El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXXlll

El verdadero Hogar

-"¿Qué hacemos? Ya nos dividimos para buscarla pero ninguna de nosotras la ha encontrado, Fate-chan."

-"Nanoha tiene razón, además ya es muy entrada la noche, no tiene caso continuar si ninguna de nosotras puede ver bien" –prosiguió Arisa.

-"Fate –llamó Signum-, lo mejor será que las lleves de vuelta a Casco. No es seguro que regresen solas."

La lobezna asintió, guiando a Nanoha, Arisa, Suzuka y a una Vita somnolienta de regreso a su lugar. Se habían separado todos desde hacía horas para abarcar más terreno, mas aún así los resultados fueron los mismos.

Nadie tenía pista ni del paradero de Hayate ni del de Carim.

Un apesadumbrado suspiro se dejó escuchar, a lo que la lupina no pudo evitar dirigir la vista a la gaviota que caminaba cerca suyo.

-"Estará bien –quiso animarla-, ella es muy fuerte."

-"¡Estúpidas reglas! –pateó una piedra del camino-. Si no fuera porque existen, podría volar fácilmente y encontrarla en menos de lo que canta un gallo."

-"No puedes ser tan descuidada, Rein –habló Suzuka-, después de que casi te atrapan lo normal sería que estuviesen más atentos a la vigilancia. De todos modos, si lo que Carim mencionó sobre aquel río es cierto o no, yo me encargaré de reunir información de mis camaradas; tal vez el flujo de la corriente pudo haberla llevado hasta Casco."

-"Muchas gracias" –susurró Testarossa.

-"¡Pero qué impulsiva! –bufó Arisa-. Teniendo semejantes abusones en la escuela, no debió de haber actuado así."

El suspiro del ave ahora fue acompañado por el de la potrilla. Según lo que Fate les había comentado, nada parecía funcionar.

Chrono seguía intentando convencer a los representantes de Colmillo al igual que Lindy, para lograr que se hiciera algo. Mientras tanto, ellas habían estado rastreando todo el día, dejando los lados más peligrosos para Signum y su grupo.

Arf, Verossa y Vice también se habían unido; los dos primeros buscando sobre tierra en tanto el último se desplazaba entre río y río. De alguna manera, el cocodrilo había conseguido que Griffith les ayudase, repartiéndose así cada uno ciertas zonas acuíferas.

Los animales híbridos que habían compartido una noche en la mazmorra así como los maltratos –en especial Tod-, igualmente pusieron de su parte.

Erio y Caro se desplazaban entre las ramas de los árboles, usando la altura para poder escanear áreas de forma más amplia. Al mismo tiempo, Shamal y Yuuno trataban de hacer lo suyo, pidiéndole a Schach –el antílope- y a Shari –la oveja- que les prestaran auxilio.

El hecho de que contaban con cierto número de compañeros buscando por todos lados –incluida Carim-, era algo que hacía que sus esperanzas siguiesen ardiendo.

Sin lugar a dudas, Hayate Yagami, con su extraña y graciosa forma de ser, se había ganado más de un corazón durante su estadía con ellas.

-"Voy a patearle el trasero a ese tal Ian cuando lo vea –resopló Vita, rascando el suelo con sus pezuñas-. Si no tuviera a esa bola de perros detrás, no sería tan valiente."

-"¡Vita!" –regañó Suzuka.

-"Ah, perdón, Fate –sacó la lengua-. Lo de perro no era para ti."

-"¿Gracias?" –rió la aludida.

Finalmente, llegaron al cruce de un río, donde todas, menos Nanoha, se despidieron para volver a casa. En cuanto estuvieron solas y creyeron prudente el poder hablar, se miraron la una a la otra con seriedad.

-"Hay que tener más cuidado a partir de ahora. Yo seguiré viniendo a buscarte, mientras no cruces sin mí no debería haber problemas."

-"Um –acordó, un poco desalentada. Los ojos azules pegados al piso-. No me importa lo que me pase si puedo verte, ¿lo sabes, no?"

Fate separó las mandíbulas para decir algo, mas las pupilas brillantes y tristes del cordero la hicieron cerrar la boca. Las orejas punteadas de negro se doblaron a medida que desviaba la vista a un lado, no sabiendo exactamente qué debía decir en esa situación.

Estaba completamente segura que no dudaría en defender a la pequeña criatura consigo; sin embargo, también estaba consciente de que no era invencible.

Pelear contra un oso y contra una hiena eran dos cosas por sobre mucho distintas, especialmente en materia de peso.

-"Fate-chan –el suave llamado la hizo dirigir la mirada a ella mientras sus orejas saltaban rectas-, no pienses en esas cosas. No se trata de si puedes proteger lo que tenemos –se acercó y apoyó la cabeza contra su pecho-, se trata de que las dos lo hagamos juntas."

-"Déjame ser egoísta, Nanoha –murmuró al pasar el cuello tras la nuca blanca-. Prefiero morirme yo, a que te pase algo a ti."

-"¡No digas eso! ¡Nada de eso tiene por qué pasar!" –berreó de inmediato.

El cordero se separó abruptamente del calor que le proporcionaba la lobezna, los ojos azules viéndole con una terquedad casi tormentosa. Las fauces doradas se abrieron entonces, queriendo replicar ante aquello; no obstante, todo intento acabó en una sonrisa semitriste.

-"A veces me pregunto, qué habrá sentido mi madre al dar su vida por aquellos que amaba."

-"¿Fate?"

La pregunta salió en un hilillo de voz al tiempo que se aproximaba a ella, una de sus pezuñas posándose suavemente sobre la pata negra de la cazadora. Las orejas puntiagudas revolotearon un poco, entonces, y el gesto en su boca se amplió todavía más.

Pero sin abandonar ese toque de melancolía.

-"Es tarde, Nanoha. Tienes que volver."

La aludida agachó la cabeza y cerró los párpados blancos, los cuales temblaron. De súbito, se pegó por completo al pecho de la lupina, una vez más, refregando la cara en el pelaje terso y cálido.

Luego, se separó y marchó hasta el enrejado. Antes de cruzar a donde pertenecía, volteó la faz y su mirada zafiro se topó con aquélla borgoña.

Fate continuó sonriendo, con la tristeza marcada en sus orejuelas caídas.

-"Si llegas a partir de este mundo –habló firmemente, a pesar de los espasmos que distorsionaron su voz-, no te lo perdonaré, Fate-chan."

La depredadora le vio pasar al otro lado al fin, escalando luego las colinas y perdiéndose más allá del horizonte oscuro. Cuando estuvo segura de que Nanoha estaba a salvo, dio la media vuelta para volver a casa.

No sin echar un último vistazo atrás, antes de internarse en el oscuro bosque.

"Lo sé, Nanoha. Pero no se puede vivir ocultas por siempre…"

" – " – "

La luz matinal empezó a molestarle, a pesar de que se mantenía con los ojos cerrados; finalmente, optó por mover la cara al lado contrario, en busca de confort.

Aquel movimiento hizo que la criatura a su costado despertase, con la vista somnolienta contemplando el lugar desconocido en el que ahora se encontraba.

En cuanto vio los párpados oscuros moverse, el sueño se le fue por completo y ella no pudo evitar ponerse de pie cual resorte.

-"¿Hayate?"

El tono suave hizo que los orbes azules se revelasen, abriéndose y cerrándose varias veces hasta lograr acostumbrarse a los rayos del sol. Las imágenes borrosas e inquietas, lentamente fueron recuperando nitidez así como sentido.

-"¿Hayate?"

-"¿Carim…? –salió su voz rasposa y cansada-. ¿En dónde… estoy?"

Cualquier intento por pararse quedó en el olvido al darse cuenta que el más mínimo movimiento hacía su cuerpo palpitar de dolor; así que sus ojos se pasearon pacientemente alrededor del lecho de paja donde yacía, dentro de lo que asemejaba una pequeña cueva por cuya entrada veía ya la luz.

-"Estamos en la zona prohibida –aclaró, no sabiendo exactamente qué decir cuando ella jamás había pisado ese lugar-. Creo que es tu familia la que nos trajo aquí."

-"¿Mi familia?"

-"No lo sé muy bien –negó con la cabeza-. Dime, ¿recuerdas qué sucedió?"

Con el hocico pegado al suelo, el licaón le vio recostarse a un lado suyo. La mente de Yagami empezó a trabajar entonces, haciendo un esfuerzo por recapitular lo que había pasado horas antes de que se desmayara.

Una punzada en la cabeza la hizo soltar un quejido, provocando que de inmediato el dingo frotase su frente con la de ella, en un intento por calmar la picazón.

-"¿Hayate?"

-"Yo… iba camino al Paso –las imágenes revivían distorsionadas, con las sombras de varias criaturas aclarándose cada vez más rápido conforme sus sentidos adoloridos empezaban ya a reaccionar-. Tú no estabas ahí, se suponía que te vería allí."

Aquellas palabras hicieron que la culpa se reflejase en las pupilas lavandas, las cuales viajaron hasta el piso para no verle a la cara.

-"Ian y los suyos, bastantes perros –otro quejido abandonó su hocico y ella colocó ambas patas delanteras sobre éste-; no recuerdo muy bien cómo pasó todo, mi mente está hecha un desastre. La cabeza me va a estallar."

-"Tranquila, no te esfuerces demasiado."

-"¿Hay un río debajo del Paso, cierto? –la cara finalmente fue despegada del suelo, con los ojos azules contemplando aquellos oscuros y preocupados-. Sé que caí en uno, todo es una mancha borrosa a partir de allí; nunca me ha gustado nadar, pero ese día nadé como nunca lo hice en mi vida."

-"Resbalaste del risco. Cuando llegué ya era demasiado tarde" –susurró, plegando las orejas y entrecerrando la vista.

-"Pensé que jamás tocaría la orilla. Me pregunto qué tanto y por cuánto tiempo me habrá arrastrado la corriente…"

Las garras rascaron los trozos de hojarasca leonada, atrayendo la mirada de Carim, que le vio levantarse sobre sus cuatro patas tambaleantes. Hayate estuvo a punto de volver a caer, de no ser porque se obligó a sí misma a permanecer derecha.

El dingo se puso en pie también, dispuesta a pedirle que se recostase de nuevo, cuando la figura del perro mayor y dos de sus soldados entraron al refugio.

-"Diablos –masculló ente colmillos y sonrió de lado-, debo verme terrible."

-"Tienes bastantes cosas que explicar, Hayate –Graham ignoró el comentario anterior-; y espero que tengas muy buenas excusas."

-"Estoy trabajando en ello, tío" –rió apenas.

-"Camina."

-"¡¿Está bromeando? ¡Hayate siquiera puede…!"

La frase de Carim quedó cortada al ver a su compañera pasarla de largo, siguiendo obedientemente a quien era en efecto su familiar, y cojeando de una pata delantera y una trasera mientras lo hacía.

La damisela pura siguió a los cuatro perros salvajes entonces, encontrándose con varios más esperando afuera. Los numerosos rostros manchados y oscuros se alzaron para mirar con respeto al líder del clan, que marchaba junto a sus dos comandantes y sobrina.

-"Mish –suspiró Yagami-, ojala que se fijen en mí y no en las vendas que me tienen como momia."

-"Hayate –Carim musitó a su lado-, deberías descansar. No creo que…"

-"Hayate es mi sobrina –el mayor les interrumpió-, que le hayan dado una golpiza debería de haberle enseñado que no hay tiempo para dormir."

La aludida lanzó un gruñido.

-"No fue una pelea justa –quiso defenderse, pasando después una pata por la venda que rodeaba la parte superior de su hocico-. Hubiera ganado de ser así."

-"Y en cambio te quedaste."

-"¡Claro que me quedé! –ladró en reclamo-. ¿Acaso querías que hubiese huido?"

-"Hubiese querido que fueses menos estúpida –las palabras hicieron que su sobrina apretara los colmillos-. ¿Es que acaso no has aprendido nada, Hayate? Sólo porque el enemigo te sobrepasaba en número es un miserable pretexto, debiste de haber utilizado el campo a tu favor."

La ojiazul guardó silencio, agachando la cabeza y cerrando los ojos mientras se perdía en sus pensamientos; al ver eso, Gracia se inclinó hacia ella, queriendo animarla.

Sin embargo, la voz seria del jefe le advirtió de no hacerlo.

-"Si quiere felicitarla, no lo haga para hacerla sentir mejor. Consentirla no hará más que volverla un cachorro débil y malcriado."

-"Aquél que trastabilla debe levantarse por su fuerza –repuso el primer comandante-, o pasará toda su vida como simples ojos que contemplan desde el suelo."

El tono serio del perro que caminaba a la vera derecha de Graham, cuya piel era de color crema con rayas y motas negras, al igual que un ojo manchado, la hizo darse cuenta de dónde provenía indudablemente el carácter tan implacable de su amiga.

Firme y nunca sin echarse hacia atrás.

En ese momento, la cánida dorada supo que de haber sido ella, probablemente no estaría en pie; mucho menos habría sobrevivido a la caída de aquel alto peñasco.

A pesar de que el misterio de ese sitio seguía confundiéndola un poco, el hecho de que fuese comprendiendo las raíces de la manera de ser Hayate, le llenaba de cierta satisfacción. Le agradaba que fuese ella, quien pudiese ver todas las cosas distintas que contaban la profundidad de esos ojos zafiro.

-"Estoy bien –las palabras de Yagami la devolvieron a la realidad, acordándose de que seguían marchando tras los otros-. Siento que me aplastaron unos cinco elefantes gordos y feos –se rió, imaginándose a Ian y a su manada como un montón de bolas con patas-; pero no por ello tienes que preocuparte. Las heridas sanan, ¿sabes?"

Carim quiso disculparse, sintiendo el arrepentimiento asentarse en su estómago pesadamente. No obstante, se vio impedida de hacerlo cuando todos se detuvieron a las orillas de un lago no muy lejos de donde vivía el clan.

Las aguas tranquilas y claras reflejaron el rostro de ambas, con la espuma blanca arremolinándose alrededor de una que otra roca gris. Un rugido hizo que la damisela desviase la vista hasta una enorme cascada, cuyas olas y burbujas alimentaban tanto las aguas como la vegetación que yacía en las cercanías.

-"¡Hayate! ¡No sabes cómo me alegra verte viva!" –exclamó Aria.

Lotte Lieze salió del río para depositar un pescado enfrente del licaón, que le observó divertida. La felina se sentó en sus cuartos traseros y agitó la cola, con los ojos azules brillando de la emoción.

-"Tanto tiempo… ¡recuerdo cuando eras apenas un cachorro!"

-"¡Lotte!" –chilló Hayate, no queriendo que mencionase recuerdos vergonzosos frente a Carim.

-"En ese entonces tenías mejor apariencia, claro" –cerró un ojo al ver las vendas en el cuerpo de la otra.

-"Déjala en paz –intervino su hermana al alcanzar la orilla y sacudir su pelaje marrón-. No deberías de decir esa clase de cosas cuando Hayate trae invitados a casa."

-"Pues qué manera de traerlos, eh. Nada más procura venir consciente la próxima vez."

La risa de Lotte se fue perdiendo conforme ambas fossas se dirigían al bosque, escalando de inmediato los troncos de los árboles en un dos por tres, para después viajar de rama en rama cual estrellas fugaces.

Para cuando el licaón y el dingo hubieron retornado la vista al río, una pila de pescados saltaban en la tierra. Graham y el comandante que le hubiese dirigido la palabra antes a Gracia, tomaron gran parte del botín para retirarse de allí.

Mientras tanto, el tercero a cargo se quedó parado frente a ellas.

-"La ración de comida debería ser suficiente para que recuperen sus fuerzas –dijo, apartando con su hocico la mitad de criaturas acuáticas que habían quedado-. ¿Puedo pedirle de favor que cuide a la sobrina de nuestro líder, señorita? Las aguas de esta cascada tienen propiedades curativas, pero por desgracia Yagami-san siempre ha tenido un problema a la hora de mojarse."

-"Eso suena a que mi tío no me tiene confianza…" –Hayate agachó la cabeza, moviendo los ojos de izquierda a derecha al saberse descubierta.

Carim simplemente sonrió y asintió. Observó al perro plateado sujetar la porción de alimento correspondiente para después ir detrás de los otros dos. Para cuando regresó la vista hacia Hayate, le encontró recostándose con sumo cuidado cerca del pescado ofrecido.

-"Suena a que todos aquí te conocen."

-"La mayoría de los lobos pintados jóvenes que ves aquí, crecieron conmigo de pequeña –respondió, viéndole echarse a su costado-. Podría decirse que somos hermanos."

-"¿Por qué te fuiste?"

La repentina pregunta hizo que sus colmillos dejasen de raspar las escamas del pez entre sus patas. El licaón se relamió el hocico, tomándose su tiempo para engullir lo poco que había podido atrapar.

Por escasos segundos, su compañera pensó que había sido imprudente. Sin embargo, la ojiazul tan sólo encorvó el cuello para empezar a hablar.

-"Cuando era muy chica perdí a mis padres en una afrenta con un león que intentaba robar la presa que el clan había cazado, pero te juro que eso no tiene nada que ver con mi afán por molestar a Signum –rió ligeramente-. En fin, como resultado de aquello, el hermano de mi padre tomó su lugar; tarde o temprano llegaría mi turno."

Asió su comida una vez más y arrancó un trozo de carne para tragarlo de un solo golpe. Carim, que comía más despacio, se mantuvo en silencio.

-"La formalidad nunca ha sido lo mío –rió de nuevo, masticando un nuevo pedazo-. Todos aquí esperaban que Hayate Yagami sucediese a su tío algún día; la verdad es que, ni yo misma sé muy bien qué es lo que quiero."

-"Hayate, no entiendo –la miró a los ojos, con la incertidumbre reflejándose en los suyos-. Si tenías tu propio clan, ¿por qué abandonarlos para luego llegar a un sitio donde te atacan por ser diferente? Aquí mismo todos te respetan a ti."

-"Tal vez por eso me aburrí. No me malinterpretes, adoro a mi numerosa familia, mas simplemente sentí que tenía que haber algo más. Yo no me veo como mi padre, Carim, ¿cómo voy yo a liderar un grupo de perros si me río hasta de la mosca que se me para enfrente?" -las risas acompañaron sus palabras.

-"Tonta."

El dingo se reservó el resto, sabiendo de antemano que aunque su amiga era la broma andando, también tenía un fuerte carácter que no vacilaba en conseguir algo cuando se lo proponía.

Se preguntó qué clase de infancia habrían tenido los perros salvajes de allí, que crecían con ojos y portes seguros; rectos como el acero y fieles al lazo de sangre que les unía.

Por meros momentos, supo que no había comparación alguna entre el clan que dirigía Ian y el que dirigía Graham. Ambos eran tan distintos.

Viendo a todos convivir y trabajar en conjunto, no importaba si jamás habían asistido a un lujoso colegio o conocido las clases de etiqueta. Tenían voluntad, fe y corazón.

Lo mismo que la había atraído hacia Hayate, o eso era lo que Carim pensaba.

-"Ya comí, regresemos con el resto" –bostezó y chasqueó los dientes con pereza.

Apenas se hubo parado y dado la vuelta, una boca se cerró en la oreja que no tenía lastimada, deteniéndola en el acto. Hayate lanzó un chillido para voltearse a verla, encontrándose con las facciones de la otra peligrosamente serias.

-"Al río, ahora."

-"¡Pero Carim! –gimió, sintiendo de pronto el vientre dolerle ante el respingo que había pegado-. De verás, estoy bien…"

-"Tu cara me dice lo contrario. Anda, apresúrate, te ayudaré a lavar las heridas."

Con un suspiro derrotado, el licaón se internó en las aguas que se apreciaron frías en un principio, arrancándole unos cuantos quejidos de incomodidad. En cuanto llegaron cerca de la cascada, las dos habían retomado su forma humana en aras de comenzar con la tarea de curación.

La mueca de desaliento continuó en la faz de la castaña, inclusive después de que se hubo sentado entre las aguas bajas y abrazado sus rodillas. La rubia a su lado tan sólo se sonrío, acuclillándose detrás suyo para recoger un poco del líquido y empezar a enjuagar los cabellos cortos.

Cualquier rastro de abatimiento fue desplazado por un segundo suspiro, esta vez, de satisfacción. Hayate cerró los ojos y se dedicó a disfrutar del fresco y delicado masaje que estaba recibiendo, aguantándose las ganas de quedarse dormida durante el proceso.

-"¿Sabes? Creo que serías una estupenda líder. Ya conoces a todos aquí después de todo, ¿no?"

-"Pero debo volver –contestó semidespierta-, no puedo quedarme de patas cruzadas por…"

-"Lo sé, lo sé –susurró en voz tranquila, abandonando los mechones cafés para deslizarse hasta sus hombros, los cuales descubrió al apartar suavemente las prendas que les cubrían-. Estaba hablando a futuro."

-"¿Quieres… que me quede aquí?"

Las pupilas azules se entreabrieron y contemplaron el reflejo de ambas en el agua. Hayate sabía muy bien la infinidad de ventajas que tenía en su propio hogar; sin embargo, si no regresaba no podría volver a ver a sus amigas.

O a ella.

El pensamiento alcanzó rápidamente a Carim, que había estado admirando las reacciones de la otra a través del espejismo marino; mas antes de sonreírle para reconfortarla, una larga lastimadura en el hombro derecho la hizo enarcar la ceja.

-"¿Duele?" –preguntó al pasar las yemas de sus dedos, mojados por el agua fría.

-"Un poco."

No obstante, los espasmos por parte de la joven herida, no hicieron más que preocuparla y alimentar un poco el resentimiento olvidado en ella; lentamente, acarició la piel alrededor de la cortada, tratando lo mejor posible por no incomodar a la ojiazul.

-"Aquí pareces estar más segura –retomó la conversación-. Claro que me sentiría muy triste si te fueses, pero…"

-"¿Pero?"

Carim suspiró.

-"Sólo quiero que estés bien" –sus palmas se apoyaron suavemente sobre los hombros desnudos.

-"Estoy bien –la castaña frunció el ceño-. No tienes que preocuparte tanto por mí, puedo apañármelas sola."

-"Pero es que no estás sola."

La sensación de los brazos rodearle el cuello, por detrás, hizo que el calor subiera a sus mejillas mientras los latidos del corazón se volvían más intensos. La vista zafiro se desvió al reflejo en el agua entonces, sintiendo la respiración de la otra hacerle cosquillas a su piel.

-"Me tienes a mí, Hayate. Por favor, no me digas que me vaya."

-"¡No! Yo… no es eso –titubeó, con la mente volviéndosele una maraña de pensamientos-. No quiero inmiscuirte en mis problemas…"

-"¿Por qué eres tan terca?"

La mano de Carim tomó una de sus mejillas para obligarla a voltearse a verla, encontrándose pronto con aquellos orbes azules e inseguros; una sonrisa amable se trazó en los labios de su curandera y ella se sintió estar en un sueño.

-"No hubiera venido hasta aquí si realmente no me importases, Hayate. Colmillo y todo lo demás se puede ir al diablo –se sonrojó ante la última palabra, causando que la castaña se riera por eso-; el punto es, el punto es…"

La rubia juntó sus frentes al tiempo que cerraba los ojos, tratando de buscar la frase correcta que pudiera darle a entender lo mucho que significaba en su vida. El zumbido de la cascada sonando detrás de ambas, como el susurro del batir de alas de las libélulas.

-"No tengo de idea de qué hiciste o cómo lo hiciste –vaciló, separándose lentamente para verle a los ojos-, desde el primer momento supe que eras diferente. No por los colores o la especie que seas, eso no tiene importancia; sino por tus gestos o todas las cosas que decías. Hacías que algo tan simple, fuese tan valioso."

-"En ese caso, ¿eres lo más simple que he conocido?" –sonrió un poco.

Risas suaves abandonaron los labios de Gracia, que negó con la cabeza para después ponerse de pie; se colocó ahora frente a Hayate, acuclillándose una vez más para continuar checando las heridas.

-"No sabes lo aliviada que me siento, ahora que te veo sana y salva."

El tono cariñoso conmovió cada fibra del ser de Yagami, que no pudo evitar dirigirle una sonrisa tímida.

Cuando las manos de la rubia empezaron a desabrochar el chaleco negro, quitándolo, y después sujetando el dobladillo de la camisa blanca del uniforme para hacer lo mismo, la castaña rápidamente sujetó sus muñecas.

-"¿Qué haces?" –preguntó divertida.

-"¿E-Es necesario-o?" –balbuceó nerviosa.

-"Hayate –habló seria-, si no lavamos tus heridas, de nada habrán servido todos los cuidados de ayer. Anda, suéltame ya."

Ante el regaño, la nombrada hizo lo dicho. El obstáculo del agua congelada lo había pasado hacía mucho –los gestos y las palabras de la dama le habían ayudado bastante-, pero el tener que quitarse un par de prendas enfrente de ella, era otro asunto muy distinto al de sólo mostrarle sus hombros desnudos.

Apenas la camisa fue despojada por medio de sus brazos y cabeza, se abrazó a sí misma por la repentina brisa fría que le recorrió el torso desnudo; solamente recubierto por una venda que le cruzaba el pecho y parte de su espalda.

Sin embargo, los dedos que rozaron la piel de su vientre se sintieron mucho más fríos y electrizantes; aquello la hizo estremecer, a lo que tuvo que desviar la cabeza para ocultar su vergüenza.

Las caricias delinearon cuidadosamente las varias cortadas que se dispersaban por el abdomen, consiguiendo que la mirada de Carim se apagase por la culpa. La humedad, que había estado tocando sus piernas hasta entonces, alcanzó por fin sus ojos.

-"Estoy bien, ¿cuántas veces más debo repetírtelo?"

La voz gentil de Hayate, así como las manos que sujetaron las suyas, la hicieron alzar la cabeza para verla. Las pupilas azules se ablandaron mientras una sonrisa amable se trazaba en sus labios; con algo de miedo, la rubia se soltó y se atrevió a tocar por último la incisión que empezaba desde un poco más arriba de la base de su cuello, y acababa en la cima de la hendidura del pecho de su compañera.

Los párpados de la castaña se cerraron con ligero dolor, temblando inconscientemente por los sutiles toques que hacían estremecerla por dentro y por fuera; cual si fueran plumas cosquilleantes las que palpasen su piel.

De nuevo, apresó sus muñecas, suplicándole con la mirada que la viese a los ojos. Así lo hizo Carim, mas el sentimiento de arrepentimiento y culpabilidad hicieron que derramase algunas lágrimas; aquéllas que se fundieron con las aguas curativas de la enorme cascada.

-"Te he fallado…" –gimió mientras bajaba la vista en vergüenza.

-"¿A mí? No seas tonta –una sonrisa triste salió de los labios de Yagami-. Para mí todo lo que hagas siempre será perfecto, como tú."

-"Pero…"

-"¿Acaso crees que te lo diría, si no fuese verdad?"

Las órbitas azules se entrecerraron, brillando en una marejada de sentimientos que hizo que las lágrimas de pena, se convirtieran en unas de suma alegría. No pudiendo contenerse, Carim arrojó los brazos a ella, llorando y confesando lo mucho que había dolido el siquiera considerar que jamás volvería a verla.

Que jamás mencionaría su nombre de nuevo o jamás la invitaría a salir por las noches para ver las estrellas.

Hayate tan sólo se dedicó a escuchar, frotando con paciencia la espalda de la rubia que se refugiaba en su cuerpo herido y cansado. Transmitiéndole sin palabras, que agradecía tanto que la hubiese buscado sin parar, y que se hubiese quedado a su lado.

-"¿Carim? –llamó en un susurro suave, peinando los largos cabellos dorados y disfrutando el perfume de éstos-. ¿Fate y las demás… te contaron el por qué quería verte en el Paso?"

-"Mhp –negó, ya más calmada-, ¿vas a decirme?"

-"¿Quieres saberlo?"

En aquel momento, las manos de la ojiazul se situaron sobre sus hombros para alejarla unos cuantos centímetros; permitiendo así, que sus miradas trémulas se encontrasen.

-"¿Por qué? –musitó, justo cuando los dedos de la castaña acunaron su rostro-. ¿Por qué querías verme en el Paso, Hayate?"

-"Por esto."

Y sin decir ni esperar nada más, la joven de las afueras cerró los párpados para luego aprisionar con sus labios aquellos que tenía frente a sí; las palmas de la rubia hicieron presión en su espalda, cuidando de no tocar tanto las heridas en ésta.

El beso suave y cálido hizo bombear el corazón de Yagami como nunca, olvidándose por completo de la frialdad del agua que les rodeaba; perdiéndose en las miles de sensaciones que cruzaban por sus nervios y le hacían suspirar conforme una lengua acariciaba la suya muy despacio.

El calor pronto subió a sus mejillas así como la falta de oxígeno las obligó a separarse, con las respiraciones de ambas tratando de normalizarse.

-"¿Esto… -jadeó un poco-… es lo que querías decirme?"

-"Um –acordó apenada-, pero como que un beso tuyo sale algo caro, ¿no crees?" –rió, refiriéndose al incidente que había ocurrido la tarde anterior.

-"¡Hayate!"

Las risas poblaron el lugar, con la dicha y el gozo siendo reflejados por las aguas espumosas y frías de la cascada. Aquéllas donde, por primera vez, Carim Gracia comprendía al fin el hechizo que cierto licaón había impuesto sobre ella, sin que se diese cuenta en un principio.

" – " – "

Las huellas húmedas dejaron su marca en la tierra que pisaban, encaminándose directo hacia el lugar donde miles de perros salvajes se vislumbraban ya.

Las pupilas lavandas del dingo observaron a los más cercanos encima de las rocas grandes y altas, los cuales parecían ser los vigilantes; parándose de inmediato en dos patas, para luego caer al suelo ante el peso desequilibrado, lo que provocaba que volviesen a apoyarse sobre sus cuartos traseros. Repitieron la acción unas tres veces, con las orejas siempre enhiestas y sus cuerpos dando la impresión de que querían imitar el salto de un canguro.

Aquella pose graciosa -que de seguro su compañera a su lado también debía de hacer-, hizo reír a Carim, que no pudo evitar voltear a ver a una confundida Hayate.

Avanzaron hasta adentrarse en la manada, que como siempre, mostraba sus respetos a la sobrina del líder y a la invitada que venía con ella.

-"¿Cómo te sientes?" –habló Graham una vez que estuvieron frente a él, con la voz siempre rasposa y ronca.

-"Mejor" –mostró una larga sonrisa, no molestándose en entrar en detalles sobre lo que había pasado en la cascada.

-"Me alegra saberlo –el mayor imitó el gesto-. Creo que será bueno que te pongas al día con las tareas del clan y…"

-"Tío."

El tono serio de Hayate hizo que el aludido cortase su oración. Vio a la joven licaón mirar de reojo al dingo a un costado suyo, cual si necesitase de una breve inspiración para hacer lo que estaba a punto de hacer.

-"He tomado una decisión –dijo alto y claro-. Voy a regresar a Colmillo Brillante."

-"¡Yagami-san! ¿Pero qué está diciendo? ¡Sus heridas no han sanado! Si vuelve en esas condiciones, podrían…"

-"¡Áster!"

El llamado severo hizo que el comandante plateado detuviera sus pasos y se voltease a ver a su líder, que le dirigía una mirada grave. Ante eso, regresó a su posición anterior, al lado izquierdo de Graham, y se mantuvo callado mientras cerraba los ojos.

-"¿Por qué quieres retornar a ese lugar escabroso? Tienes responsabilidades que cumplir aquí, y toda una familia que te respaldará sin chistar."

-"No soy como tú, tío. No me interesa liderar un clan ni mucho menos; además, hay quienes me necesitan del otro lado –alzó el cuello y plantó la pata derecha delantera al frente-. No puedo salir corriendo con la cola entre las patas, tú mejor que nadie deberías de comprenderlo."

Los ojos marinos del perro viejo le contemplaron impasibles, chocando con aquellas lozanas pupilas, decididas e implacables. Las facciones y la boca de Yagami torcidas en un gesto determinante, aún cuando todos a su alrededor tenían la vista puesta en ellos.

-"Je, tal como lo esperaba de la sobrina del líder –bufó divertido el primer comandante, Atariel-. Si lo que quiere es irse, pienso que deberíamos dejarla; ¿o acaso opinas lo contrario?" –cuestionó con el mismo tono.

-"Yo no tengo sobrinas cobardes" –le contestó al perro a su derecha.

Finalmente, con un suspiro, una sonrisa parca pero sincera se formó en el rostro del Líder, que asintió una sola vez a la petición. Ante eso, las orejas de Hayate se irguieron rectas mientras los orbes azules brillaron de emoción, sabiendo que estaba haciendo lo correcto.

-"Yagami-san –habló el segundo comandante de nuevo-, por favor siéntase libre de regresar cuando quiera."

-"Aún si Áster y yo tomamos el mando un día, quiero que sepa que para nosotros usted y el general Graham siempre serán nuestros verdaderos líderes; así como lo fue su padre también."

-"Gracias, Atariel –murmuró Hayate, cerrando los ojos en gratitud-. Lo tendré muy presente."

-"Una última cosa."

Las palabras del mayor hicieron que tanto el licaón como el dingo, que ya empezaban a marcharse, virasen el rostro hacia atrás. La mirada del jefe se posó entonces en Carim, cuyas orejas puntiagudas saltaron al instante.

-"Señorita, Hayate Yagami es un ser muy fuerte, pero sigue siendo la única sobrina que tengo –por primera vez, el tono suave y nostálgico de alguien de su edad, se dejó oír-. Usted parece muy cercana a ella, por eso confío su vida en sus manos."

-"No lo defraudaré, entonces" –selló la promesa.

-"¡Hayate! ¡Hayate, vuelve pronto! ¡Vuelve mañana!"

-"¡Lotte, deja de decir tonterías!"

Los gritos de las fossas, que les habían seguido hasta subir y detenerse en las ramas de los primeros árboles, les llegaron como un canto de despedida; acompañado del aullido en coro que todos los licaones que habían dejado atrás, ya entonaban al cielo anaranjado de la tarde que moría.

Los ojos oscuros de Graham se mantuvieron fijos en el bosque, hasta que finalmente, la sombra de su sobrina y del dingo palidecieron hasta desaparecer por completo.

Pudiendo sentir, aunque no fuese capaz de verlas, las sonrisas que debían de llevar en sus rostros.

" – " – "

-"¡Tenemos que seguir buscando! ¡Debe de haber algún lugar que todavía no hemos revisado!"

-"Cálmate, Fate, desesperarse no ayudará en nada –Arf quiso tranquilizarla al observar que no paraba de caminar en círculos-. Nanoha y los demás también están ayudando, seguro que pronto aparece."

-"Tampoco hemos visto a mi hermana –comentó Verossa mientras metía las manos en los bolsillos de su pantalón negro-. Me pregunto si estará bien."

Subaru se sentó un rato y contempló el ya conocido paisaje a su alrededor. A pocos metros, entre los troncos de los árboles, podía avistar la gigantesca estructura oscura de lo que era Colmillo Brillante, alzándose en la colina allí cerca.

Luego, su vista se paseó hasta la arboleda detrás de todos, escuchando el trino de las aves. Cuando creyó ver algo a lo lejos, entrecerró los ojos, haciendo caso omiso de lo que sea que Tía estuviese diciéndole.

-"¡¿Me estás prestando atención?" –gruñó el tigre enojado.

-"Ajam, es que… -mintió obviamente-. ¡Hayate!"

El chillido de la pantera atrajo la atención del resto, que siguió con la mirada la trayectoria más allá de los árboles; allí por donde dos sombras se aproximaban lentamente hacia ellas, la segunda apoyándose en la primera para avanzar.

Pronto, los últimos rayos del sol que se colaban entre las hojas, iluminaron las siluetas del dingo y el licaón que se abrían paso entre la floresta.

Las caras de sus amigas así como sus palabras de preocupación y alegría rápidamente envolvieron a Yagami, que no supo si marearse por todo aquello o simplemente sonreír.

Sin embargo, todas las voces cesaron cuando un alto gruñido las hizo virarse, solamente para observar la figura del perro negro y toda su jauría, que ahora bloqueaban la vista a Colmillo Brillante.

-"¿Así que sigues con vida? Qué resistentes son los bichos de hoy en día."

Aquello hizo que Fate y los demás pelasen los dientes, dispuestos a pelear por su compañera; no obstante, fue Hayate misma la que dio varios pasos al frente, haciendo el esfuerzo por sostener su cuerpo herido.

-"¿Te sorprende? –le respondió, con los ojos azules y filosos entrecerrados-. De ninguna manera voy a morir en manos de alguien tan cobarde como tú."

-"¿Es eso lo que piensas? –se rió a sueltas-. Ya veo, has vuelto para que te demos otra lección" –sonrió anchamente, mostrando todos los colmillos.

Algunos cuchicheos se extendieron a lo largo de la manada detrás suyo, siendo uno de los cánidos en la primera línea el que se atrevió a hablarle mientras mantenía las orejas abajo.

-"¿Eso está bien? –inquirió con temor un dingo blanco y negro-. Es decir, mírela…"

-"¿Qué estás diciendo? –murmuró enojado, viendo de reojo los rostros aterrados e inseguros de algunos-. ¡Cómo te atreves a dudar luego de que obedeciste mis órdenes el otro día!"

-"¡Pero es porque ella podía defenderse! ¿No es algo cruel si nosotros…?"

Las mandíbulas se cerraron en el cuello de su subordinado, azotándolo contra la tierra para después levantarlo y zarandearlo en el aire como si fuese un simple muñeco; luego, lo arrojó hacia el tronco más cercano, con la espalda del perro tronando fuertemente antes de caer al suelo.

Orejas de distintos colores se plegaron hacia atrás a medida que los ojos observaban hipnotizados los colmillos manchados en sangre del enorme can negro.

-"¿Alguien más tiene algo que decirme?" –preguntó tranquilo, sonriendo al ver que todos negaban de inmediato con la cabeza.

Un dingo café, con la cara, el pecho, el vientre y la parte inferior de la cola variando entre el blanco y el matiz crema, trotó hasta su compañero caído. Le instó a pararse, manteniendo sin embargo su mirada perdida y preocupada en el líder del clan.

-"¿Qué estás esperando, Orión? Si no regresas a las filas, yo te regresaré a la fuerza."

Los ojos oscuros de Ian le vieron obedecer mientras jalaba al dingo bicolor consigo. Después, su vista volvió de nuevo sobre Yagami, cuyas facciones feroces no habían cambiado en absoluto.

-"¡Es uno de los tuyos! –exclamó la lobezna, pasando de estar sorprendida a enfurecida-. ¡¿Cómo puedes siquiera tratarlo así?"

-"Aquél que cuestiona mis palabras merece ser castigado."

-"¡Te equivocas!"

Esta vez, fue Hayate la que gritó, dando otro paso adelante y jamás apartando los ojos de ésos azabaches y orgullosos. Ian entonces soltó un bufido, divertido, haciendo un ademán con la cabeza para señalar al frente.

Entonces, los dingos detrás suyo bajaron los cuellos, irguiéndolos en tanto sus gargantas empezaban a gruñir de manera amenazadora.

-"Quien se aprovecha de sus semejantes, nunca podrá llamarse líder."

-"En este mundo el más fuerte es el que prevalece –sus patas abandonaron la elevación donde estaba para saltar y quedar a la misma altura que su débil contrincante, con unos pocos metros separándoles-. Hasta tú deberías de saberlo, mestiza" –sonrió de lado.

-"No es así. El más fuerte está para proteger al más débil" –rebatió, con la seguridad y la firmeza fluyendo en ella, a pesar de su apariencia herida y vendada.

-"Entonces, ¿por qué no me lo demuestras?"

Los cuartos negros se apoyaron contra la tierra, para después desvanecerse del lugar donde habían estado y dirigirse a toda velocidad hacia el licaón que ya estaba a unos cuantos pasos de sus mandíbulas abiertas.

Sin embargo, sus patas delanteras dejaron de tocar el suelo cuando una cabeza le golpeó por debajo del mentón, causando que se detuviese y tuviese que retroceder ante el ataque; para cuando terminó de sacudir el rostro, abrió furioso los ojos.

-"¡¿Carim?"

La mirada perpleja de Ian avistó al dingo dorado que permanecía encorvado frente a Hayate, protegiéndole; la africana observándole desde atrás, con las pupilas zafiro serias, para nada asustada ni por él, ni por todo el ejército que le respaldaba desde la entrada al bosque.

-"¡¿Vas a ponerte de su lado?"

-"Yo siempre he estado a su lado."

La respuesta de Gracia no hizo sino hervir la sangre del jefe, que lanzó un rugido feroz a los cielos, incitando a que de inmediato el resto de la jauría brincase para atacarles; a excepción de Orión, que se quedó junto al dingo herido y junto a un puñado más que estaba demasiado desconcertado como para acatar órdenes.

En cuanto vieron a los cánidos acercarse, Signum y los demás no dudaron en correr para socorrer a sus dos compañeras; no obstante, tanto ellas como los seguidores de Ian se detuvieron de golpe al ver cómo algunas sombras de diferentes tamaños aparecían al lado de Hayate.

Con las bocas abiertas, los colmillos reluciendo y los bramidos altos y feroces.

El can negro retrocedió lentamente, al igual que sus subordinados, que no despegaban la vista del tigre blanco, los ligres, ligones, osos pizzlys, algunos perros salvajes y otras criaturas que reconocían como híbridos; todos caminando cada vez más hacia delante con las mandíbulas al aire, obligando a los dingos a recularse y a alejarse más y más de Hayate y Carim.

A pesar de la diferencia entre números, el porte seguro y las tallas grandes, así como las garras centelleantes lograron que al final Ian gruñera para ordenar a los suyos retirarse.

Saltaron todos de vuelta por la elevación, con el líder anunciando la batalla como pospuesta.

Hayate permaneció quieta en su lugar, contemplando los ojos oscilantes y amarillos del dingo marrón que le observaba desde la entrada del pasaje. El grupo, que todavía no se había movido para seguir a sus camaradas, también le vieron, con las orejas plegadas y las bocas entreabiertas.

Alternando la vista –perdida y dudosa- entre ella y sus semejantes, que ya se alejaban camino al colegio.

-"Vamos" –habló Orión por fin, cerrando después los ojos en lo que pareció una señal de derrota, mientras ayudaba a ponerse de pie a su compañero herido.

Finalmente, el último puñado de perros se decidió a regresar, caminando despacio para después trotar y alcanzar así al resto de su clan.

La tristeza surcó la expresión del licaón entonces, que supo que tenía razón al momento en que pensó que ellos no volverían la vista atrás.

Y así fue.

Continuará…

Uff, ya quedó este capítulo. Hemos visto un poco sobre el lugar de donde Hayate provenía, así como algunos personajes menores nuevos. Ya vamos viendo otra faceta del clan tiranizado de Ian también.

Se suponía que éste acabaría en una escena diferente, pero supongo que tendrá que ser incluida en el que sigue.

¡Renegados arriba, Hayate para presidenta! XD

Este capítulo va dedicado para mi beta favorita (tomando en cuenta que sólo tengo una XDD), porque yo sé que ama, adora, se muere y babea por el HayateCarim. Ojala te guste, goli, ¡waf! :3

Muchas gracias como siempre a todos quienes se toman la molestia de leer, es un placer poder compartir esta historia con ustedes. Espero que hayan disfrutado de la lectura =)

¡Saludos!

Kida Luna.