El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XX

Te Quiero

El suave zumbido de las luciérnagas así como sus hermosas luces maravillaron ambas miradas. La brisa dócil mecía casi con cuidado la hierba bajo sus patas, armonizándose con la agraciada noche repleta de diminutos puntitos brillantes.

-"Por esto me gusta quedarme afuera hasta tarde…"

-"Lo sé –respondió Fate, mirando al cordero a su lado-, la naturaleza es preciosa."

Nanoha sonrió, preguntándose a sí misma cómo es que los libros de texto podían decir que los carnívoros eran seres espeluznantes y sedientos de sangre. A estas alturas, todos a los que había conocido, si bien algunos más feroces que otros, era evidente que podían sentir y reír también.

Su vista cerúlea se fijó en el lobo a su lado. Fate era un lobo. Tenía el cuerpo esbelto y ágil de uno, las grandes patas recubiertas de garras al igual que las mandíbulas de colmillos; las orejas que revoloteaban de vez en cuando por el aire y la graciosa cola que no dejaba de moverse.

Y no era terrible ni terrorífica. Era como un cachorro.

Fate era dulce y comprensiva, que su instinto fuera diferente al suyo, era algo que no se podía cambiar. Pero estaba bien, porque era el único lobo de los mil millones en Midchilda que jamás le pondría una garra encima.

Jamás se atrevería a hacerle daño.

-"¿A dónde vamos?"

-"Aquí –la cazadora se detuvo y bajó la mirada hasta la otra-. Aquí está bien."

El cordero desvió su mirar entonces hacia el frente, después dio unos tres pasos. La boca se abrió ligeramente en impresión mientras sus ojos contemplaban el campo llenarse de pequeñas flores azules, las cuales empezaban lentamente a abrir sus pétalos ante la luz de la luna.

El viento meció el lugar con delicadeza, arrastrando el perfume consigo por todos lados. Fate avanzó unos cuantos pasos también, quedando más adelante que Nanoha.

-"No me olvides –susurró al voltear la cara dorada para poder verla-, simboliza la amistad –agachó las orejas y la mirada-, y el amante eterno… pero probablemente eso tú ya lo sabías –rió avergonzada-. Después de todo eres una herbívora."

-"S-Sí, nyahaha…"

El lobo volvió la cabeza al frente y siguió caminando, siendo seguida de cerca por el cordero. Finalmente se detuvo delante de un gigantesco manzano, con sus ramas cubiertas de hojas y flores blancas, veteadas de rosa o rojo; la fragancia de la gran planta relajando los sentidos de la cazadora.

-"Fate…"

La aludida dio media vuelta y cambió a su forma humana. Despacio, se sacó la tira de su morral por la cabeza, y lo dejó al pie del enorme árbol. Los ojos azules se posaron en ella, viéndola luego poner las manos tras su espalda para apoyarse en el tronco del árbol; devolviéndole una cálida sonrisa al tiempo que el aire acariciaba los mechones dorados.

La estudiante de Casco Resistente sintió las mejillas enrojecerse, atreviéndose apenas a admirar el enorme manzano. Nanoha sabía el significado latente que guardaba su sola presencia.

Y la dulce mirada de la rubia no hacía sino acelerar su corazón.

"El Manzano…"

-"Representa el Amor" –susurró la otra, completando así el pensamiento de la herbívora.

Fate estiró una mano, sonriendo. Pronto, los dedos tersos de Takamachi le tocaron, con la castaña ahora al frente suyo caminando despacio, hasta quedar separadas por unos cuantos centímetros de distancia.

-"Quería darte algo especial, Nanoha –mostró una débil sonrisa-. Yo… yo no sé si esto es especial para ti, yo no sé qué tipo de cosas le gustan a los corderos –rió bajito, nerviosa-. Pero…"

La rubia alzó la cabeza y la mirada borgoña osciló de fuertes emociones. La ojiazul sintió entonces el corazón parársele por un segundo, cuando ahí, debajo del manzano y los frágiles rayos de la luna, la silueta del pañuelo alrededor del cuello de la cazadora captó su vista.

Atado cuidadosamente, moviéndose al compás del viento.

Limpio. Arreglado. Como quien sostiene una copa de vidrio para no romperse ni mancharse.

-"Hice lo mejor que pude –los ojos rojos se posaron en el suelo-. Nanoha, yo soy un lobo, lo soy de la cabeza a los pies aunque ahora mismo tú me veas en esta forma. No puedo cambiar lo que soy."

La aludida la observó atentamente, su mente haciéndose un desastre y gritando que dijese lo que tuviese que decir o el aire faltante pronto la haría desmayarse.

Y estaba a punto de abrir la boca, cuando la ligera presión que hacía la mano de Testarossa en la suya llamó su atención. Los dedos temblequeando un poco, el rostro contrariado.

-"Nanoha –la voz pareció más un gemido de dolor-, la pregunta que te voy a hacer cambiará todo para siempre. Si tú quisieras… -tragó saliva, percibiendo el corazón encogérsele de pena- … si tú quisieras irte y olvidar todo lo que ha pasado, yo lo entendería."

-"Fate, ¿pero qué…?"

-"Mhmp" –negó despacio.

La rubia sonrió con melancolía, sabiendo que lo siguiente que haría podría partirle el alma profundamente. Por primera vez desde que cruzase sus caminos, Fate se preguntó qué se sentiría tener pezuñas y cuernos; qué se sentiría caminar junto a Nanoha.

Y que nadie lo viera mal.

Que nadie quisiese apartarla de su lado…

-"¿Estás segura –sus labios tiritaron y su voz fue sólo un susurro- de que quieres a alguien como yo cerca? Un lobo –sonrió apenas-, una asesina…"

-"Tú no…"

-"¿Estás segura?"

Fate aspiró fuertemente, en un intento por contener las lágrimas que subían por su garganta, trayéndole un sabor salado a sus papilas; cerró los ojos, y sus párpados se sacudieron.

Finalmente, la mano de la rubia deshizo su apretón, deslizándose suavemente fuera de éste.

-"Está bien decir no" –murmuró, entreabriendo y apartando la mirada.

Por unos segundos la brisa en su rostro le respondió, y ella se atrevió –quiso, deseó- pensar que la otra se había marchado. Que sería lo mejor.

Entre más tiempo pasaran juntas, más doloroso sería el día en que…

-"No, no lo está. No está bien, Fate, si me vas a dejar sólo porque tienes miedo de que me pase algo."

La nombrada levantó la vista para contemplar a Nanoha sonreír gentilmente, mientras recuperaba los delicados dedos que habían querido separarse de los suyos.

La ojiazul rió un poco. Y justo después, rompió la distancia y la abrazó por la cintura; apoyó su cabeza en el pecho de la más alta y su corazón dio un brinco cuando el perfume del pañuelo llegó a su nariz.

El perfume de ella en Fate.

-"No puedes ser tan cobarde, ¿sabes? –murmuró, con la garganta ardiéndole nada más de pensar en quedarse sola-. Es tu culpa si me he acostumbrado a ti, lo menos que podrías hacer es ser responsable."

Volvió a reír, sintiendo la mirada borgoña sobre sí. Con un suspiro, la estudiante de Casco Resistente cerró los ojos y continuó.

-"Sé que eres un lobo, Fate-chan. Pero eres lo mejor que me ha pasado en la vida –la rubia se estremeció-, por favor… no quiero perderte…"

-"Nanoha, ¿te das cuenta de lo que estás diciendo?" –gimió, rodeándola con sus brazos y enterrando la cara en su cuello.

Los ópalos borgoñas fueron cubiertos por los delgados párpados, así como la dueña aspiraba con angustia y placer el aroma a prado de la más pequeña.

-"Te quiero –respondió, sonriendo un poco triste-. Seas lo que seas, te quiero conmigo, Fate-chan."

-"Estás cometiendo un error" –su tono se quebró al fin.

-"No, no eres un error –rió en voz baja, percibiendo sus ánimos mermarse también-. Sólo eres una tonta cachorra…"

Un sollozo escapó de los labios de Fate, por lo que la castaña se dedicó a frotarle la espalda para confortarla; a pesar de que las ganas de llorar le venían también.

El viento sopló una vez más, agitando las flores azules y las ramas del manzano. Las luciérnagas flotaron en el campo, como pequeños puntitos dorados que se movían lentamente.

Pronto, Nanoha sintió su hombro humedecerse…

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El cantar de los grillos atrajo su atención, haciéndola detenerse de repente. Las orejas mullidas se levantaron, escuchando atentas el canto de la noche, al igual que su vista repasaba las oscuras hojillas de pasto que alcanzaban a cubrir sus patas.

Volteó a todos lados, y después, dirigió la vista a la luna.

La cola se meneó levemente mientras los oídos caían un poco y los pasos se hacían pesados y flojos.

Un largo suspiro abandonó su boca.

"Si yo tuviera la piel de oro… y el zafiro por mis ojos…"

Empezó a tararear, hilando una serie de frases en su mente que más se asemejaban a un verso que a una simple canción. Pasaron unos cuantos instantes antes de abstenerse a continuar su lírica.

Crick. Crick. Crick.

La mirada cerúlea parpadeó, con el oído agudizándose para identificar de dónde venía el intermitente sonido. Así que concibiendo la repentina sensación de juego de un cachorro nacer, empezó a correr.

Las patas delanteras tocaban primero el suelo antes que las traseras al momento de realizar sus saltos. Los saltamontes salieron volando, cantando y brincando de un lado a otro.

Hayate rió.

Y continuó correteando por todo el pastizal. Hasta que en su delirio y resbalón de sus patas blancas, Yagami se dio cuenta demasiado tarde de la sombra que se alzaba frente a ella.

La silueta pareció voltear a verla, con las orejas saltando de la impresión al verse a punto de experimentar tremendo choque. Entonces, el licaón forzó las garras a clavarse en la tierra para frenarse a sí misma.

El viento revoloteó su pelaje.

Las orejuelas blancas se doblaron atrás y los párpados marrones se cerraron.

-"¡Lo siento! ¡Yo no…!"

Hayate se detuvo al abrir su mirada. El cuerpo estaba totalmente agazapado a meros milímetros del suelo mientras su hocico se elevaba hacia arriba, donde cierto dingo dorado le veía con sorpresa.

-"Hola" –el perro pintado rió con nerviosismo, agachando todavía más las orejas.

-"Hola" –Carim sonrió un poco.

Dando una fuerte exhalación –para sobreponerse al repentino choque de aire que le había dado-, la africana enderezó su postura, tratando por todo lo posible de que sus patas no le fallaran y la hicieran caer de hocico al suelo.

La otra comenzó a caminar entonces, así que no queriendo desperdiciar la oportunidad, Hayate la siguió de inmediato y se colocó a su lado. Sus orbes cobaltos se posaron en la hierba, no sabiendo qué decir luego de lo que había pasado la última vez…

-"¿No es algo tarde para andar merodeando afuera?"

-"¿Uh? –parpadeó y alzó la mirada para verla-. No tengo sueño –respondió divertida-, además todavía no me acostumbro a estar encerrada…"

-"¿Encerrada? –las pupilas lavanda la observaron con confusión-. ¿A qué te refieres?"

-"Sí, ya sabes –contestó como si fuera lo más natural, cerrando los ojos y disfrutando la brisa que le llegó al rostro-. Dormir bajo las estrellas, entre las flores… o huir a una cueva para refugiarte de la tormenta" –rió.

Carim continuó viéndola sin entender muy bien a qué se refería –y al cómo era eso posible-. El licaón al dirigirle su mirar se dio cuenta de ello, por lo que esbozando una cálida sonrisa se dedicó a explicarle.

-"Cuando vives afuera, duermes a la intemperie. Sí podrías construirte una casa y eso, pero… pienso que es más emocionante al viejo estilo."

-"¿Por qué querría alguien pasar la noche así?"

La pregunta de la canina dorada fue hecha con sincera curiosidad, siempre conservando el tono fino y delicado que reafirmaba su sangre pura. Y el cual, secretamente, Hayate adoraba escuchar.

Por eso hizo un alto 'umm', sabiendo que ahora la otra le estaba poniendo toda su atención. La cola marrón dio un giro en el aire al tiempo que sus pisadas sobre la hierba se detenían y sus ojos mostraban una chispa de emoción.

-"Porque eres libre –soltó contenta mientras desviaba la vista al cielo cubierto de astros en miniatura-. No hay cadenas, no hay límites… el mundo entero es tu casa. Y en ese momento, te das cuenta que tienes el hogar más hermoso de todos."

Los ópalos azules se entrecerraron, brillando con cierta nostalgia al ver una estrella fugaz pasar. Enseguida, sus patas traseras se movieron para permitirle sentarse, con el canto de los saltamontes relajando sus oídos.

-"Suena bonito" –Carim susurró y tomó asiento también.

-"Lo es…"

-"¿Cuánto tiempo viviste allá fuera?"

-"Desde que nací –rió ligeramente apenada, recordando la posición que hace días le habían remarcado-. Pero no me arrepiento."

-"Lamento lo del otro día…"

Hayate viró la cabeza para verla en ese momento, contemplando así al dingo admirar las estrellas con serenidad. La cola dorada curveada al frente, cubriendo sus patas en una pose elegante y grácil.

El licaón se fijó en estas últimas, vislumbrando el pelaje pulcramente blanco así como el pequeño tamaño que tenían comparadas con las suyas, por obviedad más grandes.

-"Creo que no tuvimos la oportunidad de presentarnos –sonrió al topar su mirada con la zafiro-. Mi nombre es Carim. Carim Gracia."

-"Hayate Yagami –ladró contenta, sin una pizca de formalidad al contrario de su compañera, quien se rió ante ello-. Pero puedes llamarme por mi nombre."

-"¿Hayate?"

-"¡Hayate! –repitió más alto, divertida-. ¿Verdad que se oye genial?"

La risita baja de Carim pronto se convirtió en una más alta, acompañada por la de la africana a su lado. En cuanto se calmaron, el lobo pintado le dedicó una gentil sonrisa sin miramientos, tal y como su carácter despreocupado era.

-"Un gusto conocerte, Hayate" –susurró suavemente.

Y Hayate sonrió todavía más.

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El calor que la envolvía era agradable, jamás antes había sentido uno igual y estaba totalmente segura de no querer perderlo nunca. El ruido de hojas rozarse y de los grillos hizo su afable melodía.

Y ella por fin abría los ojos borgoñas, contemplando entonces el bellísimo paisaje que había elegido para una noche tan importante.

-"Fate-chan, ¿estás mejor?"

La rubia asintió, percibiendo a la otra separarla con cuidado.

-"Me alegro –sonrió mientras apartaba un mechón dorado de su frente-. Detesto verte llorar, ¿sabes?"

-"Perdón –rió avergonzada y bajó la mirada, hasta que la ojiazul la obligó a verla al colocar ambas manos en su rostro-. Nanoha…"

-"Ahí está –musitó dulcemente-, Fate-chan es más linda cuando sonríe."

La aludida enrojeció entonces, el gesto en sus labios todavía vivo y lleno de timidez. Luego, retiró con cuidado las palmas de la castaña de su cara, quien le vio confundida.

La herbívora observó a la rubia darse la vuelta para agacharse y buscar algo dentro de su morral, sólo para detenerse dentro de este mismo en cuanto había parecido encontrarlo.

-"Nanoha, yo te dije que quería darte algo especial, por eso te he traído aquí. Tal vez no lo sepas, pero significas bastante para mí; lo que quiero decir… -se mordió los labios, sintiendo la intensa mirada de la otra sobre ella-. Vaya, esto es más difícil de lo que pensé" –rió nerviosa, pasando una mano por sus cabellos.

La castaña rió también y echó un vistazo al campo cubierto de no me olvides detrás de ambas, y al enorme manzano que les daba cobijo. Un cosquilleo recorrió su estómago, especialmente cuando sabía de antemano el significado que el paisaje conllevaba.

-"Me siento afortunada de haberte conocido… -susurró mientras retiraba en un puño algo de su mochilita, y se volvió después a sujetar las muñecas de la más baja; aún sin mostrarle lo que había recogido-. Eres todo lo que puedo pedir y más; eres honesta, amable, gentil –los dedos de Fate acariciaron el dorso de su mano-… hey, inclusive eres preciosa" –rió avergonzada, tratando de menguar el sonrojo en sus mejillas.

El oxígeno pareció no llegarle a los pulmones por momentos, al contrario de la sangre que se aglomeraba en sus pómulos. Los ojos azules contemplaron a la rubia con afecto y cierta ansiedad por escuchar de una vez por todas lo que por fin quería decirle.

Y cuyas cosquillas en el estómago ya le daban la respuesta…

-"Hablando en serio –suspiró profundamente, adoptando un tono reservado mientras bajaba la mirada grave-, has cambiado mi vida por completo. Yo jamás me habría imaginado encontrarme a mí misma con ganas de caminar o reír al lado de un cordero, mucho menos desear tu felicidad como lo hago ahora y sé que lo haré por siempre. Me he dado cuenta… que quiero estar contigo, Nanoha."

La vista borgoña se topó con la otra, con las diminutas pupilas negras temblando al pensar en todas las posibles respuestas que la castaña formulase.

Mas en cuanto los dedos finos de Fate se deslizaron casi con embelesamiento de sus manos, los orbes azules se enfocaron en el pequeño objeto que brillaba sobre sus palmas.

Nanoha abrió la boca, intentando decir algo; sin embargo, la impresión sólo hizo que al final acabase cerrándola. Las palabras atorándose en su garganta, por donde lágrimas de ternura luchaban por subir.

-"Yo… Fate-chan, yo… -tragó fuerte, moviendo las pestañas en un intento por contener una que otra lagrimilla-. ¿Cómo…?"

La rubia sonrió.

-"Lo hallé esta tarde, cuando balaste y me hiciste caer al agua –rió suavemente-. ¿Recuerdas?"

-"Pero… son muy difíciles de conseguir… –susurró, con la vista totalmente hipnotizada sobre sus manos-. ¿Podrías…?"

En cuanto Takamachi le dirigió una mirada suplicante, Fate no pudo más que ensanchar su sonrisa y asentir, tomando después su regalo. Se colocó detrás de la estudiante de Casco, que alzó su coleta marrón para permitirle a la otra pasar los brazos alrededor de su cuello.

La más alta se mantuvo así, presionando el seguro. Los segundos pasaron, con Nanoha sosteniendo su cabello sobre su hombro izquierdo mientras manos tersas acariciaban su piel sin prisa; finalmente, la cazadora entrelazó sus dedos delante de la ojiazul.

-"El rubí es una piedra preciosa color rojo, creo que no hace falta que te explique qué simboliza, ¿cierto, blanca corderita? –la depredadora susurró en su oído en tanto reposaba la cabeza en el otro hombro de la aludida-. La cuerda es un obsequio de Hayate –rió bajito-, aunque al principio no entendí a qué iba, debo admitir que tuvo razón en decir que la necesitaría."

La castaña sonrió, sintiendo el aliento de la rubia en su cuello, estremeciéndola de una forma deliciosa por dentro que no quería se terminara. Sus ojos bajaron hasta la chica esfera roja que descansaba sobre su pecho, con el hilo cubierto en diamantina dorada suspendiéndolo en el aire.

"Rubí… rojo… Pasión, fogosidad y ambición."

-"No debiste…" –murmuró Nanoha, respirando hondo al tiempo que percibía la temperatura en su cara crecer.

-"¿Por qué no? –Fate rió en su oído, asomando la cabeza también para mirar con deleite su regalo-. Te va muy bien; además, tú ya me habías dado algo a mí. Yo también quería darte algo…"

La castaña volteó la cabeza para verla, con la timidez invadiéndola al darse cuenta que sus rostros estaban a meras pulgadas de tocarse.

-"Fate-chan, gracias –murmuró, virando luego la faz al frente y recostando el cuerpo en la otra-. Todo esto es…"

-"Todavía no."

-"¿Uh?"

-"Todavía no, Nanoha –rió divertida-. Falta una última cosa."

La nombrada la miró confundida cuando le soltó y la obligó a voltearse por completo para quedar de espaldas al árbol. Testarossa buscó de nuevo en su morral, sacando esta vez una delicada flor roja.

Nanoha Takamachi sintió el corazón latirle más que nunca. Después de todo, el obsequio final de Fate reunía y resumía en tres simples palabras lo que el escenario alrededor suyo representaba.

-"Este campo está lleno de flores, porque son todas las veces que yo te pido por favor jamás me olvides –habló dulcemente, suavizando la mirada y tocando con una mano su mejilla-; el manzano que nos da cobijo, es porque así quiero lo haga el Amor contigo y conmigo; el rubí que cuelga en tu cuello, simboliza la pasión que siento por ti, y la ambición egoísta que tengo porque no quiero dejarte ir. Y… -la sonrisa en ella vaciló, con el miedo y la emoción acribillando en una lucha terca conforme su corazón bombeaba más rápido-… por último…"

La ojiazul vio la florecilla ser alzada con la mano libre de la rubia, posándose enfrente de ella. Los colores rojos brillantes y fuertes, los pétalos suaves y su cautivador perfume atrapando sus sentidos.

Fate trató de sonreír lo mejor que pudo.

-"El clavel rojo… -Nanoha la miró directo a los ojos, de una forma tan intensa que la rubia sintió unas enormes ganas de esconder la cara que no paraba de sonrojársele-… es mi Corazón que Suspira por ti."

Los dedos de la cazadora tocaron con afecto los mechones castaños y acomodaron el clavel entre ellos. Takamachi cerró los ojos, disfrutando el tacto sutil y suspirando con una dicha tan grande que la hacía querer soltarse a reír en cualquier momento.

Aquel clavel, sin ninguna hoja en su tallo, significaba que no había nada que temer. Ella ya lo sabía, y estaba segura de que Fate lo sabía también.

En cuanto las manos de la rubia dejaron de rozar sus cabellos, abrió los párpados. Y sonrió. Sonrió con infinita ternura y cariño mientras observaba a la otra devolverle el gesto con pena.

-"Fate-chan… -su voz apenas salió-… ¿esto es…?"

-"Me gustas, Nanoha –soltó de una vez, creyendo que si no lo hacía ahora, no podría hacerlo después-. En serio me gustas…"

-"¿Porque soy un cordero?" –rió.

-"¿Eh? ¡No, no! Bueno, sí, pero no de ese modo… ¡no como un lobo!, ¡lo juro! –sacudió las manos al frente de inmediato-. Es decir, yo… -pasó saliva-. Yo…"

-"¿Me quieres, Fate?"

La aludida elevó la cara, contemplando en ese momento las facciones gentiles de la ojiazul, mientras la brisa soplaba tranquilamente, alborotando apenas los hilos cobrizos.

Y el lobo no tuvo duda alguna.

Se había enamorado del cordero más bello de todos.

-"Te quiero, Nanoha –respondió en un arrullo, colocando ambas palmas en el tronco del árbol, a la altura de su cintura-. Te quiero como no podría querer a nadie más."

La herbívora rió tontamente, con las mejillas rojas y la mirada zafiro admirando a la rubia, cuya silueta era alumbrada por la luz de la luna. Con una sonrisa de satisfacción, tiró los brazos alrededor de su cuello y juntó sus frentes.

-"¿Me quieres?" –le devolvió la pregunta con cierto temor.

-"Nyahaha, tonta" –se separó un poco de ella. Deslizó y sujetó firmemente el clavel rojo para besar sus pétalos, antes de acomodarlo de nuevo en su lugar.

La sonrisa de Fate creció enseguida. Una alegría inmensa le dio la sensación de que el pecho se le hinchaba en tanto todo su mundo se reducía a solamente ellas dos, el clavel, el rubí, el manzano y el extenso campo de no me olvides que les rodeaba.

Y sin esperarse más, se inclinó lo suficiente para rozar con delicadeza los labios que por mucho se había dedicado a tratar de hacer sonreír; presionó con suavidad y mordió con dulzura, dejando escapar un gemido en cuanto la boca de Nanoha le permitió acceso.

El calor en sus mejillas aumentó y sus dedos hicieron más fuerza en la corteza del gigante árbol. En medio de la noche, las luciérnagas cantaron, con su brillo dorado reflejándose en la superficie escarlata del rubí.

-"¿Me quieres?"

"El tocar la flor con los labios… significa sí."

Continuará…

Clavel rojo: Corazón que Suspira.

Ainss, ¡al fin! Ahora sí ya no me pueden reclamar nada; hemos llegado al capítulo número 20 y bueno, la historia todavía sigue y sigue =)

Finalmente los sentimientos se han confesado, lo cual, espero que esta declaración haya sido del agrado de todos. Además, de que todo ha sido puro fluff (y simbólicamente herbal).

¿Ven por qué esta clase de cosas no se puede resumir en una hojita? u_u

Muchas gracias como siempre por continuar leyendo y acompañándome en esta historia, a pesar de lo largo (porque sé que ha sido largo) que conlleva su desarrollo.

Saludos y les deseo tengan un buen día :)

Kida Luna.

P.D. Kaon, ahí está tu mentado beso, ahora ve y actualiza: '¡Porque me Perteneces!'. ¡Nos lo debes a todos!