(Femslash) Hermione se comporta de manera extraña desde que empezó el curso pero Ginny quiere recuperar a su mejor amiga cueste lo que cueste.
Rating: NR-13
Disclaimer: El universo de Harry Potter es propiedad de JK Rowling y todo el que haya metido mano con las películas y los libros. Confío en tienen mejores cosas que hacer que denunciarme a mí.
Avisos: Este capítulo contiene spoilers hasta el sexto libro, Harry Potter y el Misterio del Príncipe (o Príncipe Mestizo). Es Femslash, tápate los ojos y sal de aquí si no quieres acción chica-chica.
Comentarios: Gracias, gracias, gracias a todas y todos los que os pasáis a dejarme un comentario. Este fic está teniendo muy buena acogida y es por vosotras y vosotros. Gracias de corazón. Sí, estoy bebiendo cerveza, no lo toméis en cuenta. Como siempre para los 2/3 del BTE, ganadoras por méritos del Circe's Bragathon 2008, dahl y Jycel; y mención especial a Booh, que me está echando una mano con los pasajes más densos.
CAPÍTULO 4: LA LENCERÍA DE GINNY
Ron salió del armario con unas orejas de burro sobre la cabeza.
—¿Ves cómo no es tan difícil, Hermione? —dijo con una sonrisa burlona—. ¿Quieres tarta de calabaza?
Hermione se sobresaltó al ver dos gigantescos trozos de tarta con forma de pechos de mujer.
—Vamos, sé que te gusta la tarta de calabaza. Está tan rica. A mí me encanta —el pelirrojo se relamió y metió la cabeza entre las tartas.
La castaña ahogó un sonido de asco y salió corriendo por el pasillo hacia el aseo de los prefectos.
—Mantener a Ron alejado de las tartas, mantener a Ron alejado de las tartas, mantener a Ron alejado de… —repetía incansable.
Al entrar al baño y cerrar la puerta tras de sí, supo que tenía que haberse quedado con Ron.
Hermione notó como su mandíbula golpeaba contra el suelo. Draco estaba agachado, con el culo en pompa, mientras Harry le golpeaba el susodicho una y otra vez con una toalla mojada. Ambos sólo llevaban unas toallas alrededor de la cintura.
—Dime que te gusta, puta —dijo Harry sin piedad.
—Oh, sí, me gusta, dame más.
—¡No te oigo, zorra!
—¡Dame más! Oh, sí, amo, dame más —lloriqueó Malfoy.
Notó los ojos de Harry clavados en ella.
—Largo, escoria.
El Niño Que Vivió le propinó una patada al Slytherin, que salió corriendo por la puerta tras dedicar una mirada de odio a Hermione. Harry estaba impresionantemente atractivo, sin gafas, con el pelo mojado y revuelto, el torso musculoso con algo de vello y una mirada que Hermione nunca imaginó tener que descubrir.
—Hola, Mione —susurró Harry.
—Ehm, hola Harry-semi-desnudo —respondió la prefecta mientras trataba de abrir la puerta.
—Está cerrada. Pero hay otras cosas que puedes abrir —dijo acercándose a ella con la mano en la toalla.
—Creo que voy a pasar, eres mi amigo…
Empezó a dar pataditas a la puerta disimuladamente.
—Te quiero, pero no de esa manera...
Harry siguió acercándose y la toalla empezó a resbalar.
—Es que los hombres no me terminan de…
Potter apoyó una mano en el marco de la puerta, atrapando a Hermione entre él y la madera.
—¡Socorro! ¡Ayuda! —gritó Hermione ya sin ningún disimulo.
—Quizá esto te convenza —dijo Harry.
Y se quitó la toalla.
La prefecta lo miró, le miró, lo miró, le miró. Y justo cuando un "Merlín bendito" salía de su boca, se abrió la puerta y cayó hacia atrás, dejando a Harry desnudo dentro del cuarto de baño.
Notó unos brazos a su alrededor y unos labios susurrándole al oído.
—Ya me lo agradecerás.
Se volvió casi dislocándose el cuello y vio a Ginny Weasley en un conjunto de ropa interior de encaje blanco. Estaban en la Sala de los Menesteres, que estaba desierta excepto por un enorme sofá detrás de Hermione.
—¿Te gusta? —dijo Ginny.
Hermione alcanzó a tragar saliva y asentir con la cabeza.
—Yo también quiero mirar —pidió la pelirroja.
Le quitó el jersey y la corbata muy despacio, y después de mirarla con lujuria durante un segundo, le arrancó los botones de la camisa de un tirón. Empujó a una Hermione a punto de tener un aneurisma al sofá y se sentó encima de ella mientras le acariciaba los pechos. Sus labios se acercaron y…
Crookshanks saltó encima de Hermione despertándola. La prefecta se incorporó asustada y suspiró de alivio cuando vio que se trataba de su gato.
—No alcanzas a imaginar lo poco que te quiero ahora mismo, Crookshanks —masculló Hermione entre dientes.
El gato pareció entenderla y bufó muy digno para luego bajarse de la cama y regresar a su cojín.
—Hermione Granger, estás enferma —se dijo la prefecta recordando el tacto de las manos de Ginny.
Entonces se tumbó violentamente en la cama y agarrando la almohada, intentó seguir por dónde se había quedado.
15 minutos más tarde lo dio por imposible y se levantó para darse una ducha fría antes de ir a desayunar.
Mirándose en el espejo y tratando de domar su melena castaña, se repetía que no podía dejar que todo esto pudiera con ella. Vale, estaba enamorada. Vale, de una mujer. Pero era Hermione Granger y no iba a ir dejando que se le escaparan los sentimientos por las esquinas. Iba a llegar a ser fría, iba a llegar a ser dura, iba a llegar tarde a desayunar.
Bajó los escalones con apresurada elegancia y sonrió a Harry y a Ron al sentarse en el banco, intentando no recordar lo que había visto la noche anterior. Estaban hablando de las clases cuando Hermione no pudo evitar distraer la atención de su tostada y mirar a la entrepierna de Harry, que estaba sentado a su lado, preguntándose si de verdad la varita de Harry sería tan…
—¿Qué miras, Hermione? —preguntó Harry extrañado.
"Mierda" pensó.
—Uhm, nada, pensé que te había visto una mancha —se pringó con disimulo el dedo con mermelada y tocó el pantalón de Harry—. Aquí, ¿la ves?
—¡Ah, sí! Vaya, espero que salga— dijo Potter limpiándose con la servilleta.
Hermione miró en dirección a la puerta y se chupó el dedo cuando sus amigos volvieron a concentrarse en su desayuno. Y entró ella.
"Tiene un don de la oportunidad admirable" se dijo Hermione. Era una de las razones por las que la pelirroja la volvía loca. Una de tantas.
Entró con Luna Lovegood, riendo seguramente por la última ocurrencia de la rubia, y al ver a Hermione, le dirigió una enorme sonrisa de buenos días. Esa sonrisa que…
¿Qué estaba haciendo? Se acabaron los sueñecitos inútiles. No más algodón de azúcar, no más ositos de peluche, no más Ginny en lencería blanca de encaje. Quizá roja.
Hermione tenía el ceño fruncido, probando mentalmente distintos colores sobre la piel blanca y llena de pecas de Ginny y así evitar mirarla. Y en su cabeza esa solución tenían sentido.
—Oye, Hermione —dijo Ron llamando su atención—. ¿Tu falda es así de corta o es sólo la de mi hermana?
Hermione cometió el craso error de mirar hacia dónde Ron señalaba con el dedo y ver a Ginny agachada, recogiendo algunos libros que se le habían caído a Luna al suelo.
Se ruborizó con violencia, no podía apartar los ojos de esas piernas. Sintió una mirada invadiendo su espacio personal y descubrió a Ron mirándole la falda, haciendo cálculos mentales de comparación con la de su hermana.
La bofetada hizo eco en el Gran Comedor.
—Perdona —murmuró Ron con la mano en la dolorida mejilla.
—La mía no es tan corta — aclaró Hermione pensando que quizá el tortazo había sido excesivo aunque bien merecido.
Dean apareció por detrás de Ginny y la envolvió en un abrazo. La prefecta alejo de sí la varita por temor a lanzar alguna de las maldiciones que le estaban rondando por la cabeza.
