Nunca se había sentido tan libre como en la celda del sexto escuadrón. Había podido decir sin remordimientos a Renji que su hermano la había ignorado durante los últimos 50 años y que si guardaba alguna esperanza no podía venir de él. Sus palabas tenían el aire de odio, soledad y desesperanza dejando atónito a Renji que jamás pensó en cómo fue su situación durante este tiempo, y aun mas cuando él la orillo a tomar esa decisión. Byakuya que escuchaba atrás de la puerta solo cerró los ojos y dio la media vuelta la nuevas noticias podían esprar un poco, por lo menos hasta que ella se calmara un poco.
Al recibir la noticia de su próxima ejecución de la boca de su propio hermano hizo algo que jamás pensó, tener la fuerza de mirarlo directamente a los ojos y sostenerle la mirada. Únicamente vio la indolencia y el hastió que sentía Byakuya por ella, únicamente le faltaba eso para confirmar que ella no importaba nada en la familia que tal vez había sido un momento de debilidad del cual estaba arrepentido. Mientras él lo único que pudo ver fueron los ojos de Hisana pero sin ningún sentimiento; no había ira, dolor, odio y mucho menos amor hacia él. En ese momento se percato que las promesas hechas no habían sido cumplidas en lo mas mínimo.
Cuando el ruido propio del sexto escuadrón disminuía entraba Hanataro para hacerse cargo de ella. Tenía que admitir que ser de la nobleza le permitía ciertos privilegios pero lo más que valoraba era la conversación.
- ¿Cómo es el mundo de los vivos señorita Kuchiki? –Preguntaba con alegra Hanataro mientas limpiaba y le servía la comida. Que mas daba hablar libremente de su estancia, de cómo era la gente de rara, del tipo de comida y sobre todo de Ichigo y del remordimiento que le causaba haber complicado su vida. Su condena ya estaba dictada hablar mas o menos no podía aumentarla más.
Los 15 días que había pasado sentada en esa celda observando únicamente la pared le había abierto los ojos hacia sus verdades sentimientos y ser consciente de su situación, al darse cuenta que lo que sentía por Ichigo no era solo el vago recuerdo de Kaien sino un sentimiento mayor que el que la unió con Renji en su tiempo. Las habladurías de los integrantes del escuadrón a sus espaldas no le importaban en lo mas mínimo si algo había aprendido en el clan Kuchiki era a mantener la cabeza en alto aunque a Byakuya no le importaba.
Renji volvió a ver el brillo en sus ojos, esos ojos que vio mas du una vez sonreír, llorar... le alegro el alma aun que él no fuera el causante de ese brillo, ni de esa mínima luz de esperanza. Que difícil era darse cuenta que su paloma nunca le perteneció
