Escocia puso en marcha el auto, dejando atrás a los Estados Unidos, su mirada fría y afilada se relajó un poco, ahora sólo estaba serio. Inglaterra decidió hablarle, sonaba triste, cansado y adolorido.

—S-Scott…tú… ¿Qué le dijiste a Al-fred…? —se le quebró la voz en la última palabra.

—Algo que no debí decirle —él le miraba de reojo.

— ¿Por qué l-lo hicis-te? —claro, se refería a lo que dijo segundos atrás.

—Quería divertirme un rato Arthur, no esperé que fuera tan bestia o el más inepto del mundo.

— ¿Y por qué le dijiste que yo…? —las lágrimas le volvieron a amenazar.

—Querías irte así que después le daré la golpiza que merece, será divertido mantenerlo con una tortura mental mientras tanto.

— ¡¿Acaso estás loco?! —le miró desolado y llorando— ¡Él me odia! ¡¿Cómo va a torturarse mentalmente si…?! —volvió a bajar la vista y su voz se fue quebrando— Si él…me odia… He hates me

Se abrazó a sí mismo, realmente ya no le importaba mirarse patético y débil ante su hermano mayor, ya lo había visto llorar y demás.

—Realmente eres un tonto Arthur —le dijo suspirando— Enamorarte de tu propia colonia…además él fue un idiota desde un principio.

— ¿Acaso iba a saber que me haría…esto?

— ¿Te mostró indicios de amarte? No, así que también es tu culpa.

—Scott…

Se sintió dolido, se supone que debería por lo menos ayudarle, no hacer que se sintiera más basura. Este volvió a suspirar, disculpándose.

—Lo siento, no es tu culpa en realidad —le miró, este se tranquilizó y volvió a su posición fetal.

Llegaron a casa del escocés. Escocia al aparcar el carro salió y se dirigió a la puerta de Inglaterra y lo volvió a alzar; decidió llevarlo a su recámara y lo colocó en la cama un rato mientras preparaba la bañera. Fue cuidadoso en quitarle la gabardina y la ropa interior y después al meterlo en el agua tibia.

Inglaterra gimoteaba al sentir ardor en su piel lastimada.

—Sé que te duele pero no puedo hacer nada al respecto.

Le dijo serio su hermano, mientras con una esponja suave recorría su espalda con sumo cuidado.

El vapor les cubría con delicadeza y el aroma relajante de las sales de baño inundaba sus fosas nasales, el menor se sentía incómodo, avergonzado y adolorido, y su hermano no mostraba importancia ante la situación, es el hermano mayor de todos modos.

—D-Duele…—apretó los dientes al sentir las manos de su congénito en el pecho.

"Lo sé…pero por desgracia no puedo hacer que no te haya sucedido esto" Pensó molesto el pelirrojo, luego dijo sorprendido "¿Qué demonios?" al ver los pezones y cuello con más atención.

Inglaterra se sonrojó y sus ojos se empañaron al recordar.

— ¿Arthur, no pudiste usar magia para defenderte? —ahora su tono sonaba a regaño mientras usaba el agua para apartar el jabón y examinarle.

—Yo…n-no…lo siento…es que…

Se avergonzó y su voz casi se quiebra, a pesar de lo que Estados Unidos le hizo no podía usar su magia contra él, no se creía capaz de poder hacerlo, en realidad, no quería y la situación tampoco le dio mucho tiempo de pensar.

La piel que se supone que debería ser blanca alrededor de los pezones estaba amoratada y con raspones hechos por dientes, en sí el mismo estaba hinchado y sumamente lastimado dando tonalidades que no debería ni aunque haya sido sexo apasional, salvaje o sadomsoquista. El cuello estaba de igual forma por todo lado, más que chupetones o moretones parecían hematomas, claro que al principio no se dio cuenta, menos Inglaterra, el color se da con el transcurso del tiempo y le dolía todo el cuerpo así que no era como si le importaran las molestias en ambas partes.

—Ese maldito…

Suspiró molesto, por dentro no, por dentro hasta la bestia más salvaje y feroz parecería un lindo e indefenso cachorrito.

Inglaterra no dijo nada, le miró confuso. Escocia le alzó para sacarlo y llevarlo a su cama, lo secó con cuidado y le puso solamente ropa interior y una de sus camisas la cual le quedó algo floja y larga.

—Estarás bien así, tu piel necesita airarse y tú debes estar cómodo.

—Scott… ¿Estás seguro que…? —esa actitud no era normal.

—No te creas que mi amabilidad durará por siempre mocoso —le dijo mirándole serio.

—No quería decir algo sobre eso…—se desquitó al ser descubierto— Sólo que—

— ¿Te puedes quedar solo durante un rato? —le interrumpió tomando su gabardina.

—S-Sí… ¿Por? —balbuceó inconscientemente, sintiendo algo de soledad.

—Tengo que ir con mi jefe —se puso la prenda y le miró comprobando su reacción.

—E-Está bien —carraspeó— Pero regresarás ¿Verdad?

—Por la tarde, estarás bien.

Le hizo un mimo por la cabeza y se giró para salir. Inglaterra quedó sorprendido ante eso, la última vez que su hermano hizo eso fue hace más de doscientos años.

En fin, Escocia se fue y lo dejó solo, mientras, Inglaterra estaba sentado en la cama y al estar hablando podía ignorar el dolor más fácil, pero un movimiento lo hizo quejarse de dolor y se acostó boca abajo con mucho cuidado ya que también le dolía el pecho. Logró, después de un rato, acomodarse y abrazando una almohada para relajarse.

Se veía abatido, sus ojos verdes ya no poseían el mismo brillo y se perdían con facilidad en la nada; su cuerpo y su mente se sentían débiles, sucios, profanados, humillados y totalmente estúpidos, sobre todo a sí mismo, se lo repetía una y otra vez.

—"Estúpido…estúpido… Soy un estúpido…un verdadero estúpido…lo soy…y patético… Soy un maldito estúpido y patético… Ni siquiera sé por qué soy una nación… Estúpido.

Miserable y atormentado por dentro, pero ya no había vuelta atrás, así se sentía por otro lado Escocia mientras se dirigía al aeropuerto a buscar a Estados Unidos, conducía lo más rápido que podía para evitar que se fuera al otro continente.

Y lo encontró a punto de abordar el avión. Caminó tranquilo como siempre, como si nada fuera de lo normal ocurriera. Así llegó hasta él, le tomó del hombro y este se giró.

—¿Scott?

—No, idiota, un holograma.

—¿Qué quieres? ¿No estabas con tu lindo hermanito? Creo que deberías de jugar a la mamita con él por más tiempo —se burló con oficial descaro.

—No —lo fulminó con la mirada— No por ahora, pero necesito que me acompañes por un momento.

—¿Ahora? —frunció el ceño— ¿No ves que ya me voy?

—Sí y te estoy diciendo que me acompañes.

—No quiero.

—Entonces simplemente le diré lo que le hiciste a Arthur a mi jefe, pero sobretodo a mi Reina * y a tu querido jefe —lo dijo simple y muy en serio.

—Estás de broma.

—No, yo nunca bromeo, bañé a mi hermano para quitarle tu peste y tu asquerosa saliva del cuerpo pero jamás toqué su parte baja, sabes que no me da pena ni pereza hacer que le hagan un examen de violación.

—N-No lo harías —se asustó— Y no puedes obligarlo a declarar en mi contra, tú mismo lo dijiste, él me ama.

—Buena excusa, pero date cuenta que yo no y tampoco soy muy amable con él, es fácil hacer sueros de la verdad, use magia o no.

— ¡¿Y qué putas quieres que haga?! ¿Que me disculpe? ¿Que salga con él por lástima?

—No, simplemente acompáñame —caminó hasta el túnel de abordar.

—¿Eh? —le siguió, confuso y molesto— ¿Quieres que te siga al mismo vuelo que iba a tomar? ¿Ya te volviste idiota?

—Jamás sería como tus células.

— ¿No sabes insultar o qué? ¿No sería "como tú"?

—No, tus células son idiotas, tu cuerpo entero es la cosa más estúpida y maldita que eh presenciado y tenido la desgracia de conocer en mi vida, y todo tú en sí ni siquiera tiene un nombre porque sería insultar a todo lo existente.

Estados Unidos no pudo responder a eso, rechinó sus dientes enojado. Y no hubo palabras en todo el viaje; el aire era pesado entre ambos, el menor estaba tenso, el mayor, satisfecho, pero no del todo, aún le faltaba mucho por hacer. Se dirigieron, al llegar, a la casa del nativo. Ambos sentados en el sofá alrededor del medio día.

— ¿Me vas a echar un sermón acaso? —comenzó todavía disgustado el rubio.

—Pues, tómalo como quieras, en realidad sólo te diré una pequeña anécdota —le dijo tranquilo mientras sacaba un cigarrillo con el encendedor.

— ¿Anécdota? ¿En serio?

—Sí, en serio —encendió el cigarrillo estando en sus labios.

—Idiota.

—Comenzaré, mierdecilla —dijo calando suave e indiferentemente.

Flash back.

Oye Scott, ¡Ya deja de decirme idiota ¿Quieres? —Inglaterra le gritaba con el seño fruncido y molesto.

Lo eres, conejo —le respondió tranquilo.

¡No soy un conejo!

Ciertamente, estás en celo y ni siquiera tienes con quien.

¡Maldito! ¡¿Cómo te atreves, escoria!? —estaba enrojecido de vergüenza— ¡No tengo ese tipo de pensamientos con nadie!

Las humanas no son las únicas bonitas, nuestras compañeras pueden ser un buen partido —decía sacando un cigarrillo para fumar y seguir— Las señoritas Hungría, Beralus, Venezuela, Taiwán y México Sur son algo rudas pero buenas, damas distintas podrían ser Liechtenstein, Colombia, Mónaco, Bélgica o Nicaragua, jovencitas peculiares creo que Sheylles, Puerto Rico, Vietnam, Ucrania, creo que también Costa Rica es una linda chica muy divertida…

¡¿Podrías callarte?! —exasperado era poco.

Sólo decía… ¿O es que te gustan los muchachos? —se burló.

¿Eh…? —quedó estático.

Así que es eso…que horror.

¡No es eso! ¡No me gustan los hombres!

¿Eres asexual o pansexual? Ya me cansé.

¡Tú eres el que sigue con lo mismo!

Ya sé… ¿Cuál fue tu colonia más querida? ¿Estados Unidos, verdad?

¡E-Es…Yo…!

Oh…

Escocia se complació, adoraba molestarlo. A diferencia de Inglaterra, estaba bastante rojo de vergüenza y molesto con su hermano por burlarse de esa forma. Volvió a defenderse: — ¡No me gusta!

¿Lo quieres?

¡Que no!

Ah…ya veo…en verdad lo amas, sólo te enamoraste de él y nada más.

¡¿Qué?! P-por supuesto que no.

Es estúpido que trates de ocultármelo, ya lo sabía de todos modos.

¿Q-Qué quieres decir con eso? ¿C-cómo lo supis-te?

Me lo acabas de afirmar con esa pregunta.

Te odio.

No importa, te daré el empujón que necesitas.

¡No! Él no puede saberlo ¡D-Deja de decir estupideces!

¿Por qué no?

E-Es…complicado… Yo no quiero decirle nada a nadie.

Sí, lo que digas.

Fin Flash back

El americano, harto, preguntó: — ¿Por qué demonios me cuentas esto?

—Estoy llegando a eso, lo que te acabo de contar pasó hace dos años; pero recuerda que hace como tres semanas yo te dije algo interesante.

—Sí, dijiste que Arthur se ponía mal en mi cumpleaños siempre, y que también la sola idea de recordarlo lo destroza, ¿Te arrepientes de eso? —sonrió en burla y desdén.

—Sí y no, —sacó un nuevo cigarrillo y lo prendió— Se supone que serías el príncipe azul, o al menos te comportarías como adolescente frente a él.

—Sabes bien que somos rivales y yo lo detesto.

—Como digas, pero el punto es que te pregunté: "¿Lo sabías?" y respondiste "¿Qué cosa?, dime".

—Y dijiste "¿Lo sabías? Arthur no soporta tu cumpleaños porque le recuerda el día en que te separaste de él, y la sola idea de recordarlo lo hace destrozarse".

—Sí, usaste eso para tomarlo por sorpresa y violarlo, lograste averiguar que de verdad es débil recordando eso.

— ¿Qué tiene eso que ver? ¿Pretendes que haga algo al respecto?

—Hm… También te dije que él te amaba ¿No?

—Sí.

— ¿Lo sabías? —se levantó de su asiento y caminó dando círculos en frente del americano.

— ¿Qué…? —le miró.

—Arthur te ama…te ama de verdad, no es porque hayas sido una de sus mejores y primeras colonias, sino que por alguna razón notó algo en ti que le hizo confiar, no sé que pasa por la cabeza de ese mocoso, ¿Pero sabías que cada vez que decía algo malo sobre ti se ponía como bestia?, no sólo yo ahora que lo recuerdo, hasta decía "Alfred puede ser muchas cosas pero jamás haría eso" o "Él es un idiota pero puede hacer algo productivo si se lo propone, maldito" Claro que, jamás dejó sola la oración, ocultaba su cariño hacia ti con sus típicos insultos, por esa razón se peleaba contigo Alfred, ¿Lo sabías?, sólo buscaba una manera para acercarse a ti sin ser descubierto "Si puedo tener aunque sea esa clase de relación con él, entonces estará bien" Daría la vida por ti, ¿Eso lo sabías, Alfred?

Le clavó la mirada botando el cigarrillo y apagándolo con su zapato. Este no pudo contestar, lo que dijo era verídico y no cabía la menor duda, estaba pálido, sus ojos celestes no respondían a ningún movimiento estando a la vez ambas pupilas contraídas y su mente se hizo caos en cuestión de segundos.

— ¿No dices nada? Pero creo que tampoco debí decirte eso, puedo ser un mal hermano mayor para Arthur…pero es mi hermano, Alfred ¿Qué harías si alguien hiriera a Matthew?

—E-Eh…—trató de prestar atención— Pu-Pues… ¿Matthew?... Lo defendería…le rompería todo a ese malnacido…

—Correcto ¿Y sabes defenderte?

No respondió, no entendió para nada, su mente ya no reaccionaba.

—Bueno, creo que de verdad eso no importa, —su mirada se hizo más profunda y mortal, sus ojos verdes brillaban con furia ciega y odio eterno— De todos modos tú eres el malnacido que le hizo el mayor daño que pudo a mi hermano menor, lo profanaste, le rompiste el corazón y todavía no encuentro nada de él en buen estado todo por tu maldita causa, ¿Qué más da contigo?

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Segundo capítulo ._./ Este es uno de los fics que quiero mucho, jaja espero les guste cómo está quedando. Gracias por leer.