El lobo y el cordero
Por: Kida Luna
Capítulo XXX
El Festival de El-ahrairah, Parte ll
-"Toma."
-"Gracias –dijo al sujetar la manzana acaramelada que le era ofrecida-. ¿Siempre te gustaron mucho, no? Todavía recuerdo lo bastante que te costó decírmelo la primera vez" –rió.
-"¡Shamal!"
-"¿Qué? –sonrió inocente-. Pedir las cosas no debería ser tan difícil, yo jamás te las negaría."
La amable respuesta y sonrisa hicieron sonrojar a Signum, que se dedicó a darle una mordida a su propio tentempié con tal de distraerse; cierto era que durante sus primeras visitas con la pastora –a quien no había podido evitar volver a ver-, ésta le había compartido poco a poco su vida del otro lado.
Así como el sabor delicioso que el postre en su mano tenía, el cual se había convertido en una de sus comidas favoritas. Claro que admitirlo frente a la rubia, había sido algo muy engorroso en aquel entonces…
-"¿Signum?"
-"¿Qué pasa?"
-"¿Qué harás cuando te gradúes?"
La pelirrosa estuvo a punto de responder de manera reflexiva, mas detuvo sus pensamientos al notar las pupilas magenta inseguras; allí supo que la cuestión no era el qué haría en el futuro, sino más bien, si ella, Shamal, estaba incluida en ese futuro.
-"Ven –dijo, señalando la cima de una colina apartada de la algarabía-. Desde allí se pueden ver los fuegos artificiales."
La doctora asintió en silencio, cuestionándose si el evadir su pregunta había sido algo bueno o no. A pesar de ello, la siguió hasta la elevación; se sentó a su lado y contempló desde lo lejos el festival, con sus miles de luces resaltando entre la noche.
Fuegos pirotécnicos inundaron el cielo oscuro en la lejanía, formando y deformando figuras inverosímiles en chispas de colores.
-"Debería irme lejos."
Las palabras de la ojiazul atrajeron la mirada asustada de la soldada, que le miró fijamente aún cuando la más alta se enfocaba todavía en el carnaval.
-"Cuando acabe de estudiar, es lo que la mayoría hace –se explicó-. Podría inclusive viajar a la tierra de donde Hayate vino, o perderme en alguno de los territorios más lejanos de Colmillo; también hay la posibilidad de que me una a una manada."
-"Ya veo –murmuró, dándole una mordida a su manzana-. Suena lógico, si eso es lo que deseas."
-"¿Y qué deseas tú?"
Shamal se halló frente a frente con los ojos azules, aquellos que en vez de su usual frialdad, demostraban tranquilidad y gentileza. La rubia titubeó por unos segundos, diciéndose que lo que en verdad quería era algo muy egoísta.
Ella ya se había graduado. Trabajaba en Casco, cuidando de los alumnos tal y como su sueño había sido; entonces, ¿por qué ella podía vivir haciendo lo que le gustaba, y decirle a Signum que no siguiera sus metas por un mero capricho suyo?
-"Quiero que seas feliz."
-"No –negó suavemente-. No me estás diciendo la verdad."
-"Es la verdad" –frunció el ceño.
-"Pero no toda."
-"Yo…"
-"¿Quieres que me quede, cierto?"
Los labios de la pelirrosa esbozaron una sonrisa, pequeña pero colmada de cariño; y fue tanta la impresión, tantas cosas que los apacibles ojos le contaron a la rubia, que ésta no pudo evitar que los suyos se humedecieran.
Que su boca se tornase en una sonrisa también mientras una de sus manos se posaba sobre su pecho.
-"¿Por qué te cuesta tanto decirlo? –la espadachina rió, sujetando su otra mano con cuidado-. Yo tampoco te negaría nada, Shamal."
La aludida cerró los párpados y suspiró, conmovida profundamente y aguantando las ganas de llorar que le habían venido. Entonces, sintió unos dedos acariciar suavemente sus cabellos, hasta las delgadas puntas que rozaban sus mejillas.
-"Entonces… -vaciló, con el miedo de que todo fuese un sueño y pronto despertase-… ¿no vas a irte? ¿No prefieres viajar y…?"
-"¿Para qué? –habló en voz baja-. Lo último que querría es no poder tenerte cerca, ¿lo sabes, no?"
Ante eso, Signum desvió la vista, no acostumbrada a decir ese tipo de cosas y avergonzada a más no poder. Sin embargo, aún si por fuera se amedrentaba por su propia actitud, por dentro el corazón le exclamaba de gozo.
Jamás en su cabeza la idea de irse a otro lugar se le había cruzado, y mucho menos desde el momento en que su error de principiante le hubiese permitido conocer a la pastora hacía tiempo atrás. Si ya había arriesgado su vida por ella una vez, cuando eran extrañas, era indudable que volvería hacerlo de nuevo.
Shamal la necesitaba. Y ese solo pensamiento, era capaz de borrar todo lo malo que el nacer de un lado u otro, implicaba.
-"¿Quédate… -tomó las manos más grandes y entrelazó sus dedos-… conmigo?"
-"¿Es eso lo que quieres? ¿Aún siendo lo que soy?"
-"Eres Signum –le sonrió, soltando y guiando entonces una de sus palmas hasta el rostro de la más alta, para que le viese a los ojos-. Eres quien salvó mi vida aquella noche, y también, la única a quien podría confiársela."
Las pupilas de la pelirrosa se humedecieron al contemplar a la rubia llorar, una sonrisa cálida dibujada en aquellos labios mientras sentía cómo los brazos de la doctora le rodeaban en un abrazo.
-"Gracias –le oyó susurrar-, gracias por todo."
-"Mhmp –negó, abrazándola y hundiendo el rostro en sus cabellos-. Gracias a ti, por no dejarme sola en aquel agujero."
-"¿Signum?" –llamó entre lágrimas.
-"Aquí estoy, Shamal. Aquí siempre estaré…"
Las luces en el cielo siguieron subiendo y bajando, cual estrellas momentáneas que alumbraban las dos manzanas de caramelo en el pasto, una sobre la otra.
Iluminando también, la figura de la cazadora y la presa, que lloraban en silencio, jurando compartir sus vidas por siempre.
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-"¿Y decidiste disfrazarte de una pirata?"
-"¿Eh? Ah, no, en realidad iba a disfrazarme de león rosa –trató de contener la risa-. Lástima que cuando Signum me vio salir del cuarto, casi me arranca el cuello; así que tuve que volver a cambiarme el traje antes de que ella me cambiase el pellejo" –sacó la lengua.
-"Puedo imaginarlo –rió-. ¿A dónde vamos?"
-"No sé –respondió divertida-, ¿pero no quieres explorar?"
-"Eres muy curiosa, Hayate."
Carim negó con una sonrisa al sentir cómo su mano era halada nuevamente. Para cuando la castaña se hubo detenido, satisfecha de su pequeña inspección, se dio cuenta de que ahora se encontraban en la pradera.
El pasto crecido unos cuantos centímetros, siendo interrumpido después por un estanque no muy grande, donde varios lirios acuáticos y nenúfares se hallaban flotando.
La africana desenredó entonces los dedos de su acompañante para poder ir hasta la orilla del agua, agacharse y ver su propio reflejo cristalino. Tomó con ambas manos un poco del líquido y se lo arrojó al rostro, emitiendo un suspiro de satisfacción ante ello.
-"¿Estás cansada?" –la rubia preguntó con preocupación.
-"Mmhp –desmintió, viéndola acuclillarse a su lado-. Sólo quería refrescarme un poco" –sonrió.
-"¡Hayate!"
Al siguiente instante, un chorro de agua empapó la faz de Carim, que sacudió la cabeza mientras la ojiazul reía. Para cuando la rubia hubo recuperado su visión, una sonrisa traviesa curvó sus labios, animándose así a recoger agua y tratar de mojar a la otra para vengarse.
La pirata entonces entró al estanque, jalando consigo a su compañera; las aguas se agitaron furiosamente en aquella noche tranquila, apenas y alcanzado las olas a tocar sus rodillas. La luna creciente brillaba blanca en el cielo, y muy a lo lejos, apenas y el alboroto del festival podía oírse.
Las risas poblaron el sitio, coreando junto al canto de los grillos y los chapoteos que hacían las palmas al bajar y liberar las gotas cristalinas en el aire.
Una chispa se encendió en los ojos de Carim, una que para Yagami fue como la estrella fugaz que uno anhela ver al menos por una vez en su vida. A pesar de que aquello era algo que la egipcia no había vuelto a realizar desde hacía mucho, fuese por educación o elegancia, ahora recordaba lo grandioso que era jugar con un simple charco de agua.
Divertirse de modo que el alma le riera, cual si la juventud se volviese infancia y los modales se volviesen juegos.
-"¡De acuerdo, de acuerdo, basta! –rió Hayate, poniendo las manos frente a ella a manera de escudo-. ¡Ganaste!"
-"Qué fácil te das por vencida, Hayate Yagami" –bromeó, empujando apenas al terror de los mares, que resbaló con un lirio y cayó al estanque.
La castaña dejó salir un quejido y cerró los párpados en tanto se quitaba el parche en su cara, agitando después los mechones mojados que se habían pegado a su frente. En cuanto abrió los ojos, vio a Carim inclinándose hacia ella y ofreciéndole una mano, para ayudarla a ponerse de pie.
-"Lo siento."
-"¿Entonces por qué sigues riendo? –sonrió de lado-. ¡Éste era tu plan desde un principio!" –la acusó.
-"¡No! –negó entre risas-. ¡Hayate, no seas así! ¡No vas a chantajearme emocionalmente!"
-"¡Pero dolió!"
-"Dije que lo sentía –su voz se tornó dulce-. Anda, si sigues allí te dará un resfriado."
-"¿Vas a cuidarme? –bromeó inocentemente-. Porque si yo me enfermase sería tu culpa…"
-"Vale, vale –asintió, divertida-. Toma mi mano."
La ojiazul hizo lo pedido, pero en vez de permitirse ser levantada, tiró fuertemente hasta hacer a la otra caer también en el agua. La rubia aspiró con fuerza, sosteniéndose sobre sus palmas y recuperándose del impacto mientras a su lado alguien reía despacio.
-"¡Hayate!"
-"Ésa soy yo" –puso una mano en su boca.
-"¡Ow! ¡Eres una…! ¡Tú…!"
No pudiendo hallar qué decir, Gracia simplemente calló, estando para nada enojada con su amiga. Se sentó encima de sus piernas y haló su cabello hacia delante, pasando de esa forma los dedos sobre éste, para desenredarlo y quitarle el exceso de agua que pudo haber cachado.
Hayate no dijo nada. Se quedó allí, a su lado, en silencio, embelesada ante la figura de la egipcia titilar en contraste a la luz blanca de la luna. Tuvo unas inmensas de ganas de ser ella quien peinase los hilos dorados, mas se contuvo; se dedicó a guardar aquel momento como fuego en su memoria.
-"¿Qué?" –rió Carim, dándose cuenta que era observada.
-"Nada. Sólo te veo."
-"Lo noté –volvió a reír, soltando por fin su agarre en sus mechones-. ¿Tienes frío?"
Los dedos de la rubia acariciaron cuidadosamente el flequillo de la castaña, que no pudo despegar la mirada de ella; las puntas de oro de la egipcia destellando en la noche, empapadas de pequeñas gotas que caían de vuelta a la fuente.
-"No. Estoy mejor que nunca" –cerró los ojos, disfrutando el pasar de aquella mano en su cabeza.
-"Yo también."
De repente, la africana sintió su cuerpo ser halado hacia delante, sólo para encontrarse después con su cabeza apoyada en el regazo de la damisela pura. La frescura del estanque, cuyas aguas rozaban sus cuerpos, se llenó de cierta calidez.
-"Gracias por venir conmigo –Hayate sonrió un poco-. En serio, muchas gracias."
-"A ti por invitarme, la he pasado genial –murmuró tras acomodar un mechón tras su oreja-. Espero que podamos volver a salir pronto."
-"¿De verás?" –su voz se tiñó de emoción.
-"Claro –rió-, ¿por qué no querría salir contigo?"
Al terminar de decir la frase, ambas se sonrojaron. La que preguntaba porque aquello había sonado a querer una cita, y la que descansaba en sus piernas, porque también había pensado lo mismo. Luego de unos segundos de sentirse raras, se miraron, sonriéndose tímidamente.
-"Procuraré recordar eso –dijo Yagami-. Espero no causarte más problemas."
-"Hayate –su tono fue grave-, ya hemos hablado de eso. No tienes que preocuparte de los demás, ¿entiendes?"
-"Pero es que no me preocupo por mí –apartó la vista, enfocándola a un lirio blanco cerca de ambas-, me preocupo por ti…"
-"No lo hagas."
Una mano sujetó la de la castaña, empalmando sus dedos y brindándole un suave apretón. La otra vio las pupilas lavandas mirarle desde arriba, calmadas y amables, cual si nada malo fuese a pasar.
La africana sonrió, entonces, débilmente.
-"Debes confiar en mí, confiar en que soy lo suficientemente fuerte y sincera cuando te digo que no voy a permitir que nada entre nosotras cambie –musitó mientras acariciaba con su otra palma los cabellos cafés-. Tienes mi palabra, Hayate."
-"¿Y si Ian y…?"
-"No me importa. Te han dicho muchas cosas malas y tratado como si fueses distinta; no obstante, yo sé que si eres diferente, es porque no eres igual a ellos. Tus ojos no dicen mentiras y tu corazón es benévolo –le dirigió una cariñosa sonrisa-, por eso me tienes ahora a tu lado."
-"La del corazón benévolo eres tú –rebatió apaciblemente y alzó una mano para tocar su mejilla-. La afortunada por tenerte, soy yo" –sonrió también.
-"¿Hayate?"
-"¿Um?"
-"Gracias" -cerró los ojos, sintiendo el calor de las yemas en su rostro.
-"¿Por qué?"
-"Por haber venido a Colmillo…"
El murmullo suave desapareció en el silencio de la noche.
Mariposas blancas sobrevolaron el estanque, lleno de lirios y nenúfares, bajo la luz pálida de la luna; y pasaron encima, también, de las siluetas juveniles que eran reflejadas por las aguas cristalinas.
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¡THUD!
-"¡Gané!"
Rein chilló al ver el montón de latas caer ante la pelota que había arrojado. Emocionada, se dio la media vuelta hacia Agito, sujetó con la mano izquierda el peluche rosa de cerdito que le había sido entregado, y tomó con la derecha la palma de su acompañante.
Sin embargo, el entusiasmo abandonó las facciones de la vaquerita al ver a la otra pegar un respingo y romper el contacto. Al tiempo en que el muñeco de felpa cayó al suelo, la pelirroja se sostuvo la muñeca con cuidado y algo de presión, sintiendo el escozor de sus heridas volver.
La ojiazul se mordió lo labios.
-"Lo siento."
-"Está bien –dijo Agito, obligándose a dejar de intentar sofocar la quemazón-, suele pasar."
Mientras se agachaba a recoger el premio, la culpa empezó a invadirla. Vita se había retirado hacía tiempo a buscar a Arisa y Suzuka, en tanto ella le había dicho a Hayate que no se preocupase y fuese a divertirse.
De esa manera, había estado recorriendo los puestos del festival junto a Agito, intentando elevar sus ánimos. Y cuando por fin parecía haberlo conseguido, lo arruinaba de la peor manera.
-"¿Qué sucede?"
-"¡Mhn! ¡No pasa nada!" –mintió.
-"No me quieras tomar por tonta –las pupilas violetas demostraron reproche-. Ya te he dicho que no es tu culpa."
-"Eso no es verdad" –sonrió con pena.
Agito suspiró y atrapó con sumo cuidado la mano de la otra, provocando que de inmediato la más chica le lanzase una mirada de inquietud; ésta quiso zafarse del agarre, mas la compañera de Signum no se lo permitió.
-"Hace rato fuiste muy brusca y las lastimaduras ardieron –habló para tranquilizarla-. Si lo haces con calma, el dolor no vendrá."
-"Pero…"
-"Sin excusas –interrumpió, elevando la vista al cielo-. Lo que ya pasó no vas a cambiarlo, no tiene sentido vivir pensando en eso, ¿no lo crees?"
Las órbitas celestes voltearon hacia ella, sólo para verla asentirle. Caminaron entre la gente en silencio, contemplando las lucecillas doradas adornar todos los puestos así como los diferentes premios colgados en ellos.
Algunos cohetes chiflaron a lo lejos, convirtiéndose en estrellas grandes que después se desvanecían.
-"¿Nos sentamos?"
Rein reaccionó y miró a su amiga, aceptando. Se dirigieron hacia una banca vacía que estaba cerca de un rincón, tomaron asiento y observaron a la gente y animales pasar.
-"¿Ya no quieres ver más?"
-"Estoy un poco cansada –respondió al soltarle la mano para quitarse el casco de bombero y dejarlo a un lado suyo-. ¿Quieres seguir?"
-"Mhmp –la peliblanca negó, balanceando sus piernas-. Así está bien."
-"¿Hasta cuándo vas a tener esa mirada?"
El suspiro de la pelirroja atrajo su atención. Le vio admirar sus palmas y muñecas vendadas con cierta tristeza; sin embargo, de alguna manera, Rein supo que la melancolía no era por las magulladuras en sí, sino por algo diferente.
-"Si yo quisiese volar en estos momentos, lo único que conseguiría sería planear sin control hasta perder la altura –cerró los párpados-; entonces, acabaría estrellándome y haciéndome todavía más daño."
Las manos de la vaquera se hicieron puños, aferrándose a su pantalón marrón.
-"Ahora no puedo hacer nada –los ojos violetas viajaron a ella-. Pero dentro de un tiempo, mis plumas volverán a crecer" –le sonrió apenas.
-"No quería que esto pasase, sé que debe ser terrible no poder hacer aquello para lo que has nacido –masculló entre dientes-. ¡De verás lo siento mucho!" –espetó dolida.
-"¿Por qué sigues repitiendo eso?"
El murmullo fue acompañado por el movimiento de la mano vendada, que se acercó para entrelazar sus dedos con los otros igual de pequeños. Los orbes azules le vieron entonces, colmados de un remordimiento que empezaba a luchar por salir en forma de gotas saladas.
-"Yo nunca fui amable contigo" –gimió.
-"¡Mhn! ¡Mhn! –negó bruscamente-. ¡Sacrificaste tus alas por mí! ¡No digas que nunca fuiste amable conmigo!"
-"Rein…"
-"Ésa debí haber sido yo –sollozó-, el error fue solamente mío. Tú no tenías por qué involucrarte, podías haber evitado… podías haber…"
Un jadeo reemplazó sus palabras. Su brazo derecho abrazó con fuerza el peluche mientras se mordía los labios, intentando sofocar el llanto que hacía dolerle el pecho.
-"Yo no huyo –Agito rió bajito-. Yo jamás huyo."
-"Tonta" –hipó, tallándose un ojo.
-"¿Rein?"
-"¿Um?"
-"¿El peluche es para mí, cierto?"
La sonrisa de Agito calmó sus sentidos, por lo que asintió entre sollozos. Imitando el gesto en sus labios, la ojiazul le extendió el cerdito, que fue recibido y abrazado por la pelirroja.
-"No tienes que llorar –rió la halconcilla-, voy a compartirlo contigo."
Las risas de Rein se mezclaron con sus gimoteos. En cuanto percibió los dedos de la bombera limpiar sus ojos, su corazón se calmó por completo; la camarada de Signum no la culpaba por lo sucedido, y aunque no sabía si sentirse bien o mal al respecto, sabía que algún día los problemas se solucionarían y quedarían en el pasado.
Sólo restaba esperar.
Esperar por el día en que podría ver al halcón volar, una vez más.
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-"¿Recuerdas? –musitó-. ¿Recuerdas este lugar, Nanoha?"
La aludida sonrió, mirando por encima de su cabeza y por los alrededores, con el viento soplando en su cara y miles de flores azules abriendo sus pétalos hacia la luna.
El gran manzano desplegando sus gruesas y frondosas ramas, a través de las cuales se distinguía una que otra estrella en el manto nocturno.
-"¿Cómo olvidarlo? Fue aquí donde te me declaraste, Fate-chan."
Los brazos de la rubia rodearon su cintura por detrás, mientras descansaba la barbilla en su hombro. La más chica soltó un suspiro, disfrutando el momento, el lugar y las memorias que traían consigo.
-"¿Nanoha?"
-"¿Um?" –tarareó, manteniendo los ojos cerrados y percibiendo el aire juguetear con sus cabellos.
-"Te amo."
Las pupilas azules se abrieron, con su dueña girando dentro del abrazo para encarar a la cazadora. Los orbes borgoñas le miraron con ternura en tanto los labios le esbozaban una sonrisa cálida; la felicidad que le embargó fue inmensa, entonces, escuchando por primera vez aquellas palabras que hacían su corazón llorar de felicidad.
Pasó la castaña los brazos alrededor del cuello de la otra, y le besó despacio y delicadamente; la reciprocidad al igual que el enorme cariño fueron transmitidos a través del húmedo contacto, con las manos estrechando el agarre y el calor envolviendo sus almas.
-"Te amo también, Fate" –gimió conmovida, separándose y ocultando el rostro en su hombro derecho.
La rubia apoyó la espalda en el ancho tallo del manzano, acariciando con los dedos los cabellos cobrizos y sueltos. Contempló la figura de su pareja y se dijo a sí misma que lucharía por tener más momentos así adelante.
De esos que son capaces de brindar calor donde antes había habido frío.
-"Voy a ser fuerte –susurró mientras cerraba los párpados e inhalaba con profundidad-, voy a ser todavía más fuerte por nosotras dos. Tanto, que nada ni nadie va a interponerse en lo que tenemos."
-"¿Fate?"
-"Yo te protegeré –habló dulcemente, topándose con los brillante ópalos zafiro- con mi propia vida, Nanoha, yo te prometo que voy a protegerte hasta el final."
-"Eso no es justo –sonrió, recostándose en su pecho-. Yo también quiero defender a Fate-chan."
-"¿Una cosita como tú?" –rió.
-"Nyahaha, una que venció al lobo feroz" –respondió divertida, frotando sus narices.
La lupina se soltó a reír de las cosquillas, dejándose resbalar al suelo junto a la herbívora, quedando ambas sentadas. El cuerpo de la ojiazul se acurrucó contra ella, escuchando con dicha los latidos del corazón que sabía tenía su nombre grabado en él.
Aquello la hizo sonreír todavía más.
-"No puedo creer lo afortunada que soy…"
-"Yo debería decir eso –estrechó el abrazo y juntó su frente con la otra-. ¿Soy la lobezna más feliz del mundo?" –bromeó.
-"Ne, ¿Fate?"
La aludida guardó silencio, liberando después un suspiro de satisfacción al sentir unos dedos posarse en su mejilla; tomó con su mano aquélla en su faz y descansó su rostro en la piel suave que le sostenía.
-"Dime" –susurró con dulzura.
-"Eres la luz de mis ojos" –repitió con cariño, una de las líneas principales de la canción que había bailado para ella.
La castaña deshizo el agarre de la otra mano tras su cintura, para poder juntar sus palmas y entrelazar sus dedos. Inclinó el cuerpo hacia delante y unió sus labios con los de Fate, obteniendo un suspiro por respuesta casi al instante.
Los mordiscos pronto tuvieron el efecto deseado, dejándole explorar la boca de la rubia y juguetear con su lengua en roces lentos pero demandantes.
-"Nanoha…" -jadeó al verse libre.
Lo que sea que fuese a decir, murió allí. La depredadora se mordió la boca al contemplar a la preciosa joven árabe que le observaba con afecto; el pañuelo rojo que había cubierto su boca en un principio, al igual que los de sus brazos, había desaparecido hacía rato. Los cabellos sueltos, adornados por su clavel rojo y delineando las facciones finas, cayendo cual cascadas brillantes y ligeras.
-"¿Es esto un sueño, Fate?"
La rubia sonrió.
-"Mhn, es real."
El antifaz negro le fue despojado de sus ojos, siendo seguido por el sombrero y el mecate negro en el momento que ella liberaba sus manos, sólo para acunar la cara de la más chica. Juntó sus labios con aquellos que le pertenecían, primero en besos cortos, y después en unos más largos y profundos.
Para cuando se dio cuenta, se hallaban recostadas en la hierba, con la castaña encima suyo, apoyándose de manos y rodillas. La rubia de inmediato se sostuvo de sus codos e intentó moverse, siendo detenida enseguida por una palma en su pecho y una Nanoha que se sentaba tranquilamente en sus piernas.
-"Na…"
-"Mhmp –negó con la cabeza, despacio-, déjame continuar, ¿sí?"
-"Pero…"
-"Está bien –sonrió gentil-, ¿amarnos está bien, cierto?"
Testarossa quiso decir algo, mas las palabras murieron al sentir unos labios acariciar los suyos de nuevo. Luego de unos segundos, percibió el oxígeno llegar a sus pulmones en tanto su pareja se hacía para atrás.
La vio cerrar los párpados conforme su figura era iluminada por la pálida luz de la luna. Contempló los dedos deshacerse de la blusa transparente, para después rozar los tirantes rojos debajo, deslizando uno por sus brazos mientras el otro caía ante la falta de tensión.
Sintió entonces la rubia la respiración fallarle. El sostén de lentejuelas doradas quedó sostenido en su lugar solamente por los brazos cruzados de su dueña, que abrió las pupilas celestes lentamente.
El delineador en los ojos así como el rimel en las pestañas brindándole un toque más exótico a su delicada figura.
Sin poder evitarlo, Fate se alzó al frente y su boca atrapó a la otra durante unos segundos, para después alejarse y hundir los caninos en la piel del cuello. Un gemido golpeó sus oídos, no importándole que la castaña regresara sus cuerpos de vuelta a la hierba.
Las manos de la lupina viajaron a través de su espalda, aprisionando los tirantes rojos del sostén para quitarlo de en medio, rozando en el trayecto el frío rubí que pendía en el aire; sus labios mordisqueando y dejando un camino de besos desde las mejillas hasta los hombros.
Su lengua se encargó de lamer cada centímetro de porcelana a su alcance. La gabardina negra pronto le abandonó, sintiendo a continuación unos dedos ansiosos desabrochar la camisa negra, sólo para dejar al descubierto el brasier de encaje oscuro.
De repente, los roles cambiaron, y ahora era la boca de Nanoha la que besaba con devoción y ternura la piel atrapada en la tela azabache; sus manos trabajando rápidamente para deshacer los broches.
Jadeos empezaron a abandonar la garganta de la ojirubí conforme la respiración se le hacía imposible y el calor comenzaba a instalarse en sus venas. Se asió de los cabellos cobrizos, tratando de inhalar el poco aire que le quedaba mientras sentía la piel arder.
-"Silencio –rió la castaña-, pueden escucharnos..."
-"¿Quién?" –articuló apenas.
Los ojos azules brillaron en la oscuridad, llenos de excitación y una ansiedad que la forzó a retomar su atención en el cuello expuesto. Sus dientes se clavaron y un sabor delicioso inundó sus papilas; las palmas de Fate, en tanto, recorrieron inquietas las piernas sobre las suyas, tocando de vez en cuando la punta de la falda roja que la otra llevaba puesta todavía.
El roce de sus pieles desprovistas de los sostenes así como los toques íntimos y los besos húmedos, hicieron acumularse el calor hasta el grado de que las mejillas blancas se sonrojasen.
Finalmente, las últimas prendas fueron despojadas de un momento a otro, con el movimiento acompasado y lento de las caderas acompañando el beso lleno de amor que ambas compartían. El olor salado del sudor se mezcló con la frescura de la brisa y la esencia de la pradera.
Aliviando por segundos el intenso incendio que ardía en ellas, pero no por ello desvaneciendo la llama.
Las miradas se entrecruzaron entonces, cansadas, impacientes. Los dedos de Nanoha palparon con embelesamiento el vientre agitado y húmedo de la cazadora, que se mantenía con la vista expectante en ella.
La castaña se mordió los labios.
-"Podemos parar si…"
Uno de sus brazos fue halado súbitamente, haciéndole resbalar y ser su boca aprisionada por una sedienta. Fate se separó despacio, con la respiración irregular y el rostro arrebolado; las pupilas borgoñas encendidas con una chispa deslumbrante mientras su mano atraía la mejilla de la más chica para depositar un beso más suave.
-"No tengo miedo… Nanoha -jadeó-. Yo… yo hace mucho que me entregué a ti…"
Los ojos azules se ablandaron, con la dueña asintiendo en tanto volvía a besar la piel expuesta, palpando el abdomen firme y bajando hasta las ágiles y bien formadas piernas de la cazadora. Un gemido escapó de la garganta de esta última, para quien hasta el toque más ligero se volvía como las flamas mismas.
Sintió las yemas de los dedos acariciar sus muslos, repasándolos de arriba abajo con una lentitud tortuosa al tiempo en que lametones y mordiscos bajaban por su cuello y por la hendidura de su busto.
-"Relájate" –oyó la voz entrecortada decirle, causándole espasmos en todo el cuerpo.
-"Na…"
-"Shh –la besó en la boca-, déjamelo a mí."
Para cuando los labios abandonaron los suyos, Fate no pudo reprimir los suspiros que se le escaparon al sentir el calor en ella aumentar súbitamente. Rodeó con sus brazos el cuello de la castaña para sostenerse, tratando de ahogar sus gemidos mientras sentía el vaivén impuesto en sus caderas estremecerla por dentro.
Se mordió la boca desesperadamente y sus uñas arañaron la espalda de la ojiazul, que soltó su nombre ante el escozor no sólo de sus rasguños, sino del sentimiento de placer que el cuerpo empapado de sudor de la rubia, pegado al suyo, provocaba.
En un esfuerzo, los ojos borgoñas se entreabrieron, apenas, no distinguiendo más que las facciones nubladas de la hermosa muchacha encima suyo. La joven lobezna le llamó entre susurros, mordiendo el lóbulo de su oreja y deslizando sus palmas por la piel cremosa de su espalda.
De repente, la velocidad y la temperatura aumentaron.
El mundo pareció desvanecerse por segundos para Nanoha, justo en cuanto una oleada de sensaciones nuevas y fuertes atacó su ser; despertadas por el roce suave de la rubia, que ahora se unía a participar en la danza de sombras también.
Los nombres escaparon en forma de gemidos y jadeos, con las puntas de los cabellos dorados y cobrizos entremezclándose ante los besos hambrientos y fieros.
Finalmente, todos los movimientos se congelaron. Las voces se volvieron mudas conforme las energías eran drenadas y el placer les estremecía de pies a cabeza; arqueándose al sentir los choques eléctricos unir más que nunca sus cuerpos y corazones.
El sonido de ambas golpeando la hierba fue lo último que coronó el empalme de sus almas en una sola. Los rayos de la luna tocándoles levemente y el fresco viento ayudando a normalizar la respiración así como la sensación de quemazón.
-"¿Fate…?" –soltó en un quejido.
-"¿Qué… Qué pasa?" –habló en voz ronca, aferrando sus brazos a la cintura de la herbívora para pegarla más a sí.
Nanoha se dejó abrazar mientras reposaba el rostro en el pecho cálido de la rubia y oía su corazón latir furiosamente. El cansancio la hizo cerrar los ojos y acurrucarse a ella; descansando simplemente, sin permitir que el sueño le venciese.
-"Estoy contenta… de haberte conocido" –sonrió con sinceridad.
La más alta besó sus cabellos y juntó los párpados también, escuchando la respiración baja de la ojiazul. El perfume de la pradera y las colinas hechas una sola llenó sus sentidos, haciéndola sonreír también.
-"Yo voy a protegerte, Nanoha –susurró, el aliento regresando a sus pulmones-. De todo y de todos" –estrechó el abrazo.
-"¿Fate-chan?"
-"¿Um?"
-"Te amo, Fate-chan."
-"Y yo te amo a ti, Nanoha –su sonrisa y su dicha crecieron-. Mi pequeño cordero."
-"Baa…" –baló sin fuerzas, riendo para sí.
Fate Testarossa aspiró con alegría el aire a su alrededor y se aferró al cuerpo encima suyo, a esa calidez que abrigaba su ser y le daba un motivo y propósito para seguir adelante.
Para luchar cada vez más y cuidar a la joven que descansaba plácidamente entre sus brazos.
Para hacer de Takamachi Nanoha, una persona feliz.
Continuará…
Aww, me ha costado poder terminar este capítulo, en especial la última escena. Unos momentos felices dentro de lo que es la complicada vida en Midchilda =)
Sé que había prometido esta parte desde hacía varios capítulos, y como no me gusta descumplir mi palabra, he cumplido mi promesa. Espero que haya quedado bien, normalmente no es esto lo que escribo al igual que las tantas cantidades de fluff.
Muchas gracias a mi beta que estuvo apoyándome e hizo voto de silencio para que pudiese acabar esto (¡Kidy fluff! Ya sabes de qué hablo, goli XD). Por cierto, a ella –Liitha- le deben que Nanoha haya tomado las riendas después, la manipuladora me convenció de hacerlo así.
Simbaaaaa, valiente serás por aguantar la desvelada y por sacrificar tus horas de sueño junto con las mías xd
Y por supuesto, para finalizar, agradecer también a todos quienes se toman parte de su tiempo para leerme. ¡Gracias! :3
Cualquier crítica o comentario es bienvenido. Saludos, y como siempre, tengan un excelente día.
Kida Luna.
P.D. ¡Wiiii! Digo, Xeonice, saliste en este capítulo bajo tu verdadera forma, ¡wiii! XDDD
