Disclaimers:
Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.
Capítulo 18
Edward
Bella –susurre su nombre-. ¿Estas despierta?
-Hmm –dijo.
-¿Todavía amas a ese tipo? –sabia su nombre, pero no quería decirlo, estaba envuelto alrededor de ella, mi pecho contra su espalda, se dio la vuelta para mirarme.
-¿Jacob? No, no lo amo más. No he pensado en el en mucho tiempo. ¿Por qué?
-Me lo preguntaba, no importa duerme. –la bese en la frente y la coloque sobre mi pecho.
Pero ella no se durmió, me hizo el amor en lugar de eso.
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Bella cumplió treinta y tres en mayo, y celebro su cumpleaños por primera vez en la isla, una ligera lluvia caía, y nos acostamos uno junto al otro en la balsa salvavidas escuchando el ritmo constante de las gotas que golpeaban el techo de la casa.
-No te conseguí nada en realidad. Me dijiste hace mucho tiempo que el centro comercial de la isla apestaba –le dije.
Sonrió. –Es un poco bajo en la mercancía.
-Sí, así que vamos a tener que fingir, si estuviéramos en casa, te llevaría a cenar y luego te daría estos regalos. Pero ya que no estamos en casa, solo voy a decirte todas las maravillosas cosas que te conseguí, ¿de acuerdo?
-No debiste molestarte –bromeo.
-Lo mereces. Bueno, el primer regalo son libros. Todos los bestsellers actuales.
Bella suspiro. –Echo de menos la lectura.
-Sé que lo haces.
Se acurruco más cerca.
-Eres genial en esto, ¿Qué otra cosa tienes para mí?
-Ah, alguien está disfrutando de su cumpleaños. Tu próximo regalo es música.
-¿Me hiciste un CD de mezclas? –pregunto.
Sonríe y empecé a hacerle cosquillas. –Con todas tus canciones favoritas de rock clásico.
Se retorció y se rio, rodando encima de mi tratando de atrapar mis manos por debajo de las de ella para que dejara de hacerle cosquillas.
-Me encanta –dijo-. Los libros y la música, mis dos cosas favoritas. Gracias. –Me dio un beso-. Este fue el mejor regalo de cumpleaños que he tenido en mucho tiempo.
-Me alegro que te haya gustado.
Saque mis brazos de debajo de su cuerpo y escondí su cabello detrás de su oreja. –Te amo, Bella.
La mirada de sorpresa en su rostro me dijo que no lo había visto venir.
-No se suponía que te enamoraras –susurro.
-Bueno, lo hice –le dije, mirándola a los ojos-. He estado enamorado de ti desde hace meses. Te lo digo ahora porque creo que tú también me amas, Bella. Simplemente crees que no deberías. Me lo dirás cuando estés lista. Puedo esperar. –tire de su boca hacia abajo a la mía y la bese y cuando termine, sonreí y le dije-. Feliz cumpleaños.
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Bella
Debería haber sabido que se estaba enamorando. Todas las señales estaban ahí, y desde hacía bastante tiempo. Fue solo después de que se enfermó que me arrepentí de no decirle que tenía toda la razón.
Yo lo amaba.
Una semana después de mi cumpleaños, me acosté en la cama junto a él solo para descubrir que ya estaba dormido. Había ido al baño, y llenando nuestra botella en el colector de agua, pero solo llevaba unos minutos detrás de él, y Edward nunca se iba a dormir sin hacer el amor primero.
Todavía estaba durmiendo a la mañana siguiente cuando me desperté, y tampoco despertó durante el tiempo que había ido a pescar, y a juntar coco y fruta de pan.
Me metí en la casa. Sus ojos estaban abiertos, pero se le veía cansado. Bese su pecho.
-¿Te encuentras bien? –pregunte.
-Sí, estoy cansado.
Bese su cuello de la forma que sabía que le gustaba, pero luego me aparte bruscamente.
-Oye, no te detengas.
-puse mi mano sobre su cuello. –Edward, tienes un bulto aquí.
Alzo la mano y lo sintió con sus dedos.
-Probablemente no sea nada.
-Dijiste que me avisarías si notabas algo.
-No sabía que estaba allí.
-Te ves muy cansado.
-Estoy bien. –me beso e intento quitarme la camisa.
Me senté, fuera de su alcance. –Entonces, ¿Qué pasa con el bulto?
Bella, no lo sé. –Se levantó de la cama-. No te preocupes por eso.
Después del desayuno, acepto de mala gana que revisara su cuello. Apreté los dedos suavemente por debajo de su mandíbula, descubriendo ganglios linfáticos inflamados en ambos lados. ¿Había estado sudando en la noche? No estaba segura. No parecía haber perdido peso, me habría dado cuenta si lo hacía. Ninguno de los dos dijo nada acerca de lo que podría significar los bultos. Se veía exhausto así que lo envié de vuelta a la cama. Baje a la laguna, me metí en el agua, y flote sobre mi espalda, mirando hacia el cielo azul sin nubes.
El cáncer está de vuelta, lo sé, y el también.
Se despertó para almorzar, pero después de comer, se quedó dormido otra vez, y continua así, pasándose la cena. Entre en la casa para ver cómo estaba. Cuando me incline para besar su mejilla, su piel me quemo los labios.
- Edward. –gimió cuando puse la palma de mi mano contra su frente caliente-. Vuelvo pronto. Voy a traer el tylenol.
Encontré el botiquín de primeros auxilios, y sacudí dos pastillas de tylenol sobre la palma de mi mano. Le ayude a tragarlas con agua, pero vomito sobre su cuerpo unos minutos más tarde.
Lo limpie con una camiseta, y trate de moverlo un poco, hacia la parte seca de la manta. Grito cuando lo toque.
-Bueno, no voy a moverte. Dime que te duele.
-La cabeza, detrás de mis ojos. Por todas partes. –se quedó quieto y no dijo nada más.
Espere un rato y luego trate de darle un poco más de tylenol. Me preocupaba que fuera a vomitar otra vez, pero no lo hizo.
-Te sentirás mejor en poco tiempo –le dije, pero cuando lo revise media hora más tarde, su frente se sentía aún más caliente.
Durante toda la noche, ardió de fiebre. Vomito otra vez, y no podía soportar que lo tocara, porque dijo que se sentía como si sus huesos se estuvieran rompiendo.
Al día siguiente, durmió durante horas. No quería comer y apenas bebía. Se frente se sentía tan caliente que me preocupaba que la fiebre fritara su cerebro.
Aquello no era cáncer. Los síntomas habían aparecido demasiado pronto.
Pero si no es cáncer, ¿Qué es? ¿Y qué demonios voy hacer al respecto?
La fiebre no bajaba, y nunca desee tener hielo más de lo que hice entonces. Estaba tan caliente y la camiseta que mojaba en el agua y exprimía en su frente era probablemente demasiado caliente para refrescarlo, pero no sabía que más hacer.
Tenía los labios secos y agrietados, y me los arregle para conseguir pasar un poco de agua y tylenol por su garganta. Quería tenerlo en mis brazos sobre sus ojos, pero mi contacto le causaba dolor, así que no lo hice.
Estallo en un sarpullido al tercer día. Brillantes puntos rojos le cubrieron el rostro y el cuerpo. Pensé que tal vez la fiebre estaba cerca de romperse, que el sarpullido indicaba que su cuerpo estaba luchando contra la enfermedad, pero a la mañana siguiente el sarpullido era peor, y se sentía más caliente. Inquieto e irritable, se deslizaba dentro y fuera de su conciencia, dejándome presa del pánico cuando no lo pude despertar.
La sangre empezó a gotear de su nariz y su boca al quinto día. El temor se apodero de mí en oleadas, mientras limpiaba la sangre con mi camiseta blanca, que por la tarde ya estaba de color rojo. Me dije que el sangrado se había reducido, pero no eraasí. Moretones cubrieron su cuerpo donde la sangre se acumulaba bajo la piel. Me acostes a su lado durante horas, llorando y sosteniendo su mano. –Por favor no te mueras, Edward.
Cuando salió el sol a la mañana siguiente, lo tome entre mis brazos. Si sintió dolor por el contacto, no lo demostró. Pollo rasguñaba un lado de la balsa salvavidas. Me incline y la recogí. Se dejó caer junto a Edward, y no se movió de su lado. La deje quedarse.
-No estás solo, Edward. Estoy aquí. –le quite el cabello del rostro, y lo bese en los labios.
Dormitándome, soñé que Edward y yo estábamos en un hospital, y que el médico me decía que debería estar feliz de que al menos no fuera cáncer.
Cuando me desperté, puse mi oído en su pecho, llorando de alivio cuando escuche su corazón. A lo largo del día, su sarpullido se desvaneció, y el sangrado decayó y se detuvo finalmente. Esa noche me puse a pensar que tal vez si iba a vivir.
A la mañana siguiente, su frente estaba fresca cuando lo toque. Hizo un sonido cuando trate de despertarlo, lo cual me pareció que quería decir que estaba durmiendo y no inconsciente. Salí de la casa para recoger coco y fruta de pan, y llenar varios recipientes con agua del colector, parando con frecuencia para ver cómo estaba.
Hice una fogata. No tenía maneras de medir el tiempo, pero si tuviera que adivinar, diría que durmió menos de veinte segundos.
Nada mal para una chica de ciudad.
Me lave los dientes. Realmente necesitaba un baño, no había estado cerca del agua en días, pero no quería dejar a Edward solo tanto tiempo. Por la tarde, me acosté a su lado, sosteniendo su mano. Sus parpados se agitaron y luego los abrió por completo. Apreté suavemente sus dedos y dije-. Hola.
Se volvió hacia mí y parpadeo, tratando de concentrarse. Arrugo la nariz. –Hueles más, Bella.
Me eche a reír y llorar al mismo tiempo. –No hueles tan bien tampoco, Cullen.
-¿Puedes tomar un poco de agua? –su voz era ásperas. Lo ayude a sentarse para que pudiera beber de la botella de agua que había estado esperándolo.
-No bebas demasiado rápido. Quiero que permanezcas acostado. –Deje que tomara la mitad de la botella, y luego facilite su regreso a la cama-. Puedes tener el resto en pocos minutos.
-No creo que el cáncer haya regresado.
-No. –estuve de acuerdo.
-¿Qué crees que era?
-Algo viral, de lo contrario no estaríamos teniendo esta conversación. ¿Tienes hambre?
-Sí.
-Te voy a conseguir un poco de coco. Lo siento, no hay peces no estado en el agua últimamente.
Me miro sorprendido. -¿Cuánto tiempo estuve fuera?
-Algunos días.
-¿En serio?
-Sí. –Mis ojos se llenaron de lágrimas-. Pensé que ibas a morir. –le susurre-. Estabas tan enfermo, y no había nada que pudiera hacer excepto estar a tu lado. Te amo, Edward debería habértelo dicho antes. –las lágrimas corrieron por mis mejillas.
Me acerco a él y dijo-. Te amo demasiado, Bella pero ya lo sabias.
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Edward
Tome agua mientras Bella iba a pescar. Cuando volvió, cocino el pescado y me lo dio de comer en la cama. –Has hecho un fuego –dije, lucia orgullosa.
-Lo hice.
-¿Tuviste algún problema?
-No.
-Quería tragarme la comida, pero Bella no me lo permitió.
-No comas demasiado rápido –dijo.
Establecí un ritmo, dejando que mi estómago se acostumbrara a tener algo en él.
¿Por qué pollo está en la cama con nosotros? –pregunte, no me había fijado en ella al principio, pero se sentó en la esquina del bote salvavidas sin hacer ruido y luciendo muy a gusto.
-Estaba preocupada por ti. Ahora, solo le gustaba estar aquí.
Más tarde, Bella y yo fuimos a la playa a tomar un baño, deteniéndonos dos veces para que pudiera descansar.
Me condujo dentro del agua y se enjabono las manos, recorriéndolas por mi piel. Cuando estaba limpio, ella se lavó. Sus huesos de la cadera sobresalían y conté todas las costillas.
-¿No has comido mientras estaba enfermo?
-No realmente. Tenía miedo de dejarte. –Se enjuago y luego me ayudo a ponerme de pie-. Además, tú tampoco estabas comiendo bien.
Tomo mi mano nos dirigimos de nuevo a la casa. Deje de caminar.
-¿Qué pasa? –pregunto.
-Ese novio que tenías debió haber sido un completo idiota. -Sonrió.
-Vamos, necesitas descansar.
Haber tomado un baño me agoto tanto que no pude argumentar. Cuando llegamos a la casa, me ayudo a meterme en la cama y se tendió a mi lado, sosteniendo mi mano hasta que me quede dormido.
Para la siguiente semana, no tenía mucha energía y Bella estaba preocupada por una recaída. Constantemente comprobaba mi frente para ver si tenía frente y se aseguraba de que bebiera mucha agua.
-¿Por qué tengo tanto moretones? –pregunte.
-Estabas sangrando por la nariz y la boca y al parecer bajo la piel. Eso me asusto más, Edward sabía que solo puedes perder una cierta cantidad de sangre, y no estaba segura de cuanta.
Escuchar eso me asusto, deje de pensar en ello y me concentre en cosas más agradables, como besar a Bella y sacar su camiseta.
-Realmente te estas poniendo mejor –dijo ella.
-Sí, sin embargo, es posible que debas estar arriba. No tengo fuerzas para algo más.
-Por suerte para ti, me gusta estar arriba –dijo, besándome de regreso.
-Suerte es mi segundo nombre. –Después cuando la abrace, le dije-. Te amo.
-También te amo.
-¿Qué dijiste?
-Dije: también te amo. –se acurruco más cerca y se rio-. Me escuchaste la primera vez.
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En junio de 2004, Bella y yo habíamos estado en la isla por tres años. No habíamos visto más aviones desde el que había sobrevolado dos años atrás. Me preocupaba que nunca nos encontraran, pero no había renunciado por completo. No estaba seguro de si Bella podía decir lo mismo.
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-Es lo último del jabón. –Bella sostenía un bote de gel de ducha en su mano. Solo quedaban unos cuantos gramos, el champú y la crema de afeitar se habían acabado hacía ya tiempo. Ella aun me afeitaba, pero nos quedaba una última cuchilla y estaba tan desgastada que hizo estragos en mi piel, sacando sangre sin importar lo cuidadosa que ella fuera. Nos frotamos arena en nuestro cuero cabelludo, nuestra versión de champú en seco, y ayudo más o menos. Bella me convenció de quemar algo en su cabello.
Queme las puntas y rocié su cabeza con agua. Acortándolo ocho pulgadas. El olor a cabello quemado permaneció durante varios días.
Tampoco teníamos nada de pasta dental.
Utilizamos sal de mar para lavarnos los dientes, sacando el agua de la laguna y esperando a que se evaporara. Los trozos de sal quedaron lo suficiente ásperos para limpiar los dientes, pero nada comparado con la pasta de dientes que hacía que nuestras bocas tuvieran buen sabor. Era lo que Bella más odiaba. Ahora, también estaríamos sin jabón.
-Tal vez debamos dividirlo en tercios –dijo Bella, estudiando la botella de gel de baño-. Lavar nuestra ropa, lavarnos el cabello y a nosotros. ¿Qué piensas?
-Suena como un plan.
Llevamos todo hasta la laguna y llenamos el bote salvavidas con agua. Bella exprimió un poco de gel de baño en él. Cuando toda la ropa se sumergió, la lavo a fondo. Yo estaba con un par de pantalones cortos, una sudadera que en realidad ya no me quedaba más, y la camiseta de Reo Speedwagon de Bella. Pase desnudo mucho. Bella tenía lo suficiente para usar, pero a veces también la convencía de tener un día desnudo.
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Cumplí los veinte años en septiembre. Empecé a tener mareos cuando me levante muy rápido, y no siempre me sentía genial. Bella se preocupó mucho, y no quería decirle, pero quería saber si también estaba mareada. Dijo que lo estaba.
-Es una señal de desnutrición –dijo-. Esto ocurre cuando el cuerpo finalmente consume los nutrientes almacenados. No estamos consumiendo lo necesario de ellos. –alcanzo mi mano y miro mis dedos, pasando su pulgar sobre las uñas-. Esa es otra señal. -extendió su mano y la examino-. Las mías también lucen así.
Nos preparamos para la próxima temporada seca y el fin de las lluvias regulares. Y de alguna manera, nos mantuvimos sobreviviendo.
¿Quién no quería estar cuidando a Edward como su enfermera? :c ya que parezca alguien y los rescate :'( xd
ame: Que bueno que te guste el fic eso me alegra mucho, y espero ver siguiendo viendo tus comentarios 3 lo se lo bueno es que ya estan juntos, los leemos.
maleja twihard: D: no mueras ya actualice y se viene grandes capitulos *-* que se que te gustaran
COMENTEEEN!
Mary.
