El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXVIX

El Festival de El-ahrairah, Parte l

-"¡Vamos, Arisaaaaaa! –terminó en un bostezo-. Un salto más y… acabamos el ejercicio" –se lamió una pata.

La equina asintió, moviendo su largo cuello. Miró de reojo al tigre que volvía a bostezar, echado sobre una gran roca. Recostada encima de esta última, se hallaba Subaru, roncando bajito y haciendo que sus bigotes blancos se alzasen ante cada soplido.

Detrás suyo se hallaba Suzuka, acostada en el suelo y con el hocico pegado a éste. Los ojos azules dirigiéndole una mirada de afecto, entremezclada con el sueño y el cansancio.

Después de todo, eran las cinco de la mañana y el sol todavía no había despuntado. Era vital que si iba a entrenar, lo hiciese antes de que los depredadores despertasen a buscar su desayuno.

Con ello en mente, emitió un relincho para darse ánimos.

"Hemos dormido bastante mal, ¡pero prometo no defraudarlas!"

Su nariz expidió dos nubes de aliento antes de que se echase a todo galope, con los cascos tronando potentes sobre la terrosa superficie; en cuanto la figura de un puñado de leños apilados se vio cerca, ella juntó las cuatro patas a unos centímetros de distancia, aplicando toda su fuerza en ese punto de apoyo.

Luego, brincó, estirando las largas extremidades y recogiendo los cuartos traseros, con la cola amarilla dando vueltas en el aire.

El polvo se sacudió al contacto de sus cascos, que cayeron limpiamente mientras bajaba la velocidad y se frenaba; no como la potrilla que había caído de bruces al suelo varias veces, sino como la yegua saltadora de obstáculos que detenía su paso de forma grácil, en tanto desfilaba tal cual pequeña pasarela.

-"¡Bien hecho!" –rugió.

-"¡Tía! –chilló Subaru, dando la vuelta y quedando panza arriba-. ¡Algunos intentamos dormir!"

-"Entonces bájate de mi espalda –gruñó-, sabes perfectamente que no estamos jugando. Si tanto sueño tienes, bien podías haberte quedado en la escuela."

-"Mou, no –masculló mientras viraba su cuerpo y enterraba el rostro en el pelaje anaranjado-. Me da miedo si no estás conmigo, además, somos compañeras de cuarto. Tengo que estar contigo."

-"Subaru…" –gimió avergonzada.

-"Sueño" –se acomodó en el lomo rayado.

Tía rodó los ojos y apartó la mirada para ocultar su sonrojo al escuchar las risitas de Suzuka; definitivamente, tenía que dejar de consentir tanto a la berrinchuda de su amiga.

-"Eh, Tía –llamó Arisa, rascando la tierra-, de verdad que no tengo palabras para agradecerte todo lo que has hecho. También a ti, Subaru, ¡tus consejos me ayudaron muchísimo!"

-"Bueno, trepar árboles te obliga a saber cómo caer sino quieres perder una oreja en el intento" –sonrió ampliamente la última, pelando los colmillos.

-"¡Todavía no puedo creer que lo haya logrado! –relinchó la yegua, totalmente eufórica-. Vita se va atragantar de saliva cuando vea lo alto que puedo saltar."

-"¡Arisa! –regañó Tsukimura, provocando que la aludida se encogiese y colocase la cola entre las patas-. Oh, eres imposible."

-"¡Pero ella nunca deja de molestarme! ¡Auch! ¡Basta, mi oreja, Suzuka, suéltalaaaa!"

Considerando que había recibido su castigo, la cebra liberó su agarre de la orejuela canela, sólo para lanzar un bufido reclamante. Las felinas se rieron entonces, y lo hicieron todavía más al escuchar los pobres intentos de defensa que Arisa hacía para tratar de salvar su dignidad.

-"¿No son adorables?" –se rió la pantera.

-"Ey, que es cierto –bromeó Lanster-, parecen una tierna pareja" –hizo girar su cola, divertida.

-"¡O-Oye!"

El quejido de Bannings murió allí, no pudiendo –queriendo- rebatir aquello; las mejillas arreboladas al igual que aquéllas blancas y negras. En cuanto las carcajadas cesaron, el tigre suspiró.

-"Y pensar que el primer día no podías ni moverte –recordó-. Te temblaban tanto las patas de sólo vernos."

-"¿Y qué esperabas? –resopló molesta y desvió la vista de las sonrisas gatunas y burlescas-. Lo normal sería que hubiesen brincado sobre mí o Suzuka."

-"Yo no estaba temblando –la cebra rió bajito-. Menos cuando Subaru temblaba más que tú, Arisa."

-"¡Eso no cuenta!" –gimoteó la nombrada.

-"Lo siento –se disculpó avergonzada la félida oscura-, no puedo evitarlo. Me gustaría ser tan valiente como Tía o Signum-san, y pelear así de increíble, pero no puedo."

La sonrisa en su boca pronto se volvió en una amarga, que fue borrada de inmediato por el lametón que su mejor amiga le dio, provocándole cosquillas; evitando así, que las otras dos notasen la reacción melancólica.

-"Pronto amanecerá, será mejor irnos –habló Tsukimura, atenta a que en unas horas los vigilantes en Casco empezarían sus rondas-. Cuídense mucho, chicas."

-"Saluden a Fate y a las demás de nuestra parte. ¡Gracias de nuevo!"

Con las palabras de Arisa dichas, las équidas se retiraron de allí. Galopando hasta alcanzar la frontera que les dividía, que no se hallaba muy lejos, y cruzando de vuelta a casa.

Tal y como habían estado haciendo las últimas mañanas.

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-"Anda, ¿qué esperas?" –susurró.

-"¿Y si me dice que no?"

-"Hayate –rodó los ojos, fastidiada-, ¿cómo te va a decir que no? Muévete de una vez y entrégale la flor, ¡estás comenzando a desesperarme!"

La castaña se retorció las manos, nerviosa, alternando la mirada entre Carim –sentada hasta delante- y Fate –sentada a su lado, tamborileando con impaciencia su mesabanco-.

La noche anterior, apenas llegar al dormitorio, la rubia había visto sus ganas de dormir truncadas; Yagami se había obsesionado con la idea de cómo decirle a la señorita Gracia que quería la acompañase al Festival.

Para la ojirubí, por supuesto, fue fácil gruñirle. Darse la vuelta y enterrar la cara en la almohada.

Lástima que Hayate Yagami no se caracterizaba por tener la boca cerrada…

-"Voy a hacerme unas bonitas ojeras contigo" –gimió, cubriéndose el rostro en cansancio.

-"Hubieras descansado bien si me hubieses escuchado."

-"¡Eran las tres de la mañana! –Testarossa apartó las palmas para verla-. ¡LAS TRES DE LA MAÑANA!"

-"Lo sé" –parpadeó con inocencia.

-"Olvídalo…"

Viendo que su amiga estrellaba la cabeza contra la paleta de su pupitre, la ojiazul supo que ahora estaba sola; así que lo mejor sería apresurarse antes que el primer maestro entrase al salón.

Hayate miró hacia todos lados, como temiendo que algún rinoceronte apareciese y la atropellase apenas moviese un pie. Despabilándose a sí misma, empezó a avanzar entre las filas.

No hubo caminado mucho cuando se detuvo, observando a varios muchachos –muy probablemente dingos también-, ofreciéndole variadas y bonitas flores a Carim. Y como si fuera para rematar, al final apareció Ian.

Tendiéndole un frondoso ramo de rosas rojas. Rosas rojas que lucían brillantes, vivas y elegantes.

La africana bajó la vista hacia la singular y sencilla flor blanca que sostenía entre sus manos, y pensó que aún estaba a tiempo para darse la media vuelta y evitar una enorme vergüenza.

Así lo hizo.

Hasta que una voz sonó.

-"Mira nada más, ¿a quién tenemos aquí? –el líder de la jauría se rió en mofa-. Hayate Yagami, ¿qué escondes detrás de ti? No creas que no he visto el pedazo de hierba que pretendías darle a Carim; aww, ¿no es tierno? ¿De dónde la sacaste, mestiza? ¿Del pantano?"

En cualquier otra situación, ella le habría devuelto el insulto.

Sin embargo, ahora era diferente. Su rostro se enrojeció no por gozo, sino por humillación; apretó la florecilla escondida tras su espalda, reprochándose por qué no se le había ocurrido el buscar algo más elaborado o más precioso.

Algo más digno de alguien como Carim Gracia. No una estúpida y pobre planta de la que todos iban a burlarse.

-"Debe ser patético –continuó Ian-. Hazte un favor y desaparece, ya no te rebajes más. Te lo digo porque me compadezco de una criatura desdichada como tú, escúchame."

Hayate se mordió los labios.

-"Nadie te ha pedido tu opinión, Ian. Si Hayate ha recogido un regalo, por más sencillo que sea, vale muchísimo más que todas tus petulantes rosas que probablemente ni te molestaste en buscar."

-"No te metas en esto, Testarossa. No tengo absolutamente nada contra ti, pero bien podría cambiar de parecer."

La rubia, que se había puesto de pie y observaba todo desde su lugar, con los brazos apoyados sobre su mesabanco, alzó el cuello; signo de que poco le importaba si se agarraba o no algún rencor con ella.

-"Por mí haz lo que te plazca, pero no voy a dejar que le hables así mi amiga; que aquí el salvaje desdichado, no es otro más que tú, engreído."

-"¡Cómo te…!"

¡PLAF!

Las palmas de la damisela pura resonaron contra su mesa, escuchándose después el sonido de su silla correrse hacia atrás. Todos se quedaron en silencio.

Carim, ya de pie, se apartó del grupo de chicos –y rosas- que le rodeaba, para caminar directo a una Hayate que permanecía todavía parada a media aula. Los ojos azules se fijaron en el piso, mas no tuvo tiempo de perderse en él, puesto que una mano tomó la suya para sacarla de allí.

La castaña no dijo nada, guardándose la pregunta de hacia adónde pretendía llevarla la otra. Después de haber transitado un rato, se detuvieron cerca de una de las fuentes que conectaban tres o más pasillos.

-"Disculpa –susurró en lo que se acomodaba un mechón dorado tras su oreja y después se volteaba a verla-, a veces las personas se vuelven tan… ¿Qué querías decirme, Hayate?"

La sonrisa amable de la rubia la hizo estremecerse. Estuvo a punto de separar sus labios para decirle lo que la había mantenido despierta casi toda la noche; no obstante, al recordar las palabras de hace momentos, se calló.

-"Hayate –frunció el ceño-, sea lo que sea que estés pensando, olvídalo. Estamos aquí las dos, nadie más, así que por favor mírame a los ojos y dime lo que ibas a decirme."

-"Es que…"

Descubrió sus manos, entonces, mostrando en ellas la pequeña florecilla blanca. Sus pupilas azules viajaron hasta los mosaicos níveos bajo sus zapatos negros, repletas de cierto desaliento.

-"Hayate, no tienes que oír…"

-"Perdón –rió tontamente-. Es que tienen razón, es decir, yo no conozco mucho de este lugar, al menos no lugares específicos pero eso no es excusa para traerte algo tan… Es que tú mereces algo mejor. No sé, yo debí haberme esforzado más. Mejor hacemos que esto nunca pasó y trato de conseguirte algo más bonito, ¿sí?"

-"Serás tonta, tu regalo ya es muy bonito –dijo con dulzura, envolviendo entonces sus dedos y cogiendo entre los suyos el presente-. No necesito cosas extravagantes para ser feliz, Hayate; me basta con saber que muy dentro de ti, me has tomado en cuenta."

-"Pero los otros…"

-"¿Los otros? –rió-. A mí no me importan los otros, válgame, ¡apenas y los conozco! No hacen más que gruñir y ladrar: 'Groar, ¡yo soy el mejor!' –rompió entre risas tenues-. ¿Ves? Me agradas más cuando estás sonriendo."

-"Entonces, ¿no te importa? –sus ojos temblaron-. Es que sí te mereces algo mejor."

Carim suspiró, negando con la cabeza. Cortó un pedazo del tallo verde y se acomodó la flor blanca en el lado izquierdo de su chaleco negro, a modo de broche; sujetó luego las manos de la castaña, dándole un ligero apretón a éstas.

-"Ya tengo lo mejor, Hayate, te tengo a ti –la aludida se sonrojó-. Ahora, ¿vas a mirarme y decirme para qué me querías hace rato?" –sonrió gentil.

-"Um –asintió, forzándose a establecer contacto visual y a vencer sus nervios-. Fate y yo tenemos una buena amiga –'más amiga' de ella que mía-, y nos ha invitado a irla a apoyar en un festival donde va a participar. Yo quería preguntarte, ya sabes… -rió torpemente-… Sí, ya sabes."

-"No, Hayate –contestó entre risas-, no sé. ¡Por eso te estoy pidiendo que me digas!"

La aludida tragó fuerte.

-"Es que… quería saber si vendrías conmigo" –terminó en un susurro.

-"¿Al festival?"

-"Sí."

-"Pues claro que iría contigo –sonrió ampliamente-, no sé por qué te pones así."

-"¡¿En serio? ¿De verdad me acabas de decir que sí? Ay, por el Bosque, ¡tengo que contárselo a Fate!"

-"Cálmate –pidió divertida-, ¿acaso pensaste que respondería que no? Espera un segundo, ¿eso pensaste?"

-"¿Por un momento?" –sonrió avergonzada.

Carim negó de nuevo y soltó una de sus manos para pellizcar uno de los cachetes de la castaña, que chilló en respuesta. La rubia estaba consciente de la difícil posición en que su amiga se encontraba, allí en Colmillo, pero realmente le lastimaba ver que le llegase a afectar tanto.

Hayate Yagami era un alma vivaz, cuya flama no merecía ni quería ver apagarse. Era ella, la chica de las afueras, quien en verdad se merecía lo mejor de lo mejor.

-"Me alegra que aceptases, prometo que no te arrepentirás."

-"¿Y dónde es?"

-"Sobre eso –la ojiazul desvió la mirada inocentemente-. No muy lejos, por aquí cerca, ya sabes, Casco Resistente."

-"Ahh… ¡¿perdón?"

-"¡Ah, alto! ¡Mi mejilla no, te juro que no es una broma! ¡No es una broma!"

Pasados unos tortuosos minutos, en que por fin desmintió que fuese una farsa, Hayate se dedicó a comenzar a explicarle cómo es que había terminado liada en todo ese embrollo.

Contenta de que Carim la escuchase con interés, y contenta de haber perdido la primera aburrida clase del día.

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Los fuegos pirotécnicos se elevaron muy alto en los cielos hasta explotar en miles de arañas de colores, con las chispas volando por todos lados. La música de carnaval estalló enseguida, con los tambores y las trompetas inundando el ambiente por completo.

Disfraces de todo, desde el Dios Sol, el Príncipe Conejo y hasta feroces depredadores, poblaron las colinas y praderas de Casco Resistente. El olor de la comida que se desprendía de los puestos, con sus frutas acarameladas y acompañadas de especias, motivó los olfatos.

-"¡Chicas!"

Todas voltearon de inmediato hacia la doctora que ahora vestía un traje militar, negro, cubierto por una gruesa gabardina de igual color. El rifle de juguete bajo su brazo derecho, brindándole un toque gracioso y encantador.

-"Veo que han traído compañía –observó con travesura a Hayate-. Mucho gusto, mi nombre es Shamal."

-"Carim" –estrechó su mano.

-"¡Hayate!"

Los ojos de la aludida se iluminaron al ver a la pequeña niña detrás de la soldada, que corría para abrazarla por la cintura. Las vendas en sus brazos permanecían ocultas bajo las mangas largas de su atuendo café de vaquerita, mientras que las que rodeaban su vientre, apenas y podían verse sobre el resquicio de su pantalón.

-"Rein, ¿cómo te sientes? –preguntó cariñosa, agachándose y acariciando los cabellos plateados-. ¿Segura que no te duelen las heridas?"

-"¡Claro que no! ¡Shamal ha hecho un estupendo trabajo!" –asintió orgullosa.

La niña estuvo a punto de agregar algo más, cuando sus pupilas encontraron la figura de Agito al lado de Signum, oculta tras ésta en tanto examinaba el lugar. A diferencia de la más alta, la menuda pelirroja se mostraba suspicaz, y hasta cierto punto, insegura.

-"Creo que le debes unas disculpas –Hayate le habló, habiendo descubierto adónde se había desviado su atención-. ¿Por qué no platicas con ella?"

-"¿Qué le han pasado a sus brazos?"

La castaña se mordió los labios, mas al final se decidió a contarle, pues tarde o temprano acabaría enterándose. Una vez al tanto, los orbes azules le vieron con culpa, sabiendo que las cintas blancas que rodeaban los brazos, muñecas y puños de la compañera de Signum, eran producto de un error suyo.

-"Mejor comenzamos a avanzar –anunció Shamal-. Los espectáculos están a punto de iniciar y no queremos perdérnoslos, ¿cierto?" –guiñó un ojo.

Todas asintieron y siguieron a la pastora entre la muchedumbre. Rein esperó a que Agito pasase a su lado, para caminar con ella y empezar a sacarle plática; si bien se sentía culpable, al menos quería tratar de enmendar su descuido. Cambiar el rostro grave por uno más tranquilo y confiado.

-"Damas y caballeros, ¡sean todos ustedes bienvenidos al treintavo Festival de El-ahrairah! ¡Un gran aplauso para el entretenimiento que nuestros estudiantes han preparado este año!"

La voz de Yuuno Scrya, desde la tarima, zumbó a través del micrófono. Los aplausos no se hicieron esperar; en cuanto sus ojos verdes encontraron a las amigas de Nanoha empotradas en las gradas, les dirigió una amigable sonrisa.

Se hizo a un lado entonces, cerca de una las esquinas, donde más abajo los directivos y profesores de Casco Resistente veían emocionados el show. El asiento de la Directora del Colegio, por algún motivo, se hallaba vacío; probablemente fuera, realizando alguna tarea o deber.

De repente, el gigantesco espacio ovalado al centro, circundado por una hilera de arbustos cuidadosamente podados y adornados con infinidad flores, fue iluminado por los reflectores.

Los tambores tronaron fuertemente al compás de las pezuñas que sacudían fieramente la tierra gris. Numerosos animales bicornios saltaron sobre los setos y se colaron dentro del circuito, formando un círculo en torno a éste.

Todos bajaron la cabeza.

Los reflectores parpadearon en aquel instante, con las luces moviéndose inquietas. Y en cuanto el sonido de la trompeta sonó, las guitarras y los violines chillaron fuertemente.

Ojos de todos los matices se abrieron, el filo de los cuernos brillando en la noche y el fuego del desafío bailando en sus irises negras.

-"¡Olé, Vita!" –gritó a carcajadas Hayate, siendo jalada de vuelta a su asiento por Signum, cuya vista le había sido obstruida.

Abajo, las criaturas astadas competían entre sí, de todos los tamaños y colores, chocando sus cuernos amarillos, negros o grises. Los empujones y atracones reventando cual truenos enfurecidos, criaturas mugiendo y correteando veloces al ritmo de la música movida.

Luego de varios gritos y vitoreos, Vita fue la última en quedar en pie, a pesar de su pequeña talla. Todo mundo guardó silencio, anonadado ante la mini campeona de la Corrida de Toros.

-"¡Vita-chan es genial!" –exclamó Rein.

-"¿Cómo puede algo tan pequeño golpear tan fuerte?" –preguntó Carim confundida.

Hayate tan sólo alzó los hombros. E ignorando los gruñidos de Signum y las risas de Fate, se puso en pie de nuevo.

-"¡OLÉ, VITA!" –habló alto, con las manos alrededor de su boca.

¡DEJA DE DECIRME OLÉ, HAYATE!

El bramido de la chiquilla las hizo reír.

Yuuno se acercó al circuito y le entregó una medalla a la búfala, que la usó con el pecho fuera y el orgullo latente y característico en ella. La bovina se retiró entonces, a trote animado y directo hacia las gradas, para reunirse con sus amigas.

-"A continuación –comunicó el rubio-, ¡tendremos la Pista de Obstáculos!"

Graznidos tronaron en el cielo, y tan pronto como se anunciaron, bastantes cisnes bajaron al centro; volaron todos en conjunto, con las alas blancas abriéndose y cerrándose, despejando rápidamente el polvo que la estampida de bicornios había causado.

En cuanto dieron la vuelta entera al lugar, se volvieron a elevar al firmamento, en torno a un gran círculo.

Los reflectores se agitaron en todas direcciones, cual si estuviesen inquietos, mientras algunos gorilas corrían y depositaban objetos en el interior de los setos. Poco a poco, el ruido de cascos fue haciéndose cada vez más alto, chocando contra la tierra y acercándose a la pista, que ahora revelaba las delgadas líneas blancas que marcaban siete carriles.

Abajo, los cisnes trompeteros, con su chato pico negro, se alinearon frente a las gradas; y juntos, entonaron la apertura del espectáculo. Esto fue la señal para que las aves acuáticas en el cenit bajasen y planeasen al ras de los setos, desprendiendo así algunas flores en el aire.

Al mismo tiempo, los ocho competidores arrancaron.

-"¡Arisa! ¡Mueve esas patas, potra cabezuda!" –gritó Vita.

-"¡Salta como nunca has saltado en tu yegua vida!" –acompañó Hayate entre risas.

En la pista, pronto el cuerpo del caballo sobresalió de entre la gacela y el caribú que estaban a sus costados. Las palabras de aliento de sus amigas le llegaron a los oídos, animándole a seguir avanzando.

El corazón le latió velozmente y los vahos que escapaban por sus fosas nasales se hicieron más frecuentes. Cuando vinieron las primeras vallas, las pasó sin dificultad; así, tocando apenas la tierra gris, reanudaba como rayo el galope.

La gente, las luces y los cisnes que se cruzaban a su vista se convirtieron en puntitos de colores, donde las formas eran difíciles de discernir al ritmo que iba; saltó y saltó una y otra vez, las patas flexionándose, estirándose, enderezándose.

En una vuelta, logró llegar al segundo puesto, rebasando a la llama joven cuyas patas se enredaron con uno de los obstáculos, llevándosela al piso. Más adelante, casi al final del circuito, se encontró cabeza a cabeza con una cabra montesa.

El pelaje marrón y las astas peligrosamente largas así como curveadas. El porte que su lozana edad acarreaba era imponente, al igual que las medianas pero fuertes patas revestidas de grueso pelaje.

Los ojos negros del animal voltearon a ver a Bannings, que tragó fuerte. Un ungulado de las montañas tenía claramente la ventaja allí; no sólo porque las corvetas eran su especialidad, sino porque había nacido para ello.

-"¡Arisa-chan!"

"¿Suzuka?"

Las pupilas verdes pronto avistaron a la pelimorada asomándose a la vera de la meta, uno que otra ave blanca pasando cerca de ella. Entonces, la vio posar la palma derecha sobre su pecho, mientras sonreía.

"Confío en ti…"

Al descubrir el significado del gesto, Arisa resopló fuertemente y apretó el paso. Las últimas vallas, apostadas en cada carril, tenían una altura aproximada de 2.5 metros cada una; después, estaba el final.

El brinco que tanto la potrilla como la cabra dieron fue alto, provocando que el silencio se hiciese en el público por breves instantes. La equina cerró los ojos e hizo las orejas hacia atrás, sintiendo el aire en su cara y todo su cuerpo descender.

Recordó, con una sonrisa, los largos y tempranos entrenamientos que había soportado al lado de Suzuka, Tía y Subaru; a lo lejos, las voces de Fate, Vita y Hayate le alcanzaron.

"¡Puedo…!"

Sin embargo, para cuando sus párpados se abrieron, fueron las pezuñas de la cabra las que tocaron primero la superficie ceniza, así como las primeras en recobrar el paso y pasar la línea de meta; solamente por un par de centímetros de delantera.

-"¡Ya tenemos a las ganadoras! ¡Un aplauso fuerte para todos los participantes, por favor!"

El pedido de Yuuno fue concedido al tiempo que los cisnes trompeteros volvían a entonar su canto, en tanto los que habían estado circundando la pista de obstáculos, regresaban ya a tierra.

-"Bueno, yo creo que lo hizo muy bien" –opinó Fate.

-"Era de esperarse –dijo Signum, cruzándose de brazos-, el astado tenía la ventaja."

-"A mí me pareció que aún así, la yegua dio una buena pelea" –agregó Carim.

-"Pobre Arisa-chan –gimió Shamal-, seguro que tenía tantas ganas de ganar…"

Hayate se rió, atrayendo la mirada confundida de Vita, que ya lucía un atuendo adorable de catarina roja; las antenas negras de fieltro flotando sobre su cabeza y un conejo blanco de felpa asido a su brazo derecho.

-"Yo no creo que se sienta tan mal" –señaló la castaña al frente, divertida.

En cuanto todas voltearon a ver, no sólo escucharon la voz de Yuuno anunciando al primer y segundo lugar; sino que también pudieron ver a la equina ser abrazada y consolada por una amable Suzuka.

-"Uy, esto sí que debo recordarlo" –susurró Vita con malicia.

-"Hayate –llamó Carim-, ¿cuándo va a salir tu amiga?"

La nombrada estuvo a punto de decir algo, cuando un nuevo espectáculo fue notificado al mismo tiempo en que las luces se apagaban. Arisa, ahora en su forma humana y vestida en un traje charro de color negro, fue a unírseles.

Poco a poco, la melodía de una canción fue tomando vida, con sus tonos altos y bajos mezclándose en lo que parecía ser un tipo de música árabe. Varias siluetas se aproximaron a la pista, dividiéndose en tres filas.

Violines fueron traídos al frente por la primera; la segunda línea, se intercaló con la última, posando cada quien sus dedos y empezando a tocar las flautas que llevaban consigo; en la tercera fila, las sombras iniciaron una danza suave, bamboleándose lentamente de derecha a izquierda.

Habibi, ya nour el-ain / Amor mío, luz de mis ojos,
Ya sakin khayali / Tú, que en mis fantasías has vivido.
A'ashek bakali sneen / Te he adorado por años,
Wala ghayrak bibali / Nadie más, en mi mente ha existido.

Luces rojas, verdes y azules iluminaron el centro, alumbrando los rostros de todas las estudiantes que cantaban, tocaban los instrumentos o bailaban al son de la canción.

En la hilera de las flautas, emergió la faz de Suzuka. Los párpados juntos y los dedos deslizándose en los hoyuelos de su flauta diestramente; cubierta por un traje arábigo azul celeste.

Escucho tu voz tan dulce,
Rompiendo el silencio;
Ella canta bien su árabe,
Como habla el viento.

De inmediato, Fate paseó su vista por el conjunto de chicas que realizaban una danza hipnotizante y cautivadora. Cuando por fin sus ojos distinguieron a Nanoha entre todas, sintió el corazón bombearle con fuerza.

Le vio bailar de una manera que le robó el aliento; las joyas azules manteniéndose cerradas mientras los brazos se elevaban al aire y las piernas y las caderas avanzaban hacia delante, regresaban un paso y volvían a avanzar en una cadencia rítmica.

Entonces, giraba dando tres vueltas a la derecha, después a la izquierda. Sus labios se abrían y juntaban apenas, entonando en voz baja la melodía.

Habibi, Habibi, Habibi de mis amores / Amor de mis amores…
Habibi, Habibi, Habibi, ya lo sabes / Amor, ya lo sabes,
¡Cuánto yo te quiero!

Tú eres mi destiiino, coge mi corazóóón;
Llévatelo contigo, ¡llévatelo contigo!
Tú eres mi destiiino, mi única pasióóón,
Yo llegaré contigo, ¡hasta el fin del mundo!

Las palmas contra los tambores se hicieron más potentes conforme las flautistas empezaban a caminar hacia delante lentamente; los violines, siquiera escuchándose, pasaron a ser todavía más tenues.

Fate se mordió los labios y se tragó las enormes ganas que tenía de bajar allá mismo y llevarse a Nanoha a un lugar más… silencioso. Pasó saliva y su mirada roja se quedó clavada firmemente en ella, delineando el atuendo rojo que cubría el cuerpo de la herbívora.

Una falda un poco más arriba de las rodillas que terminaba en una punta que caía del lado izquierdo; la blusa, que consistía en una tela delgada y transparente –al igual que los pedazos que revestían sus codos- ponía al descubierto sus hombros, así como hacía muy poco por ocultar el sostén rojo brillante del cual colgaban lentejuelas doradas.

A'oyonak maa'aya / Tus ojos se quedan en mí cual broche,
A'oyonak kifaya / Tus ojos me bastan.
Tinawar layali / ¡Son ellos los que iluminan mis noches!
Kalbak nadani wkal / Tu corazón me ha llamado para decirme
Bithibini / Que me amas.

¡Adoro tus ojos!,
Tu boca vedrana.

Hubiera jurado que de haber estado en su forma lupina, no habría podido contener la saliva que ahora luchaba por mantener en su garganta.

El coro femenino alzó su voz delicadamente, y ante ello, Nanoha siguió los pasos del resto, girando sobre sí y arrodillándose en una pierna mientras sus manos tocaban la tierra. Al siguiente retumbar de tambores, se paró muy despacio, sacudiendo los hombros y ondeando el cuerpo cual serpiente de cascabel en trance.

Los cabellos cobrizos, sueltos, le cayeron al frente, con el flequillo resaltando el delineador que bordeaba sus pupilas azules, ya abiertas.

En cuanto su mirar se cruzó con el de Fate, le sonrió. La rubia entonces notó que ella llevaba puesto el clavel que le regalase, entre sus mechones, al igual que el rubí que se agitaba febrilmente sobre su pecho.

Y no pudo evitar sonreírle también.

¡Adoro tus besos!,
Jugosa manzana.

Maa'ak elbidaya / ¡Estaré contigo hasta el final!

A través del pañuelo rojo pálido, que era sumamente delgado, Testarossa pudo ver cómo sus labios vocalizaban la melodía en un acento mudo. Sin poder despegar sus ojos, escuchó el redoble de tambores disminuir y la vio bajar y subir el cuerpo, contoneando las caderas en tanto un hombro giraba al frente y el otro hacia atrás.

Luego, cambió a una postura donde se tambaleaba, con las caderas golpeando a los costados mientras los brazos se abrían y serpenteaban en el aire.

Dio una vuelta.

En aquel momento, las flautistas alcanzaron a las bailarinas, quedando un metro detrás de éstas. Finalmente, las últimas líneas de la canción sonaron, con los instrumentos siendo bajados y los tambores muriendo.

Nanoha, al igual que las demás, colocó el pie derecho adelante, apoyándolo sólo sobre la punta de los dedos. La pierna se mantuvo flexionada, con la tela roja acariciando la piel sutilmente; juntó los codos y dobló los brazos por encima de su cabeza, sacando el pecho; sus manos terminaron detrás de sus largos cabellos, como si estuviese peinándolos sin prisas.

Habibi, habibi, habibi ¡de mis amores! / ¡Amor de mis amores!
Con todo el corazón, amor de mis amores… (1)

Acompañó Fate el último verso, entre susurros.

Las luces tricolores se apagaron, y al prenderse los reflectores otra vez, fueron sustituidas por las amarillas de un principio. Yuuno anunciaba ya el fin del baile mientras las participantes abandonaban la pista ante la nueva oleada de aplausos por parte del público.

-"Eh, ¡Fate-chan! ¡Despierta! –la aludida pegó un brinco en su asiento al sentir un pellizco en su hombro-. Eww, ¡límpiate la baba de la boca!"

Con miedo repentino, la rubia se pasó como rayo el brazo por los labios, sólo para darse cuenta que había sido cruelmente engañada.

-"¡Hayate!"

-"¿Qué? –se rió-. Anda, muévete, no tiene caso quedarnos a seguir viendo los demás espectáculos. Vamos a bailar un rato."

Al ver que ya todas se habían levantado para bajar de las gradas y dirigirse a otra parte, no tuvo otra opción que seguirles. Un suspiro abandonó sus labios al momento que viraba la cabeza hacia el lugar donde Nanoha había estado bailando hacía unos cuantos momentos atrás, y que ahora se hallaba ocupado por otras personas y animales.

Murmuró algo en voz baja, con la mirada decepcionada. Sin embargo, en cuanto volteó el rostro al frente, soltó un quejido al sentir que chocaba con alguien.

-"¡Lo siento! –se disculpó de inmediato, cubriéndose la nariz con ambas manos-. No me fijé por dónde caminaba, en verdad yo…"

-"¿Tú qué, Fate-chan?"

-"¡Na-Nanoha!"

La cara de la rubia se enrojeció de la pena, despertando así las risas de la pelirroja. No obstante, antes de que Fate pudiese reñirle, su mano fue sujetada y ella fue halada entre la gente.

-"¡¿A dónde vamos?" –gritó, tratando de hacerse oír entre el bullicio.

-"Nyahaha, ¡pues a bailar! Hayate-chan y las demás ya están en la pista."

Y apenas terminar la oración, una palapa techada emergió frente a las pupilas borgoñas. La música tronando al mil, en un son animado y rápido, como el de las fiestas que suelen hacerse en campo abierto.

La primera a la que distinguió fue a Signum, moviéndose lado a lado y ataviada en su uniforme de espadachín, con el florete atado a su cintura, dándole más aspecto de príncipe azul que de feroz guerrera; su muñeca alzándose en el aire mientras sostenía la mano de Shamal, haciendo a la soldada girar una y otra vez.

Cerca de ellas estaban Hayate y Carim, la primera disfrazada como una pirata, con su sombrero negro, las altas botas y un cinturón que cruzaba en diagonal su camisa blanca, en el cual estaba enfundado una pistola, todo coronado por un parche en su ojo derecho; Gracia, en cambio, llevaba puesto un vestido blanco egipcio que caía unos centímetros más debajo de las rodillas, la diadema y el cinto color oro en su cintura eran acompañados por brazaletes en sus antebrazos.

En una esquina, pudo avistar a Vita –la catarina- y a Rein –la vaquerita-, intentando evitar que una Agito en su traje de bombero oscuro con rayas amarillas, escapase de ellas para no bailar.

-"Nanoha."

-"¿Um?"

-"¿Me ofrecerías esta pieza?"

La ojiazul sonrió conmovida y aceptó la mano que le era tendida. Pronto, se encontró con el brazo de la más alta rodeando su cintura, en tanto ella se apoyaba en su hombro. Las palmas libres, se acercaron entonces para entrelazarse y volverse una sola.

Los pies empezaron a deslizarse al compás de los otros, con la jocosa melodía haciendo sus cuerpos vibrar de emoción y los ojos brillar intensamente.

Tambores y flautas llenaron sus tímpanos, acompañados de las risas que eran sueltas al chocar una con la otra descuidadamente o al darse un pisotón en los zapatos.

-"¡Fate! –Nanoha chilló y se aferró del cuello de la rubia enmascarada, de cuyos ojos borgoñas eran finamente delineados por un antifaz negro-. ¡Qué estás haciendo!"

La rubia rió al observar a la castaña pegarse a ella justo en el momento en que casi la deja caer de espaldas, quedando de esa manera la más chica suspendida a meros milímetros de la tierra; los brazos de la cazadora apretaron la cintura entre ellos al tiempo que llevaba sus labios al lado de su cara.

-"¿Qué pasa? –rió bajito, con su aliento chocando en la oreja de la herbívora, haciéndola estremecerse-. No voy a dejarte caer, Nanoha, al menos no sin mí."

Tanto las palabras sugerentes como el mordisco en su lóbulo izquierdo la hicieron soltar un gimoteo; de repente, sintió cómo su cuerpo era alzado y sus pies tocaban por fin el piso.

Antes de que Takamachi pudiese decir algo, Fate le sonrió afectuosamente. La chica árabe entonces tuvo que morderse los labios, sabiendo que era imposible enojarse con ella. Por primera vez en toda la noche, sus orbes zafiros se dieron a la tarea de contemplar a su pareja.

El traje que su novia llevaba puesto no era otro sino el del Zorro, con la chaqueta, el pantalón y la gabardina totalmente oscuras. El sombrero colgando de su cintura al igual que un trozo de mecate negro, reemplazando el látigo que debía de tener en su lugar.

-"Te ves bien…" –susurró, sintiendo que el aliento se le había esfumado.

-"¿Gracias? –rió, juntando sus frentes mientras bailaban despacio-. Pero no es nada comparado contigo –los ojos borgoñas temblaron al observar directamente aquellos azules-; luces preciosa, Nanoha."

La aludida bajó la vista y se volvió a morder los labios, percibiendo el calor instalarse en sus mejillas. Quiso pensar en qué debería de decir, pero los nervios y una boca en la suya la hicieron olvidarse de todo.

Las manos que descansaban en la nuca de la rubia, se estrecharon más, y las puntas de las sandalias doradas fueron apoyadas firmemente en el suelo en un intento por alcanzar a la bandida de negro.

Para cuando se hubieron separado, Fate la sujetó de la muñeca para sacarla de allí. Antes de abandonar la pista, la vista de la herbívora examinó el lugar tratando de localizar a sus compañeras.

Y lo que encontró, fue que ellas ya se habían ido también.

Continuará…

(1) Habibi, ya nour el-ain (Amor mío, luz de mis ojos), de Amr Diab.

Bueno, he acabado la primera parte del Festival. A continuación vendrá lo que es la segunda; ¡el día de hoy hay doble entrega!

Acabo de morir con el traje de Vita, la Catarina; y es que si colocan en el google: 'Disfraces', van a ver cuál es XDD Es totalmente seguro que sale enseguida.

Nos vemos en el otro apartado, ¡prepararse para mucho más fluff! =D

Kida Luna.