El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXXl

Camuflaje

Después de aquella noche, donde el Festival de El-ahrairah hubiese ayudado a unir a más de un corazón, los días se sucedieron con tranquilidad.

Los lazos creados se vieron reforzados gradualmente, ahora afianzados con el cuidado y el esmero por no dejar que nada ni nadie les rompiese. Habiendo aprendido, que en un lugar como Midchilda, dar un paso en falso podía significar el final de todo cuanto habían visto crecer.

-"Hayate, ¡por acá! ¡Acabo de oler comida!"

-"Tod, ¡espera!"

El verano pronto fue dejado atrás, siendo reemplazado por las hojas amarillas del otoño que ya caían, así como sus lluvias en las tardes. La brisa se tornaba entonces en una fresca, arremolinando los pequeños oleajes en los diversos acuíferos que podía alcanzar a tocar.

El ruido de las mandíbulas cerrarse en el aire, junto al de cuatro patas caer al suelo, cubierto de hojarasca muerta, hicieron al licaón y al dingo detenerse.

Con una sonrisa, el tigrillo blanco se dio la media vuelta. La cola agitándose en el aire mientras en su hocico cargaba una perdiz sin vida.

-"Has mejorado bastante –Carim halagó de forma maternal-. Al menos ya sé que las salidas con Hayate no son una excusa para escapar de clases" –rió.

La nombrada chilló, alzando las orejas y cola al tiempo que giraba a verla, semihorrorizada de que su compañera creyera eso.

-"¿Por qué todos me tienen tan mala fama?" –fingió aflicción al plegar los oídos.

-"¿Porque no te tomas nada en serio?"

-"¡Agito!"

Los ojos azules se enfocaron de inmediato a las ramas bajas del árbol detrás de los tres, donde la pelirroja estaba sentada y les veía divertida. De un salto, la niña logró descender; se sacudió sus ropas y caminó hasta quedar del lado del felino.

-"No le vayas a enseñar tus cosas raras al pobre –se burló mientras frotaba con una mano la cabecilla rayada-. Podrías asustarlo."

Hayate hizo un mohín de disgusto, que al final, acabó en una sonrisa vencida.

El viento sopló un poco fuerte, jaloneando los pelajes. El lobo pintado sintió su oreja ser mordida por la rubia cánida, a un costado suyo, diciéndole que lo mejor sería no alejarse demasiado.

Asintió.

Comenzaron así todos a caminar. Al frente, Agito, cuyas vendas ya solamente cubrían sus manos y muñecas, dejando por fin sus brazos libres; la mirada violeta apacible, cual si ver el cielo trajera aún nostalgia pero ya no tanta melancolía como en un principio.

Tod iba al lado de la pelirroja, con la cola bamboleándose en tanto jugueteaba con el ave en su boca. Su tamaño había aumentado un poco a estas alturas, logrando alcanzar así unos centímetros más arriba de la mitad de la talla del licaón.

La ojiazul, consciente de todo esto, se sonrió entonces y cambió a su forma humana.

-"¡Yagami-san!"

-"¡Señor!" –exclamó la joven.

Enseguida, las orejas blancas del tigre se izaron con emoción conforme se lanzaba corriendo hacia las dos criaturas más adelante; sólo para saltar ante ellos de la alegría, sin detenerse.

Para cuando la castaña les hubo alcanzado, alzó una mano a modo de saludo. El viejo perro salvaje que conociese aquella noche atrapada en una celda, así como un gigantesco ligre naranja, le regresaron el gesto también.

-"Veo que han estado cuidando de Tod –habló con su voz bonachona el enorme gato de patas cortas-. Espero que no les esté causando problemas."

-"¡No, John, claro que no! –rió el nombrado después de soltar su perdiz, sólo para sentir en su cabeza el peso de una pata-. ¡Basta!" –maulló.

-"Quisiera quedarme un poco más" –murmuró Hayate, rascándose una mejilla.

-"¿Señor? –el dingo atrajo la atención del licaón mayor-. ¿Podrían cuidar de él un rato? Tenemos que volver a clases."

Una vez aceptada la petición, las dos se dirigieron de vuelta a Colmillo Brillante. Mientras caminaban, la africana metió las manos en los bolsillos de su chaleco negro e inhaló la brisa fresca que despertaba de vez en cuando.

-"¿Dónde está Agito?"

-"No te preocupes –respondió la castaña, calmada-. Debe de estar por ahí trepando árboles, cuando tenga hambre vendrá" –rió bajito.

Sus pupilas azules se fijaron en el cielo gris pálido, que anunciaba una lluvia venidera a las copas repletas de hojas leonadas, cuyo ondular suave hacía un susurro agradable al oído.

-"¿Hayate?"

Cosquillas nacieron en su mano al percibir algo terso tocarle. Cuando volteó para abajo, se encontró con la cabeza del dingo afirmada a su palma; las orejas dobladas y los ojos lavandas mirando hacia arriba.

Hacia ella.

-"Hey, ¿qué pasa?" –Yagami preguntó dulcemente.

-"Estás pensativa."

Hayate rió. Se agachó y tomó entre sus manos las mejillas felpudas y amarillas del can, conmoviéndose al ver sus orbes llenos de preocupación.

-"Estoy bien, Carim. Sólo estaba pensando… -cerró los párpados-… en lo mucho y poco que han cambiado las cosas."

-"Todo va a estar bien."

Le sonrió amablemente, golpeando con su nariz húmeda la de la muchacha frente a ella. El viento levantó las hojas y sus orejuelas entonces, acariciando también los mechones marrones, cuya dueña mostraba un ligero brillo en sus ojos.

-"Sí, claro que sí –la joven le abrazó por el cuello-. Todo va a estar bien un día…"

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Seguido de los días de otoño, llegaron los de invierno, con la nieve blanca y el frío congelante instalándose en Midchilda. Los copos cayendo al azar del tiempo, del cielo, y las ramas totalmente desprovistas de follaje.

-"¡Nanoha-san!"

El grito de Erio Mondial la hizo voltearse y parar de hacer el muñeco que estaba construyendo junto a Fate y Caro.

Casi de inmediato, se arrepintió de haberlo hecho.

¡Plaf!

-"Nyahaha, ¡me diste!" –exclamó, al barrer los restos de nieve que habían quedado impregnados a su rostro.

No pudiendo quedarse así, formó ella misma su propio ataque y sonrió con travesura. Sin embargo, apenas hubo levantado el brazo, Caro se abrazó a su cintura para tirarla y proteger a su camarada.

-"¡Hey! –chilló la castaña en el suelo blanco-. ¡Eso es trampa! ¡Fate-chan, Fate-chan, ayudaaaa!"

La rubia rió, viendo a su pareja luchar contra los dos niños que trataban de inmovilizarla; siendo combatidos ambos con cosquillas que difícilmente lograban alejarlos un poco.

-"¡Mou, Fate-chan!"

Gruñó la herbívora al darse cuenta que la otra se quedaba de pie, observando, con un codo apoyado sobre la cabeza rechoncha del frío muñeco que habían estado haciendo.

Y una sonrisa divertida en sus labios.

-"Erio, Caro, ¡no la dejen escapar!"

-"¡Sí, señora!" –rieron al unísono.

Nanoha gimió, dándose la vuelta para quedar panza abajo y resguardarse lo mejor posible. Luego de varios segundos, pudo ponerse en pie; el niño colgando de su espalda y rodeando con sus brazos su cuello.

La pelirrosa, en tanto, se mantenía afianzada a su pierna izquierda, en un intento por no dejarle caminar.

-"¡Fate-san! ¡Refuerzos! ¡Refuerzos!" –gritó Erio.

-"Ah, no –los ojos azules la vieron peligrosamente-. Tres contra uno es SUCIO. Fate Testarossa, retrocede en este mismo momen… ¡Kyaaaa!"

Sus pies se resbalaron y ella cayó otra vez, sintiendo un nuevo peso encima mientras que los niños se habían ya apartado ante el inminente desplome. Al instante, sus muñecas fueron aprisionadas por las manos de la rubia, que ya se sentaba a horcajadas sobre su cadera.

-"¡Traidora!"

-"Jajaja, ¡Nanoha, deja de verme así! –dijo entre risas, inclinándose para darle un beso rápido-. ¡Ellos me convencieron!"

-"¿En serio?" –frunció el ceño, divertida.

-"¡En serio!"

Fate soltó un quejido de repente, dándose cuenta cómo su cuello era halado hacia atrás al ser rodeado por los bracitos del pelirrojo.

-"Fate-san –Caro le arrojó una bola de nieve a la cara-, ¡prepárese para ser enjuiciada por alta traición!"

-"Nyahaha, ¡a ella!"

Los papeles cambiaron y ahora era la ojirubí la que estaba arrinconada en la nieve, con los guantes protectores de su novia capturándola al tiempo que los dos pequeños trataban de enterrarla en la superficie límpida.

El gorro azul de la lupina corriéndose ante el ajetreo de su cabeza, con la bolita de pelusa blanca rebotando en la nieve.

-"¡Tía, Tía! ¡Están emboscando a Fate-san!"

Subaru, que patinaba erráticamente a lo lejos en el hielo que había recubierto un lago, quiso correr para socorrerla. Sin embargo, antes de que su compañera le advirtiese, la pantera acabó con el hocico en el piso helado.

-"Serás tonta –rió la chica pelinaranja a su lado-. Anda, párate."

-"¡No puedo!" –maulló desde abajo, agachando las orejas y viéndola suplicantemente.

En cuanto Lanster se inclinó hacia ella, la felina saltó para aferrarse a su cintura y poder recuperar el equilibrio; las patas traseras oscuras arañaron el hielo de manera aturdidora.

La ojiazul cayó sentada entonces y soltó un quejido al sentir su parte posterior llevarse un buen golpe.

-"¡Subaru!"

-"Aww, ¡es que no puedo caminar!" –chilló.

-"Por eso te dije que bordearas el lago –le dio un coscorrón en la cabeza-. ¡Pero nunca me haces caso!"

-"Cárgame" –maulló, con ojos llorosos.

-"¡¿Eh? ¡Ahhh, no! –exclamó y puso las manos al frente-. ¡Y NI SE TE OCURRA VERME ASÍ!"

Signum pegó otro salto, apreciando el cómo sus patas rosas volvían a hundirse en la pequeña montaña que las nieves habían formado. Agito iba montada en su lomo, buscando la niña -con su aguda vista de halcón- a sus dos protegidas.

-"Deberían de estar por aquí" –dijo la pelirroja, con la palma haciendo sombra a sus ojos.

La leona estuvo a punto de lanzar un mugido para llamarlas, cuando en una vuelta vio salir a Teana; el rostro vencido y la cara arrebolada en vergüenza.

En su espalda, Subaru iba cargada mientras bamboleaba la cola alegremente y jadeaba, permitiendo a su lengua colgar de su boca.

-"¿Tía?" –preguntó extrañada Signum.

La aludida pegó un respingo del susto al verse descubierta; ante el movimiento repentino así como el peso detrás suyo, acabó desplomándose sobre la nieve con todo y pantera.

-"¡Tíííaaaa! –sonó el grito-. ¡Estás aplastando mi colaaaaa!"

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El deshielo ya estaba tocando la puerta, con el agua fría deslizándose por entre las rocas y las ramas; estas últimas ya revelando algunos pequeños brotes dormidos, todavía con las hojas o pétalos cerrados.

El chapotear de los charcos, con algunos retazos nevados, se escuchaba alto.

Las pezuñas tronaron en la tierra, ahora a la vista, en tanto las cabezas o cuernos se buscaban afanosamente entre sí para sus juegos infantiles. Así se hallaban Suzuka y Arisa también, relinchando y compitiendo en carrerillas.

Con las crines en sus frentes tocándose al intentar derribarse la una a la otra.

-"¿No pueden callarse? –bostezó Vita, echada, la cola ondeándose perezosamente-. Algunos intentamos dormir."

-"Pronto toda la nieve se derretirá –explicó Schach Nouera mientras caminaba hasta un árbol para afilar sus largos cuernos con su tallo-, es normal que todos estén tan animados ante la entrada de un nuevo año."

Shamal se relamió el hocico, observando desde el suelo, al lado de la búfala roja, a su amiga la antílope hablar. Meció la cabeza canela ligeramente a los lados, para despabilarse un poco y poder echar un ojo a los estudiantes que revoloteaban por el bosque.

El ruido de agujas a la vera suya llamó su atención. Sentada a su izquierda, se hallaba Rein, completamente recuperada de las heridas que había sufrido aquella mañana terrible.

Las manitos de la pequeña tejían repetidamente, los hilos púrpuras empezando a crear lo que parecía fungir como una bufanda; más de adorno, por lo delgada, que de protección contra el frío.

-"¿Qué haces?" –preguntó la pastora al pegar el hocico a la tierra.

-"Un regalo" –contestó lacónicamente antes de morder un pedazo de hilo para cortarlo.

-"¿Para?"

-"Para Agito –volvió a anudar su aguja y continuó con su trabajo-. Ne, Shamal, ¿cuándo viene Signum a verte?"

-"Umm… -levantó sus orejas caídas-. Tal vez mañana en la noche."

La peliplateada liberó un suspiro en tanto permitía a su espalda reclinarse contra el vientre suave de la canina. Al escuchar otro bostezo de parte de Vita, no pudo evitar imitar la acción.

Los rayos del sol de la tarde, entre las ramadas, atizando sus ganas de descansar.

-"¿Le dirías que se lo entregue por mí?"

-"¿Segura que puedes terminarlo a tiempo, Rein?"

-"Segura –sonrió contenta-. Siempre hay tiempo para dar regalos."

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Primavera.

Los capullos de las flores se despertaban ya, una tras otra, vistiendo a los árboles y arbustos que poblaban todo el lugar. A través de la ventana del salón, Fate se mantenía contemplando los brotes de distintos colores, al tiempo que recibía los débiles rayos del sol que le llegaban.

Su mentón descansando sobre la palma de su mano, disfrutando ella del aire que empezaba a soplar.

Abrió los ojos y volteó a ver a Hayate, a su lado. Le vio morder el lápiz en su boca mientras escribía algo en un trozo de papel, sólo para borrarlo inmediatamente después y murmurar cosas entre dientes.

Al ver la enorme concentración de su amiga, la rubia supo que nada tenía que ver con la clase de filosofía que estaban teniendo.

-"¿Cuánto tiempo llevas con eso?" –preguntó curiosa.

-"Desde hace tres horas que comenzaron las clases –respondió, no apartando la vista de la hoja para nada-. Si dejases de tontear y pensar en Nanoha, te habrías dado cuenta."

La ojirubí ignoró el comentario y las risas de la castaña, para asomarse discretamente a la paleta a su derecha; echó un rápido vistazo a lo que su compañera estaba redactando, o intentaba redactar.

Fate frunció el ceño con diversión.

-"¿Una carta de amor? –rió bajito-. No te tomaba del tipo tímida, Hayate, pensé que eras más valiente para estas cosas."

-"No te burles, claro que lo soy –sonrió ampliamente-. Lee bien, lobata, lo único que dice es que quiero verla en un lugar para confesarle algo importante."

-"Ya era hora" –silbó.

Su amiga dejó la pluma al lado y dobló el papel, para guardarlo dentro de un sobre blanco. Su mirada cerúlea se posó de inmediato en el reloj arriba del pizarrón, que marcaba tres minutos para un descanso.

En cuanto las manecillas se juntaron encima del número 12 y la campanilla sonó, la africana se levantó de golpe. Se internó en los corredores de la escuela, con la rubia caminando a su costado.

-"Carim debe estar en una de las clases al aire libre –comentó extrañada-, ¿por qué no sales a buscarla?"

-"Nu huh –negó, deteniéndose cerca del pasillo donde había un montón de casilleros-. Quiero que sea una sorpresa. Mmm… veamos."

-"¿Siquiera sabes cuál es el suyo?"

Fate pasó los brazos tras su cabeza mientras veía a Yagami inspeccionar los cubiles columna tras columna; poco después, escuchó su exclamación de victoria y le vio deslizar el sobre a través de las rendijas.

Apenas enderezarse, la joven licaón le envió un gesto de "V" con sus dedos y le guiñó el ojo.

-"Podías haberte ahorrado el show, Hayate."

-"¿Y llevarla a no sé dónde rodeado de flores y un gran manzano? –se burló, provocando que la otra se sonrojase-. Gracias, pero no. Yo soy algo más sencilla y rápida que tú, Fate-chan."

-"Mou, ¡deja de verme así!"

-"Cursi" –se rió.

-"Je, lo dice la que escribió la carta en una hoja rosa."

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-"Hayate Yagami."

Era alrededor del mediodía cuando el perro moteado contempló la imagen de Carim Gracia a lo lejos, junto a otro grupo de estudiantes. Se imaginaba estaba en la práctica de deportes, puesto que el short rojo corto y la blusa blanca –ligeramente húmeda por el sudor- la delataban.

La ojiazul sintió que el mundo bajo sus patas se le movía todavía peor cuando le vio pasar un brazo por su frente, solamente para dirigirle después una mirada acompañada de una gentil sonrisa.

Y hubiera continuado con la cara de idiota, de no ser porque un patazo en el hocico la hizo soltar un chillido de espanto.

-"¡Hayate Yagami, ¿me está escuchando?"

-"¡C-Claro que sí!"

El licaón dobló el cuerpo y las orejas hacia atrás, riendo nerviosa conforme observaba el mohín de disgusto extenderse en el rostro de su profesor.

Ella y otro lote de estudiantes, en sus formas animales, se encontraban cerca de donde corría un río, con las piedras resbalosas bordeando este mismo. Adelante suyo, estaba Griffith, ahora con la nariz negra arrugada.

60 cm de alzada tenía el lobo marsupial, 13 rayas azabaches que iban desde la espalda hasta la base de su cola; el pelaje de un morado pálido, siendo su hocico coronado por unas gafas de armazón oscuro.

La cánida vio al tilacino coger una rama en el suelo con uno de sus cuartos delanteros.

-"Si crees que ya sabes todo de mi clase para no poner atención –habló enfadado, parándose sobre sus patas traseras como si fuera un zuricato-, ¡entonces ve y trae esto!"

Las mandíbulas de Hayate casi tocan la tierra al ver el pedazo de madera volar en el aire, sólo para aterrizar dentro de la corriente que le fue alejando más y más.

Pegó las fauces lentamente mientras pasaba saliva. Lo último que le agradaba era el agua torrentosa, y menos cuando no tenía ganas ni de bañarse.

-"¿Y bien?" –se relamió el hocico, acomodándose los lentes.

El lobo pintado suspiró y murmuró algo entre colmillos antes de meterse de un salto dentro de las furiosas corrientes, para ir en busca de la rama. Después de todo, que los lobos marsupiales fuesen buenos nadadores no quería decir que ella lo fuese también.

Por breves momentos, entre las gotas blancas de agua que se cruzaban en su vista, avistó a Carim observarle desde lejos.

Sus mullidas orejas cayeron y se sintió entrar en trance, queriendo alzar una pata para saludarle.

Hasta que una piedra detrás suyo le golpeó la cabeza.

-"¡YAGAMI!"

-"¡Ouch, ya voy! ¡Ya voy!"

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-"Te ves terrible."

-"Me veo como me siento."

Fate rió, palmeándole la espalda a la castaña que caminaba a su lado, con el uniforme oscuro totalmente empapado al igual que sus cabellos. En una vuelta, se encontraron a Signum, que se unió a ellas durante su caminata en los pasillos de la escuela.

-"¿Te acabas de dar un baño?" –se mofó la pelirrosa.

-"Cállate –tosió-, ¡quién en su sano juicio te arroja a un río frío!"

-"Seguro que hiciste algo para molestarlo –interrumpió la rubia, echándole un vistazo a su reloj-. Griffith nunca se porta mal contigo si pones atención a su clase."

-"De seguro estabas tirando la baba por Gracia."

-"Pues sí, ¿y qué? Al menos yo sí lo admito –la africana sacudió la cabeza, causando un gruñido por parte de las otras dos que se vieron mojadas-. No como tú, que sueñas quién sabe qué cosas con Shamal y…"

-"¡Cierra la boca o te la cierro yo, Yagami!"

-"Ahhh –los ojos azules brillaron con malicia-, ¿pero por qué te enojas? ¿Acaso será que tengo razón, querida Signum?"

Antes de que las manos de la aludida estrangularan a Hayate, ésta salió despedida del lugar para dirigirse a toda prisa hacia su casillero. Sus dos compañeras parpadearon extrañadas al verla esbozar una enorme sonrisa.

De ésas que no sabían si reír porque era feliz, o llorar porque llegaba a hartarlas.

-"¡Carim me ha respondido! ¡Carim me ha respondido!" –cantó, dando una vuelta en su lugar y abrazando el sobre contra sí.

En un milisegundo, la castaña estuvo al frente ambas, abrazando a cada una para después volcar toda su atención a la respuesta que había recibido. Rompió la cubierta con cuidado y sacó el papel para desdoblarlo y leer su contenido.

Fate y Signum –más espantada esta última que la primera por la actitud de Yagami- contemplaron las pupilas zafiros moverse de izquierda a derecha rápidamente, como si fuese a devorar el mensaje en segundos.

Y así fue.

En tiempo récord, terminó de leerlo.

-"¿Qué dice?" –inquirió la rubia, curiosa por saber qué iba a pasar ahora con sus dos amigas.

-"Que me está esperando en el Paso de las Amapolas. ¡Tengo que ir ahora mismo!" –exclamó angustiada.

Se abrió paso entre ambas para salir corriendo, importándole muy poco las raras miradas que le eran dirigidas o el hecho de que el viento en su rostro empezaba a darle más frío.

-"¿No debería de cambiarse de ropa primero?" –Signum se rascó una mejilla.

-"¡Cierto! ¡Hayate, Hayate no puedes ir así! –gritó Fate, las manos alrededor de su boca-. ¡Al menos ponte otra muda antes de verla!"

-"¡Tienes razón! ¡Debo cambiarme!"

La castaña casi se va de cara al suelo al detenerse de golpe, con los zapatos negros chirriando contra los mosaicos. Aún así, no pudiendo contener la emoción en sus ojos y corazón, se dio la vuelta hacia la izquierda para llegar a su habitación lo más rápido posible.

Después de todo, tenía que ir presentable si quería impresionar a Carim.

-"A veces me pregunto si Yagami tiene cerebro" –susurró la pelirrosa, negando con la cabeza.

-"No seas así –rió Testarossa-. Sólo está enamorada" –sonrió, sabiendo por sí misma lo que esa simple palabra significaba.

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Había pasado casi una hora desde que la compañera de cuarto de Fate se hubiese retirado; así que ella, Signum y Agito se habían dedicado a tomar su debido receso sin su presencia.

Apenas hubiesen terminado, se pusieron en pie, listas para retirarse.

Sin embargo, voces muy cerca de allí atrajeron su atención; un par de dingos junto a un coyote y un chacal reían con burla, uno de los primeros sosteniendo una bolsa de comida entre sus dientes.

-"¿Qué tienes? –aulló el chacal, la cola agitándose juguetonamente-. ¿Estás enojado?"

-"Hombre, el Jefe te dijo que no te acercases aquí, ¡los albinos no comen aquí! –exclamó un dingo café-. ¿Es que ustedes no aprenden?"

-"¡Grr, no voy a irme! ¡Tengo tanto derecho como ustedes a permanecer en este lugar!"

Aquello hizo los puños de Fate de cerrarse, que estuvo a punto de meterse hasta que uno de los brazos de Signum se le interpuso; solamente para advertirle en silencio que no hiciera nada.

-"¡Pero Tod…!"

-"No subestimes a Hayate –habló Agito al desviar las pupilas violetas hacia el felino blanco no muy lejos de ellas-. Observa, ellos no pueden someter a los demás por siempre."

La rubia, a regañadientes, hizo lo dicho.

El tigre blanco gruñó mientras los canes reían entre sí. Entonces, fue el coyote el que dio un paso al frente y se atrevió a poner una pata encima de la cabeza rayada.

¡GROAAARRR!

Los otros tres brincaron hacia atrás de inmediato al escuchar el maullido convertirse en un rugido joven y feroz. Las orejas altas y los ojos sorprendidos, admirando al félido que apoyaba los cuartos fuertemente en el piso, haciendo saltar a la vista sus garras retráctiles, tanto largas como peligrosas.

-"¡Mi pata!" –el coyote se quejó, lamiéndose de inmediato el arañazo semiprofundo que había recibido.

-"No voy a repetirlo de nuevo –el bramido en su diafragma aumentó-, ¡quiero mi comida de vuelta!"

Las zarpas rasguñaron los mosaicos límpidos, provocando que los cánidos se vieran entre sí, con duda. Finalmente, el dingo gris bajó el cuello y depositó la bolsa en el suelo, retrocediendo de espaldas después.

-"No-Nosotros tenemos cosas que hacer en vez de perder el tiempo contigo, ¡eso! –titubeó en tanto los otros asentían-. Tienes suerte, vamos a dejarte ir esta vez."

-"De todos modos ya no teníamos hambre" –añadió el chacal.

-"¡No creas que no nos volveremos a ver!"

Ante el grito del coyote, los cuatro se dieron la media vuelta para alejarse de allí. Con las colas en alto al igual que las caras, a pesar de que por dentro rezaban porque el tigre blanco no siguiera creciendo más con cada día que pasaba.

-"¿Ves? Ha aprendido" –Agito rió.

-"Detesto admitirlo –suspiró Signum-, pero Yagami sabe usar ese hocico suyo para algo bueno de vez en cuando."

Fate respiró aliviada. Iba a decirle a la compañera de la pelirrosa que había estado en lo correcto, cuando su vista captó entonces nota de la prenda violeta alrededor del cuello de la pelirroja.

Parpadeó extrañada.

-"¿Y esa bufanda? Ni siquiera hay frío ya."

-"Es… un regalo" –murmuró Agito con voz apenada.

La joven lobezna trazó una ligera sonrisa en sus labios, comprendiendo aquello.

No obstante, el gesto desapareció por completo cuando vio a una persona pasar por la entrada del comedor, dirigiéndose a otro lado de la escuela. Sin decir nada, salió corriendo a los pasillos.

-"¡Testarossa, a dónde vas!"

Agito y Signum le llamaron, pero la rubia no hizo caso. Al poco tiempo, dos siluetas se distinguieron en el camino delante de ella, platicando la una con la otra sin haber notado todavía su presencia.

-"¡Alto, espera! –exclamó-. ¡Carim!"

-"¿Fate?"

La joven se detuvo y volteó a verla entonces, junto a Verossa, que estaba a un lado suyo. La ojirubí se paró al alcanzarles, apoyando luego las manos sobre sus rodillas para tratar de recuperar algo del aire perdido.

Enseguida, sus otras dos compañeras se hallaron allí también.

-"¿Qué estás haciendo aquí?"

Al ver que la pelirrosa le había robado las palabras, Fate se irguió para ver a Gracia y oír su respuesta. Sin embargo, los ópalos de la damisela pura se mostraron confundidos.

-"¿De qué estás hablando? Estoy en clases, es obvio."

-"¡No! –Fate negó-. ¡Se suponía que estabas con Hayate!"

-"¿Hayate, dices? –intervino Verossa, desconcertado-. Pero si mi hermana ha estado todo el tiempo conmigo."

-"No –volvió a negar-. Ella te escribió una carta y tú dijiste que la verías en el Paso de las Amapolas, así que…"

-"Fate –Carim habló con seriedad-, yo no he recibido ninguna carta."

Los ojos borgoñas miraron confundidos los azules de Signum, que tampoco supo darle una explicación a aquello. Agito simplemente se mantuvo a la expectativa, perdida en la conversación que se estaba llevando a cabo.

-"Entonces… ¿quién está con ella?"

La pregunta de Testarossa hizo que la mente de Acous reaccionase.

-"¿Podría ser que…?"

-"¡HAYATE!"

El grito de la joven lobezna cortó la frase del hermano de Gracia, para de inmediato dar la media vuelta y salir de Colmillo Brillante. El resto le siguió igualmente, con los pensamientos y las posibilidades dispersas; mas todas apuntando al final a una sola persona.

Una que no gustaba mucho de Hayate Yagami.

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Las hojas secas crujieron bajo sus patas blancas. Ya había llegado al sitio de encuentro; también, cargaba consigo una flor roja que secuestró durante su trayecto hasta ahí.

Las sombras de los árboles cubrieron su rostro, con el viento ululando entre las ramas. De repente, un sentimiento avasallador se cernió sobre el licaón, forzándolo a doblar hacia atrás las orejas mientras avanzaba hacia delante.

El flujo del río, a varios metros debajo del risco al que estaba entrando, ya zumbaba en sus oídos.

-"¿Carim?" –llamó.

Las hojas de los arbustos cercanos revolotearon y ella retrocedió un paso, mirando hacia todos lados con preocupación. A estas alturas, el olor de la damisela pura debería de haber alcanzado su olfato ya; pero en vez de ello, se encontraban muchos otros entremezclados con la flora del lugar.

Crack.

-"¿Carim?" –repitió.

El crujido de ramas partirse en dos empezó a alarmarla. Percibiendo sus sentidos saltar en advertencia, dio la media vuelta y corrió para apartarse de ese lugar.

Súbitamente, una sombra negra brincó de entre los setos para cerrarle el paso.

-"¿A dónde vas? –rió con dicha-. La cita no ha terminado."

-"¡Ian!"

-"¡A ella!" –rugió.

La jauría emergió al instante de entre la arboleda, para arrojarse directo contra Hayate; los ladridos desplazando la quietud del bosque y espantando a los cuervos que yacían cerca de allí.

Entre el círculo de perros que rodeaban al licaón, la flor roja que había sido guiada hasta esa zona cayó al piso; los pétalos rojos siendo pisoteados de inmediato por las patas de los dingos una y otra vez, enfrascados en su riña, hasta hacerla completamente pedazos.

Se mecieron entonces ante la amable brisa las amapolas blancas, que daban su nombre a aquel Paso.

Ahora, siendo su pureza empapada con gotas de color rojo.

O más bien, color sangre.

Continuará…

Uff, pensé que tampoco cumpliría con el límite de tiempo establecido esta vez, pero qué bueno que no fue así.

Quedó algo corta la última escena, mas no se preocupen, que va a continuar en el siguiente capítulo. Por eso nunca es bueno hablar con extraños D:

Liitha, gracias de nuevo por sacrificar tus horas de sueño. Aquí tienes un poco de tu amado Griffith x3

Muchas gracias como siempre a toda la gente que se molesta en leer la historia, a pesar de lo larga que se ha tornado.

Saludos, y sin más, que pasen un buen día =)

Kida Luna.