Siempre estoy aquí, a pesar del tiempo que llevo dentro, me estoy desesperando… si tan sólo pudiera, saldría de aquí cuando antes y lo primero que haría sería arrancarle la cabeza, desgarrarle las entrañas y escuchar gustoso el grito de dolor y agonía de todo aquél que estuviese enfrente mía, no soy más que un demonio, un ser temible que desea la destrucción de todo aquél que sea humano, o al menos eso creía.
–Te cambiaré, lo prometo, porque yo… ¡Soy Naruto Uzumaki!–
A veces pienso que aquella promesa en verdad se hará realidad, porque a cada que lo veo, se hace más fuerte, y me demuestra de qué es capaz, se hace más fuerte, y mi corazón cada vez más débil, pensaba que era para mal, pero, creo que por ahora me gusta esta sensación.
–Uzumaki Naruto…–
–No te preocupes Kurama, estamos en esto juntos. –
Sí, definitivamente me doy cuenta, de que se parece a ella, sin duda alguna, me la recuerda, no entendía mis sentimientos hacia los demás, pero él los ha sacado a flote, y no me importa lo que digan de mí hoy, ya que es el mañana por el que hay que luchar y seguir soñando.
–Préstame tu poder.–
–¿Por qué debería hacerlo?–
–Porque yo… ¡He visto a través de tus ojos y prometo sanar tu corazón!–
De todos, de todos los junchuriki que he tenido, él ¿Por qué él? Puede cambiarme de esa manera, no sólo has visto a través de mis ojos, sino yo también en los tuyos, y ahora que puedo hacer algo por ti, por mi primer amigo, lo haré, Uzumaki Naruto.
–Naruto, recuerda que eres el junchuriki del Kyuubi ¡Demuéstra tu poder!–
–¡No te preocupes, Kurama, confía en mí! Después de todo… somos amigos.–
–… ¡Sí, choca ese puño!–
–¡Genial, de veras!–
Sí, eres tú, mi junchuriki, mi protegido, más que eso… eres mi amigo, Uzumaki Naruto.
