Capitulo 12

Basado en la novela "Volverás a mi" de Ivonne Whittal.

Bordeaux tuvo un papel muy destacado en la reciente "Exhibición del Vino". Tres de los blancos estaban catalogados con la etiqueta de "Superior" y para celebrarlo, Severus organizo una gran fiesta a la cual invito a todo su personal, lo mismo que a algunos vecinos y amigos. En esta ocasión Hermione tuvo el doble papel de anfitriona e invitada. La mayoría pidió que fuera un informal braai y con ese fin, se llevaron mesas y sillas al jardín y las colocaron en el prado, cerca del asador.

Las ensaladas las prepararon los trabajadores de la cocina antes que participaran también en la celebración sabatina. Por lo tanto Hermione tuvo poco actividad, solo organizo a algunos voluntarios para que la ayudaran a llevar todo lo necesario al exterior. El fuego en el asador se prendió a las cinco y poco después llegaron Lavander y Parvarti con sus respectivos novios. Ron Weasley y su esposa Hannah, aparecieron cuando llevaban las ensaladas. El resto de los invitados llego como en oleadas casi continuas durante la siguiente media hora, hasta sumar treinta. Reinaba la alegría y la jovialidad, acompañadas por el vino que se servia, en tanto que se esparcía el agradable olor de la carne puesta a asar estimulando el apetito.

Por supuesto, Bellatrix Black se encontraba allí, ataviada con jeans y una blusa a cuadros. Su padre, Cygnus Black, la acompañaba en esta ocasión y Hermione se sintió atraída por la simpatía y el respeto que despertó en ella cuando charlaron unos momentos en el transcurso de la noche. El señor Black era tan agradable y sencillo, como su hija era detestable y despiadada.

Hermione se mantuvo alejada de Severus durante toda la noche, como lo había hecho en las últimas dos semanas. Bellatrix, sin embargo, no tuvo ningún escrúpulo para mantenerse constantemente cerca de Severus. No se desprendía del brazo masculino para nada, con una familiaridad que enfermaba, sobre todo, por su aire de posesión absoluta.

-Le hacen falta unos buenos golpes a esa mujer –musito Lavander cuando se detuvo junto a Hermione aunque sin dejar de observar a Bellatrix, quien en ese momento coqueteaba con Severus-. ¡Nada más ve como se burlan esos hombres de su conducta provocativa y descarada!

Pero había un hombre que no reía. Era Cygnus Black. Parecía triste e incomodo por alguna razón inexplicable. Hermione sintió lastima por él.

Mas tarde se dirigió a su apartamento para estar segura de que Salome tuviera algo de cenar, pero cuando vio a Ferdie dormido, le dijo:

-Salga y únase a su familia en la fiesta.

-Al señor Snape no le gustaría que el kleinbass Ferdie se quedara solo.

-Salome –la guió hacia la puerta-, las dos sabemos que en cuanto mi hijo esta dormido, prácticamente, nada lo hace despertar y quedara a salvo si cierro la puerta con llave. Yo vendré de vez en cuando para ver como se encuentra.

Hermione regreso a la fiesta poco después. No tenía apetito, más decidió tomar un poco de carne y ensalada y se sentó al lado de Hannah para observar a unas cuantas parejas bailando en el prado.

Era una agradable noche de primavera; el cielo estaba cubierto de estrellas después que durante tres días se mantuvo una lluvia constante. Todos se mostraban alegres y felices, a excepción de Hermione. Severus bailaba con Bellatrix, sus cuerpos se encontraban muy juntos, la sonrisa provocativa de la mujer, lo mismo que su mirada extasiada, estaban fijas en él. Hermione podría haber tolerado la situación si no estuviera tan consciente de las miradas que todos tenían puestas en ella.

Para tratar de ocultar su humillación huyo hacia la casa con el pretexto de prepara café. No se detuvo sino hasta que llego a la cocina, paso mucho tiempo para que pudiera controlarse lo suficiente.

Cuando llego a la terraza con el café prometido, varias personas se apresuraron a ayudarle y de prisa regreso a la cocina para llevar las fuentes con los bocadillos que desde la tarde estaban preparados. Al disponerse a tomarlas, escucho unos pasos que se acercaban, era Bellatrix. Su sonrisa era amistosa, pero fría y calculada. Su mirada traicionaba por completo esa sonrisa.

-Se muy bien que nunca podremos se amigas, sin embargo debo advertirte que no tomes muy en serio las acciones de Severus.

Hermione se había quedado rígida al oír a Bellatrix.

-Necesitas explicarte mejor.

-¡Oh, querida! –Exclamo sarcástica-. No quisiera hacerlo, pero parece que tu necesitas que te lo digan todo muy claramente.

Hermione sintió que se le helaba la sangre, mas logro mantener la calma exterior.

-Nunca he sido buena para descifrar insinuaciones veladas, por lo tanto, es mejor que me digas de una vez lo que tengas que decir.

Bellatrix tomo, con actitud estudiada un bocadillo para comerlo poco a poco. Así pues, la tensión de Hermione llego a su máximo, aunque no lo exteriorizo, y siguió en completo silencio, hasta que su rival, con la misma actitud fingida se limpio los dedos.

-La actitud de Severus hacia ti ha cambiado últimamente… y no me digas que no lo has notado.

-Si, ha cambiado y he podido notarlo.

-La razón es muy sencilla, teme perder a Ferdie.

-¿Perder a Ferdie?

-Quiere al niño y se da perfecta cuente de que Ferdie te necesita a ti y que no podrá ser feliz en la hacienda sin ti, de modo que…

A pesar de que dejo la frase inconclusa, el significado estaba muy claro, por lo que le contesto:

-No necesitas agregar nada…

-Sabía que entenderías.

-Si –deseo arrojarle a la cara un tazón, pero se contuvo y agrego-: Debía hacerlo.

-¡Magnifico! –Exclamo con brusquedad y, consciente del daño que había hecho, adopto una actitud infantil y servicial que asombro a Hermione-. Bien, ahora que descargue mi conciencia, ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?

-Nada, gracias. Sugiero que te reincorpores a la fiesta cuanto antes.

-Nos veremos después.

Bellatrix salio de la cocina y Hermione permaneció como petrificada. Quería odiar a Bellatrix y no podía. Tenia que enfrentar, contra su volunta, la cruda realidad de su situación. Debía mostrarse agradecida, pero tampoco podía porque en su corazón no cabía nada, excepto una cruel amargura.

El baile se encontraba en su apogeo cuando regreso, sus movimientos eran como de autómata cuando deposito en cada una de las mesas una fuente con bocadillos y oraba en silencio para que nadie pudiera notar su estado de animo. Al regresar a la cocina se encontró frente a Hannah y Ron, en la terraza. Por la mirada que clavaron en ella, comprendió que se imaginaban que algo andaba mal y en cuanto quiso evadirlos, Ron se para frente a ella.

-¿Estas enferma Hermione? –le pregunto, impidiendo que entrara en la casa.

-Me encuentro perfectamente, gracias- le aseguró. La luz de la entrada le iluminaba el rostro y este era más expresivo que un discurso.

Hannah se coloco junto a su esposo.

-Perdónanos por interferir en tu vida privada, Hermione pero estas tan pálida y lívida que pareces un espectro.

-Algo me altero, eso es todo –tuvo que mentirles e intento acercase a la puerta. Ron no lo permitió.

-Cambia ese "algo" por "alguien" y puedo aportar que ese "alguien" es Bellatrix Black.

-¡Ron! –murmuro su esposa y le puso una mano en el brazo para advertirle que, según ella, había ido demasiado lejos. Hermione no titubeo.

-No hay problema, Hannah –le dijo forzando una sonrisa y se volvió para ver a Ron y decirle -: Había olvidado que antes te lo confié.

El tuvo entonces una sensación de triunfo y cólera.

-Entonces tengo toda la razón al referirme a cierta mujer cuyo nombre no debo pronunciar.

-Si, estas en lo cierto –admitió y se estremeció al escuchar la alegre risa de Bellatrix que les llegaba desde el jardín.

-¿Qué te hizo en esta ocasión? –inquirió Ron.

-Se tomo la molestia de aclararme algunas cosas, pero nada me dijo que yo no supiera –su voz denotaba una gran amargura y su sonrisa estaba endurecida-. No obstante, resulta poco grato comprobar la verdad cuando proviene de alguien que, como ella, tiene una habilidad especial para herir donde duele más.

Ron endureció su mirada.

-No estarás pensando en marcharte otra vez, ¿verdad?

Hermione no tenía pensado, aun, esa posibilidad, mas ahora, le perecía, razonable, por lo que respondió:

-Tal vez tenga que hacerlo.

-¿Por qué?

-Mi situación aquí se ha vuelto intolerable y me niego a vivir el resto de mi vida a la sombra de otra mujer –le confeso sin que pudiera controlar sus palabras.

-¿Qué quieres decir? –intervino Hannah, asombrada vendo alternadamente a su esposo y a Hermione.

-Se los explicare después.

Ron reprimió la pregunta que iba a hacer y, centro su atención en su amiga.

-No vayas a tomar decisiones apresuradas o equivocadas, Hermione, no quisiera volver a vivir otra vez la misma situación que cuando abandonaste a Severus. Todo el mundo estuvo atemorizado aquí en Bordeaux.

-¿No es una actitud melodramática, Ron? –Le pregunto riendo con tristeza-. El bienestar del personal de la hacienda no depende de mi ausencia de aquí.

-Si supieras lo que ocurrió, no lo creerías –la tomo por un hombro, como si quisiera confirmar mejor lo que decía-. Durante estos meses te has convertido en parte esencial del mecanismo de la hacienda. Todos lo trabajadores de Bordeaux tienen una gran simpatía y respeto hacia ti y todavía se acuerdan como si fuera ayer, del comportamiento de Severus cuando te marchaste.

El demonio estuvo desatado en Bordeaux…las palabras de Salome regresaron a su mente y se sintió como un pez atrapado en el anzuelo.

-Me presentas las cosas de modo que resultan más difíciles para mí, pero me imagino que lo comprendes.

-Tienes el derecho de actuar de acuerdo con tu criterio –apunto Ron, desconsolado y retirando su mano del hombro de Hermione-. Yo nada más ponía de manifiesto ciertos factores que me parece que debes considerar antes de que actúes.

Para Hermione fue como si una roca le oprimiera el pecho. Sabia que él le hablo con claridad, no solo de su opinión sino de la del personal de la hacienda, pero en ese momento no podía encontrar alguna respuesta lógica. Aunque podría pensar en lo que le conviniera a ella, se daba cuenta de que la trampa para mantenerla encerrada en Bordeaux estaba puesta y la retendría como prisionera allí. Desde el fondo de sus recuerdos surgió la idea de un carnero en las fauces de un terrible lobo y, en ese momento, sentía las mismas angustias que debería sentir el pobre animal capturado.

-Gracias –le dijo a Ron.

Se alejo un poco de él y entro en la casa en la que por breve tiempo, durante los primeros meses de su matrimonio fue ama y señora. Camino casi a ciegas y temblaba sin cesar cuando llego al refugio de la cocina. La fuente que llevaba estuvo a punto de caer de sus manos al internar colocarla sobre la mesa, pero pudo evitarlo y para su desconsuelo, estalló en lágrimas.

Incapaz de controlarse y temerosa de que alguien la sorprendiera en ese estado, salio por la puerta de la cocina y corrió hacia su apartamento. Allí, en la intimidad se su dormitorio, dio rienda suelta a sus sollozos. Muchos minutos después pudo calmarse. Se lavo la cara con agua fría y se volvió a maquillar para borrar las huellas exteriores de sus sufrimientos. Solo cuando le satisfizo su aspecto, salio para reintegrarse a la fiesta y a medida que avanzo la noche adquirió el suficiente valor para conservar una amplia sonrisa que ocultaba la depresión que la agobiaba.

Hacia la media noche, Severus le pidió que bailaran y no podía negarse. Su brazo la tomo con firmeza por la cintura y cuando sus cuerpos estuvieron fundidos, ese contacto fue como si todo el hielo que sentía en sus venas, se derritiera. Sin embargo, ni la agonía de su proximidad pudo eliminar la frialdad que había en su corazón.

-Toda la noche me has eludido –le reprocho mientras se mecían al lento compás de la música-. Ahora que me pongo a pensar en esto, te puedo decir que no es nada mas esta noche, sino durante las dos últimas semanas.

-Es que he estado muy ocupada.

-Ese pretexto lo esgrimes cada vez que he querido pasar la noche contigo. ¿No crees que ya esta muy gastado?

Esa acusación fue el antídoto que necesitaba para superar el efecto que le causaba su presencia.

-¿Me acusas de mentir en cuanto a la cantidad de trabajo que he tenido hasta antes de esta noche?

-No te acuso de mentirme, pero creo con seguridad que inventas excusas para no verme.

-Me dijiste cuando vine aquí que las noches me pertenecían y que podía hacer lo que yo quisiera, a menos que necesitaras mis servicios. Escogí pasar las noches preparando lo necesario para esta fiesta y me sentía con libertad absoluta para hacerlo así.

-¡Maldición, Hermione! –Le murmuro al oído-. Después de aquel domingo, cuando fuimos al día de campo, supuse que habíamos llegado a una situación más amistosa.

-Después de aquél domingo me he dado cuenta de que nada ha cambiado –le corrigió con frialdad-. Las barreras que levantamos entre nosotros hace tanto tiempo, todavía se mantienen firmes y en su sitio en vez de derrumbarse.

-Tu no sabes lo que…

-¿Severus? –una voz melosa y familiar interrumpió su respuesta y lo obligo a detenerse, tanto del baile como de la replica-. Me prometiste bailar conmigo la última pieza, ¿recuerdas?

Aunque pareció por un momento como si Severus fuera a ignorarla, cambio de idea y otra vez su rostro se cubrió con esa mascara inescrutable cuando dijo:

-Si, lo prometí.

-¿Comprendes lo que quise decir? –le sonrió y se alejo para ver como tomaba en su brazos a Bellatrix y fue a recluirse en el silencio y soledad de su apartamento.

Se acostó, mas no pudo conciliar el sueño. Sus pensamientos eran como un agitado torbellino con solo dos temas que se suscitaban incansables en su mente. Uno era la frase que le mencionó esa noche en la cocina Bellatrix: "Quiere al niño y se da perfecta cuenta de que Ferdie te necesita para poder ser feliz". La otra frase que la atormenta, era la que le dijo Ron: "Todos lo trabajadores de Bordeaux tienen una gran simpatía y respeto hace ti y todavía se acuerdan como si fuera ayer, del comportamiento de Severus cuando te marchaste".

Estas dos posiciones las desorientaron, si bien se mantenían unidas. Una le producía el instintivo deseo de cortar con todo y huir, en tanto que la otra la mantenía sujeta a sus obligaciones, como si estuviera anclada con firmeza. Sus pensamientos iban de una a otra en forma incansable y solo cuando se sintió agotada por completo, se pudo enfrentar a la solución obvia de su problema. Huir era un acto de cobardía y quedarse, requería una gran dosis de valor y esto era algo que nunca le había faltado.

Cuatro años antes se sintió infeliz y ya llevaba en su ser al hijo del hombre que la obligó a actuar así al ponerle un ultimátum. Huyo como una cobarde. Pero esta vez seria distinto, debía ser diferente.

Con esta decisión se durmió. Aunque ignoraba cuan pronto se pondría a prueba su decisión.

Cuando despertó el domingo por la mañana, el cielo estaba completamente cubierto de nubes y llovía. Era casi imposible de creerlo dado que por la noche, estuvo completamente despejado y las estrellas brillaban.

Ferdie, como la mayoría de los niños, se sintió muy molesto por tener que permanecer en el interior de la casa. La lluvia era fina y constante, tan fina que casi parecía rocío y, aunque no era una lluvia torrencial, no podía exponer a su hijo a que se enfermara. Sin otro atractivo, el niño se regreso a dormir después del almuerzo y Hermione pensaba hacer lo mismo cuando por medio de Salome recibió el mensaje de que Severus quería verla en su estudio.

Un llamado de él no era algo que se podía ignorar.

Severus se encontraba de pie frente a la ventana cuando Hermione llego al estudio. Le daba la espalda a la puerta y al parecer no se percato de su llegadaza hasta que dio unos golpecitos en la puerta para llamar su atención. Dio media vuelta. Vestía un pantalón oscuro y camisa abierta en el cuello, de color negro, parecía como si fuera el mismo demonio. Le hizo la señal de que entrara y cerrara la puerta. Así lo hizo, y se sintió un tanto alarmada al comprender que era como si se encerrara en la habitación con un demonio negro que la observaba con ojos malignos.

-Te tomaste mucho tiempo para venir –le reprocho y con gran dificultad, procurando dominar su cólera, Hermione le respondió:

-Vine en cuanto recibí el aviso.

Redujo la distancia que los separaba y su elevada estatura resultaba una amenaza. Se preparo para hacer una rápida retirada si fuera necesario.

-Dos domingos atrás te hice una proposición y creo que ya es tiempo suficiente para que me contestes.

-Si, supongo que te debo una respuesta.

-¿Y bien?

-Mi respuesta es no –le dijo con toda calma. La mandíbula de Severus se endureció.

-¿Puedo saber porque?

-No quiero caer en la misma situación de la que Salí hace años –le respondió irritada-. Me niego a ser usada como objeto, Severus. Ni siquiera en beneficio de la salud de Ferdie lo haré.

-¿De Ferdie? –dijo como un eco con la mirada asombrada, que la hubiera enloquecido si no fuera porque era conciente de la verdad.

-Si, de Ferdie –le replico con los ojos centelleantes de rabia y siguió perderlo. Sabes que te necesita a ti tanto como a mí y por eso pensaste que seria la gran idea que estuviéramos juntos otra vez –hizo una pausa para reír irónica frente a su rostro que se quedo petrificado, antes de continuar-. ¡Oh, si! Tus motivos son muy encomiables, pues tienes miedo de que me marche y me lleve a mi hijo con migo.

Un silencio mortal siguió a su explosiva exposición, pero después él estallo con tal violencia que la hizo estremecer y retroceder un paso.

-Ferdie permanecerá aquí, que es donde pertenece y puedo ser padre y madre para él si es necesario, por lo que no me importa ni un comino si tú te quedas o no.

Pese a que supo la verdad la noche anterior, y le resulto muy dolorosa, ahora le parecía insoportable viniendo de él y, en consecuencia, sintió que la invadía una palidez mortal.

-Ya veo que Bellatrix tenía razón, después de todo.

-¿Qué tiene que ver Bellatrix en esta discusión que es entre nosotros dos? –le pregunto furioso.

Solo entonces Hermione comprendió que había hablado de más. Como si hubiera pensado en voz alta. Se vio obligada a continuar.

-Tiene mucho que ver en esto. Anoche me aclaro algunas cosas que, aunque ya las sabia, no quería pensar en ellas. Ella se mostró muy alegre y complacida para estrellármelas en la cara. Me aseguro que único motivo por el que tú quieres reanudar nuestro matrimonio es Ferdie.

-Ya me doy cuenta –hablo con exasperante calma.

-Me complace que te des cuenta y te agradecería que no intentaras negar lo que ella dijo, haciéndome quedar como una mentirosa –le dijo enfrentándosele con la verdad como ella la veía-. Nunca te he importado, cuando me fui hace cuatro años, tu orgullo fue lo único que sufrió un golpe, pero ahora esta Ferdie y como dijiste hace un momento, no te importa ni un comino si me quedo o me marcho. Esto, Severus, es una prueba suficiente para mí.

-¡Hermione! –Grito trémulo por la ira, acercándose hacia ella, quien se encontraba alterada.

-¡No me toques! –Le grito retrocediendo hacia la puerta-. Y nunca vuelvas a estar siquiera cerca de mí. ¡Nunca!

Hizo un ademán de impaciencia pero se mantuvo en distancia.

-¡Escúchame por un momento!

-¡No, ahora tu eres quien me va a escuchar, Severus! –en sus frases estaba volcada toda la amargura y todos los sufrimientos que había soportado esos cuatro años y que en esta ocasión, se los lanzaba a la cara. Estaba pálida por la ira que tanto tiempo contuvo, pero continuo-. He tolerado todo lo que un se humano puede resistir, pero si piensas que me voy a marchar y dejarte a mi hijo, entonces tendrás que volverlo a pensar. Seré tu esclava, me destrozare las manos trabajando, si eso es lo que quieres, pero nunca vuelvas a esperar nada de mi de lo que puedas recibir de cualquier otro empleado en la hacienda.

-Hermione…

-¡Te odio y ahora vas a escucharme! ¡Te odio! –le grito con una demencia no acostumbrada.

Abrió la puerta y salio rápidamente, ahogada casi por los sollozos. Sin detenerse llego corriendo hasta su apartamento y, cuando estuvo en el centro de la sala, comprendió que no podía quedarse allí sentada después de la escena anterior.

Las llaves de su automóvil estaban encima del escritorio, las tomo al pasar. Se metió en el coche y se dispuso a poner en marcha el motor. Necesitaba huir hacia cualquier parte; necesitaba huir de ella misma. Deseaba reflexionar y no podía hacerlo estando en Bordeaux donde el pasado y el presente se habían unido con efectos torturadores y no podía soportar esa agonía.

Su auto, lento al principio, tomo mayor velocidad cuando paso frente a la casa principal. El camino hacia el arco de entrada le pareció interminable. No podía alejar de ella la horrible sensación de que en cualquier momento alguien saliera y le quisiera impedir que buscara el alivio de la lejanía. Por fortuna nadie se presento y experimento alivio al tomar la carretera hacia Stellenbosch*. No tenía especial motivo para dirigirse a la ciudad, lo único que quería era huir. Conducir su automóvil le ayudaba a razonar y ordenar sus pensamientos.

La lluvia se había calmado, pero las llantas aun resbalaban en el pavimento mojado. Los vehículos que se cruzaban le salpicaban el parabrisas, obligándola a emplear los limpiadores. No se encontraban numerosos autos en la carretera, por lo que imprimió mayor velocidad. El campo estaba verde y húmedo por las lluvias y hacia donde volviera la vista encontraba viñedos que crecían y prosperaban. Hermione no se fijo en nada de esto, solo se le representaba la cara de Severus con su actitud colérica y fría. "Ferdie permanecerá aquí, que es donde pertenece y puedo ser padre y madre para él si es necesario, por lo que no me importa ni un comino si tu te quedas o no". Estas palabras le martilleaban en la cabeza constantemente.

"No me importa ni un comino si tu te quedas o no…". Esta frase resumía su situación. Irse o quedarse… irse o quedarse… estas palabras la obstinaban. Era imprescindible tomar una decisión. Aunque resultara peor que el infierno, no podía irse otra vez. Tenia que quedarse por el bien de Ferdie; por el bien de todos y tal vez… tal vez en un futuro muy lejano, su destino fuera más benigno.

Sus pensamientos se encontraban a muchos kilómetros de distancia cuando un perro negro y enorme atravesó la carretera, exactamente frente a su coche. Reacciono por instinto. Freno con brusquedad desvío su automóvil para no atropellar al animal, pero las llantas patinaron en el asfalto mojado. El perro huyo ileso, pero Hermione no pudo controlar su automóvil. Tuvo la extraña sensación de que todo sucedía como "en cámara lenta"; en ese momento no sintió miedo. El auto, siguió su recorrido, aunque por la orilla opuesta de la carretera. Por fin dejo el pavimento y dio una vuelta.

Pareció que el mundo entero se le venia encima acompañado de ruidos de metal y cristales rotos. Milagrosamente el coche volvió a quedar sobre sus ruedas. Hermione se mantuvo inmóvil durante unos segundos. Astillas de cristal sen encontraban dispersas por todas partes y se asombró de que ella estuviera bien. Momentos mas tarde tuvo que entrar en acción por que las llamas empezaron a salir del capo. Trato de abrir las puertas, mas no lo consiguió por que quedaron obstruidas. Entonces comprendió que se encontraba atrapada sin escapatoria posible. Tampoco pudo abrir el cinturón de seguridad cuyo mecanismo se altero. Las llamas continuaban elevándose y acercándose a ella; el pánico la invadió cuando empezó a sentir el calor del fuego en su rostro.

Intento romper el cinturón de seguridad, sin conseguirlo. Pensaba que si pudiera liberarse de esta atadura, podría escapar por la parte superior de cualquiera de las puertas, puesto que los cristales estaban destrozados. El calor de las llamas ya era insoportable y su desesperación aumentaba.

-¡Espere, voy a ayudarla! –escucho que alguien le decía a su lado. Se volvió y se encontró con un hombre de largo cabello negro que se disponía a auxiliarla. El humo la asfixiaba casi por completo y no la dejaba hablar y el miedo también le impedía pronunciar palabra. Su salvador saco una gran navaja y se dispuso a cortar el cinturón. Poco después, la ayudo a salir entre cristales rotos. Una vez que estuvo de pie en la carretera, el desconocido le pregunto:

-¿Hay alguien mas en el interior?

-No –le respondió tosiendo.

-¡Cuidado! –le grito y sin perder tiempo corrió y la arrojo hacia el suelo alejándola del automóvil.

Una tremenda explosión hizo vibrar el suelo y el olor de la gasolina ardiendo y hule que se quemaba, se esparció por todas partes.

Cuando por fin pudo levantarse, pudo ver que su auto era solo llamas y humo. Entonces pensó con horror en lo que le pudo suceder a ella. Comenzó a temblar a sabiendas de que si no hubiera sido por la oportuna llegada de ese desconocido que estaba a su lado habría muerto calcinada. El la examinaba con cuidado y le pregunto:

-¿Tiene alguna herida?

-No… me parece que no –le contesto haciendo un gran esfuerzo por controlarse.

-Tuvo mucha suerte en escapar de la muerte, ¿se da cuenta de esto?

-Si –le respondió nerviosa-. Y se lo tengo que agradecer a usted.

Siguió la mirada de él que se dirigió hacia el automóvil en llamas y en silencio volvió a repetirse lo que él le dijo: había escapado de la muerte. Debía considerarse afortunada.

-Desde luego, su coche quedo inservible –le dijo como si a él también le afectara la perdida.

-Si, me imagino que ya no tiene reparación –le contesto.

Voces extrañas llegaban de varias partes y, cuando se volvió pudo ver que varios automóviles se habían detenido en las cercanías. Ansiosa de alejarse de allí cuanto antes, acepto la ayuda se su desconocido salvador mientras los curiosos continuaban observándolos a ambos.

-¿Me podría llevar hasta la hacienda Solitaire?

Solo entonces se percato de que se encontraba a corta distancia de los viñedos de Solitaire y le explico:

-Es que allí tengo amistades.

El hombre asintió y empezaron a alejarse de la gente que se había congregado y que les preguntaban los detalles del accidente. Se sitio agradecida de que se día se hubiera puesto unos pantalones holgados cuando descubrió que su salvador no viajaba en automóvil, si no, en una motocicleta.

-¿Nunca ha viajado en una de estas? –le pregunto, interpretando su mirada curiosa y un tanto intrigada.

-No, nunca.

Se mostró atento y le ayudo a colocarse y ajustarse el casco adicional que llevaba. Le explico en que sitio debería apoyar los pies y en que forma debía apoyarse en él.

-¿Me dijo hacienda Solitaire? –inquirió mientras ponía en marcha el aparato.

-Si –le respondió a gritos para que la pudiera escuchar a pesar del estruendo del motor-. Esta a menos de un kilómetro de aquí.

Se alejaron con rapidez de la escena del accidente que pudo haber terminado con su vida.

Fin del capitulo.

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En el próximo capitulo:

-No quise atormentarlo…

-… el destino quiso intervenir…

El automóvil de Bellatrix se encontraba frente a la casa…

…Es mejor que te marches…

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Gracias por leer.

Si tienen dudas o preguntas hágamelo saber y contestare todo lo que pueda.