Tuve mas de un contra tiempo, pero ¡hey!, solo fueron cuatro días.

Espero que disfruten.

Capitulo 13

Fic basado en la novela "Volverás a mi" de Ivonne Whittal.

Cuando Hermione vio los tejados góticos de Solitaire entre los árboles, le parecieron la más agradable y esplendorosa bienvenida de su existencia. En esos momentos empezaba a sentir los efectos posteriores de la experiencia que acababa de tener. Todo su cuerpo se estremecía, sentía ligeras magulladuras en uno de los hombros y en el pecho, como consecuencia de los esfuerzos que hizo para liberarse del cinturón de seguridad. En su frente tenia una ligera cortadura.

El estruendo del motor de la motocicleta debió llamar la atención de Luna, porque la puerta de roble se abrió antes que Hermione llamara.

-¡Hermione! –Exclamo preocupada.- ¡Por el amor de Dios! ¿Qué ha sucedido?

Su mirada inquisitiva iba de su amiga al hombre de pie a su lado, pero fue esta quien le explico:

-Tuve un accidente con mi automóvil como a un kilómetro de aquí y este caballero, muy bondadosamente me ayudo y me trajo.

De inmediato Luna comprendió la situación, le tendió la mano al desconocido y los invito a los dos:

-Pasen ustedes.

-Yo no podré hacerlo. Tengo una cita en Stellenbosh y ya estoy un poco retrasado –declino la invitación y volteándose hacia Hermione con una mirada muy especial, le dijo-: Encantado de haberle servido.

Hermione trato de detenerlo, pero él dio media vuelta sin esperar más y partió sin que pudieran alcanzarlo.

-¡Oh, querida Luna! Ni siquiera pude preguntarle su nombre.

-Tranquila, me parece que le conozco; si no equivoco creo que su nombre es Sirius Black –murmuro tratando de consolarla y con afecto la tomo de un brazo.

-¿Black? –susurro intrigada.

-Me parece que un primo lejano de Bellatrix, según lo que he oído de Draco nunca se ha llevado bien con Severus. Ahora entra y descansa.

Hasta ese momento Hermione no podía pensar con cordura y la tranquilizo el que alguien se hiciera cargo de todo; en especial alguien tan eficiente como Luna. La condujo al baño y allí le ayudo para que se aseara un poco. Se sintió mucho mejor en cuanto se quito el polvo, pero su amiga no pensaba que eso fuera todo. Tomo un botiquín de primeros auxilios y, en silencio, le desinfecto la pequeña herida de la frente y cuando termino, la acompaño a la sala.

-Esto es lo que ordeno el doctor –le dijo con una sonrisa al ofrecerle una taza-. Tómalo y después me explicas todo lo ocurrido.

Obedeció en silencio y bebió la infusión bajo la mirada escrutadora de Luna, no le sorprendió el sabor a brandy mezclado con las hierbas. Todavía temblaba y comprendió entonces que tan delgada es la línea que separa la vida de la muerte. Recordó como quedo atrapada en el interior del coche sin poder liberarse y escapar. En ese momento podría yacer fría y sin vida a un lado de la carretera, o quizá calcinada en le interior del auto en llamas.

-No hay mucho que decir –le explico a su amiga con voz apagada y temblorosa, cuando Luna tomo la taza vacía de sus manos inseguras-. En realidad, todo fue culpa mía. Viajaba demasiado rápido a pesar del pavimento mojado y un perro se cruzo en mi camino. Trate de eludirlo y mi coche patinó, me salí del camino y se volcó el auto.

Al recordarlo, le pareció que volvía a vivir aquellos horrorosos momentos e incluso creyó sentir el calor del fuego que se aproximaba.

-Tuviste mucha suerte en quedar viva después de ese accidente.

Esa misma frase que le dijo Luna la obsesiono desde el momento en que fuera rescatada.

-No tendría ahora esa fortuna de no ser por el cinturón de seguridad que me mantuvo en el asiento y por el hombre, que me saco del auto. De lo contrario, ahora lamentarían mi muerte.

Volvió a sentir el calor e las llamas que salían del capo. Procuro dominarse y siguió narrando los acontecimientos.

-El coche empezó a arder y por más que intentaba liberarme del cinturón, no podía lograrlo, porque el mecanismo se quedo trabado durante el accidente. Si no hubiera sido por, Sirius ¿verdad? –Luna asintió-, que me trajo aquí y que llego oportunamente y corto la banda del cinturón de seguridad yo…

Se detuvo bruscamente, incapaz de continuar y Luna, incrédula, le pregunto.

-No me digas que tu automóvil se incendio.

Hermione asintió en silencio y después explico.

-Estallo en llamas pocos segundos después de que pude salir.

La trágica escena impresiono a Luna, quien estaba tan pálida que solo sus ojos eran la nota de color en su rostro.

-¡Oh, Dios mío! Es mejor que le avise a Severus para que sepa que estas aquí y a salvo.

-¡Por favor, no! –La detuvo Hermione-. Por lo menos, no todavía.

-Severus se preocupara cuando se entere de que no llegaste a donde te dirigías.

Lo negó con la cabeza. Sus manos crispadas estaban en su regazo.

-No iba a ninguna parte en especial y, además, creo que ni siquiera sabe que salí de la hacienda… ni creo que se preocupe por esto.

-¿Por qué?

-¡Oh, Luna! Siempre nunca he sido muy feliz, pero ahora, ahora…-se detuvo en su explicaron y después siguió-. Si no fuera por Ferdie, hubiera preferido morir en el incendio de mi automóvil.

-¡No digas eso!

-¿Qué otra razón puedo tener para vivir, si no es la de mi hijo? A Severus no le importo… Así me lo aseguro…

-¿Y a ti te interesa todavía?

-Creo que nunca he dejado de amarlo –le confeso, pero sus recuerdos volvieron a centrarse en la conversación que sostuvo con Severus-. Cuando le hice ver que él tenia miedo de perder a Ferdie, por que yo podía marcharme, me recalco que el sito de Ferdie estaba en Bordeaux, pero no le importaba ni un comino si yo me quedaba o no.

Casi un dolor físico pudo notársele cuando pronuncio esta frase y levanto la vista para ver a Luna.

-¡Hola! ¿Qué sucede aquí? –la voz de Draco interrumpió el pesado silencio que reino en la sala cuando entro.

-Hermione tuvo un accidente en su auto –le explico con toda calma su esposa y una expresión de asombro sustituyo su anterior sonrisa.

-Entonces, ¿era tu auto el que vi arder como a un kilómetro de aquí?

-Si.

-Querido, quiero que te quedes aquí con Hermione –le dijo a Draco con voz suave antes que este pudiera agregar palabra-. Creo que ya es tiempo de avisarle a Severus, le haré una llamada.

Aunque Hermione no estaba muy de acuerdo con esa proposición, asintió y se quedo en la sala con Draco.

-¿Qué sucedió? –le pregunto sentándose en el lugar en el que antes estuvo Luna.

Hermione le narro con brevedad el percance y la forma como llego a Solitaire. Entonces el sugirió:

-Creo que es indispensable que te examine el doctor. Puedes sufrir algunos golpes internos o algo similar.

-No es necesario Draco, muchas gracias. Tengo ligeros golpes y contusiones, pero me siento bien.

Draco no quiso insistir y pocos instantes después Luna regreso con una expresión muy especial en su rostro.

-Hable con Severus y viene en camino –explico sentándose en el brazo del sillón en el que estaba su esposo, a quien se dirigió-. Draco, quiero que en cuanto llegue te marches y me dejes el resto a mí.

-¿Qué malicioso plan has elaborado, Luna?

-La realidad es que no tengo ningún plan hasta que llegue Severus. Entones veré que hacer.

-¿Qué te dijo? –cuestiono Hermione.

-Muy poco, pensó que perdiste la vida.

-¡Que! –exclamo consternada.

-¡Por el amor de Dios Luna! ¿Qué le dijiste? –interrogo Draco.

-No mucho, de verdad.

-Debiste mencionar algo que lo obligo a suponer esa atrocidad –insistió Draco.

-Le dije que Hermione sufrió un accidente y que su auto se incendio pues se volcó –explico con toda calma y a continuación agrego-: Antes que pudiera asegurarle que Hermione se encontraba bien, formulo un sin fin de preguntas, sin darme la oportunidad de aclararle la situación.

-¿Qué te dijo? –Inquirió Hermione.

-Me pregunto donde estabas, y, por supuesto, le informe que aquí. Solo cuando insistió en que no te movieran de aquí antes de que él llegara para verte me di cuenta de que daba por muerta.

-Y tú le dejaste que pensara lo peor –le reprocho Draco.

-No pude sacarlo de su error por que corto la comunicación.

-¡Luna! –La exasperación de Draco tenía ya un ligero asomo de malicia cuando siguió hablando-. Las cosas que a veces haces me desconciertan.

-No quise atormentarlo, sin embargo, es una forma de que Hermione compruebe que tanto le importa a él –argumento Luna, convencida.

-Jugaste con fuego –le advirtió Draco, mientras que en su interior Hermione sintió compasión por Severus.

-Pero ese juego lo inicio él al suponer equivocadamente que Hermione estaba muerta y no me dio la oportunidad de aclararle la situación.

Con repentino temor Hermione intervino.

-Luna, pero…

-Cálmate –la interrumpió-. El destino quiso intervenir en tu ayuda y, si no me equivoco, pronto podrás conocer la verdad.

"¡La verdad!"… pensó sarcástica, "Ya la conocía y la única reacción que podía esperar de Severus seria su actitud brusca y hostil que desde ahora la hacia estremecer"

-Estaré en el estudio, por si me necesitas –dijo Draco poniéndose de pie, pero cuando cruzo cerca de su esposa, esta le tomo la mano y se la oprimió cariñosamente.

-Gracias Draco.

-Creo que estas loca, pero todavía te amo.

Salio y dejo a Luna y Hermione en la sala. Ellas se veían una a la otra en silencio. Después Luna sonrío a su amiga para infundirle ánimos y le dijo:

-Lo que nos queda por hacer es esperar que llegue.

Esperar… ¿Esperar que?... se preguntaba Hermione con tristeza. Empezó otra vez a llover, con una lluvia fina que humedeció y empaño los cristales de las ventanas. Hermione estaba tensa y nerviosa al continuar pensando en la terrible experiencia por la que acaba de pasar, pero Luna procuró sostener la conversación. El té todavía estaba caliente y sirvió sendas tasas para ellas.

El ruido de un automóvil que se aproximaba a gran velocidad pudo escucharse, Luna se puso de pie con rapidez y Hermione sintió que una especie de terror la invadía.

-Debe ser Severus –comento la rubia, encaminándose a la ventana para observar. En cuanto pudo verlo, le confirmo-. Si, es él.

-¡Luna!

Hermione se puso de pie como impulsada por resortes, pero la mano de su amiga la contuvo al instante y sin ceremonia alguna la obligo a sentarse.

-Pase lo que pase, sostén la calma.

¿Calma? ¿Cómo podría volver a tener calma alguna vez?

Su mirada siguió a Luna cuando salio de la sala y dejo la puerta ligeramente abierta de modo que pudiera escuchar sin ser vista, lo que ocurría en el vestíbulo.

-¿Dónde esta? –cuestiono Severus y los nervios de Hermione casi se destrozaron en cuanto se dio cuenta de que abrían la puerta.

-Aquí esta –dijo Luna.

Escucho pasos fuertes y apresurados que se aproximaban ella y, de súbito ella se relajo. Apareció Severus y la joven se pregunto si realmente era él.

Su palidez contrastaba con la negrura de su camisa, aun más de lo habitual y su cabello estaba revuelto y desordenado, como si se lo hubiera mesado en varias ocasiones. Sus ojos parecieron incendiarla en cuanto la vio.

-¡Hermione! –su nombre salio de sus labios con un tono extraño en él y después se arrodillo junto a ella.

Sus manos siempre enérgicas y seguras, ahora temblaban mientras la palpaban, como si quisiera cerciorarse de que estaba viva.

-¿Estas herida?

-Unas pocas raspaduras y ligeros golpes pero no, no estoy herida. –le contesto casi en un murmullo, incapaz de apartar sus ojos del hombre que tenia a sus pies.

-¿Estas segura?

-Si, estoy segura.

Con la punta de sus dedos toco ligeramente la lesión en la frente y, con gran ansiedad le cuestionó:

-¿Querías… Ibas a?...

-¿A suicidarme? –completo la pregunta que él no se atrevió a formular- No, no pensaba hacerlo.

El suspiro de alivio transformó su rostro haciéndole desaparecer la angustia.

-¡Hermione!... –las manos de Severus estrecharon las suyas, pero hubo una pregunta que la cautivo-: ¿Puedes regresar a casa conmigo?

Nunca lo había visto despojado de su actitud arrogante y autosuficiente. Casi le dolió verlo así e hincado a sus pies. Hubo una ocasión en la que quiso verlo de esa manera, pero ahora no.

-Iré a la casa contigo –le dijo con voz entrecortada y otra vez ese aspecto de alivio que observo en su rostro, la conmovió.

La ayudo a ponerse de pie y la sostuvo por el codo para impulsarla a salir de la sala.

Luna había permanecido con discreción a un lado y cuando se dirigían hacia la salida, Severus exclamo:

-¡Gracias por tu ayuda!

-Fue un placer.

El regreso a Bordeaux se hizo en silencio y cuando cruzaron los restos del auto incendiado, la única reacción de Severus fue crispar sus manos en el volante.

¿Se imaginaria cosas que no existían? ¿Podría interpretar la forma en la que él se comporto como una prueba de que si le interesaba ella? ¿No tendría otra explicación?

El automóvil de Bellatrix se encontraba frente a la casa de Severus cuando llegaron a la hacienda por lo que Hermione sintió que sus ilusiones se desvanecían y se convertían en cenizas. Le lanzo una mirada a Severus, pero su expresión no le dio ningún indicio ni de sus pensamiento ni se su reacción. Dejaron el auto cercano a la entrada de la casa y él la ayudo a que descendiera. Caminaron en silencio hacia la casa y cuando entraron en ella, Bellatrix se levanto de uno de los sillones de la sala y corrió para arrojarse en los brazos de él.

-¡Querido, te he esperado durante siglos! ¿En donde estabas? –por encima del hombro alcanzo a ver a Hermione que observaba y se mantenía en silencio. Al verla, su alegría se transformo en el más claro y venenoso gesto de envidia-. ¡Oh, has estado con ella!

Hermione se mantuvo inmóvil, como petrificada, esperando que la escena que tantas veces tuvo que aguantar, se repitiera, mas no fue así.

Severus se aparto de los brazos de Bellatrix.

-Es mejor que te marches a tu casa, quiero estar a solas con mi esposa.

-¿Tu esposa? –Cuestiono desdeñosa, lanzando miradas cargadas de veneno hacia Hermione-. ¿Cómo puedes llamarla así después que te abandono sin decirte siquiera que esperaba un hijo tuyo?

-Hermione se fue de la casa en condiciones adversas y yo estaba tan ciego que no me di cuenta de que era por culpa mía –le respondió co firmeza en tanto que Hermione casi no podía creerlo-. Ahora, te sugiero que hagas las cosas como te digo, Bellatrix. Ve a tu casa y déjame a solas con mi esposa.

-Tu sabes que no me puedes tratar de esta forma –le reclamo alterada-. No puedes tratarme de esta forma. ¡Ya lo sabes!

-Si quieres ser bienvenida en esta casa en el futuro, te aconsejo que me obedezcas –la advertencia de Severus fue calmada pero firme y Hermione se quedo asombrada al ver que la actitud histérica de Bellatrix desaparecía de inmediato.

-Muy bien, ¡me iré! ¿No estas molesto conmigo?

-No, no estoy enfadado contigo.

Asintió en silencio y salio de la casa; pocos momento después se pudo escuchar el estruendo de un motor que se alejaba de la hacienda

Hermione se sintió confusa y asombrada por lo que acababa de presenciar. Desde lo más profundo de su subconsciente, trataba de encontrar una explicación para la conducta de Bellatrix y en cuanto la encontró la desecho y pensó que era ridícula.

Severus la condujo a un sillón y ella le envío una mirada curiosa.

-Le pediste que se marchara y ella se marcho… como si fuera una niña.

-Eso es ella, una niña –le confirmo, arreglándose un poco sus cabellos con las manos. Después preparo dos bebidas para ambos.

-Pero ya tiene… ¿Cuántos… treinta?

-Si, ya cumplió treinta años, pero su forma de actuar y de pensar, a veces son infantiles. Sufre un ligero mal en el cerebro desde el nacimiento. Su capacidad de aprender, no resulto afectada, pero su conducta si y actúa en ocasiones de forma infantil y compulsiva.

-Ya comprendo –murmuro, al tiempo que aceptaba la copa que le ofreció Severus.

Severus permaneció de pie. Vacío su copa en dos tragos y regreso a dejarla vacía para dedicarse a caminar por la sala, mientras le explicaba.

-Cuando mis padres murieron, dejaron Bordeaux prácticamente en ruina y el padre de Bellatrix me ayudo para salir del atolladero. Le debo a Cygnus Black una enorme gratitud. Nunca le podré devolver todo lo que hizo por mi y por eso decidí ayudar a Bellatrix en todo lo posible, aliviándole a su padre la pesada carga. Por alguna extraña razón, parece que ella tiene más confianza en mí que en él y por eso es que en cuanto tiene alguna dificultad, viene presurosa conmigo. Soy el único que puede controlar su conducta y frenar sus caprichos infantiles y necesito continuar así hasta que haya quien me supla.

Lo que no le dijo, tal vez por que no estaba seguro, era que Bellatrix estaba enamorada de él, pero Hermione pensó que no era el momento mas adecuado para hacérselo comprender.

-¿Por qué no me dijiste todo esto antes? –le pregunto con mucha tranquilidad, comprendiendo, por fin, la extraña relación que había entre su esposo y aquella mujer.

-Orgullo tonto y obstinado, sobre todo –reconoció-. Cuando confías en alguien no tienes por que dudar de su conducta. Eso es lo que yo pensaba, pero me di cuenta de que estaba equivocado. La confianza es algo que nace y crece con el tiempo, gracias a la vida en común.

-También sucedió que yo era muy joven e inexperta… y un tanto alocada.

-Si, talvez… -acepto, reanudando su incansable caminar de un lado a otro-. Pero yo soy mayor y debí tener mejor juicio. Debí reconocer que una esposa es una persona que no nada mas debe aceptar todo lo que su esposo haga, como lo hizo mi madre.

¿Adonde conducía todo esto? ¿Qué significado tenia?

-¿Sabias que te busque intensamente durante casi mas de un año sin lograr encontrarte, hasta que me vi obligado a desistir? –La pregunta de Severus fue como una intrusa en los pensamientos de Hermione.

-¿Por qué lo hiciste?

-Porque pronto comprendí lo tonto que había sido y quise que regresaras. Como no te pude encontrar, deseaba que tú, por voluntad propia, quisieras volver a mí.

Ardía la llama de la esperanza a pesar de que ella intentaba apagarla.

-¿Pensabas que yo regresaría después del ultimátum que me pusiste de que si me marchaba, jamás intentara regresar?

-Ansiaba que comprendieras que aquella frase la dije sin pensar, cegado por la cólera.

Levanto la vista para mirarlo con duda.

-No te encontraste muy contento el día que me encontraste en Solitaire.

-Volver a verte me causo un impacto tremendo porque reviví la angustia que padecí en todos aquellos meses de inútil búsqueda. Además el descubrimiento de que yo tenía un hijo, hizo que todo mi poder de raciocinio se convirtiera en una tormenta casi incontrolable –le explico con un gesto de abatimiento-. En ese momento, lo que salio a flote fue, nada más, mi gran deseo de venganza. Vengarme de todo lo que sufrí con tu ausencia. Pero el deseo, la sed de venganza es como el aguijón de un escorpión, que se vuelve contra uno mismo.

Nunca, ni siquiera durante su primer encuentro habían hablado ambos con tanta franqueza y Hermione estaba resulta a no desperdiciar esta oportunidad.

-¿Piensas que tu fuiste el único que sufrió?

-Pensar con cordura ha resultado imposible en estos últimos meses. Me encontraba convertido en hombre y bestia, una especie de "Doctor Jekyll y Señor Hyde". Te odiaba con todas mis fuerzas, pero al mismo tiempo te deseaba y necesitaba tenerte junto a mí. Por eso quise herirte y humillarte aunque cuando lo lograba, lo único que me sucedía, era que todo lo que te hacia era como si me lo hiciera a mi mismo. ¡Dios mío, Hermione!, nunca llegarías a comprender bien el infierno en el que me he debatido durante los meses que me dedique a buscarte por cielo, mar y tierra. Recorrí todos lo hospitales y depósitos de cadáveres de muchas ciudades.

Se contemplaron en silencio y Hermione sintió el impulso de arrojarse a sus brazos, pero todavía quedaban muchas cosas por aclarar. Tomo otra gran sorbo de brandy e hizo un gesto de repugnancia por la fuerza de su sabor. Ya no podría tomar ni una gota más. Dejo su copa, se puso de pie y de dedico a observar a través de la ventana la lluvia que continuaba cayendo.

-Tenia muy poco dinero cuando llegue a Ciudad del Cabo –empezó a narrar lo recuerdos de aquellos trágicos días que vivió al marcharse de Bordeaux-. Apenas lo suficiente para pagar unas cuantas noches en una modesta casa de pensión. Por lo tanto, vendí mi automóvil al primero que me lo quiso comprar.

-También trate de encontrarte con los datos de tu auto, pero después de aquella casa de pensión y del comprador, las huellas se perdieron misteriosamente y por completo.

-Era muy difícil para mí encontrar trabajo en aquel tiempo y ya me sentía desesperada –continuo, casi sin darse cuenta de que Severus hablo. Siguió narrando aquellos sufrimientos de esa etapa de su vida-. Por fin, el doctor Dumbledore se apiado de mí y me consiguió trabajo en un hogar para madres solteras lo cual me resulto muy conveniente por que se incluía una habitación para mí como parte de mi salario. Allí nació Ferdie y fueron tan bondadosos conmigo que me permitieron continuar trabajando, hasta que por fin pude encontrar un empleo más apropiado en una empresa de ingeniería. Ya podía llevar a mi hijo a una guardería y, mientras yo progresaba, él pudo pasar después a un jardín de niños. Yo ascendí de simple mecanógrafa a la secretaria de uno de los directores de la compañía.

-Hermione… -le hablo detrás de ella, pero apenas pudo darse cuenta de esto a causa de la emoción que la embargaba al narrarle los sufrimientos, las angustias y miserias que tuvo que soportar.

-No es fácil vivir bajo el peso de un sentimiento constante de culpa –las lagrimas le nublaban por momentos la visión-. Debí decirte que estaba embarazada, pero no lo pude hacer porque, cuando llegue a la casa en aquella ocasión, te encontré en el estudio con Bellatrix. Quise escribirte después que ya había nacido Ferdie, pero tuve mucho miedo de que me hicieras volver nada más por el bienestar de tu hijo y no pude hacerlo… simplemente, no lo pude hacer.

-¡Hermione!... –puso las manos en los delicados hombros de ella y la hizo volver el rostro para que lo enfrentara, sus ojos se clavaron en los de ella con ternura y exclamo-. ¡Te amo, Hermione!

Sintió que le faltaba la respiración.

-Eso… Eso… nunca me lo dijiste.

-Hay palabras y frases que difícilmente puede pronunciar un hombre que, como yo se desarrollo en la creencia de que ese sentimiento no existe –sus manos acariciaron con ternura el rostro femenino, mientras que con los pulgares enjugaba las lágrimas que resbalaban por las mejillas de Hermione-. Ahora creo que mis padres se odiaban mutuamente casi desde el mismo día en el que se casaron y así siguieron hasta que murieron. Con frecuencia me he preguntado cual fue la causa por la que decidieron casarse, pero supongo que nunca encontrare la respuesta.

-Oh, Severus –suspiro con una mezcla de compasión y de una alegría indescriptible.

Los labios de Severus encontraron los de ella, y esta lo abrazo por la cintura. Ahora sabía que le pertenecía y un calido sentimiento de felicidad la invadió.

-Pequeña como eres, tienes una fuerza incalculable –le dijo con una sonrisa-. Hiciste pedazos todas mis creencias, todas mis ideas anteriores quedaron hechas añicos desde el día que te encontré desconsolada en la carretera, sin saber que hacer con eso que con muy buena voluntad llamabas automóvil.

Hermione movió la cabeza. Sus ojos brillaban iluminados por ese sentimiento incomparable que la inundaba por completo: la dicha.

-No puedo creerlo.

-Debes hacerlo, Hermione. Mi gran amor por ti esta aquí –tomo una de las manos de su esposa y la llevo a su pecho para que percibiera el latir de su corazón-. Siéntelo y aprende a conocerlo porque no te puedo asegurar que te lo diga con mucha frecuencia.

Latía con fuerza aquel corazón bajo su mano y, sin poderse contener, se lazo otra vez entre sus brazos y busco ansiosa su boca con un beso voraz que la estremecían hasta lo mas profundo de su ser. En él había un gran deseo, súbitamente él se aparto y beso sus cabellos sedosos y fragantes.

-¡Oh, Dios! –la aprisionó entre sus brazos con tanta fuerza que ella se sobre salto.

-¿Qué hay de malo?

-Creo que nuca podré explicarte con precisión como me sentí cuando Luna me hablo para avisarme sobre tu accidente. Pensé que estabas muerta.

-Olvida eso ya –le pidió con voz suave, procurando también ella alejar de su mente todo lo sucedido. Al verle el rostro contraído por la angustia comprendió que solo había una forma de hacer que lo olvidara. Atrajo hacia ella su cabeza con gran ternura y lo beso suavemente.

Severus la tomo en sus brazos sin dejar de besarla y la llevo al sofá. La deposito allí y la aprisionó con su cuerpo. Paso un cierto tiempo antes que Hermione pudiera pensar con coherencia.

-Oigo risas y canciones o ¿es que estoy muy impresionada todavía? –le pregunto con voz apagada por que sus labios se apoyaban contra su cuello. Severus se separo un poco y le sonrió.

-La gente de aquí tiene, a veces, extraños poderes, si quieres puedes llamarlo magia y creo que en esta ocasión presintieron que volverías a mi.

-Y el valle tendrá ecos de risas… -murmuro, repitiendo las labras que en una ocasión le dijo Salome.

-Es algo extraño e increíble.

-Sin embargo, es cierto –le comento sonriente. Levanto sus manos para acariciarle el cabello-. De ahora en adelante, el valle tendrá siempre ecos de risas y de alegría y te juro que así será siempre.

Entre abrió los labios por la presión sensual de los de él y las caricias que aquellas manos ávidas hacían en todo su cuerpo eran como una sinfonía incomparable.

-¿Qué están haciendo? –la voz de Ferdie interrumpió el éxtasis en el que se encontraban.

-¡Oh, no! –murmuro retirando sus labios de los de Severus para volver la vista hacia su hijo.

-Estoy enamorando a tu madre –le informo Severus con cierto tono de burla-. Ahora ¡márchate!

-Nada mas preguntaba –replico indignado el niño. Dio media vuelta y antes de salir agrego-: La gente grande hace a veces cosas extrañas.

-Hay tiempo y lugar para cada cosa –aclaro Severus con tono adusto, procurando calmar su deseo-, y ahora no es tiempo, ni es la ocasión ni el sito apropiados para que pueda demostrarle mi amor a mi esposa. Ya tendremos tempo suficiente después, en cuanto te hayas repuesto de la tremenda impresión del accidente.

Hermione se sonrojo por la mirada provocativa de Severus. Se puso de pie y la ayudo a hacer lo mismo. Había una incitación para que ella le ofreciera otra vez sus labios entreabiertos y conteniendo la respiración, él la atrajo a sus brazos y la volvió a besar con gran pasión.

Pasaron varios minutos antes de que salieran de la casa para ir en busca de Ferdie.

Bellatrix continúo sus visitas a Bordeaux, mas se hicieron menos frecuentes hasta desaparecer, cuando comprendió que Hermione había regresado a su hogar para quedarse en definitiva. También durante ese periodo Hermione y Severus se convirtieron en verdaderos esposos y compañeros.

Para el verano de ese año, Hermione le confirmo las consecuencias maravillosas de su reunión: una vida nueva empezaba a desarrollarse dentro de ella. La alegría de Severus fue toda una revelación que ella no podría olvidar jamás. Él muy pocas veces le decía con palabras su sentimiento, como en una ocasión le anticipo. Sin embargo, las palabras sobraban cuando los hechos eran elocuentes.

En ocasiones, por las noches, cuando Hermione se encontraba entre los brazos protectores de Severus, podía escuchar en la distancia el sonido alegre de ecos de risas y melodías. Entonces, ella se acercaba mas al corazón del hombre que ahora le brindaba una vida plena de felicidad.

Fin

¡Atención! ¡Atención! ¡Atención!

Y aquí estamos, después de tanto tiempo.

Quiero agradecerles a todos y todas, quienes me han acompañado desde el principio, y aquellos que se han unido en el transcurso hasta el final. Ha sido para mi todo un honor poder llevarles esta maravillosa historia de Ivonne Whittal; "Volverás a mi".

Gracias por sus comentarios y gran paciencia en estos trece capítulos, ciento seis páginas y tres años y medio. Gracias