Sentí que alguien me estaba cogiendo la mano, esa calidez… la conocía perfectamente. Apreté mi mano como pude para intentar despertar mi cuerpo poco a poco.
PAUL: Oh cariño, ¿estás despierta? ¿Puedes oírme?
Oír la voz de Paul me reconfortaba, me hacía falta como el aire que respiraba y cuando lo necesitaba, estaba allí, siempre.
BEE: ¿Está despierta?
Saqué fuerzas de donde pude para abrir los ojos lentamente, lo primero que vi fue el dulce y sincero rostro de Paul mirándome con preocupación.
No pude evitar que me cayeran unas lágrimas, no eran de dolor, no eran de tristeza, eran porque me sentía segura y a salvo teniendo a Paul a mi lado.
Apoyé los codos como pude y me incorporé.
PAUL: Eh Gina, cuidado, descansa…
GINA: Paul, te quiero, te quiero tanto… - le dije abrazándolo
PAUL: Y yo… estaba muy preocupado por ti…
GINA: ¿Y mamá?
PAUL: Ha estado toda la noche aquí, se ha ido hace un rato, como los demás, necesitaba dormir.
GINA: ¿Y tú? ¿Has estado aquí toda la noche? ¿Has dormido?
PAUL: Un poco…
GINA: No mientas McCartney, te has quedado aquí conmigo todo el rato…
Paul se tumbó en la camilla junto a mí, me acarició el pelo con ternura y me abrazó.
PAUL: No podía dejarte sola, te diste un buen golpe
GINA: Ya, eso parece – en ese momento me percaté del chichón que tenía en la cabeza.
Bee se levantó de la silla y se dirigió hasta la puerta.
BEE: Chicos, me voy abajo a coger unos bollos, ¿queréis?
GINA: No gracias.
PAUL: Yo tampoco, gracias Bee.
Paul volvió la mirada hacia mí.
PAUL: Así que Dot te hizo esto… - apretó el puño con fuerza.
GINA: Oye Paul… deja a Dot, es entre ella y yo, y además…
PAUL: Y además ¿qué Ginie'? podrías haberte hecho mucho daño, e incluso perder el bebé…
El bebé, no había pensado en el hasta ahora ¿seré una buena madre? Mi instinto maternal aún no había aflorado, pero como dice mamá, aparece en cuando tienes el niño en brazos.
PAUL: Los médicos dicen que se ha movido un poco la placenta pero que está bien, simplemente debes ir con cuidado… y por supuesto hablaré con Dot.
GINA: No, por favor. Yo hablaré con ella, simplemente está dolida ¿sabes? Entiéndela, ella estaba enamorada de ti y es lógico que le duela… parece como si nunca hubieses estado enamorado…
PAUL: Lo estoy desde el primer día que te vi en Speke Srta. Jones.
De pronto alguien irrumpió en la habitación, eran Stu y Astrid.
STU: Mirad a la señorita Gina, ¿quieres quitarme el protagonismo?
ASTRID; Eh, no bromees con eso, no quiero ver más gente en el hospital.
GINA: ¡Ni yo! Estoy bien, gracias por venir chicos.
ASTRID: Oye Paul, puedes irte a dormir, yo me quedo con ella, además hoy le dan el alta y tú tienes que descansar, mañana os vais a Londres.
PAUL: Sí, ni lo recordaba.
Paul y los chicos estaban muy ajetreados con todo lo del disco y aunque me alegraba, lo echaba de menos en sus estadas en la capital.
PAUL: Lo haré, ¡adiós chicos!
GINA: Sí Paul, mejor que descanses, llámame.
Paul me besó en los labios y se fue mirándome antes de salir por la puerta.
STU: Bueno Gina, ten, para que te mejores – Stu me dio una cajita azul que intuí eran bombones
GINA: Stuart… intuyo un cierto olor a chocolate
STU: Y del bueno, si no lo quieres…
GINA: ¡Oh sí, lo quiero! Creo que me gusta que me vengan a visitar – sonreí – Paul me dijo que vinisteis todos esta mañana, seguramente estaba medio inerte mientras estabais muy preocupados. …
ASTRID: Sí…
Hubo un pequeño silencio.
GINA: Y… ¿sabes si él…?
Astrid torció la boca y se tocó el pelo.
ASTRID: No, no ha venido, lo siento.
GINA: Oh no, tranquila.
John no había tenido el valor de venirme a ver al hospital, si no era capaz ni de hacer eso, ¿cómo pretendía que le diese otra oportunidad?
ASTRID: Ginie'…
GINA: Si vas a decirme lo mismo que Paul, paso, no quiero hablar más de lo que pasó esa noche
ASTRID: No, no es eso. No quiero que hablemos de lo que pasó en las escaleras, sino lo que pasó en el baño…
GINA: ¿Baño? ¿Pero cómo…?
STU: Se lo he contado yo.
ASTRID: Sí, John se lo ha contado a él, y él a mí…
GINA: Bueno pues entonces… no tengo nada que decir…
ASTRID: Gina cariño… sé que fue duro para ti, podemos hablarlo
GINA: No hay nada que hablar…
STU: Astrid, ¿podrías dejarnos solos?
ASTRID: Eh…sí, sí.
Astrid se fue al pasillo mientras Stu se sentó a mi lado.
STU: Oye Gina, sé que a veces es difícil comprender a John, es un insensato y mete la pata una vez detrás de la otra pero… ahora no necesita tu desprecio, sino tu comprensión, está muy perdido…
GINA: No me lo pone muy fácil…
STU: Sólo inténtalo…
Esa tarde me dieron el alta y me fui a casa. Aún tenía algunos moratones pero mi cuerpo estaba bien.
Llamé a Paul en cuanto llegué a casa. Los chicos estaban en un hotel de Londres con Brian, ultimando los últimos detalles para el lanzamiento de su disco. Lo habían grabado en un tiempo récord y el primer single saldría en dos semanas.
Al colgar el teléfono sentí una extraña sensación, sentía que era el momento de hacer algo que no sería muy agradable de hacer pero que no podía dejar para más adelante, hablar con Dot.
Fui a buscar el listín de teléfonos que guardábamos al lado de la radio. Busqué el número de casa de Dot, mamá lo tenía apuntado ya que conocía a la señoraRhone, su madre.
Marqué el número y me puse tensa, no sabía que decirle, ¿debía ser comprensiva con ella o echarle en cara su mala actitud?
GINA: Hola… Soy Gina Jones, ¿está Dorothy?
DOT: Soy yo, ¿qué quieres? – dijo en tono seco
GINA: Ah. Hola Dot ¿cómo estás?
DOT: ¿Por qué me llamas?
GINAS: Verás yo… sólo quería decirte que aunque lo que hiciste fue horrible… te entiendo…. entiendo tu dolor… y, Bueno, supongo que podrías haberme expresado tu enfado de una manera… menos física.
DOT: ¿Estás bien? – dijo con voz comprensiva pero aún seria.
GINA: Sí… y respecto a lo del baño… no sé lo que tenéis con John pero….no quiero saberlo, no diré nada.
DOT: Por dios, anda ya Gina ¿crees que tengo algo con John? Sólo lo hice por joderte a ti.
GINA: ¿A mí?
DOT: Sí, tú me quitaste al hombre que quería, y yo… no puedo, pero sé que lo de John te dolió.
GINA: Te equivocas…
DOT: No Gina, no soy ciega, sé lo que sientes por John
GINA: No…
DOT: Mira, me da igual, ¿pero sabes? No quiero ni tu pena ni comprensión ¿de acuerdo? Nunca entenderás lo que es ver como el hombre que quieres se escapa delante de tus narices sin que puedas hacer nada.
En realidad sí lo sabía…
GINA: Jamás quise hacerte daño
DOT: Pues lo hiciste.
Dot colgó el teléfono de golpe. Si pretendía que la llamada fuera para aliviarme, tensó las coses aún más, John me hacía sentir mal incluso cuando no estaba.
