Tenía toda la razón para arreglarme. La cena era siempre especial cuando la matabas, en lugar de al revés.
COMENTEEEN!
Perdon por no subir ayer, pero tuve unos asuntos que arreglas pero por es el capitulo es muy largo :3 y NOTICIA xd amaran el proximo capitulo 3
Brendiiita: Me alegra que te guste el fic :3
maleja twihard: ya proximo capitulo se sueltan los dos ;)
Los demas los contesto por privado 3
LOS QUIERO.
Mary.
