Disclaimers:
Los personajes le pertenecen a la mejor escritora S. Meyer. La historia es una adaptación y le pertenece a la escritora Tracey Garvis G.
Capítulo 27
Edward
Jasper o alquilamos un apartamento de dos habitaciones para el verano, en el tercer piso de un edificio antiguo a cuatro cuadras de Wrigley Field. Sus padres se mudaron a florida después de que le dijeron que estaban cansados de la nieve el frio. A Jasper no le importaba, a que el su hermano mayor se fueron a estudiar fuera del estado, pero necesitaban un lugar donde vivir hasta que las clases comenzaran de nuevo en otoño.
-¿Quieres conseguir un lugar conmigo, Cullen? –me pregunto-. Podemos hacer una fiesta como nadie.
-Porque no –conteste, si Bella estaba decidida a que no perdiera nada, compartir un apartamento con mi mejor amigo era probablemente un paso en la dirección correcta.
Jasper estaba especializándose en finanzas contabilidad, y de alguna forma en el mundo estaba haciendo pasantías en un banco del centro. Usaba una corbata todos los días.
Hable a mi manera para trabajar en una construcción estaba en los suburbios cada mañana a las siete de la mañana, enmarcando casas. Atrape un paseo con un chic en el equipo, me enseño todo lo que necesitaba saber y me salvo de permanecer un idiota completo. No era tan diferente de la construcción de la casa en la isla, excepto que utilizaba una pistola de clavos y había mucha más madera por ahí.
La mayoría de los chicos no eran muy habladores, y no tenía que mantener una conversación con alguien si no me apetecía. A veces, el único ruido era el sonido de nuestros instrumentos y la música de rock clásico que venia del equipo de sonido. Yo nunca llevaba una camisa y muy pronto era casi tan moreno como lo había estado en la isla.
Por la noche, Jasper yo bebíamos cerveza. Extrañaba a Bella y pensaba en ella constantemente sin ella a mi lado, me dormía como una mierda. Jasper sabía que no debía decir nada acerca de ella, pero parecía preocupado por mí.
Demonios, yo estaba preocupado por mí.
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Bella
La temperatura alcanzo los 29,44 grados, por las dos de la tarde. El calor salía de mí en tanto el sudor que corría por mi rostro caía a mis pies y golpeaba el pavimento.
No me molesto, podía manejar el calor.
A lo largo de finales de junio julio corrí 9,7 km, luego 12,8 km y 16,09 km cada día, a veces más.
No lloraba cuando corría, no pensaba y no perdía un segundo suponiendo nada. Respirando profundamente dentro fuera, ponía un pie delante del otro.
Carlisle Cullen llamo a principios de agosto. Cuando el nombre apareció en el identificador mi corazón dio un salto, cayendo un segundo más tarde después de que respondí me di cuenta de que no era Edward.
-Los asuntos del hidroavión se resolvieron esta mañana, Edward ya ha firmado los documentos. Una vez que firmes, está hecho.
-Está bien –agarre un bolígrafo y garabatee la dirección que me dio.
-¿Cómo estas, Bella?
-Esto bien, ¿Cómo esta Edward?
-Se está manteniendo ocupado.
No pregunte que significaba eso.
-Gracias por dejarme saber sobre el abogado. Me asegurare de firmar los papeles. –se hizo el silencio en el otro extremo de la línea por un segundo y luego dije-. Por favor saluda a Esme y a las chicas por mí.
-Lo hare, cuídate Bella.
Esa noche, me acurruque en el sofá con Bo para leer un libro. A las dos páginas, alguien llamo a la puerta.
La esperanza se apodero de mí, mi estómago se llenó de mariposas. Me había preguntado todo el día, después de hablar con su padre, si Edward vendría. Bo se volvió loco, ladrando y corriendo en círculos, como si supiese que era él. Corrí a la puerta y la abrí, pero Edward no se encontraba allí.
Era Jacob.
Tenía una expresión reservada. Su cabello rubio era más corto de lo que solía ser, y tenía unas pocas líneas alrededor de sus ojos, pero por lo demás parecía el mismo. Llevaba una caja en sus manos. Bo empujo sus piernas, olfateando dando vueltas.
-Nessie me dio tu dirección. Encontré algunas de tus cosas y pensé que podría devolvértelas. –Miro por encima de mi hombro, tratando de ver si me encontraba sola.
-Adelante. –Cerré la puerta cuando cruzo el umbral-. Lo siento, nunca llame, fue grosero de mi parte.
-Está bien, no te preocupes.
Jacob dejo la caja sobre la mesa de café.
-¿Quieres algo de beber?
-Claro.
Fui a la cocina, abrí una botella de vino, y nos serví a cada uno una copa. Mi elección de bebida reflejaba mi repentina necesidad de alcohol más que cualquier deseo de hospitalidad.
-Gracias –dijo, cuando le entregue una copa.
-De nada, siéntate.
Estornudo dos veces.
-Tienes un perro, siempre quisiste uno.
-Su nombre es Bo.
Se sentó en la silla frente al sillón. Puso mi copa sobre la mesa de café frente a mí y comencé a sacar objetos fuera de la caja.
Era como ver mi ropa colgada en el armario de repuesto de Nessie. Posesiones de las que casi había olvidado, pero las reconocí inmediatamente tan pronto como las volví a ver.
Removí la banda de goma de una pila de imágenes. La de arriba mostraba a Jacob y a mí de pie delante de la rueda de ferris en Navy Pier, abrazados, el besando mi mejilla. Me incline sobre la mesa y le entregue la imagen.
-Mira lo joven que era.
-Veinte y dos –dijo.
Había fotos de vacaciones y fotos de grupos con nuestros amigos. Una foto de mi mama y Jacob de pie delante del árbol de navidad. Una de él sosteniendo a Chloe en el hospital, pocas horas después de que Nessie dio a luz.
Viendo las fotos recordé la historia que tenía con Jacob, que mucho de la historia fue bueno. Habíamos empezado con tantas promesas pero nuestra relación se estancó, aplastando bajo el peso de dos personas que querían cosas diferentes. Chasquee la cinta de goma otra vez en las fotos y las puse sobre la mesa.
Saque un par de zapatos deportivos.
-Estos tienen algunas millas en ellos. –la siguiente cosas, el CD Hootie & the Blowfish, me hizo sonreír.
-La ponías constantemente –dijo Jacob.
-No te burles de Hootie.
Había un par de libros de bolsillo. Un cepillo para el pelo y un pincho para agarrarme el pelo. Una botella medio vacía de Calvin Clain CK One, mi olor asignado para la mayor parte de los años noventa.
Mis dedos rozaron algo cerca del fondo. Un camisón, mire el tejido negro y puso y tuve un vago recuerdo de Jacob quitándomelo en la mitad de la noche, poco antes de salir de chicago.
-Lo encontré cuando cambie las sabanas, nunca lo lave. –dijo en voz baja.
Al llegar a la última parte, me encontré con una caja de terciopelo azul, me quede helada.
-Ábrela –dijo Jacob.
Levante la tapa, el anillo de diamantes brillaban en el satén. Sin palabra, tome una respiración profunda.
-Después de que te deje en el aeropuerto, fui a una joyería. Sabía que si no nos casábamos te perdería, y n quería perderte Bella. Cuando Nessie me llamo para contarme que el avión había caído, sostuve el anillo en mi mano y rogué para que te encontraran. Luego me llamo y me dijo de tu supuesta muerte. La noticia me devasto, pero estas viva, Bella aun te amo. Siempre lo hice y siempre lo hare.
Cerré la caja y se la arroje a la cabeza de Jacob. Con reflejos sorprendentemente rápidos, esquivo mi tiro y la caja reboto en sus antebrazos cruzados y se deslizo por la dura madera.
-¡Te amaba! ¡Espere ocho años por ti tú me encarcelaste todo el tiempo hasta que mi única opción fue romper mi propio corazón!
Jacob se levantó de su silla.
-Jesús, Bella pensé que el anillo era lo que querías.
-Nunca ha sido por el anillo.
Cruzo la habitación y se detuvo en la puerta.
-¿Entonces, es por el chico?
Hice una mueca ante la mención de Edward poniéndome de pie, me dirigí otra vez, levante el anillo, y se lo entregue.
-No, es porque nunca me casaría con un hombre que solo me propuso matrimonio porque sentía que tenía que hacerlo.
A la mañana siguiente fui a la oficina del abogado, firma los papeles que prometían que no demandaría a hidroavión chárter, y recogí el cheque. Lo deposite en el banco de camino a casa. Nessie llamo a mi teléfono una hora después.
-¿Firmaste los papeles? –pregunto.
-Sí, es demasiado dinero, Nessie.
-Si me lo preguntas, 1,5 millones no son ni de cerca lo suficiente.
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Edward
Arrastre mi trasero por las escaleras a las 9:30 la noche del sábado y tan pronto como atravesé la puerta, note que la fiesta había empezado sin mí. Había por lo menos quince personas bebiendo cervezas y tomando cortos de tequila en nuestra cocina y sala de estar.
Los chicos del equipo y yo estábamos tratando de terminar la elaboración de un trabajo urgente en Schaumburg habíamos estado usando catorce horas diarias, seis días a la semana, durante el último mes, trabajando hasta el anochecer. Quería que todos en nuestro apartamento desaparecieran.
Jasper salió de su dormitorio, una chica arrastraba sus pies detrás de él.
-Hola hombre, toma una ducha y vuelve aquí.
-Tal vez, estoy cansado.
-No seas marica, iremos pronto al bar. Fiestas hasta entonces, y si todavía estás cansado, puedes tirarte cuando se vayan.
-Está bien.
Tome una ducha me puse un par de jeans una camiseta, dejando mis pies descalzos. Serpenteando a través de las personas festejando en mi cocina, dije "hola" a los que conocía y me preguntaba de dónde demonios venia el resto. Tome una coca una caja de pizza del refrigerador y me apoye en el mostrador comiendo la fría rebanada.
-Hola, Edward –dijo una chica, llegando a apoyarse en el mostrador junto a mí.
-Hola –me parecía familia pero no podía recordad su nombre.
-Lauren –dijo.
-Cierto, ahora me acuerdo. –era la chica que se sentó junto a mí en el sofá, en la fiesta de Coop cuando regrese de la isla. La de cabello rubio largo y demasiado maquillaje. Seguí comiendo mi pizza.
Se alzó alrededor de mi hacia el refrigerador lo abrió. Cuando se inclinó para tomar una cerveza, sus senos casi se caen de su camiseta sin mangas.
-¿Quieres una? –dijo, sosteniendo una lata, vacié lo último de mi coca.
-Claro.
Agarro otra cerveza me lo entrego. Cuando termine de comer, la abrí tome un trago largo, volví a colocarla en el mostrador.
Jasper se acercó me entrego un porro. Lo tome e inhale, sosteniendo el humo profundamente en mis pulmones. Después de exhalar, le pregunte a Lauren.
-¿Quieres un toque?
Asintió con la cabeza, dio una larga calada, y me lo entrego de nuevo. Terminamos con él, por turnos de ida vuelta. Tal vez si me drogaba lo suficiente, podría ser que me durmiera toda la noche en vez de despertarme a cada hora.
Lauren me dio otra cerveza. Cuando entre en la sala de estar para sentarme en el sofá, me siguió. Nunca se fue de mi lado después de eso.
Bebimos cerveza fumamos hasta que no pude ver bien. La gente se iba hacia el bar con Jasper luego solo fuimos Lauren y yo. Estaba a punto de decirle que se fuera con los demás porque quería ir a recostarme, pero antes de que pudiera decir algo, se puso de pie, balanceándose, y tire de mí hacia mi dormitorio.
Cuando puso su mano entre mis piernas, deje de pensar con mi cerebro y deje que otra parte de mi cuerpo se hiciera cargo.
El martilleo de mi cabeza me despertó a la mañana siguiente. Lauren estaba a mi lado, desnuda, con el maquillaje por toda su cara. Aparte las mantas y me dirigí a la puerta agarrando algunas ropas en mi camino. Había algo pegado a la parte inferior de mi pie, me agache y retire la envoltura del condón que había pisado.
Gracias a dios.
Lo tire a la basura cuando llegue al cuarto de baño. El agua caliente lleno la habitación con vapor y me di una ducha, lavando todo los rastros de Lauren. Me vestí, lave los dientes, después fui a la cocina y bebí tres vasos de agua helada.
Estaba viendo la televisión cuando ella entro en la sala de estar media hora más tarde. Encontró su bolso y su chaqueta, me reuní con ella en la puerta.
-Toma un taxi –le dije, empujando un arrugado billete de diez en su mano.
-Llámame –dijo-. Jasper tiene mi número.
-Lo siento, no lo voy a hacer.
Asintió con la cabeza evito mi mirada.
-Bueno, al menos eres honesto.
Jasper se tambaleo fuera de su habitación al mediodía.
-Santa jodidas bolas Cullen. Mi resaca es épica –se rasco se dejó caer en el sofá junto a mí-. Hay una chica en mi cama, pero no es la que traje a casa la noche pasada. La chica que traje a casa era mucho más caliente que esa.
-Creo que es la misma chica, Jasper.
-Sí, probablemente. ¿Cómo te fue con…cuál es su nombre? ¿Anotaste?
-Sí.
-Cullen está de vuelta en el juego –dijo, levantando la mano para chocar los cinco conmigo.
-No quiero estar en el juego.
Jasper bajo la mano con una expresión de desconcierto en su rostro.
-Que, ¿no era buena? Pensé que tenía un cuerpo caliente.
-Sí, y cualquier tipo de anoche podría haberla tenido si quería.
-Bueno, no sé qué decirte, hombre. Sé que estas triste porque las cosas con Bella no funcionaron, pero no sé lo que estás buscando.
Yo sí.
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Comencé a trabajar en mi GED en julio. Después de pasar todo el día en la construcción, me iba a casa, tomaba una ducha rápida, y me unía a todos los otros desertores en un centro comunitario localizando en el centro de la ciudad por dos horas cada noche. A finales de agosto, había ganado mi GED y me matricule en una universidad pública para el semestre de otoño, renunciando a mi trabajo en la construcción cuando comenzaron las clases. No tenía ni idea de lo que quería estudiar, y no podía ver perder los próximos dos años dentro de un aula, pero no sabía que más hacer.
Jasper se mudó de nudo a Iowa y yo a casa, lo que hizo felices a mis padres, especialmente a mi madre. Estaba tan acostumbrado a trabajar todo el día y luego ir a la clase de GED en la noche, que me sentía inquieto por la tarde. La mayoría de mis amigos fueron a una universidad fuera del estado o lo suficientemente lejos de la ciudad haciendo que pasar al rato durante la semana fuera difícil.
Llegue a casa un día de octubre. La baja temperatura y el cambio de las hojas me recordaron a Bella, y lo mucho que le gustaba el otoño, me encontraba un trabajo de profesora. Me pregunte si encontró a alguien más.
-Hola, mama –le dije, tirando mi mochila sobre el mostrador
-¿Cómo estuvo la escuela? –pregunto.
-Bien.
Odiaba ser el estudiante más viejo de primer año en todas las clases y la mayoría del tiempo me moría de aburrimiento.
-Hay algo que quiero hacer –dije, tomando una coca del refrigerador-. ¿Me ayudarías?
Sonrió y dijo. –Claro, Edward.
Había estado demasiado enfermo como para tomar clases de manejo cuando tenía dieciséis años así que durante el siguiente mes, tan pronto como llegaba a casa de las clases, mi mama me enseño a conducir. Tenía un volvo utilitario, nos fuimos a los suburbios y encontramos un montón de aparcamientos vacíos y cales tranquilas.
Conducimos juntos durante horas. Parecía muy feliz de pasar tiempo conmigo, y me sentí como un idiota por no haberme pasado por aquí más seguido.
Un día, cuando estaba conduciendo dije.
-¿Sabías que Bella rompería conmigo?
Mi madre dudo un segundo.
-Sí.
-¿Cómo? -¿y por qué yo no? Apago la radio.
-Porque te tuve cuando tenía veinticinco años, Edward y te quería demasiado. Luego tomo cinco años más antes de quedar embarazada de Rose. Me sentí ansiosa, luego preocupada, y después, casi frenética, cuando no sucedió de inmediato, dos años después de Rose, Alice llego finalmente me sentí como si mi familia estaba completa. Es probable que Bella esté lista para tener una familia propia, Edward.
-Se la habría dado.
-Ella podría haber sentido que sería imprudente aceptar.
Mis ojos se mantuvieron en el coche de delantero.
-Le dije que quería pasar el resto de mi vida con ella. Me dijo que yo tenía cosas por terminar. Cosas que todavía necesito experimentar.
-Estaba en lo cierto, dice mucho acerca de ella que no quiera quitarte cosas.
-Es mi decisión, mama.
-Pero no eres el único afectado por ella.
Llegue a una repentina revelación y pare en seco apretando los dientes con tanta fuera que dolía.
-¿Es por es que eras tan buena? –mi cara ardía-. ¿Vamos todos a ser agradables con la novia de Edward mientras esperemos a que lo bote? –golpee el volante con mis puños.
Mi madre se sobresaltó y puso su mano sobre mi brazo.
-No, me gusta Bella, me gusta aún más ahora que he llegado a conocerla. Es una chica agradable Edward, pero trata de decirte que estaba en una etapa diferente de su vida y no quisistes escuchar.
Mire por la ventana hasta que me calme, me aparte de la acera.
-Todavía la amo.
-Lo sé.
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Conseguí mi licencia de conducir y compre un chevy tahoe negro.
Después de que terminara las clases del día, fui conduciendo, por primera vez en los suburbios y luego fuera del país, escuchando la estación de rock clásico.
Pase una propiedad con un cartel en "EN VENTA" clavado en el suelo al final del camino y me acerque conduciendo a una casa pequeña, de color azul claro y me estacione.
Nadie respondió a mi llamada, así que camine hasta el patio trasero. Había tierra hasta donde podía ver. Agarre una hoja de datos desde el tubo de plástico, conectado a la señal de "EN VENTA". Indicaba el numero de un agente de bienes raíces. Lo doble, metí en mi bolsillo y me aleje en el auto.
Ya le queda muy poco a la historia, como dos capitulos si no me equivoco y el epilogo.
COMENTEEEEEN.
Besos a todos 3 :*
Mary.
