"-¡Ese lobo estaba empapado con sangre, sangre que pertenecía a un cordero y que pudo haber sido Nanoha! ¡¿Te piensas que no reconozco el olor de mi propia especie?"
"-¡¿Por qué no me has matado, Orión? ¡Ian no habría dudado en hacerlo!"
"-¡Resiste, por favor!"
"-¡Lindy Harlaown! ¡Yo seré quien pelee contigo!"
"-¿Qué vas a hacer? ¿Matar al cordero, o enfrentar la ira de Colmillo Brillante?"
"Te amo, Fate-chan…"
El lobo y el cordero
Por: Kida Luna
Capítulo XXXVl
Escape al Paraíso, Parte l
-"Está bien… Está bien, si es Fate-chan, no me importa morir por ella."
Las palabras llorosas hicieron que la aludida abriese los ojos sorprendida, sintiendo sus primeras lágrimas deslizarse a través de sus mejillas doradas para caer y hacerse trizas en los mosaicos diáfanos.
Nanoha amplió su sonrisa, queriendo transmitirle lo infinitamente agradecida que estaba por haberla conocido. Cuando los orbes húmedos, que ya lloraban también, se cerraron, la respiración del lobo se congeló por completo.
Sus orejas negras se pegaron totalmente a su nuca y ella entreabrió varias veces la boca, no pudiendo jalar su voz hacia fuera.
"No…"
El cuerpo blanco se enderezó, mostrando el cordero el cuello que había de ser degollado para salvar la vida de Fate Testarossa.
"¡Nanoha, basta! ¡Por favor, BASTA!"
-"No quiero hacerlo…" –gimió dolida, agachando la cabeza y sintiendo sus cuatro cuartos temblar contra el suelo.
Las pupilas borgoñas se entrecerraron conforme la cola punteada en negro se escondía entre las patas. Sacudió la cabeza de un lado a otro, apenas con fuerzas, mordiéndose los labios y deseando morirse más que nunca.
Morir, antes que asesinar lo que más amaba…
"-¿Cómo te llamas?
-N-Nanoha-a T-Takamachi.
-Bonito nombre, pero no me veas así, no luzco tan aterradora. Me llamo Fate. Fate Testarossa."
- ' - ' -
"-¿Nanoha?
-Dime.
-Eres linda."
- ' - ' -
"-Fate, mírame, por favor…
-Nanoha, no, ¡voy a morderte!
-¡Fate, escúchame! ¡Escúchame bien y abre los ojos!"
- ' - ' -
"-Soy un lobo.
-Sí, lo sé, eres mi amiga."
- ' - ' -
"-Ne, ¿Fate?"
-Dime.
-Gracias, estoy tan feliz de estar aquí contigo.
-… ¿Gracias?…
-Nyahaha, ¿y sabes qué más? No te cambiaría por nada del mundo."
- ' - ' -
"-¡Es sólo un maldito cordero!
-¡Te equivocas! ¡Ella es más que eso!"
- ' - ' -
"-No estoy inventando nada. Cuando digo que eres bonita es porque lo eres, Fate. Ahora, ¿quieres salir de ahí un momento?
-¿P-Por qué?
-Me gustaría verte de nuevo, ya sabes, hablo de la adorable rubia que me emboscó con un ataque de cosquillas la otra vez."
- ' - ' -
-"¿Bailarías conmigo?"
- ' - ' -
-"Me gustas, Nanoha. En serio me gustas…
-¿Me quieres, Fate?"
- ' - ' -
"-Está bien, ¿amarnos está bien, cierto?"
- ' - ' -
"-¡Fate-chan nunca me haría daño!"
Todos los momentos que habían creado, desde el primero hasta el último, se reflejaron en los empapados ojos de Fate mientras sus mandíbulas tiritaban; el pelaje blanco del cuello siendo rozado por sus finos colmillos, aquellos que, contra sus primordiales instintos, se negaban a cerrarse.
Más lágrimas bajaron a medida que contemplaba la expresión tranquila de Nanoha, escuchando ya solamente las respiraciones de ambas. En el instante en que sujetó su piel, la lobezna cerró los ojos abruptamente, no pudiendo soportar la idea de que la joven de quien se había enamorado, aceptaba entregarle su vida.
Para poder salvar la suya.
-"Buen cachorro, Fate" –la oyó susurrar con voz quebrada.
-"Mhp –negó-. N-No soy tan buena co-como crees…"
-"¡Mátala!" –Jail gritó desde la tribuna, con las pupilas amarillas inyectadas de locura.
La herbívora, entonces, abrió los ojos azules para verse reflejada en esos mares escarlatas y turbulentos, que le suplicaban perdón y le rogaban por abrazo y consuelo.
Sin embargo, ella tan sólo ablandó su mirada.
-"¿Ne, Fate-chan? –susurró muy bajo-. Cuídate mucho."
"¿Na-Nanoha...?"
-"A-Adiós…" –sollozó.
-"Nanoha… ¡Nanoha, por favor perdóname!"
¡GRASP!
El gruñido del lobo se escuchó al mismo tiempo en que sus fauces se separaban para provocar un chasquido al rodear el cuello pálido.
Durante una fracción de segundo, todos los sonidos murieron. Los párpados dorados y blancos apretados fuertemente, en tanto las miradas de las amistades que habían hecho a lo largo de su vida observaban impotentes.
Las bocas abiertas en un "No" mudo, percibiendo como el aire desaparecía de repente al igual que las demás criaturas que poblaban el lugar; las esperanzas derrumbándose una tras otra, sintiendo que el alma les sangraba de la misma manera en que el cordero iba a hacerlo…
"-Te quiero. Seas lo que seas, te quiero conmigo, Fate-chan.
-Estás cometiendo un error.
-No, no eres un error. Sólo eres una tonta cachorra…"
-"¡NO VOY A HACERLO!"
-"¡FATE-CHAN, NO!"
El grito amortiguado por el pelaje níveo, se dejó escuchar a través de la sala mientras la lobezna se paraba en dos patas; todavía con los ojos cerrados, hizo acopio de todas sus fuerzas para arrojar a Nanoha lo más lejos que le fue posible.
-"¡NANOHA, CORRE! ¡CORRE YA!"
El cuerpo pequeño rebotó sobre las losas, provocando que los animales cerca se alejasen ante el estrépito. Rápidamente, el cordero se puso de pie y se volteó a ver al lobo.
Estuvo a punto de avanzar hacia ella, cuando un tercer grito diciéndole que corriera abandonó la garganta amarilla. El tono suplicante y desgarrador, que perforó sus oídos, al igual que esos tormentosos ojos rojos, la hicieron pasar saliva.
Los ópalos azules temblaron de miedo puro, con un dolor inmenso partiendo todo su ser así como los rayos púrpuras que partían el firmamento.
"No… ¡no puedes… Fate-chan, no puedes dejarme!"
-"Así que ésta es tu decisión… -siseó Jail antes de dirigir su mirada fría directo al cordero-. Je –sonrió de lado-, mátenla."
Inmediatamente la figura del pelimorado se convirtió en la gigantesca anaconda negra que era, con su siseo y mirar aterradores despertando los más profundos temores en el lobo y el cordero.
-"¡Vete de aquí, Nanoha! ¡VETE!"
¡VEEETTTTEEEEEEE!
Nanoha Takamachi se obligó tragarse sus lágrimas para darse la media vuelta y echar a andar los cascos, sintiendo que el tiempo corría lento y sus pasos tardaban una eternidad en realizarse.
Los rugidos y bramidos despertando en el mismo ritmo perezoso, escuchándose aún por encima de los dantescos truenos del cielo gris.
El lobo se abalanzó entonces sobre los leopardos, quienes habían sido los primeros en moverse; golpeó los costados amarillos hasta sacarlos del camino y gruñó mientras atacaba los cuellos, arrojándolos así al piso.
Conforme la hija de Momoko se abría paso, el de Fate era cerrado cada vez más, tratando de evitar que el menor número posible de carnívoros pasase sobre ella. Al mismo tiempo, Signum y las demás corrían para intentar interceptar a los miles de estudiantes –a quienes Nanoha trataba de esquivar difícilmente entre salto y salto-, de modo que el camino a la salida de la escuela no fuese bloqueado por completo.
En segundos, sin embargo, fue inevitable que una de tantas garras enviará a la lobezna al suelo de un bofetón. Apenas se puso en pie como resorte, queriendo ir tras el cordero, correas se aferraron a su piel y cuello.
-"¡Suéltenme! –aulló histérica-. ¡Nanoha, NANOHA! ¡NANOHAAAA!"
-"¡DETÉNGANLA!" –un dragón de Komodo ordenó.
Los lamentos de la lupina continuaron sonando altos y desesperados, quedando ella suspendida en dos patas en tanto su cuerpo luchaba por avanzar hacia delante; las ataduras hicieron mayor presión a medida que los dragones monitores se ponían en pie y empujaban hacia atrás.
Una correa más se enlazó al hocico dorado, que de inmediato le mordió; su dueña sacudió la cabeza, ahora limitada, a los lados, en un intento por romperla. El rasgar de la cuerda sonó así como Fate sentía el rasgar de su propio corazón.
Ignorando el ardor en su boca…
¡SUELTENME YAAAAAAA!
El aullido rebotó fuertemente en las paredes, como un gemido precioso que despertaba relámpagos afuera. Para cuando la lobezna volvió la vista al frente, pudo ver a todas sus compañeras luchando y siendo superadas por el número; la rabia y la angustia la obligaron a querer zafarse una vez más, retorciéndose y rascando frenéticamente sus garras traseras contra los mosaicos límpidos una y otra vez.
-"¡TESTAROSSA!"
El rugido de Signum la hizo virar la cabeza atrás, percibiendo como de pronto la presión sobre ella desaparecía y caía al suelo. Las correas se soltaron de golpe, hasta deslizarse enfrente de su hocico; para cuando se apoyó sobre sus cuartos primeros y volteó a ver los dragones, les encontró aplastados por las patas de la leona.
-"¡¿Qué estás esperando? –le observó luchar por mantenerse sobre ellos-. ¡Ve por Nanoha!"
"Signum…"
-"¡FATE!"
El grito de Carim hizo que sus orejas se parasen, regresando la mirada al frente sólo para ver cómo la herbívora cruzaba ya el umbral de la entrada hacia el bosque. Detrás suyo, Ian salía disparado, que fue rápidamente seguido por Hayate apenas verle.
-"¡Muévete!" –escuchó el ladrido de Arf, que pasaba a su lado y la obligaba a pararse.
Ambas corrieron a través del tumulto de bocas y zarpas en la recepción, sintiendo uno que otros cortes. En el momento en que un lince se arrojó sobre las dos, con su chillido espeluznante, fue su hermana mayor la que velozmente se precipitó encima de éste para evitar que Fate fuese rezagada.
-"¡Fate, por acá!"
Carim corrió hasta ella y se la llevó consigo, dejando atrás a Signum y a Arf, a quienes más criaturas les brincaban y rodeaban con cada segundo que pasaba.
Mordiéndose los dientes, la lobezna tuvo que mirar adelante, apreciando de repente el viento de afuera pegarle en el rostro fuertemente. Las cúpulas de interior negro en Colmillo, fueron reemplazadas entonces por la tormenta grisácea y los depredadores que avanzaban bajo ésta también.
Todos siguiendo la pista de la hija de la Directora de Casco Resistente.
-"¡Jamás les alcanzaremos así! –exclamó Fate por sobre el alboroto-. ¡Tomaré un atajo, tú ayuda a Hayate!"
El dingo tan sólo le miró fijamente y asintió. En aquel instante se separaron, una desviándose hacia la arboleda, y la otra avanzando peligrosamente entre los miles de cazadores que poblaban el lugar; la figura del licaón, marchando a toda prisa tras Ian, reflejándose en las preocupadas orbes lavandas.
Más atrás, luego de que Tea y Subaru fuesen por Signum y Arf, la sombra silenciosa del Subdirector se arrastró hasta la entrada de la escuela; una vez allí, elevó su largo cuerpo mientras sus ojos reptilescos contemplaron al lobo que pretendía escapar por entre los árboles.
" – " – "
Miles de patas detuvieron su sonar al mismo tiempo. Los cuartos marrones parados firmemente sobre aquella colina, con el pecho alto y la mirada grave, pero esta última todavía invadida por chispas de inseguridad.
Dibujándose en su interior, la silueta del gran cordero que le veía metros más abajo, al frente.
-"Momoko Takamachi, hemos venido a entregarle un mensaje –habló fuertemente, sintiendo las ráfagas de aire azotar su pelaje café-. Por orden de nuestra actual Directora, Lindy Harlaown, Colmillo Brillante le declara la guerra a Casco Resistente. Ninguna de sus fronteras será ya respetada por nosotros, y ninguno de ustedes podrá resguardarse más tras estos pobres enrejados."
El comentario causó que los herbívoros ahí apostados dispersasen dudas y preocupaciones en susurros bajos, observando con cierto temor a los dingos arriba de la elevación.
-"¡¿La actual Directora? ¡Así que esto es lo que planean, ¿hacernos sus víctimas? –respondió desafiante la bovina y dio un paso adelante sin abandonar su mirar furioso-. ¡No voy a permitirlo!"
La gran cornamenta se agitó como muestra de ello, logrando con ello mermar los miedos en sus homólogos, fuesen estudiantes o profesores; de manera que, las criaturas detrás suyo, se mostraron dispuestos a apoyar a su rectora hasta el final.
-"En ese caso –Orión pareció darse la vuelta-, ¿qué ésta esperando, Directora? Si quiere tener a su hija de vuelta, será mejor que se apresure…"
-"¿Nanoha?" –el velo poderoso de sus ojos por fin cayó.
-"¡Retirada!"
El ladrido de Orión hizo que los perros retomasen el camino por la pradera, alejándose antes de que el enorme tropel de Momoko despertase y fuese tras ellos.
Los balidos enardecidos del cordero sonaron alto, al ritmo de los truenos, demandando que trajesen a su hija con ella. Mas cuando el líder de una cuadrilla de ciervos, con una pata herida, se acercó a decirle que no tenían pistas de ella, el mundo pareció volverse burlonamente cruel.
Las largas extremidades blancas de la regente temblaron conforme mantenía la cabeza gacha, sintiendo su propia respiración aumentar súbitamente.
Vita, que permanecía entre las filas de herbívoros, retrocedió al ver los dientes planos crujir entre sí y los cascos negros delanteros aplastar de un pisotón la hierba.
Yuuno y Shamal también se sorprendieron, percibiendo un horrible sentimiento instalarse dentro de ellos al ver al cordero alzar la cabeza; los ojos fríos y aterradores, así como el relámpago que alumbró su forma portentosa, enviándoles una serie de escalofríos.
-"Si Lindy Harlaown quiere guerra… –susurró fieramente, rascando con sus pezuñas el pasto-… ¡ESO ES LO QUE LE DAREMOS!"
Los gritos y mugidos se elevaron en toda la pradera, entusiastas y decididos a obedecer las órdenes de su Directora. Los rayos en el cielo iluminando a los miles de herbívoros, cuyas miradas alguna vez aterrorizadas por los depredadores al otro lado, ahora se volvían rencorosas contra ellos.
-"¡EL DÍA DE HOY, COLMILLO BRILLANTE CAERÁ PARA NUNCA LEVANTARSE!"
Con un último coro al firmamento gris y a la llovizna que empapaba sus rostros enfurecidos, fue como Momoko lideró a través de sus tierras al inmenso grupo, para dirigirse a aquéllas que desde el principio de los tiempos les habían estado prohibidas.
Pero que en ese momento, tomarían a la fuerza.
-"Ya vienen…"
Los orbes amarillos de Orión oscilaron al admirar los numerosos puntos negros que ya bajaban por la colina, ésa que él y los suyos hubiesen abandonado minutos atrás.
Consciente de que podían verlos, aulló al resto de su escuadrón para que guiasen a los herbívoros hasta Colmillo Brillante.
Tal y como Ian le había pedido hacerlo.
"Takamachi Nanoha, ¿es éste el amor de tu madre... o sólo el deseo de destrucción hacia nosotros…?"
" – " – "
-"¡¿Qué creen que están haciendo?"
Las palabras de Lindy Harlaown se escucharon en tanto Karas arremetía contra ella sin parar; las mandíbulas cerrándose en el aire mientras el cuerpo verde retrocedía, todavía sin comprender el por qué de la traición de aquellos a quienes había intentado cuidar con esmero.
E intentado alejar de un destino parecido al de Precia Testarossa…
-"¡Detente! ¡Detén todo esto!"
Las demandas del lobo de los esteros fueron seguidas por un largo aullido de dolencia en cuanto algo se clavó en su muslo derecho; se liberó entonces para apartarse, sintiendo su pata trasera flaquear.
Frente a ella, su mirada cansada se proyectaba en la impasible del dingo rojo, cuya boca chorreaba de sangre.
-"¿Por qué…? ¿Acaso no ves lo que está pasando? –chilló desconsolada-. Si continúas así, será Jail quien tome las riendas de la escuela. ¡Él va a acabar con todo lo que hecho hasta ahora…!"
-"Así es como debe ser –empezó a caminar despacio-. Somos asesinos, nacemos para matar a aquellos que nacieron para morir en nuestros colmillos."
-"Escucha lo que dices…"
El lamento del Aguará-guazú pasó desapercibido para el otro, que volvió a arrojarse sobre ella. Las patas verde pálido chocando con las rojas, así como los hocicos luchaban por frenar al homólogo.
A pesar del dolor en su muslo, Lindy se forzó a mantenerse recta y derecha en sus cuatro cuartos; ignorando los rasguños sobre su pecho mullido o las mordidas en su oreja que la hacían gemir de dolor.
Al mismo tiempo en que peleaba y oía sus propios jadeos o bramidos, oía los del resto, que caían estruendosamente sobre el suelo una y otra vez; la marejada de perros cubriéndoles, arañando las escamas, brincando encima del lomo rayado o sujetando la cola negra.
El cuerpo gigantesco de Vice se alzó, abriendo sus palmeadas patas delanteras y sacudiéndose bruscamente, aventando así lejos a los dingos que aferraban sus dientes a él. Cerca suyo pasaba Griffith, corriendo y golpeando los troncos de los árboles o rodando contra la tierra fértil, en un intento por sacárselos también.
Chrono, al igual que su madre, se enfocaba en las mordidas y arañazos, aún sin poder evitar las bocas que se cerraban en su cuello y lo mandaban metros lejos; donde más cánidos le estaban esperando para brincarle encima.
El cansancio empezó a invadir rápidamente al cuarteto, que cada vez que se levantaba, sentía sus energías desvanecerse más. Los dingos, en cambio, se paraban como si nada, conservando su número y ganas de seguir luchando.
"Precia, dame fuerzas…"
-"¡Por ellos!" –rugió Karas.
Las patas tronaron contra el suelo, con las colas bamboleando al igual que las orejas; los colmillos al aire mientras los ojos reverberaban en una letal amenaza.
-"¡Nosotros también! ¡Arriba, arriba todos!"
Gritaba Lindy, con la vista fija en los dingos que ya corrían de nuevo hacia ellos.
" – " – "
La lluvia aumentaba de intensidad así como sus truenos, presagiando malos augurios para el cordero que avanzaba bajo ambos. Su respiración tornándose cada vez más fría, hasta el punto en que podía ver el vaho formarse frente a ella.
Pisadas colisionaban encima del suelo, alertándola de que si se le ocurría detenerse siquiera, sería su fin. Volteó a ver hacia atrás, queriendo hallar a Fate, pero encontrando tan sólo un cúmulo de bestias en su lugar.
Regresó la vista adelante, escaló pendientes y se escurrió bajo las ramas de los arbustos, importándole ya muy poco las espinas en el camino; dio vueltas por un lugar y otro, con el sendero siendo alumbrado varias veces por los cegadores relámpagos.
Los truenos zumbando en sus oídos…
"¡Fate-chan!"
Llamaba una y otra vez dentro de sí, a través de su mirada temblorosa.
El rugido de un glotón la hizo frenarse bruscamente, sintiendo enseguida las patas hundirse en el lodo formado por la lluvia; antes de que Nanoha pudiese cambiar de dirección, el mustélido saltó para aferrar la boca a su nuca.
Los balidos desesperados se escucharon entonces, al mismo tiempo en que el cordero brincaba una y otra vez como si fuese un caballo salvaje, queriendo quitárselo.
-"¡Ahí está! ¡Ya la tenemos!"
Los gritos y siseos no hicieron sino aumentar su nerviosismo y adrenalina; no queriendo ser alcanzada, se aventuró a correr todavía con la criatura encima. No obstante, apenas hubo avanzado unos pasos cuando otro glotón apareció al frente, mordiendo de inmediato su cuello.
El trueno que retumbó sobre sus cabezas ahogó el balido de dolor.
-"¡NANOHA!"
-"¡Fate!"
El crujir de la carne sonó entonces, con las mandíbulas del lobo asiendo los cuerpos marrones para arrojarlos abruptamente sobre los charcos de lodo; una vez que la herbívora estuvo libre, la cazadora la instó a huir de ahí.
El agua estancada en la tierra chapoteó fuertemente, varias veces, con miles de huellas diferentes imprimiéndose en el suelo húmedo. El viento ululante meció tanto las ramas de los árboles, que parecían ir a quebrarse en cualquier momento.
Luego de intentar perderlos, sin éxito, las dos llegaron hasta un acantilado.
Los ojos borgoñas vieron hacia atrás, donde pupilas fluorescentes se vislumbraban entre la sombra de la tormenta; las figuras de todos los tamaños y colores, siendo reveladas por fugaces luces del cielo.
-"¡¿Qué vamos a hacer?" –Nanoha chilló, pegándose lo más que podía a la orilla.
Fate respiró ruidosamente, percibiendo el frío hacer tiritar sus sentidos. Volteó hacia el borde, contemplando el afluente turbulento allí abajo, que golpeaba sin consideración las piedras altas y negras.
Se quedó varios segundos así, halando y exhalando aire mientras sus irises negros recorrían todo el río.
-"Confía en mí" –habló seria, aún sin despegar la mirada del agua.
-"¿F-Fate?"
-"¡Confía en mí!" –aulló, agachando las orejas y cerrando los párpados con fuerza.
A unos metros de distancia de que les alcanzasen, el lobo sujetó al cordero por la nuca, con cuidado; después, su vista se pasó al otro lado, donde el camino continuaba.
Retrocedió un poco antes de lanzarse en carrera. Enseguida, las ráfagas de viento envolvieron ambos cuerpos, que ya habían abandonado la tierra y flotaban en la nada; las patas delanteras oscuras de la cazadora se estiraron, separando los dedos y suplicando por cruzar a salvo.
¡GRASP!
Las cuatro garras negras chocaron violentamente contra la pared rocosa, metros más debajo de la cima. Su cuerpo, en posición vertical, empezó a resbalar entonces; el ruido de las rocas cayendo acelerando los latidos de su corazón.
-"¡Fate!"
Nanoha gritó. En ese momento, una grieta se abrió en el trozo de piedra donde la lobezna estaba aferrada. Las zarpas azabaches rasgaron en pánico los alrededores, mientras las traseras buscaban frenéticamente un soporte seguro.
Para cuando los animales que les perseguían se detuvieron en la orilla de la que ellas habían saltado, Testarossa resbaló del muro sólido.
Peñascos volaron por los aires, hundiéndose en el río así como el lobo y el cordero se hundían también.
-"Han caído..."
-"¡Ahí están! ¡Rápido, hay que bajar!"
Los animales empezaron a dispersarse de nuevo, algunos dando la vuelta para hallar otro camino; y otros, felinos principalmente, deslizándose cuesta abajo por la pendiente rocosa.
" – " – "
-"¡Fate… Fate-chan!"
-"¡Aquí estoy! ¡Aquí… es-estoy!"
Los llamados se volvieron confusos, con el agua entrando a sus bocas cada que las cabezas eran sumergidas por la fuerza del río. Reuniendo sus energías, la lupina volvió a retomar su agarre en el cordero.
A pesar de que el frío aumentaba vertiginosamente, Fate se aguantó y dejó que el afluente les arrastrase lejos por un rato. Cuando vio que se acercaban a una cueva, empezó a nadar en serio; se esforzó en patalear contra la corriente para alcanzar la orilla.
En cuanto sus cuatro cuartos tocaron la piedra fresca, se dejó caer sobre ésta, exhausta. Su boca se abrió, liberando al bovino que se mantenía echado también, intentando normalizar la respiración.
-"No podemos quedarnos… aquí –jadeó Takamachi, siendo la primera en ponerse en pie-. Nos encontrarán…"
-"¿A dónde… a dónde iremos…?"
-"No lo sé –susurró al bajar la mirada-. ¡Eso no importa, tenemos que seguir adelante! ¡Párate, Fate-chan, párate!"
Los balidos del cordero, que se pegaba al cuerpo dorado para animarle a levantarse, provocaron la risa cansada de la otra. El lobo se puso en pie entonces, con las patas largas flaqueándole del frío.
-"Preferiría dormir un poco, Nanoha" –murmuró, con una sonrisa corta y las orejas caídas.
-"Luego… Luego puedes dormir todo lo que quieras –gimió, queriendo evitar echarse llorar-. Y yo estaré a tu lado…"
-"¿Vas a ser mi almohada, cierto? –rió sin ganas-. Ya me cansé de serlo yo."
-"Uhm, claro que sí. Pero ahora debes moverte."
Comenzaron a marchar así, oyendo el eco de las gotas que resbalaban de las estalactitas estrellarse contra el piso. Se apoyaban la una en la otra, recorriendo el ancho y largo camino de la cueva azul, cubierto de sombras oscuras y marinas.
El clamor de los truenos atravesando apenas las duras paredes, al igual que el repicar de la lluvia o el silbido del viento.
-"Iremos lo más lejos que se pueda –dijo Nanoha, pretendiendo llamar la atención de su novia-. El lugar donde nació Hayate, suena muy bueno ahora."
-"Tienes razón –hizo una pausa para dar un estornudo-. Peligroso, pero seguro que nadie nos perseguirá todos los días allí."
-"¿Estás bien?"
-"¿Por qué lo preguntas?"
El ruido de los pasos se detuvo. Los orbes azules miraron con miedo aquellos borgoñas, cuya dueña no comprendía la culpa y arrepentimiento que veía en ellos. Antes de que Fate pudiese preguntar, la otra le ganó la palabra.
-"Me dijeron que necesitabas ayuda… -murmuró, desviando la vista en vergüenza y retomando el paso-. Luego de lo que sucedió con mi madre, pensé que podía arreglar las cosas –sonrió amargamente-; pero todo salió de la peor manera posible."
-"Por eso Ian llegó contigo…"
-"No pude evitarlo, estaba cansada. Muy cansada de todo y de todos."
-"Nanoha…"
Los párpados blancos se entrecerraron, permitiendo las lágrimas deslizarse entre ellos, para resbalar de las mejillas al suelo. Los sollozos escaparon débilmente mientras la herbívora se sentaba sobre sus cuartos traseros.
El suave sonido de una lengua lamer las heridas en su cuello hizo que las pupilas cerúleas se abrieran en sorpresa, viajando hasta el lobo que trataba de cerrar las lastimaduras.
-"Está bien –murmuró entre lamidas-. No tienes que sentirte mal, solamente querías salvarme. Y eso es más de lo que podría merecer…"
En cuanto la lobezna se separó de ella, su mirada rojiza se ablandó, sonriéndole gentilmente al bovino que le veía con remordimiento.
-"Te quiero, Nanoha. Y no me importa si un montón de sacos con pulgas me persigue por ello" –le guiñó el ojo.
-"¿Ni un poco? –preguntó, empezando a sonreír al ver al lobo negar-. Nyahaha, entonces tampoco me importa a mí. ¿Fate?"
-"Dime."
-"¿Tú estás bien?" –inquirió al observar los raspones en las patas negras y las rozaduras que las correas habían marcado en su cuerpo.
-"Mejor que nunca, ¡baaa!" –juntó sus narices.
Las risas que habían iniciado a poblar el oscuro lugar, fueron cortadas al detectar ambas el eco de pisadas y gruñidos hacerse cada vez más altos. Cuando sombras empezaron a dibujarse a lo lejos, en las paredes azules, las dos se echaron a correr.
Sus reflejos negros y grandes se proyectaron en los muros, con los susurros de la tormenta creciendo de repente y apabullando sus corazones. Pasados unos minutos, llegaron a un espacio abierto en aquel túnel subterráneo, donde un lago cristalino rodeaba a un obelisco de piedra.
-"¡CORDERO!"
Las orejas de Fate saltaron ante aquella voz ronca, dirigiendo de súbito su mirada escarlata hacia la sombra que estaba de pie en la cima de la columna. Dos ojos mieles centellearon en la oscuridad de la cueva, orgullosos y desafiantes.
Al instante, numerosas figuras negras se mostraron allí abajo, rodeando la pilastra azabache e internándose en las aguas bajas y frías que les llegaron hasta los tobillos.
Los chillidos de las bestias que les venían siguiendo hicieron a ambas voltear la cabeza, alternando entonces la mirada entre los seres que tenían al frente, y los que pronto aparecerían detrás suyo.
-"Vete de aquí."
Las sombras apostadas en las aguas agacharon las cabezas, encorvaron los cuellos y agitaron la punta felpuda de sus colas ociosamente.
Nanoha dio un paso adelante para contemplar mejor a la criatura que mantenía su vista imperturbable fija en ella. Los ojos azules lucharon por distinguir al animal en la cima, y cuando lo hubo hecho, su boca blanca se entreabrió en una pregunta muda.
-"Vete" –repitió, cortante y frío.
Asintiéndole a Fate, en un gesto de que todo estaba bien, las dos echaron a correr por entre las figuras obscuras hasta llegar al otro lado del lago; allí donde el túnel retomaba su forma original y a unos cuantos metros, la luz del exterior se escurría.
Al momento en que el resto de los carnívoros pisoteaba el lago, los gruñidos de las criaturas alrededor de la pilastra recobraban vida.
Aquél que había estado sobre el obelisco, bajó entonces, entre salto y salto hasta que las pequeñas olas tocaron sus patas negras. Alzó el cuello y observó con frialdad al dingo tostado que tenía enfrente de sí.
-"Hazte a un lado" –Ian gruñó.
-"Ése que era igual a mí, me ha abandonado –respondió fieramente mientras entrecerraba los párpados en resentimiento-. Y no fue sino a quien iba yo a matar, la única que se volvió para tenderme la mano…"
Las hienas detrás de su cabecilla chillaron enfurecidas, apoyando así las palabras de su líder.
-"En ese caso, ¡puedes morirte junto a ese estúpido cordero y su estúpida bola de amigos, Cirio!"
Los bramidos y gemidos estallaron como la tormenta arriba lo estaba haciendo, perforando los oídos de Fate y Nanoha que ya podían ver la salida de la cueva; la última, cerrando los ojos ante la horrible melodía y baile de sombras que se desarrollaba en el interior frío y azul.
" – " – "
-"¡Caro!"
Erio corrió rápidamente entre las ramas, logrando sujetar a tiempo una de las patas de la raposa para evitar que cayese del alto árbol. Apenas la hubo ayudado a subir, ambos se agazaparon entre las frondosas hojas, avistando así con miedo a los monos que comenzaban a balancearse fugazmente entre el follaje y a chillar enloquecidos.
Debajo de ellos, vieron pasar a un grupo pequeño de dingos.
Pronto, una estampida enorme que hizo temblar el suelo llegó hasta sus oídos, encontrándose enseguida con un enorme tropel de animales que ya cubría todo el bosque y comenzaba a atacar a cuanto depredador se le atravesase en el camino.
El balido estruendoso de un cordero crispó sus nervios.
-"¡Erio, Caro!" –gritó Shamal, que intentaba escurrirse entre las filas de sus compañeros para alcanzarles.
A lo lejos, un aullido agudo se elevó hasta el firmamento nublado. Varios puntos negros aparecieron a la distancia, bajando por una colina y con el reflejo de los relámpagos iluminando sus ojos lozanos y combatientes.
-"¡Orión!"
El aludido se detuvo no ante el grito de un compañero suyo, sino ante la visión de los dingos jóvenes que avanzaban cuesta abajo; pasándolos a él y a su cuadrilla como si no existiesen siquiera.
-"¡¿Qué están haciendo? –ladró el perro marrón, interponiéndose en el camino de uno de ellos-. ¡¿Acaso se han vuelto locos?"
-"¡Comandante Orión, quítese por favor! –le respondió el cánido más chico-. ¡Es orden del Jefe que nosotros eliminemos a los intrusos, ésa es nuestra misión!"
Con un empujón, el chiquillo se abrió paso para ir con el resto de sus camaradas. El número, aún grande, se volvía diminuto en comparación con la gran cantidad de herbívoros que se dirigía a su encuentro.
Los ópalos ambarinos contemplaron a los perros, apenas rozando la mitad de su talla, lanzarse contra lo que sería una muerte segura.
-"¿Él ha… ordenado esto?"
-"¡Tenemos que irnos! –alguien gritó-. ¡No podemos hacer nada!"
-"¡No podemos dejarlos!" –gimió desesperado.
-"Piensa que morirán con honor, Orión, ¡todos ellos son soldados valientes!"
La colisión entre ambos grupos, semejante al de dos cabezas de dragones que se estrellan entre sí, hizo un eco profundo en la mente del Comandante. Los aullidos y rugidos de los cachorros entonándose en el aire frío, mezclándose con los tambores de la tempestad.
Como un canto de cuna en una noche de tormenta.
Continuará…
Bien, antes que nada quiero disculparme por no haber actualizado la semana pasada; pero como se habrán podido dar cuenta, debido a que la extensión del final era algo larga, tuve que estirar el plazo.
Sí, en efecto, ésta es la última actualización de LyC.
Los dejo entonces para que continúen leyendo sin retrasos los últimos capítulos ;)
¡Saludos!
Kida Luna.
