(Femslash) Hermione se comporta de manera extraña desde que empezó el curso pero Ginny quiere recuperar a su mejor amiga cueste lo que cueste.

Rating: NR-16

Disclaimer: El universo de Harry Potter es propiedad de JK Rowling y todo el que haya metido mano con las películas y los libros. Confío en tienen mejores cosas que hacer que denunciarme a mí.

Avisos: Spoilers hasta el Príncipe Mestizo. Amor entre mujeres, a veces físico. En este capítulo sí, físico.

Comentarios: La vida real es el mal, tengo mucho trabajo y tampoco me lo monto muy bien, sinceramente. Chicas Circe, you rock my world! Y echo de menos fangirlear con mis CB. Este capítulo va dedicado a Gaula, que se encarga de recordarme varias veces lo horrible que soy como persona por no actualizar, eso sí, muy suavemente. Y, muy especialmente, a Rebecca Roux, que le pone picante a todos mis días.

Voy a cambiarle el nombre a los capítulos porque en aquel momento parecía una buena idea, cuando iba a ser un fic de pocos capítulos, pero ahora los veo raros. Así que no os extrañéis.

CAPÍTULO 11: ESO ES FÁCIL

Llegó andando hasta el árbol, se paró a su lado y sacó un trozo de pergamino.

"Luna, necesito tu ayuda o me autocruciaré, desnuda, en el lago, al lado del calamar gigante. Te quiere, Ginny."

Lo leyó en alto, monótonamente, con el mismo gesto soñador de siempre.

—¿Es posible lanzarse un Cruciatus a uno mismo? —preguntó, inocentemente, guardando el pergamino de Ginny, e intentando apuntarse a sí misma con la varita.

Ginny se retiró el pelo de la cara, y salió de la cortina pelirroja detrás de la que llevaba escondida desde que se había sentado al lado del lago, en las raíces de un árbol, y había enterrado la cabeza entre los codos.

—Oh, Luna —se levantó de un salto y, lanzándose a sus brazos, frustró los intentos de su amiga de lograr encontrar el movimiento correcto de la varita—. Tengo un problema y no sé qué hacer.

Cuando se separaron, Luna ladeó la cabeza y frunció el ceño. Recordaba pocas veces en las que Ginny le hubiera dicho que tenía un problema, pero, desde luego, ninguna en la que le hubiera confesado que no sabía lo que hacer. Se preocupó, la pelirroja estaba desconocida, tenía incluso cara de haber estado dándole vueltas a algo, cosa que nunca hacía.

—¿Qué ocurre? —preguntó jugando con uno de sus pendientes de rabanitos.

Ginny miró a un lado y a otro, y echó a andar por la orilla del lago. Sabía que Luna la seguiría sin preguntar, porque aunque muchos creyeran que Lunática Lovegood no se enteraba ni del abecedario, era increíblemente sensible para las cosas que le interesaban.

En efecto, la rubia no tardó en estar a su lado. Andaba alegremente, mirando hacia todos lados, seguramente intentando descubrir alguna criatura pintoresca en el ecosistema del lago.

—¿Te acuerdas de que te conté que tenía problemas con Hermione desde que volvimos al colegio, que estaba rara conmigo? —logró decir al cabo de un rato.

Luna se paró un segundo y se quedó pensativa, mirando al cielo.

—Sí, me acuerdo —dijo, sin más, y continuó la marcha.

En esos momentos no sabía si abrazar a Luna o echarse a reír. Lo que sabía seguro era que explicarle lo que era una pregunta retórica nunca había dado resultado, así que después de los dos primeros años, había dejado de intentarlo.

Decidió contar toda la historia del tirón, esperando que Luna no se liara mucho.

—Las cosas con Dean van cada vez peor, ya te conté lo que pasó en el campo de quidditch por lechuza, no lo hemos hablado, pero creo que voy a romper con él. El caso es que Hermione y yo nos besamos hace poco —observó la cara de Luna mientras lo decía, pero la rubia seguía mirando al frente despreocupadamente, así que siguió, alentada por la total falta de reacción negativa por parte de su amiga. O de cualquier tipo de reacción, realmente —. Y fue, no sé, fue increíble, sentí cosas que jamás había sentido con nadie, y no sé si fue porque fue mi primer beso con una mujer, por la situación, porque era alguien distinto a Dean, o porque era… Hermione —casi suspiró su nombre.

Esperó unos pasos, pero Luna seguía con la misma expresión soñadora que siempre, como si no hubiera escuchado nada de lo que le había contado.

—¿Sigues aquí, Luna? —le preguntó Ginny, cariñosamente.

Luna se paró y la miró con una sonrisa cándida.

—Estaba esperando a que me contaras el problema —explicó, rascándose la nariz —. ¿Crees que en el lago habrá Aquavirius Maggots? Les tengo un poco alergia.

La pelirroja levantó una ceja, y se lo tomó con humor. Evidentemente, Luna se había perdido una parte de la conversación.

—No sé, se lo preguntaré a Hagrid —contestó Ginny, encogiéndose de hombros.

Luna sonrió. Ginny era una chica genial, divertida y leal, y nunca se burlaba de ella. No como el resto. Jamás había tenido un mal gesto con ella, ni había atacado sus ideas o las de su padre, y pese a que Luna a veces estaba un poco despistada (hasta la propia Luna era capaz de reconocerlo), nunca perdía la paciencia. Incluso le ayudaba a buscar cuando los compañeros le escondían las cosas.

—Entonces ¿qué es eso tan importante que te pasa? —preguntó Luna.

—Luna, te acabo de contar que Hermione y yo nos besamos, y que no paro de darle vueltas a lo que siento por ella.

—Ah, eso… —Luna se rió como siempre hacía, despacio y con dulzura —Pero eso es fácil.

Y la besó. Ginny sintió algo rápido y húmedo en los labios, y parpadeó un par de veces, atónita.

—Luna, ¿qué…? —logró articular.

—Es fácil, ¿sientes algo? —preguntó Luna, como si fuera la cosa más normal del mundo. Como si le estuviera preguntando si creía que iba a llover.

—No lo sé, yo…

Otro beso la interrumpió. Esta vez Luna le puso la mano en la nuca, y rozó sus labios con la lengua mientras la besaba. Ginny seguía siendo incapaz de cerrar los ojos.

—¿Y ahora? —preguntó con una sonrisa.

—Pues… no —contestó Ginny, sabiendo a lo que se refería la rubia —. Pero…

—Estás enamorada de Hermione Granger —dijo, echando de nuevo a andar y dejando a Ginny, plantada al lado del lago, con la mandíbula hasta el suelo.

Cerró la boca y frunció el ceño. Pese a los métodos poco ortodoxos que había usado Luna, la rubia tenía parte de razón. No es que besara mal, porque besaba de manera muy dulce, pero no, no le daba escalofríos, no le daba ganas de abrazarse a ella, de sentirla.

—Oh —fue lo único que pudo decir, sumisa como estaba en un estado mental de total clarividencia, acordándose de ciertas cosas, de ciertas situaciones y planteándose si no llevaba sintiendo algo especial por Hermione más tiempo del que estaba dispuesta a admitir.

—¿Vienes? —oyó a lo lejos.

Sacudió la cabeza y sus pies regresaron a la tierra. Corrió hacia Luna, llena de preguntas que resumió en una sola.

—¿Y qué hago ahora? —murmuró.

—Supongo que romper con Dean y decirle a Hermione lo que sientes —contestó Luna, como si fuera algo evidente.

Por una vez, se alegró de que Luna no supiera lo que era una pregunta retórica, pero sólo pudo esbozar una sonrisa triste.

—No es tan fácil.

Luna se paró, de nuevo, para mirarla a los ojos.

—Sí, lo es. Lo difícil es lograr encontrar a una persona que te llene, a la que querer, y que también te quiera a ti —explicó Luna, con un aplomo que dejó pasmada a Ginny.

Cuánta razón podía tener a veces esa chica. Ginny lo sabía, pero se seguía sorprendiendo de la extrema lucidez que era capaz de mostrar Luna.

Una sonrisa enorme le tensó los labios y se sintió llena de un reconfortante buen humor después de todos los días extraños que había tenido últimamente. Se acercó hacia Luna, que subía la colina y le dio un codazo cariñoso.

—¿Y tú dónde has aprendido a besar así? —preguntó, con malicia.

—Oh, Neville es un chico muy dulce y atento —reveló Luna con una sonrisa soñadora en la cara.

El camino de vuelta a la Sala Común estuvo plagado de carcajadas y miradas cómplices, y Ginny consiguió sonsacarle detalles que hicieron a Luna sonrojarse.

Dejó a Luna, que tenía que pasarse por la Lechucería a enviar una carta a su padre, y se dirigió hacia la Biblioteca, porque estaba segura de que Hermione se encontraría ahí.

Había tenido tanto tiempo hirviéndole dentro los sentimientos, que ahora pugnaban todos por salir, al mismo tiempo y sin ningún tipo de control. Necesitaba verla.

Abrió las puertas con energía y la vio, sola en una de las mesas, con los codos apoyados sobre la tabla, absorta en un libro de clase.

En ese momento, con las manos todavía en los tiradores de las enormes puertas, a Ginny Weasley se le paró el corazón, y cuando volvió a latir, eran latidos diferentes a los anteriores. Todos y cada uno le gritaban el mismo nombre.

Se tomó unos minutos para observarla, para mirarla como se merecía, como su mejor amiga, como su mayor confidente, como una mujer sexy y elegante que no tenía ni idea de cuánto lo era.

Y cuando Hermione se humedeció los labios, ajena al repaso que le estaba dando Ginny, la vio, definitivamente, como la persona a la que quería besar hasta quedarse sin labios, y sin lengua, y sin aire.

Hermione lo notó. La sintió antes de verla, por eso cuando levantó la mirada, sabía exactamente adónde tenía que dirigir los ojos. Al verla ahí, parada delante de la puerta de la biblioteca, erguida como una leona, mirándola con esa intensidad, se quedó sin aliento. Y no ayudó el que la pelirroja echara a andar hacia ella, con la mirada fija e intenciones indescifrables.

Besarla. Besarla. Besarla. Besarla. En la cabeza de Ginny, sólo un pensamiento, muchas repeticiones. Iba a besarla, y ya podía venir la señora Pince después y echarla de la biblioteca durante un mes, porque iba a besarla de todas formas.

Sólo quedaban unos pasos más. Hermione no le quitaba ojo de encima, intentando adivinar qué era lo que quería. Y escuchó un libro caerse. Se volvió por instinto y le vio, mirándola con ojos acuosos. El chico bajó la mirada, avergonzado, y recogió el libro que se le había caído al verla aparecer.

Ginny miró a Hermione, y sabía que, aunque se moría de ganas, no podía hacerlo. No con Dean delante, no era justo ni para su novio ni para Hermione.

Retomó el rumbo y se sentó junto a Hermione, que se había dado perfecta cuenta del cambio de cara de Ginny. Cuando cerró el libro y esbozó una media sonrisa, Ginny le retiró un mechón de pelo de la cara, rozándole la mejilla al hacerlo. Casi como en un acto reflejo, cerró los ojos, disfrutando del tacto de los dedos cálidos que ahora delineaban el contorno de su oreja. Ginny no pudo resistirse al verla así y la cogió de la nuca, para acercarla, y llevó los labios hasta su mejilla.

Quizá tardó más de lo que debería, pero quería dejarle claro que eso sólo era un aperitivo. Al sentir la mano de Hermione posarse en su muslo, tuvo que separarse de ella para no ir a por sus labios y se quedó mirándola, mesándole el pelo por detrás.

—Eres la mejor —le susurró, y se marchó apresuradamente, con otro breve pero intenso beso en la mejilla.

Hermione la siguió con la mirada hasta que se perdió por la salida. Apoyó de nuevo los codos sobre la mesa y la cara en una de las manos. Todavía le quemaba el sitio en el que la había besado Ginny. Si esta era la forma que tenía Ginny de que olvidara que le había dado con la puerta en las narices el día anterior, tenía que admitir que era más efectivo que un Obliviate.

Un trozo de pergamino apareció delante de su Elaboración de pociones avanzadas y obligó a Hermione a volver a la realidad. Ron se sentó a su lado y se revolvió la mata de pelo pelirroja con una mano, estirando las piernas por debajo de la mesa.

—Hermione, tienes que ayudarme con esta redacción, ya ni yo mismo entiendo lo que escribo —se volvió a mirar a su mejor amiga y se dio cuenta de que tenía las mejillas coloradas —. ¿Tienes calor? Pareces estar asada.

—No, no, estoy bien —aseguró Hermione, moviéndose nerviosamente en la silla.

—¿Seguro? —colocó el dorso de su mano sobre la frente de Hermione —. Estás caliente.

"No sabes cuánto" Pensó para sí la prefecta.

Oyó ruido en la mesa de al lado, y, al girarse, vio que Dean recogía los libros a toda prisa y salía detrás de Ginny. Y Hermione sabía perfectamente a lo que iba su compañero de casa, así que decidió corregir la redacción de Ron para evadirse un poco.

—Oye, Hermione, si "slug" es babosa y "horn", cuerno, ¿el profesor Slughorn se apellida Cuerno de Babosa? ¿Es que las babosas tienen cuernos? ¿No eran los caracoles? —recapacitó Ron muy seriamente empujando con los pies para balancear la silla.

La prefecta no pudo más que mirarle y echarse a reír. Esas reflexiones profundas eran parte del encanto Weasley.