(Femslash) Hermione se comporta de manera extraña desde que empezó el curso pero Ginny quiere recuperar a su mejor amiga cueste lo que cueste.
Rating: NR-16
Disclaimer: El universo de Harry Potter es propiedad de JK Rowling y todo el que haya metido mano con las películas y los libros. Confío en tienen mejores cosas que hacer que denunciarme a mí.
Avisos: Oh, oh, acción chica-chica. Spoilers hasta el Príncipe Mestizo (o Misterio del Príncipe).
Comentarios: Para los 2/3 del BTE, las más grandes de GC, dahl y Jycel; a Booh, que se ha tenido que ir para cumplir responsabilidades; y este va especialmente para Neyade, porque es buena y me deja reviews aunque sea aceite. Sí, van dos seguidos, esto se escribe solo.
CAPÍTULO 6: LA SORPRESA DE GINNY
—Vale, ¿qué demonios ha sido eso? —dijo mirando alrededor.
Miro a su hombro izquierdo y vio a un minúsculo Sirius Black saltando alrededor. En el derecho estaba Remus Lupin mirando con desaprobación a su amigo.
—Canuto, te estás portando como un niño —le recriminó el hombre lobo.
—Lunático, eres demasiado estirado —respondió Black con desdén.
—Vale —dijo Hermione —. Tú estás muerto —indicó a Sirius, que asintió—. Y tú con la Orden, lejos de aquí—explicó a Remus—. Con lo cual ninguno sois reales. Y ya está. Esto no está pasando.
—Claro que está pasando, ¿y sabes por qué? Porque eres una mojigata, Hermione Granger. ¿Tienes el premio gordo de la Lotería y vas a tirar a la basura el boleto ganador? Espero que mi ahijado sea más espabilado que tú.
Hermione resopló y le dio un golpe a Sirius, que se quedó colgado de su túnica. Se volvió hacia Lupin.
—A mí no me mires, yo soy tu parte racional, debería decirte que el que pase en tu cabeza no significa que no sea real, pero eso te confundiría aún más.
—Tienes razón, lo hace —dijo Hermione, que sentía su cabeza girando como una ruleta de casino.
—Carpe Diem, Granger. ¡Bésala! Por lo menos podrás decirte que la saboreaste una vez —replicó Sirius sentado en su hombro.
—No lo hagas, Hermione. Los tres —recalcó mirando a Black— sabemos que esto no puede desembocar en nada bueno. Ginny no sabe que la quieres, esto no significa nada para ella, pero para ti es un mundo.
—Mira, la niña te ha hecho ojitos. Yo creo que quiere probar —a Hermione estuvo a punto de dislocársele la mandíbula—. Siempre puedes hacerte la dura.
La prefecta arqueó una ceja y dudó durante unos segundos si preguntar o no, pero como buena intelectual que era, le pudo más la curiosidad.
—¿Hacerme la dura?
—Oh, no, otra vez no —se lamentó Remus.
Sirius cogió aire, hinchó el pecho como un pavo real y con el dedo en alto empezó a pasear por el hombre de Hermione.
—Imagine por un momento, señorita Granger, que se besa con la señorita Weasley. Bajo ningún concepto debe usted mostrar sentimiento ninguno. Bajo. Ningún. Concepto —recalcó con ligeros golpes en el cuello de la prefecta—. "Beso, gracias, uy qué bien, ha sido agradable, eso es todo". No dejes que la pelirroja se dé cuenta de que estás loquita por sus huesos. Mantente fría, pequeña.
Remus se golpeó la frente mientras negaba con la cabeza.
—Sirius, sabes que eso nunca lleva a buen puerto. ¿Recuerdas el primer beso de James y Lily?
—Claro que lo recuerdo, ¿tengo que mencionarte que terminaron casándose?—respondió Sirius, herido en su orgullo.
—¿Y tengo yo tengo que traerte a la memoria las dos semanas que estuvieron sin hablarse porque James llevó al extremo tu consejo de hacerse el insensible?
—Oh, sí, James jugó duro. Daños colaterales —señaló Black sin darle importancia.
—Canuto, no tienes ni idea…
—Mira, Lunático, no eres precisamente el más indicado para…
Los dos hombrecillos empezaron a gritarse a través del cuello de Hermione hasta que esta se cansó y los tiró al suelo con sendos reveses de manos. Se agachó y ayudó a levantarse a los maltrechos mini-Merodeadores, que con el golpe habían olvidado por qué discutían.
—Gracias chicos, pero creo que por el bien de mi salud mental y de vuestra integridad física, me las arreglaré yo sola de ahora en adelante.
Ambos se miraron y se encogieron de hombros. Con un gesto de despedida, se dieron media vuelta y empezaron a andar pasillo abajo.
—Desagradecida… ¿qué deberíamos hacer ahora?
—¿Cerveza de Mantequilla? —sugirió Lupin.
—¿He oído Whiskey de Fuego? ¡Allá vamos, Cabeza de Puerco! —gritó Sirius cogiendo a Remus por el brazo y echando a correr.
Hermione vio como los dos hombrecillos se perdían detrás de uno de los pasadizos, hasta ahora desconocido para ella. Después de todo, ellos eran parte de los Merodeadores, sabían de ese castillo más que nadie. La prefecta empezó a reflexionar acerca de los secretos aún desconocidos de Hogwarts y la cantidad de cosas que podría haberles preguntado a Sirius y Lupin cuando se dio cuenta de que una pelirroja imponente estaba esperándola al otro lado de la puerta.
Se mordió el labio y agarró el pomo.
—¿Por qué has tardado tanto? Me tenías preocupada.
—Había unos niños de Primero armando escándalo en el pasillo —respondió Hermione tras dudar un momento. Y no era mentira del todo.
Se sentó de nuevo en el sofá, al lado de Ginny, mientras su mente no dejaba de pensar a toda velocidad.
—¿Por dónde íbamos? —dijo distraídamente cogiendo el libro de estudio.
—Te había dicho que me besaras —replicó la pelirroja como si fuera la frase más normal del mundo.
Hermione puso los ojos en blanco y suspiró.
—Ginny…
La pequeña de los Weasley sonrió y fue acercando su rostro al de Hermione con lentitud. La prefecta sólo podía entreabrir la boca, completamente hipnotizada por los ojos marrones que tenía enfrente. Ginny se mojó los labios con la lengua, ya sólo las separaba un palmo de distancia.
De repente Hermione dio un respingo y miró en otra dirección.
—Ginny, esto no está bien —repuso intentando pensar con claridad.
—¡Vamos! Será divertido. Será nuestro secreto, un recuerdo bonito que compartir —Ginny se levantó del sofá y empezó a gesticular por la habitación—. Yo nunca he besado a una mujer, tú nunca has besado a una mujer, sería genial que las dos compartiéramos ese primer beso. Nos conocemos desde hace años y estamos cómodas la una con la otra…
Mientras Ginny seguía con su retahíla de argumentos, Hermione seguía pensando y pensando, hasta que en una décima de segundo, los pensamientos ardieron en el calor sus labios.
Antes de que se pudiera dar cuenta, se había levantado del sofá, había tirado el libro al suelo, tenía a una sorprendida Ginny entre los brazos y la estaba besando.
La pelirroja no puedo evitar sobresaltarse al ver a Hermione avanzando con decisión hacia ella, ni sentir un agradable pinchazo en el vientre cuando la prefecta la abrazó y atrapó sus labios, al principio con dulzura, luego con más intensidad.
