Definitivamente , me estaba volviendo loca. Cancelaba mi viaje a Ámsterdam para ir a Hamburgo tan solo 2 días antes de irme. No pensaba decírselo a mamá, ya que sabía que le daría un gran disgusto, ella tuvo que aguantarme durante años diciendo que mi sueño era ir a Ámsterdam.
Estaba asustada, no sabía lo que me encontraría, ya había pasado un mes desde la última vez que vi a los chicos, ¿Y si las cosas habían cambiado? Me moría de ganas por abrazar a George y ver esos dientes de conejo de Paul ¿por qué no respondería? Estuve horas dando vueltas en mi cabeza intentando averiguar porque Paul podría estar molesto conmigo y no encontré ninguna respuesta ¿acaso dije algo malo?
Ahora sólo hacía falta esperar al día de nuestra partida , coger aire y afrontar las cosas de una vez por todas.
A las 3 de la mañana sonó el despertador. A pesar de mis nervios esta vez pude dormir con tranquilidad. Ya tenía toda mi ropa y mi maleta preparada para irme lo más rápido posible, así que cogí mi pasaporte, me puse el abrigo nuevo y me fui.
Jules me estaba esperando en la estación de tren con todo preparado, sería un largo viaje así que trajo algo de fish&chips para el camino.
El ruido del tren no me dejó dormir hasta llegar a Londres y eso hizo que me pusiese muy nerviosa, por suerte, al llegar al aeropuerto pude tomar el aire y recuperarme del mal viaje.
El avión partió hacia Berlín ese mediodía, Jules y yo estuvimos todo el viaje hablando y planeando lo que haríamos durante nuestra estancia en Hamburgo. En ese momento me di cuenta de que si ella quería pasar la mayor parte de tiempo con Pete yo tendría que quedarme sola o con los chicos. Jules estaba cada vez más ansiosa por ver a Pete, con un poco de suerte en 5 horas ya podría abrazarlo.
El avión llegó puntual a Berlín. Una vez en la estación de tren, Jules fue a una cabina para llamar a Pete, no nos conocíamos Hamburgo así que era mejor que nos viniese a buscar.
Cansadas de tanto viaje, volvimos otra vez a coger un tren, ahora sí, hacia Hamburgo. Debido a mi agotamiento dormí todo el camino, era de noche y nuestro vagón estaba completamente en silencio.
Deberían ser las 23:30 que llegamos a la estación.
Esa noche, aun siendo verano hacía un poco de frío. Cogí mi abrigo y la maleta y salí del tren cómo pude ya que detrás de mí me seguía una avalancha de soldados alemanes en busca de sus familias. Nada más salir pudimos ver a Pete con un ramo de Flores, Jules fue a su encuentro dejándome a mí con sus maletas. Se abalanzó sobre él y empezó a besarle con insistencia y asimismo le correspondió Pete. Parecía que no se habían visto en veinte años, me sentí incómoda ante semejante escena. Al fin pararon y me pude acercar prudentemente.
GINA: ¡Hola Pete!
PETE: ¿Gina? ¿Qué estás haciendo aquí? – dijo con visible asombro
GINA: Visita de cortesía
PETE: Jules no me avisó que venías, ¡verás que sorpresa se van a dar los chicos!
GINA: Ah, ¿no saben nada?
Aún estaba a tiempo de arrepentirme e irme.
PETE: No. Jules dormirá en mi habitación con George y Stu, no sé dónde vas a dormir tú, ¡eres una invitada sorpresa!
GINA: Menudo problema…
PETE: Quizá Astrid pueda…
Pete se vio forzado a terminar la frase ante el incipiente beso de la impaciente Jules, ¡parecía una cría!
Pete nos ayudó a cargar las maletas y en taxi llegamos hacia el barrio de . Era un barrio lleno de luces, gente, casinos, sex-shop, salas de striptease y sospecho que más de un prostíbulo.
Los chicos vivían justo encima del Star Club.
Hoy no les tocaba actuar así que tenían la noche libre.
Dejamos nuestras cosas es una pequeña sala comunitaria en el primer piso. El piso constaba de una sala comunitaria con algún sofá y mesa, que daba a cuatro habitaciones, en dos de ellas vivían los chicos. Al entrar a fisgonear en una pude ver claramente que se trataba de la de John. Allí estaba su guitarra, posters de chicas semi-desnudas, papeles, ropa… parecía una pocilga… pero no dormía solo él , puesto que habían cuatro camas, imagino que los otros serían Paul y alguien más que no conocía.
Mientras observaba el gran poster de Brigitte Bardot que acababa de descubrir detrás la puerta entró Pete.
PETE: Gina , hemos quedado con los chicos en quince minutos para hacer unas cervezas, ¿vienes?
GINA: Por supuesto.
Caminando por las calles de Hamburgo, aún no podía creer la locura que había hecho hiendo a Alemania. Todo era tan diferente allí, los edificios, las calles, incluso la gente .
Pete nos hizo una señal y entramos a un pub escondido detrás de una gran columna. Era sombrío y olía a madera vieja y polvo. Justo al entrar , en una gran mesa pude ver a los chicos. Me sobresalté, empecé a respirar más rápido e incluso puedo decir que me temblaron las piernas.
Jamás olvidaré la cara de mis teddy boys al verme.
GEORGE: Pero qué demonios…
GINA: ¡Visita sorpresa!
Me senté apresuradamente en la mesa al lado de George , John estaba justo en frente de mí , a su lado Stu con una chica rubia que deduje era Astrid,
a su lado Paul y luego George.
Pete y Jules aún estaban a lo suyo delante la puerta. Al primero que miré fue a John, estaba sentado en frente de mi con una jarra de cerveza en sus manos, me lanzó una mirada tan profunda que me atravesó por completo.
Nos quedamos mirando hasta que Ástrid interrumpió nuestra conexión para hablar.
ÁSTRID: Hi Girl, tú debes ser Gina, yo soy Ástrid, ¡un placer! – dijo efusiva y con un marcado acento alemán.
GINA: Sí, ¡esa soy yo! Así que tú eres la famosa Ástrid que ha encandilado a Stu.
STU: Eh, ¿cómo sabes eso?
GINA: Tengo informadores…
Stu y Astrid miraron a George con cara de acusación hasta que se echaron a reír.
GEORGE: Eh , ¡ella preguntó! . Chicos, perdonadme un momento, creo que me reclaman – dijo guiñando un ojo.
George se dirigió hacia la barra para hablar con una mujer que debería tener unos 30 años, parecía que se conocían bien, no me hizo falta mirarlos mucho para darme cuenta de que eran amantes.
Al irse George quedé automáticamente al lado de Paul, todo estaban hablando entre ellos, así que supe que era el momento de acercarme a él para hablar, aún no me había saludado.
Había mucho ruido y música así que tuve que acercarme a su oído para hablar, volvía a sentir su olor después de un tiempo y mi piel se estremecía.
GINA: Oye Paul, ¿cómo estás?
PAUL: Bien, bien… - dijo secamente y con desgana.
Al decirme eso volteó su mirada hacia un punto alejado dejando de mirarme. No entendía ese desprecio… me entraron unas ganas tremendas de llorar, pero también de abrazarle…
Me aseguré que no se notase que se me estaban a punto de caer las lágrimas y le di un golpe en el brazo para que se girase hacia mí. Paul me miró.
GINA: ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Sabes lo que te he echado de menos?
PAUL: Yo si te he echado de menos Gina, tú no lo parece…
¿Qué?
GINA: Te escribí
PAUL: Ya…
GINA: Jamás respondiste.
PAUL: Lo sé.
GINA: ¿por qué? - le dije acariciando su mano.
Paul apartó su mano repentinamente.
PAUL: No voy a gastar papel por alguien a quien no intereso
GINA : ¿pero qué dices?
En ese momento John me agarró del brazo para sacarme a bailar. Sonaba Please don't touch ( watch?v=iUId0olhWGU ).
Empezó a bailar como un loco y yo con él. John reía de una manera que jamás le había visto, estaba feliz. Nos miramos sin decir nada , pasándonoslo bien hasta que en un momento me cogió de la mano para llevarme a un sitio apartado del pub . Nos sentamos en un rincón sentándonos en sofá rojo y grande , fuera de la vista de los demás. La música no era tan alta ahí, así que por fin hablamos.
JOHN: Oh Gina, estás aquí , ¡estás aquí!
GINA: Sí, que locura eh?
JOHN: No sabes cuantas ganas tenía de tenerte cerca y de …
John me agarró por la cintura para acercarme hacia él. Estábamos peligrosamente cerca. Acercó sus labios hacia los míos. ¿Quería besarme? Dios sabe que quería que lo hiciera, de hecho jamás nos habíamos besado, una vez tuvimos oportunidad en casa de Paul pero me negué. Sentía a John cerca y eso me hacía latir el corazón a mil por hora. Podía sentir el olor a cuero de su chaqueta y su sudor , muy diferente a la olor a jabón y a veces colonia de Paul… no, no era momento de pensar en Paul. John se acercó hacia mí poniendo su mano en mí nunca haciéndome soltar un suspiro ahogado y después se apartó.
JOHN: Ay… , ¿creías que iba a besar? – dijo juguetón.
Oh no, John Winston Lennon, eso no se le hace a Gina Jones.
Me quité el abrigo que aún llevaba puesto para dejarlo en el reposabrazos del sofá, volví a acercarme y me incliné sobre él haciendo que se apoyara en el sofá por completo. Medio sentada , medio sobre de él me dejé caer sobre su pecho sutilmente poniendo una mano en su hombro y la otra alrededor de su cuello y lo besé.
Estuve esperando ese momento por mucho tiempo . Al principio John parecía no responder pero al cabo de unos segundos me devolvió el beso . John era muy fogoso y posesivo. Sus besos me dejaban sin respiración, pero no necesitaba respirar si tenía a John tan cerca de mí. Sus labios chocaban con los míos de una manera que me encendían por dentro. En un momento, John se giró de tal manera que esta vez estaba él sentado y yo apoyada en el sofá. A John le encantaba llevar la batuta y estar al mando. Empezó a besarme y a mordisquearme por el cuello…
JOHN: Oh Gina no sabes cuánto he esperado este momento – decía a media voz.
Quería responderle pero no podía, estaba en mi mundo, inmersa en los besos de John y en las manos que disimuladamente John iba entrando debajo de mi camiseta. Jamás había estado tan cerca de John. Me besaba de un modo al que no me podía resistir, a ratos dulce, a ratos abarcándome sin dejarme escapatoria.
GEORGE: Eh, chicos… - George se nos quedó mirando con asombro. No nos habíamos percatado de su presencia.
Los dos nos apartamos de golpe , uno en cada punta del sofá. Entonces reprendió su frase.
GEORGE: Nos vamos ya, John, paga tu ronda y te esperamos fuera, Gina ven conmigo.
GINA: Sí.
Me levanté y fui a la salida con George. Me sentía terriblemente avergonzada y confusa.
PETE: Gina, tú vas a dormir en la habitación de Paul y John.
¡Lo que me faltaba!
GEORGE: Yo creo que es mejor que duerma con nosotros y que se cambie por Jules.
PETE: No – dijo tajante – quiero a Jules en nuestra habitación…
GEORGE: Bueno, como quieras - George me miró con cara de advertencia.
Sí, acababa de besarme con un chico con novia como si nada en un sitio público. Me sentía gozosa y culpable.
Llegué a la habitación. Fui al baño a ponerme el pijama y luego a la habitación para ocupar mi cama, dormiría en la cama de Stu , que se había quedado en casa de Astrid. Paul estaba ya en la cama, no me atreví a darle las buenas noches aunque me moría de ganas, me sentía culpable aun sin tener nada con él.
Me metí en la cama y Paul , que pensaba que dormía , se levantó a cerrar la luz. Cerré los ojos y me giré hacia la pared sin poder dormir hasta que llegó John haciendo un ruido tremendo y por fin entrando en su cama.
Estuve casi dos horas para poder dormirme, escuchando la respiración de John y Paul, de mis chicos.
