El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XVII

Mestiza

-"¡¿Cómo me veo?"

Fate rió ligeramente, abandonando su cómoda posición acostada en la cama para sentarse en la orilla de esta misma. Apartó un mechón de sus cabellos dorados mientras su mirada se fijaba en la castaña parada al frente suyo.

Con los brazos extendidos y dando vueltas sobre sí, esperando su opinión.

Cuando finalmente se detuvo, los ojos azules la observaron con una alegría inmensa y una enorme sonrisa.

-"Te ves bien, Hayate. Pero recuerda que debes cuidar el uniforme" –sugirió amablemente.

-"¡Claro, claro!" –exclamó una vez más, dándose la vuelta para echarse una mirada en el largo espejo de pie que tenían en la habitación.

Los cuartos en Colmillo Brillante si bien no eran del otro mundo, ciertamente daban la impresión de que no se escatimaba en gastos para atender muy bien a sus estudiantes.

El espacio era lo suficientemente grande como para alojar cuatro personas sin problema –a pesar que sólo el máximo de dos era permitido-, tapizado con dos mesas de noche –con su propia lamparilla- al lado de cada cama individual, un closet grande en común, un baño algo extenso en cuanto al largo y blanco como la nieve.

Fate Testarossa cerró los párpados y llevó una mano a su boca, tratando de ocultar un bostezo. Mas la sonrisa no se borró de su rostro, todavía recordaba la expresión de asombro de Hayate en cuanto pisó su cuarto.

Expresión de la cual, aún quedaban muchos rastros.

-"Andando, no querrás llegar tarde a tu primera clase" –agregó la rubia, poniéndose de pie y alisando su falda negra con sus manos.

La otra tan sólo asintió, siguiéndola animadamente fuera de la habitación, la cual Fate cerró con llave. Una vez con las maletas en mano así como ellas en camino, la nueva estudiante lanzó un silbido de admiración.

Las paredes estaban pulcramente pintadas de un tono nácar en su nacimiento, mientras que al izarse hasta sus cabezas hacia el techo en forma de domo, el matiz tornaba en un negro pálido y agradable a la vista, asemejando la figura de una araña cuyo centro era cada esfera prominente en las alturas; algunos bordes de la estructura que llevaban tallados exactos de diversas espirales, eran resaltados con un brillante color escarlata.

Hayate no tuvo que pensarlo mucho para fijar ese detalle con el hecho de que el colegio estaba lleno de depredadores, por lo tanto, reflejaba de una manera sublime su instinto primordial.

En cada intersección inmensa de pasillos, una fuente yacía en el centro. Con el brillo de la roca natural dando la impresión de ser edificada en plata misma, donde sobre el líquido claro reposaban la figura de dos leones en pie; una pata al aire y las mandíbulas abiertas en un poderoso rugido, del cual un chorro de agua cristalina era despedido.

-"Hayate –jaló de su manga-, deja de estar abriendo la boca, ¡se nos hace tarde!"

Antes de poder responder, la castaña fue arrastrada rápidamente entre el torbellino de estudiantes que inundaba el lugar, no dándose cuenta del momento en que por fin se había hallado a sí misma sentada en su primera clase formal.

Ni de las miradas reticentes que había recibido en su trayecto allí…

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11:00 a.m., Métodos Indirectos para la Cacería Eficaz.

Hayate lanzó una risita baja mientras sostenía el libro entre sus manos y escuchaba al maestro en turno dar su cátedra. Desde las 7 de la mañana que ella y Fate hubiesen ingresado a clase, había repleto ávidamente las primeras páginas de su cuaderno; en tanto que la rubia la seguía pero con un ritmo más calmado.

Debido a que se hallaban lado a lado entre las filas del medio –con unos cuatro asientos antes del frente y antes del final de cada una-, la ojiazul no tuvo problema en distraer su atención un poco sin necesidad de preocuparse por ser reprendida.

Los dedos blancos pasaron las hojas del libro de texto al igual que su curiosidad repasaba cada una de las imágenes. Según lo que llevaba entendido hasta ese momento, en Colmillo Brillante era tomado como método indirecto de cacería las trampas puestas cuando uno estaba en su forma humana.

Cosas como tumba de árboles, lazos, trampas de anzuelo, ratoneras, hoyos, perdiceras o ñampos (1), entre muchas otras. El libro asimismo anexaba la fotografía de algunos cuantos animales, y esto era lo que más llamaba la atención de Yagami.

En su vida había tenido la necesidad de usar ese tipo de trampas –a excepción de la pesca, claro-, y si era sincera consigo misma, le parecían demasiado crueles. A pesar de que sonase irónico para alguien que se ganaba la vida matando a otros.

Por supuesto que fruncía el ceño de vez en cuando, por muy interesante que la clase fuera, le daba cierto escalofrío llegar a tener que presenciar una muerte tan dolorosa y lenta. No es que no le hubiera tocado verlo antes…

Por suerte, aquellas técnicas parecían casi olvidadas, así que al menos no tendría que preocuparse mucho por su salud mental.

Después de todo, Hayate Yagami era una criatura amigable.

Cerró por fin el libro y lo dejó sobre la paleta de su pupitre; observó entonces de reojo a una Fate que tenía su mejilla contra su mano izquierda, cabeceando del sueño.

-"La próxima clase es pasado mañana –habló el profesor Griffith, ajustándose las gafas que resbalaban de su nariz y apoyando después ambas manos en su escritorio-. Para entonces, quiero que cada quien diseñe una trampa en específico, tengan en cuenta que tendrá un valor del 40% de la calificación final."

Con eso dicho, la campana de descanso sonó, escuchándose enseguida el arrastrar de sillas y el surgir de conversaciones banales.

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-"¿Qué tal?"

-"¡Esto sabe a cielo!"

Fate rió, quizás por veintava vez en esa mañana. Picaba perezosamente el plato con pescado frito que tenía frente a ella, al tiempo en que echaba una ojeada a Hayate devorar con gusto un medallón de pollo.

A pesar de que cazaban a la intemperie y comían sus presas crudas, eso no las excluía de poder tener las facilidades para mejorar el sabor de sus alimentos, haciendo uso de las habilidades de su otra forma.

En este caso, la cafetería de la escuela se encargaba de ello. Lástima que sólo era permitido en las mañanas, en aras de no malacostumbrar a los alumnos.

-"Hayate –Fate frunció el ceño mientras estiraba una mano y regresaba la comida de su amiga al plato-, usa los tenedores. Recuerda que estás en el Colegio."

-"¡Los estaba usando! –gimió un poco exasperada-. No puedes esperar que vaya paso a paso como tú, ¡mi apetito es grande como el mundo!"

-"Pues tu mundo acabará siendo expulsada de aquí sino aprendes a comportarte –suspiró pesadamente-. Anda, agarra tus tenedores."

Con una mirada aburrida, la castaña hizo caso. Echó un vistazo a su alrededor mientras masticaba, encontrándose con sorpresa que algunos otros estudiantes en sus respectivas mesas le devolvían la mirada. Sólo para rehuirla de inmediato.

Unas pocas sonrisas le recibieron. Pero lo que más la desconcertó, fue la vuelta de cara que se encontró un par de veces.

"Oh, bueno… ya habrá tiempo de conocerlos a todos."

-"¿Fate?"

Espero unos 7 segundos antes de regresar la vista a su compañera al frente suyo, ya que todavía seguía esperando respuesta. Para cuando iba a llamar de nuevo, observó confusamente a una rubia con el rostro apoyado de nuevo en la palma de su mano.

Esta vez, totalmente despierta. Al menos en el plano físico…

-"¿Fate?" –frunció el ceño.

Hayate estuvo a punto de agregar algo más, cuando se fijó en los dedos de la rubia juguetear con la punta del delicado pañuelo azul que rodeaba su cuello.

Olía a sándalos.

Y a cierta criatura en especial…

-"Hey, lobita –Hayate sonrió maliciosamente, dándole una leve cachetada a la otra para despertarla de su sueño-. Así que Nanoha ya te hace regalos."

Fate reaccionó en un instante, como si le hubieran arrojado un árbol encima. Pasó saliva y desvió la mirada, tratando de controlar el sonrojo que quería alcanzar su rostro.

-"Uhm" –se limitó a decir.

-"¿Y qué le regalaste tú?" –preguntó curiosa.

Para ese momento, los ojos borgoñas se fijaron en ella, tan ausentemente que Yagami se preguntaba si todavía seguía en el planeta Midchilda; luego, la vio bajar la vista hacia sus rodillas, mientras sus manos arrugaban su falda.

-"¿Nada…?" –murmuró avergonzada.

-"¿Nada? –parpadeó extrañada-. Momento, te desvives por ella y no le has dado… ¿nada? –parpadeó otra vez-. Válgame, con razón están como están, pero si su relación va que vuela."

-"¡No era mi intención! –gritó al instante, atrayendo miradas. Carraspeó un poco y se hundió ligeramente en su asiento, bajando la voz-. Por supuesto que me encantaría darle algo…"

-"Pues hazlo" –respondió simplemente.

-"Es que… -titubeó, apretando los tablones de su falda-… no sé qué puedo darle. ¿Qué clase de cosas le gustan a Nanoha?"

-"Hojas."

-"Júramelo –Fate rodó los ojos, ignorando por completo la sonrisa burlesca de la otra-. Me refiero a que no tengo idea, ¿podrías ayudarme, sabes?"

-"Supongo que sí. Vas más lenta que un caracol, hermana, y eso que ni ellos se tardan tanto."

-"¡Deja de reírte!" –le dio un suave empujón, provocando el efecto contrario a lo deseado.

Hayate quiso decir algo más, hasta que el timbre de aviso de vuelta a clases interrumpió la conversación -cosa que Fate agradeció internamente-. Tenían probablemente unos 7 minutos antes de que el segundo timbrazo anunciara la reanudación verdadera.

Apenas hubieran regresado sus bandejas de comida y entrado al pasillo, Fate cambió a su forma de lobo, dándole una mirada obvia a su amiga.

Los ojos azules recorrieron el pasillo atestado de estudiantes uniformados así como de diversas criaturas de todos los tamaños y colores.

-"¿Por qué debemos de cambiar ahora?" –inquirió con curiosidad.

-"Hay clases y políticas específicas que debemos seguir –comenzó a explicar mientras marchaban-. Por ejemplo, en las que tuvimos esta mañana, el horario aclara que debemos tomarlas con nuestra forma humana; hay otras, como ésta que vamos a tener, que exigen asistamos así."

-"¿Por qué?"

-"Es por el nivel entre trabajo mental y físico, algo así –alzó los hombros-. Descuida, te acostumbrarás."

Hayate no dijo nada. Su altura era baja por unos pocos centímetros menos en comparación con la de la rubia, sus ojos permanecían azules y el color marrón del pelaje ahora residía en su cabello corto.

No era que no le gustase estar así. Es sólo que encontraba más cómodo echarse y rodar en el pasto en cuatro patas que tener que andarse preocupando por manchar una prenda de ropa.

Así que, captando el mensaje por fin, la castaña la imitó; regresando así a su forma animal.

-"Ya veo –respondió al comentario anterior-. Fate-chan, ¿podrías decirme cuál es la clas…?"

Los ojos borgoñas parpadearon, deteniéndose su dueña y preguntándose por qué su compañera mantenía una pausa muy prolongada. Después de unos segundos, Hayate dio unos cuantos pasos al frente, elevando las orejas esponjadas.

El lobo parpadeó de nuevo.

-"¿Estás bien?"

Pronto, la vista escarlata siguió la dirección en la que los orbes azules se dirigían. Más adelante había un grupo de dingos caminando. Algunos tenían patas y pechos blancos o apariencia portentosa, señales que la lobezna rápidamente reconoció como la "raza pura." (2)

Regresó velozmente la mirada a Hayate una vez hubo descubierto el centro de su atención, aún con ello no entendiendo todavía la razón de su sopor.

-"¿Hayate?"

-"Oye, Fate –susurró apenas, como si la voz le hiciera falta-. ¿Quién es ella?"

La lupina le miró como si estuviese loca. No obstante, volvió a repasar la tropa de cánidos, con la incertidumbre creciendo en sus ojos.

-"Oh, ella –dijo como si nada-. Es Carim, su nombre es Carim Gracia. ¿Pero por qué…? Ay, no, Hayate dime que no es lo que estoy pensando."

-"¿Gracia? Le va perfecto" –suspiró.

-"Hayate, muévete, ¡tenemos clases! ¡Muévete!"

-"¡Voy a hablar con ella ahora mismo! ¡Me presentaré!" –aulló emocionada.

-"¡Hayate, no! ¡Vuelve! –le gritó en vano-. Por todas las criaturas carnívoras, ¿por qué no puede escucharme?…"

El sonido de las patas contra los azulejos nácar pronto provocó que varios pares de orejas se enderezasen mientras las cabezas volteaban hacia atrás, contemplando una mancha café –llena de manchas marrones y blancas- pasarles.

Sólo para detenerse enfrente de la criatura que caminaba delante de todos.

Hayate intentó dar su mejor sonrisa –a pesar de que los nervios se la comían por dentro- al tiempo en que su cola oscilaba de un lado a otro y sus ojos brillaban intensamente.

-"Um, buenos días –rió un poco y agachó las orejas en vergüenza-. Mi nombre es Hayate Yagami, soy nueva en esta escuela, y, em… Estaba caminando con mi amiga y les vimos pasar…"

Carim se la quedó observando como a quien le habla una planta, esperando pacientemente a que la nueva estudiante dijese lo que tenía que decir. El pelaje era de un amarillo ligeramente fuerte; las patas, el pecho y el interior de sus orejas blancos, ostentaban una tez levemente esponjada y suave a la vista.

Los ojos lavanda claro, delineados naturalmente de un negro que los resaltaba de manera hipnotizante.

Hayate pasó saliva.

-"…yo me preguntaba –rió torpemente, doblando aún más las orejas-, ¿cuál es tu nomb…?"

Hayate de súbito tambaleó hacia atrás, retrocediendo un poco ante la pisotada de un dingo alto y corpulento que se interponía entre ella y el objeto de su atención. El color era de un negro quemado, con el pecho blanco igual.

Los ojos oscuros chispeando en ira.

-"¿Acaso no sabes tú con quién estás hablando, mestiza?"

El licaón frunció el ceño de inmediato. Estiró sin dudas el cuerpo hacia delante con mirada desafiante, no dejándose intimidar por la talla superior de su homólogo.

-"¿Qué se supone que signifique eso?" –murmuró amenazadoramente entre colmillos.

El dingo dibujó una sonrisa larga y burlesca, e infló el pecho con orgullo así como el resto del grupo se ponía a su lado; enterrando a Carim en el medio, donde estuviera lejos del alcance de la nueva alumna.

-"Hey, chicos –rió sardónicamente-, ¡la salvaje aquí no sabe qué es una mestiza! –todos rieron también, por lo que Hayate dedujo que debía ser su líder o algo así-. Ahora, escúchame bien…"

El cánido agachó el cuello y pegó bruscamente su frente con aquélla marrón, obligando por ende con su peso a Hayate retroceder, pero sin despegarse de ella; los labios se alzaron un poco para dejar entrever los largos y puntiagudos colmillos, de cuya garganta provenía un gruñido de advertencia.

-"No sé de que basurero hayas venido, trozo de perro y hiena, así que o aprendes cuál es tu lugar en la cadena –aplicó más presión, haciéndole agachar más el cuerpo-, o regresas al hoyo de dónde saliste, man-chas."

-"¡Tú y yo somos iguales, no tengo por qué tenerte miedo!" –ladró de inmediato, sacudiendo después la cabeza de golpe y enderezando la postura.

-"¿Iguales? –carraspeó divertido mientras elevaba el cuello para mostrar la diferencia de altura y peso-. ¿Una criatura con sangre sucia como tú? ¡Hazte a un lado de nosotros antes de que te deje como podrida comida para rata!"

La empujó fuertemente, sacándola de su camino.

-"¿Por qué? ¿Las ratas son tu familia? –Hayate sonrió con malicia en cuanto el rostro lóbrego la volteó a ver con incredulidad-. Porque la cara y el olor de roedor ya lo tienes, uff…"

El resto del grupo comenzó a reír en voz baja, incluyendo a Carim, lo que le dio más ánimos a la cazadora para no rendirse.

-"¡SILENCIO!"

-"¡Hayate!" –gritó Fate.

Los dientes temblaron al aire, lanzando un bramido espantoso hacia la cánida que había resbalado al suelo de una embestida. Yagami sacudió la cabeza, con el cuerpo acostado sobre su lado derecho y la mirada cerúlea reflejando en sus irises la figura del dingo crecer.

-"Cuida lo que dice tu hocico, callejera, o te lo voy a rebanar en pedazos."

La africana les vio alejarse, con el ceño fruncido en su frente y las ganas de ir a buscarlo para darle una mordida en el trasero. Sin embargo, se contuvo, poniéndose de pie e ignorando todas las miradas sobre ella mientras Fate corría para verle.

-"Hayate, te dije que no fueras –comentó dolida, preocupándose por los sentimientos de su amiga-. ¿Estás bien? ¿Te lastimó?"

-"Mhmp –bufó enojada-. He recibido golpes más fuertes de zorros bebés" –gruñó y reveló los colmillos.

-"Seguro que sí, pero no deberías provocarlo."

Una risa y una voz nuevas llamaron la atención de ambas. La imagen de uno de los dingos con los que se habían topado estaba frente a ellas; el pelaje color verde aguamar y dos ojos azules que irradiaban gentileza.

-"Verossa Acous –se presentó, dando una inclinación de cabeza-. Lamento que hayas tenido que pasar por eso, realmente se toman muy en serio el asunto de las razas" –sonrió con cierta tristeza.

Hayate agachó las orejas, pensando por una fracción de segundo aquello, sólo para levantarlas inmediatamente.

-"¿Por qué?" –fue lo único que dijo.

-"Porque… -pareció titubear, no queriendo decir algo-… eres una mestiza. No eres de raza pura como algunos otros de por aquí, ¡no que sea algo malo, aclaro! –se apresuró a decir al ver la mirada de Hayate caer al suelo-. No te lo tomes tan en serio, he visto salvajes ser mejores que muchos de nuestros estudiantes modelos aquí. Sé que no serás la excepción."

Verossa le guiñó un ojo, en un intento por animarla. Después de todo, él mismo había convivido con esa clase de criaturas, además de que su carácter amable no le permitía ser como la mayoría de sus elitistas compañeros.

-"Te van a decir muchas cosas aquí, señorita Yagami –retomó esta vez con voz y mirada serias-. Vas a oír todo tipo de comentarios durante el tiempo que permanezcas en esta escuela, así que ten cuidado. Tienes mucho valor para enfrentarte a Ian, lo cual es bueno –sonrió un poco-; pero tiene toda una jauría que no dudará en usar en tu contra si empiezas a incitarlo."

-"Verossa tiene razón, Hayate –interrumpió Fate-. Déjalo por la paz."

-"Él fue quien se metió en un principio –se mordió los labios y bajó la cabeza-. Yo sólo quería conocerla…"

A pesar de que el murmullo no se suponía ser escuchado, las ágiles orejas de dingo captaron aquellas palabras. Acous se dio la media vuelta, y antes de partir con su grupo, le dedicó una sonrisa a su nueva compañera.

-"La hiciste reír –opinó en voz amable-, puede que no sea mucho para ti, pero no cualquiera consigue hacerla reír."

Hayate alzó la cabeza, parando las orejas y viendo a todos desaparecer de pronto de los pasillos. Regresó la mirada a los azulejos claros, contemplando su propia figura oscura así como la mezcla de colores que era.

-"¿Hayate?" –llamó la lupina dorada después de bajar el cuello para poder verla.

-"¿Es tan malo, Fate?"

La lobezna no tuvo que preguntar para saber que se refería a ella misma. Fate nunca había tenido un problema así, ni mucho menos tenido la oportunidad de presenciar uno –para ella había tantas especies que poco le importaba si eran originales o no-.

-"Um –asintió-, para mí que debo compartir la habitación con alguien que no tiende su cama y deja un reguero en el suelo, lo es."

El perro pintado la miró de inmediato, observando así la sonrisa gentil que el lobo le estaba regalando. Hayate sonrió también, agradecida por el gesto.

-"Anda, tendremos problemas si llegamos tarde" –empezó a caminar.

-"Yup –gimió-, además todavía tenemos que decidir qué le vas a regalar a Nanoha."

-"¡Hayate! –gruñó al verla reírse-. Válgame, debí haberte envenenado en el desayuno."

La aludida continuó riendo al tiempo en que se encaminaban hacia su próxima clase. Diciéndose a sí misma que se esforzaría mucho para demostrar lo que valía a los demás, y que sería la mejor.

Aún si el corazón se le achicaba de miedo y de dolor…

Continuará…

(1) Respecto a las trampas mencionadas en el capítulo, sólo para informarnos un poco ;)

Lazo: El animal hunde su extremidad en un hoyo, desplazando el tablado y activando el gatillo; por lo cual, una rama flexible halará la cuerda y sujetará la presa.

Ratonera: Cercado de palos o pequeños troncos a estilo de camino, con un cebo; se activará el gatillo que suelta un tronco, para aplastar y asfixiar.

Perdicera o Ñampo: Igual que la ratonera pero sin cebo.

Hoyo: Se hace un hueco con estacas al fondo. En la superficie se arma un tablado frágil y se cubre; la presa al pasar, desplaza el tablado y cae sobre las estacas.

Tumba de árboles: Se tira el árbol para matar a las crías en él.

Trampas de anzuelo: Son anzuelos cebados. Son tremendamente crueles y dolorosos para los animales, que tratan de huir escandalosamente.

(2) Los dingos de raza pura tienen pelo blanco en las patas y pecho. Como resultado con la cruza con perros introducidos por los europeos, la raza pura de dingos está en declive. Una tercera parte de ellos son híbridos, por lo que la extinción de la subespecie es considerada como inevitable.

Bueno, debo aclarar que soy ferviente enemiga de estos aparatos que hacen sufrir a los animales (aún cuando soy culpable de comer carne); sin embargo, en vista de que estamos conociendo Colmillo Brillante, me parece adecuado tocar estos temas.

De igual manera, ahora se está mostrando la otra cara de la moneda en el colegio, por lo cual Hayate tendrá que arreglárselas para que su boca no la meta en serios problemas.

Este capítulo le tocó a Colmillo, el que sigue será Casco, entonces =)

Ya teniendo una referencia de ambos, podremos regresar al enfoque de combinar ambas partes.

Gracias por continuar leyendo, espero que así como la historia les parezca entretenida, puedan sacarle provecho a la poca información que aquí se presenta :)

Kida Luna.