(Femslash) Hermione se comporta de manera extraña desde que empezó el curso pero Ginny quiere recuperar a su mejor amiga cueste lo que cueste.
Rating: NR-13
Disclaimer: El universo de Harry Potter es propiedad de JK Rowling y todo el que haya metido mano con las películas y los libros. Confío en tienen mejores cosas que hacer que denunciarme a mí.
Avisos: Este capítulo contiene spoilers hasta el sexto libro, Harry Potter y el Misterio del Príncipe (o Príncipe Mestizo). Es Femslash, tápate los ojos y sal de aquí si no quieres acción chica-chica.
Comentarios: Como siempre para los 2/3 del BTE, ganadoras por méritos del Circe's Bragathon 2008, dahl y Jycel; a Booh, paciencia personificada con mis rayadas; y a Neyade, a ver si se da cuenta de que Superman es un paleto moñas.
CAPÍTULO 5: EL DESLIZ DE HERMIONE
Hermione intentaba concentrarse en su libro mientras Ginny estudiaba para sus TIMOs. Sin que ella se diera cuenta, Hermione estaba contando otra vez y ya iba por el número 12 cuando se preguntó por qué había aceptado ir a estudiar. Con Ginny. En la Sala de los Menesteres.
Tres horas antes.
Ginny andaba por los pasillos con prisa, buscando a Hermione con la mirada. En el desayuno había presenciado el sonoro bofetón que se había llevado su hermano y se moría de ganas de saber por qué. Y de recuperar a su mejor amiga.
Desde que había empezado el curso Hermione estaba muy rara con ella. Siempre en tensión, siempre alerta, siempre con una respuesta cortante en la boca. A la pelirroja se le había ocurrido pedirle ayuda con los TIMOs, la mejor forma de hacer olvidar a Hermione lo que quiera que tuviese en la cabeza y pasar un rato con ella, a solas, como antes.
La divisó andando hacia la Biblioteca. Siempre había admirado la elegancia de Hermione, cómo andaba relajada pero majestuosa, llevando consigo ya fueran uno o media docena de libros, siempre abrazándolos con mimo. Como solía abrazarla a ella en sus lloreras por Harry Potter.
Apresuró el paso, dispuesta a sorprenderla, pero Hermione se percató de su presencia y se giró cuando a Ginny todavía le quedaban algunos metros. Esbozó una sonrisa dulce y nerviosa que a Ginny le pareció increíblemente adorable.
—¡Hey, Mione! —saludó con efusividad.
—Hola, Gin —respondió Hermione eludiendo un poco su mirada.
Ginny conocía esa expresión y sabía que tenía décimas de segundo antes de que la señorita Granger se marchara con alguna excusa, dejándola con la palabra en la boca.
—Estaba pensando si te importaría ayudarme con…
—¡Hola, amor! —le interrumpió Dean abrazándola con ternura.
Hermione desvió la mirada y se preparó para salir huyendo cuando vio que Ginny se zafaba educadamente de su novio.
—Dean, para un poco, por favor. Ahora mismo estoy ocupada. Te veo mañana, ¿vale? —le dijo con dulzura.
Dean miró a Hermione con el ceño fruncido y la prefecta aprovechó para rascarse la frente con el dedo corazón bien estirado y el resto grácilmente encogidos.
—Como quieras —resopló el muchacho.
Se fundió en un apasionado beso con Ginny que por poco hace que Hermione echara el desayuno y se marchó por donde había venido.
—Perdona, es muy efusivo. Demasiado —dijo Ginny riendo—. ¿Por dónde iba?
—Estabas metiendo la lengua en la boca de tu novio —respondió Hermione con fría indiferencia.
—No, antes —suspiró la pelirroja con paciencia—. Te estaba pidiendo que me ayudaras con los TIMOs.
La petición tuvo el efecto deseado y vio un brillo en los ojos de Hermione que sólo podía significar una cosa: diversión intelectual. Por primera vez en meses notó cómo su amiga se mostraba menos esquiva con ella.
—Vale. Lo haré, ¿vamos a la Biblioteca? —accedió Hermione finalmente.
—En realidad no puedo ahora mismo. Tengo entrenamiento de quidditch.
Notó cómo Hermione desviaba la mirada de nuevo.
—Pero… —se adelantó y se puso enfrente de la prefecta—. Había pensado en vernos cuando acabe, ya sabes, tú y yo solas en…
Tres horas después.
…En la Sala de los Menesteres.
"Hermione Granger. Eres una mujer de muy poca voluntad." Se recriminó con furia.
Doce. Trece. Catorce.
—Últimamente estás muy tensa.
Ginny la sacó de su estado de concentración, pillándola en plena observación intensiva de la pelirroja.
—Bueno… Tengo mucho estrés, con Harry, Ron, y esa pequeña lagartija molesta de Quién-Tú-Ya-Sabes —respondió Hermione mirando al libro.
—Ésta ya se parece más a mi Hermione —dijo una sonriente Ginny levantándose hacia el sofá en el que estaba Hermione—. Gírate, anda, tengo el remedio perfecto.
—No necesito que…
La prefecta se vio interrumpida por las manos de Ginny en sus hombros, ladeándola para poder darle un masaje. Se quedó totalmente rígida al sentir su tacto.
—Venga, relájate, sólo es un masaje. Solía dártelos antes, cuando eras mi mejor amiga —dijo Ginny socarrona.
—Ya pero antes era diferente —murmuró Hermione dejándose hacer poco a poco.
—¿Y por qué?
—Estabas soltera.
—¿Te molesta que salga con Dean? —preguntó la pequeña de los Weasley con extrañeza.
—No, pero pasas mucho tiempo con él —respondió rápida Hermione.
—Demasiado. Me agobia mucho —confesó con un suspiro.
"¡Bingo!" gritó la mente de Hermione.
—Es tu novio, le quieres. Se puede perdonar.
"¿Qué hará con ese pringado?" Pensó.
—Es mi novio, pero no le quiero.
Hermione se puso rígida de nuevo. Ginny lo notó y lo achacó a lo directo de su confesión.
Redoble de tambores en la cabeza de Hermione, golpe de platillo.
—Es mono y me encanta besarle. Por eso estoy con él, besarle es divertido, me gusta. Pero… no me muero por él. No sé si me explico.
Recordó a Krum y entendió perfectamente. Ginny profundizó en el masaje y Hermione se empezaba a quedar deliciosamente dormida, extremadamente relajada. En el limbo. Con Ginny en ropa interior.
—Como siga así de pesado, tendré que dejarle, pero no sé, me gustan los besos.
—A mí las mujeres.
Ginny paró de mover las manos y Hermione supo que había hablado en voz alta.
—¿Qué? —preguntó Ginny.
"¡Qué demonios! ¡De perdidos al río!" Se dijo Hermione. Ya había tirado la primera piedra y se moría por quitarse algo más de peso de encima.
—Ginny —dijo volviéndose hacia su amiga—. Me gustan las mujeres.
—¡Gracias a Merlín! —soltó Ginny abalanzándose sobre ella para abrazarla— ¡Pensé que el estúpido de mi hermano te había dejado embarazada o algo así!
—¿Qué? ¡No, Ginny! ¡Puagh! —exclamó Hermione.
Se recompusieron y se sentaron cara a cara en el sofá.
—Bueno, ¿y quién es la afortunada? —preguntó Ginny sin parar de sonreír.
"Mierda." Pensó. Para variar. Pero esa pregunta no podía contestarla, al menos por ahora.
—Nadie en particular —respondió Hermione.
—Venga, alguien tiene que haber.
La prefecta dudó durante unos segundos, pero logró encontrar la mejor respuesta posible, es decir, la que más rápido le sacara del atolladero.
—No, me gustan, en general.
—Pero, ¿estás segura? No sé… ¿has besado alguna vez a una mujer? —inquirió la pelirroja con el ceño fruncido.
—No, ¿y tú? —Hermione intentó darle la vuelta a la tortilla, sorprendida de que Ginny se estuviera preguntando eso.
—Pues no, pero yo no te he dicho que me gusten las mujeres.
—Argumento válido. Aceptado.
—¡Ya sé! —exclamó Ginny como si hubiera encontrado el punto G.
Hermione la miró con desconfianza, la pelirroja solía tener unas ideas bastante descabelladas. Verla tramar con los gemelos no tenía precio.
—Podrías besarme a mí —dijo Ginny con toda la naturalidad del mundo.
"¡Sí!" chilló un hombrecillo en el hombro izquierdo de Hermione.
—No —respondió Hermione con la misma naturalidad.
—Sí, bésame.
"Sí, bésala." Volvió a gritar.
—Que no, Gin. No voy a besarte. ¿Pero qué dices?
—Bueno, no sé, hay confianza entre nosotras. ¿Y por qué no? —inquirió con una ceja levantada.
—Porque eres Ginny Weasley, mi mejor amiga y la hermana pequeña de uno de mis mejores amigos —explicó Hermione.
"Haces bien, Hermione, sé prudente." Dijo una vocecilla en su oreja derecha.
—Oh, venga ya. Soy bastante mona, por si no te habías dado cuenta —replicó Ginny—. Además, ¿cómo vas a saber si esto no es cosa de tu mente incansable? Tampoco es que hayas tenido mucha acción con los hombres, aparte de Viktor.
"Dile que no, no flaquees." Repitió la misma voz.
—¿Me disculpas un segundo? Creo que he oído algo fuera.
Hermione dejó a una turbada Ginevra Weasley en la Sala de los Menesteres y salió a tomar el aire.
