Hola, hola hace cuanto que no actualizo? Me siento mal con solo pensar en ello… bueno pero estoy aquí eso es lo que cuenta. Como ya saben los personajes son de J.K Rowling, la historia basada en una vieja y desgastada novela cuyo nombre y autor todavía desconozco. Si saben o le suena la historia me dicen.

Bueno pues a leer y que disfruten.

Amor en los viñedos

Densos nubarrones se acumulaban en el cielo el día que Ferdie se dirigía, en compañía de su padre, hacia Bordeaux. La tormenta estallo con violencia en toda la península durante el fin de semana.

Hermione se encontraba casi inconsolable en su apartamento que le parecía inhóspito sin la presencia de su hijo. Sin embargo, el sentido común le decía que había hacho bien en alejar a su hijo de esas condiciones climáticas aun cuando alimentaba ciertas dudas acerca de la conveniencia de dejarlo con Severus todos esos días.

-Siempre le asegure que hacia mal en no informarle a su esposo que tenía un hijo –le reprocho el doctor Dumbledore cuando le hablo por teléfono para informarle que había enviado a Ferdie con él. Esta opinión hizo que el sentimiento de culpabilidad que la agobio todos esos años se acentuara-. La decisión de enviarlo con su padre a su hacienda no únicamente facilitara que supere su enfermedad, sino que le dará oportunidad de que se conozcan.

Sintió un gran estremecimiento ante estos pensamientos que la agobiaron sin piedad en los días siguientes.

Hermione estaba muy deprimida el martes por la mañana cuando Luna le telefoneo a la oficina para invitarla a almorzar. Aunque con recelo, ella acepto. Ver a Luna otra vez seria un alivio al tenebroso mundo de angustia en el que se encontraba desde la partida de su hijo, pues tal vez podría traerle noticias de Ferdie. Mas tarde, cuando se dirigía para encontrarse con su amiga, recordó que no le informo, por la misma urgencia de los acontecimientos, de los últimos sucesos.

-Creo que Ferdie se encuentra en Bordeaux con Severus -dijo Luna, en cuanto se sentaron en la mesa.

-Si, es cierto –le confirmo nerviosa-. Tuve que dejar que se marchara antes que yo por que el doctor insistió en que debía alejarlo de aquí cuanto antes.

-¿Ya aceptaste la propuesta de Severus?

-Sabes tan bien como yo que no me quedaba otra oportunidad. Voy a irme a Bordeaux el sábado próximo.

Cruzo sus dedos mentalmente al decir esto y ultimo y comieron en silencio.

-No es que quiera presionarte, Hermione –reanudo Luna la conversación una vez que les sirvieron el café-. Pero, ¿Qué sientes respecto a Severus?

-Si lo que quieres es preguntarme si todavía lo amo la respuesta es "no" –le contesto con tanta calma que asta ella misma se sorprendió-. Mi amor por él murió hace mucho tiempo.

La expresión de su amiga no reflejo sus pensamientos. Entonces recordó que Luna siempre se caracterizo por no manifestar con facilidad sus pensamientos cuando no quería hacerlo.

-Si en algún momento nenecitas cualquier clase de ayuda o quieres hablar con alguien, no dudes en llamarme de inmediato.

-Eres muy bondadosa, Luna. Gracias.

-También yo viví tiempos difíciles –le confeso y en sus ojos hubo un fugaz destello-. Sin embargo tuve a mi tía Edwina una buena confidente y consejera. En cambio tú no tienes a nadie y yo considerare un honor si confías en mí.

-Otra vez, ¡muchas gracias Luna! –sonrió Hermione tratando de contener las lagrimas que, en lo últimos días querían brotarle con suma facilidad por lo que cambio de tema-. ¿Vive tu tía todavía?

-Afortunadamente, si –aparto la tasa vacía y se llevo a tasa a los labios-. Tía Edwina pasa la mayor parte del tiempo viajando, visitando parientes y como turista por todo el país, pero siempre regresa a Solitaire para la navidad y permanece con nosotros hasta después de la vendimia.

-Espero que mi visita a tu casa no haya provocado disgustos innecesarios entre Draco y Severus.

-Por supuesto que no –le aseguro de inmediato-. En realidad esa noche estábamos invitados a cenar en Bordeaux.

Charlaron un raro mas. Después Hermione consulto su reloj y dijo:

-Debo regresar a la oficina.

-Y yo tengo que regresar a Solitaire.

Se levantaron. Luna pago rechazando el ofrecimiento de Hermione para liquidar su parte. Cuando salieron la rubia puso una mano en el hombro de su amiga.

-Me dio mucho gusto que pudieras acompañarme a almorzar y espero que nos podamos reunir con mayor frecuencia en el futuro.

Con una sonrisa se despidió y se dirigió a su elegante Mercedes blanco. Hermione pensó que seria magnifico que pudiera remudar la amistad con Luna Malfoy.

El resto del día transcurrió lentamente para Hermione y comprendió que ya no podía reprimir el deseo de hablar por teléfono a Bordeaux para tener noticias de su hijo, por lo que, después de la cena tomo el aparato.

-¿Cómo esta Ferdie? –pregunto sin mas preámbulo cuando escucho la voz de Severus.

-Esta bien, pero no es conveniente que hables con él, no quiero que se inquiete.

-¿Quieres decirle que hable?

-Lo haré –hubo un extraño silencio y después pregunto-. ¿Algún mensaje?

-Nada más dile que lo quiero mucho y que estoy ansiosa para que pasen pronto los días y me pueda reunir con él.

-Espero que no supondrás que tú presencia en Bordeaux será de vacaciones o como días de fiesta.

-Me ofreciste un trabajo y espero desempeñarlo lo mejor que pueda –le replico molesta.

-¿Cuándo vendrás?

-Saldré de aquí el sábado en la mañana.

-El apartamento estará listo cuando tú llegues –le informo y después de darle las buenas noches, la dio por terminada.

Sus manos temblaban y su boca estaba seca cuando dejo el aparato. Se sentía turbada pero además, excitada.

Tomo un libro para leer en la cama y lo hizo hasta tarde, pero, cuando se dispuso a dormir, se dio cuenta de que no podía hacerlo. Su mente regresaba a tiempos pasados. Incomoda, decidió apartar esas ideas, mas fue inútil.

-¡Eres adorable! ¡Completamente adorable! –evoco la voz de Severus que le murmuraba y vio otra vez que sus ojos brillaban de deseo mientras ambos disfrutaban de sus caricias.

El terror de la noche de bodas apareció tal real que su respiración se acelero y su frente se perlo de sudor. Recordó el miedo que la invadió ante la terrible pasión que sabia que Severus apenas había podido contener. Pero sentía más miedo por la pasión que él había despertado en ella. Al principio, se mostró muy gentil, mas después llego a excitarla a tal grado que olvidaba por completo su timidez y su pudor. Recordó cuando la desnudo en medio de caricias sensuales y devoro con la mirada su virginal cuerpo, repitiéndole a media voz:

-Eres adorable, completamente adorable, Hermione.

Lo que siguió después fue como una pesadilla. Su deseo, incontrolado ya, se desato salvaje y no terminó hasta que logro despertar en ella todos sus instintos que estaban latentes, de tal forma, que la hizo enjugar unas cuantas lágrimas una vez que quedo profundamente dormido a su lado.

Se sentó en su cama, su respiración estaba entre cortada y transpiraba copiosamente. Este aspecto de su matrimonio con Severus era algo que en muy raras ocasiones se permitía evocar y siempre procuraba alejarlo de su mente. Pero en esta ocasión no pudo. ¿Por qué? Oculto su cara entre las manos, pero no podía alejar esta obsesión. Aquellas imágenes continuaban brillando frente a ella sin que pudiera evitarlo.

Talvez entonces era demasiado joven e inexperta. La intensa llama de la pasión con que la deseaba, despertó un deseo igualmente fuerte en ella. Ella era virgen en cuerpo y alma y esas emociones la habían asustado más allá de todo lo razonable.

-Dios mío –murmuro dejándose caer en la almohada-. No permitas que la vuelva a amar. ¡Por favor! No me dejes caer otra vez en la misma trampa.

Por fin, el sueño la venció. Al día siguiente la continuaron asaltando esos tortuosos pensamientos aunque trataba de concentrarse en su atrabajo. Tampoco se pudo librar de ellos por la noche, mientras ordenaba y guardaba todas sus pertenencias personales para desocupar el apartamento amueblado.

Cuando sonó el teléfono, poco después de las ocho de la noche, pensó de inmediato que Ferdie había recaído, pero al contestar, escucho la voz de Luna.

-Pensé que te gustaría saberlo. Vimos a Ferdie la otra noche y esta muy bien.

-¿Parece feliz con Severus?

-Si –le aseguro Luna-. Lo sigue por todas partes, como una sombra y su padre parece disfrutar al llevarlo consigo.

-Me… me alegra mucho –murmuro tratando de ocultar los celos.

-Pudimos ver el apartamento donde te instalaras –comento-. Esta muy bien amueblado y Ferdie me dijo que ayudo a Salomé a lavar las paredes y alacenas.

-¿Todavía esta Salomé en Bordeaux?

-Dudo mucho que se marche. Su familia trabaja allí desde hace tres generaciones y ella ni conoce ni quiere conocer otra clase de vida.

-Me hace feliz saber que por lo menos encontrare un rostro familiar en la finca.

-Encontraras muchos rostros familiares. El ayudante de Severus, Ron Weasley, ¿te acuerdas de él? Esta casado pero todavía trabaja allá. El personal de la oficina ha cambiado, pero en cambio la servidumbre de la casa es la misma y me dijeron que están muy contentos por tu regreso.

Hermione no contesto a esto y cuando terminaron de hablar deseo que el personal que trabajaba en Bordeaux no se decepcionara al saber que no regresaba para ocupar su antiguo sitio.

Se sintió al mismo tiempo agotada y consolada cuando devolvió las llaves del apartamento, el sábado por la mañana y acomodo su equipaje en el Renault. Por fin, se dirigía hacia Bordeaux para reunirse con Ferdie y puso el motor en marcha. Se dirigió hacia la carretera que la llevaría a Paarl y se volvió a ver deprisa la montaña Table, rodeada de esas acostumbradas nubes cagadas de humedad.

El viaje a Paarl requería poco mas de una hora por una carretera en de cuyos lados había tres enormes rocas de granito características e confundibles que, en ocasiones, parecían enormes perlas; las rocas Paarl, Britannia y Gordon. Cuando las vio Hermione sintió una extraña tensión. Ese fue el sitio en el que conoció a Severus. Pero en esta ocasión no quería pensar en pasado, quería concentrarse en la conducción de su automóvil y en futuro.

Bordeuax se localizaba al sureste de Paarl, entre esta población y las montañas de Klein Drakestein y cuando dio la vuelta para dirigirse hacia la hacienda, le temblaban las manos. En menos de diez minutos se aproximo a la majestuosa entrada a la propiedad; un enorme arco de piedra. Mas allá se extendían los viñedos, las vides se encontraban desprovistas de hojas excepto por unas pocas que continuaban adheridas a las ramas. Se sintió sofocada cuando entro por la conocida senda bordeada por árboles, hacia los edificios de techos de teja, con grandes aleros.

La casa solariega no tenía más de veinte años de uso, excepto la parte que ocupaban las oficinas y la sección para el almacenaje. También incluía el apartamento que habitaría Hermione durante su permanencia. Condujo el Renault hacia la entrada principal.

Viejos robles proporcionaban una agradable sombra, muy apreciada como refugio contra el sol. . Cuando detuvo su coche bajo la sombra de uno de ellos, dio un vistazo involuntario hacia la sólida puerta de madera tallada. Sintió una pesado opresión en el pecho que le dificultaba la respiración, y cuando descendió del vehiculo tuvo la impresión de que regresaba al pasado. Antes pensaba que esa casa seria su propio hogar; en ese jardín disfruto de muchas horas tranquilas, con sus cuidados prados bordeados de fragantes flores multicolores y de pequeños arbustos. Pero eso fue hacia varios años; ahora le parecía que el tiempo se había detenido y que la víspera hubiera partido. Todo esto, la impresionó demasiado.

-¡Mamita, mamita!...

De inmediato olvido todos sus pensamientos ante la rápida llegada de su hijo. Abrió los brazos para recibir en ellos a Ferdie y estrecharlo junto a su corazón. Esta vez no pudo contener las lágrimas de felicidad.

-¡Oh, Ferdie, te extrañe mucho! –su voz era un murmullo entre cortado. Lo retiro un poco para verlo mejor-. Te veo muy bien –añadió sonriendo en medio de sus lagrimas.

-Ni una vez me he enfermado –le dijo con orgullo y alegría que considero como un triunfo personal y rodeo con sus brazos el cuello de su madre, quien volvió a abrazarlo con ternura.

Sobre la negra cabellera de Ferdie pudo observar que Severus los miraba a corta distancia con una expresión indescifrable.

-¡Bien venida a Bordeaux! -Le dijo. Se dio cuenta de que su corazón empezaba a latir con violencia cuando se desprendió del abrazo de su hijo y se puso de pie.

-¿De verdad soy bien venida?

-Siempre hago todo la que puedo para que mis empleados se sientan bien aquí.

Su respuesta cortante fue como si le hubiera dado un bofetón. No quiso que su pregunta tuviera intensión personal, pero Severus la interpreto, obviamente, de esa manera. Una amarga sonrisa se dibujo en su rostro cuando comprendió que, de inmediato, él le recordó el sitio que iba a ocupar en la casa: seria una empleada, nada más.

-¡Ven mamita! –le urgió Ferdie-. Deja que te enseñe donde vamos a vivir.

Severus se aparto y empezó a caminar junto a ellos. Mientras se dirigían hacia la casa, Ferdie no dejo de hablar lo cual suavizó el silencio en el cual Hermione y Severus se mantenían.

El apartamento estaba como ella lo recordaba cuando Ron Weasley vivió allí. Las habitaciones eran amplias, de techos altos, con las mismas vigas, sólidas y de estilo antiguo. La habían modernizado un poco para hacerla mas confortable. El conjunto era amplio y cómodo, con dos dormitorios, un baño, una sala, el comedor y la cocina. Tenia pocos muebles pero estaban dispuestos en forma adecuada con una original mezcla de muebles antiguos y modernos, algunos de los cuales habían pertenecido a la casa principal.

Ferdie, muy entusiasmado, arrastraba a su madre de una habitación a otra, explicándole en detalle todo lo que él y Salomé habían hecho, lavado las paredes y limpiando los pisos antes de encerarlos.

-¿Te gusta? –quiso saber el niño lanzándose hacia un sillón acojinada frente a la chimenea.

Severus permanecía apoyado en el escritorio.

-Se ve encantador –su respuesta fue sincera y precavida, consiente de que Severus la observaba con suma atención. También satisfizo a su hijo, cuyos ojos brillaban por la emoción.

-Papito dijo que cuando hiciera mucho frió podríamos encender el fuego y sentarnos aquí para mantenernos calientes.

-Eso será magnifico.

-Si me das las llaves de tu coche, haré que lo pongan en el lugar que corresponde –le dijo Severus en cuanto ella volvió de su asombro ocasionada por la naturalidad con la que su hijo pronunciaba la palabra ¡papito!

Le entregó las llaves solicitadas y él agrego con brusquedad.

-Tienes el resto del día para que arregles todo lo que necesites, pero debes estar en mi estudio esta tarde, a las cinco y media en punto.

No espero la respuesta, si no que salio de inmediato, dejándola a solas con Ferdie para que pudiera examinar otra vez el apartamento.

En este segundo recorrido descubrió que toda la ropa del niño se encontraba muy limpia y acomodada en el sitio conveniente en el dormitorio que le correspondía. Cuando regreso a la sala, comprobó que alguien llevo las maletas y cajas que ella llevo en el coche. Extendió su recorrido de exploración hasta la cocina antes de guardar su ropa y pudo comprobar que tanto la despensa como el refrigerador estaban colmados con todo lo que pudieran necesitar en los próximos días.

-Papito envió a Salomé a la ciudad para que hiciera todas las compras por ti –comento Ferdie a la pregunta que no hizo Hermione y, como si al mencionar su nombre la hubieran llamado, se presento la sirvienta, entrando en la cocina por la puerta posterior.

-Buenos días, señora.

-¡Salomé! –Exclamo al ver a la sonriente mujer ataviada con el uniforme color rosa y una pañoleta del mismo tono cubriéndole la cabeza.-. ¡Oh, Salomé, que gusto verla otra vez!

Esta le estrecho la mano que le tendía Hermione y le hizo una ligera reverencia de respeto y cortesía.

-Yo también estoy muy feliz de que la señora haya regresado a Bordeaux, pero no me gusta que valla a vivir en este apartamento, en ves de hacerlo en la casa principal con el señor Severus.

-Nada mas vengo a trabajar y porque espero que el clima de este valle le haga bien a mi hijo.

La mirada de la sirvienta se poso primero en Ferdie y después en Hermione. Se mostraba confusa, pero no intento ahondar más. Ella era la esposa de Severus y Ferdie era el hijo de ambos, para su criterio, significaba que constituían una familia que debía estar bajo el mismo techo.

-Le puedo preparar una tasa de té, señora.

El ofrecimiento de la mujer le recordó que la bienvenida de Severus no incluyo ningún tipo de refrigerio y lo necesitaba.

-Estaría muy bien, Salomé, pero… ¿no descuidarías tus obligaciones?

-Este es mi trabajo, señora –le informo con una sonrisa amplia-. Desde hoy cocinaré para usted, aseare la casa y cuidare de Ferdie. El señor Severus me lo ordeno.

Las palabras de la fiel sirvienta resonaban en sus oídos cuando poco después regreso a la sala: El señor Severus me lo ordeno. Era definitivo y no admitía duda alguna. Cuando Severus daba una orden se cumplía de inmediato y no había discusión posible.

Salomé llevo el té y unos panecillos distrayéndola de sus sombríos pensamientos. Ferdie tomo asiento en una silla con numerosos panecillos a su alcance. Hermione no necesito presionarlo para que le diera informaciones amplias de Bordeaux. Se había ganado el cariño de Severus, pero no sabia si sentirse contenta o celosa.

Y con una renovada energía que era nueva para Hermione, Ferdie salio a jugar, mientras ella, ayudada por Salomé, acomodo sus cosas. El tiempo transcurrió con gran rapidez y, aunque tomo un ligero descanso para comer, a las cuatro de la tarde apenas recordaba lo que había tomado.

Deseaba bañarse por lo que dejo que Salomé terminara los últimos detalles.

Tenía una extraña sensación al sentirse otra vez en Bordeaux. Hacia casi cuatro años que se marcho decidida a no regresar nunca, pero en aquel tiempo no podía imaginar que el hijo que ya llevaba, un día la obligaría a enfrentar una situación en la estaría a merced de Severus.

Se vistió con más cuidado que de costumbre. Escogió un vestido de mangas largas con un escote discreto que resaltaba su figura. Se puso un ligero maquillaje y sepillo con vigor el cabello que recogió detrás del cuello. Le daba un aspecto de profesionalismo que tanto necesitaba en esta ocasión. Se calzo unas zapatillas de tacón alto y, detrás de las orejas, se aplico unas gotas de perfume.

-¿Adonde vas? –le pregunto Ferdie cuando lo encontró sentado ante la mesa de la cocina; estaba radiante y sonrosado después del baño que le dio Salomé. Ya no tenía el aspecto enfermizo de una semana antes.

-Voy a ver a tu padre.

-¿Puedo ir con tigo? –le pregunto ansioso.

-Tengo que verlo a solas –le acaricio la cara con las manos y lo beso en la frente-. Pórtate como niño bueno y permanece aquí con Salomé.

-¿Tardaras mucho?

-Regresare tan pronto como pueda –le respondió con una sonrisa.

Salio y se dirigió de prisa hacia la casa principal, en la que durante un tiempo vivo con Severus. Sus tacones se hundían suavemente en el prado y su corazón latía de prisa. Como ya conocía bien la casa, entro por la puerta lateral he hizo un pequeño paréntesis en el pasillo inmediato, para recordar mejor todas las cosas con las que estuvo familiarizada:

Tobías Snape todavía la miraba con reproche y su esposa Eileen, la examinaba con fijeza. La alfombra persa amortiguo el ruido de sus pasos a lo largo del pasillo. Al avanzar evocaba el tiempo en que vivió allí. No era el momento oportuno para detenerse a recordar el pasado, por que Severus la esperaba en su estudio y cuando llego al enorme vestíbulo con sus grandes candelabros y tapices antiguos, dio vuelta hacia la primera puerta a la derecha.

-¡Adelante! –contesto Severus a sus ligeros golpes en la perta.

El aspecto general era austero a pesar de los muebles cómodos; pero el hombre que estaba sentado detrás del escritorio, fue quien capto de inmediato su atención. Tenia una chaqueta de piel negra que cubría sus anchos hombros, camisa de seda azul desabotonada hasta la mitad del pecho, pero su actitud irónica la hizo ponerse a la defensiva.

-Puntual, como siempre.

-Y como siempre, haces que parezca un delito.

-Me interpretas mal –le replico apoyándose en su silla mientras la observaba con fijeza-. Yo aprecio esa virtud.

-Tienes una manera extraña de reconocerlo.

-No deseo discutir contigo –se puso de pie y camino alrededor del escritorio, con las manos en los bolsillos del pantalón-. Te pedí que vinieras para que habláramos de trabajo, pues no te informe cuanto ganarías.

Se acerca más a ella y le menciono una suma muy superior a los salarios que había recibido en trabajos anteriores. Acepto con un movimiento de cabeza, procurando ocultar su sorpresa y espero a que continuara hablando.

-Tu rutina se inicia a las ocho y media de la mañana. Te darás cuenta de que tendrás que hacer muchos preparativos antes que el primer grupo de visitantes llegue a las diez y media. Los fines de semana y las noches las tendrás libres, excepto cuando haya invitados. En esas ocasiones habrá que supervisar el menú y atender a mis invitados.

-La ultima parte puedo desempeñarla bien -le contesto en tono seco-, pero ya sabes que soy neófita para los vinos.

-No soy ajeno a tu ignorancia en este tema –le replico en un tono que la impresiono. Después tomo varios libros y se los dio-. Tienes hoy y mañana para estudiar y lo que no te aprendas, lo harás en el desempeño de tu trabajo.

-¿Quieres que empiece el lunes por la mañana?

-Por supuesto, ¿hay alguna objeción?

-Ninguna, solo preguntaba.

-Hay otro aspecto que quiero aclarar –añadió cuando Hermione se dirigía hacia la puerta-. Legalmente, todavía eres mi esposa, mas te advierto que no gozaras de ningún privilegio.

-No he venido aquí con la intención de buscar un trato diferente y no quiero recibir nada de ti que no me haya ganado con mi trabajo.

Severus la miro con frialdad. Enseguida le dijo:

-Ahora que ya estamos de acuerdo en todo te puedes marchar.

Dio media vuelta y, con la cabeza en alto se dispuso a salir. Al llegar a la puerta, se detuvo y se volvió por que pensó que por elemental educación debería de hacerlo y con fingida cortesía le dijo:

-Muchas gracias por abastecer el refrigerador y las alacenas.

-Nada tienes que agradecer. Lo descontare del primer pago de tu sueldo.

Sus palabras tuvieron el efecto de un bofetón. Fue ingenuidad de su parte suponer que era un acto de cortesía. Salio del estudio con los libros en la mano.

Fin del Cáp.

Bueno, bueno, como ven, el Cáp. Es el mas largo que he escrito para este fic, tampoco es que sea mucho. De verdad lamento mucho no haber actualizado antes, en todo este tiempo me he enfermado, terminado trabajos pendientes, y demás.

Y déjenme decirles que el fic ha corrido peligro de no acabar, la razón: mi madre, cuando me di cuenta ya se lo había entregado a mi tía, lista para viajar más o menos de 100 a 200 Km. Lo rescate justo a tiempo, en fin espero que les haya gustado y muchas, muchas gracias a:

Nocrala: hola, este Cáp. Esta mas largo pero quizás el que siga se cortito, eso si, si es corto actualizo rápido.

Tercy-S-Scloe: que hay? Como ves a Sev cada vez esta más tirano y malo (y sexy), y sip va a tener final feliz, sin más adelantos.

Lara Malfoy-Lynn: hola, que tal? Yo también espero encontrar el nombre o algún indicio pero nada y como siempre digo, cualquier cosa no mas me dices.

Sue: hola. Te tardas en leerlo, pero lo lees! Severus si es bastante bueno con Ferdie por que lo quiere mucho pero esta resentido con Hermy.

Naymalfoy: Hola, en realidad, si me he tardado en actualizar (me siento mal por eso), si eres nueva dejando Reviews con un poco de practica se quita, practica con mi Fic!

HoneyBeeM: hola, que bueno que te guste, gracias por los besos, quiero flan de coco!

Gracias, muchas, muchas gracias. Recuerden dejar MAS REVIEWS para hacerme feliz.

En el próximo Cáp.

-¿Querías verme?

-Cierra la puerta ……….. Hay cosas que debemos aclarar…..

-Me he pasado estas noches sin poder dormir…….deseo………. De las palabras paso a los hechos.

-¡Severus!...!por el amor a Dios!...

……la mano derecha descendió hasta su cintura y acerco a la joven hacia él…….

Que tal les parece, claro debo decir que no todo es como parece, hasta el siguiente Cáp. abrazos.