El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XIV

El baile de los corderos

El pasto verde se movía suavemente al compás del viento mientras el canto de los corderos cubría la colina por doquier, con sus pezuñas haciendo crash y crush, y las caras pálidas impresas en alegría.

Los párpados se cerraron entonces, abriéndose después para enfocar su aguda vista a otro lado, en un intento por encontrar al herbívoro correcto.

La cola dorada se agitó impaciente, golpeando en un descuido el rostro de Hayate, quien sacudió la cabeza y lanzó un gruñido.

-"¡Puaj! ¡Tengo pelos en la boca!"

Fate no la escuchó. Ladeando la cabeza aquí y allá, con las orejas en alto.

-"¡Fate! –ladró la canina-. Como me llegue a dar la rabia…"

-"¡Ahí está!"

Los ojos azules de Hayate siguieron la línea de visión de su compañera, a través de los arbustos que les servían de escondite. Hayate soltó un silbido largo al avistar a un pequeño cordero ser empujado al frente por una oveja adulta con lentes, por lo que supuso que sería su maestra.

Soltó unas risitas.

Nanoha se veía adorable con el enorme moño rojo que adornaba su cuello y la mueca algo perturbada en su rostro, todavía clavando las patas al frente y reticente a formar parte de aquella danza.

-"Es la primera vez que veo a un cordero negarse –se rió entre colmillos-, ¡qué divertidas que son ustedes!"

La sonrisa de Hayate se desvaneció al dirigirse hacia Fate, quien se había quedado quieta y con la cola recta congelada en el aire.

La cazadora oscura rió.

-"¡Vaya que te pegó duro Nanoha!"

Las orejas negras cayeron de inmediato mientras el rostro de la lupina se volvía con temor hacia el licaón, que la observaba con travesura. La lobezna balbuceó unas cosas, con el cuerpo encogiéndose cada vez más hacia la hierba.

-"¡N-No es lo que parece!"

-"¿Entonces por qué estás aquí?" –se lamió la boca con diversión.

-"¡Hayate! –chilló-. ¡Deja de mirarme así!"

-"Bueno –suspiró inocentemente-, ¡oh, mira! ¡Alguien se le ha acercado a Nanoha!"

El grito dramático de la otra hizo que Fate se pusiese recta y voltease a ver con la velocidad de un relámpago. Pronto, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al sentir la mirada de su acompañante sobre ella.

"Ay… diablos…"

La lupina agachó la mirada y se quedó contemplando el pasto un largo rato, con sus pensamientos haciéndose una maraña más complicada con cada segundo que transcurría.

¿Por qué seguía allí parada?

¿Acaso se había vuelto demente?

Las risas de Hayate desaparecieron de repente de sus oídos, encontrándose al frente suyo una carita marrón y dos ojos azules que la veían con simpatía.

-"Fate-chan, ¿qué pasa? Anda, quita esa cara que no te queda."

-"Deberíamos regresar."

Las orejas mullidas de Hayate se alzaron ante aquellas palabras mientras observaba con asombro cómo su amiga se daba la media vuelta. ¡Pero qué sartada estaba diciendo!

No la había seguido como mula para que al final le dijese que debían volver.

Así que tomando una rápida acción, la licaón le bloqueó el paso enseguida. Las pupilas azules tan serias que hasta Fate misma se sorprendió, sobre todo al observar el ceño fruncido en la cara oscura que normalmente demostraba todo menos formalidad.

-"Hayate –su voz salió en un chillido-, ¡no quiero estar aquí!"

Los ópalos borgoñas dieron un rápido vistazo al campo abierto detrás de ambas, allá donde más corderos instaban a cierta herbívora a unirse al baile.

Fate automáticamente dejó que sus orejas cayeran mientras los ojos se le alargaban de manera decaída y su cuerpo parecía encogerse, como si fuese un simple cachorro a media vereda y sin hogar.

Hayate suavizó la mirada entonces, sintiendo cierto aguijonazo de culpa al ver el dolor reflejarse en el rostro de la lobezna.

-"Vamos, Fate, sabes que yo sólo estaba bromeando –intentó hacerla sentir mejor-. ¡Yo siempre bromeo!"

La última frase salió en un ladrido algo desesperado, pretendiendo remediar la situación. Mas la otra se echó en el suelo de inmediato y cubrió sus ojos con sus patas delanteras negras, colocando la punta de su cola lóbrega encima también.

-"¡Fate!"

-"¡No quiero ver esto, de acuerdo! –gruñó, sin atreverse a permitir que Hayate le mirase la cara-. ¿Qué se supone que estoy haciendo aquí? ¡Imagínate si se llegan a enterar los demás, no quiero ni pensar en lo que me harían a mí o a…!" –se detuvo, descubriéndose al fin la faz y liberando un profundo gemido de lamento.

La africana la contempló fijamente, con la cabeza ladeada en sincera preocupación y confusión, preguntándose cuál era el mentado problema que Fate veía en todo aquello.

-"¡Mírame, Hayate, mírame! ¡Soy un lobo! –le aulló con voz quebrada, como si hubiese leído sus pensamientos-. Signum tenía razón… yo no puedo estar al lado de Nanoha…"

-"¡Guau! Fate, ¡párate ahí! –se alarmó-. ¡¿Te das cuenta de la idiotez que estás diciendo? ¡Válgame, es tu amiga!"

-"Y es un cordero –gimió, volviéndose a tapar la cara-. ¡No debí haber venido aquí en un principio! Y ahora… ahora ella está… ¡ella…! ¡¿Qué voy a hacer?"

-"Fate…"

La lupina apartó los cuartos delanteros y sus ópalos borgoñas chocaron tormentosamente con los azules que le veían desde arriba. Otro aullido de pena escapó de su garganta mientras se acurrucaba en el pasto, agazapando su cuerpo cada vez más.

Y negándose a volver la vista hacia atrás.

-"Reverenda bola de pulgas que me has salido."

Ante el suspiro de Hayate, Fate le miró con duda –el miedo todavía impreso en ella-, a lo que su amiga solamente le sonrió de forma alentadora.

La cazadora marrón se puso a un lado suyo y se acostó también, lanzando un largo "umm" al cielo para después volver el rostro hacia el lobo dorado.

-"Lo que voy a decir lo digo de corazón, en parte porque lo siento y en parte porque yo no te conozco bien a ti, ni a Nanoha –hizo una pausa, asegurándose que tenía toda la atención-. Eres un lobo, Fate, me consta, ¡no estoy ciega, sabes!" –rió.

La aludida elevó un poco las orejas y mostró una pequeña sonrisa, agradecida por lo que Hayate estaba tratando de hacer.

-"La verdad es que me tienes sorprendida –agregó de repente, desviando la mirada al cielo-. Todavía eres muy joven, Fate, y el hecho de que el cordero sea tu platillo preferido significa que debió de haberte costado bastante esfuerzo llegar hasta donde estás ahora. Es un hecho de la naturaleza: 'El lobo feroz mata al blanco cordero.'"

La lobezna tan sólo asintió, sin muchas ganas.

-"Apenas estás creciendo, no te exijas tanto –le dirigió una sonrisa y le guiñó un ojo-. No te creo (y sé que tú tampoco) capaz de lastimar al copo de nieve, anda, ¡si hay que verte la sonrisa de boba que pones nada más de verla!"

-"Eso no quita el hecho de que está mal –susurró para después mirar de reojo a los corderos danzar-. Ése es su lugar… y éste el mío."

El súbito sonido de cuatro patas ponerse de pie y plantarse al frente suyo la hizo levantar la mirada, vislumbrando la silueta de la canina semi-recortada por la luz del sol.

Con los ojos desafiantes y el pecho en alto.

-"¿Eres un lobo, Fate? –preguntó, dejando entrever sus dos largas filas de colmillos-. ¿Eres un lobo?" –repitió más alto.

-"Lo soy" –respondió vacilante.

-"Pues qué lástima, porque yo siempre pensé que eran criaturas gallardas y no unos cachorros mimados y llorones. ¿Me habré equivocado yo, entonces? ¿O son sólo los lobos de Colmillo Brillante así de cobardes?"

-"¡No soy cobarde!"

-"¡Entonces ten los pelos para pararte y enfrentar las cosas! –gruñó fuerte-. Porque no me voy a tragar el cuento de que después de quién sabe cuánto de haberse conocido, te arrepientes de ser su amiga."

-"No me arrepiento de serlo, ¡yo nunca dije eso!"

-"¿Y qué esperas, Fate? ¿Qué alguien venga con un enorme cartel diciéndote que lo haces muy bien? ¡Abre los ojos! Especialmente porque creo que lo de Nanoha va más allá de simple amistad…"

La lobezna apartó la mirada, mordiéndose los labios.

-"Y tengo razón –declaró convencida-. No hay nada malo si te gusta –bajó la cabeza a su nivel-, siempre y cuando no te la comas."

Hayate rió levemente, deshaciendo la dura expresión en su cara así como daba un cabezazo juguetón al hocico de la otra, instándola a empezar a moverse.

-"Porque Nanoha te gusta, ¿cierto?" –su sonrisa traviesa regresó.

-"Disculpa, ¿podrías decirle a la Hayate seria que vuelva?"

Ambas estallaron en risa, tratando de controlarse segundos después para no ser descubiertas. Fate suspiró y se sentó, aún con rastros de cansancio y duda en su expresión.

-"Anda, bestia, ¡se te va a ir! –animó entre risas-. No lo pienses mucho, ¿de acuerdo? Yo no sé cómo sean las cosas en tu escuela, Fate-chan, pero sí sé que te vas a arrepentir toda tu vida si permites que esta oportunidad se te vaya de las patas."

Hayate le sonrió amigablemente, y ella no pudo estar más que agradecida por su apoyo. Tenía razón, después de todo.

Desde el primer momento en que viese al cordero, en su cabeza jamás le pasó que todo el asunto acabaría así. Ni mucho menos que Nanoha pudiese agradarle tanto.

"Demasiado, diría yo."

Rió apenada y enfocó la vista más allá de los arbustos que las ocultaban. Había miles de corderos barriéndose por toda la colina, pero sólo uno le parecía especial.

No hacía falta mucho esfuerzo para que pudiese encontrarle.

Porque Nanoha era diferente.

Lo sabía.

Lo sentía.

-"Soy un lobo…" –murmuró, alzando el pecho y las orejas en orgullo.

-"¡Un lobo enamorado! ¡Auuuuuu!"

-"¡HAYATE!"

-"Perdón –trató de aguantarse la risa mordiendo su propia cola-. ¡No pude evitarlo!"

-"¿Cuándo puedes?" –suspiró al cerrar los párpados y negar.

Finalmente Fate se puso en pie mientras daba la vuelta, acercándose a las ramas y espiando entre ellas, al igual que su compañera. Ya tenían localizado el objetivo.

El problema era el millón de pelusas blancas que no podían quedarse quietas…

-"Tengo una idea –habló Hayate de repente-. Trataré de escurrirme hacia allá –señaló con su hocico metros más adelante-, llamaré su atención y la enviaré a la bajada cerca de aquí. De ahí en adelante –sonrió en aliento-, es tu problema."

-"Claro –rió-. Estaré esperando abajo."

En cuanto la figura del lobo desapareció de su campo de vista, Hayate pasó ágilmente hasta el otro punto, sirviéndose de arbustos, árboles o cualquier cosa que le ayudase a cubrirse.

Al llegar hasta otra pared de matas un poco más gruesa, pasó su cabeza por debajo de las hojas para sacarla del otro lado. Se relamió el hocico, ponderando la posibilidad de si alguien se daría cuenta si casualmente uno de tantos corderos desapareciera…

-"Es increíble que tenga de donde elegir y no pueda tomar el menú –se quejó en voz baja, buscando a cierta bovina en específico-. ¡Te tengo!"

Estiró un poco más el cuello al ver que Nanoha poco a poco se iba acercando a su escondite, obligada a retroceder por la incomodidad que sus compañeros le estaban causando.

-"¡Nanoha!"

Llamó la primera vez, no siendo escuchada.

-"¡Nanoha!"

Llamó una segunda vez…

-"¡Nano…! ¡Bola de nieve, MI NARIZ!"

A la tercera vez, Nanoha sí escuchó su llamado –volteando con espanto-, acompañado de un doloroso chillido al haber puesto por error la pezuña encima del hocico de Yagami.

-"¡Lo siento!"

Hayate la tomó suavemente de la oreja y la arrastró detrás del seto. Una vez allí, la soltó para poder sobarse la nariz con una de sus patas blancas.

-"Nyahaha, no fue mi intención" –agregó nerviosa.

-"Vale, esto me saco por hocicona –sonrió con ironía-. Por cierto, ¿por qué la cara de decepción? Pensé que a los corderos les gustaba bailar" –se mofó.

-"Ya te quiero ver en mi lugar –respondió con enojo fingido-. Sí me gusta bailar, pero la idea de que… bueno, tú sabes, de hacerlo para hallar pareja, no me interesa."

-"¿No te interesa bailar con otro cordero?" –preguntó en falso asombro.

-"Um" –negó con la cabeza.

-"¿Y qué tal con un lobo?"

La enorme sonrisa de gato en la cara de Hayate hizo que Nanoha riera torpemente, en aras de evadirse responder a aquella pregunta mientras sentía que de repente había más calor que antes.

-"¿Fate está aquí?"

-"Vaya manera de desviarme el tema –silbó al tiempo que rodaba los ojos cómicamente. Luego, apuntó con la cabeza hacia la derecha-. Directo abajo, lobo dorado, ojos rojos… No hay pierde."

-"Nyahaha, de acuerdo. Gracias, Hayate-chan."

-"¡Ni me lo agradezcas! Yo solita tomo el que quiera hacer en parrilla…"

-"¡Hayate! –chilló-. ¡No puedes comértelos!"

-"Aww, a pesar de que era broma tenía la esperanza de que me dijeras: ¡Provecho! –sacó la lengua-. Recuerda que todavía me debes un conejo…"

-"Y no pienso pagártelo" -le sonrió, empezando a correr colina abajo.

-"¡Me han robado!" –aulló dramáticamente.

Hayate negó con la cabeza, cerró los ojos y esbozó una sonrisa. Después, volvió a asomar la cabecilla por entre las ramas y se recostó en el pasto, decidida a pasar el tiempo y observar el barullo que hacían los otros corderos mientras esperaba a Fate.

"Me pregunto si me quedaré dormida si comienzo a contar corderos…"

" – " – "

Se mantuvo sentada, con la cola golpeteando la hierba una y otra vez en señal de nerviosismo. Lamió una de sus patas delanteras y se la pasó por la cabeza, en un gracioso intento por arreglar su pelaje.

No tuvo que esperar mucho para que el sonido de cascos la hiciera ponerse de pie y voltearse al final de una empinada pendiente, por la cual Nanoha se detuvo.

Fate alzó las orejas de inmediato, en un acto reflejo, y corrió en su dirección. A medio camino, cambió su forma a la de la joven que era, al igual que el cordero imitaba esta última acción.

La rubia se detuvo al frente suyo, entonces, con una sonrisa apenada. La otra, por su parte, permanecía con la mirada alegre de verla y las manos enlazadas detrás de su espalda.

El ligeramente grande y gracioso moño rojo –uno diferente al acostumbrado del uniforme- colgando de su cuello.

-"Nanoha" –llamó.

-"¿Sí?"

Fate alargó una mano hacia ella y trató de mostrar su mejor sonrisa, jamás apartando la mirada de aquellas bonitas perlas azules.

-"¿Bailarías conmigo?"

La estudiante de Casco Resistente asintió despacio, sintiendo una inmensa alegría de que con quien fuese a bailar fuese Fate.

Los primeros pasos fueron algo torpes, la rubia liderando el camino al dar vueltas hacia delante y hacia atrás, delineando sus pies figuras imaginarias que se perdían en el rostro de la otra.

Nanoha sonrió, con las mejillas todavía sonrojadas y unas ganas profundas de reír en diversión, debido al significado que el baile para su especie tenía; sin embargo, no era más que una simple danza.

Después de todo, Fate era un lobo. Y los lobos no sabían lo que el baile del cordero era.

O eso suponía.

-"¿Lo estoy haciendo bien?" –indagó la cazadora.

-"Pues ya no me has pisado el pie –rió bajito-, ¿tú qué crees?"

-"Que hacemos una bonita pareja."

La ojiazul sonrió y agachó la mirada en vergüenza mientras Fate tan sólo se reía ante aquello, encantada de contemplar el rostro sonrojado de la más baja.

Acomodó el agarre entre sus manos entrelazadas al tiempo que hacía a Nanoha girar, sólo para volver a posar su otra muñeca en su cintura y acercarla más a ella.

Los pasos antes confusos ahora tornaban en unos más ágiles y sofisticados, rebosando de una gracia que era realzada con el brillar de sus ojos y el viento acariciando sus cabellos.

-"Se siente… -cerró los párpados en tanto apoyaba la cabeza en el hombro de la cazadora-… como si estuviéramos flotando."

-"¿En serio?" –respondió suavemente, perdida en la arrollante sensación de ensueño.

-"Um -asintió-, me alegra que hayas venido a verme."

-"¿Aunque sea rubia, colmilluda y tenga cero pezuñas?" –rió.

-"Nyahaha, te faltó lo de las pulgas."

-"¿No vas a olvidarlo nunca, cierto?"

-"Nuh huh –se apoyó más, dejando salir un suspiro en el cuello de la más alta, que se estremeció ante ello-, no te voy a olvidar nunca."

-"Nanoha…"

La aludida no pudo evitar pensar en lo bien que se escuchaba su nombre salir de aquellos labios. Siempre la hacía sentir segura y contenta, pintando una –tonta, de seguro- sonrisa en su cara.

El suave bambolear del baile empezó a arrullar a ambas, incitándolas a cerrar los ojos y aspirar el aroma de la otra. El hábil olfato de la rubia no pasó por alto el perfume a rosas que la castaña llevaba impregnado ese día.

Y el hecho de que compartiese algo tan especial –de saberse especial- con ella, hizo que el corazón de Fate se hinchara de gusto.

-"Fate –comentó entre risitas-, ¿qué haces?"

-"Me gusta –sonrió, olfateando el cuello de Nanoha y haciéndola reír más-, hueles muy dulce…"

-"Nyahaha, ¡para! ¡Fate-chan, me estás haciendo cosquillas! –exclamó, sonrojada por el anterior comentario-. ¡Me está atacando un lobo feroz!"

-"¡Oye! –se rió también, apartándola un poco para verla a la cara-. ¡Qué valentía para hablarme aaaasssíííí!" –baló.

-"Nyahaha, ¿acaso debería empezar a preocuparme?" –le sacó la lengua.

-"No lo sé –se relamió los labios-, tal vez debería tomar mi merienda ya."

Nanoha cerró los ojos y negó con la cabeza, una larga sonrisa dibujada en sus labios. La presión de su cuerpo ser halado para sentir el de la rubia contra el suyo la hizo soltar un suspiro.

Para cuando abrió los párpados, dos ojos borgoñas la recibieron con cariño.

-"Gracias por el baile" –musitó Fate, con la voz cargada en afecto.

La castaña soltó la mano que tenía entrelazada con la de la rubia y la llevó detrás de su cuello, para unirla con su derecha que se había mantenido todo ese tiempo sobre el hombro de la otra.

Y pegó sus frentes.

Las pupilas azules destellando de dicha…

-"¿Podemos quedarnos un rato más así?" –pidió en un susurro.

-"Um –acordó-, lo que la corderita quiera."

Nanoha volvió a reír, apenada aún más, si era posible, por la inmensa atención que Fate estaba poniendo ella; recostó la cabeza sobre el pecho de la rubia, escuchando sus latidos al compás de los suyos y percibiendo la calidez de sus brazos rodear su cintura.

Los ojos azules se cerraron, disfrutando el momento.

La rubia se empezó a deslizar de un lado a otro, despacio, con el movimiento apacible de una cuna arrullando el sueño de un bebé.

Momentos después, la mirada escarlata se enfocó en la persona entre sus brazos y que parecía ir a quedarse dormida dentro de poco. Posó su cabeza sobre los mechones castaños.

En aquel momento, recordó las palabras de Hayate.

Y atendió al pedido de su corazón por decirle unas cuantas palabras al de la ojiazul que tenía abrazada contra sí.

Sólo unas simples palabras…

-"Nanoha… yo…"

-"¡NANOHA!"

El rostro de la aludida palideció de inmediato al separarse de Fate y notar la mirada espantada de uno de sus profesores en ambas.

-"Yuuno-kun…"

Continuará…

No sé por qué tengo el presentimiento que el Odiómetro hacia Yuuno se ha elevado un poquito XD

En fin, esperemos que no tanto pues es un personaje agradable al fin y al cabo (ignoremos todas las veces en que por "x" o "y" Kida lo ha llegado a tratar mal en algún fic…).

¡Ejem! ¡El baile del cordero! Espero que les haya gustado la pequeña danza que han realizado, traté de hacerlo lo mejor y más fluffy posible :)

Asimismo, me remito a recordar el principio donde Fate duda y tiene un lapsus de miedo y erróneas acciones. Esto lo incluyo porque si de por si una cosa es "ser amigo de tu comida", otra cosa muy diferente es admitir que "te gusta tu comida."

Lo cual, desde el punto de Fate, puede ser algo muy peligroso porque va más allá de la ley de la cadena alimenticia.

Sin más, me despido y pido disculpas por la larga tardanza. He tenido días pesados, así que a quienes leen, muchas gracias y por favor aguanten un poco a esta pobre autora =)

¡Saludos y que tengan un buen día!

Kida Luna.