El lobo y el cordero
Por: Kida Luna
Capítulo XXXlV
No más secretos
"Los truenos y los relámpagos azules alumbraron la noche escalofriante, incapaces de hacer sucumbir los rugidos feroces de la banda de gatos enormes que masticaba y arrancaba la carne roja con sus dientes.
Un frío diferente al de la tormenta empezó a instalarse en su ser, paralizando sus patas y obligando a sus ojos, hundidos en pánico, contemplar los cadáveres de sus padres yaciendo en el suelo.
-¡Corre! –la voz de su hermana logró escucharse encima del tamborileo de los cielos-. ¡No mires atrás y corre, Subaru!
El ajetreo de los colmillos de leche que se clavaban en su nuca, en un intento por sacar de allí su cuerpo congelado, atrajo la atención de uno de los gatos.
Los ojos fluorescentes y amarillos en las sombras voltearon a su dirección, con la lengua relamiéndose los bigotes blancos bañados en sangre. Le vio caminar despacio, con las fauces abriéndose en una mueca llena de satisfacción.
Cuando el maullido terrible escapó de aquella garganta que se lanzaba hacia ella, pareció reaccionar, saltando y huyendo así rápidamente junto a su hermana; internándose entre los árboles que asemejaban figuras espeluznantes cada vez que las luces del firmamento les iluminaban.
El sonido de sus patas era seguido por el tronar de unas más grandes. Pronto, un chillido de cachorro hizo eco en sus oídos, encontrándose segundos después con que ahora era ella sola la que corría entre las penumbras.
Lágrimas de desesperación asomaron a sus ojos mientras viraba para observar al felino que todavía la perseguía, no localizando ya a nadie de su familia en las cercanías. Las gotas de lluvia, poderosas e inclementes, empaparon su pelaje y el olor a humedad empezó a cubrirlo todo.
El vaho que escapaba de su boca haciéndose visible, el corazón galopándole como caballo asustado.
Un maullido se le escapó en cuanto brincó sobre un leño caído, fallando sus patas cortas en pasarlo y provocando que cayese de espaldas a la tierra maciza.
Los truenos retumbaron sobre su cabeza, anunciándose después un leve gorgoteo que la hizo ponerse de pie rápidamente para darse la vuelta.
Las luces alumbraron la silueta del enorme jaguar, enviando una serie de espasmos que recorrieron el diminuto cuerpo que se acurrucó lo más que pudo contra el junco de madera.
El miedo inyectó las pupilas esmeraldas, donde el hocico recubierto de pelaje blanco se reflejaba, abriéndose para revelar los filamentos de colmillos manchados en rojo; las garras negras posándose aterradoramente sobre la superficie y aquellos ojos ámbar hipnotizándole de forma que le impedía moverse un solo centímetro.
¡MRAWWW!
El bramido joven e inexperto rompió con el hechizo que le había mantenido congelada, haciendo que su mirada observase la nimia figura que había saltado para morder el hocico del jaguar.
Aquello provocó que el felino chillase, sacudiéndose violentamente hasta arrojar al suelo al cachorro de tigre que le había importunado. Sin embargo, antes de que el gran animal pudiese hacerle daño, la sombra que brincó por sobre el tronco caído cubrió el rostro de ambos.
Los truenos volvieron a zumbar al tiempo en que sus ojos temblorosos contemplaron a un félido igual de grande tirar a la tierra a su cazador. Fieros gruñidos y rugidos rompieron la quietud de la noche, donde la imagen de un león rosáceo le pegaba una fuerte bofetada en el rostro a la criatura manchada.
Les vio rodar uno sobre otro, con las mandíbulas atajando la piel a su alcance y el sonido de los arañazos abriendo la carne.
No pudiendo soportar más, sus pequeñas patas cubrieron su vista aterrorizada mientras el cuerpo se pegaba a la superficie lodosa. Los golpes y los gritos, así como las caras de su familia, atormentando su mente y corazón.
-¿Estás bien? –escuchó una voz infantil decirle.
Para cuando descubrió su mirada, la cabeza del jaguar se precipitó inerte delante de ella; con un intenso relámpago iluminando los ojos muertos y la boca reverberante de sangre."
-"Subaru, ¿estás bien?"
Con un jadeo desesperado, la pantera se despertó. Las gotas de sudor resbalando por su rostro conforme viraba la cabeza a los derredores, cual si algo fuese a salir de entre las sombras en cualquier momento.
Su cuerpo empezó a temblar y ella volvió a pegar el hocico al suelo para intentar controlar sus espasmos.
-"E-Estoy bien –su voz salió trémula-. S-Sólo fue otra pesadilla."
Teana observó a su compañera, que cerraba los párpados y trataba de regular su respiración, las orejas redondas dobladas hacia atrás. Le vio luchar contra sus propios miedos, tal y como ocurría todas las noches en que la tormenta azotaba a Midchilda.
El viento frío vapuleó las ramas del árbol que les servía de cobijo, causando que sus pupilas de jade no pudiesen evitar el ver la luna en el cielo, fantasmal y borrosa.
-"Tengo un mal presentimiento" –gimió Subaru, que todavía continuaba temblando.
-"Oye, estoy aquí, ¿recuerdas? –lamió su mejilla-. Recordar el pasado no traerá más que viejos dolores, a Signum-san no le gustaría verte así."
-"Lo siento. No sé por qué me pasa esto…"
-"Tranquila, no te exijas demasiado –pegó su hocico al más oscuro-. Ya verás que dentro de poco las pesadillas desaparecerán."
-"Um" –tarareó desanimada.
Los ojos verdes de la pantera, brillantes en la noche, vislumbraron con ligero temor los alrededores una vez más. Habían acordado pasar aquella noche fuera de los cuartos de Colmillo, sólo por el mero deseo de dormir bajo las estrellas.
No obstante, ahora se arrepentía por haber insistido. El repentino recoger de sus patas así como el encogimiento de su cuerpo, le dio a entender a su amiga lo mal que lo estaba pasando.
-"Duerme –susurró Tía-. Mañana por la tarde nos reuniremos con Fate-san y las demás, Nanoha-san también vendrá a vernos. Si no descansas como debes, no tendrás fuerzas."
-"No voy a quedarme dormida –le sonrió débilmente-. Y aún si lo hago, sé cómo llegar a los altos pinos."
El agitar de los arbustos hizo que Nakajima alzase el cuello de inmediato. Sin embargo, el tigre la obligó a recostarse y a olvidarse de cualquier preocupación que estuviese de más.
-"Debe haber sido algún zorro –bostezó, acurrucándose junto a ella-. Cálmate y descansa, ya es demasiado tarde."
Subaru volvió a bajar el hocico al suelo, todavía insegura al respecto. El repiqueteo de la lluvia y la brisa sacudiendo las hojas fue lo único que escuchó hasta que finalmente cayó sumida en un profundo sueño.
Agradeciendo que en determinado momento de su vida, tanto Signum como Tía hubiesen aparecido para alejarla siempre de sus continuas pesadillas.
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-"¿En los altos pinos?"
-"Sí, eso fue lo que escuché."
-"Ese cordero… ¿Nanoha, cierto? –inquirió antes de engullir el ala del cuervo que uno de sus subordinados le había llevado-. ¿Dices que también estará allí?"
-"Pues sí."
Ian apartó con una de sus patas los restos del ave que ya no le apetecían, permitiendo que los otros se lanzasen a comerlo. Pacientemente, empezó a lamerse los cuartos delanteros, observando desde abajo al perro que tenía al frente.
Sentado y dando su reporte.
-"Tengo entendido que Testarossa sale todas las mañanas a beber al manantial que está en el centro del bosque."
-"En efecto, señor" –contestó otro cánido, que era el responsable de aquella información.
-"Ya veo –contestó, mirándole de reojo-. Entonces hay que hacerle una visita."
El gran perro negro se puso de pie y miró con aburrimiento los primeros rayos del amanecer brotar a lo lejos. Se relamió el hocico mientras comenzaba a andar, llamando a algunos cuantos consigo.
-"Jefe…"
-"¿Qué pasa?" –preguntó fastidiado, volteando la cabeza para ver al que le había hablado.
-"No comprendo. Si el asunto es con Yagami, ¿por qué inmiscuir a Testarossa en ello?"
-"Orión, cualquier daño que le inflijas a un ser querido será como darle una puñalada al corazón. Ya le dimos una paliza al cuerpo de ese licaón; además, esa lobezna tiene que aprender a mantener el hocico cerrado –explicó como si fuera lo más obvio del mundo-. Divide y conquistarás."
-"¿Lo que estamos haciendo… -vaciló mientras desviaba la vista a un lado-… es lo correcto?"
Las pupilas oscuras se mostraron sorprendidas, para después soltar el dueño unas tremendas carcajadas. Negó suavemente, lanzando después un suspiro que hizo que el otro le viera a la cara.
-"Si no fueras mi segundo comandante y yo no estuviera de buen humor el día de hoy, te habría arrojado a las hienas –rió, dándose la vuelta para continuar su camino-. Recuerda que esta tierra nos pertenece, así que mejor ve cuidando tus palabras."
-"Sí, disculpe."
Vio a su líder y a unos cuantos de sus camaradas pasarle de largo, internándose en la arboleda para dirigirse hacia su objetivo. Antes de que todos se hubiesen ido, el segundo al mando se detuvo a su lado.
El pelaje era un color rojizo oscuro, con las tonalidades blancas que caracterizaban a un dingo puro, así como una línea que cruzaba su frente a la mitad. Sus orbes púrpuras le observaron de reojo, de una manera estricta y hasta casi fría.
-"Quiero pensar que no te estás ablandando, Orión, o probablemente sea cuestión de días para que alguien más tome tu lugar. Que no se te olvide a quien servimos."
-"Estoy consciente de ello, Karas" –respondió en el mismo tono serio.
Sin más, le vio marchar tranquilamente por el sendero que los otros habían tomado, para dentro poco desaparecer tras los ramajes y follajes de hojas.
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El sol de la mañana hizo que el pelaje dorado reluciera todavía más. Las huellas de sus patas se imprimieron en la tierra por donde pasaba, pisando las hojas muertas o los trozos de madera que se encontraban a su paso.
El trinar de los pájaros volando sobre su cabeza la hizo ver el cielo, azul claro y con una que otra nube blanca. La sensación de sed se hizo presente en su garganta, a lo que dejó de caminar para empezar a trotar.
Dio vueltas por aquí y por allá, hasta que finalmente el ruido del agua alcanzó sus oídos negros.
Bajó la velocidad. Pronto, se halló en un claro donde la quietud lo envolvía todo. El manantial cristalino se movía apaciblemente, con los tulipanes amarillos bordeando de cuando de cuando las orillas.
El cuello descendió entonces, con la lengua recogiendo el líquido que refrescó su garganta. Se acercó un poco más, manteniendo los párpados cerrados mientras la luz del sol le calentaba el rostro.
¡SPLAAAASH!
-"¡¿Qu…?"
De repente, la sombra lo cubrió todo.
Su boca se entreabrió para tratar de jalar oxígeno, tragando agua en su lugar. Empezó a desesperarse cuando sus ojos se abrieron y la visión del sol no era más que una mancha borrosa, distorsionada bajo el velo del afluente diáfano.
Las patas negras patalearon fuertemente, alcanzando por breves segundos la superficie. Algo hizo presión sobre su cuello y ella se hundió todavía más, con las burbujas alrededor de su hocico expandiéndose al igual que las ondas en el estanque.
Por más que intentó pensar en lo que estaba ocurriendo, la falta de aire y el pánico de no poder salir le impidieron el descifrar lo que sucedía. Un grito vacío escapó de su garganta.
Los rayos del astro rey en el firmamento se volvieron cada vez más pálidos, con el azul oscuro del manto acuífero pintando todo su mundo.
Finalmente, aquello que la había forzado a estar bajo el agua, la liberó.
Sus orbes borgoñas se cerraron entonces, sintiendo su ser siendo jalado suavemente hacia abajo, no pudiendo oponer ya ninguna resistencia. Todas sus fuerzas, desvaneciéndose así como el oxígeno que ya no entraba en sus pulmones.
-"¿Qué estás haciendo? Deja de estar perdiendo el tiempo y sácala antes que se nos ahogue de verdad."
-"Como ordene, señor."
Karas sumergió la cabeza en el manantial para morder a la lobezna por la nuca; luego, la arrastró hasta depositarla en la orilla.
El pelaje totalmente opaco y empapado, junto con la boca entreabierta y la lengua en el suelo, fue cubierto por la sombra de Ian, que se paró justo enfrente de su próxima víctima.
-"Bueno, hay otras maneras de vengarse –sonrió perversamente al apoyar una de sus patas delanteras sobre la cabeza del lobo-. Ustedes allá atrás, ¿consiguieron lo que les dije?"
-"¡Sí, señor!"
Uno de los dingos dio un paso adelante, con el hocico sosteniendo por el cuello a un cordero que no paraba de retorcerse y balar; los ojos oscuros del jefe brillaron con malicia antes de retirar su cuarto de la faz dorada.
-"Bien hecho. Ya todos saben qué hacer. Karas, carga eso contigo, hay que preparar todo para que nuestra invitada se sienta a gusto" –rió fuertemente y empezó a caminar.
El perro rojo pasó el hocico por debajo de la criatura inconsciente, para después deslizarla y llevarla sobre su lomo.
Los balidos desesperados así como el pisar de las patas de los dingos desaparecieron del manantial en cuestión de segundos.
Con Fate Testarossa como su prisionera.
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-"¿En serio?"
-"Sí, ¿no es estupendo, Nanoha? Por fin pude declarármele a Carim."
-"Ay no, ya va a empezar otra vez a contarnos cómo pasó todo" –Signum rodó los ojos.
El comentario de la leona provocó las risas del cordero y de Agito, quien iba sobre la espalda de Signum con las alas rojas todavía vendadas. Más adelante, se encontraron a una Teana y Subaru que no pararon de bostezar cada 3 minutos.
-"¿Qué les pasa a ustedes? –preguntó Hayate divertida-. ¿Muy ocupadas la noche anterior?"
El tono malicioso del licaón así como la mirada para nada inocente, hizo que ambas se sonrojasen mientras el tigre fingía tener un ataque de tos mal disimulado.
-"¿No puedes dejar de fastidiar a todo el mundo, Yagami?"
-"Vale, relájate, Signum. Como que te urge tener cachorros ya."
-"¡¿Qué dijiste?"
Hayate habría terminado con el hocico enterrado en el suelo de no ser porque Nanoha se le había atravesado a la felina, intentando detenerla al poner sus pezuñas delanteras en su pecho.
La sola visión, graciosa y por demás irreal, hizo que la africana riese por lo bajo; consciente de que si lo hacía altamente, su cabeza iba a terminar volando por los aires.
-"Mou, ¡Hayate-chan! ¡Si seguimos así no vamos a ver nunca a Fate!"
-"Ya, ya, apresurémonos para ver a tu novia entonces."
Nanoha lanzó un suspiro derrotado y bajó las patas al suelo para continuar caminando con todas. A pesar de que estaba en el territorio de los carnívoros, la sensación de seguridad que le transmitía la comitiva que la rodeaba, así como el hecho de que iban por las veredas más seguras, la mantenía tranquila.
-"Ya falta poco –habló Subaru-. Fate-san debe estar esperando más adelante."
No pudiendo contener la emoción, Nanoha salió corriendo por entre los arbustos, escuchando en segundos las pisadas presurosas del resto, que le seguía de cerca.
Los altos pinos pronto emergieron ante sus ojos, apuntando al cielo despejado que se cernía sobre todo el bosque.
-"¡Fate-chan!" –su voz hizo un eco fuerte.
Súbitamente, las pezuñas del cordero se detuvieron, obligándose a sí misma a frenarse a medida que su mirada se quedaba pasmada ante la visión al frente suyo. En cuanto las demás llegaron, curiosas por preguntar por qué se había quedado allí, sus expresiones también cambiaron a unas de total sorpresa.
Con las palabras escapándoseles de la boca y los engranajes de sus mentes congelándose de golpe.
-"¿F-Fate?"
El llamado vacilante hizo que los párpados dorados se abriesen, entorpecidos por la luz fuerte del sol. Luego de haberse acostumbrado, las sombras no muy lejos de ella tomaron forma y color, por lo que reconoció a sus compañeras de inmediato.
En el momento en que intentó ponerse de pie, la garganta y los muslos le dolieron, pero decidió ignorar aquello. No fue sino hasta que estuvo parada y abrió la boca para nombrar a Nanoha, que algo resbaló de su hocico y cayó con un estrépito al suelo.
Las caras desencajadas de todas la confundieron por completo. Enseguida, un sabor dulce le recorrió las papilas gustativas, viejo y familiar; lentamente, bajó la vista hasta mirar lo que había quedado entre sus cuartos delanteros.
Un jadeo mudo escapó de ella mientras sus pupilas escarlatas revelaban un terror profundo; en ese momento, se dio cuenta de la sangre que no sólo goteaba de sus colmillos, sino que también manchaba sus patas y gran parte de su pecho.
Grandes oleadas de miedo estremecieron su cuerpo en tanto contemplaba los ojos muertos del cordero que yacía inmóvil en la tierra. Las orejas negras se doblaron y ella negó una y otra vez, escondiendo la cola entre las patas.
-"N-Nanoha, yo…"
-"Testarossa… ¿por qué…?"
-"¡No! ¡No es lo que lo piensan! ¡Juro que yo no…!" –el nudo que se formó en su garganta hizo que sus palabras se trabasen.
Una angustia tremenda empezó a constreñirle el corazón cuando vio a Nanoha negar y retroceder lentamente; Signum y las demás demasiado impresionadas y perturbadas como para poder decir o hacer algo al respecto.
Fate quiso pedir por ayuda. Sin embargo, el rostro asustado y el cuerpo agazapado de Subaru, temblando y con los orbes esmeraldas pegados a su boca ensangrentada, hizo que sus ánimos se desmoronasen en pedazos.
El oxígeno, tal y como había sucedido antes, se rehusó a llegarle a los pulmones.
-"Nanoha, ¡Nanoha! –gimió, dando un paso delante sólo para ver a la otra avanzar hacia atrás, con la afectada mirada azul viéndola fijamente-. ¡Tienes que creerme!"
-"Fate…"
-"¡Yo no lo hice! –sollozó fuerte, sintiendo las primeras lágrimas de desesperación bajar por sus mejillas-. ¡Te estoy diciendo la verdad! Por favor, dime que me crees…"
¡NANOHA!
El aullido del lobo resonó alto cuando vio que el cordero dio la media vuelta para salir corriendo; sin dudarlo, Fate fue tras ella, a punto de caer al suelo en cuanto tropezó con el cadáver blanco.
No queriendo perder más tiempo, se obligó a apartar la mirada del bovino inerte para abrirse camino entre las otras y poder alcanzar a Takamachi.
-"¡Testarossa, espera!"
El rugido de Signum fue ignorado, concentrándose ahora en hacer que sus patas aumentaran la velocidad lo más que podía. Las sombras de los árboles se sucedieron una tras otra en manchas borrosas; los charcos empaparon su pelaje sucio y ensangrentado y los arbustos en su camino la hicieron trastabillar más de una vez.
Continuó gritando su nombre, pidiéndole que parase y doliéndole horriblemente el pecho al ver que sus súplicas no eran escuchadas.
Nanoha, por su parte, se mantenía corriendo. Los párpados cerrados y la mente tratando de hallar una explicación lógica al torbellino que se agitaba violentamente dentro de su ser.
"Tiene que ser la verdad."
Se decía una y otra vez, negándose a creer que Fate en realidad había arrebatado la vida de un cordero. No obstante, sabía que era una carnívora, estaba en todo su derecho; ella no podía exigirle que cambiase sus hábitos, ¿cierto?
Sacudió la cabeza varias veces, preguntándose por qué si se daba cuenta de todo ello no era capaz de detenerse y enfrentar las cosas.
El bombeo arrítmico y fuera de control de su corazón hizo que el aire fuese difícil de atrapar. Los jadeos aumentaron, con los cascos tronando contra las rocas en cada uno de sus saltos.
Al poco tiempo, la verja que separaba a Colmillo de su propio territorio, se alzó frente a ella. Una sensación de alivio se entremezcló con una de terror puro, no sabiendo exactamente si atravesar la valla sería lo mejor.
Aún así, lo hizo. Y Fate también.
Siguieron corriendo un poco más a través de la pradera, hasta que finalmente la lobezna se detuvo.
Al escuchar las pisadas detrás suyo cesar, la herbívora la imitó, volteándose a verla mientras le daba la espalda.
-"¿No vas a escucharme?" –la voz ronca y afectada de la depredadora se dejó oír.
Nanoha se mordió los labios, evitando por todos los medios verle a la cara; fuese por la vergüenza o por la sangre que manchaba a ésta.
-"Yo… necesito tiempo –volvió la vista al frente, agachando entonces la cabeza y dejando sus orejas caer-. Sé que es tu naturaleza el cazar y esas cosas, no pretendo hacer que eso cambie. No pretendo hacer que tú cambies…"
-"¿Y por qué estás temblando? –gimió, pegando las orejas a su nuca y bajando la cola-. ¿De verás crees que yo maté –se detuvo, no queriendo terminar la frase-, que yo maté a ese cordero?"
Silencio. Los segundos parecieron eternos y ninguna respuesta sobrevino.
-"Nanoha, yo solamente estaba en el manantial bebiendo y de repente, ¡de repente me despierto con un cordero muerto! ¡¿Cómo se supone que haré algo que ni siquiera recuerdo? Lo último de lo que me acuerdo es que caí al agua y… y… -se calló, observando al bovino que no se atrevía a verla-. Tú no me crees…"
-"¡No! ¡No es que no te crea, es sólo que…!"
El murmullo de la lupina la hizo voltearse de inmediato, solamente para que su cuerpo blanco se encorvase hacia atrás al ver el pelaje dorado y rojo. La ojiazul quiso hablar, pero por más que movía la boca, las palabras nunca abandonaron sus labios.
-"Entonces, ¿así es como la confianza que hemos cuidado va a ser? ¿Voy a ser yo siempre la que tenga que perseguirte para que me escuches?"
-"Fate-chan, no. Claro que confío en ti –las pupilas zafiros buscaron aquéllas borgoñas, encontrando un dolor profundo instalado en éstas-. Dame tiempo…"
-"¿Para qué? –rió apenas-. ¿Para que te pongas a pensar si realmente soy diferente a los miles de lobos que caminan en toda Midchilda?"
El tono lloroso y la expresión agonizante en la lobezna hicieron que el corazón de Nanoha doliese. Las pezuñas avanzaron lentamente, todavía dudosas, queriendo demostrarle a la otra que no se trataba de ella.
Sino más bien de sí misma. De su propia incapacidad para asimilar las cosas o para enfrentarlas con la rapidez con que Fate lo hacía.
-"No te cambiaría por nada del mundo –el lobo gimió, provocando que la mirada azul se mostrase sorprendida y avergonzada-, ¿qué tanto de cierto hay en eso que me dijiste hace mucho, Nanoha?"
-"Todo."
-"¿Todo? –chilló, tragándose un poco de las lágrimas que luchaba por controlar-. Es que no me lo parece…"
-"¡Te equivocas! –baló fuertemente-. ¡Yo…! Yo soy sincera –susurró y cerró los ojos en tanto sentía sus propios sollozos brotar-, cuando te digo que eres lo que más amo en este mundo."
-"Yo no lo hice –repitió bajito y bajó la mirada al pasto-. Y no deseo que vuelvas a huir así de mí…"
-"Lo siento, pero es que algunas cosas… necesito pensarlas bien…"
Los ojos más tranquilos del cordero así como la sonrisa afable, incitaron a Fate avanzar; todavía midiendo cada uno de sus pasos, por si en algún momento se acercaba demasiado y Nanoha llegaba a asustarse.
Al ver que aquello no ocurría, las orejas se fueron irguiendo gradualmente conforme sus pisadas se volvían ligeramente más seguras. Cuando estuvo a uno o dos metros de distancia, caminó un tanto más rápido.
-"Nano…"
-"¡FATE-CHAN!"
El cuerpo de la lobezna cayó a la hierba, que de pronto sintió el golpe recibido en el vientre dolerle.
Su mirada borgoña se dirigió al frente, donde una sombra cubría a Nanoha e impedía que se le acercase. En cuanto se puso de pie, contempló la figura alta, de patas largas y talla un poco más grande que la suya.
Los cuernos largos, que se hundían a la mitad para después apuntar al cielo, peligrosamente afilados. No tuvo que pensarlo mucho para saber que eso fue lo que le había dado tremenda embestida.
-"¿Qué crees que estás haciendo en nuestras tierras, bestia asesina?"
Aquellos ojos azules e indiferentes, tan distintos y parecidos a de los de su pareja, hicieron que su ser se encogiese por dentro.
-"¡Nanoha! –llamó-. ¡Nanoha, no voy a irme sin…!"
El cuello fue bajado y la cornamenta quedó justamente en el camino para golpear a Fate cuando así lo quisiese. La lobezna cortó sus palabras entonces, apretando los dientes al ver que sus intentos estaban siendo frustrados.
-"Directora, permítannos encargarnos de ella."
"¿Directora? ¿Pero cómo es que...?"
Los numerosos bisontes y búfalos que emergieron detrás de quien parecía ser la regente de Casco Resistente, hicieron que la lupina retrocediese; a medida que las sombras continuaban apareciendo, un mal presentimiento empezó a asentarse en ella.
-"Quiero a este lobo fuera de aquí, desháganse de él. Que su imprudencia sirva para que el resto de los suyos no ose volver a pisar nuestra tierra, ni a creer que hemos nacido para servirles de alimento."
-"¡Madre, no puedes hacer eso!"
"¡¿Madre?"
-"¡Silencio, Nanoha! –exclamó, volteándose a verla totalmente enfurecida-. ¡¿Cómo puedes defender a una de esas cosas? ¡Tú como mi hija deberías de saber lo que podría hacerte!"
-"¡Fate-chan nunca me haría daño!"
-"¡¿Ah sí? Entonces yo te pregunto, ¿acaso nunca ha matado a un cordero?"
La frase dejó enmudecida por completo a la pequeña herbívora, que no hizo más que ver a su compañera a unos cuantos metros de ella; las pupilas borgoñas, oscilantes, le devolvieron la sensación de miedo y tensión que empezaba a impregnar el aire.
La sangre que empapaba su pelaje, solamente empeorando todavía más las cosas.
-"Te prohíbo que vuelvas siquiera a acercarte a este lugar."
-"¡Pero…!" –Nanoha quiso rebatirle.
-"¡Por favor, le pido que me escuche!" –aulló Testarossa.
-"¿Qué pretendes al invadir Casco? ¡Tú no perteneces a este lugar! –respondió tajantemente, volviendo la colérica vista a su ser-. ¡¿Qué están esperando? ¡No quiero ver a ese lobo aquí!"
Los mugidos sonaron amenazantes, aunque no más que la imagen del alto y crecido cordero que le observaba con ira. Las pezuñas comenzaron a avanzar hacia ella, con las cornamentas abajo; por lo que tuvo que retroceder de espaldas, volteando a ver a todos lados y esperando que por algún milagro, el tiempo se congelase.
Mas eso no sucedió.
-"¡Fate-chan, corre!"
-"¡Tras ella!"
El grito de Momoko hizo que de inmediato todos los animales pesados se lanzasen detrás del lobo que corría a la reja, sólo para encontrarse con que allí le esperaba una fila de fornidos gorilas.
Los chillidos de los enormes monos la asustaron y la hicieron frenarse de golpe, esquivando a tiempo todos los puños grises que quisieron aplastarla contra la pradera.
No pudiendo huir por allí, tuvo que desviarse hacia el bosque que estaba al este. En el cielo, los cisnes volaron sobre su cabeza, cantando y anunciando por donde huía la fugitiva; algunos bajando de vez en cuando, golpeando con los picos su lomo y tratando de entorpecer su visión.
-"¡FATE-CHAN!"
El cuerpo de la Directora se le atravesó, evitando que Nanoha pudiese ir tras ella. Al mismo tiempo, Shamal llegaba a la escena, pidiéndole rápidamente a Rein que ayudase a Fate.
"¡Salen de todos lados!"
La desesperación creció todavía más mientras zigzagueaba, evadiendo a los antílopes que emergían de entre los árboles y chocaban fuertemente sus cuernos entre ellos, queriendo aprisionarla.
Los chillidos, rugidos y mugidos poblaron el bosque, con los chimpancés arrojando cocos que golpearon su cabeza y espalda; las cebras pronto surgieron también, al igual que los venados, gorgoteando y aventando patadas que difícilmente lograba evitar.
"¡¿Por qué están haciendo esto? ¡Por qué no pueden entenderlo!"
-"¡No te queremos aquí, forastera!"
La trompa de los elefantes lanzó su característico sonido en tanto las enormes patas rugosas caían por sus costados y los cuernos de marfil se clavaban en los árboles.
-"¡Márchate lejos, tú jamás serás bienvenida!"
Uno de los bisontes logró levantarla para arrojarla lejos.
El estómago le palpitó pero no hubo tiempo para quedarse acostada, así que se paró y corrió de nuevo. Brincó de roca en roca para atravesar el estanque que había aparecido de repente; a medida que lo hacía, una de las piedras sobre las que había saltado se agitó violentamente.
La figura gorda de un hipopótamo se reveló de entre las aguas, sacudiéndose y sumergiéndose golpe. Fate sacó la cabeza y respiró frenéticamente conforme nadaba para volver a tierra; salió justo en el momento en que otro mamífero marino abría las fauces, alcanzando a rozar apenas la cola punteada en negro.
Los jadeos enseguida aumentaron de volumen así como todo el bosque se tornaba en una caótica melodía dantesca que acribillaba sus sentidos.
-"¡Fate!"
-"¡Rein! –gritó aliviada, viendo a la gaviota que volaba por encima suyo-. ¡Ayúdame a salir de aquí! ¡Todo mundo intenta…!"
¡THUD!
Las patas de la lobezna se separaron de la tierra cuando un rinoceronte la golpeó con su cuerpo en un costado; antes de caer y rodar por el suelo, Fate hizo el esfuerzo de apoyar las extremidades firmemente para retomar la carrera.
Pues sabía que si perdía el equilibrio, sería su fin.
-"¡No te detengas! ¡Sígueme, hay una salida por aquí cerca!"
La lupina atendió a las palabras y le persiguió en la dirección en que le veía aletear.
Otro perisodáctilo se unió a la cacería, pisándole los talones a la depredadora dorada. Dio algunas vueltas más por entre los árboles hasta que una espesa mata de arbustos surgió frente a sus ojos; no dudo en internarse en ésta, encontrándose con que el follaje ocultaba un agujero en la enrejada que daba a Colmillo.
Apresurándose, agazapó todo su cuerpo para poder pasar, consiguiéndolo y cayendo torpemente por el río poco profundo que fluía del otro lado.
Una vez allí, se volteó a ver al grupo de herbívoros que se había detenido, ignorantes –o no importándoles para nada- del cómo había podido escapar. Vio las miradas despectivas recaer en ella al igual que los bufidos o resoplidos que le advertían no volver.
Se levantó despacio, con el pelaje de las mejillas cayendo por la humedad impregnada en ellas. No se molestó en sacudirse el agua, simplemente se dirigió hasta la orilla.
Luego, contempló cómo todas las criaturas se retiraban, alcanzando sus oídos los murmullos y cuchicheos que expresaban el rencor mal infundado que le tenían.
Por escasos segundos, Fate supo lo que Hayate Yagami debió de haber sentido en su escuela.
Las pupilas azules de Rein, que había permanecido oculta en una rama alta, le devolvieron un sentimiento triste antes de partir de aquel sitio. La lobezna se asomó al río entonces, gimiendo al admirar su propio reflejo cubierto de sangre seca.
Dejó las orejas caer y cerró los párpados. Unas últimas lágrimas asomaron a sus ojos, las cuales se precipitaron sobre las aguas transparentes; se dio la media vuelta y marchó cabizbaja hacia Colmillo, el lugar a donde en verdad pertenecía.
Con el ánimo y las esperanzas destrozados, así como el corazón.
-"El primer paso del plan se ha cumplido. ¿Quién iba a decir que la pequeña era hija de la Directora de Casco?"
Ian se relamió el hocico mientras observaba desde lo alto de una colina la figura de Fate alejarse. Se puso de pie para estirar el cuerpo y lanzó un bostezo, para acto seguido rascarse las orejas.
-"Jefe, ¿debemos de avisarle al subdirector Scaglietti?" –preguntó uno.
-"Por supuesto. Para la siguiente fase –entrecerró los ojos, volviendo a pasar la lengua por su boca-, necesitamos hacer a un lado a Harlaown."
El sol terminó por ocultarse en el horizonte, con los rayos mortecinos alumbrando las sombras que habían estado vigilando todo desde la elevación.
Así como comenzaban por iluminar ya, el secreto que el lobo y el cordero habían estado guardando tan celosamente…
Continuará…
Jamás creí que llegaría a esta parte. Bastante le debo a la canción "Él no es del clan", de la película El Rey León ll, pues me ayudó a ambientarme para la persecución de Fate (¡Mala Simba, mala! XDD).
A lo mejor y me animo a dibujar a Karas y Orión, que se están ganando mi cariño. Lo que me recuerda, he colocado unos nuevos dibujos en mi perfil sobre LyC; algunos hechos por mí, y otros hechos por gente linda que ha querido prestarse a ello =)
Alguien una vez me preguntó cómo se vería Lindy, debido a que no tenía el tiempo para comprobarlo, en aquel entonces no hice comentario alguno. Pero ahora ya hay un boceto de ella.
Gracias a mi felina beta y a todos los atentos lectores que una vez más, se empeñan en seguir esta historia conmigo.
¡Saludos, y que tengan un muy feliz día!
Kida Luna.
