El lobo y el cordero
Por: Kida Luna
Capítulo XXVI
Arriba-Abajo
-"¿Fate?"
Las manos acariciaron su mejilla, haciéndola despertar del mundo de los sueños –o pesadillas- en el que se había sumergido. Escuchó los grillos cantar, y después viajó su vista lentamente hasta el riachuelo a su lado.
-"¿Fate-chan?"
-"Sólo… sólo estoy pensando…" –susurró mientras admiraba su reflejo en el agua, sentada y observándola sin ánimos.
-"No parece ser algo bueno –respondió quedito, atrayendo a la otra hacia ella para que se acomodara en su regazo-. ¿Quieres decirme?"
-"Está bien –mintió-, no es nada importante, Nanoha."
La castaña entrelazó los dedos con los suyos, en tanto su mano izquierda se encargaba de frotar los largos mechones dorados. Fate cerró los ojos ante el contacto, respirando acompasadamente mientras sentía la tranquilidad volver a sus músculos.
En cuanto percibió calor en sus labios, soltó un quejido, sujetando el cuello de la camisa blanca de la herbívora para jalarla hacia delante y profundizar así el beso.
La ojiazul jadeó, no pudiendo suprimir la mueca traviesa que se dibujó en sus labios al separarse.
-"Eso fue un poco tosco" –sonrió divertida.
-"¿En serio? –rió, levantándose un poco para besarla con suavidad a modo de disculpa-. ¿Mejor?"
-"Tal vez –murmuró cerca de su rostro, empujándola de vuelta abajo con el índice-, pero todavía no es suficiente…"
La rubia frunció el ceño, entretenida al ver a su pareja apoyarse de manos y rodillas sobre ella. Fate pasó los brazos por encima de sus hombros, apreciando de pronto una sensación húmeda en su cuello que la hizo sentir cosquillas.
Apenas los dientes de la castaña se hundieron en su piel, la cazadora separó los labios en un gemido mudo.
Nanoha sonrió, notando el aliento de Fate que se volvía errático y pegaba deliciosamente en su oído. Dejó de morderla entonces, lamiendo con cuidado la zona que había quedado ligeramente amoratada; subió y bajó por cada centímetro sin prisa, esparciendo besos tanto en su mentón como en uno de sus hombros, aprovechando que la camisa se le había aflojado para dejar la piel cremosa al descubierto.
Sus ojos contemplaron rápidamente el rostro de la rubia, que mantenía los ojos cerrados y se mordía los labios. La faz ligeramente sonrojada, con el cuerpo liberando uno que otro espasmo de anticipación.
Y a pesar de que no era una carnívora, la chica cordero supo, en ese preciso instante, que jamás en su vida había probado algo tan exquisito.
-"Espera…" –la escuchó apenas.
La castaña se inclinó hacia delante entonces, posando así una de sus manos en el vientre que no se quedaba quieto; y a la vez, jugueteando con el lóbulo de la oreja al frente suyo con sus labios y dientes.
-"¿Qué pasa?" –murmuró con tono ronco. La satisfacción recorriendo sus facciones al percatarse del temblor que su aliento despertaba en la otra.
-"Nanoha… -jadeó, llevando las manos a la cara de la aludida para poder mirarla-. ¿Quieta, sí?"
La ojiazul rió ante el comentario, pensando en que ésa era la clase de cosas que ella debería decirle a Fate; después de todo, la que tenía dotes caninas no era ella.
Sin más, la herbívora negó con la cabeza mientras cerraba los ojos, con la sonrisa en su cara todavía presente. Se recostó encima de la más alta, escuchando atentamente el latir desbocado de su corazón así como el movimiento rápido que hacía su pecho.
-"Eres muy suave…"
-"¿Me estás llamando almohada?" –preguntó divertida, tratando de encontrar su respiración.
-"Nyahaha, pero sólo mía –la abrazó fuertemente-. Te pondría mi nombre si pudiera."
Fate rió bajito y contempló a su novia esconder los zafiros tras los delgados párpados y acurrucarse contra ella. Pasó sus manos por encima de su cintura mientras las pupilas borgoñas ahora se dirigían al cielo oscuro arriba de ambas.
Con las estrellas brillando y una que otra libélula flotando en el aire.
Estar acostada allí con Nanoha sin que nadie las molestase, era uno de esos momentos que la estudiante de Colmillo rogaba porque durase por siempre. Sentir el calor de su cuerpo y apreciar los graciosos sonidos que hacía al tratar de dormitar.
"Usándome a mí como almohada."
Rió. Jamás cambiaría lo que tenía con ella, jamás podría renunciar a sus besos ni parar de mimarla o hacerla sonreír; no importaba si tenía que salir a escondidas todas las noches o tardes, porque sabía que al final valdría la pena.
Esperaría para verla -así tuviese que hacerlo durante años-, del otro lado de la misma valla que custodiaba sus encuentros furtivos con fidelidad.
Besó con ternura su frente, oyendo después con felicidad a la más chica susurrar su nombre entre sueños. Y la apretó más hacia sí. Aún cuando llevaban poco tiempo estando juntas, estaba segura de que no soportaría si algún día perdiese a Nanoha.
Admiró la expresión tranquila en su rostro en tanto pernoctaba. Su cabeza trajo de vuelta en ese momento las palabras de Arf acerca de aquel día que muchos habían olvidado ya; pero que ella, aún si no lo había presenciado, jamás podría olvidar.
El miedo que envolvió su corazón en ese momento volvió a tocarle la puerta, insistiendo cada vez más. Jugando con sus esperanzas y manchando su mente con pinturas en color rojo.
Así que cerró los ojos con fuerza y se prometió jamás dejarle pasar de la entrada.
Nunca abandonar al cordero consigo.
Porque al contrario de Linith, ella no rompería una promesa.
" – " – "
El sonido de gotas continuó con su eco constante, logrando al fin que los cansados ojos se abriesen. Soltó un quejido, sintiendo su cabeza palpitar en tanto se ocupaba de echar un rápido vistazo al lugar donde estaba.
Humedad y un lugar oscuro fue lo que la recibió. Quiso separar la boca, pero rápidamente se vio impedida de hacerlo del todo debido al bozal que traía encima; en un santiamén, todas las imágenes de lo que había ocurrido vinieron a su mente.
Había sido arrastrada hasta allí, no recordaba exactamente el camino recorrido; no obstante, estaba segura que la caída al momento de arrojarla, le había dolido su buena porción.
Alzó la cabeza y empezó a olfatear el aire, detectando cierto olor mohoso. Al frente, altos barrotes de metal se elevaban, encerrándola como si fuese un pájaro en una jaula.
No había nada en ese sitio. Ni cama, ni frazada, ni mesa, ni luz… nada.
Hayate cerró los ojos con fuerza y empezó a concentrarse, sacudiendo al poco rato la cabeza fuertemente a los lados.
-"Es inútil."
La voz la hizo detenerse, con sus ojos azules tratando de ubicarse entre la oscuridad.
-"No puedes regresar a tu forma humana –habló y tosió un poco después-. Te han lanzado un hechizo de restricción."
-"¿Hechizo? –parpadeó desconcertada-. ¿No se supone que no hay magia en Midchilda?"
-"No la hay –rió, el sonido de garras rascar el suelo-. Nosotros somos de una raza relacionada a los antiguos familiares, pero al contrario de ellos, nuestros poderes son sellados al nacer. Parte de esas potestades son resguardadas aquí en Colmillo."
-"¿Para qué?"
-"Tu bozal, por ejemplo. Igual al que tengo yo."
El renacer de una flama iluminó el lugar, con un dragón de komodo aferrándose a una de las paredes para acomodar la antorcha. Volteó a ver a los prisioneros desde allí arriba por escasos segundos, como si fueran la poca cosa.
-"¿Por qué te han traído aquí?"
Le oyó decir en cuanto el reptil se alejó, percatándose también del sonido chirriante y metálico de una puerta cerrarse.
Ya con la luz dispuesta, el licaón pudo distinguir los ojos verdes de la criatura que le observaba desde la celda al frente, cubierta igual por las sombras que reinaban en ese sitio.
-"Me tendieron una trampa –sopló, pegando el hocico al suelo mientras sus ojos parpadeaban con pesar-. Va haber una carrera mañana y yo necesito esos puntos extra, pero como soy una mestiza –mostró los dientes ante aquello, percibiendo el enojo colarse en ella-, no puedo participar."
-"Así que se las arreglaron para meterte aquí."
-"Um, eso…"
-"¿Cuál es tu nombre?" –otra criatura se unió a la conversación.
Hubo cierto movimiento en el cubil al lado suyo, y pronto pudo vislumbrar la figura de una cabecilla asomarse por entre los barrotes e intentando voltear a verla.
-"Hayate –paró las orejas-, Hayate Yagami. ¿Por qué están ustedes aquí?"
-"Por la misma razón que tú."
El animal al frente se paró y se acercó hasta los barrotes, permitiendo a la luz pálida de la antorcha iluminarle. En cuanto Hayate le vio el rostro, emitió un jadeo de sorpresa e izó el cuello al instante.
-"Somos diferentes" –ladró la prisionera a su costado.
La ojiazul se puso de pie, aproximándose lentamente hasta el final de su mazmorra, que daba comienzo a un largo pasillo. Agachó las orejas y enfocó su vista lo mejor que pudo.
Vio finalmente la cara cansada del lobo pintado de ojos verdes que permanecía parado al otro lado del pasaje, visiblemente mucho más grande que ella.
Después, su vista viajó hacia su derecha, observando a otro perro salvaje más joven que sí misma; las orejas revoloteando y la jovenzuela devolviéndole la mirada con curiosidad.
Siguiendo el corredor, avistó todas las celdas que se extendían a ambos lados en lo que era una especie de calabozo. Algunos con un bozal encima también, otros atados a cadenas y unos cuantos más con un pesado collar, parecido más a un grillete que a un bonito accesorio.
Los vio dormir, quejarse, tirar de las ataduras y rasgar los barrotes una y otra vez. Pares de ojos de distintos colores expresando desde la desesperación, hasta una melancolía profunda y apagada.
Sin embargo, no todas las cámaras tenían a criaturas como ella encerradas. A la poca luz de las antorchas, pudo distinguir la figura de algunos ligres, tigones, leopones, perros-lobo, osos grolares o pizzlys, entre otros. (1)
Especies híbridas que más de una vez, se había topado durante su estancia en la zona prohibida.
Y sin embargo, nunca antes les había visto una expresión tan desgraciada.
Hayate quiso decir algo, indagar en el por qué se quedaban allí devastados, permitiendo que los demás pisoteasen sus esperanzas y les llamasen de mil y un formas terribles. A pesar de sus enormes ganas de gritar, un nudo en su garganta le impidió el hacerlo.
En cambio, un agudo y apenas audible chillido salió de su boca.
Las patas le flaquearon hasta hacerla caer sentada, con el crepitar de las llamas reluciendo los corazones que se reflejaban tristes y exhaustos en aquellos espejos de colores que eran sus ojos.
De alguna manera, su pecho dolió también, obligándola a doblar el cuello para enfocar el piso; cerró los ojos y el hocico, sintiendo una oleada de espasmos atravesar todas las venas de su piel.
"No puede ser… tan malo. No puedo ser tan diferente… ¿o sí?"
-"Deberías descansar –sugirió el licaón al frente, retirándose a la parte trasera de su celda, totalmente cubierta por las sombras-. Aquí donde uno vive atrapado, es mejor mantener el espíritu fuerte. Al fin y al cabo, todos regresaremos aquí tarde o temprano."
-"¡No quiero estar aquí! –exclamó angustiada, observando en consternación todos los rostros empapados en desasosiego-. ¡Quiero regresar afuera!"
-"Yo también quiero volver –contestó amablemente la cachorrilla a su lado, que resbaló hasta el suelo mientras su hocico sobresalía por entre los barrotes-. Pero no hay vuelta para nosotros. ¿No lo entiendes, Hayate? Somos defectuosos."
-"¡No! ¡No, no me importa lo que otros digan!"
-"Somos la rosa blanca, señorita Yagami –escuchó el último susurro, con los ojos verdes moviéndose entre la oscuridad-. La rosa blanca rodeada de un millón de rosas rojas, ¿y sabe? Ya no soportamos las espinas a nuestro alrededor…"
La africana se dejó caer rendida al piso, con los párpados fuertemente cerrados y las patas delanteras aplastando sus oídos. Los sollozos luchando por escapar de ella.
Y el recuerdo de las cristalinas cascadas en el exterior, atormentando su mente…
" – " – "
El canto de las gotas todavía seguía vivo, acompañado por el respirar del cánido que descansaba en el suelo frío. La nariz totalmente congelada y el pecho subiendo y bajando, los orbes cobalto ausentes.
Fijos en algún punto más lejano del que aquel calabozo deleznable concedía ver.
¡Tap, tap, tap!
Las orejillas blancas apenas y se movieron, la dueña completamente distraída como para prestar atención a los golpeteos que se volvían cada vez más insistentes.
¡Tap, tap, tap!
-"¡Hayate-chan!"
-"¿Rein?"
Poniéndose de inmediato sobre su estómago, Yagami volteó y alzó la vista para ver a la gaviota en la ventanilla hasta arriba de su celda, picoteando las barras de metal en un intento por hacerse visible.
-"¿Qué estás haciendo aquí?"
-"Escuché algo del alboroto que había pasado –habló con pena, sobándose un ala-, ¿cómo estás?"
La pregunta hizo que la otra apartase la mirada del ave que permanecía de pie en la repisa alta, para fijarla de nuevo en algún punto muerto.
-"¿Hayate?"
-"Regresaré a casa en cuanto salga de aquí –respondió en tono bajo, sintiendo los ojos picarle-. ¿Sabes? Todo mundo siempre me dice que me tomo las cosas a modo de juego o en broma, y no es cierto –se le escapó un gemido-. Es que yo no puedo enfrentar la vida como ellos…"
-"Eres fuerte" –quiso animarla mientras abrazaba los barrotes con ambas alas.
-"¿Entonces por qué estoy llorando? –giró para verla, con las primeras lágrimas deslizándose bajo sus mejillas-. Signum tenía razón, ¡todos aquí la tienen! ¿Qué voy a saber yo de pararse derecha, caminar elegante, usar servilletas perfumadas o aullar con gallardía?"
-"Tus habilidades son diferentes, no por eso debes de…"
-"¡Yo soy diferente!"
El ladrido hizo eco en todo el lugar, reemplazando por escasos segundos la música que las gotas de agua que lograban colarse construían allí. El lobo pintado pareció retener la respiración entonces, con la cara contraída en un gesto de frustración mientras sus ojos continuaban llorando.
Rein, por su parte, no supo qué decir. El remordimiento de no poder estar al lado de su amiga como antes había sido le pegó duro; por un momento, acordó en que tal vez sería mejor si todo retornase a ser como en un principio.
Mas enseguida se negó, así que sacudió la cabeza y se dio golpes en ésta con la punta de sus alas.
¿Qué estaba haciendo? Debía de apoyarla, no hacerla sentir peor.
-"¿Y yo soy diferente también? ¿A mí igual vas a decirme todas esas cosas que te dicen aquí? –preguntó dolida, con el pico apretándose fuertemente-. Hayate, no los dejes hacerte esto…"
-"No quiero seguir aquí."
-"¿Y qué hay de Fate? ¿Y Nanoha? ¿Signum y todo el resto de personas que creen ti? ¿Qué hay de mí…? –chilló, aferrándose a los lingotes y tratando de pasar entre ellos, con el pescuezo blanco trabándosele a medio camino-. ¿Vas a abandonarnos… así como así?"
-"Lo siento."
Ante el débil murmullo, la gaviota detuvo todo esfuerzo por entrar al otro lado; sacó la cabeza entonces y miró al licaón, que apartaba la vista de nuevo para darle la espalda.
Los ojos de Rein temblaron, henchidos de decepción y tristeza.
-"No, Hayate –respondió, dándose la vuelta y observándola por sobre el hombro-. Yo lo siento más…"
La nombrada cerró los párpados al escuchar las alas batir en el aire. Alejándose hasta desaparecer de sus oídos, permitiendo que el silencio volviese a reinar en aquel pasadizo lleno de desesperanza.
-"Si yo tuviera la piel de oro… -musitó apenas, tarareando arrullos de un pasado ya lejano-… y el zafiro por mis ojos…"
" – " – "
Una manta cayó en su lomo, despertándola, y ella levantó la cabeza para ver quién se la había entregado. Una cara reptilesca le sonrió desde el pasillo, con las patas cortas y el vientre casi rozando el piso.
-"Va a ser una noche muy fría" –le dijo antes de caminar para salir de allí.
-"¿Por qué?" –quiso saber.
El varano arbóreo negro que estaba de guardia se detuvo, virando la cara gris oscura para verle con la agotada pero gentil mirada. La cola larga y escamada hizo un pequeño barrido, quedando suspendida en el aire.
-"No soy tan grande como los dragones de Komodo que se jactan allá afuera de sí mismos, pero he alcanzado a aspirar a uno de sus puestos –Hayate siguió las pupilas negras del animal posarse sobre su propia espalda, distinguiendo una larga cicatriz que la cruzaba de lado a lado diagonalmente-. Yagami-san, ¿cómo va a usted a defenderse del mundo, si no tiene una manta con la cual abrigarse bien?"
La aludida no dijo nada, anonada ante aquellas palabras y avergonzada de repente por lo débil y pequeña que se sentía enfrente del resto de los demás animales.
Especialmente, comparada con Ian y toda su jauría.
-"Debo continuar mi turno –aclaró, volviendo la vista hacia la salida y haciendo sonar sus patas palmeadas contra la roca lisa-. Después de todo, usted tiene una visita esperando. Recuerde que a las damas no se les pone caras tristes, sino corazones atentos."
" – " – "
Más tarde, la puerta abarrotada se cerraba con un horrible chillido. Los ojos azules se quedaron congelados, todavía incrédulos y pensando que la criatura al frente no era más que producto de su retorcida imaginación.
Atormentándola.
Pero las ilusiones no hablaban. Y ésta sí que lo hacía.
-"¿Hayate?"
La voz preocupada y dulce del dingo abrazó su corazón, a tal grado que no supo si la vista empezaba a nublársele del sueño o de un terrible tirón en su pecho.
Quiso decir su nombre.
Se estiró hacia delante y plegó las orejas, gimiendo. Las joyas lavanda demostraron sufrimiento, con los oídos dorados cayendo también, mientras la dueña rápidamente se acercaba y le ofrecía su pecho para llorar.
Se echó a su lado, tocando hocico con hocico en un intento por reconfortarla. Carim le sonrió con simpatía, deseando que la otra le devolviese el gesto.
-"No deberías verme así –chilló la africana, hundiendo el rostro entre sus patas-. ¿Por qué has venido? Éste no es tu lugar, tú perteneces a los grandes cuartos blancos, con cómodas camas, pisos limpios y lámparas brillantes y…"
-"¿Por qué estoy aquí? –la cortó-. Hayate, no puedo creer que siquiera me lo preguntes –gimoteó y golpeó suavemente su mejilla para que la viese a la cara-. Vi lo que pasó… Verossa y yo lo vimos todo, en verdad lamento no haber llegado a tiempo."
La sinceridad en sus palabras se mezcló con la melancolía que surgía al ver a su amiga en tal estado. Sabía que gran parte de ello era su culpa, si se hubiera mantenido lejos de Yagami o si hubiera hecho algo antes… Se mordió los labios, la que merecía estar allí, sola y enclaustrada, era ella.
Después de todas las cosas buenas que la ojiazul le había ofrecido, no podía sino retribuirle con daños y dolor.
-"Fate está esperando por ti –susurró, pasando la cabeza por encima del cuello marrón-. Ella y tus amigos se alarmaron en cuanto se enteraron del alboroto, se ve que les importas mucho."
-"No tiene caso –interrumpió, removiéndose un poco y sintiendo al dingo acurrucarse más junto a ella-. En cuanto salga voy a irme. Así todos podrán volver a vivir sus vidas felizmente, tal cual lo hacían antes que yo entrara en ellas."
Las palabras se hundieron en su cabeza pesadamente, los pocos recuerdos que había hecho al lado de la nueva estudiante pulsaron repentinamente con dolor, dentro de ella; inclusive, mucho más que el escozor tras las vendas que protegían su estómago níveo.
-"¿Te vas… a ir?"
-"Pues sí. Es lo mejor para…"
-"¡¿Lo mejor para quién? ¿Para ti? ¡Hayate Yagami no es una cobarde!"
La aludida alejó el rostro impactado, contemplando por primera vez a una Carim que gruñía y hablaba entre ladridos feroces. A pesar de que la pura seguía siendo hermosa a sus ojos, no pudo negar que definitivamente jamás querría hacerla enojar.
Aspecto que, controversialmente, pensó la hacía lucir más… atractiva.
"Genial, me estoy pudriendo en este lugar y lo único que pienso es en lo sexy que se ve. Alguien por favor, ¡arránqueme una oreja!"
-"Hayate, ¿me estás escuchando?" –le reprochó con gravedad.
El lobo pintado asintió despacio y separó un poco más su cara por si de repente su súplica era cumplida. No que de verdad quisiese quedarse media sorda…
Con un suspiro profundo, la ojiazul sonrió con tristeza al enfrentar la dura realidad; ésa tan diferente al mundo que en otrora fuese su hogar.
-"Nadie me quiere aquí."
-"Yo te quiero aquí –respondió de inmediato, dirigiéndole una mirada blanda a aquélla estresada-. No te vayas, yo… yo sé que soy culpable en parte por lo que te pasa, y que mi amistad va ponerte las cosas de lo peor…"
Entre más hablaba, la voz más se teñía de pesar al igual que las pupilas lavandas. La cazadora marrón pegó su nariz a la suya, queriendo borrar los rastros de tristeza que empezaban a ganarle a Gracia.
-"…pero, no puedes irte. No te conozco mucho, realmente quisiera hacerlo –su mirada osciló de miedo, sus orejas cayeron-. Sé que si los siguientes días no llego a verte, voy a extrañarte mucho. Y ni siquiera sabré el por qué lo haré."
Carim apartó la cara, rompiendo así el contacto entre ambas. Una sonrisa decaída se dibujó en su hocico; una que murió en cuanto vio de reojo el bozal que aprisionaba la boca de Yagami.
Ése que la ataba en más de mil maneras a ese horrible lugar. El mismo que terminaba por coronar todas y cada una de las heridas que…
"Las cosas no deberían ser así."
La cánida pura suspiró en desconsuelo, cerrando los párpados y dándose cuenta que para ella era fácil decir y pedir las cosas; porque al fin y al cabo, sería el licaón quien tendría que soportarlas y cumplirlas.
Estaba siendo egoísta. ¿Pero quién no lo ha sido por una vez en su vida?
-"Puedo quedarme –la ojiazul susurró con afecto, sintiendo a su corazón relajarse y recuperar muy despacio la fuerza para seguir latiendo-. Si eres tú la que lo quiere, me quedaré. Es decir, ¿estarás a mi lado, no? ¿Aunque sea un poquito?"
El dingo volteó a verla de inmediato, buscando cualquier rastro de mentira en la otra y no pudiendo suprimir una sonrisa auténtica al ver que no hallaba ninguno. La frazada de tinte manila que la africana tenía, pronto le cubrió también, con la dueña afirmando su cuerpo al suyo.
-"Estaré contigo –dijo en un arrullo, pegando su hocico al más oscuro-. Siempre estaré contigo, Hayate."
-"Me alegra oír eso –sonrió, con ambas orejas paradas-. ¿Carim?"
-"Dime."
-"No me dijiste por qué estabas aquí. Pensé que este sitio era para castigos o algo así."
-"Oh, eso –rió bajito-. ¿Recuerdas a la nutria a cargo de las inscripciones?"
-"Y cómo no recordarla" –rodó los ojos y gruñó pasito.
-"Bueno –frotó su cara con la mejilla de Hayate, queriendo contentarla de nuevo-, digamos que acaba de perder un par de bigotes."
El gotear del agua se vio interrumpida por el repentino ataque de risas, que hicieron sonreír al perro africano que descansaba en el cubil de enfrente, echándoles una fugaz mirada al abrir su ojo derecho.
Una vez calmadas, las dos cánidas que compartían su singular y humilde camarote, se acurrucaron ante el frío; entrelazando las colas y durmiendo más tranquilamente que nunca.
Seguras de que al amanecer, ninguna despertaría sola.
" – " – "
Los rayos solares de un nuevo día saludaron con furor a todos los presentes.
El bullicio de los estudiantes de Colmillo era tanto que las conversaciones difícilmente podían ser sostenidas, teniendo que repetir las frases dos o tres veces para ser comprendidas.
Chrono Harlaown subió a la tarima y ondeó un brazo para señalar la gran pista que asemejaba una selva enorme, mientras en su mano izquierda sostenía un micrófono; Lindy, por su parte, permanecía elegantemente sentada en las primeras gradas, con las piernas cruzadas y observando con gusto la algarabía que estaba creciendo.
Apenas el hijo de la Directora terminó de decir las palabras de apertura y de mover una banderilla blanca, todos los participantes ubicados en los carriles de la pista salieron como alma que lleva el diablo.
Gritos de ánimo fueron entonados por los espectadores. Y entonces… de la nada, un bólido oscuro cruzó la línea de entrada y se sumó a la carrera.
-"¿Qué es eso?" –Lindy parpadeó, poniéndose pie e intercambiando miradas con un Chrono confundido.
En cuanto los ojos entrecerrados del chico lograron avistar al nuevo candidato, una enorme sonrisa de dibujó en su rostro.
-"¡Damas y caballeros, tenemos un invitado sorpresa! –anunció con emoción-. ¡Hayate Yagami se ha unido a la Gran Carrera Relámpago!"
Bisbiseos y balbuceos inundaron el área, algunos sorprendidos y hasta indignados con aquello; otros, entusiasmados o demasiado confundidos como para decir algo.
Fate y compañía, por supuesto, se pusieron de pie al instante. Agitando los brazos mientras animaban a la nueva competidora para robarse la victoria.
"Sé que si los siguientes días no llego a verte, voy a extrañarte mucho. Y ni siquiera sabré el por qué lo haré."
Las patas tocaron y dejaron de tocar la tierra, con cada pisada levantando nubes de polvo; uno de sus ojos echó una fugaz miradilla hacia los escalones blancos, encontrándose con la figura alta y estilizada de Carim.
Sonriéndole como sólo ella podía hacerlo.
Costaba creerse que, hacía tan sólo un par de horas atrás, se había hallado a sí misma enjaulada y cumpliendo la penitencia de una noche de encierro; pagando así por un pecado inexistente, además de soportar las miles de dudas que la asaltaron en aquel calabozo, destrozando sin piedad todas sus ilusiones.
Ésas que, gentilmente, cierta rubia se había encargado de recoger, para volver a pegarlas pedazo a pedazo.
Hayate regresó la vista a la pista, sintiendo el pecho henchírsele de orgullo y excitación. La adrenalina fue en aumento en cuanto por fin pudo distinguir al resto de los contrincantes a escasos pasos de ella; alcanzarlos había sido tarea fácil, se dijo a sí misma, así que ahora sólo debía rebasarlos.
No obstante, en el momento en que se halló entre los primeros, los animales a sus lados no tardaron en empezar a empujarla, tirarle una que otra mordida e inclusive, quisieron hacerla tropezar. Puesto que no podía permitirse perder, el perro salvaje puso el cuerpo rígido en tanto daba saltos y apretaba el paso, esquivando con destreza todos los obstáculos 'adicionales' de la carrera.
Porque aún cuando no estuviese viendo, sabía que Carim tenía su mirada fija en ella. Y eso era más que suficiente para seguir adelante…
-"¡Nunca aprendes, mestiza!" –escuchó un rugido.
¡THUMP!
El cuerpo le flaqueó por un segundo debido al fuerte choque, pero se obligó a recuperar el equilibrio antes de que los demás le pasasen encima, literalmente.
-"¿Qué pasa? –jadeó en defensa, con la cabeza moviéndose hacia arriba y hacia abajo-. ¿Tanto miedo me tienen de ganar que deben hacerme trampa?"
Uno de los colmillos sobresalió de la sonrisa burlesca de Yagami, cuyo orgullo y confianza regresaban a gran velocidad. La simple mueca hizo que el dingo negro, con quien ya iba lado a lado, se le lanzase en un arrebato, siendo esta vez astutamente evitado su ataque.
Después de todo, la ojiazul recordaba perfectamente lo que había sucedido la última vez. Y no planeaba volver a aquel grotesco lugar a donde la había enviado, al menos no de inmediato.
Conforme los ladridos ganaban vida y todo mundo parecía querer exprimirla viva, las imágenes de sus compañeros de celda aparecieron en su mente. Hayate apretó los colmillos y aceleró más.
Ellos también merecían una oportunidad, y ella iba a demostrarles a todos que eran tan buenos como cualquiera allí presente.
¡SPLASH!
-"¡HAYATE!" -Carim abandonó su asiento de súbito.
La cabeza emergió de inmediato luego del sucio empujón, con las patas pataleando enseguida para alcanzar la superficie y no hundirse ni tragar agua del río al que había ido a parar. Vio a Ian devolverle una sonrisa cínica al igual que la mayoría de los corredores, que ya la pasaban sin remordimiento alguno.
Gritos que pertenecían a Fate alcanzaron sus oídos –la cual era retenida de hacer una locura por Signum-, e incluso, pudo jurar que había escuchado a Arf decir algo sobre asesinar a una cuarta parte del colegio. Carim, en tanto, juntaba las manos y rogaba porque su amiga saliera de allí pronto.
No queriendo desperdiciar más tiempo, nadó tan rápido como sus miembros se lo permitieron hasta tocar un tronco caído. Escaló por él raudamente y saltó para internarse en la selva alrededor.
-"¡Ése no es el camino! –clamó alto y fuerte-. ¡Vas a tardar más si vas por allí!"
-"¡Agh, Testarossa! –se quejó sonoramente Signum-. ¡Deja de moverte y regresa a tu asiento!"
-"¡Sí, Fate, siéntate! –su hermana la jaló de la camisa para quitarla de sopetón-. ¡No me dejas ver nada!"
El zumbido de las ramas no le importaba en absoluto, aún cuando rozaban algunas de sus heridas y el hocico todavía le escocía por la presión que había ejercido el bozal. A pesar de ello siguió adelante, brincando por la tierra y trepando árboles semi-inclinados, con el polvo adhiriéndose a su pelaje húmedo que no se había molestado en sacudir.
Su respiración aumentó entonces, reacción que acompañó el desplazamiento fugaz de las pupilas azules que escaneaban el área espesa. No tenía idea de qué tan atrás había quedado o de cuán alejada estaba del verdadero camino.
Sin embargo, confiaba en su olfato y oído para que la guiasen de vuelta a los otros concursantes.
-"¡Aquí vienen, cada vez se acercan más al final!" –Chrono acotó, aún cuando por dentro se mordía la lengua para que Hayate saliese de cualquier lado.
Las garras negras que se aferraban a la corteza de los árboles, durante sus saltos torpes de rama en rama, le ayudaron para que pudiese ver desde arriba todo el panorama.
La carrera estaba por finalizar. Ella no estaba muy lejos de ellos, pero tampoco estaba precisamente cerca.
En un último esfuerzo, se abalanzó sobre un leño empinado. La cabeza girando de hito en hito hacia los animales que parecían aumentar de talla cada vez más y hacia la pendiente por la que bajaba.
Ian iba a la delantera.
Todo estaba por decidirse.
Hayate recordó todo lo que había vivido desde su encuentro con Fate y Nanoha, la pelea con Signum, las criaturas encerradas tras los barrotes, las palabras del varano negro; y por último, rememoró la mirada llena de cariño mientras Carim acariciaba su rostro con el suyo.
De repente, las patas golpearon con toda su fuerza la corteza. No se frenó. El licaón echó mano de sus últimas energías y corrió como si fuese un bólido de fuego expedido de un volcán.
Y en cuanto sus cuatro cuartos rozaron el final del tronco, todo pareció convertirse en silencio. Contuvo la respiración. Dio el brinco más largo que hubiera dado en toda su vida, con el cuerpo estirándose tanto que llegó a pensar se quebraría en dos.
Miles de pares de ojos se enfocaron en aquel momento, donde la tensión podía cortarse cual trozo de mantequilla.
Lindy Harlaown se paró de las gradas y apoyó las manos en el parapeto que separaba los peldaños del circuito.
"Soy diferente… ¡pero soy diferentemente mejor que ustedes!"
¡FLASH!
Las extremidades delanteras acariciaban la tierra amarilla mientras la mitad de su cuerpo traspasaba la línea de meta, con las luces y el clic de una cámara alumbrándola a ella y al dingo negro que no había logrado alcanzarla por meros milímetros.
-"¡LO HIZO!"
El grito de Arf al tiempo en que elevaba el puño al aire le trajo todos los sonidos de vuelta, con sus cuatro extremidades rozándose y posándose ya sobre el suelo; solamente para salir disparada al igual que los demás contendientes.
Los vitoreos y aplausos de sus amigas la hicieron abrir las mandíbulas en una gran sonrisa, con la lengua de fuera; provocando sin querer, que sus patas se enredasen y ella saliese rodando torpemente por la pista.
-"¡Felicidades, participante Hayate Yagami! –soltó Chrono en total euforia a través del micrófono-. ¡Primer lugar en la Gran Carrera Relámpago! ¡Eres la número uno!"
Hubo varios estallidos, con serpentinas volando por todos lados. La Directora bajó de las gradas y caminó, aplaudiendo igual, hasta la ganadora, que reía con vergüenza mientras se ponía en pie.
Lindy se detuvo al frente del perro salvaje, acarició su cabeza y colocó en ésta una corona de laureles de flores blancas.
-"¿Quién lo diría? –preguntó entre risas-. Realmente que eres toda una cajita de sorpresas, Hayate-chan –le guiñó un ojo-. Y eso que tienes una pata lastimada…"
-"¡Hayate!"
Carim fue la primera en acercársele, abrazándola por el cuello y casi haciendo que cayera de hocico por el gesto tan repentino. Verossa, Arf, Fate y Signum se aproximaron también; todos dedicándole sonrisas llenas de dicha.
-"Detesto admitirlo, Yagami –mencionó la pelirrosa, colocando una mano sobre sus caderas-. Pero ni siquiera yo habría podido reponerme de tal manera."
-"¡Hayate, eso fue increíble! Sabía que podías hacerlo" –continuó Testarossa.
-"¡Debiste de haberles visto la cara a todos! –la pelirroja liberó un par de carcajadas-. ¡Barriste la tierra con ellos!"
-"Sí –ladró entusiasmada-, ¿lo hice, no? ¡Lo hice!"
-"Lo que hiciste fue trampa."
Todos guardaron silencio. Ian se acercó sigilosamente hacia ellas y fulminó con la mirada a la africana, al igual que los demás que perdieron la carrera contra ella.
Por una fracción de segundo, sin que nadie lo notase, la rubia que se aferraba a la vencedora se estremeció.
-"¡Sí, ella ni siquiera estaba inscrita!" –bramó un demonio de Tasmania.
-"Yo voy a inscribirte la cara si no te quedas callado" –amenazó Signum, provocando que el animal lanzara un chillido y se refugiase detrás de los otros.
-"¡No puede romper las reglas! Si comienza con esto, después se la pasará agitando la cola mientras quebranta las normas de Colmllo."
Los ladridos de los demás concordaron con la declaración del dingo, susurrándose mutuamente que aquello no tenía por qué ser válido. Que Hayate no se merecía ni laurel ni calificación alguna.
-"¡Silencio! –Chrono gritó, atrayendo la atención de todos al momento en que se situaba a un lado de su madre-. La carrera es uno de los eventos que llevan realizándose desde hace muchos años, y absolutamente todos tienen acceso a ella –frunció el ceño. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó la fotografía que había tomado-. Hayate Yagami es oficialmente la primera en llegar a la meta, ¿ven? ¿O acaso van a decirme que ahora se han vuelto ciegos?"
Los candidatos se miraron entre sí, mosqueados, confundidos e indignados con aquel veredicto. Sin embargo, era el hijo de la Directora quien estaba hablando, por lo que su palabra, quisieran o no, tenía mucho peso.
-"Bien, bien –aplaudió Lindy-, ha sido suficiente. Aclarado el asunto, voy a pedirle a todo mundo que se retire ya. El espectáculo se ha terminado."
A pesar de los lamentos y quejas, así se hizo. El lugar fue vaciándose poco a poco, con los estudiantes dispersándose por todos lados. Ian estuvo a punto de dar la media vuelta, cuando un fuerte tronido le distrajo.
Sus ojos se posaron en la cúpula de cristal que fungía como techo, observando con detenimiento la parvada de buitres y águilas que volaban a toda velocidad; graznando con ferocidad a través de los cielos.
Una sonrisa macabra cruzó por sus labios. Las pupilas negras, entonces, se dirigieron hacia su enemiga jurada, que bajó la vista para encararle con confusión.
-"Pudiste haber ganado la carrera, Yagami –soltó con extraña satisfacción-. Pero me pregunto si serás igual de rápida para recuperar las plumas blancas."
Ian rió fuertemente, alejándose de allí.
El licaón ladeó la cabeza, no comprendiendo qué había querido decir con aquello. Su mirada viajó hasta sus patas en tanto las irises negras se deslizaban de izquierda a derecha.
Súbitamente, algo hizo clic en su mente.
Sus miembros se movieron como si un rayo le hubiese caído encima. Ignorando los llamados de sus amigas y la corona de laureles que se deshacía en el piso, partió hacia fuera.
Con el terror carcomiéndole el corazón y el pánico subiéndole por la espalda.
"¡Rein!"
" – " – "
Cantos violentos y sádicos cubrieron el cielo azul, que en contraste lucía calmado con el pasar de sus lánguidas nubes. Varias sombras se aglomeraron allá arriba, rodeando frenéticamente a una más chica que luchaba por escapar.
Gemidos de dolor fueron lanzados al aire conforme la criaturilla sentía sus plumas blancas ser arrancadas desde todos lados, sólo para verlas caer lentamente.
-"¡Rein!"
Los ojos azules de la gaviota apenas pudieron enfocar al licaón que corría sobre la pradera a toda velocidad, con la vista pegada al firmamento; no pudiendo evitar –ni importándole siquiera- los tremendos tropezones que se daba al no mirar por dónde iba.
Con gran esfuerzo, la lárida logró apañárselas para escapar por entre un agujero de entre todo el disturbio, con la multitud de aves rapaces siguiéndole al instante.
Batió las alas tan fuerte como pudo, pero siendo éstas más chicas, fue cuestión de segundos para que volviese a encontrarse atrapada entre los innumerables pájaros.
Pronto, tanto la corona como la nuca y el dorso le ardieron horriblemente; los diferentes picotazos, algunos más profundos que otros, abriéndose paso y destruyendo el brillante plumaje.
La ave blanca luchó por continuar volando y cerró los ojos para evitar mirarse a sí misma y al resto de sus enardecidos homólogos; así, teniendo cualquier posible visión bloqueada, no se dio cuenta que había sido arrastrada hasta quedar flotando encima de un inmenso pantano.
-"¡Hayate, desacelera!" –pidió Fate.
-"¡Tienen a Rein! –chilló angustiada, no molestándose en mirar a la lobezna y a la leona, que habían cambiado a su forma animal para ir detrás de ella-. ¡Alguien haga algo! ¡Maldita sea, bajen acá, cobardes!"
La africana por fin se detuvo, arribando al borde del cuerpo de agua que emergía frente a ella. Liberó uno y otro aullido de impotencia mientras daba vueltas sobre sí misma, alternando la vista entre su amiga y sus compañeras que corrían para alcanzarla.
-"¡Agito!"
Al acercarse y ver lo que estaba sucediendo, el halcón no tuvo que esperar a que Signum le dijese qué hacer. Abrió las alas rojo oscuro y ascendió vertiginosamente, tratando de hacer un pequeño espacio, bien para que Rein pudiese escapar, o bien para que los daños frenasen.
-"¡Te dije que esto no era un patio de juegos!"
-"¡Lo siento! –respondió la gaviota-. ¡Por favor, haz que paren!"
El alboroto finalmente se hizo imposible de no escuchar, consiguiendo que los alumnos de Colmillo así como quienes trabajaban allí cerca salieran a ver qué ocurría.
Aquello tan sólo provocó más terror en Yagami, que estaba consciente de que eso nada más tornaría las cosas en algo mucho peor.
-"¡Hayate!"
-"¡Carim!" –gimió desesperada.
El lobo pintado le observó con una ansiedad y turbación tan profunda, que el dingo no supo qué hacer o decir. Y antes de que siquiera pudiese pensar en algo, el graznido de dolor de Agito hizo que todas dirigieran los ojos arriba.
Signum gritó su nombre, absteniéndose de cruzar el río nadando gracias a los brazos de una Arf que intentaba reprimirla de hacerlo.
Las pupilas del león contemplaron con miedo la figura de un serpentario extender sus apéndices blancos, mientras las poderosas patas color carne arrojaban un golpe certero y directo al rostro del halcón.
El cernícalo (2) se estrelló fuertemente al otro lado de la ciénaga, el cuerpo rojo aplastando y creando brevemente entre las patillas del pasto un camino ante su caída.
Agito quedó inconsciente en la hierba.
Acto seguido, fue un milano pardo el que se encargó de derribar a Rein, pasando a su lado cual bala mortal y embistiéndola sin miramientos.
La lárida perdió el equilibrio y el sentido entonces, una sensación de mareo apoderándose de ella; todo el paisaje pintándose de negro en tanto comenzaba a perder altura.
Murallas marrones de agua se izaron al instante en que la criatura se precipitó hacia ellas. El simple sonido, activó a los lagartos que permanecían cerca de las orillas, expectantes; ahora sumergiéndose todos al mismo tiempo hasta que sólo sus ojos fríos quedaban a la vista.
-"¡Rein! –quiso saltar al pantano-. ¡Carim, no! ¡Van a matarla si no hago algo! ¡Es mi amiga!"
-"¡Van a matarte si entras también!"
La canina dorada se interpuso entre Hayate y el estanque lleno de feroces depredadores. Las aves en el firmamento volando en torno a círculos, atentas a cualquier señal de que la intrusa regresaba a los cielos, para poder terminar con ella.
Arriba, graznidos amenazantes relincharon como trompetas. Abajo, el rugir de los saurópsidos acuáticos acompañaba el insistente chapoteo que las alas de la gaviota hacían.
Húmedas y pesadas como estaban, entorpecidas por la densidad del líquido a su alrededor, apenas y le permitían a su dueña mantenerse a flote.
Uno de los reptiles saltó hacia ella con la boca estirándose a más no poder. Hayate casi muere del susto al vislumbrar las olas alzarse e impedirle ver lo que pasaba; mas en cuanto vio a Rein viva y aleteando, suspiró aliviada.
Le comenzó a gritar miles de cosas, animándola para que saliera de allí, disculpándose por haber sido tan débil y rogándole que por lo que más quisiera, no se atreviera a morir allí abajo.
De repente, las plumas dejaron de tocar el agua y ella empezó a ganar un poco de altura mientras batía fuertemente sus extremidades albas.
Hayate sonrió tan largamente que sintió la boca dolerle y los ojos llorarle de la emoción.
"Un poco más, Rein, ¡eso! ¡Sólo un poco…!"
¡SPLLAAAAASSSSHHHHH!
El mundo se le vino debajo. La respiración se atoró en su garganta así como sus mandíbulas caían y sus órbitas azules se expandían con sorpresa y horror.
Por una fracción de segundo, el tiempo pareció alentarse tortuosamente.
Las alas blancas dejaron de agitarse en al aire conforme dos fauces repletas de colmillos encerraban a la gaviota de una sola mordida; las plumas níveas dispersándose en el aire, en la tierra y en el agua.
El rostro de su amiga de la infancia desapareció.
Siendo reemplazado por la imagen del cocodrilo que enseñaba sus fauces henchidas y descendía de espaldas sobre el agua, con la larga cola emergiendo a la superficie y latigueando esta misma.
Gotas dulces y cafés llovieron por todos lados, alcanzado algunas cuantas a empapar a los estudiantes curiosos que ya se arrejuntaban en las orillas.
El tiempo recuperó a la sazón su curso normal. Los rugidos y los graznidos regresando a la vida nuevamente.
Pero para Hayate Yagami, el reloj se había detenido.
"¡REEEEIIIIIIINNNNNNN!"
Continuará…
(1) Aprendiendo un poquito sobre las razas híbridas =)
Ligre: Cruza de león y tigresa. Su aspecto es como el del primero, con algunas rayas difusas y llegando a alcanzar una talla enorme. Debido a que su cuerpo no deja de crecer, al contrario de sus patas, a la larga se ven impedidos de poder caminar y sostener su peso.
Tigón: Cruza de tigre y leona. Parecido a ambos pero de menor tamaño, posee patas y cola largas, lo que le da un aspecto menos imponente.
Leopón: Producto de un leopardo y una leona. La cabeza del animal se asemeja al de un león, mientras el cuerpo permanece moteado.
Oso grolar/pizzly: Resultado del apareo entre un oso polar y uno grizzly, variando el tono del pelaje entre un blanco niebla o un marrón bajo.
(2) Cernícalo, alcotán o halcón, son nombres designados para el género Falco.
Uff, capítulo y notas acabadas, je. Antes que nada quiero disculparme con todos los que leen LyC y de repente, se pierden en la historia. Hay veces en que me falta explicar algunas cosas, dejándolas pasar o asumiendo que el lector las entenderá.
Sí, díganme perezosa u_u
Perdón por eso, trataré de hacerlo más entendible. De igual manera, si notan algún problema o algo, no duden en hacérmelo saber; después de todo, siempre hay que mejorar. Y las críticas constructivas caen tan bien como un cono de helado =3
Dejando mis aberraciones de lado, gracias como siempre a todas las personas que se toman parte de su tiempo para leerme. Es grata la alegría de saber no sólo que puedes publicar una historia, sino que hay ojos que comparten la sensación de felicidad o susto, entre otras, como una al escribirla.
Saludos y les deseo que pasen un buen día. Ah, y no intenten acariciar un cocodrilo, por muy acariciable que parezca :)
Kida Luna.
