Los años pasaron desde la muerte de kaien, en su mente el recuerdo de aquel incipiente amor que le profesaba, producto de la soledad y la lejanía de Renji, había dejado de doler, consciente de que sus lagrimas no podían salir, ni en su escuadrón y mucho menos en la casa de su hermano. Recordaba la única vez que lloro y de cómo sus sollozos se detuvieron al igual que su respiración y los latidos de su corazón al creer escuchar a su hermano acercándose a su puerta. Ningún integrante del escuadrón entendía por qué no se había elegido aun un nuevo teniente y entre ellos hablaban de los posibles candidatos entre los que se destaca Rukia por ser integrante de la nobleza y por haberle dado muerte sola al antiguo teniente; solamente alguien con un gran poder espiritual podría haberlo hecho.
― Buenos días, señorita. –La voz una mujer la saco de su sus pensamientos en blanco mientras terminaba de ponerse su uniforme. –El señor la espera para desayunar, no tarde. –Claro, nunca lo haría. –Le contesto con la sonrisa que había aprendido a simular, con una reverencia la mujer salió de su habitación, nunca entendía por que cuando estaba en esa casa siempre tenía que compartir el desayuno con él, apenas era digna de que le dirigiera una mirada y sus conversaciones se limitan a preguntarle cómo le iba en el escuadrón. Si ella hubiera tenido algún problema él era la última persona que le pidiera apoyo.
El desayuno fue igual que en los últimos 50 años, eso pensaba hasta que la voz de Byakuya casi hace que se atragante con la sorbo de té. –Apúrate, hoy me acompañaras, ya le mande recado a Ukitake avisándole que llegaras tarde.
–Si. –Fue su única respuesta, lo que le faltaba que todo su escuadrón se enterara que tenía permiso de llegar tarde por ser de la realeza. Pensó que la mañana pasaría lo más aburrida posible, pero sus expectativas cambiaron cuando se dio cuenta que conocería una sección del Seireitei, que solo de aquellos de alto rango tenían acceso, pudo disimular su alegría gracias a esos años de instrucción y platicas del mayordomo donde nunca paraba de recordarle como debía comportarse además de que nadie jamás debía conocer sus sentimientos.
Byakuya se detuvo abruptamente. ― Siempre camina a mi lado y nunca detrás de mi a menos que te lo indique. –Ella únicamente asintió, al parecer ese día no pararían las emociones. Algunas veces la hacía esperar afuera de una oficina otras veces estaba junto a él, cuando conversaba con los encargados, pero lo que no podía ignorar eran los cuchicheos hipócritas que alcanzaba a escuchar cuando la dejaba sola. Discretamente por la ventana veía como el sol moría lentamente, debía de haberse dado cuenta antes que ese día no era de trabajo para ella. Casi al terminar la jornada ya sin muchos ánimos y sabiendo que de su hermano jamás obtendría respuesta alguna, fue cuando vio por primera vez a Gin Ichimaru e instintivamente busco protección en su hermano, el cual solo la miraba de reojo. Ya por la noche escondida en la obscuridad de su habitación no dejaba de pensar la sensación que le embargaba tan solo pensar en el capitán Ichimaru y por más que trataba de recordar donde más la había sentido sus ojos se cerraron con la esperanza de la llegada de un día.
―Supe que ayer te divertiste, Kuchiki. –Rukia no sabía si contestar la verdad y abrir sus temores a su capitán. –Escuche algunos comentarios de la "hermana del capitán del sexto escuadrón" hasta llegue a pensar que Byakuya te paseo por todo el Seireitei para buscarte algún pretendiente… -La risa del capitán Ukitake termino en una abrupta tos seguida por la sincera preocupación de Rukia, al punto que olvido sus temores al igual que el comentario de su querido capitán. Al fin y al cabo debería estar tranquila como lo dictaba el reglamento debería pasar un mes completo en escuadrón y las pocas veces que regreso por algunas cosas a la mansión jamás coincidió con su hermano, aunque eso la libera un poco del miedo y respeto que él le provocaba. Mientras caminaba más ligera por saberse sola en la mansión llego a pensar si un día podría encontrar a alguien con quien pasar su vida. Por muchos años pensó que él seria Renji, por algún tiempo se imaginaba que él la saludaba con un beso y la abrazaba por las noches, pero eso era tan lejano, si solo aquel día él la hubiera detenido y tan siquiera le hubiera dicho adiós con un te quiero… Ella habría dicho inmediatamente no y se habría quedado a su lado. Pero no podía pensar mas en eso, ella partiría a la mañana siguiente hacia el mundo de los vivos…
