Amor en los viñedos

Las palabras no lograrían expresar lo apenada que estoy por no haber actualizado en estos dos años (de verdad ah pasado tanto tiempo?)

Este capitulo va dedicado a todas aquellas que han estado a la espera de que esta historia fuera actualizada.

--

Fic basado en la novela de Ivonne Whittal, Volverás a mi.

Amor en los viñedos.

Cáp. 8

La cena del viernes fue un éxito. Discutió los platillos con el personal de la cocina y selecciono los mejores vinos de la casa. La preparación de los alimentos se hizo bajo su supervisión. Esto, aunado a su actividad rutinaria la ayudo a mantenerse distraída. Cuando al fin tuvo tiempo para mirarse en el espejo, se pregunto si quedaría todo a satisfacción de Severus.

El vestido negro que escogió para esa noche acentuaba el tono de su piel. Por razones prácticas, su cabello estaba recogido atrás de su cabeza. Al examinarse, comprobó que su aspecto era tranquilo y refinado, a pesar de su nerviosismo.

Ferdie estaba ya bañado cuando entro en la cocina. Salomé se volvió para verla con detenimiento.

-Deja mi cena en la estufa, yo la tomare después.

-No lo entiendo, ¿por que no va a cenar con el amo Severus?

-Ya te lo explique, no estoy invitada.

-Pero, señora…

-Y por favor, procura que mi hijo se acueste a la hora de costumbre –así corto la protesta que le hacia la sirvienta.

-¿No puedo desvelarme un poco esta noche?

-Quiero que te vayas a la cama a las siete. Es una orden.

-Mamita…

-Sin discusión –le dio un ligero beso en la frente y salio a cumplir con sus obligaciones.

Era una noche fría por lo que agradeció lo tibieza que se sentía en el interior de la casa cuando llegó al comedor. Con ojo crítico reviso la disposición de la mesa, el servicio de plata, ya colocado sobre el blanco mantel de damasco y las servilletas. Las velas estaban en los candelabros, también de plata, listas para encenderlas antes que comenzara la cena y el arreglo floral de crisantemos amarillos, en el centro de la mesa le daban un toque refinado.

Se pregunto donde estaría Severus, pero tenia muchas cosas que atender por lo que termino de examinar el comedor y se dirigió a la cocina para comprobar que todo estuviera en orden y bien dispuesto. Los entremeses de camarón estaban en el refrigerador, listos para servirse. El personal de servicio le aseguro que el cordero asado quedo suculento y que estaría a tiempo cuando se sacara del horno. Las verduras frescas para la ensalada, relucían para mezclarse a la hora oportuna. El postre de manzanas rellenas se mantenía en el hornillo especial para mantenerlo caliente, con su aderezo de canela. Los vinos tintos fueron decantados temprano para que se tonificaran y tuvieran mejor bouquet y que tomaran la consistencia suave que acentúa su calidad.

El timbre de la puerta se escucho. Hermione miro el reloj de la cocina. Las seis y media marcaba ya, los primeros invitados llegaban. Salio con prontitud del vestíbulo para recibirlos.

Severus llego al vestíbulo en el momento en que ella tomaba los abrigos del matrimonio Longbotton, lo mismo que los de los esposos Potter. Sus miradas curiosas la incomodaron, pero la presencia de Severus la turbo aun más. Hermione lo contemplo furtivamente, como una adolescente admira a su artista favorito, pero por fortuna, él no lo noto por saludar a sus invitados, a quienes condujo a la sala para tomar un aperitivo antes de cenar.

" !Domínate¡ " se dijo cuando se disponía a dejar los abrigos en el mueble adecuado, se encontraba dispuesto en el propio vestíbulo. No bien termino de hacerlo, cuando se escuchó de nuevo el timbre.

En esta ocasión fueron Minerva y Greg Mcgonagall. De mediana edad, efusivos y amistosos, obviamente sabían que ella se encontraba allí y le demostraron sincera alegría y afecto al poder reanudar su amistad. Pero la alegría se transformo en sorpresa, cuando tomó sus abrigos y les indico que pasaran a la sala.

-¿No se va a reunir con nosotros? –cuestiono Minerva.

-Trabajo aquí en beneficio de la salud de mi hijo.

-Pero…

-¡Ah! Llegaron ustedes, -la voz de Severus interrumpió la protesta de la señora Mcgonagall y Hermione casi se sintió aliviada en cuanto la tomo por el brazo para conducirla a ella y a su esposo con el resto de los invitados.

La única que no había llegado era Bellatrix, pero Hermione ya sabia que jamás era puntual. Diez minutos más tarde, el timbre anuncio la llegada triunfal de Bellatrix.

Estaba más hermosa de cómo Hermione la recordaba. Bajo un abrigo de pieles, de color blanco, un elegante vestido acentuaba las curvas de su cuerpo alto y proporcionado y oscurecía el color de sus ojos grises. Había recogido su cabello negro en un peinado de ultima moda que hacia resaltar aun mas la esbeltez de su cuello sobre el que un ostentoso zafiro, rodeado de brillantes, lanzaba destellos luminosos. Tenía un aspecto de gran inocencia y unos labios muy atractivos que, como siempre, lanzaban veneno cuando se dirigían a Hermione.

-¡De modo que regresaste! Me pregunto por cuanto tiempo.

Con gran dificultad se contuvo para no lanzarle un replica dura y con una agradable sonrisa le pregunto:

-¿Puedo tomar tu abrigo?

La atención de Bellatrix se encontraba dispersa por todas partes cundo dejo caer descuidadamente la prenda en las manos de Hermione.

-¡Severus, querido! –exclamo con voz melosa y con rapidez cruzo el vestíbulo para ir a su encuentro con ambos brazos abiertos. Hermione inclino la cabeza, quedándose helada, cuando Severus la recibió con un abrazo y la besó ligeramente en la mejilla.

Fue como si volvieran a exhibir en una película lo que antes sucedió. Bellatrix estaba de pie rodeada por los brazos de Severus que le sonreía cariñoso.

-Me alegra de que hayas venido –le dijo él mientras, todavía rodeándola por la cintura con un brazo la condujo hacia la sala.

-Tu sabes que no puedo rechazar una invitación tuya, querido –le respondió provocativa, inclinando su cabeza en el hombro de Severus, quien aprovecho la oportunidad para lanzar una mirada furtiva a Hermione, viéndola burlón.

Poco después ya sola en el vestíbulo, se dio cuenta de que oprimía el abrigo de Bellatrix con tal fuerza, que sus dedos le dolieron; se dirigió a colgarlo. El perfume que emanaba las pieles, le clavo un dardo en el corazón con los recuerdos de aquella tarde después de que el medico le confirmara su embarazo, cuando llego al estudio para encontrarse a su esposo abrazando a Bellatrix. Por la impresión, no pudo retirarse y permaneció paralizada en un estado de anonadamiento e inseguridad.

Resurgió el recuerdo de aquella escena en forma tan vívida como si hubiera ocurrido el día anterior. Se mantuvo con la esperanza de que hubiera algún tipo de explicación, pero no hubo ninguna, salio del estudio dejándolos que continuaran, presumiblemente, una en brazos del otro. Mas tarde, cuando se decidió a pedir una explicación, Severus estallo en un ataque de furia que no soluciono nada y que, al final, propicio que ella abandonara Bordeaux. Ahora no era el tempo de recordar las angustiantes situaciones del pasado, lo sabia muy bien.

Tardo en recuperarse, pero se sentía como si hubiera transcurrido una eternidad antes que pudiera controlarse por completo y regresar a la cocina para hacerse cargo de los preparativos hasta que fuera el momento oportuno de encender las velas en el comedor y anunciar que la cena estaba lista.

Desde el punto de vista culinario, la noche fue todo un éxito pero para Hermione fue una situación de constante agonía. Le afecto no más cuando se vio impedida de responder a los esposos Mcgonagall cuando trataron de entablar conversación al servirles los platillos, sino también en cada ocasión en la que encontró con la franca hostilidad del anfitrión, pero de algún modo pudo mantenerse, en apariencia, tranquila y natural.

La conversación entre lo invitados, durante la cena, fue agradable y vivaz, pero el ambiente tuvo algo de tensión. Hermione no conocía al matrimonio Potter ni al Longbotton. Ambos se mostraron un tanto intrigados por la presencia de ella, pero los esposos Mcgonagall se encontraban intrigados por razones diferentes puesto que ellos si sabían que era la esposa de Severus.

-Eres un sirvienta encantadora –le dijo Bellatrix cuando le llevo el café; su voz fue melosa pero muy fingida y sarcástica-. Espero que no te molestes, Hermione, pero no sabia que tenias tantas cualidades.

La conversación en general se paralizó y por unos segundos que parecieron interminables, los invitados estuvieron en absoluto silencio mientras sus expresiones variaban desde gran curiosidad hasta gran asombro. Todas las miradas se encontraron en ella en espera de su reacción que supusieron violenta.

Con la misma calma que aparento toda la noche, tomó la jarrita de plata de la leche del carrito del servicio y un plato, para preguntarle:

-Tú prefieres tu leche, ¿verdad? –le daba a entender que actuaba como una gata consentida.

La alusión hizo efecto, y con ojos centelleantes, Bellatrix se levanto de un salto en medio de las risas difícilmente contenidas de todos los comensales, excepto de Severus.

-¡Como te atreves! –Exclamo colérica y se volvió hacia Severus-. ¿Vas a permitir que me insulte de esta manera?

La furia contenida de Severus casi la incendio cuando paso junto a ella al acariciar gentilmente el hombro de Bellatrix diciéndole:

-Hablare con ella después. ¡Toma asiento otra vez y cálmate!

Nadie hablo mientras Hermione sirvió el café, pero pudo observar que Greg Mcgonagall le guiño un ojo animándola. Después la conversación se reanudo poco a poco.

Hermione no sentía orgullosa de su conducta y el resto de la velada fue un completo tormento. Cuando los invitados empezaron a marcharse, después de las diez de la noche. Tuvo que estar presente para entregarles sus respectivos abrigos y darles las buenas noches, pero Bellatrix continuaba aun en la sala. Pensó que Severus podía atenderla y decidió hacer un último recorrido de supervisión a la cocina. Después salio por la puerta posterior y se dirigió de prisa a su apartamento. La luz encendida en la sala le sirvió de guía.

Salomé se levanto en cuanto Hermione entro en la cocina. Sus ojos la interrogaban al notarle su expresión preocupada pero, respetuosamente, no hizo comentario alguno, nada mas saco su cena y se la puso sobre la mesa de la cocina antes de darle las buenas noches y marcharse a su casa.

Apoyo los codos sobre la mesa y miro los alimentos. El guiso tenia aspecto y aroma apetitosos, pero se encontraba muy tensa para probar bocado. Los acontecimientos de las últimas horas era algo que jamás hubiera deseado ni a su peor enemiga. Las venenosas frases de Bellatrix la continuaron torturando.

-Eres una sirvienta encantadora. Espero que no te moleste Hermione, pero no sabia que tenias tantas cualidades.

En vez de reprimir a Bellatrix por agredir a así a Hermione, Severus procuro calmar a la agresora con sorprendente gentileza.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué razón permitió que Bellatrix arruinara su matrimonio y por que todavía permitía que la insultara?

La puerta de la cocina se abrió de improvisto y apareció Severus, todavía ataviado con su impecable traje. Después cerró la puerta y se acerco a la mesa. La observo fríamente y enseguida a la cena.

Le invadió un gran nerviosismo como si fuera una colegiala enfrentada con la directora, pero su voz era fría y con un sarcasmo desacostumbrado cuando se anticipo y le pregunto:

-¿Resulto todo a tu satisfacción?

-Todo, excepto la forma como te comportaste con Bellatrix.

-¿Pretendías que ignorara su comportamiento conmigo?

-Era mi invitada.

-¿Y yo que soy?

-Una empleada a quien se le paga. Bellatrix lo preciso con claridad.

Ya se había dicho antes, pero en esta ocasión se lo dijo con tal acritud que se acobardo por completo.

-Pudiste divorciarte de mí para casarte con Bellatrix. ¿Por que no lo hiciste, Severus?

-Tenía y tengo todos los derechos para obtener el divorcio, pero me convenía continuar casado con tigo.

-Quieres decir, supongo, que podías obtener todo lo que quisieras sin preocuparte por tu estado civil.

-Cuida tu lengua, de lo contrario olvidare que eres la madre de mi hijo y te sacare de aquí –esta amenaza la impresiono y comprendió que había ido demasiado lejos.

-Te agradezco que me concedas esta categoría que, por lo menos, esta por encima de tus demás sirvientes.

El silencio que reino entre ambos se prolongó.

-Te lo advierto por primera y única vez –amenazo Severus-. Debes de ser muy cuidadosa en tu trato con Bellatrix o te arrepentirás durante toda tu vida.

-¿Tan importante es para ti?

-Si.

No hubo la menor duda, fue una afirmación rotunda.

-Ya comprendo –murmuro con tono ronco y grave, con la mirada baja para disimular su angustia.

-¿Papito? –la infantil voz de Ferdie se escucho detrás de la puerta de la cocina y poco después, se abrió para que apareciera con su pijama y el pelo despeinado.

-¡Hola hijo! –Exclamo Severus cambiando con gran facilidad su actitud-. ¿Por qué no te has dormido?

-Si lo hice, pero desperté al oírte hablar con mamita.

-¿Quiere un vaso de leche? –le pregunto Hermione.

-No, mami, gracias.

-Entonces tienes que regresar a costarte, muchacho mió –ordeno su padre. Lo tomo de la mano y lo condujo hacia la puerta.

-Mamita, ¿vienes tú también? –le pregunto volviendo el rostro.

-Si, por supuesto –se unió a su hijo.

Siguió a Severus por el pasillo escasamente iluminado y en cuanto llegaron al dormitorio, los dos acostaron al pequeño. Le pareció extraña esta escena tan familiar, pero comprendió con tristeza que no había tal familia. Ella no tendría sitio en la vida de Severus y lo peor de todo era que todavía amaba a ese hombre sin corazón.

-Debemos tener mas cuidado en el futuro con lo que nos digamos cuando Ferdie pueda encontrarse cerca –le dijo él una vez que ambos regresaron a la cocina un poco mas tarde.

-Severus, lo siento… en realidad yo…

El endureció la mandíbula y crispo a ambos lados sus puños como si la incipiente disculpa lo hubiera violentado más. En seguida salio con rapidez del apartamento dejándola frente a su cena, ya fría, y una frialdad mayor en su corazón.

Saber cuales eran sus sentimientos hacia Severus, vivir en Bodeaux le resultaría mucho más difícil. Recibía un salario astronómico, pero a medida que pasaron las semanas comprendió que Severus la hacia trabajar como una esclava. Su jornada diaria la mantenía ocupada con los visitantes, sin importar el clima imperante. El autobús llegaba colmado de turistas todos los días, a la hora programada, para que recorrieran la hacienda y se enteraran de los complicados procedimientos que requiere la elaboración de vinos.

Hermione no se sorprendió de que aprendiera más acerca de la industria vinícola a medida que el tiempo transcurría. También su trabajo se fue ampliando, pues intervino en subastas y conferencias vinícolas, se entrevisto con algunos posibles clientes, además de hacerse cargo de la publicidad. Tenía una gran cantidad de trabajo pero Parvarti y Lavander le resultaban una valiosa ayuda después que el recelo inicial fue superado. Cuando Severus no la requería como anfitriona para sus numerosas amistades y socios, se la pasaba las noches preparando su trabajo para el día siguiente por lo que era muy frecuente que se retirara a descansar hasta la media noche.

Había una solo razón por la que creía que tanto trabajo valía la pena: Ferdie mejoraba con rapidez en este clima. Desde su llegada a Bordeaux solo había tenido un ataque de asma como consecuencia de un día lluvioso, frió y húmedo. Hermione escucho entonces el ya conocido estertor ronco en su pecho cuando se sentaron a almorzar y de inmediato le dio las medicinas que el doctor Dumbledore le había recetado. Se mantuvo atenta, con mayor empeño, desde esa vez, pero no volvió a padecerlo ni siquiera en invierno.

Tenía poca oportunidad de llevar vida social. Había conocido a la esposa de Ron, Susan, fue durante una breve visita poco después del nacimiento de su hija. A Luna y Draco solo podía verlos cundo llegaban a la hacienda.

-¡Es ridículo! –Exploto en una ocasión Luna cuando se separo de la reunión para encontrarse con Hermione en la cocina-. Tu sitio esta allá dentro, con nosotros. No me puedo explicar como puedes tolerar la descarada actitud de Bellatrix.

-¡Por favor Luna! –La contuvo con voz suave, lanzando una mirada nerviosa hacia la puerta ante el temor de que Severus se presentara y alcanzara a escuchar la charla-. Te agradezco mucho tu interés, pero para hacer este trabajo me paga y lo desempeñare aunque me cueste la vida.

Los ojos de Luna lanzaron destellos de cólera.

-Nunca imagine que Severus se pudiera comportar de esta forma.

-También yo lo herí cuando lo abandoné y no le dije que esperaba a Ferdie.

-¿Y que hay respecto a tus propias heridas sentimentales? ¿No tienen ninguna importancia?

-Hay muchas cosas que no comprendes, Luna.

-¡Y que me lo digas tu! –le respondió con sequedad-. He visto a Bellatrix insultarte y humillarte en presencia de Severus y te he visto aceptar eso sin ninguna queja. ¿Por qué, Hermione? ¿Por qué permites que lo haga y por que Severus lo permite?

Hermione evito la mirada inquisitiva de su amiga; mantuvo su vista fija en su plato y agrego:

-La felicidad de Bellatrix es vital para Severus.

-¿Le interesa a tal grado que puede permanecer impasible viendo que en su misma presencia te humille? ¡Por amor de Dios, Hermione, tú eres su esposa!

-Cuando me fui, perdí el derecho de que él me prefiriera.

-¡No lo puedo creer!

-¿Por qué?

Severus había entrado silenciosamente en la cocina. Miedo y amor brotaron de inmediato en el pecho de Hermione a su simple presencia, pero Luna impávida, se volvió resuelta y le dijo furiosa:

-No creo que este correcto que trates a tu esposa de esta forma abominable frente a todas tus amistades y socios –fue tan repentina su acción que Hermione no pudo impedirle que hablara. Continuo-. La forma como aprovechas la humillación de Hermione me subleva y ya es tiempo de que alguien tenga el valor de reprochártelo.

Un silencio impresionante siguió a la declaración de Luna.

-Te agradeceré que no interfieras en las cosas que no te interesan, Luna.

-Tienen que interesarme por que se trata de una amiga a la que aprecio –le replico con resolución sin sentirse intimidada y volviéndose a Hermione añadió-: Creo que es tiempo que Draco y yo nos marchemos, por lo tanto, te damos las buenas noches.

Sin más que una mirada superficial hacia él, se marcho Luna de la cocina.

-Lo lamento, Severus! Luna no entiende algunas cosas y debes disculparla.

-Supongo que te quejaste con ella del trato que recibes aquí.

-No, no hice nada de eso.

-¿Qué propicio la escena que acabamos de tener?

-Ya te lo dije, Severus, ella… ella no entiende.

De repente, se acerco y con las dos manos la tomo por el cuello, obligándola con los pulgares a que levantara la cara hacia él para decirle, amenazante:

-A veces no entiendo mi propia moderación. Me podía haber ahorrado mucha cólera y frustración quitándote a Ferdie y mandadote a ti al infierno, que es a donde perteneces.

Había mucho odio en aquellas palabras y Hermione sintió deseos incontenibles de llorar.

-¡Oh, aquí estas, querido! –La melosa voz de Bellatrix hizo que Severus se retirara con rapidez de Hermione-. Todos nos preguntábamos que habría sucedido contigo.

-Surgió un pequeño problema que había que corregir de inmediato –le contesto con suavidad en tanto que Bellatrix le deslizo su brazo a su alrededor.

-Fallaste en tu trabajo, ¿verdad, Hermione? –comento Bellatrix con una sonrisa que destilaba veneno.

La risa corta de Severus mientras se alejaba con Bellatrix, solo sirvió para agregar insulto a la injuria y, colérica en grado extremo, Hermione tomo la fuente de los postres con el deseo de estrellarlo contra la pared como un desahogo a sus sentimientos, pero se contuvo de inmediato y, con hondo suspiro llevo los postres a la sala.

Luna y Draco se despedían cuando entro Hermione a la sala. Los hombres se estrecharon la mano como si nada hubiera sucedido, pero Luna solo clavo su mirada en él a lo que Severus contesto con un simple alzamiento de cejas. Por lo menos, no quedaron como enemigos declarados.

La fiesta continuó hasta las primeras horas del sábado, pero Hermione se retiro después de las once de la noche, cuando Severus le informo que ya no necesitarían sus servicios.

Demasiado tensa para dormir, se cambio de ropa y se puso su pijama y se arrellano en un sillón frente al fuego. Tomo un libro con la intención de leer, pero lo dejo en la mesita que había junto al sillón. Severus le dijo que deseaba enviarla al infierno, mas no había necesidad de mandarla allá por que ya estaba cautiva en su propia hoguera. Se encontraba en un infierno construido por dolor, desolación y desesperación que nunca disminuía y mientras recordó cada uno de los errores que había cometido en el pasado, se encontró menos inclinada a culpar a Severus por el fracaso de su matrimonio. Ella era demasiado joven y tal vez esperaba mucho más del matrimonio.

Cerró sus irritados ojos, suspiro en silencio y se reclino en el respaldo del sillón. Lo le resultaba incomprensible era la relación que tenia Severus con Bellatrix Black. ¿Era amor lo que los lanzaba a estar constantemente uno en brazos del otro? ¿Por qué entonces no se había casado con Bellatrix?

Las lágrimas empezaron a fluir de sus ojos cerrados, pero en esta ocasión no trato de impedirlas y dejo que cayeran libremente por sus mejillas. Hubiera dado cualquier cosa por quedarse en Ciudad del Cabo. Tuvo allí una vida impasible y sin los sufrimientos y las angustias que ahora padecía, pero era inútil volver la vista al pasado. Era mejor enfrentar el futuro, aunque se le presentaba oscuro y sombrío, como el cielo sin estrellas de esa noche.

Ya era mucho más de la media noche cuando dejo la tibieza de la sala para irse a la cama.

Fin del Cáp 8.

En el próximo Cáp.

--

-Si –le respondió excitado-. ¡Levántate… levántate… levántate…!

Severus se acerco a ella por su espalda. Apoyo sus grades manos en los hombros de la chica, cuyo pulso se acelero.

-¿Eres feliz en tu matrimonio, Luna?

Tal alabanza en labios de Severus resultaba algo extraordinario…

--

Si tienen alguna pregunta me sentiré honrada de poder responderla.

Agradecimientos muy especiales a:

Wei-lo

HADA

RociRadckiffe

Anita Rickman

HoneyBeeM

AstirethInferna

LILYFAL

Nini Snape

Adrel

Gemma

CiNtHiA

Miss Merce Snape