El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXII

Corazones no sabemos

-"¡O-Oye, alto!"

Hayate titubeó, dándose la vuelta para encarar al gran felino que se acercaba lentamente hacia ella y Shamal. Los hombros rosa pálido moviéndose de forma acompasada mientras el cuello se mantenía semirrecto, hacia delante.

En cuanto el licaón estuvo a punto de abrir el hocico de nuevo, Signum la hizo a un lado con una de sus patas descaradamente; importándole muy poco el azote que retumbó sobre la hierba.

-"¿Qué estás haciendo aquí?"

-"¿Dónde quedaron los buenos modales?" –sonrió el perro.

El león rodó los ojos, ignorando el chillido sobreactuado que la africana le lanzaba todavía desde el suelo. El resto, mientras tanto, bajaba un poco la guardia, confundidos ante lo que estaba sucediendo.

-"¿Cuáles? Si está cosa no merece ni mi tiempo, Shamal."

La aludida frunció el ceño, cosa que no pasó desapercibida por Hayate, quien de inmediato emitió un aullido agonizante mientras observaba con ojos llorosos a su amiga canina.

Y como todo instinto de perro pastor para su rebaño, la mayor rápidamente saltó para ver qué tenía de malo el perro pintado.

-"Hayate-chan, ¿te duele algo? ¿Te sientes bien? ¿Te hizo daño?"

-"No siento mi costilla…"

-"¡Ay, por favor! –la felina bufó, mostrando los colmillos al aire-. ¡Deja de hacerte la débil y párate antes de que en verdad te rompa las…!"

-"¡SIGNUM!"

El licaón se ocultó velozmente detrás de Shamal, quien le dirigía una mirada de reproche al león que abría y cerraba las fauces, en un intento pobre de defenderse. Desde abajo, entre las patas canelas, Hayate le devolvió una sonrisa.

Ojos inocentes y la cola agitándose.

"Eres perro muerto, Yagami…"

Signum apretó los dientes con fuerza. Y le hubiera volado el pescuezo de un mordisco, de no ser porque la médica puso su cabeza contra la suya, a manera de escudo.

-"Discúlpate con ella."

Hayate rió.

-"¡Pero yo…!"

-"¡Discúlpate con ella! –ladró esta vez, enojada-. ¡Ya estás demasiado grande para aprovecharte de los más pequeños!"

-"¡Yey! ¡Yo ser pequeña!" –dramatizó la africana, aguantándose la risa.

La mirada zafiro fulminó ferozmente a la "pequeña" amenaza, mas tuvo que resignarse a agachar las orejas y a murmurar una especie de disculpa al mismo tiempo en que desviaba la vista; en cuanto sus ojos se posaron al azar en Vita, una oleada de furia le pasó por las venas al ver a la pelirroja con las manos sobre la boca.

Obviamente, burlándose de ella…

-"¡Wow, wow, wow! ¡Espera un momento! ¡¿Quieres decir que ya se conocían?"

Fate, que había permanecido al lado de Nanoha, se acercó a las tres. Su mirar incrédulo viajó hasta su compañera rosa, que alzó el cuello con sorpresa, no comprendiendo el punto de aquella pregunta.

Entonces, el lobo lanzó un gruñido.

-"¡Qué descaro, Signum! ¡Y encima casi me vuelas el pellejo porque estoy con Nanoha! ¡¿Qué hay de ti?"

-"Testarossa, no sé de qué…"

-"¡Tú también te hablas con un herbívoro!"

-"¡OMNÍVORO! –corrigió la leona, agachando la cola y haciéndola un gancho al sentirse repentinamente atacada por todos-. Y esto es muy diferente, ¡es muy diferente!"

-"¿Por qué?" –la lobezna resopló.

-"Porque los leones no comen perros" –enarcó las cejas.

-"Ah, sí –silbó Hayate-, es MUY diferente."

-"¡Cierra el hocico, Yagami!"

-"¡SILENCIO!"

Y todos obedecieron a Shamal. Hayate, que seguía refugiada detrás del cuerpo canino, decidió que era hora de ocultarse tras Nanoha, que parecía más segura –y lejos de ellas- en esos momentos.

-"Tú, deja de amenazar a medio mundo –la pastora regañó a Signum, que quiso decir algo pero se quedó con las palabras atoradas en la garganta-; tú, olvídate si te grita por esto o por aquello, los leones rugen por todo –Fate rió bajito, y la felina nuevamente sintió su ego caer pesadamente al suelo-. Y tú –agregó para concluir, observando al perro pintado-, no te ocultes tras cosas que ella podría comerse."

Nanoha soltó un chillido ante el último comentario, empujando rápidamente a Hayate lejos de ella, que casi se fue de hocico al pasto.

-"De acuerdo –interrumpió Arisa, aproximándose mientras llevaba a Suzuka de la mano-. Es una muy bonita reunión, pero sigo sin entender por qué caracoles me trajeron aquí."

Agito, todavía encima de su camarada felina, parpadeó. Las pupilas negras repasando a gran velocidad a todos los presentes, soltando después su agarre en la espalda leonada para batir sus alas y perseguir a la gaviota que empezaba a caminar graciosamente para apartarse un poco de todos.

Directo a un pequeño riachuelo.

-"Uhm, ¿Fate-chan?"

El lobo alzó las orejas al instante y trotó hacia donde estaba Nanoha, para ser recibida por suaves manos que acariciaron su hocico y cabeza. La criatura emitió una especie de gemido de cachorro, para después sentarse a los pies de la pelirroja.

-"La amiga de Nanoha tiene unos problemas para saltar, ¿no es así?" –quiso corroborar, entrelazando miradas con su pareja.

-"Nyahaha, algo así –respondió, sentándose detrás de la lupina y pasando los brazos alrededor del terso cuello dorado-. ¿Crees que podrías ayudarla… um, Signum-san?"

-"Dile Signum –bostezó Hayate mientras estiraba su cuerpo y asomaba la cabeza por la espalda de la herbívora y el lobo-, ni que fuera tan importante."

-"El día que te despiertes y te falte una oreja, Yagami, no preguntes."

La aludida tan sólo le sacó la lengua al león, observándole después acercarse hacia las dos equinas que permanecían de pie, aún sujetas de la mano.

Apenas la félida se hubo hallado frente a ellas, la rubia mostró una mueca defensiva, en un mudo mensaje de no atreverse a tocar a Suzuka detrás suyo. La leona rodó los ojos, luego lanzó un suspiro al igual que volteaba a ver a Shamal con mirada suplicante y cansada.

-"Arisa-chan, todo está bajo control –comentó amable el perro pastor, haciendo bailar sus bigotes blancos-. Prometo que no les hará daño."

-"Aww, no conocía tu lado sumiso, Signum –Hayate bromeó en un susurro, ganándose una terrible mirada y probable sentencia de muerte-. Debo hacerme más amiga de Shamal…"

Ignorando aquel chiste, el gran gato estudió de arriba abajo a la impetuosa ojiverde. Luego de unos cuantos segundos, la expresión en su rostro indicó que había hallado la raíz del problema.

-"¿Podrías cambiar, por favor?" –pidió, queriendo confirmar sus sospechas.

Bannings miró a su mejor amiga y le dedicó una sonrisa tranquilizadora al momento de soltar su mano; adoptó entonces la figura del caballo estilizado, con las crines rubias resbalando de su liso cuello.

Hayate estiró la cabeza en ese momento, asombrada de ver una criatura así. Después de todo, un caballo criado cuidadosamente tenía una apariencia más frágil que los salvajes que ella había visto en toda su vida.

Empezando por la complexión claramente más delgada de Arisa…

-"Tus patas son fuertes y están en buen estado –declaró, con la vista repasando los músculos que sobresalían de las extremidades entrenadas día a día-, para un potro de carreras, claro. En una pista de obstáculos, te destrozarías el hocico antes de siquiera llegar a los 5 metros."

-"¿Cómo…?"

La expresión de la yegua se desencajó por completo, perpleja y totalmente confundida; entonces, las pupilas esmeraldas bajaron hasta sus largos cuartos, que tenían algunos raspones.

Alzó una y otra, como rascando el aire. No creyendo todavía –ni sabiendo cuál- tenía un problema consigo misma.

-"Soy un león, me preocupo por saltar y derribar, nunca por deslizarme o caer suavemente –aclaró, humedeciéndose el hocico-. Yo no puedo ayudarte."

Shamal se acercó despacio, deteniéndose al lado de la felina para mirarla a los ojos en pos de ayuda, puesto que las ganas de Arisa comenzaban a irse al precipicio.

La cola rosada dio un giro en el aire rápidamente, mientras la dueña suspiraba y semiagachaba las orejas redondeadas.

-"¿Sabes? –susurró, con los colmillos resaltando en su boca entreabierta al tiempo en que los orbes marinos contemplaban el cielo despejado-. Creo que sé quien podría servir para esto. Al fin y al cabo, los tigres brincan con mejor estilo."

La leona trazó una sonrisa malévola.

Y Arisa tan sólo sintió su espina morirse de escalofríos ante aquella idea…

" – " – "

Los ecos de su respiración zumbaron en sus oídos, las pupilas moviéndose a gran velocidad hacia todos lados al tiempo en que el sonido de algo o alguien abrirse paso entre las plantas le estremecía el cuerpo.

Se movió de inmediato.

Las pezuñas rascaron el suelo y la diminuta cabecilla miró hacia las nubes arriba suyo, que muy lentamente iban cambiando a tonalidades grises en las puntas.

Crack.

Las hojarascas se quebraron provocando que se voltease por completo de golpe, decidiendo retroceder de espaldas; la sombra de los altos matorrales amarillos rodeándole en absoluto, privándole de cualquier visión posible.

Convirtiéndose en el perfecto refugio y en el perfecto callejón sin salida a la vez.

Su garganta emitió un ligero quejido. Las elevadas hojas detrás de su menudo cuerpo blanco se agitaron sin que se diese cuenta, permitiendo ver por fin los dientes chasqueando y una lengua relamiéndose el hocico.

Un par de ojos brillaron.

La sombra dobló sus cuatro extremidades, con las garras negras enterrándose en la tierra dura. El chirrido de sus zarpas hizo a la otra criatura voltearse, la cual lanzó un enorme chillido sólo para ser derribada de sopetón mientras toda su visión se tornaba negra.

¡BAAAAAAAA!

-"¡Te tengo!"

-"¡Nyahaha, basta, Fate! ¡Baaaaasstaaaaa!"

Las pezuñas patalearon en el aire, tratando de apartar la cabeza del lobo que no paraba de lamer el rostro níveo. En cuanto el ataque se detuvo, Nanoha lanzó un balido de fingido reproche, provocando que la otra le soplara la nariz.

Por ende, obligándola a sacudirse la cabeza de súbito.

-"¡Mou! ¡Fate-chan! ¡Vuelve acá!"

La aludida se detuvo, virando la cara para verla y soltar un fuerte balido, riéndose, antes de dar un brinco y perderse entre los matorrales. Cien por ciento consciente que un Demonio Blanco enojado con cuernos, no era algo que quisiese presenciar…

-"¡Fate-chan!"

Balidos llegaron continuamente a sus orejas mientras sus patas oscuras resbalaban por aquí y por allá en una vuelta y otra. Pasados unos minutos paró su carrera, alzando un cuarto delantero y enderezando los oídos para ver si escuchaba algo.

Al no notar nada, continuó su camino, trotando tranquilamente entre el laberinto herbolario que apenas y dejaba ver su cola dorada –sólo si la enderezaba totalmente hacia arriba-.

-"Auch –se quejó, sentándose y pasando una pata sobre su ojo derecho-, creo que me cayó polv…"

-"¡AJA!"

¡AUUUUUUUU!

El aullido fue rápidamente cortado en cuanto dos bolas, blanca y dorada respectivamente, salieron rodando hasta llegar a una elevación no muy alta, para descender entre risas a través de los altos matorrales.

La hierba suave amortiguó la caída. Cuando el traqueteo terminó, las pelusas de colores se habían transformado en cuerpos humanos; las manos de cierta castaña aprisionando las de la cazadora por encima de su cabeza.

Una sonrisa triunfante surcaba sus labios.

Párpados delgados y pestañas largas cubrieron los ojos borgoñas entonces, que para nada habían demostrado frustración por haber perdido la pequeña batalla.

-"Nyahaha, ¡te tengo!" –repitió, recordando las líneas anteriores de la otra.

-"¿En serio?"

La voz de Fate sonó divertida, la mirada roja ahora estudiando con júbilo la imagen de la herbívora posicionada arriba suyo. De repente, el agarre en sus palmas se aflojó, sólo para sentir un par de dedos acariciarle las muñecas con cuidado y cariño.

La rubia ablandó la mirada. Nanoha se inclinó y pegó sus frentes, suspirando y subiendo de nuevo sus inquietas manos, que ya se entrelazaban con aquellas blancas y estilizadas.

-"Podría quedarme así para siempre…"

-"¿Podrías?" –la castaña frunció el ceño divertida.

-"Uhm –Fate rió-, pero ¿qué crees? –en un parpadeo de ojos, obligó a la más chica a cambiar de lugares-. Me gusta más estar arriba."

La estudiante de Colmillo se acomodó a horcajadas sobre su pareja, separando sutilmente sus dedos de aquellos otros para sostener con suma delicadeza el rostro de la castaña. Nanoha sonrió.

Una sonrisa pequeña y apacible que demostraba lo agradecida que estaba por estar allí con ella. Eso era lo que Testarossa leía en sus facciones, y que a la vez, reflejaban de igual manera las suyas propias.

-"¿Nanoha?" –pronunció en un arrullo, inclinándose hacia delante para que sus cabezas se tocasen.

-"¿Um?" –preguntó, ahogando apenas una risa torpe.

-"Te quiero."

-"Nyahaha, lo sé –sacó la lengua, guiñándole un ojo-. Pero no sé qué tanto" –su sonrisa creció.

Fate se mordió los labios mientras las pupilas borgoñas brillaban con ilusión, gesto que tan sólo incrementó las ganas de Nanoha de robarle un beso…

-"Mucho –rió tontamente, sabiendo que era una respuesta muy simple-. Más que las ganas de ahorcar a Hayate en las mañanas (por no dejarme dormir) y en las noches (¡que tampoco me deja dormir!); más que el miedo que me da Signum cuando se le entierra una astilla; más que el enorme apetito de Chrono; más que todo el miedo a su máximo nivel en Subaru…"

-"¡Vale, vale! Ya entendí –respondió divertida al pasar los brazos detrás del cuello de la chica para levantarse un poco-. Yo también te quiero mucho, Fate-chan."

-"¿Cuánto?"

-"Nyahaha, adivina."

-"De acuerdo."

Con una sonrisa predatoria, la rubia besó de inmediato a Nanoha, haciéndola soltar un chillido al haber sido tomada por sorpresa. Enseguida, la cazadora prácticamente la había regresado al suelo herbal, apartando entonces las manos de las mejillas de la ojiazul para apresar sus muñecas.

La castaña sonrió entre el beso, notando al instante el instinto posesivo de lobo en Fate, cosa que le agradó bastante; por lo que sencillamente se dejó hacer y le siguió el juego.

A pesar de que sus labios ya empezaban a reclamarle compasión…

-"¡F-Fate-chan!"

La ojiazul jadeó en voz baja, agradeciendo a todos los cielos y pastos posibles el hecho de que los matorrales alrededor impedían que Hayate y el resto les viese.

Especialmente Hayate.

Finalmente, la rubia se separó, observándola desde arriba.

-"Auch, eso dolió –frunció el ceño y usó una mano para ayudar a sentarse al tiempo en que la otra viajaba hasta su cuello para tallarse-. ¡Fate!"

-"¿Perdón?" –mostró una sonrisa vacilante, que estaba entre la timidez y la broma.

-"Cielos… ¿de qué están hechos tus dientes? Eso va a dejar una marca…"

-"No me culpes –se cruzó de brazos y tomó asiento al frente suyo-, no recuerdo oír que te quejaras, ¿eh?"

La alumna de Casco bajó la vista, con los pómulos empezando a enrojecerse. Fate tan sólo rió, aproximándose para darle un rápido beso en los labios a modo de disculpa.

-"Voy a empezar a considerar la idea del bozal…"

-"¡Nanoha!" –chilló la rubia, para nada divertida con ello.

La castaña estaba a punto de agregar algo, cuando las altas plantas detrás de su espalda revolotearon. Ambas voltearon con curiosidad –la más alta pasando un brazo al frente por sí era algún carnívoro hambriento-.

Los segundos pasaron y todo se quedó quieto de nuevo.

Nanoha miró a la cazadora con incertidumbre.

-"¡Fate-san!"

Por fin, una diminuta nariz negra así como dos nimias mandíbulas rojas y blancas pronunciando su nombre, se dejaron ver. Acto seguido, la figurilla de un delgado e inocente zorro entraba en el pequeño refugio donde se encontraban.

El animal caminó con paso gracioso y elegante, las patitas negras haciendo chop, chop y las orejas bien altas, al igual que la cola punteada en blanco.

Tomó asiento enfrente de Nanoha y volteó hacia atrás.

De repente, el movimiento de los matorrales despertó otra vez, apareciendo ahora una especie diferente de Vulpini (1). Su talla era casi idéntica a la de su compañero; a simple vista, la ojiazul ponderó que probablemente ambos le llegarían hasta las rodillas.

A diferencia del primero, la segunda criatura tenía una cara todavía más pueril, con las mejillas algo estiradas dándole un toque enternecedor. El pelaje era un poco más grueso y espeso, de un rosa pastel; las puntas interiores de sus orejas y cola, así como sus patas, parte ventral e inferior de la cara, eran de un blanco como la nieve.

La herbívora le vio sentarse también, ladeando la cabecita mientras era reflejada por aquellos chiquitines ojos lavanda, llenos de curiosidad.

No necesito pensarlo mucho para darse cuenta que era tan sólo una niña.

-"Nanoha –llamó la rubia, haciendo a ésta voltearse-. Ellos son Erio y Caro, son mis protegidos" –sonrió con amabilidad, diciendo cada palabra con una dulzura maternal.

-"¿Takamachi Nanoha?" –cuestionó Erio.

-"Sí… ¿cómo…?"

-"¡Fate-san nos contado tanto de usted!" –ladró el raposo, agitando enseguida la puntilla blanca de su cola a los lados, en tanto las orejas negras saltaban al instante.

La castaña sonrió de lado, reconociendo aquel gesto como uno típico de Fate.

-"¿En serio?"

-"Um, algo… -murmuró la ojirubí a su lado, bajando más la cabeza al ver que su novia volteaba ahora verla-. ¡Vale, bastante! ¡Nanoha, no te rías!"

-"Nyahaha, lo siento, Fate-chan –le dirigió una gentil sonrisa, en un intento por calmar el presente sonrojo en la otra, antes de volverse a los nuevos visitantes-. Erio-kun, Caro-chan, mucho gusto."

-"Mucho gusto, Nanoha-san."

-"Al fin pudimos conocerla" –completó la jovencita.

De esa manera, fue como el zorro rojo y zorro ártico rosa le dieron la bienvenida al cordero, cerrando los ojos y batiendo las orejas.

Continuará…

(1) Vulpini: Comúnmente conocidos como zorros (as) o raposos (as).

He aquí el capítulo 22 (todavía no me creo que hayan tantos). En el que sigue trataré de continuar con lo que es la relación de todos, puesto que ahora solamente me centré en algunos.

Pero lo importante es que ya se han visto, al menos la gran mayoría =)

Muchas gracias por seguir leyendo y acompañándome en LyC, es un placer poder compartir esto con ustedes. Y ya saben, a pasar un bonito día y disfrutar las vacaciones (para aquellos que las tienen u_u).

Nos estamos viendo :)

Kida Luna.