Hola de nuevo.
Espero que estén bien y que sea un buen día. Aquí les traigo el capítulo tres de esta historia que empezó en mi mente (:
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, de hacerlo habría sido un yaoi e.e
Me quedé sorprendido, no esperaba que mi compañero de habitación, a quien siempre veía con un semblante serio y duro, me estuviera consolando. Lo miré y él me sonrió.
-Tranquilo, Feli.- me sujetó el rostro y me besó. ¿Esto era verdad? No podía creerlo.
Correspondí su beso y sentí como su voz cambiaba y sonaba más a Antonio.
-Feli, despierta.- abrí los ojos y miré a Antonio sorprendido. ¿Había sido un sueño?
-¿Qué pasó?- dije mientras me sentaba en la cama.
-Estaba preocupado por ti, además ya es hora para ir a la fiesta de bienvenida.
-No quiero ir, no estoy de ánimos para una fiesta-dije volviendo a recostarme.
-Vamos, no tienes que ponerte así por una estupidez de Lovi. Debes disfrutar de la única fiesta de bienvenida que tendrás en este lugar.- dijo sonriendo y tomando mi mano para levantarme de la cama.
-Está bien- últimamente me resignaba fácilmente. -Pero estaré 30 minutos solamente, después me iré a dormir.
-Si eso quieres.- respondió con su sonrisa de siempre. Otra cosa que me gusta de Toñi es que nunca deja de sonreír, y su sonrisa es mágica (no piensen que me quiero ligar a mi mejor amigo, solo somos eso. Recuerden que es heterosexual y si llegase a ser gay, no me interpondría en el plan de conquista de mi "hermano")
Suspiré. Puede que tenga razón en que deba celebrar el hecho de estar aquí, pero siento que de verdad no es algo que deba hacer hoy, no con lo mal que me siento.
Toñi se retiró de mi habitación mientras yo me cambiaba de atuendo, al ser Italiano, nunca me fue difícil combinar, lo llevaba en la sangre. Después de 15 minutos, salí de la habitación.
-Vamos.-dije mientras caminaba.
El camino hacia el salón de eventos (¿no es increíble?, una universidad tan amplia que hasta tiene salón de eventos. Cada vez me sorprende más) y miraba la decoración. Era bastante llamativa y llena de alegría.
Quizás Toñi tenía razón al traerme, así olvido todo por un momento y sonrío. Durante este día no lo he hecho mucho y eso no es normal.
Cuando entré al salón, note como Gilbert "animaba la fiesta" cantando unos de sus propios éxitos (deduje eso porque no había escuchado nunca esa canción) y a muchos chicos bailando graciosamente.
Increíblemente, Gilbert cantaba muy bien y su guitarra sonaba genial, algo que jamás admitiré en su cara.
Recordé como era estar en Italia con mi familia y con un hermano que amenazaba a todo el que se me acercaba para pedir que bailara con ellos. Obviamente él bailaba con una de las chicas más lindas del lugar. No pude evitar sonreír.
-Feli, ¿estás bien?- Escuché decir a Toñi.
-Si… estoy mejor.- No pude evitar sonreír como lo hice cuando me despedí.
Flash Back:
-Feliciano, quiero que me prometas que te cuidaras y que no dejes que esta universidad te cambie como lo hizo con tu hermano.- decía mi madre mientras se despedía en el aeropuerto.- Promete que mantendrás tu sonrisa, por muy difícil que sea una situación.
No pude evitar llorar con lo que dijo mi mamá, aunque no entiendo porque cree en las supersticiones de la universidad. Mejor le digo que lo haré.
-Lo prometo, mamma.- dije para finalizar el abrazo con ella y subir a mi avión (sé que no lo dije antes, pero la universidad R queda en Estados Unidos. Sé que debería estudiar Artes en Viena, pero no quería desaprovechar la beca que me estaban ofreciendo.)
Después de sonreír ampliamente y darle tranquilidad a mi madre, me dispuse a despedirme de mi abuelo.
Para que vayan viendo como es mi familia, mi madre era una mujer que siempre sonreía y lucía como si sus problemas no le afectaran. Mi padre trabajaba constantemente y no lo veíamos mucho en casa, por lo tanto nuestro modelo paterno fue nuestro abuelo. No es que odiemos a nuestro padre por no pasar tiempo con nosotros, pero si me hubiese gustado que se hubiese despedido de mí.
Volviendo a la fiesta, me vi sentado en una mesa bebiendo un jugo, mientras Toñi bailaba con Emma, no sé cuándo pasó. Miraba mi vaso de jugo y lo movía en círculos, mientras apoyaba mi cabeza en mi mano cerrada. Hoy definitivamente no era el alma de la fiesta.
-Mira a quien tenemos aquí, la nena se quedó sola en una fiesta que debería estar disfrutando. Kesesese.- escuche y no quise mirar, esa peculiar risa me hizo darme cuenta de quién era.
-No es de tu incumbencia si estoy bailando o no, además deja de decir que soy una nena.- empecé a molestarme un poco por la incómoda presencia que tenía a mi lado.
-Asombroso, la nena tiene carácter.- dijo riendo de lo que había dicho anteriormente.
-A ti no te interesa, además deberías preocuparte de los que te rodean, en vez de molestar a los que no te hacen nada.- dije molesto y me levanté de esa mesa. Me acomodé en otra mesa, donde se encontraba un chico rubio, de ojos azules y aspecto francés.
-Disculpa, no quiero molestarte, pero ¿este puesto está vacío?- dije un tanto preocupado. Mi encuentro con chicos franceses nunca había sido muy grato.
-No, puedes sentarte.- dijo señalando de manera educada el asiento y sonriendo.
-Grazie.- dije sonriendo y me senté a su lado.
-Así que el chico nuevo es italiano.- sonrió.- Me agrada la gente que sea de Europa. ¿Cómo te llamas?- finalizó con una sonrisa que ya no parecía de alegría.
-Soy Feliciano Vargas.- sonreí con incomodidad.
-Mucho gusto, soy Francis Bonnefoy.- dijo tomando mi mano y besándola como si fuera una chica.
-Oye… no soy una chica.- dije riendo por su acto, obviamente no es una risa de alegría.
-Tranquilo, no te haré nada malo Feli.- dijo mirando mi rizo (lo siento sino lo mencioné anteriormente, con tantas cosas que tenía que escribir, se me olvidó decir que tengo un rizo muy particular. Mi abuelo dice que es el rizo de la familia Vargas y que tiene el poder de "hacerte muy feliz, solo si sabes usarlo". Al parecer estoy rodeado de supersticiones tontas) -¿Qué carrera estudias?
-Entré este año a artes.- dije sonriendo más alegremente.
-Me alegro que haya alguien que tiene amour por sí mismo para seguir sus gustos.- no pude evitar sonreír con sus palabras, me hacía sentir muy bien.
-¿y tú?- de repente sentí que debía conocer más a Francis y no guiarme por la impresión que daba.
-Estoy en tercer año de psicología.-dijo sonriendo.-
-Me alegro, te queda un año para salir de aquí.- comencé a beber un sorbo de mi jugo.
-Así es, amigo mío. Cuando salga de aquí seré psicólogo sexual.- No pude evitar escupir un poco mi jugo al oír eso, definitivamente estaba cerca de un pervertido, pero al menos es agradable.
-Oye, no traumes al nuevo.- Escuché decir a un chico que estaba detrás de Francis.
-No lo traumo, solo comento lo que decidí hacer con mi vida.- dijo guiñando un ojo.
-No creo que le interese saber que eres un pervertido de pacotilla y que si se emborracha, te lo violas sin pensarlo.- dijo muy molesto.
-Sabes que solo tengo ojos para ti.- se acercó al otro chico y beso su mejilla. Note como comenzó a sonrojarse.
-Lo siento.- dijo notando mi presencia.- él no sabe comportarse.- finalizó dando una mirada asesina a Francis.- Por cierto, me presento. Mi nombre es Arthur Kikland, es un gusto conocer a la segunda persona que puede soportar más de 5 minutos con Francis solo y no quiera salir corriendo.- dijo riendo.
-Oye tú, no sean tan duro conmigo.- dijo Francis abrazándolo con fuerza.
-Suéltame, lazy frog.- ¿Escuché bien?, al parecer Arthur tenía acento inglés. Pensé que era estadounidense.
-Por cierto.- dije interrumpiendo a la pareja.- soy Feliciano.- dije sonriendo.- Me alegro que hayan querido hablar conmigo a pesar de los rumores que corren sobre mi.-
-Te agradecemos que nos veas como personas normales, en vez de fenómenos.- dijo Arthur, al descubrir su conducta.
-Tranquilo Arthur, me agradó ver que hay chicos que se muestran como son en vez de sus máscaras.- dije guiñando mi ojo y caminando a la pista de baile.- Nos vemos luego.
Ambos chicos me miraron y soltaron una gran sonrisa a mi dirección, yo me sentí muy bien. Por fin pude hablar con dos chicos sin que se guiaran por el rumor que formó Gilbert.
En la pista de baile, vi a Ludwig bebiendo cerveza solo. Después de que me viera llorar y de soñar aquello, ustedes creen que no me acercaría a él, pero al ver lo solo que estaba, fui a la barra y pedí un margarita.
-Hola Ludwig.- dije sonriendo.
-¡Oh!, Feliciano.- dijo sorprendido.- Pensé que no vendrías a la fiesta.
-Me obligaron a venir.- dije soltando una pequeña carcajada.
-Sé que se siente, Gil me invitó, pero lo único que ha hecho es cantar y bailar con su novia.- dijo suspirando y alzando el vaso de cerveza.
-Vamos, no puede ser tan malo.- dije sonriendo.- Podemos conversar. No me has dicho muchas cosas sobre ti.-
-Está bien, me agrada esa idea- comencé a notar un leve sonrojo en las mejillas de Ludwig. Debe ser que ha bebido unas cuantas cervezas.
Comencé a sentirme nuevamente nervioso por estar con Ludwig, aun no entiendo a qué se debe estos nervios. Ludwig solo hace lo que un compañero hospitalario haría, conocer con él que comparte el espacio.
-Por cierto, antes de que me mires mal por interrumpir…-me miró extrañado.- ¿Te puedo decir Lud?- sonreí y vi cómo me traían mi margarita.
-No sé de donde sacaste que me decían Lud, pero claro que puedes.- dijo sonriendo, esta vez se veía bien formada y no algo extraño como la vez anterior.- Bueno, empiezo. Mi familia vive en Berlín, mi padre fue soldado en la Segunda Guerra Mundial y mi madre es una mujer de casa. Gilbert tenía 2 años cuando nací yo…-en ese momento, comencé a notar un brillo muy especial en los ojos de Lud. Me empecé a desconcentrar en las cosas que decía, solo quería ver ese hermoso brillo en esos hermosos ojos azules que tenía en frente.
Comencé a perder la noción del tiempo, de verdad me divertía con las anécdotas y las historias de pequeño Lud (digo pequeño porque me habló de su infancia), hasta que el barman nos dijo que la fiesta había acabado. Miré el reloj y eran las 2:00 am.
Lud y yo nos miramos y reímos al ver que toleramos la fiesta completa, aun sabiendo que ninguno de los dos quería ir. Le agradecimos al barman por avisarnos, sino hubiésemos seguido hablando toda la noche en la barra y nos fuimos a nuestra habitación. Cuando llegamos, abrí la puerta, porque era el más sobrio.
Entramos a la habitación y se lanzó a mi cama, no pude evitar reír.
-Oye, esa es mi cama.- dije aun riendo.
-Es verdad.- dijo riendo y se intentó levantar, pero su esfuerzo fue en vano.
No pude contener mi risa y lo ayudé a cambiarse a su cama. Con la torpeza de Lud, sin querer caímos juntos en la cama y comenzamos a reír. En eso, él notó que unos mechones de mi cabello me tapaban los ojos, él los corrió de mi rostro y me miró tan profundamente.
-Tienes unos lindos ojos marrones, con un brillo muy intenso en ellos. Nunca había visto algo similar.- dijo sonrojado.- No dejes que el idiota de mi hermano quite ese brillo, Feli.- se acercó lentamente a mi rostro y me besó la frente.- Buenas noches Feli.- finalizó con un ronquido bajo.
No pude evitar sonreír bobamente por lo que había hecho hace 5 segundos. Descubrí que no se había tapado con las sabanas y lo acobije. Lo siguiente que hice fue ir a mi cama, quitarme la ropa (no crean que duermo desnudo, al menos no completamente) y me acosté a dormir, no sin antes decir… -Buenas noches Lud.- y cerrar mis ojos con una enorme sonrisa.
Espero la hayas disfrutado tanto al leerla como yo al escribirla (:
Los review que me mandan me alegran bastante, espero que sigan enviando, porque gracias a eso puedo seguir escribiendo esta historia.
Adieu!
