Disclaimers:
Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.
Capítulo 26
Bella
En abril, las lluvias de primavera estancaron a chicago por dos días, manteniéndonos dentro.
Edward cambiaba sin rumbo los canales. Me acosté en el sofá con los pies en su regazo, leyendo un libro.
-¿Quieres ir al cine? –pregunto, apagando la televisión.
-Claro –le dije-. ¿Qué quieres ver?
-No sé, vamos a caminar hasta el cine y escogemos una.
Me coloque una chaqueta y salimos del apartamento, caminando a través de la lluvia, mientras que Edward extendía una sombrilla encima de nuestras cabezas. Me tomo la mano. Apreté su mano sonriendo y entonces me devolvió el apretón.
Edward quería ver Batman begins. Estábamos parados en la fila para comprar palomitas de maíz cuando alguien toco su hombro.
Nos dimos la vuelta. Era un chico con una gorra de beisbol junto a una chica pequeña que llevaba una sudadera con capucha de color rosa, su cabello recogido en una coleta.
Edward sonrió. –Oye, Coop ¿Qué pasa?
-Tratando de encontrar algo que hacer hasta que pare de llover.
-Dímelo a mí, esta es Bella –dijo Edward pasando un brazo sobre mis hombros.
-Hola –dijo Coop-. Esta es mi novia, Brooke.
-Encantada de conocerlos a ambos –dije.
-Sigo olvidándome que estas en la ciudad –dijo Edward.
-Voy a estar atrapado en la universidad si no recibo mis calificaciones.
-Vamos a pasar el rato en algún momento –dijo Edward.
-Mis padres se van de la ciudad el próximo mes, hare una fiesta están invitados –Coop me sonrió y me di cuenta que la invitación era verdadera.
-Sí, eso sería genial –dijo Edward.
Eche un vistazo a Brooke mientras que Edward y Coop hablaban. Me miraba con la boca abierta. Para ella era probable que pareciera una anciana.
Su cara sin arrugas y la piel color rosa se veía radiante. Ella no tenía ni idea de la forma en que me veía cuando tenía veinte años, cual hermosa era la piel joven. A pesar de que a menudo había usado la gorra de beisbol de Edward y mis lentes de sol en la isla, hubo momentos en los que no lo hice. Pensé en los años que el sol me había arrebatado, esperaba despertar una mañana y descubrir que mi rostro se había transformado en cuero mientras dormía.
Pase más tiempo del que me sentía cómoda admitir tratando de revertir el daño en la piel que el sol de la isla me había infligido, el mostrador de mi baño repleto de lociones y cremas que el dermatólogo había recomendado.
Mi piel ahora era una apariencia mucho más saludables, pero no había comparación entre los veinte y los treinta y tres. Edward pensaba que era hermosa, me lo dijo. Pero ¿Qué hay de cinco años a partir de ahora? ¿Diez?
Entramos en el cine y encontramos asientos, Edward coloco las palomitas de maíz entre sus piernas y apoyo su mano en mi muslo. No podía concentrarme en la película. Imágenes de Edward y yo bebiendo cerveza de barril en vasos de plástico en la sala de Coop mientras todo el mundo me miraba boquiabierto llenaban mis pensamientos.
Edward había hecho un gran trabajo adaptándose con mis amigos. Había soportado el comportamiento desagradable de James, además de que no tenía ningún deseo de beber en primer lugar. Usar una corbata no era lo suyo, pero lo hizo de todos modos. Había llevado una conversación con Ben y Ángela e hizo que se viera sin esfuerzo.
Es más fácil cuando se es menor, si quieres, usas ropa bonita e imitas el comportamiento de las personas mayores. Si tratara de encajar con los veinteañeros amigos de Edward vistiéndome y actuando como ellos me vería ridícula.
La lluvia había terminado para el momento en el que nos marchamos del cine.
Seguimos a la multitud y empezamos a caminar. Me detuve en la acera.
-¿Qué pasa? –pregunto Edward.
-No siempre se verá como esto.
-¿Qué quieres decir?
-Soy trece años mayor que tú, y me estoy haciendo mayor cada día. No siempre se verá como esto.
Edward puso sus brazos alrededor de mi cintura y me atrajo.
-Ya lo sé, Bella. Pero piensas que a mí me importa solo como te vez, entonces no me conoces como pensé que lo hacías.
.
.
.
Caminaba sola por el pasillo de la tienda, llevaba una útil cesta llena de lo que sea que llamara mi atención, que hasta ahora eran dos botellas de Cabernet, un poco de pasta orgánica, un frasco de sala marinara y un poco de lechuga romana, zanahorias y pimiento para una ensalada.
Edward estaba cortando su cabello usualmente comprábamos la comida juntos, en parte porque el insistía en pagar por ello y en parte porque todavía nos asustaban las tiendas de comestibles. La primera vez que fuimos al supermercado, después de mudarme a mi apartamento, me quede paralizada en medio de la tienda mirando la comida.
Me fui por otro pasillo y tome unas cervezas para Edward y luego encontré los ingredientes para hacerle un pastel de chocolate. Estaba tratando de decidir qué tipo de pan comprar para la cena, cuando sentí un tirón en mis pantalones.
Una niña de unos cuatro años se quedó allí, con enormes lagrimas que silenciosamente corrían por su rostro.
-¿Eres una mama? –pregunto.
Me agache hasta quedar a la altura de sus ojos. –Bueno no, ¿Dónde está tu mama?
Se aferraba a una manta harpienta de color rosa. –No lo sé, no puedo encontrarla, y mi mama me dijo que si alguna vez me pierdo debo tratar de encontrar a otra mama y ella me ayudaría.
-No te preocupes, te puedo ayudar, ¿Cuál es tu nombre?
-Claire.
-está bien, Claire. –le dije-. Vamos a pedirle a alguien que haga un anuncio por el altavoz para que tu mama sepa que estas a salvo. –me miro con lágrimas nadando en sus grandes ojos marrones y deslizo su manita en la mía.
Caminábamos hacia el frente de la tienda cuando una mujer vino corriendo por la esquina gritando el nombre de Claire. Llevaba una cesta en sus manos. Un bebe dormía en sus brazos.
-¡Claire! Oh, dios mío, ya estás aquí. –la mujer corrió hacia nosotros, dejo caer la cesta y recogió a Claire en sus brazos con torpeza, tratando de no empujar al bebe. El miedo en su rostro se disolvió mientras apretaba Claire en un brazo.
-Gracias por encontrarla –dijo-. Solté su mano por un minuto para tomar algo y cuando mire hacia abajo, se había ido. Estoy cansada debido al bebe y no me muevo muy rápido en estos momentos.
Probablemente estaba cerca de mi edad, maso menos un año y se veía cansada, los círculos bajo sus débiles ojos. Recogió su cesta.
-¿Estas lista para pagar? ¿Puedo llevar esto por ti?
-Gracias, real…realmente lo aprecio. Necesito más de dos manos en este momento. Ya sabes como es.
Realmente no lo sabía.
Caminamos a la caja y descargamos nuestras cestas.
-¿Vives por aquí? –pregunto.
-Si –dije.
-¿Niños?
-No, todavía no.
-Muchas gracias por su ayuda.
-No hay de qué. –me incline hacia abajo-. Adiós, Claire.
-Adiós.
Cuando llegue a casa, lejos del supermercado, me senté en el sofá y comencé a llorar.
.
.
.
Edward
Bella se encontraba en el mostrador de la cocina haciéndome un pastel de chocolate. La bese y le di las rosas rosadas que había comprado en el camino de regreso de mi corte de pelo.
-Son muy hermosas, gracias –dijo sonriendo hacia mí. Agarro un vaso de debajo del fregadero y lo lleno de agua. Llevaba el pelo recogido en una cola de caballo, y puse mis brazos alrededor de ella por detrás y la bese en la parte de atrás de su cuello.
-¿Necesitas ayuda? –pregunte.
-No, está casi listo.
-¿Estas bien?
-Sí, estoy bien.
No estaba bien, y yo sabía que había estado llorando en el momento en que entre por la puerta porque tenía los ojos hinchados y rojos. Pero no sabría cómo solucionarlo si ella no me decía que le molestaba, y parte de mí se preguntaba si era mejor no saber en caso de que tuviera algo que ver conmigo.
Se dio la vuelta y sonrió un poco demasiado brillante.
-¿Quieres ir al parque tan como como acabe con esto? –pregunto.
Un mechón de pelo se le había escapado de su cola de caballo y lo escondí detrás de su oreja.
-Por supuesto, voy a tomar una manta para que podamos sentarnos, apuesto a que hace cerca de sesenta grados. –Le di un beso en la frente-. Me gusta estar al aire libre contigo.
-Me gustaría estar al aire libre contigo, también.
Cuando llegamos al parque extendimos la manta y nos sentamos. Bella se quitó los zapatos.
-Alguien tiene un cumpleaños pronto –dije-. ¿Qué quieres hacer para celebrarlo?
-No lo sé, tendré que pensar en ello.
-Se lo que voy a conseguir, pero no lo he encontrado todavía. He estado buscando por un tiempo.
-Me intriga.
-Es algo que una vez tu dijiste que querías.
-¿Además de libros y música?
-Sí. –ya le había comprado un IPod y descargue todas sus canciones favoritas, porque a ella le gustaba escuchar música cuando iba a correr. Un par de veces a la semana se fue a la biblioteca y regreso con pilas de libros. Ella los leyó más rápido que nadie.
-Todavía tienes un par de semanas. Lo encontraras –sonrió y me beso, parecía tan feliz que pensé que tal vez todo se encontraba bien, después de todo.
.
.
.
Bella
Envié centenares de currículos. Encontrar una posición tan tarde en el año sería casi imposible, pero todavía tenía esperanzas de encontrar algo para el otoño, aunque solo fuera maestra sustituta.
Nessie me dio la mitad del dinero que recibió de la herencia de nuestros padres y todavía guardaba un poco de lo que me habían pagado los Cullen.
El establecimiento de línea aérea añadiría al equilibrio. Tal vez no tenía que trabajar, pero quería hacerlo. Echaba de menos ganar mi propio dinero, pero sobre todo, enseñar.
Nessie y yo nos reunimos para comer una semana antes de mi cumpleaños. Los brotes sobre los árboles se habían convertido en hojas verdes y los jardines que recubren las aceras sostenían flores de primavera.
Hasta el momento, mayo había sido inusualmente cálido. Nos sentamos en el patio del restaurante y pedimos té helado.
-¿Qué es lo que harás para tu cumpleaños? –pregunto Nessie, abriendo el menú.
-No lo sé, Edward me pregunto lo mismo. Estoy feliz estando aquí –le conté a ella como Edward y yo habíamos celebrado mi cumpleaños en la isla. Como había pretendido darme libros y música-. Esta vez, me dará algo que mencione que quería. No tengo ni idea de lo que podría ser.
La camarera relleno nuestro té helado y tomo nuestra orden. -¿Cómo va la búsqueda de empleo? –pregunto Nessie.
-No va bien. O en realidad no hay posibilidades, o simplemente no quieren contratarme.
-No dejes que eso te desanime, Bella.
-Ojala fuera así de fácil. –Tome un sorbo de mi té helado-. Ya sabes, cuando fui a ese avión hace casi cuatro años, tenía una relación que no iba a ninguna parte y una oportunidad aún más fina de iniciar una familia propia, pero al menos tenía un trabajo que me encantaba.
-Alguien va a contratarte con el tiempo.
-Quizás.
Nessie me miro a través de la mesa. -¿Es eso todo lo que te molesta?
-No. –Le conté lo que paso en el supermercado-. Todavía quiero las mismas cosas, Nessie.
-¿Qué es lo que Edward quiere?
-No estoy segura de lo que sepa. Cuando salimos de chicago, solo quería pasar el rato con sus amigos y volver a la vida que tenía antes del cáncer. Sus amigos se han movido sin él, sin embargo, y no creo que haya descubierto que hacer a continuación. –le dije a Nessie sobre el fondo de confianza de Edward y ella levanto una ceja.
-En su defensa, no está echando a perder por ello. Pero no está motivado, tampoco.
-Puedo ver tu punto –dijo.
-Estoy esperando una vez más, Nessie diferentes razones, chico diferente, pero cuatro años más tarde todavía estoy esperando.
.
.
.
Edward
El perro delimito el apartamento de Bella y estuvo a punto de derribarla. Ella se agacho y le lamio la cara. Deje caer la correa sobre la mesita y dije-. Feliz cumpleaños. No hubiese podido conseguir esa cosa en una caja si lo intentaba.
Se levantó y me beso. –Olvide que te había dicho que quería un perro.
-Golden retriever, adulto. De un refugio he estado buscando por todas partes, me dijeron que alguien lo encontró vagando por un lado de la carretera, sin collar o etiquetas. Piel y huesos. –cuando Bella escucho eso, cayo de rodillas y abrazo al perro, acariciando su piel suave. La lamio de nuevo, golpeando la cola y corriendo alrededor en círculos.
-Parece sano ahora –dijo.
-No le vas a llamar perro, ¿verdad? –bromee.
-No, eso sería una tontería. Lo llamare Bo. He tenido el nombre elegido por un largo tiempo.
-Entonces es algo bueno, es un chico.
-Es el regalo perfecto, Edward gracias.
-De nada, me alegro que te gustara.
.
.
.
Bella aún no había encontrado un puesto como profesora a mediados de junio. Tuvo una entrevista que había ido bien, en una escuela secundaria los suburbios. Jadeo cuando no consiguió el trabajo, pero tuvo problemas para conciliar el sueño esa noche, y la encontré en la sala leyendo un libro con la cabeza de Bo en su regazo a las tres de la mañana.
-Vuelve a la cama.
-Estaré allí en un minuto –dijo, pero cuando desperté a la mañana siguiente, su lado de la cama estaba vacío.
Lleno sus días haciendo de niñera de Joe y Chloe, leyendo y yendo a largas carreras.
Pasamos horas fuera, ya sea en su pequeña terraza o en el parque para perros con Bo. Vimos el juego de los Cubs jugando en el Wrigley Field y nos fuimos a concierto en el parque.
Sin embargo, lucia inquieta, no importaba cual ocupada nos mantuviéramos. Se quedaba mirado hacia el espacio a veces perdida en sus pensamientos, pero nunca tuve las pelotas para preguntarle lo que estaba pensando.
.
.
.
Bella
-Mira lo que ha llegado por correo –dije cuándo entre por la puerta, dejando mis llaves sobre la mesa.
Edward estaba sentado en el sofá viendo la televisión a su lado.
-¿Qué es?
-Es el formulario de inscripción para las clases de preparación para GED. Les llame el otro día y les pedí que mandasen información, pensé que podrías apuntarte y podría ayudarte a estudiar.
-Puedo empezar en otoño.
-Sin embargo, tienen clases en verano y si empiezas ahora, puedes terminar para finales de agosto y tal vez matricularte en una universidad en septiembre. Si me las arreglo para encontrar un trabajo de profesora, los dos podemos estar en clase todo el día.
Edward apago la televisión. Me senté junto a él rascando a Bo detrás de las orejas. Ninguno de los dos dijo nada durante un minuto.
-Por lo menos uno de nosotros debería ser capaz de seguir adelante con su vida –dije.
-¿Qué quiere decir con eso? –pregunto.
-No puedo encontrar un trabajo. Tú puedes ir a clases.
-No quiero estar encerrado en el interior todo el día.
-Estas en el interior en este momento.
-Solo estaba esperando a que llegases para que pudiéramos sacar a Bo a dar un paseo. ¿Qué es lo que realmente tratas de decir, Bella?
Mi corazón empezó a palpitar. –No podemos seguir tratando de recrear la isla en este apartamento.
-Este apartamento no se parece en nada a la isla. Tenemos todo lo que necesitamos.
-No, tú tienes todo lo que necesitas, yo no.
-Te quiero, Bella quiero pasar el resto de mi vida contigo. –sus palabras llevaban un significado implícito. Me casare contigo, tendremos una familia juntos.
Sacudí la cabeza. –No puedes saber eso. Edward.
-Por supuesto que no –dijo sarcásticamente-. ¿Cómo podría saber lo que quiero? Solo tengo veinte años.
-Nunca te he hablado de forma paternalista por tu edad. –Alzo sus manos.
-Acabas de hacerlo.
-Hay cosas que necesitas terminar. Y un montón de cosas que no has tenido oportunidad de empezar. No puedo quitarte eso.
-¿Qué si no quiero esas cosas, Bella? ¿Qué si te prefiero a ti en su lugar?
-¿Por cuánto tiempo, Edward?
La comprensión lleno su rostro. -¿Tienes miedo de que no me quedare?
-Si –susurre-. Eso es exactamente lo que me da miedo. -¿Qué pasa si Edward se cansa de jugar a las casitas, y decide que esta solución no es lo que realmente quería?
-¿Después de todo lo que hemos pasado juntos no confías en mi lo suficiente como para creer que seguiré contigo? –El dolor en sus ojos se volví ira-. Es mierda, Bella. –camino hacia la ventana y miro fuera. Volviendo a donde estaba dijo-. ¿Por qué no solo dices lo que realmente quiere decir? Que quieres buscar a alguien de tu edad.
-¿Qué? –no tenía idea de donde se había sacado eso.
-Preferirías a alguien mayor, alguien a quien no tratar como un niño.
-Eso no es verdad, Edward.
-Siempre habrá algún imbécil que cree que puede ligar contigo delante de mí. No me tomaran en serio. Para ellos, eres alguien matando el tiempo. ¿Alguna vez pensaste en que podría preocuparme de que me abandonaras?
Un silencio cargado de emociones lleno el apartamento. Los minutos parecían horas mientras ambos esperábamos que el otro dijese que nuestros temores no estaban justificados, pero ningún de nosotros lo hizo.
Pensé que dolería menos si me arrancase la curita rápidamente.
-Necesitas estar por tu cuenta, Edward y saber cómo es eso antes de que puedas estar seguro de que quieres estar con alguien.
La expresión de su rostro era de pura angustia. Cruzo la habitación y dudo. Estando a unos pasos de mí, mirándome a los ojos.
Entonces me dio la espalda y salió por la puerta cerrándola detrás de él.
No puedo dormir esa noche, me senté en el sofá en la oscuridad llorando sobre la piel de Bo, a la mañana siguiente Salí del apartamento temprano, por haberle prometido a Nessie que cuidaría a los niños mientras ella y David iba al Bruch de los domingos. Cuando volví descubrí que Edward había arrancado el curita por su cuenta, porque sus cosas habían desaparecido y su llave de mi apartamento estaba en la mesa de la cocina.
Me dolió como el infierno.
u.u ya llego la hora de que estén separados no me gusta eso :c a ver qué cosas pasan ahora que no están juntos.
COMENTEEEEEEN!
Gracias a todas las mega quiero 3
