Capítulo VIII
Ataque
-¡Maldita sea! ¿Dónde se encuentra esa niña?-Raphael salió de su cuarto iracundo buscando por todas partes con su mirada.
Hacia unos 4 días ya había logrado recuperar parte de su fuerza. Sólo que la mayor parte de ella era desperdiciada buscando a Sasha quien solía hacerle una que otra travesura mientras dormía.
-¿Ahora que?-preguntó Leo molesto de que le interrumpieran su meditación. Suspiró saliendo de su habitación para tranquilizar las cosas, bueno, a intentar hacerlo.
-¡Esa niña!¡de nuevo lo hizo!
-¿te mojó de nuevo la cama para que creyeras que la habías orinado?-Raph se puso rojo
-¡entonces fue ella!-Leo no pudo evitar dar una risotada
-pensé que lo sabías.
-Ahora si la mato, ¡la mato!
-Ya, ya tanto escándalo por una niñita
-¡claro!¡como a ti no te hizo esto!-se giró dejando mostrar en totalidad su caparazón, parecía que había dibujado las alcantarillas por las partes negras que serían quizá los túneles y el agua dibujada con unos rayones azules que parecía un río. Parecía que a la niña le pareció lindo adornar las alcantarillas con florecitas coloridas que parecían un caminito que terminaban hasta donde parecía estar una niña que bien podría ser Sasha, tomada de la mano de un perro gris, ambos con unas sonrisas de oreja a oreja. Junto a ellos parecía haber una especie de arillo amarillo que Leo interpretó como el sol por los rayitos que le puso alrededor.
Leo trató de permanecer serio, pero simplemente le era imposible.
-Te vez muy artístico-terminó diciendo estallando en risas.
-Ja-ja. Si muy gracioso. ¿Por qué no le tomas una fotografía para guardarlo en el álbum de recuerdos felices?-Leo hizo una mueca pensativa-¡ni se te ocurra!-amenazó Raph comenzando a buscar desesperadamente un cepillo largo que tenía para limpiarse el caparazón.
-Tío Rapha toma-dijo una vocecilla detrás de él
-tú-dijo con reproche-¿Por qué me hiciste esto?-ella alzó los hombros en respuesta.
-Te vez más bonito así-Leo se convulsionó al tratar de retener la risa. Raph le fulminó de reojo, luego los giró hacia el cielo tomando aire.
-¿Cuántas veces te debo decir que si quieres dibujar debes hacerlo en papel?-Sasha bajó su mirada al piso mientras hacia una especie de puchero. Raph miró de nuevo al cielo.-Bien. Olvídalo-dijo con voz aburrida-para tu suerte esto se limpia, que si no te dejaba embarrada en la pared como a Mike el otro día.
-No, tío Rapha seré buena-dijo la niña con voz tierna. Raph hizo un tipo de gruñido.
-Ya te dije que no me digas tío. Sólo Rapha ¿entendido?
-Me gusta más tío Rapha-Rapha enseguida enfocó a Leo que le alzó los hombros mientras sonreía divertidamente
-Yo no dije nada.
-No necesitas hacerlo mientras te traigas esa sonrisita burlona en tu boca.
-Tío Rapha, si quieres te ayudo a limpiar tu caparazón.-Raph giró los ojos
-Ya que, es lo menos que puedes hacer.-dijo en un murmullo
-me alegro ver que los dos finalmente se entiendan tan bien
-Cállate. Yo sólo la dejo para que enmiende sus travesuras
-Claro, claro nadie más dijo otra cosa-Leo hizo sus palmas hacia el frente como calmando con sorna a su hermano.
Mientras, la niña guiaba a Raph jalándole de la mano para dirigirlo al baño.
-¿Qué pasó?-preguntó Mike tallándose los ojos de sueño.
-Linda niñera. Te volviste a quedar dormido haciendo guardia ¿cierto?
-sólo me di un sueñito, eso no lastima a nadie-respondió aún somnoliento.-A menos que Rapha finalmente haya cumplido una de sus tantas amenazas a alguno de los niños.
-No creo, de hecho ahora mismo está en el baño con Sasha.
-¿de nuevo le pintó su caparazón?
-si-dijo Leo con una amplia sonrisa
-Soy un buen ejemplo para ella-dijo con orgullo
-para su desgracia.-la sonrisa de Leo se fue desvaneciendo cuando miró a un punto fijo.
-¿Qué pasa?-preguntó Mike cuando notó el cambio facial de su hermano. Cuando eso pasaba no podía evitar sentir que sus escamas se erizaban.
-La guarida está abierta-Leo tenía a la vista una parte de la salida de la guarida.
-A la mejor salió Don-atinó Mike tratando de ser optimista
-No creo…él nunca…-su cabeza inmediatamente giró a Mike-¿Dónde esta Zack? Mike abrió sus ojos como platones.
-No…no sé, la última vez lo dejé en su cuarto con Molly.-Leo sabía que Zack había salido, pero lo mejor era verificar. Se dirigió al cuarto donde dormían los niños y de golpe la abrió. Sólo estaba Molly meciéndose en la orilla de su cama. Sólo que esta vez había algo diferente.
Las almohadas estaban tiradas en el piso mientras las sábanas resbalaban de la cama rasgadas en una gran parte.
Molly por su parte parecía tener una especie de moretón en su rostro, como si le hubiesen golpeado con un puño.
Leo movió la cabeza negativamente.
-Busca a Don y atiende a Molly. Iré por Zack.-Mike asintió mirando asustado la escena.
-Si…yo me encargo…
Leo salió disparado fuera de la guarida mascullando maldiciones.
-"¿Qué hiciste Zack? ¿Qué le hiciste?"-se preguntaba una y otra vez mientras lo rastreaba.
Sentía mucha rabia en contra del chico. Realmente no quería pensar que le hubiera hecho algo a la pequeña frente a sus narices.
Lo peor de todo, es que comenzaba a creer que la prensa había exagerado la noticia de Zack. De nuevo había intentado creerle. Y de hecho comenzaba a comprenderse muy bien con el chico.
Pero obviamente se había equivocado de nuevo.
No entendía esa insistencia suya de intentar de creerle, cuando las pruebas estaban ahí.
El sí le hacía daño a gente, lo peor, a su gente. Sólo sabría dios lo que le había hecho a la pobre Molly.
No quería imaginárselo. No podía creérselo.
Corría por las alcantarillas metiéndose en uno y otro conducto y no le hallaba.
Se resignó a pensar que quizá estaría en la superficie.
Estuvo a punto de subir cuando escuchó unos chapoteos no muy lejos de ahí.
Inmediatamente se dirigió hasta aquel ruido, como cuando se camina entre los charcos.
Se metió a otro conducto que lo dirigía al canal principal donde el agua desembocaba.
Zack estaba sentado tranquilamente pegado a la pared lanzando pedazos de piedra de cemento que se habrían roto desde hacía tiempo.
-¡¿Qué haces aquí?!-preguntó Leo muy molesto. Tenía ganas de matarlo y destajarlo ahí mismo. Pero tuvo que contenerse. Primero debía averiguar que es lo que en realidad había pasado.
Zack dio un brinco como si no se hubiera percatado de su presencia.
-Lo siento. –dijo irguiéndose de inmediato-se que no debía salir, pero me sentía asfixiado estar en el cuarto, así que me di una escapada-lo dijo tan sincero, tan natural, que Leo o cualquier otro que le hubieran escuchado se lo hubieran creído.
Pero esta vez no sería así.
-¿Qué le hiciste a tu hermana Zack?
-¿De…de que hablas?-preguntó Zack con nerviosismo.
Leo desenfundó su katana apuntando hacia el rostro del chico. Este ni si quiera se movió.
-No me hagas repetírtelo que se muy bien que lo entiendes a la perfección.
Zack miró a los ojos de Leo.
-No le hice nada malo
-¿¡Con que cinismo me dices eso!?¡Es tu hermana Zack!¡por dios!¿Cómo pudiste?
-¿Qué piensas que le hice?-le preguntó frunciendo el ceño. Sus ojos de pronto se abrieron como platones-¡ey! No pensarás que yo…-siguió mirando los ojos de Leo que decían con claridad"si, si lo creo, abusaste de tu hermana"-¡sería incapaz hacerle algo así!
-¡al igual que todo lo que dices Zack! ¡Estoy cansado de tus mentiras!
-¡No estoy mintiendo!¡no le hice nada!-Leo le miró con suspicacia. Le miraba como si en realidad hablara en serio. Pero no podía creerle. Simplemente ya no podía hacerlo.
-¡No te creo!Te he permitido varias cosas Zack ¡pero esto fue el colmo! Hoy mismo te entregaremos a la policía.
Zack cerró la boca mientras agachaba la mirada.
-Las cosas no son lo que parecen Leo, sólo déjame explicar…
-He escuchado ya demasiado de ti-Leo le obligó caminar mientras seguía apuntándole con la Katana.
-Tuve que hacerlo…-dijo con voz temblorosa
-No hables…-siseó con voz peligrosa, pero Zack siguió hablando.
-es que no entiendes. Ella tiene ataques, tuve que calmarla, pero…-dejó de caminar-me pasé lo aceptó, debí hacerlo de una mejor manera, pero tuve que hacerlo para que ella no se hiciera daño.-Leo respiró hondo
-Zack, ya no creo en nada de lo que dices. Todo siempre es mentira.-Zack mordió su labio inferior tratando de retener las lágrimas.
-Leo…cree en mí por favor. Necesito que lo hagas ¡Yo nunca le haría daño!¡La amo demasiado como para dejar que algo malo le pase!¡Daría mi vida si fuera necesario para salvar la suya!
Leo siguió conduciéndolo a la guarida sin hacer caso a sus palabras.
Ya había escuchado suficiente, no iba a creerle de nuevo.
-Si realmente la quisieras, no le harías daño.
Siguieron caminando esta vez en silencio, sólo se escuchaban las gotas de la tubería y las corrientes de agua que recorrían las alcantarillas.
Giraron en una esquina que estaría a unos 7 canales antes de llegar a la guarida.
Y entonces Zack se detuvo.
-Sigue caminando Zack no quiero más excusas.
-¿Escuchaste eso?-Leo frunció el ceño
-No intentes distraerme-Zack siguió buscando cautelosamente con la mirada. Se recargó en la pared y cerró los ojos. Leo le miró confundido.
-Esta cerca de aquí ¿verdad?.-preguntó el chico casi en un susurro
-¿Qué cosa?
-Cerca de aquí lo escondiste, pero ¿Dónde?. ¿Por qué no intentas darme una señal al menos?-Leo entendió entonces que no era con él con quien hablaba. Desde su perspectiva, parecía que hablaba con la pared.
-Zack, ahí no hay nada-dijo mientras sentía un escalofrío en la columna.
-No puedo…¿Por qué no puedo hablar contigo? Necesito hablar contigo. Tú eres el único que puedes decirme donde está. Haz contacto conmigo, se que estás aquí ahora tratando de darme una señal.-decía aún recargado en la pared. Su mirada parecía ausente a todo lo que le rodeaba.
-¿Con quién hablas?-preguntó Leo preguntándose si tan sólo el chico estaría jugando o tratando de distraerlo.
Zack suspiró decepcionado mientras se alejaba lentamente de la pared.
-No me creerías.-dijo secamente y siguió caminando a la guarida. Leo se detuvo a mirar la pared con recelo. Movió la cabeza pensando que Zack realmente no necesitaba ir a la policía, si no a un psiquiatra.
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En el Central Park las hojas de los árboles se mecían con delicadeza al compás del viento mientras la luna brillaba de un color rojizo que era ocultada de vez en cuando por una que otra nube negra que anunciaba que pronto llovería.
Era una noche muy fría y poco acogedora. A estas horas casi nadie se encontraba en las calles.
Pero no sólo por el clima. Si no por la inseguridad que estaba sufriendo la ciudad.
De por si que ya era peligrosa y ahora tendía a serlo más.
Por eso Casey Jones permanecía cada noche sentado apaciblemente camuflado entre las ramas de un árbol, esperando. Como un perro guardián que siempre está atento a cada ruido, a cada olor a cada cosa que estuviera fuera de lugar.
Ya desde hacía varias noches había tenido que hacerlo sólo.
Siempre había trabajado asì, pero también contaba con la ayuda de sus amigos verdes y ellos contaban con la de él. Pero las cosas habían cambiado.
Ahora Casey contaba una vez más consigo mismo. Las tortugas no estaban ahí.
Y para colmo ni siquiera había podido irlas a ver. Hacía una semana se había propuesto hablar con ellos, o bien, gritarles a que dieran la cara, pero le fue imposible dado el trabajo que tenía.
Las noches eran muy largas y pesadas. Cuando el llegaba a casa era sólo para dormir. Cuando se daba cuenta ya era de noche y una vez más tenía que comenzar con su rutina.
Castigar a los delincuentes.
Por desgracia, por estar atendiendo esos asuntos había descuidado a April
En ella pensaba esa noche mientras esperaba que algún delincuente se apareciera en su camino.
Más que nunca deseaba golpear a alguien.
Antes de llegar ahí a ese viejo cedro, quiso visitar a April. Explicarle el porque no había podido irla a ver, el porque había estado tan ocupado.
Sabía que todo iba a comenzar en peleas, pero al final la recompensa sería más grata.
Pero para su desgracia o más bien, para su sorpresa sus planes se fueron al retrete.
El no solía llevar flores, ni ser el tipo de novios que se dedicara a los detalles, pero dada su situación supuso que sería lo más conveniente.
Así que eso hizo, a las 9 de la noche ya se había dado espacio en su apretada agenda para ver a April.
Y ahí estaba, fuera del edificio. Saliendo de un auto ajeno.
Con un hombre.
Era alto, apuesto, y fornido. Vestía de un ridículo traje negro que parecía un esmoquin al estilo de James Bond.
Y ella…
Ella se veía reluciente y hermosa. Lucía un coqueto vestido rojo largo con un gran escote en la espalda. Unos tirantes rojos dejaban casi al descubierto sus hombros blancos y delgados. Su cabello suelto caía rizado sobre sus hombros.
No hacía falta preguntar.
April había tenido una cita con ese hombre. Y él, por lo visto, se había dado el esplendor de llevarla a algún tipo de restaurante de lujo.
Cosa que él jamás había hecho.
Se tuvo que esconder en un rincón de la calle para que no se percatara de su presencia. Por más que le doliera esa escena él seguía mirando.
Sin darse cuenta ya casi había destrozado su ramo de rosas que le había llevado, y terminó de deshacerse de ellas cuando vió que él la besaba.
Y eso no le dolió.
Le dolió cuando vió que ella le correspondía.
Fue entonces cuando no pudo seguir mirando, tuvo que salir de ahí.
Tuvo que regresar a su rutina para desviar su mente a algo más sano.
Como destrozar delincuentes en sus manos hasta estrujarlos.
-La he perdido-se dijo pasando su mano por su cabello.
Sus pensamientos se fueron desviados cuando escuchó un grito.
-Ahí voy de nuevo.-se cubrió con su máscara de jockey mientras daba un salto del árbol.
Corrió hasta donde solicitaban ayuda.
-Un callejón, clásico-se dijo mientras se adentraba en el callejón.
Había un hombre mayor, calvo, gordo y de cabello blanco frente de una joven pelirroja de unos 15 años de edad que le daba la espalda, parecía que tenía acorralada a la chica.
Al lado de ella estaba tirado el cuerpo del que parecía ser de un niño y de una mujer mayor, quizá su abuela. Pudo percatarse que de ambos escurría un hilillo de sangre de sus bocas, mientras permanecían con una expresión de horror en sus rostros.
Era la tercera vez en esa semana que encontraba a las víctimas con esas expresiones, pero era la primera vez que lograba llegar a al escena del crimen antes de que el delincuente se le escapara.
-Hasta que das la cara feito-comenzó mientras sacaba un bat de baseball-¿Por qué no dejas que te arregle un poco el rostro? -quiso sonar amenazante como siempre solía hacerlo, pero al parecer no surtió efecto.
Aquel hombre seguía acorralando a la joven, sin moverse, ninguno de ellos lo hacía. Él estaba parado con ambos brazos caídos en los costados y ella estaba frente a él parada, sin moverse con la vista dirigiéndose lentamente al suelo ocultando su rostro con su largo cabello.
-¡eh! ¿Que estoy pintado o que? ¡Da tu cara abuelo si no quieres que te destroce la nuca!
No tuvo que brincar, gritar ni hacer nada. Lo que siguió lo dejó sin palabras.
El hombre cayó sobre su espalda, como si se tratase de un tronco que habían talado. Su cara estaba deformada en una de terror, sus ojos desorbitados, su frente fruncida y su boca abierta como si ahogara un grito.
-¿Qué rayos…?-dio un paso hacia atrás por mero instinto, no le gustaba ni una pizca lo que estaba viendo.
-Casey Jones-susurró la joven, su voz era delicada y melodiosa como un canto de sirena. Casey no pudo evitar sentir que su corazón diera un vuelco de emoción cuando la oyó.
-¿cómo sabes mi nombre?-preguntó sintiéndose extraño al tener tantas sensaciones en tan sólo un minuto.
Sentía miedo, rencor, odio, deseo, lujuria, ira.
Todo lo que hacía que su corazón palpitara con fuerza y la sangre le subiera a la cabeza como cuando la ira le opacaba la razón.
La chica sonrió, dejando mostrar sus labios rojos y carnosos.
-Apártate de nuestro camino-fue lo que dijo la joven mientras daba un brinco hacia las escaleras de emergencia.
Parecía que volaba.
-¡¿Cómo es posible que hayas saltado de esa manera?!-gritó Casey con los ojos desorbitados-¡¿qué demonios eres?!
Ella le sonrió de nuevo sin dejar ver sus ojos.
- Hemos notado que has estado metiéndote en asuntos que por ahora no te conciernen. Por el momento aléjate de nuestro camino Casey Jones, eso si no quieres terminar como esos individuos.
Dio otros dos saltos y logró llegar hasta el techo del edificio, desapareciendo en su totalidad.
Casey no podía moverse.
Estaba paralizado, no entendía por que.
Tan sólo bastó escuchar la voz de esa chica para que él se paralizara totalmente, para dejarlo confundido.
Miró al suelo y recorrió los cuerpos de los ancianos y del niño.
Esas caras de terror le habían dejado atónito.
-¿Qué pasó con estas personas?¿Que criatura era esa?
Hola hola
Aquí de Nuevo actualizando XD buhaaha la moda la moda XD
En fin seré breve dado a que debo meterme a bañar XD, aver si no se tapa el caño :P(nee)
Ksk, ¿Qué los corran?,pero por que? Si se la pasan bomba de niñeros:P…bueno, realmente no pero les caerá como bomba al menos XD. Ya vez, Rapha va está mucho mejorcito, pero la cosa no queda ahí nñ.
Seee de pronto se me ocurrió el rollo Gollum XD, pero bueno ya verás que onda nñ.
Rebe, dont worry que ya comenzaré a darle más acción a la cosa que si no la que me van a dar acción serán ustedes cuando me den de pedradas :P jus jus
Karliña jeje ¿eso crees? Bueno , eso tendrá que verse después :P y quizá tengas algo de razón…quizá:P. Ya quiero darme el salto a lo más movido XD, pero he de seguir la secuencia que si no luego ni yo me entiendo XD
En fin niñas tuve que ser muy breve ya que en 15 minutos deberé darme un baño antes de que me venga a recoger una amiga para irle a ayudar a limpiar su nueva casa…que le renta mi familia ToT odio eso. En fin. Nos vemos ;)
