El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXXV

Alta Traición

-"¡Harlaown!"

La puerta de la oficina de la Directora, que se encontraba hablando con su hijo, se abrió de golpe. La persona que mantenía apoyada la mano en la madera, mientras la respiración se le mostraba agitada, dirigió sus ojos a ella.

Una profunda desesperación y angustia instalados en ellos.

-"Los osos en la parte Sur se han vuelto totalmente locos, ¡lo están destruyendo todo! Tenemos que… ¡Tenemos que… Hay que hacer algo!"

Ambos pares de ojos azules brillaron en perplejidad al mismo tiempo en que tres dragones monitor reptaban lentamente dentro del despacho, sólo para caer estrepitosamente al suelo apenas cruzar el umbral.

Algunos rasguños y heridas visibles en la piel escamosa y verde; las bocas jadeantes, tratando de inhalar aire desesperadamente.

-"Nosotros quisimos detenerlos –quien irrumpiera en un principio el lugar, prosiguió-. He enviado refuerzos al sitio pero no será suficiente, no sé cuánto podrán soportar."

-"Directora –habló con voz ronca uno de los reptiles, intentando ponerse de pie-, ellos dicen que… -tomó aire-… que no obedecerán sus órdenes…"

-"Ayude a nuestros compañeros –agregó otro, tirado en el piso-. Por favor, ayúdelos…"

Lindy Harlaown cruzó miradas con Chrono antes de asentir y levantarse de su silla, al igual que su hijo. Una mirada perturbada se mostró en las pupilas de la rectora en cuanto dio la vuelta a su escritorio y se halló frente a sus cuatro subordinados; los dragones observándola con súplica, luchando por mandar aire a sus pulmones.

-"Yo me haré cargo –pronunció firmemente la mujer-. Todos ustedes han hecho un buen trabajo. Prometo que sus esfuerzos no serán en vano."

-"Harlaown –los orbes ámbar le vieron fijamente-, es muy peligroso si vas tú sola."

-"Madre, él tiene razón –interrumpió Chrono-. Yo iré también."

-"Sería más seguro si se lleva algunos profesores consigo, ¿Vice y Griffith tal vez? Fuerza y rapidez es lo que necesitamos si queremos lograr algo contra la resistencia de los osos."

-"Mhp –asintió-. Tienes razón. Partiremos de inmediato."

Lindy marchó hacia la puerta abierta, seguida por su hijo. Sin embargo, al tocar la perilla se volteó hacia atrás, con los dedos aplicando un poco de presión; cual si no estuviese muy segura con lo siguiente que iba a decir.

Pero la situación lo ameritaba.

-"Jail –el aludido le mantuvo la vista-, dejo la escuela en tus manos durante mi ausencia."

-"Claro –sonrió-, todo estará perfecto cuando regrese."

Sin más, la mano abandonó el pomo de la puerta cuando ésta se hubo abierto, y los pasos tronaron a través de los pasillos, hasta desaparecer por completo.

En ese momento, la sonrisa amable de Jail Scaglietti se volvió torcida mientras los ojos angustiados se llenaban de satisfacción. Los tres varanos en el suelo se pararon entonces, sacudiéndose el cuerpo cual si fuesen perros mojados.

Los dedos del hombre acariciaron sus cabellos púrpura en tanto la palma izquierda permanecía asida al marco de la entrada; allí donde afuera, luego de unos minutos y justo a su derecha, Ian esperaba de brazos cruzados y con un pie apoyado en la pared.

-"¿Una revuelta de osos? –preguntó sarcásticamente-. ¿Ésa es la excusa para sacar a Harlaown de Colmillo?"

-"Osos, leones, cuervos –alzó los hombros-, qué más da. Ella está afuera y yo adentro –rió bajito, regresando al interior de la oficina-; además, he conseguido que se llevase tres estorbos consigo –silbó alto, dirigiéndose al enorme ventanal detrás del escritorio-. Como si realmente yo no supiese todo lo que traman –el vidrio hizo un chillido en cuanto uno de sus dedos lo repasó lentamente-. Yo tengo ojos en todos lados."

Sonrió con orgullo, sabiendo que a diferencia de Lindy, él contaba con miles de serpientes que vigilaban cada perímetro de Colmillo Brillante.

Jail se dio la media vuelta y se dejó caer sobre la silla giratoria de la Directora, saboreando el poder que alguna vez tuvo; y que, según él, pronto recuperaría. Sus uñas se clavaron en los reposabrazos fuertemente en el momento en que sus ópalos amarillos se encendían con una ira que había estado alimentando durante tanto tiempo.

Y que por fin, podría dejar salir.

-"Los quiero muertos –habló fríamente, consciente de que el pelinegro, todavía afuera, podía escucharlo a la perfección-. Que los tuyos se encarguen de ellos. Ian –llamó, alzando la cabeza y reclinándose hacia atrás del asiento-, ayúdame a recuperar el poder de Colmillo Brillante, y a cambio, yo te protegeré con este mismo."

-"Ésas son grandes ambiciones, Subdirector –rió el joven-. Por fortuna para usted, nuestros objetivos son iguales. No se preocupe, me aseguraré que cada basura, sea barrida del camino."

-"Asístanle."

-"Sí, señor."

Los tres dragones de Komodo asintieron, dejando de fingir dolor y siguiendo de inmediato al pelinegro que ya comenzaba a andar lejos de la oficina. Las manos blancas de Ian metidas al bolsillo y los ojos oscuros brillando de insana emoción.

Era hora de hacer que todo se moviese.

Pronto, el verdadero espectáculo comenzaría, y ese solo pensamiento, lo hizo esbozar una larga sonrisa.

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-"¡¿Lo sabías?"

Un tronido fuerte siguió al grito de la Directora de Casco Resistente, cuyos orbes azules se mostraban fieros ante las palabras que Yuuno Scrya había dicho. Las palmas abiertas sobre el escritorio se convirtieron en puños, blancos por la alta presión.

-"¡Pero es que no es lo que usted piensa!"

-"¡Es mi hija de quien estamos hablando! ¡¿Cómo pudiste permitir algo así? ¿Dejarle estar con, con… ¡esa cosa!"

-"Durante todo estos meses, Fate Testarossa no se ha atrevido a…"

-"¡¿MESES?"

La boca de Yuuno se cerró al contemplar la dura expresión, así como la fría mirada de la castaña. Los párpados cubrieron las joyas zafiro mientras intentaba calmar su errática respiración, a punto de volver a desbordarse en una serie de gritos y reclamos.

Lo que había comenzado como una simple amistad -que él mismo aceptó guardar en silencio-, se había volcado en una persecución hacia la lobezna; aquello también hizo no sólo que la vigilancia aumentase, sino que Nanoha fuese patrullada de cerca a donde quiera que fuese.

Cualquier posible acercamiento a las fronteras, absolutamente restringido.

-"¿Quién más?"

-"¿Quién más qué?" –preguntó confundido el rubio.

-"¿Quién más sabe de esto? ¿Acaso soy yo la última en enterarme?"

La voz baja, resultado del crujir de sus dientes, al igual que el flequillo cobrizo que ocultaba parte del rostro, le dio un mal presentimiento al profesor. Si el asunto continuaba de esa manera, no quería ni pensar en lo que ella sería capaz de hacer.

-"Nadie más que yo sabe de esto" –mintió, consciente de que decir nombres, sería poner al resto en una encrucijada.

-"Fuera de mi oficina."

-"¡Directora, ¿pero por qué no me escucha? ¡Ese lobo que usted…!"

-"¡Ese lobo estaba empapado con sangre, sangre que pertenecía a un cordero y que pudo haber sido Nanoha! ¡¿Te piensas que no reconozco el olor de mi propia especie? –vio al muchacho vacilar, como si quisiese rebatir aquella pregunta con una respuesta que no tenía-. Vete de aquí ahora mismo, Yuuno, o soy capaz de arrojarte al otro lado a ti y a todos los que se atrevan a decir que esa bestia tiene derecho a estar en estas tierras."

Finalmente, la furia que danzaba en esos relampagueantes ojos azules le hizo desistir. Después de todo, él no era más que un docente en un mundo donde las leyes se habían establecido bastante antes de que sus ancestros nacieran.

Uno donde la gran escuela, Casco Resistente, debía de mantener sus ideales.

Tal y como Momoko Takamachi ahora lo estaba haciendo.

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-"¿Nanoha? Nanoha, quita esa cara."

El chillido de Vita hizo que el cordero despegase la vista del arroyo frente a ambas, para verla a ella. Una sonrisa débil se trazó en sus labios, y después, volvió los orbes al delgado afluente.

Había sido en un río, con aguas igual de cristalinas, el lugar donde había contemplado a la rubia por primera vez. Fuerte, delicada y preciosa.

Con los ojos rojos más bellísimos que el mismo rubí que colgaba de su cuello.

Sus párpados pálidos se entrecerraron y por escasos momentos, el espejismo de Fate apareció a su lado, ondulante y dibujado sobre la superficie líquida. La amable sonrisa en su boca, junto con ese revolotear gracioso de sus orejas.

Las risas, así como las veces que la lobezna le empapaba al sacudirse el pelaje, la hicieron ampliar la sonrisa melancólica. Recordó todas las promesas que se habían hecho, todo cuanto habían pasado y lo mucho que se habían esforzado para llegar tan lejos.

Aquello no podía acabar así, se dijo.

Si tenía que morir para estar a su lado, lo haría. Si era la única manera, abandonaría todo en ese mundo con tal de amarla y hacerla feliz; con tal de dormir entre sus brazos y escuchar sus balidos de broma.

Escuchar ese "pequeña bola de algodón", una y otra vez…

-"No puedo quedarme así –susurró, observando con tristeza el reflejo del lobo desaparecer-. Lo que tengo con Fate es algo especial. Tanto, que se que daría mi vida por recuperarla."

La bovina dio la media vuelta y encaró con firmeza y nostalgia a la nimia búfala roja que le veía en preocupación; el viento moviendo las orejas y acariciando los cuernos cafés, aquellos que habían crecido un poco.

Así como Nanoha Takamachi lo había hecho.

-"Y sé que ella daría la suya por mí."

-"Ustedes sí que son tontas…" –suspiró al bajar la cabeza, sabiendo que lo que sucedía no era más que un malentendido.

Vita comenzó a marchar, siendo seguida de cerca por la otra. El silencio reinó mientras avanzaban sobre la suave hierba, con un par de ojos azules mirando por sobre el hombro hacia atrás.

En tanto el otro permanecía fijo en el suelo verde, recubierto por un velo que transparentaba los vuelcos en su corazón.

-"Encontraremos la forma –quiso animarla su amiga-. Ya verás que sí."

-"Es lo que más deseo."

Antes de que la astada respondiese, el crujir de un arbusto a pocos metros suyo la hizo dirigir su atención de inmediato. Pasados unos segundos, las hojas en la parte inferior se agitaron, revelando enseguida una cabecilla anaranjada y unos ojillos negros rellenos de ansiedad.

-"¿N-Nanoha? –titubeó, cual si un miedo terrible lo estuviese envolviendo-. ¿Ta-Takamachi Nanoha-ha?"

La aludida le alcanzó el paso a Vita, contemplando con pupilas oscilantes el rostro de la comadreja que se asomaba entre las ramas; percibió un hormigueo recorrerle el estómago y por momentos sintió la voz fallarle.

El corazón se le constriñó de manera asfixiante.

-"Fate…"

El nombre, pronunciado en voz vacilante, provocó que los ópalos del bovino temblasen más, a medida que sentía las patas querer fallarle; la mirada desasosegada del carnívoro oculto, avivando el huracán de emociones que trataba de evitar se desbordase.

-"¡Por favor, ayude a Fate-san!" –exclamó de corrido, como si sintiese que solamente así podría decirlo.

-"¿Fate? –Vita repitió confundida-. ¡O-Oye, espera un momento! ¿Quién te crees que eres? ¡No puedes venir y…!"

-"¿Dónde está?"

Los ojos serios y llenos de decisión del cordero cortaron las palabras de su amiga, que le vio con sorpresa e incertidumbre. La comadreja, entonces, pasó las patas delanteras sobre su cabeza, rascándosela con suma desesperación conforme la cola se removía inquieta.

-"Por favor… -suplicó tembloroso-. Soy amigo de Erio y Caro, ellos me han enviado. ¡Tienen que creerme, no vendría a exponer mi vida aquí si de verdad no fuera importante! –agregó en tono lloroso-. Todo en Colmillo Brillante se ha vuelto un caos; necesita tu ayuda…"

Nanoha pasó saliva, las orejas caídas replegándose al tiempo que por su mente miles de imágenes con garras y colmillos rodeaban a una Fate asustada; retrocediendo hasta hacerse un ovillo, y el bosque detrás suyo, trastocándose en una masa de espeluznantes sombras negras.

-"Llévame –sonó más a un ruego que a una petición-, llévame con ella…"

Las órbitas negras admiraron por breves segundos la faz preocupada y anhelante, sólo para asentir de inmediato. En ese momento, Takamachi volteó a ver a la búfala roja, pidiéndole en silencio que le auxiliase.

-"Tontas –suspiró-, pero ya qué. Déjamelo a mí" –le guiñó un ojo.

Las pezuñas trotaron hasta una distancia prudente de los otros dos. Luego, Vita se detuvo, curveando la cola hacia el cielo y abriendo un poco sus patas a medida que su vista repasaba al grupo de vigilancia que estaba apostado a los alrededores.

Sus ojos analíticos recorrieron su izquierda y su derecha. Enseguida, se lanzó a correr lo más rápido que pudo para después tumbarse sobre quien parecía el líder de la cuadrilla; un fuerte chillido salió de su boca conforme rodaban colina abajo.

¡AYUDA! ¡INTRUSO EN LA PRADERA!

Como si fuese humo esparciéndose por el viento, así se esparcieron las noticias. Los constantes gemidos de dolor de la astada atrajeron la atención de todos, quienes corrieron tras ella y el encargado de su escuadrón, temiendo que ambos hubiesen sufrido algún ataque.

Los mugidos del ciervo que caía también –cuyos ojos se mantenían cerrados y cuya mente trazaba ya a un poderoso depredador siguiéndole-, alarmando todavía más a los vigilantes.

-"¡Corre!"

El grito de la comadreja hizo que las patas de Nanoha reaccionasen al instante, persiguiendo al animal que abandonaba su escondite para dirigirse con rapidez hacia el espacio abierto mucho más adelante; allí donde había excavado un hueco para entrar.

Y que ahora les servía para salir al otro lado del enrejado.

Las aguas del río, que marcaban el inicio de todo Colmillo Brillante, chapotearon fuertemente al ser aplastadas.

Huellas húmedas trazaron la tierra café y las hojillas del pasto. La respiración del cordero zumbándole en los oídos al igual que el retumbar del rubí sobre su pecho blanco; no supo durante cuánto tiempo corrieron, mucho menos si fueron varios minutos o apenas unos cinco.

Para cuando se dio cuenta, el pequeño carnívoro empezó a desacelerar para poder correr a su lado.

-"¡No está muy lejos de aquí! –le comunicó-. Yo no puedo aguantar el ritmo, pero sólo debes seguir recto y pronto la encontrarás. ¡Yo iré justo atrás tuyo!"

En efecto, Nanoha le vio jadear, con la velocidad del animal naranja disminuyendo cada vez más. No queriendo perder tiempo, asintió, acelerando luego y avanzando en brincos largos hacia el interior del bosque en el que hacía mucho se habían internado.

En cuanto la comadreja le vio desaparecer por entre los altos árboles, se detuvo. Los ojillos negros brillaron intensamente al momento que pasaba saliva; la boca entreabierta, en un gesto de indecisión.

Sus irises temblaron, y mientras cerraba las mandíbulas para morderse los labios, movió la pata delantera al frente en ademán de querer alcanzarle.

¡Mawww!

Un gemido agudo escapó de su garganta, la cual fue presionada justo después de que su cuerpo azotase la tierra fértil.

-"¿No estarás pensando traicionarnos? ¿O sí…?"

Jadeos mudos salieron, con la sensación de que estaba siendo estrangulado llegándole a todos sus sentidos y nervios.

-"Te doy la oportunidad de ser parte de nosotros –escuchó la decepción fingida en aquella voz-. Y así es como nos lo pagas, queriendo salvar al cordero que te pedí trajeses aquí."

-"No… no tiene la cul…"

Las palabras de la comadreja fueron cortadas cuando la pata negra se hundió más sobre su yugular. Y hubiera continuado así, de no ser por el perro que interrumpió las acciones de Ian.

-"Jefe, creo que es suficiente. Ya la ha atraído como usted quería, no tiene caso castigarlo por algo que no pudo hacer."

-"Mmm –se debatió mentalmente, relamiéndose el hocico-. Entonces hazte cargo tú de él, yo iré por la hija de la Directora."

Con un gesto aburrido, quitó la pata del cuello y pateó con esta misma a la pequeña criatura, la cual se deslizó por el suelo ante el impulso; todavía pretendiendo halar el aire del que le habían estado privando.

Su figura cansada reflejada en los ojos amarillos de Orión.

Ian pronto se marchó de allí, en pasos calmados. El mustélido hizo acopio de sus fuerzas para ponerse en pie; mas se mantuvo agazapado al ver al perro marrón frente a sí.

El dingo le miró desde arriba.

-"Vete" –dijo nada más, pasándole de largo para caminar por donde su jefe se había ido.

-"¡Nanoha Takamachi no tiene la culpa! –le gritó al otro, haciendo que se detuviese-. Yo… yo lo vi en sus ojos, eran sinceros…"

Las pisadas volvieron a escucharse.

-"¡¿Por qué no me has matado, Orión? ¡Ian no habría dudado en hacerlo! –exclamó alto, irguiéndose completamente mientras le veía alejarse-. ¡Eres diferente a ellos y lo sabes! ¡Eres diferente, ORIÓN!"

El eco en el bosque cesó cuando la niebla de la mañana empezó a aglutinarse en las partes bajas, ocultando con su velo, poco a poco, la silueta del perro que no volvió la vista hacia la comadreja que dejaba atrás.

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La figura de Nanoha corriendo se proyectó en los ojos negros, cuyo dueño había tomado un atajo, ya anticipando el camino que la herbívora debía de haber tomado.

Detrás suyo, por entre la neblina, la sombra de una hiena apareció, espiando también desde la elevación al animal que corría abajo.

-"Debería ser fácil para tu jauría acorralarla. Mientras la traigas con vida, no me importa lo que hagas con ella" –Ian alzó los hombros.

-"Bien –se relamió los labios-. Tengo viejos asuntos que atender con ese cordero…"

-"Ve."

Ante la orden del dingo, la cabecilla de la jauría, junto a esta misma, se precipitaron cuesta abajo; sus pisadas veloces y fuertes tronando contra la roca sólida.

Orión llegó a tiempo para verles descender y desviarse para seguir la pista del objetivo. No obstante, el crujir de las ramas cerca de allí, le hizo voltear hacia los árboles, de donde varios cánidos empezaban a salir.

Uno de ellos pasó bruscamente el leño que cargaba en el hocico contra el suelo, provocando que una chispa saltara hasta convertirse en una llama viviente.

El resto le imitó. Justo cuando Ian viró la cabeza hacia atrás y les asintió, todos se dispersaron hacia abajo también, donde el lugar ya se hallaba vacío.

Las llamas pronto tocaron la vegetación de los derredores y el fuego, pequeño e indefenso, se volvió agresivo en cuestión de segundos. El crepitar rugió y las luces rojas y naranjas iluminaron la faz sorprendida de Orión, que dirigió la vista de inmediato a su lado.

Ian tan sólo permaneció impasible.

-"¡Si continúan así, Cirio y los suyos podrían quedar atrapados en el incendio también!"

-"Si son tan incompetentes, que así sea. Lo único que necesito es cansar al cordero, así será más fácil atraparlo; sólo dejaré que otros hagan el trabajo difícil. En estos momentos, Karas debe de estar encargándose de la Directora, nosotros igual tenemos que movernos."

-"¡Pero…!"

-"¿Por qué te preocupas? Ni siquiera son de nuestra clase –le miró de reojo, con aprensión-. Además, sería un problema si su clan decidiese volverse en mi contra, es mejor si su número desciende. Tú como mi Comandante deberías de saberlo."

-"Comprendo…"

-"Eso espero –habló en voz baja-, porque en verdad lamentaría tener que deshacerme de ti, tienes mucha habilidad."

Todavía con la duda poblando sus ojos, alumbrados por la luz de las llamas abajo, el dingo café se mantuvo allí. Finalmente, entrecerró las fauces y se dio la media vuelta para seguir a su jefe.

El humo empezando a colarse ya entre las copas de los árboles.

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Un jadeo escapó de la boca de Nanoha en cuanto se tuvo que parar sobre sus patas traseras, logrando esquivar por poco a la hiena que había emergido súbitamente de la nada.

De repente, numerosas manchas negras empezaron a avistarse entre la niebla, así como el olor a quemado comenzaba a llegar ya a su olfato. Apenas vio los colmillos blancos relucir, no se lo pensó ni dos veces para echar mano de toda su velocidad.

Los gemidos y risas de las hienas, que ya había escuchado cuando en un inicio conoció a Fate, volvieron a perseguirla una vez más. El rascar de las garras contra la tierra así como los constantes intentos por morderla, no fueron tan efectivos como en un principio.

Habiendo vivido ya la experiencia, y sabiendo que Fate necesitaba de ella, Nanoha se obligó a ser fuerte y a correr todavía más.

Al ver que algunas hienas aparecían al frente, queriendo bloquearle el paso, bajó la cabeza. Se impulsó a sí misma, apuntando al frente los cuernos que ya se habían desarrollado un tanto; los cortes brotaron de la piel blanca entonces, rojizos y brillantes, al mismo tiempo en que los cuerpos manchados eran empujados bruscamente al suelo.

Repitió aquella acción una y otra vez, sintiendo el aire pesado y negro empezar a ahogarle; las garras rasguñarle el rostro o aferrarse a sus astas, que se sacudían fuertemente de un lado a otro.

Cuando pudo atravesar al grupo que se le había interpuesto, y que ya se ponía de pie de nuevo, les vio fijamente. La respiración irregular y los ojos azules firmes, decididos a llegar junto a Fate Testarossa, aunque ello significase enfrentar sus más altos miedos.

Y, tal vez, perder ante ellos…

-"Tanto tiempo de no verte."

Una de las hienas, visiblemente más grande y fornida, avanzó al frente, con el resto haciéndole camino. De inmediato, la expresión de la herbívora mostró asombro, recordando a aquél que había lastimado seriamente su pata en antaño.

Y el responsable, también, de que ella hubiese herido los sentimientos de Fate en aquel entonces.

-"Veo que me recuerdas –chasqueó los dientes con satisfacción-. Esta vez, esa loba no está aquí para salvarte."

¡GRUAAAAR!

Las fauces mordieron el aire al intentar atrapar al cordero, que rápidamente lanzó una patada a su mentón, cerrándole el hocico de golpe. Cirio gimió entonces, recuperando el equilibrio de inmediato para perseguir furioso a su presa.

-"¡TRAS ELLA!" –tronó su rugido.

El grito de las hienas sonó por todo el bosque, causando que los latidos de Nanoha se volvieran más frenéticos. Pezuñas y garras azotaron las rocas y hierbas, con los ojos azules oscilando por el miedo de no poder alcanzar a quien más amaba en este mundo.

Cerró los párpados entonces, agitando después la cabeza y arrojando las lágrimas, que no se daba cuenta estaban allí, al viento. Un balido agudo escapó de su garganta, ignorando por completo las lenguas abrasadoras que crecían alrededor suyo.

La luz del fuego alejando la neblina y cubriendo todo de calor y humo. A tiempo abrió los ojos la herbívora para frenarse de golpe ante un árbol en llamas, contra el que casi colisiona.

Retomó el camino al escuchar los bramidos pisándole los talones. Zigzagueó de un lado a otro, notando por fin el incendio que devoraba todo cuanto tocaba; esquivó igualmente las bocas de las hienas así como las llamaradas que se alzaban peligrosas.

-"¡No puedes correr por siempre!"

"-¿Qué está pasando?"

"-¿Por qué hay fuego por doquier?"

"-¡Debemos retroceder o quedaremos atrapados!"

"-¡Caliente! ¡Demasiado caliente!"

La advertencia del jefe, secundada por las voces alarmadas de sus seguidores, llegó hasta los oídos de Nanoha; que ya estaba consciente de que el calor empezaba a jugar con su vista y a sofocarla.

No pudiendo retroceder, su única opción fue ir más hacia delante, allí donde el corazón del incendio parecía estar. Hizo uso de todas sus fuerzas entonces, estirando todo su cuerpo para saltar sobre el tronco caído que interrumpía el sendero.

Justo detrás suyo, Cirio, el líder de la jauría, brincó también.

En ese momento, las llamas que ya habían alcanzado el leño vertiginosamente, dieron un salto colérico que se extendió hasta casi rozar las copas de los árboles; el grupo de hienas, que se había quedado rezagado del otro lado, gimió desesperado.

Reflejándose en sus ojos el fuego consumiendo todo a gran velocidad, cerrando el paso y rodeando en un círculo oscilante a las dos criaturas en su interior. Los chillidos salieron de inmediato, aullando y llamando a su cabecilla que no se percataba de lo que estaba ocurriendo.

Nanoha pronto se halló acorralada, encontrándose frente a frente con una inclinada y alta pendiente rocosa que rompía con cualquier salida.

Para cuando se dio la vuelta, queriendo volver, la silueta de Cirio surgió. Con el furor de las flamas alumbrando de manera espeluznante su rostro frío y asesino; el fuego, a su derecha y a su izquierda, avivándose en un aviso mudo de que no había escapatoria.

-"Hasta aquí llegaste" –gruñó fiero.

Negándose a aceptar aquello, a abandonar a Fate, el cordero hizo lo único que podía hacer. Trotó hasta la empinada cuesta y se aferró, con su cansado y golpeado cuerpo, a las rocas bastas e inestables.

Comenzó a escalar a marchas forzadas, sintiéndose resbalar con facilidad. Los raspones en los cascos dejaron de importarle cuando la imagen de la rubia vino a su mente, sonriente y amable como siempre se había mostrado con ella.

¡Crack! ¡Crack! ¡Crack!

El sonido de las piedras caer hizo que Takamachi mirase atrás, por sobre su hombro; contemplando así a la hiena que se asía, con más dificultad, a las rocas allí.

Decidida a no morir en ese lugar, apretó los dientes y se obligó a avanzar con más prisa, sintiendo sus extremidades flaquear a cada paso. El crepitar del fuego, junto a sus alientos y el rebotar del rubí que pendía de su cuello, silenciaron todos los demás sonidos.

Los segundos pasaron antojándosele interminables y pesados, hasta que finalmente, a través del velo de humo, pudo vislumbrar la cima. El nombre de Fate escapó de su boca, percibiendo la garganta arderle al igual que los ojos, que derramaban lágrimas.

El corazón le dolió tan fuerte, que temió se le quebrara en pedazos.

"¡FATE-CHAN!"

El llamado resonó por todos los rincones del bosque. Recordando todas las promesas y el amor que se habían entregado, Nanoha gimió alto, dando un último salto que hizo que todos sus músculos se tensaran en dolor.

Sus pezuñas cayeron pesadamente encima de la cúspide, mandándole una oleada de electricidad que la hizo desplomarse en el suelo, exhausta. En ese instante, el zumbido de varias piedras desprenderse, así como el de un cuerpo rodar y chocar contra la tierra, la hizo alzar la cabeza débilmente.

Aguantándose el dolor, la ojiazul se asomó a la orilla, a tiempo para observar al líder de la jauría retroceder hasta la pendiente de la que había resbalado. Las llamas cerrando cada vez más el tramo de abajo, amenazando con quemarlo también.

Los aullidos no muy lejos de allí se escucharon, con sombras oscilantes moviéndose justo en el sitio donde el junco caído había estado; ahora, el fuego levantando una pared que separaba a la manada de su líder.

-"¡IAN!" –la hiena atrapada exclamó alegre al divisar en otra elevación cercana, la silueta pequeñísima del dingo.

Mas antes de que pudiese pedirle ayuda, le vio observarle con ojos fríos. Después, el perro negro retrocedió hasta desvanecerse entre el humo, sin siquiera dirigirle palabra alguna; abandonándole a su propia suerte.

Aquello hizo que las orejas y la cola de Cirio cayesen, sabiendo que ahora se encontraba totalmente solo.

Las pupilas ambarinas voltearon hacia la cima, entonces, y el cordero pudo contemplar la angustia y el pánico apoderarse de ellas. Cuando el viento sopló fuerte, haciendo rugir el fuego y batir el pelaje moteado, Cirio tuvo que saltar a la cuesta para evadir el brazo de flamas que se ondeó ferozmente hacia él.

El calor rozó su cola, obligándole a apretar los dientes para tragarse los quejidos de dolor. Las garras negras arañaron la roca sólida y rasposa, avanzando hacia arriba; mas al no haber nacido para recorrer ese tipo de terrenos, sus pasos fueron lentos y torpes.

Resbaló seis veces, y cada vez clavó sus zarpas con miedo, percibiendo las lenguas rojizas latiguearle los cuartos traseros y hacer hervir la superficie bajo éstos.

"-¡Por favor, ayude a Fate-san!"

"-Soy amigo de Erio y Caro, ellos me han enviado. ¡Tienen que creerme, no vendría a exponer mi vida aquí si de verdad no fuera importante! Todo en Colmillo Brillante se ha vuelto un caos; necesita tu ayuda…"

Nanoha se apartó de la orilla y trotó un poco. No obstante, los llamados lastimeros de las hienas la hicieron detenerse, todavía sin volver la vista. Tragó fuerte, para después entreabrir la boca mientras se dedicaba a mirar el camino que tenía por delante.

La neblina empezando a disiparse ya.

"Fate…"

"-¡Un poco más, Jefe, ya casi lo tiene! ¡Suba un poco más!"

"-¡Ánimo, no puede darse por vencido!"

"-¡Nosotros estamos con usted!"

Cerró los párpados y se echó a correr.

En la cuesta, el humo entraba a los pulmones de la criatura negra sin piedad. La respiración se tornaba casi nula así como su visión se volvía borrosa; la poca conciencia que le quedaba, sabía de antemano que no le sería suficiente.

Faltaba muy poco para ver la cima.

Las patas pisaron mal entonces, hundiéndose y desquebrajando el material debajo. Sus extremidades traseras perdieron el soporte, mientras las delanteras se soltaban por el peso repentino concentrado en ellas.

Gemidos se despertaron asustados, con los miles de pares de ojos viendo al líder del clan resbalar y caer.

El tiempo, el aire y el calor se volvieron uno solo, convirtiéndose a la vez en nada. El mundo dio un fuerte empujón y él apreció la gravedad sujetarle de las patas y arrastrarlo hacia abajo.

-"¡Resiste, por favor!"

Sus garras postreras rozaron de nuevo la superficie rocosa a medida que sus ojos mieles se abrían, solamente para ver la cabeza del cordero bajo sus cuartos primeros, los cuales colgaban flojos sobre la mediana cornamenta.

-"Rápido… -Nanoha gimió, sintiendo sus pezuñas ser haladas pendiente abajo-. Tienes que subir rápido…"

Lentamente, fue jalado hacia arriba, colocando así sus cuartos traseros uno delante de otro, escalando ahora con más seguridad y facilidad; los orbes color ámbar reflejando entre movimientos temblorosos la figura de su presa salvarle de su muerte.

Rememorando el can en su mente todas las veces que había intentando atacarle sin remordimiento alguno; siendo que ahora, que podía dejarlo caer para librarse de él por siempre, no hacía sino proteger su vida.

Susurros se oyeron a la distancia, allí donde la jauría observaba conmocionada a través del manto de fuego, el espejismo de su jefe ser rescatado.

Cuando las cuatro patas tocaron la tan ansiada cresta, Cirio se precipitó sobre ésta, ya sin fuerzas.

La boca entreabierta y la lengua pegada la tierra, con el vientre subiendo y bajando mientras su mirada indescifrable no se apartaba de aquélla cerúlea que le veía desde arriba.

-"Yo… -Nanoha habló-. Yo debo ayudar a Fate. No espero que ustedes lo entiendan."

Con eso dicho, se dio la media vuelta para desaparecer entre la floresta. La hiena se sostuvo de sus extremidades delanteras, respirando agitadamente y viendo el camino por el cual se había marchado la pequeña herbívora.

Al siguiente segundo, su cuerpo se desplomó para no volver a levantarse.

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-"¿Dónde están todos?"

La pregunta del cuarteto fue vocalizada por Chrono Harlaown, que giraba sobre sí mismo en el lugar donde debería de haber una revuelta, y que simplemente parecía vacío.

-"Tal vez se han escondido" –opinó el lobo marsupial.

-"Nadie aquí se ha escondido, Griffith. Sólo tienen que alzar las miradas para comprobarlo."

La voz rígida hizo que todos elevasen la vista a la meseta frente a ellos. Arriba de ésta, la imagen de un dingo rojo apareció, acompañado de otros que se apostaban a lo largo de toda la orilla.

-"¿Qué están haciendo aquí? Este sitio es muy peligroso, ¡les ordeno que se vayan!"

-"Directora –las pupilas púrpuras se enfocaron en ella-, me temo que su autoridad acaba el día de hoy."

Una vez que terminó su oración, todos los perros bajaron sus cuellos para pelar los dientes y gruñir feroces. El lobo de los esteros jadeó sorprendido ante aquello, al igual que su hijo y los profesores que le acompañaban.

-"¡Karas! –llamó Lindy-. ¡¿Qué dirá Ian cuando sepa lo que estás haciendo?"

-"Pero si es él quien me ha enviado."

La lengua se relamió el hocico rojo del dingo, cuyas órbitas permanecían serias y desprovistas de emoción alguna.

-"Fue una trampa… -Chrono susurró-. ¡Nos tendieron una maldita emboscada!"

-"¡Lindy Harlaown! –el grito de Karas hizo que la nombrada hiciera contacto visual con él-. ¡Yo seré quien pelee contigo!"

Un bramido de guerra abandonó la garganta del Comandante conforme lideraba al resto a saltar hacia abajo, para abalanzarse contra aquellos que debían de ser eliminados.

Para que Jail Scaglietti recuperase el trono.

" – " – "

Los ojos negros, brillantes entre la neblina que había sobrevivido, hicieron a Nanoha detenerse. Cuando quiso dar la vuelta para tomar otro camino, mandíbulas poderosas se cerraron sobre su cuello y la fijaron al suelo.

Balidos descontrolados fueron emitidos, disminuyendo su volumen conforme los dientes constreñían su cuello.

-"Takamachi Nanoha –escuchó el murmullo grave al tiempo que abría uno de sus ojos azules-, he estado esperando por ti."

Ian la levantó entonces, sintiendo ella al instante todo su cuerpo palpitar de dolor y cansancio. Con muy pocas fuerzas, y el aire inyectando sus pulmones escasamente, no pudo evitar ser cargada por el enorme perro negro.

La niebla poco a poco fue esfumándose, con los altos árboles pasando ante su atontada vista. No supo cuánto tiempo fue transportada; sin embargo, al final, la gigantesca estructura oscura del colegio de los mil asesinos surgió ante sus ojos.

Las letras rojas que decían "Colmillo Brillante", causaron que su mente reaccionase ante el peligro inminente.

Cada paso retumbó en sus oídos, y pronto, las paredes de interior nácar la rodearon. Apenas cruzar la entrada, miles de carnívoros –esperando en lo que asemejaba una recepción- dirigieron su vista al dingo que caminaba despacio a través del corredor principal.

Cuando hubo alcanzado el final, soltó al cordero, dejándole caer sobre el piso limpio.

Después, retrocedió de espaldas hasta unirse al conglomerado de animales que se hallaba reunido allí. El ruido de un aplauso, en lo alto, hizo que tanto Nanoha como todos alzasen la vista.

En la tribuna sobre sus cabezas, Jail Scaglietti sonreía satisfecho, con la imagen del bovino reflejándose en sus ojos perversos.

-"Takamachi Nanoha –saboreó cada palabra-, hija de la Directora de Casco Resistente, ¿a qué debemos el honor de su visita?" –rió.

Bisbiseos y cuchicheos se extendieron por todo el lugar al saber aquella información. El cielo de la mañana, que ya se había nublado y se dejaba ver por entre las grandes puertas abiertas de la escuela, liberó sus truenos así como una fina lluvia que cayó sobre todo el bosque.

Apagando el incendio que los dingos iniciasen momento atrás.

-"Nuestras políticas son claras y estrictas, en cuanto a lo que el término depredador y presa significa –retomó la palabra, con el viento silbante y húmedo como única interrupción-. Nosotros cazamos herbívoros, los traemos aquí, nos atrevemos a irlos a buscar al otro lado o los encontramos invadiendo estas tierras; tal y como ha pasado contigo. ¿Y sabes qué sucede después?"

Un relámpago alumbró el rostro del pelimorado, que chasqueó sus dedos sin despegar la mirada del cordero.

En ese momento, un dragón monitor empujó el cuerpo de Fate hacia delante, en el pequeño espacio que había sido reservado para la invitada de Jail.

Nanoha estuvo a punto de gritar su nombre al verla caer al piso, mas se contuvo; consciente de que aquello colocaría a su compañera en serios problemas. La lobezna se puso de pie entonces, cambiando sus ojos borgoñas de reticentes a preocupados al ver las heridas de su pareja.

-"Hace años, Precia Testarossa demostró ser la mejor depredadora de este Colegio, antes de morir aquella trágica noche a manos de una estudiante que nos traicionó a todos –mintió y fingió pena mientras se llevaba una mano al pecho, sabiendo perfectamente que nadie sabía que él había sido el verdadero responsable de aquel incidente-. Ahora, Fate Testarossa, tú que eres su hija, te ofrezco la oportunidad de redimir su nombre. Deshazte de la hija de la Directora de Casco Resistente, para que quede en claro quién está arriba en la cadena alimenticia."

La boca de la lupina tembló al contemplar horrorizada a todos los estudiantes que veían a Nanoha con hambre. Las orejas negras se plegaron hacia atrás y ella volteó a verla, encontrándose con las pupilas azules brillantes y sin saber qué hacer.

-"¡Nanoha!"

Hayate exclamó en voz baja, dándose cuenta, al igual que el resto de sus amigas, del auténtico motivo de la reunión. Cuando ella y Signum quisieron abrirse paso entre los alumnos, Ian dio un paso adelante, habiendo anticipado ya aquello.

-"¡Nosotros somos el futuro de Colmillo Brillante! –habló alto, entusiasmando a los presentes allí-. ¡Quien se oponga a eso, también deberá enfrentar el mismo destino que Takamachi Nanoha!" –declaró, observando de reojo y con una semi-sonrisa, al licaón ubicado más atrás.

Aullidos, chillidos y rugidos demostraron de inmediato el acuerdo con ese pensamiento.

-"No podemos intervenir sin un plan, sólo empeoraríamos las cosas" –Carim le susurró a Yagami.

Signum, ubicada en el grupo frente a ella, junto a Tía y Subaru, volteó a verlas también; sintiendo el peso del pasado volver a cernirse sobre su corazón, obligando a sus colmillos apretarse entre sí para no cometer una locura.

-"Fate –Jail llamó, haciendo que la nombrada le mirase-, si eres leal a nuestros principios, sabes muy bien lo que debes hacer. Mata al cordero, o enfrenta la ira de Colmillo Brillante."

Las orejas de la lobezna saltaron al escuchar esas últimas palabras.

"No…"

Vio las manos del Subdirector apretar el barandal de piedra en lo alto, al mismo tiempo en que una sonrisa que le daba escalofríos se formaba en sus labios.

-"¿Qué vas a hacer?" –repitió, regocijándose con aquello.

"Nanoha…"

Los ojos borgoñas viajaron hasta el cordero al frente, el aire volviéndose pesado de repente. ¿Qué es lo que iba a hacer?

Amaba a Nanoha más que a todo en el mundo entero, jamás se arrepentiría de haberla conocido. El olor de la ojiazul le llegó al olfato en cuanto bajó la vista, encontrándose con la pañoleta azul que le regalase, para ayudarla en un principio a salvaguardar su amistad, atada a su cuello.

"No puede acabar así. ¡No puede acabar así!"

Fate cerró los párpados con fuerza y apretó las mandíbulas. Deseó, con todas sus fuerzas, que lo que estaba pasando no fuese más que una horrible pesadilla.

Pero estaba despierta.

Abrió los ópalos humedecidos, con temor, contemplando así a quien representaba lo más importante en su vida; y a quien también, le pedían todos que asesinase. Tal y como su naturaleza debía de ser.

A pesar de que Nanoha no dijo ninguna palabra, ella pudo entender perfectamente lo que le había expresado en ese preciso momento; aunado a la melancolía en su faz blanca, había allí una sonrisa cariñosa y unos ojos azules que le veían con ternura.

El mundo de Fate se hizo pedazos.

Y sonó tan fuerte en su mente, que pareció como si el mismísimo cielo nublado de afuera se hubiese estrellado contra todo el bosque…

"-¿Qué vas a hacer? ¿Matar al cordero, o enfrentar la ira de Colmillo Brillante?"

"Te amo, Fate-chan…"

Continuará…

¡Vamos a tener una borreguiza! Cada quien traiga sus cuchillos y tenedores, por favor.

Hablando seriamente, la siguiente actualización muy probablemente, casi totalmente seguro que será la última. Tengo planeado acabar LyC durante esta semana que viene.

Así que ya sean los dos o tres capítulos que faltan, está en mis planes subirlos al mismo tiempo.

Muchas gracias como siempre a todos los que hacen un momento para leerse esta historia, espero que hayan disfrutado de la lectura.

Saludos =)

Kida Luna.