Hola de nuevo (:
¿Cómo están?... espero que muy bien y que sean felices. He aquí el capítulo más largo de "La Universidad de mis sueños", espero no les moleste que esté muy largo.
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, de hacerlo me casaría con España (para que conozcan a su autora, adora demasiado a España c: )
Advertencia: Escenas con contenido sexual, sino te gusta, no lo leas...
Hola, idiotas. Mi nombre es Lovino Vargas y está es la historia criminal que alguna vez tuve.
Todo empieza en la estúpida Universidad R, dónde mi madre me mando a estudiar por los escasos fondos familiares y me ofrecían una beca, además de que Antonio dijo que era una gran oportunidad para mí. El bastardo español, como yo le digo, es el mejor amigo de Feliciano, mi estúpido hermano menor.
Esos idiotas creen que yo no sé hacer otra cosa que ser un bueno para nada, siento que nadie cree que yo pueda hacer algo bueno por mi vida, así que por mi orgullo italiano fui a esa universidad.
Después de muchos exámenes preliminares, descubrieron que yo era bueno para hacer ejercicios matemáticos y un líder por naturaleza, por eso dijeron que yo sería un chico muy destacado en administración de empresas. Por esa razón, decidí ir a esa carrera.
En el primer día, me di cuenta de que el bastardo español había pedido que yo fuera su compañero de cuarto y el idiota de la sonrisa eterna lo logró. Estaba tan molesto de que sintiera que yo debía ser vigilado por él, que fui corriendo a mi nueva habitación y me lo encontré haciendo sus famosos churros.
-Lovino...-dijo sorprendido al verme.- pensé que no te vería por aquí hasta en la tarde...
-Dime, ¿¡POR QUÉ SIENTO QUE QUIERES MANTENERME VIGILADO!?-dije con un tono de molestia.
-Porque es así, no quiero que estés con un desconocido...-dijo el bastardo sonriendo.-Además, ¿quién mejor que yo para cuidarte y para aguantar tus rabietas?- me miró de una manera tierna, no pude evitar pensar que el bastardo tiene unos hermosos ojos verdes.
-Está bien, PERO TÚ ORDENAS LA HABITACIÓN...-dije mientras cerraba la puerta con fuerza.
Antonio y yo no somos amigos, no éramos familia, las únicas veces que estábamos juntos era por mi idiota fratello, y aun así, sentía que debía cuidarme y ayudarme. Esas actitudes de él, me enamoran cada día más... Sí, ESTOY ENAMORADO DE ANTONIO DESDE MI ADOLESCENCIA, pero sabía que era un amor unilateral. Aunque intento olvidarlo, siempre aparece con su sonrisa que arregla todo y vuelvo a caer.
Caminé a mi salón, para mi primera clase, que era matemáticas. Descubrí que mis compañeros no superaban las cinco personas. Entré y de inmediato se me acercó un chico muy serio, realmente daba miedo.
-¿Vas a entrar?- dijo con una voz muy aterradora.
-S-sí...- entré y me senté al lado de un chico rubio, de ojos cafés.
-¿Eres nuevo también?- dijo sonriendo.
-S-sí...-dije aún asustado por el otro sujeto.
-Mucho gusto. Mi nombre es Tino...-me dio la mano y sonrió.- Que no te dé miedo Berwald, es un buen chico...
-¿Te refieres al chico que me acaba de asustar?- dije serio.
-Tino... ¿qué haces con el nuevo?- se acercó el idiota serio que ahora sé que se llama Berwald.
-Solo me presento, no seas celoso.-sonrió Tino, mientras yo estaba con la boca abierta porque le dijo "celoso".
-Está bien...- Berwald besó la frente de Tino y se sentó cerca de otro sujeto rubio, pero esté no daba miedo.
-Sé que no debería preguntarte esto, pero ¿eres gay?- dije con un poco de nervios.
-Sí, lo soy...- ¿Por qué siento que todos aquí son gays?- y Berwald es mi novio...
-¿Ese tipo es tu novio?- dije sorprendido.
-Sí, todos piensan que es muy serio o muy atemorizante, pero él me ama y yo lo amo a él...-sonrió. No pude evitar pensar en lo bonito que sería estar de esa manera con Antonio.
-Pues, que bien...-el hecho de pensar en eso, me hacía volverme cascarrabias.
-Hey, Tino... ¿por qué no le dices al nuevo que se presente?- dijo el rubio que estaba sentado al lado de Berwald.
-Ya escuchaste a Mathias, debes presentarte...-dijo Tino.
-Sí quieren conocerme, que se acerquen.-dije un poco molesto.- No pienso pararme...
-Está bien, solo porque me intrigaste...-el rubio se levantó de su asiento y caminó al mío.- Hola, mi nombre es Mathias Køhler. ¿Cuál es el tuyo?- dijo con una sonrisa muy amplia.
-Mi nombre es Lovino Vargas...-estaba con el ceño fruncido.
-Bueno, ya conoces a Tino y a Berwald, así que te presentaré a Lukas y a Emil...-dijo Mathias.
-No necesitas presentarnos, Mathias...-dijo uno de los que no se habían presentado.- Mi nombre es Lukas Bonnewiik y nací en Noruega...-¿es mi idea o este chico no tiene expresión?
-No es necesario que se presenten todos, idiotas...-quería salir del salón, pero llegó el profesor y los cinco chicos se sentaron juntos, dejándome solo.
El resto de la clase me recordó a mi escuela, un mundo donde estaba solo. De repente apareció un chico rubio (¿es mi imaginación o la mayoría de los idiotas que estudian aquí son rubios?), con una cicatriz en su ojo y muy serio.
-Perdón por la demora...-dijo el chico mientras entraba.
-Pasa, siéntate al lado de Vargas...- ¿todos los profesores llamarán por los apellidos a los estudiantes?
El chico de la cicatriz se sentó a mi lado y me miró de manera amenazante.
-¿Qué?...- dije, devolviendo la mirada.
Me miró sorprendido y miró al profesor.
Al terminar la clase y salir de mi salón, me encontré con el bastardo español, apoyado en una pared. Era como si me esperara. Estaba muy feliz.
-Bastardo...-me acerqué a él.
-Lovi...-sonrió. Odiaba con todo mí ser que me dijera Lovi, pero también amaba que lo diga con tanta ternura.
-¿Qué haces aquí?- dije serio.
-Quería invitarte a comer conmigo... para celebrar.- sonrió, mientras veía como me sonrojaba.
-¿Celebrar qué?...- mi molestia y mi vergüenza se hacía muy notoria.
-El que estés aquí conmigo...-no pude evitar sonreír cuando dijo eso.- Te advierto que no aceptaré un no como respuesta...
-Pues, no me dejas más remedio que acompañarte, idiota...- el bastardo tomó mi mano y sentí como mi pulso aumentaba.
-Espero no te moleste que te lleve de la mano como a un niño pequeño...-dijo riendo.
-¿Qué dijiste, bastardo?...- dije muy sonrojado.- No soy un bebé...
-Ay, tomatito...-dijo riendo.- no te hará mal pasar un momento con alguien conocido...
-¿Podrías dejar de arrastrarme?- dije serio y sonrojado.
-No, porque sé que vas a querer escapar y ya te dije que no acepto un no como respuesta...-siguió tomando mi mano, arrastrándome a nuestra habitación.
Me sentía tan feliz de que el idiota pensará en mí y en cómo me sentiría hoy. Realmente amo a Antonio, aunque a veces me saque de quicio.
Al llegar a la habitación, había una gran mesa, llena de comida echa por el bastardo.
-¡Sorpresa!...-dijo sonriendo.- Claro que la arruinaste al llegar tan sorpresivamente...
-Bastardo...-sonreí.
-De nada Lovi...-se acercó a la mesa a comer y lo imité.
Durante la comida, el bastardo comenzó una estúpida guerra de comida, nunca había desperdiciado tanta pasta en mí vida, pero fue divertido.
-Vaya, Lovi... quedaste lleno de salsa...
-¿¡Y DE QUIÉN ES LA MALDITA CULPA!?...-Me molesta que diga lo que ya es obvio.
-Ay, Lovi, Lovi... lamentablemente a esta hora baja mucho la presión del agua y solo alcanzaría para los dos si nos bañamos juntos.- sonrió.
-¡PERVERTIDO DE MIERDA!...
-Calma Lovi, no fue algo planeado...-me miró y limpió un poco de salsa que tenía en las mejillas.- Si quieres me voy a bañar donde un amigo...
-Bastardo...-dije serio.- Está bien, acepto bañarme contigo, pero te juro que si intentas algo, te cortaré tu pene y se lo daré a los perros del parque...
-Bueno.- el idiota solo sonrió.
Estaba realmente nervioso, ni siquiera había terminado mi primer día y ya me iba a bañar con otra persona. Me sentía el ser más sucio del planeta y para terminar, esa persona era el bastardo español del que estoy enamorado.
-Entra tú primero...-dije con mis mejillas infladas de tanta vergüenza.
-Está bien...-sonrió y se quitó la remera.
Me quedé mirando su escultural figura, que aunque la vea un millón de veces, sigue produciendo el mismo efecto en mí. No podía dejar de mirar su hermoso trasero, esas nalgas tan redondas y tan perfectas, me dejaban con ganas de olvidar mi orgullo y tocarlo.
-Lovi... ven aquí...- dijo el bastardo, mientras me quitaba mi camisa. Lo que vi al entrar al baño fue lo más sexy y lo más molesto que he visto en mi vida.
-¿¡QUÉ HACES IDIOTA!?- dije mientras veía a Antonio quitarse lentamente su ropa interior.
-Te recuerdo que hay que bañarnos, no puedo hacerlo con ropa...- dijo Antonio, mirándome y sonriendo.
-¿No puedes por lo menos mostrar pudor ante este hecho?- mi sonrojo podía iluminar el baño.
-No seas vergonzoso, además no tienes nada que yo no haya visto...-sentía que en cualquier momento iba a morir de vergüenza.
-Está bien...-suspiré resignado y me quité el pantalón tímidamente.
Sentía que el idiota solo me miraba la entrepierna, porque quizás quería hacer la estúpida competencia de "¿quién tiene el pene más largo?" Aun así algo me impulsaba a mirar también el suyo.
-Lovi... tranquilo.- sentí como me abrazó.
-¿¡Qué haces!?...- ¿es qué nunca deja de sonrojarme?
-Estoy tratando de que te relajes...-¿por qué siempre sonríe, incluso en momentos incómodos?
-Pues no lo estás logrando, idiota...-suspiré pesadamente.
-Entremos juntos...-tomó mi mano e ingresamos a la ducha.
-Espera, bastardo...-pero ya era demasiado tarde para deternerlo. Habíamos entrado y él había abierto la llave de la ducha.
-Sé que estás nervioso por estar de esta manera conmigo, pero no pretendo hacer nada que no quieras...
-¿¡Y QUIÉN QUERRÍA HACER ALGO CONTIGO!?...-aparte de mí, pero no podía decirlo.
-Ay vamos, Lovi... no seas así conmigo.- sentí como empezó a jabonar mi espalda.
-¿QUÉ HACES?...-creo que ahora esa es la frase de oro para mí.
-¿Nunca te ha costado jabonar tu espalda?- siguió con el jabón sin vergüenza alguna.
-¿Estás loco?- ahora realmente estaba molesto, así que me enjuague y salí corriendo del baño.
Me puse mi pijama y me acosté, definitivamente no quería seguir viendo a ese idiota de los tomates. Me movía de un lado a otro, no dejaba de pensar en ese estúpido bastardo.
-¡Ah!, maldición...- no podía dejar de pensar en ese culo, ese precioso y desnudo culo.
-¿Lovi?- Antonio había salido del baño. No quería hablar, así que fingí estar dormido.-Creo que fue un error obligarte a tomar un baño conmigo...-sentí como se acercó a mi frente y la besó.- Lo siento...
ASÍ QUE EL IDIOTA SI LO HABÍA PLANEADO; LO ODIO, LO ODIO. En realidad, es al contrario, pero no podía decirlo. No quiero que se aleje de mí, no lo podría soportar.
Antonio se acostó en su cama y apagó la luz. Me quedé pensativo porque estaba cerca de ese español que me ponía los nervios de punta y a la vez lo sentía tan lejos. ¿¡POR QUÉ EL MUY IMBÉCIL NO SE DA CUENTA DE LO QUE SIENTO!?
Durante todo ese año, el idiota intentó que durmiéramos juntos, que nos bañáramos, que jugáramos a "la familia feliz" donde él era el papá y yo la mamá, en fin, cosas que harían las parejas, CON LA DIFERENCIA QUE NO LO ERAMOS Y QUE YO NO ME IBA A DECLARAR.
Si hablamos de mis clases, las pasé con éxito. Me sentía cada vez menos un inútil que no puede hacer nada.
¿Dónde está la parte en la que dije que era un criminal?, pues en ese año me di cuenta también de que soy muy bueno haciendo negocios con todo tipo de gente y cuando me refiero a todos, DIGO A TODOS.
Me uní a un grupo que ingresaba drogas y alcohol a la universidad, porque necesitaba dinero y mi madre no me ayudaba con eso. Es una historia que no contaré a más profundidad.
Cuando volví a Italia para las vacaciones, mi madre me informa de mala gana, que mi estúpido fratello irá a la misma universidad que yo. A diferencia de mí, Feliciano era más decidido con sus gustos y decidió estudiar Artes visuales. Tenía el presentimiento de que será el "hazme reír" de muchos, espero sepa sobrellevarlo.
Claro que yo estaba en contra de que fuera conmigo, porque después de un tiempo me di cuenta de que la vida de un "mafioso" era horrible y no quería eso para Feli. Podrá ser muy idiota, pero lo quiero y no se merece una vida horrible por mi culpa.
Para mi beneficio, nadie sabía que tenía un hermano. Debía actuar rápido y difundir que no tengo hermanos y cortar mi hermoso rizo, ese que nos identificaba a todos los Vargas. ¿Por qué tenía que pasarme estas cosas a mí?
Cuando estuvimos a punto de llegar a Estados Unidos, me bajé rápidamente del avión, perdiendo de vista a mi hermano que iba a mi lado, no quería que me vieran llegar con él. Sé que los chicos que trabajan conmigo querrían que fuera parte de este sucio negocio. "Lo siento, idiota fratello" decía en mi mente, esperando nunca pronunciar esas palabras.
Cuando llegue a la universidad, me fui corriendo con mi maleta a mi habitación, que estaba en el tercer piso. Esperaba que el bastardo español no hubiese llegado o que no estuviera, no quería tener que vivir tantas emociones juntas, pero para mí mala suerte, el idiota estaba ahí, ordenando su ropa en el ropero.
-Llegas antes, Lovi…- sonrió.
-Sí, hola bastardo…- entré a mi habitación y me senté en mi cama.
-Me enteré de que estuviste haciendo los días que decías que estabas ocupado con unos proyectos para matemáticas…- su expresión cambió muy rápido y me preocupe.
-Eso no te incumbe, idiota…- tenía mucho miedo, no puedo creer que debía enfrentar el enojo de Antonio y cualquiera que lo conoce te dirá que nunca hay que hacerlo enojar.
Antonio en un movimiento rápido, me acorraló contra la pared. Mi corazón latía rápidamente, pero aun no sabía si era porque estaba muy cerca o era porque estaba asustado.
-Si me incumbe, no puedo creer que hayas hecho semejante locura por un poco de dinero…- Antonio subía la voz cada palabra y yo moría de miedo.- SIEMPRE DICES QUE EL IDIOTA SOY YO, PERO ¡QUIÉN COMETE LAS IDIOTECES ERES TÚ!- me tenía apretado de las muñecas y sentía como aplicaba fuerza con cada aumento de voz.
Estaba a punto de llorar, no quería seguir viendo a Antonio así.- Suéltame, bastardo…- fue lo único que pude decir.
-Me has decepcionado demasiado, Lovino Vargas…- me soltó y se fue de la habitación, cerrando la puerta muy fuerte.
Me acaricié las muñecas y me puse a llorar, no podía creer que me odiara, o peor, que estuviera decepcionado de mí, se había cumplido mi mayor pesadilla… Lo había alejado completamente de mí.
Después de 30 minutos, me quedé dormido y falté a clases. Que se jodan las matemáticas avanzadas, no me sentía bien para aprender e iba a ser una carga para la clase, además de que no quería ver al quinteto de idiotas y muchos menos al que me introdujo al mundo de la mafia… Govert.
Govert es el chico que se sentó al lado mío el primer día de clases, pero a pesar de que era serio, nos hicimos "amigos". Le conté de mi problema con el dinero y dijo que podía ayudarme con eso. A pesar de que mi trabajo me ayuda mucho a mantenerme, tenía el costo de hacer que todos me odiaran, incluso los que me quieren.
Cuando desperté, me encontraba increíblemente solo, aunque se escuchara al lado como mis vecinos follaban. Esos idiotas, cada vez que se juntan hacen un caos en esa habitación. No sé mucho sobre ellos, pero sé que uno es francés y el otro es inglés. Lo que más me molesta es que me sepa sus nombres, pero no porque haya hablado con ellos, sino porque escuchaba sus gemidos.
-¡Francis, Francis!...- el inglés siempre era el primero en darme las "buenas tardes"
-Silencio, Arthur, nos van a escuchar…- el idiota francés estaba algo atrasado a los hechos, creo que todo el piso los escuchó.
Tapé mis oídos con la almohada, pero no resultó. Lo siguiente que pude hacer es escuchar el reproductor de música de mi celular en el máximo volumen. Lo bueno es que deje de escuchar a esos idiotas, pero no podía dejar de pensar en lo horrible que será volver a ver a Antonio. Sabía que tardaría demasiado en perdonarme y que su enojo haría que no me hablara más. Mientras entraba en depresión por la música y mis pensamientos, alguien abrió la puerta. Era mi compañero de habitación, mi enamorado, mi amigo, la cosa que quizás quería más en el mundo.
-Hola, Antonio…- dije suspirando.
Lo único que vi fue dinero caer a mis piernas.- Esto es para ti…- dijo serio.
-¿Qué haces, idiota?- lo miré sorprendido.
-Dándote dinero para que no dependas más de la mafia…- me miró triste.
-No lo necesito, estoy bien…- volví a ponerme los audífonos, no quería seguir la conversación.
Antonio me quitó los audífonos, me miró seriamente y me abrazó. Yo me quedé estático, no sabía cómo reaccionar. Creía que iba a volver a llorar, de verdad no quería que viera eso.
-Deja de preocuparnos y de hacernos sufrir por no saber cómo ayudarte…- escucharle decir eso me partió el corazón en dos. No sabía que responder a eso, solo corresponder el abrazo y evitar llorar.
-Lovi, no puedo estar enojado contigo, pero si me duelen las cosas que haces. Después de todo, eres la mamá de nuestra familia…- no contuve más las lágrimas.
Antonio solo me abrazó, me acaricio el cabello, me miró serio al darse cuenta de que me había cortado el rizo Vargas e intentó dejar de abrazarme, pero con todas mis fuerzas lo impedí.
-Déjame ir, Lovino…-me miró serio, pero más que eso, me miró decepcionado.
-No, no te vayas bastardo…-dije llorando.
-No quiero seguir viendo como arruinas tu vida…-su tono reflejaba tristeza.
Hice lo que menos pensaba hacer en mi vida, o mejor dicho, que esperaba que hiciera Antonio… LO BESÉ.
Antonio me correspondió, pero sentía que algo no andaba bien en esto. Sabía que estaba enojado conmigo, pero no quería sentir que lo perdía y tomé medidas desesperadas.
-Lovino…- dijo al detenernos.
Yo no lo miré. Quise salir corriendo, como usualmente hago, pero tomó mi mano y me jaló a la cama. Se puso sobre mí, yo estaba helado.
Me miró con tristeza y me besó. No sabía que era peor, el hecho de que esté enojado o el hecho de haberlo besado.
-Deja de hacer eso, debo ir a clases…- dije molesto, o mejor dicho, miedoso.
-No te escaparás de mí, Lovino… vamos a hacerlo.- me miró serio.
-¿De qué estás hablando?- mi miedo aumentaba cada vez más.
El bastardo comenzó a besar mi cuello y a lamerlo. ¿Qué planeaba hacer?, yo no estaba listo para el sexo y mucho menos quería hacerlo con alguien que me odiara.
-¡BASTA, BASTARDO!- dije gritando.
-¡No!- siguió besando mi cuello y comenzó a acariciar mi entrepierna por sobre la ropa.
Me estremecí.- ¡DEJAME IR!-lo empujaba, pero el muy idiota era más fuerte que yo.
-No quiero…
No contuve más mi desesperación ante la situación, así que ocupe mi fuerza para darle un golpe en la cara, lo cual resultó. Se alejó de mí.
-¡EL QUE ESTES ENOJADO NO TE DA DERECHO DE VIOLARME!- respiraba agitadamente.
Él solo me miró y se sobó su mejilla.- ¡Vete de aquí!
-Está bien, adiós…-dije al salir de la habitación.
Me sentía como una mierda, no pude creer lo que había pasado. Me toque los labios y me fui corriendo hasta el baño público. Me lavé la cara con agua fría y no pude evitar llorar al mirar lo miserable que me veía.
Después de eso, me fui a caminar fuera de la universidad. Tomé un taxi y le dije que me llevara lo más lejos que pudiera con 40 dólares, que era todo mi dinero por ahora. El señor me miró con compasión y condujo sin rumbo.
-Chico, ¿está usted bien?- dijo el taxista.
-No se preocupe por mí, preocúpese de que lleguemos vivos a donde sea que vayamos…-suspiré.
-Es que sé dónde te llevaré, pero siento que debió ser muy grave para que quieras alejarte de todo…- el taxista era un rubio de cabellos largos y llevaba colgado un oso polar en el espejo.
-Solo quiero pensar tranquilo, sin nadie a mí alrededor…
-Entiendo, pero te dejaré muy lejos de toda civilización…- sentí como se detuvo.
-¿Por qué te detienes en medio del bosque?- estaba molesto.
-Este es un buen lugar para pensar… son 40 dólares.- sonrió.
-Aquí tiene…- le di su dinero y me bajé.
-Por cierto, toma mi tarjeta cuando quieras regresar…- volvió a sonreír y se marchó.
La tarjeta del taxista decía "Matthew Williams, estudiante de la universidad R" y un número de teléfono. Un momento, ¿ese chico estudia donde yo lo hago?, ¿por qué no me dijo nada de él?, ¿por qué nunca lo había visto por la universidad?
En fin, me adentré en el bosque, busqué un lugar donde pudiera descansar y vi que había un mantel de picnic con comida. Me quedé sorprendido, es como si alguien supiera que iba a venir. Me recosté en el pasto y comí un pastel de frutilla. La verdad es que me sentía bastante tranquilo, estaba alejado de todos los que me criticaban, de Antonio.
Al recordar que casi abusa de mí, me volvió la tristeza y la desesperación. Quizás me merecía hacer eso de esa manera, con mi enamorado molesto y triste.
Comencé a llorar nuevamente, pero con más dolor que antes. No quería volver a la universidad, no quería volver a ver a Antonio, no quería saber de mi hermano, no quería seguir arruinando la vida de todos con mis errores. Mientras pensaba eso, me quedé dormido en el mantel de picnic.
Cuando desperté, era de noche. ¿Cuánto había dormido?, ¿Dónde estaban las cosas que habían aquí?, ¿Estará Antonio preocupado por mí?... Revisé mi teléfono celular y tenía muchas llamadas perdidas, no precisamente de Antonio. Todas eran de Govert, quizás debe ser porque no fui a recoger el pedido de marihuana que venía de Jamaica. Como quería alejarme de mis problemas, apagué mi teléfono.
Me abracé las rodillas, con miedo porque estaba oscuro y no tenía ni una linterna cerca. Me había comido la mayoría de la comida en la tarde, con suerte quedaban dos pedazos de pastel y un tomate en el canasto. Pero, no estaba dispuesto a llamar a nadie y mucho menos, estaba dispuesto a volver a la universidad.
Cuando veo hacia la carretera, veo cómo pasan los autos cerca de mí y se alejan rápidamente. Nadie que decía estar preocupado por mí, realmente lo estaba en este momento. Me sentía solo, realmente estaba solo.
-Niño mafioso, ¿quieres volver a la universidad?- escuché decir de una voz conocida. Sentí como esa voz se sentó a mi lado, sonriendo como estúpido.
-No pienso volver, no quiero volver…
-Estamos muy preocupados por ti, Lovi cariño…- el que estaba al lado mío era Antonio.
-¿QUÉ HACES AQUÍ, IDIOTA?-estaba sorprendido.
-Eran las 11 de la noche y tú no volvías a nuestra habitación… me preocupé y me hablo Matthew.- sonrió y me abrazó.
-¿Cómo sabía ese torpe que me conocías?- suspiré.
-Cuando iba saliendo a buscarte, lo encontré fuera de la puerta y me dijo que te encontraría aquí… Se preocupó de lo mal que te vio, fue lo único que me dijo…- Antonio sonrió de alivio.
-Ojalá no me hubieses encontrado, así no arruino tu vida con mis problemas personales.- bajé la cabeza.
-Idiota…-me abrazó con más fuerza y me besó la frente.
-¿QUÉ DIJISTE?- me molestó que me llamara idiota, pero me lo tenía merecido.
-Que eres idiota… me preocupa que te pase algo malo mientras trabajes ahí y me molesta que no hayas recurrido a mí…-suspiró.
-No quería incomodarte…
-No lo hubieses hecho, sabes que mi familia te quiere y te hubiese apoyado…-sonrió.- Me alegro tanto que estés bien y sano.
-No te enojes conmigo, por favor… no lo soportaría de nuevo.- lo abracé fuerte.
Él solo asintió, suspirando.- ¿Vamos a nuestra habitación?
-Tengo miedo, no quiero que intentes violarme de nuevo…- me alejé un poco.
-Lo siento Lovi, no fue mi intensión hacer eso… Estaba nublado por el enojo y después de que me besaste, pensé que me estabas tomando por tonto y no quería que te salieras con la tuya.
-No quería hacer eso, quería que pensarás en que no quiero perderte…- suspiré y comencé a caminar.
-Lovi, espera… ¿así que no quieres que me aleje de ti?-dijo el muy idiota, siguiéndome.
-Fue una medida desesperada, siento si te molestó… pero déjame en paz ahora.- seguía caminando.
-Lovino, yo no podría alejarme de ti, eres parte importante de mi vida…- me detuve y quedé con los ojos abiertos.- Te quiero…
Solo lo miré.- Esta bien, ¿nos vamos?-sonreí.
Antonio me miró sorprendido y yo reí.- Eres cruel conmigo, yo te acabo de decir que te quiero y tú solo me dices "está bien"…
-¿y qué quieres que te diga? ¿Qué yo también te quiero?...- suspiré.
-Sería muy lindo de tu parte…-sonrió.
-Pues, no soy de esos que declaran sus sentimientos hacia otra persona cuando me dicen que me quieren, aunque es un buen intento.- reí victorioso de ganar la competencia de "matar pasiones", mientras que Antonio quedó cabizbajo.
-Pues, te lo hago saber desde ahora, nunca me rindo… así que prepárate para ser conquistado.- sonrió convencido.
El bastardo me llevó a la carretera y nos subimos al taxi. Así que mis sentimientos eran correspondidos, aunque todavía me niego a decirlos a esa persona.
Cuando llegué, descubrí que no tenía sueño, así que me recosté y escuché música, mientras Antonio dormía muy contento.
Ese fue mi primer día, cuando todos celebraban la bienvenida, yo me escondí en el bosque y fingir desaparecer. Para mi mala suerte, el chico que me quiere, al que yo también quiero, fue a mi rescate como un estúpido príncipe azul y se declaró ante mí.
Al día siguiente, decidí arreglar mi otro problema, en realidad era evitar que mi hermano tomara mis decisiones o que descubriera lo que realmente me pasaba. Salí rápidamente de mi habitación y fui a la suya. Para mi sorpresa, en realidad es mejor decir, para mi molestia, el idiota estaba durmiendo.
Cuando despertó, me miró sorprendido, como si hubiese visto a un fantasma. Me senté en la cama de su compañero de habitación, quien desgraciadamente sé quién es. Ludwig Beilschmidt es el idiota de ingeniería mecánica, ese estúpido que se parece demasiado a Oton, el ex de mi hermano, que cuando se suicidó hace 2 años, dejó que mi hermano sufriera por esa perdida.
Feli se vistió y me quedé esperando. Salimos de la universidad, en camino al bosque donde ayer tuve mucho que reflexionar. Me miró con miedo y tristeza, incluso me gritó el idiota, pero estaba en todo su derecho, más cuando le conté que me había cortado el rizo familiar. Nunca en mi vida lo había visto tan molesto conmigo.
Llegamos y nos quedamos hablando de muchas cosas, entre ellas de Antonio. Ese idiota sabía que a mí me gusta el bastardo español (a quién le eche la culpa de la velada, en caso de que no resultara). Como es costumbre en mi fratello, se quedó pensativo y después de 2 minutos, acabó diciendo que "Toñi" (cómo le dice de cariño él) estaba enamorado de mí.
Me quede anonadado, sabía que me quería, pero no que estaba enamorado de mí. No supe que decir, más que negarlo. Sabía que el idiota era heterosexual, sentí que el "te quiero" que salió de sus labios era como un hermano o como un amigo, nada más. ¿Qué irónico, verdad?, ayer estaba feliz porque el idiota se me declaro y ahora mi inseguridad me decía que no era verdad. Me salvé de que siguiera diciendo eso cuando me di cuenta de que el idiota sentía una muy leve atracción hacia su maldito compañero de habitación.
Después de pasar una tarde completa con mi fratello, me fui a dormir temprano, para así estar bien cuando vuelva a mis clases el día lunes.
Después de la visita a Feli, he pasado unos 3 meses horribles. Primero, por las cosas que me cuenta el idiota sobre su nuevo enamorado, mis trabajos de contrabando han sido de los más agobiantes y Antonio me ha jodido una y otra vez de que desea una cita conmigo, hasta que un día no pude más y acepté.
La cita incluía pasta, velas, pétalos de rosa esparcidos por nuestra habitación y mucho vino. ¡QUÉ ALEGRÍA!, me sentía como en casa. El bastardo español me hacía reír mientras bebía cada vez más. Fue muy entretenido, aunque seguramente me emborraché y dije cosas más allá de la cuenta, porque al día siguiente, el idiota me miraba con mucha curiosidad.
-¿Lovi?...-sonrió.
-Dime, bastardo…-suspiré.
-¿Tú me quieres?- me miró con esperanza de que dijera que sí.
-¿Por qué quieres saberlo?- lo miré sonrojado.
-Porque quiero saber si mis esfuerzos están dando resultados…- me acaricio la mejilla.
-Detente… ¡NO ME HAGAS ESTO!- dije molesto y apartando su mano.
-¿Qué te hago?- dijo con un tono de melancolía.
-Eso… crees que me rendiré a tus pies y te diré "Ay, Antonio… Te amo" y te bese con pasión… pues no será así, JAMÁS.- increíblemente, había dicho de manera indirecta todo lo que sentía por él.
-Yo quiero que sea así, yo quiero decirte lo mismo, pero no quiero sentirme no correspondido…- sentí como me empezó a acorralar contra la pared.
-Idiota… ¿Qué haces?- me sentía nervioso.
-Quiero que sepas cuanto te amo, Lovi…- se detuvo a centímetros de mi cara.- pero, solo lo haré si tú quieres aceptarme…
No pude con la presión y lo besé, él me correspondió muy feliz mientras que yo no sabía cuánto tiempo iba a estar así sin que le guste otra mujer o si de verdad sentía lo que dice sentir.
-Lovi… te amo, no pienses que no lo hago… eres mi tomatito.- sonrió.
-¿Quién dice que soy inseguro, idiota?-¿Cómo sabía que era lo que pensaba?
-Quiero que conmigo te sientas seguro, que no tengas miedo de que te abandonaré…-suspiró.
-Pues, ¿cómo no hacerlo, si eras conocido como un don Juan y conocí muchas mujeres que fueron tus novias?- ¿Qué me pasaba?, ¿Por qué estaba siendo tan notorio con respecto a los celos que siento cuando alguien se acerca a él?
-Eso fue antes, ahora te estoy diciendo que te amo a ti y solamente a ti… ¿por qué no me crees?- me miró triste.
-Porque… porque…- no pude decir nada, solo volví a besarlo.
Nos empezamos a unir cada vez más con ese beso, él empezó a acariciar mi mejilla. Al finalizar ese beso tan apasionado, donde los dos reflejábamos nuestros sentimientos hacia el otro, nos miramos y sonreímos.
-Lovi…- me miró con ternura.
-Bastardo, debo irme…- intenté huir, pero me acorraló más.
-No huiras esta vez, no hasta que me digas que sientes por mí…
-No quiero hablar de eso ahora…-dije serio.
-¿Entonces cuando?...
-Cuando me sienta preparado para decir algo ante estos momentos incomodos…
-No, está es la oportunidad de decirme todo lo que sientes al verme, al besarme, al tenerme tan cerca…- cada vez se iba acercando más a mi cuerpo.
-Pues, yo solo siento que te aprovechas de mi debilidad.- estaba nervioso.
-No lo hago, quiero que me digas que me amas, y si no es así, dejar de insistir en enamorarte…-dijo decidido.
-¿Y QUÉ PASO CON LO DE NUNCA ME RINDO?-grité molesto ante su actitud.
-Pues, sería un triunfo para ti… me habrás hecho rendirme…-suspiró.
-Pues, si quieres que te diga que te amo, pues… ¡TI AMO!- al darme cuenta de que lo dije, me sonroje.- Lo que quise decir fue…
No pude seguir esa frase porque el muy idiota me besó. Era más apasionado que el beso anterior, no pude evitar abrir mi boca para sentir su lengua y rodear con mis brazos su cuello.
Después de separarnos, me tomo las piernas y me hizo rodear su cintura.
-¿Qué haces?- dije muy sonrojado.
Antonio no contestó, me puso sobre la cama delicadamente y se colocó en sima mío. Comenzó a besarme el cuello, a acariciar mi torso y a decir "Lovino, te amo". ¿Quién se cree que es?
-Deja de hacer eso, idiota…- comenzaba un calor a invadirme.
-Quiero que seas mío.- sonrió y me besó.
Cada vez, nuestros besos eran más húmedos, nuestro roce de piel era más apasionado, mi cuerpo se sentía caliente y solo miraba al bastardo sonriendo y suspirando. Poco a poco, comenzó a quitar mi camisa y él se quitó su sudadera.
-Lovi… ¿quieres que me detenga?-me miró con cara de "di que no, por favor"
-No, bastardo… sigue.- suspiré. Aunque en realidad, solo le dije que si porque me comenzaba a gustar su toques y sus labios.
Antonio comenzó a acariciar mi torso desnudo y yo comencé a sonrojarme. ¿Por qué ese idiota de los tomates me hacía sentirme tan bien y tan vivo? Después empezó a jugar con mis pezones, primero con sus manos y luego con su lengua, logrando estremecerme completamente.
-A…Antonio…- logré decir un poco con dificultad.
-Dime, Lovi…-sonrió mientras seguía jugueteando.
-Te odio…- suspiré.
-También te amo, Lovi cariño…- el estúpido comenzó a quitar mis pantalones de una manera rápida.
-Espera… detente…- dije nervioso.
-¿Qué pasa?- me miró serio.
-Es mi primera vez, sé delicado conmigo…- Me sentía como la mierda al dejarme ver con semejante rostro y expresar eso tan abiertamente.
-Lo prometo, conmigo no sufrirás…- sonrió y prosiguió a quitar mi ropa interior.
Al mirarme desnudo, solo sonrió nervioso.
-¿Qué te pasa?... No es mi culpa que quizás sea pequeña para ti…- dije molesto, pero solo causo la risa de mi bastardo.
-No es eso, es solo que he esperado por mucho tiempo este momento… a veces pensaba que no llegaría nunca y ahora que estoy así contigo, no sé cómo contener mis nervios y mi felicidad.- sonrió.
-Bastardo…- sonreí.
Me besó tierno y comenzó a masturbarme. Obviamente me estremecí en el primer movimiento que hizo y comencé a llenar un poco la habitación de sonidos extraños, que creí que no podría hacer. Creo que provoque un poco a Antonio, porque dejó de masturbarme con las manos, llevando mi pene a su boca.
-Ngh… bas…- no pude modular, mis palabras estaba siendo reprimidas por mis gemidos.
El español seguía succionando, lamiendo y haciendo que yo me estremeciera, hasta que me corrí en su boca, después de 15 minutos.
-¿Qué crees que haces?- dije, un poco más recuperado.
-Me trago la esencia de Lovi… es deliciosa.- sonrió.
-¿Cómo puedes decir semejante locura?, ¿es que te caíste de la cuna cuando bebe?- dije molesto.
-No, pero aunque haya sido así, igual me hubiese tragado tu corrida…
-Te detesto…
El idiota solo sonrió y me abrazó.- ¿Estás listo para lo que sigue?
No pude decir nada, solo asentí nervioso. Se quitó los pantalones y me hizo sentarme sobre sus piernas. Colocó sus dedos en mi boca, y yo los lamí. Me siento como un idiota al hacer todo lo que el bastardo quiere que haga, pero bueno, ¿se puede decir que es el amor?
Luego de que sintiera que sus dedos estaban listos, los dirigió a mi entrada. Primero insertó dos dedos, luego insertó un tercero, cuando descubrió mi punto débil. Mis gemidos se hicieron audibles nuevamente y eso le agradaba al bastardo.
-Estás completamente dilatado.- sonrió, mientras quitó los dedos.- Móntate sobre mí…
Yo solo asentí y me monté. Me costó introducir el miembro de bastardo, me dolió demasiado, pero ya cuando estaba completamente adentro mío, sentí un escalofrío que recorría toda mi espalda.
-Lovi… comienza a saltar.- dijo Antonio, algo dificultoso.
-Está bien…- hice lo que el idiota me dijo y ambos entramos en el mundo de los gemidos.
Claramente, los sonidos que emitía mi compañero eran más roncos que los míos. La habitación se llenó de amor, pasión, deseo, gemidos, sudor, placer… en fin.
-Te… Te… amo… Lovi.- dijo gimiendo Antonio.
-Taaaa… también te amo, bastardoooo…- mis jadeos y gemidos eran motivos para que el idiota aumentara el ritmo de sus penetraciones.
Después de estar así 45 minutos, me volví a correr y el idiota lo hizo en mi trasero. Como lo odiaba, pero él estaba muy feliz de haberlo hecho.
-Ahora eres mío, tu cuerpo entero dice "Propiedad de Antonio Fernández Carriedo".- sonrió victorioso.
-Cállate, idiota…- dije molesto y cansado.
-¿Quieres dormir?- me acaricio el cabello.
-Sería una buena idea, después de que me hiciste añicos con tu amor…- me acomode en la cama.
El bastardo solo rio.- Antes de que duermas, ¿serías mi novio?- sonrió.
-¿QUÉ?-me miró sorprendido por mi reacción.- Yo nunca haría estas cosas con alguien solo por hacerlas, pensé que ya me tratarías como tu novio después de esto…- dije resignado.
-Te amo mi tomatito…- me besó la cabeza y se alejó.- Te dejaré descansar…
-También te amo, idiota…- escondí la cara contra la almohada y dormí.
Después de dormir demasiado, me di cuenta de que tenía un pedido urgente de pasta, cocaína y ron. Me levanté rápidamente de la cama y salí corriendo al lugar donde debía recoger los pedidos.
Para mi mala suerte, los únicos que estaban al llegar era un policía y el director de la universidad, que no sé cómo descubrieron nuestros planes, pero estaban ahí. Tomaron detenido a Govert y a mí también.
-I'm a hero… You'll never going back to this university.- dijo el estúpido policía.
-Let me go, bastard…- fue lo único que le dije, mientras luchaba con todas mis fuerzas.
-Señor Vargas, no se oponga a su castigo…- dijo el idiota del director.
-No entiende, no puedo irme de aquí…- dije serio.
-Debió haberlo pensado antes de entrar a este negocio…- después de decir eso el director, me llevaron a la estación de policía.
Estaba metido en un gran lío, ¿cómo se lo diría a Antonio o a mi hermano?, ¿qué pensarían de mí? Después de tomarme los datos, me encerraron junto con Govert y me hicieron esperar. Al recordar todo, me puse a llorar, lo único que quería era ver a mi hermano y a mi bastardo de nuevo.
-¿Lovino Vargas?- dijo el idiota del policía.
-I am…- dije serio y cabizbajo.
-You can go…- me miró.
-Thanks.- abrió la celda y lo único que vi fue a Antonio del otro lado.
-Lovi, cariño…- dijo casi llorando conmigo.
-No me sermonees, sé que la he cagado.- dije serio.
-No es eso, es que te van a deportar nuevamente a Italia.- dijo abrazándome.
-No puedo irme, ¿qué pasará con Feliciano?- dije serio.
-Sabes que tu madre le dirá que tendrá que venir contigo…- suspiró.
-Lo sé… es lo que quería evitar…- comenzamos a caminar fuera de la estación y volvimos a la universidad.
-Hay que decirle de inmediato que te acaban de echar…-suspiró.
-Lo sé… debo hacerlo antes de que me vaya.- lo abracé nuevamente.
Fuimos a la habitación de Feliciano, obviamente cambie la actitud porque no debía enterarse del porqué de las cosas, solo que pasaron.
-Antes de que sigas…-dijo el bastardo.
-Dime…
-Piensa en cómo le dirás las cosas a tu hermano y piensa en que no querrá dejar a su novio.- suspiró.
-¿NOVIO?-mis ojos reflejaban asombro.
-Sí, Ludwig… ¿no te lo dijo?-sonrió.
-ESE IDIOTA…-llamé a mi hermano, no pude aguantar mi molestia.
Después de pedirle explicaciones y de decirle que me iría, Antonio le soltó la bomba de que nos hicimos novios… ¡El muy idiota!, aunque creo que me deportaran durante la noche, así que debo aprovechar de estar con mi idiota español una noche más. Después de empacar toda la tarde y de no comer, Antonio llegó con paella.
-No tengo hambre.- dije serio.
-Lo sé, es para mí.- suspiró.
-Eres un idiota.- me recosté en mi cama y lo miré.
-Te extrañaré demasiado…- dijo triste.
-Perdóname por durar un solo día contigo.- suspiré triste.
-Estarás todos los días en mi corazón, como siempre lo has estado.- sonrió a medias.
Se recostó a mi lado y me abrazó fuerte.
-Te iré a ver durante las vacaciones de navidad, lo prometo.- sonrió.
-Ti amo…- lo besé.
De repente alguien tocó la puerta y Antonio abrió.
-Lovino, es para ti.- bajó la mirada.
Me acerque y era una chica del aeropuerto.- ¿Señor Vargas?
-Soy yo…-suspiré.
-Soy la chica que lo enviará a Italia nuevamente…-sonrió.
-Gracias…
-Puede llevar compañía al aeropuerto…
-Sí…- miré a Antonio, esperando a que dijera que sí.
-Claro, tengo que ayudarte con las maletas.- sonrió a medias y tomó una maleta.
El resto del camino fue silencioso, no quería hablar sobre el hecho de que en 12 horas volvería a pisar suelo italiano me hacía estar triste… No es que odiara Italia, es solo que no quería llegar como un fracasado.
-Esto es para Feliciano, entrégasela cuando me haya ido.- dije a mi novio.
-Claro… me llamas cuando llegues a Italia.- sonrió a medias.
-Lo haré… Por favor, cuida a Feli y dile que deje a ese idiota de las patatas.- suspiré.
-Está bien.- rio.
"Favor a los pasajeros del vuelo 504 con destino a Venecia, pasar a la zona de embarque". El solo escuchar eso salir del altavoz me hizo llorar.
-Tranquilo, Lovi cariño… ya volveremos a estar todos juntos de nuevo.- me abrazó Antonio.
-Te extrañaré, bastardo…- suspiré y caminé hacia la zona de embarque.
Después de pasar todos los puntos de control, subí al avión junto con la chica y esperamos a que despegara. Puse mi teléfono en modo avión para después escuchar música y suspiré.
-Adiós, estúpido América, te echaré de menos.- sequé una lágrima y escuché que debía ponerme el cinturón porque el avión debía despegar.
Después de un par de minutos, el avión despegó y me regresé a mi ciudad natal, donde sé que me estaría esperando mi madre y un montón de problemas con mi familia. Lo que más me preocupaba en este momento era Feliciano, que me hacía pedirle disculpas mentales durante todo el vuelo. Espero que cuando llegue a casa para las vacaciones, no me odie por arruinarle la vida con Lud.
¡ESPERO TE HAYA GUSTADO!
Bueno, hice el capítulo desde la perspectiva de Lovino, explicando el porque lo echaron de la universidad y porque no debían saber que Feliciano es su hermano. De verdad, me inspiré demasiado en este capítulo y espero que les agrade tanto como a mí.
Ya conocen la historia de los reviews, aunque nunca está de más agregarla... Sus reviews me ayudan a continuar esta historia y a tener su perspectiva como lectores. Bueno, el capítulo anterior no ha tenido los mismos efectos que los que lo preceden, espero de verdad que no haya sido porque era un capítulo aburrido (:
Sin más que decir...
Adieu!
