"-Está bien… Está bien, si es Fate-chan, no me importa morir por ella."

"-¡NO VOY A HACERLO!"

"-¡¿Qué estás esperando? ¡Ve por Nanoha!"

"-Momoko Takamachi, hemos venido a entregarle un mensaje. Por orden de nuestra actual Directora, Lindy Harlaown, Colmillo Brillante le declara la guerra a Casco Resistente..."

"-Somos asesinos, nacemos para matar a aquellos que nacieron para morir en nuestros colmillos."

"-Iremos lo más lejos que se pueda…"

"-Ése que era igual a mí, me ha abandonado. Y no fue sino a quien iba yo a matar, la única que se volvió para tenderme la mano…"

"-Piensa que morirán con honor, Orión, ¡todos ellos son soldados valientes!"

El lobo y el cordero

Por: Kida Luna

Capítulo XXXVll

Escape al Paraíso, Parte ll

El estrépito de los cuerpos jóvenes cayendo contra el suelo, el zumbido rebosante de los elefantes y sus patas planas aplastando a los perros debajo suyo. Los cuernos arrojando las sombras hacia el tronco duro de los árboles mientras los gorilas los alzaban en el aire, por el cuello y por el vientre, hasta oír el crujido de sus huesos al ser estrangulados.

Mordidas y arañazos caninos derribando a las gacelas, desollando la nuca de los monos o saltando sobre las jirafas.

El lamento de la tormenta llorando, con sus rayos violetas y brillantes surcando las nubes grises en sintonía con la lluvia inclemente.

-"¡Arisa, Suzuka! ¡Tomen a Erio y Caro y llévenlos lejos de aquí!"

Los ladridos de la pastora, que cubría a ambas equinas de ser atacadas, fueron obedecidos. En cuanto los zorros brincaron hasta sus lomos, los cascos golpetearon la hierba húmeda más fuerte que nunca; el alboroto de la batalla inundando de miedo sus grandes ojos de caballos, con el olor de la sangre siendo guiado por el viento hasta sus narices.

Los cuervos graznando descontroladamente en una gran masa negra, bajando y subiendo en un intento por detener a los invasores de su territorio.

-"¡Hey, por acá!"

-"¡Vita!" –llamó Suzuka.

La búfala se dio la media vuelta, guiándoles fuera de allí y haciéndoles más fácil el esquivar a los carnívoros que de repente salían en el camino. Las patadas de las équidas, aún así, eran desatadas de vez en cuando; Caro y Erio agazapados sobre las espaldas hípicas, observando con terror lo que ocurría a su derredor.

-"¡¿Dónde está Nanoha?" –gritó Arisa, tratando de hacerse escuchar sobre el caos.

-"¡No tengo idea! –respondió Vita-. ¡En estos momentos Rein está planeando encima de todo Colmillo para hallarla!"

-"¡Fate-san! –exclamó Erio-. ¡Seguro que Fate-san está con ella!"

-"¿Qué es lo que está pasando? ¿Por qué nos están atacando todos?"

-"Nos dijeron que… la Directora de Colmillo… iba a matarnos, Caro –jadeó la cebra-. Por eso, Momoko ha movilizado a todos."

-"¡Lindy-san nunca diría algo así! –rebatió el zorro rojo-. ¡Debe ser un malentendido!"

-"Sea lo que sea –interrumpió la potrilla-, alguien quería que esto pasara..."

" – " – "

-"¡Deténganse!"

El ladrido de Orión fue cortado al tener que brincar para evadir la cornamenta de un caribú. Rápidamente se escurrió entre sus enemigos, con las patas deslizándose en cada vuelta repentina que daba; los rostros inertes de los cachorros que pasaba de largo, apachurrando su espíritu y susurrándole cosas espantosas al oído.

El mugir de los toros así como el de los bisontes, haciendo trizas a los perros, volviendo su mente una maraña de pensamientos.

-"¡Retirada! ¡RETIRADA!" –aullaba mientras corría, con los ojos fuertemente cerrados.

Pero ninguno hacía caso.

Los colmillos crujían y los cuerpos se agazapaban antes de saltar al ataque, desangrando los ojos o cayendo ante los cascos pesados.

Los rayos entonces se tornaron más agresivos, rozando las copas de los árboles y derribando algunos cuantos al suelo, que de inmediato empezaban a arder bajo el furor de las llamas.

De pronto, su mirada captó la imagen de un cachorro aterrorizado, con el cuerpo hecho un ovillo sin despegar la vista del antílope que alzaba las patas frente a él.

Las mandíbulas marrones se cerraron en el cuello del bicornio de inmediato, dejándole caer al suelo una vez le hubo asfixiado. Viendo que los camaradas del herbívoro caído se volteaban hacia él, hizo una fugaz revisión para ver cuántos de los suyos quedaban con vida.

-"¡Soy el segundo Comandante de este clan –rugió con seguridad, pretendiendo enmascarar el miedo que sentía-, y cuando digo retirada, ES RETIRADA!"

Sin perder más tiempo, cogió por el cuello al cachorro en tanto los pocos que habían quedado le seguían; más movidos por el temor que por las reglas a obedecer.

Las luces de las llamas iluminando las caras de todos, con los cascos tronando detrás de ellos. Orión corrió de vuelta al principio de la colina, dejando allí al perro que llevaba consigo y al resto; luego de enviarles con sus demás compañeros al otro lado, regresó para guiar a sus perseguidores lejos de los dingos.

Se les atravesó al frente y se desvió a la derecha, ocasionando que en segundos, toda la estampida fuera detrás de él. Sin embargo, no pudo apartarse demasiado, pues fue Momoko quien le rompió la salida al salirle más adelante.

Los pasos lentos y los ojos azules relampagueantes, así como todo el cuerpo sombreado siendo escasamente iluminado por las llamas, hizo al dingo retroceder.

El ruido de la hierba ser aplastada por numerosas pezuñas, le hizo darse cuenta de que estaba atrapado.

-"Los que ya no podrán escapar ni protegerse, serán ustedes" –susurró el cordero, trotando de inmediato para embestirle.

El aullido del can fue silenciado por uno de los truenos. Orión se mordió los labios al caer contra el suelo; cuando abrió sus ópalos mieles, éstos oscilaron mientras en su interior se dibujaba la figura enardecida de la Directora de Casco Resistente.

El brillo infernal del fuego alrededor, haciéndola lucir como la depredadora que no era.

" – " – "

¡THUMP!

Lindy Harlaown se desplomó en la tierra, alzando apenas la cabeza para ver al dingo rojo que le observaba de cerca, cuya cara era surcada por hilillos de sangre.

El precipitar de otros cuerpos sonó también, con Chrono siendo sometido por varios perros al igual que Griffith; mientras muchos de los cánidos se paraban encima de Vice, evitando así que pudiera mover su enorme ser cansado y herido.

-"¿Realmente vas a hacer esto?" –preguntó roncamente.

Karas parpadeó y dirigió la vista súbitamente al cielo gris encima de sus cabezas. Concentró sus ojos púrpuras y profundos allí por segundos, con la faz totalmente indescifrable como siempre.

-"Un Comandante sigue las órdenes que le han de ser dadas, porque su vida sirve a ese único propósito –explicó con calma-. Si has de morir tú, o si he de morir yo… ¿qué diferencia habría?"

Las órbitas, que parecían decir bastantes cosas a la vez, recuperaron su tonalidad parca y fría. El can rojo avanzó despacio hacia ella entonces, separando las mandíbulas repletas de colmillos blancos.

-"¿Y toda tu vida harás eso? –Lindy se forzó a levantarse-. ¿Arriesgar tu vida, por un objetivo en vez de hacerlo por una persona importante para ti?"

El recuerdo de aquella vez en que ella y Precia se tomasen la foto que conservaba escondida en un cajón de su escritorio, vino a su mente. La sonrisa amable y los ojos simpáticos, llenos de esa cierta timidez que tanto solía adorar.

-"Soy un soldado. Los soldados están hechos para morir tarde o temprano."

Los dientes, empapados de sangre, reverberaron. Para cuando Lindy quiso ponerse en pie para evitarlos, el golpe de las patas rojas en su costado la hizo volver abajo.

Karas le miró desde arriba, con su figura pesada y fornida siendo ensombrecida por la inexistencia de los rayos del sol. Sus ojos vacíos fueron contemplados por los azules de la Directora.

-"Algún día –susurró el dingo-, nos veremos al otro lado del Paraíso."

Las fauces se abrieron entonces, obligando que los párpados marinos se cerrasen al verle dirigirse hacia ella al igual que el fugaz dolor que sobrevendría antes de su muerte.

-"¡MADRE!" –aulló Chrono, retorciéndose bajo las patas de colores que lo fijaban al piso.

¡CLLLAAASSHHH!

El rasgar de la piel se escuchó chirriante en cuanto una silueta se situaba sobre Lindy y enterraba los colmillos en uno de los hombros del Comandante, que se alejó de inmediato al ver que perdería el equilibrio.

Enseguida, más sombras emergieron tras los árboles, quitando rápidamente entre bofetones y empujones a los dingos que aprisionaban a los profesores y a Chrono.

-"¡¿Están todos bien?"

Verossa aparecía junto a Rein, que había avistado hacía poco la revuelta que se había desenvuelto allí, y guiado de inmediato a los híbridos para brindar ayuda.

La expresión impasible de Karas se volteó a ver al inmenso ligre que escudaba al aguará-guazú. Apoyando al felino, aparecía un licaón joven, la misma que Hayate había tenido al lado de su celda durante su noche de reclusión.

-"Ríndanse –demandó la voz femenina-, les superamos en número."

El dingo miró a la cánida moteada fijamente, todos sus compañeros replegándose a la vera suya entre gruñidos; esperando por órdenes que acatar.

-"Nunca" –entrecerró los párpados.

Y con eso dicho, se abalanzó sobre ambos, al igual que el resto de su cuadrilla.

Los ladridos despertaron una vez más, con el cuarteto que fuese emboscado en un principio, siendo protegido ahora por los híbridos. Los dingos fueron cayendo uno tras otro, más repelidos e inmovilizados que el intentar siquiera arrebatarles la vida.

Aún cuando en un pasado no muy lejano, ellos no habrían dudado en quitarles las suyas a los mestizos.

A pesar de aquello, muertes en ambos bandos se sucedieron.

Con las gargantas bañándose de rojo y las cabezas siendo perforadas por poderosas mandíbulas; mordidas profundas en los estómagos eran acompañadas por el abrir de la piel en las espaldas.

Gemidos y alaridos alcanzando la orquesta dantesca en el cielo tempestuoso.

El cuerpo de Karas golpeó una roca grande entonces, con la sangre resbalándose copiosamente de su rostro y de sus patas, mezclándose así con la lluvia y la suciedad de su pelaje; pero él todavía, jadeante, poniéndose derecho y en pie.

En su mirada severa, el miedo a la muerte convirtiéndose en algo inexistente y desconocido.

¡SQUAAAAWK!

El graznido que llegó hasta los oídos de todos, les hizo dirigir la vista hacia la bandada de cuervos y cisnes que volaban a lo lejos en una caótica danza; sombras negras o blancas cayendo del firmamento a cada minuto que transcurría.

-"¡Están aquí!" –Rein chilló.

-"¡¿Quiénes están aquí?" –Lindy preguntó exasperada, parándose y caminando hasta ella.

-"Casco Resistente, hace rato que cruzó las fronteras porque alguien de aquí les ha amenazado –las pupilas de la gaviota que flotaba en el aire, temblaron-. Y vienen a deshacerse de ustedes."

-"Jail… -Chrono gruñó, levantándose también-. ¡Madre, tenemos que acudir de inmediato! ¡No podemos dejar que se salga con la suya!"

-"¡Está escapando!"

El grito de uno de los híbridos hizo que la Directora y el resto se detuviesen para observar al dingo rojo que saltaba con dificultad, tomando de esa manera otro camino entre el bosque; por breves segundos, la mirada de la rectora se quedó pegada a la suya, que le devolvió el gesto con la misma gravedad que siempre había mostrado.

-"Déjenlos –decidió, ignorando el rostro sorprendido de la mayoría-. Nuestra prioridad es la seguridad de Midchilda y los que compartimos sus tierras."

Finalmente, se apartaron de allí, encaminándose al sitio donde los pájaros en el cielo presagiaban una lucha que debía de extenderse hasta el terreno bajo sus alas. Y dejando atrás, a los perros que se quedaban echados y cansados, con las heridas obligándoles a verles irse.

A excepción del Comandante que se abría paso entre la floresta, ignorando el ardor de sus magulladuras ante el frío y la humedad.

" – " – "

-"¡Padre!"

El grito de Aria hizo que Graham y sus dos Comandantes dirigiesen la vista al cenit gris, donde el escándalo de las aves, tan chicas para ellos, debía de ser estruendoso.

El humo que empezó a subir a la atmósfera los alertó aún más a todos, que ya intercambiaban susurros entre sí.

-"Graham-san, ¿qué es lo que debemos hacer?" -preguntó Atariel.

El aludido se quedó en silencio, contemplando las tierras que estaban mucho más allá de las suyas; y que ahora, parecían derretirse lentamente ante el fragor de batalla y el odio.

"Hayate…"

-"¿Graham-san?"

La lluvia que mojaba los hocicos del clan, más suave en esa parte de Midchilda, no logró enturbiar la mirada del líder, que no respondía al llamado de Áster.

Las felinas gemelas Lieze, paradas en las altas ramas de un árbol, admirando el bullicio a distancia, en lo que seguro debía de ser Colmillo Brillante.

El sitio a donde Hayate Yagami había decidido volver.

" – " – "

A través de zarpazos y mordiscos fue como se abrieron paso parte de los carnívoros, logrando quitarse de encima a las hienas que custodiaban la salida de la cueva.

Aprovechando que la situación cambiaba de nuevo a su favor, Ian tomó con una de sus patas algo de tierra y lo arrojó al rostro de Cirio, que gruñó ante ello; viendo que el otro cerraba los párpados e intentaba tallárselos, el can negro se le abalanzó encima.

Rebotaron contra el suelo uno sobre el otro, hasta que finalmente fue el dingo quien quedó arriba, presionando fuertemente sus patas en el pecho gris. Un quejido de dolor abandonó la garganta de la hiena al sentir un arañazo en su ojo izquierdo.

Dándose cuenta de que Nanoha y Fate se alejaban cada vez más, Ian se apartó de su contrincante para salir tras ellas. Una risa escapó de su boca al voltear atrás y ver cómo Cirio se ponía en pie sólo para ser derribado de nuevo, con más animales bloqueándole el paso y atajándolo por todos lados.

Los chillidos de las hienas hicieron eco, con algunas cuantas consiguiendo perseguir a los depredadores para interponérseles en el camino; mientras otras más eran derrotadas y asesinadas en un parpadear de ojos.

El lobo y el cordero continuaron corriendo, pudiendo escuchar el traqueteo de sus enemigos todavía tras ellas. De repente, el bosque repleto de árboles se transformó en una pradera abierta, con las colinas subiendo y bajando hasta donde la vista no alcanzaba.

Prosiguieron recto, con el crujir del pasto acompañándoles al igual que la sinfonía de la tormenta. Ya les había avistado Ian, que se hallaba al frente de la manada de cazadores; sin embargo, cuando las dos hubiesen desaparecido al bajar una colina, no fueron ellas a quienes se encontró al descender también.

Sino a Hayate Yagami.

Que le esperaba pacientemente mientras les daba tiempo a sus amigas de huir.

-"Mestiza…"

-"Soy yo con quien tienes problemas –le dijo desafiante, relamiéndose el hocico-. Fate y Nanoha no tienen nada que ver en esto."

-"El mundo no gira alrededor de ti, Yagami –respondió burlón-. Aún si me deshago de ti, me desharé también de ese par molesto; así, Jail Scaglietti dejará en claro cómo son las cosas en Colmillo y a quién le pertenece, y yo seré su mano derecha."

-"No voy a permitirlo" –gruñó.

-"¿Tú y cuántos más?"

Las carcajadas de Ian sonaron alto al ver que el licaón era el único que se le atravesaba en el camino a él y a todo su tropel. No obstante, enseguida apareció Carim junto a Hayate, al igual que Arf, Signum, Subaru y Tía.

Detrás de todas, marchando se acercaba Tod, con un grupo de híbridos que le seguían el mismo ritmo tranquilo.

Cuando todos estuvieron apostados al frente de quienes seguían las órdenes de Jail, el lobo pintado dio un paso adelante.

-"Yo y todos ellos, Ian. De ninguna manera permitiremos que destruyas la amistad que hemos luchado por proteger."

-"¿Así que ésa es tu respuesta? De acuerdo, veamos si peleas tan bien como ladras. ¡A ELLOS!"

La orden fue transportada velozmente hasta los oídos de todos por las ráfagas tempestuosas. En el siguiente segundo, las patas a ambos lados de la colina abandonaron sus posiciones para desplazarse a gran velocidad por la hierba.

El tronido del choque de ambos bandos fue terrible, llevándose a algunos al suelo en tanto otros se paraban en dos, luchando con sus cuartos delanteros. Los bigotes fueron revoloteados por el ajetreo, con la sangre que escapaba de las mejillas empezando a deslizarse en ellos.

Hasta empapar los pelillos de hierba que crecían allí.

Un aullido escapó de la garganta de Hayate al sentir unas mandíbulas clavarse fuertemente en su lomo; de inmediato, las suyas se aferraron a la nuca negra, jalándole consigo para hacerle caer estrepitosamente.

Al verse liberada, se apartó de Ian unos metros. Después, en cuanto le vio levantarse, empezó a correr hacia él, que también imitó el movimiento; el choque de sus cabezas fue como un trueno del firmamento, con los sentidos volviéndose una marejada vaporosa y confusa.

Rápidamente una boca sujetó su cuello marrón, estrellándola contra el pasto y luchando por cerrarle el paso de oxígeno. Las patas blancas de Yagami rasguñaron entonces el rostro del dingo, en un intento por apartarlo mientras sus pupilas azules buscaban alguna salida, desesperadas.

-"¡Hayate!"

El camino le fue bloqueado a Carim, que se vio rodeada por cinco chacales. Todos ellos saltaron hacia ella al mismo tiempo, asiendo sus patas y orejas; aún cuando les llevaba ventaja por el tamaño, el hecho de que eran más que ella le dificultaba el poder zafarse para ayudar a su compañera.

-"¡Su… Suéltame!"

Un jadeo mudo escapó del licaón al sentir el aire fallarle. Las nubes, que brillaban de vez en cuando, se le antojaron inalcanzables y tenebrosas; como si los rayos erráticos allá arriba amenazasen con caerle encima en cualquier momento.

-"¡Déjala ir!"

La bola blanca y rayada que saltó hacia el rostro de Ian para morderle, hizo que éste abriera la boca para lanzar un aullido. El perro salvaje sin perder tiempo se colocó panza abajo para salir de debajo de él, contemplando después al tigre níveo que era arrojado bruscamente al suelo.

Antes de que el dingo pudiese atacarlo, Hayate le embistió con fuerza. Luego, aprovechando que lo había derribado, lo tomó de la cola y aplicó todas sus energías para levantarlo al momento que se daba la vuelta; las garras negras rascaron la hierba entonces, no pudiendo evitar despegarse de ésta al ser elevadas.

El perro cayó pesadamente, sintiendo la espalda retorcerle en agonía. En el instante en que Yagami quiso abalanzársele encima, Ian deslizó sus fauces hasta sujetar una de sus patas delanteras; una vez apresada, la aventó por los aires para hacerla desplomarse de sopetón.

Usando sus garras como freno, la cánida moteada detuvo el resbalar de su cuerpo. De repente, una sombra enorme cubrió la poca luz que le brindaba el ambiente; inesperadamente, los ojos azules se encontraron con la figura de Ian sonriéndole malévolamente con todos sus colmillos.

Y arriba de él, la silueta de un gigantesco oso rojo de pie, que apuntaba sus dientes y zarpas hacia ella. Hayate pasó saliva y cerró los párpados apenas escuchó el rugido potente, pudiendo sentir la ráfaga de viento de aquellas filosas patas dirigirse a ella.

¡CLLLAAAASSSSP!

¡GROOOOAAAARRRR!

Un pisotón poderoso hizo temblar el sitio donde estaba echada. Para cuando se atrevió a develar su mirada azul, una segunda sombra le cubrió por completo; arriba suyo, un baribal sujetaba sus patas anchas y negras contra aquéllas escarlatas.

El mugido de un osezno, que se paraba frente a ella y le rugía a Ian, llamó su atención. Sus orejas mullidas se irguieron al reconocer al cachorro de oso que hubiese salvado una vez de la jauría de dingos.

Al igual que la madre, que hacía retroceder al mamífero que había querido agredirla.

Al ver que el perro corría hasta el pequeño baribal, el licaón se puso de pie de inmediato para defenderlo. El sonido de las bocas abrirse y cerrarse revivió otra vez, con el bramido de los osos encima de ambos haciendo retumbar sus cabezas.

La sangre goteó al aire frío de nuevo, con la tormenta inflexible azotando los pelajes de todos.

Los linces, que se hallaban cerca, persiguieron entonces al osezno, que velozmente se refugió debajo de otro oso; al instante, los felinos se frenaron, atemorizados ante el enorme animal que surgía de la nada y lanzaba un alarido espeluznante.

Detrás del osezno, más osos aparecían a su lado, poniéndose pie y ayudando a los compañeros de Hayate; como muestra de pago para el favor que le había hecho a una camarada suya.

-"¡Nanoha!"

El cordero se detuvo ante el llamado del lobo, que se ponía frente a ella mientras gruñía. A pesar de que encajó las mandíbulas en el pecho del león que les había salido, un bofetón de parte de éste la envió al suelo.

Antes de que pudiese levantarse, los cuartos leonados le aplastaron el estómago hasta sacarle el aire. Con esfuerzo, la lobezna se retorció, sintiendo los colmillos rozarle y cortarle las mejillas.

-"¡Fate-chan!"

El carnívoro emitió un rugido cuando el cordero le empujó con el peso de todo su cuerpo, consiguiendo que se tambaleara lo suficiente para dejar en paz a la lupina.

Furioso, el animal enfocó la figura de ambas en sus ojos felinos, y alzó las patas delanteras para atacarles conforme su cola daba giros en el aire. Afortunadamente, Signum le tiró al piso en ese momento, evitando así que Fate expusiese su vida.

-"¡Subaru, Tía, llévenselas lejos de aquí!"

-"¡Signum!"

La voz de Shamal hizo que voltease a verle, encontrándose de repente con la imagen del perro pastor, acompañado de una gacela y un hurón. El león entonces aprovechó la distracción para quitársela de encima; sin embargo, todo movimiento fue cortado por el repicar de un trueno.

Y el de varios cascos que se detenían al unísono.

-"¡Nanoha-san, Fate-san!"

-"¡Madre!"

El grito de Erio al igual que los pasos de Vita, Arisa y Suzuka, se congeló al escuchar las palabras de Takamachi.

La figura de la Directora de Casco Resistente emergía en lo alto de una colina, al mismo tiempo en que Lindy y su grupo llegaban a la escena; aquello ocasionó que la lucha parase también, con todos los ojos fijos en las dos rectoras que gobernaban Midchilda.

Karas arribaba también, justo en el momento en que Momoko movía la cabeza al frente, haciendo así que un corzo empujase el cuerpo de un perro que rodó cuesta abajo.

-"¡Orión!" –exclamó el dingo rojo.

-"¿Quién es la Directora de Colmillo Brillante? –preguntó alto y con fiereza el cordero, agachando un poco la cabeza para mostrar sus largos cuernos-. ¡Que se presente ahora mismo si es tan valiente como para amenazarnos!"

Un potente balido acompañó su comentario, con los relámpagos iluminando su ser y dándole un toque abrumador.

-"¡Comandante!"

Los cachorros que había salvado y habían permanecido cerca de la batalla, sin meterse en ella, rodearon rápidamente al vapuleado cánido que estaba echado en la pradera; cubierto de moretones y heridas, con la boca tratando de halar aire.

-"¡Ahí está ella! –Ian proclamó, atrayendo la mirada sorprendida de Hayate-. ¡Lindy Harlaown, la Directora que le ha desafiado y ha secuestrado a su hija!"

Los ojos azules entonces siguieron a aquéllos oscuros, hasta posarse encima del aguará-guazú que le veía con perplejidad. Los dientes de Momoko se apretaron entre sí, con la ira bullendo en su interior.

-"Así que eres tú…"

No obstante, en vez de enfocar su enojo hacia ella, éste fue concentrado en el lobo dorado que reconoció a lo lejos. Al choque de un trueno, el bramido del cordero hizo que los herbívoros mugieran también, bajando todos juntos para atacar a los carnívoros que les veían desde abajo.

La contienda fue retomada así, con la revuelta convirtiéndose en una todavía más peor y confusa; peleando todos contra todos y con los gemidos al por mayor, así como la sangre que manchaba el pasto e impregnaba el aire congelante.

-"¡CORRAN!"

Apenas Shamal se hubo acercado para sacar del trance a Nanoha y Fate, que obedecieron a sus palabras, el león que había estado atacándolas se arrojó sobre ella.

Aquello alertó a Signum, que aún cuando intentó defenderla, no pudo evitar que otras leonas las separasen. A su auxilio acudieron Vita, Arisa y Suzuka, mientras Erio y Caro acompañaban a Subaru y Tía, que iban lado a lado con el lobo y el cordero para cuidarles.

Shach, Shari y Yuuno se unían igual a la reyerta, junto a los profesores de Colmillo Brillante.

-"¡Madre!"

El aullido de Chrono, que con trabajo y se escuchó entre las cuchilladas de cuernos y dientes, quiso detener al lobo de los esteros que salía en persecución de Momoko y un escuadrón de herbívoros; enfocados a alcanzar a la lobezna que había irrumpido hacía un día atrás en sus terrenos.

Arf y Verossa intentaron alcanzarle, siendo al instante acorralados por rinocerontes y búfalos que rascaban el suelo con sus patas y zarandeaban sus cornamentas peligrosamente.

-"¡ALTO!"

De un salto, Lindy interrumpió el camino de Momoko, no preocupándose por el resto de herbívoros que les pasaba de largo. Los orbes azules le vieron con rencor entonces, con su hocico resoplando embravecido.

-"Muévete" –masculló entre dientes.

-"¡No! ¡Tienes que escucharme, en ningún momento yo…!"

Los cuernos que se estrellaron en su vientre la hicieron quedarse sin oxígeno. La cánida cayó a unos metros de distancia, parándose enseguida al ver que el bovino volvía a acometer en su contra.

Por poco pudo esquivar el siguiente golpe, dándose la vuelta de inmediato para tratar de sujetarle; los colmillos y las astas se movieron unos contra otros, obligando a la sangre abandonar sus pelajes mientras intentaban someterse.

Signum en tanto, que ya se había librado de las otras felinas, se dedicaba a agarrar por la nuca al león que pretendía lastimar a Shamal, aventándolo después contra el pasto; a su lado pasaba corriendo Hayate, que era derribada e inmovilizada por varios dingos.

La sombra de Ian frente a ella, recorriendo con satisfacción la visión de todos sus enemigos cediendo lentamente ante el cansancio. Con los osos jadeando y Carim apenas sosteniendo su cuerpo en pie.

Los híbridos desplomándose uno tras otro, al mismo instante en que ambas Directoras luchaban entre sí. Una risa alta y burlona abandonó su garganta, con el hocico siendo relamido ociosamente después.

El olor a sangre y el paisaje de los animales muertos que cubrían la pradera, así como la tormenta que engullía todo, dibujó una cruel sonrisa en sus facciones.

A lo lejos, en sus ojos oscuros se reflejaban el lobo y el cordero que eran ya acorralados por sus camaradas.

-"¡HAYATE!"

La gaviota que intentaba liberar a la aludida, fue abruptamente sujetada de un ala por el perro negro; quien apenas la hubo fijado en tierra, colocó una pata encima de su cuerpo emplumado.

-"¿Qué tenemos aquí? Tienes más vidas que un gato –aplico presión sobre ella-. Pero yo me encargaré de hacer expirar la última…"

Los truenos hicieron eco y los relámpagos iluminaron la figura del dingo que se repasaba la lengua en el hocico, solamente para abrirlo y mostrar los colmillos entintados en rojo.

-"Di buenas noches, Rein."

" – " – "

Un graznido agudo y armónico se escuchó por toda la pradera, con un bólido golpeando velozmente el hocico de Ian y abriendo una profunda cortada en él. Aquello le hizo soltar un chillido mientras soltaba a la gaviota que había tenido atrapada.

Apenas Rein volvió al aire, sus ojos azules voltearon a ver al halcón que planeaba al ras de las colinas, hasta elevarse alto y dar una vuelta a través del firmamento y la lluvia.

-"¡Agito!" –llamó entusiasta.

El aletear de las puntas nuevas y de un rojo fuerte, que habían ya crecido por completo, siendo acompañadas por el de numerosas alas de pájaros que seguían el recorrido de Agito; todas ellas siendo guiadas por el halcón hacia abajo, atacando en su paso con los picos filosos a los depredadores que sometían a sus compañeros de lucha.

Al mismo tiempo, como en una señal de esperanza, los dingos que habían estado sobre Hayate fueron despedidos lejos de ella súbitamente.

Los dos responsables de rescatarla se pararon a cada lado suyo, alzando las miradas serias y las orejas enhiestas. Detrás de ambos, una figura más grande, acompañada por dos felinos, se acercaba a paso lento, guiando los tres a un enorme grupo de perros que rodeó a Yagami enseguida.

-"¡Tío!"

-"Hayate, ponte de pie –murmuró cortante-. Esto no se ha terminado aún."

-"Así que él es el culpable de lo que te pasó…" –agregó Atariel, mirando al perro negro desde arriba, como si fuera poca cosa.

El licaón contempló a los dos Comandantes a la vera suya. El graznido del tropel que Agito había traído, y esperaba en las alturas, así como la visión de cómo sus compañeros caídos hacían un esfuerzo por levantarse, la motivó también a hacerlo.

A pesar de que se tambaleó al principio, se obligó a permanecer derecha. El viento frío golpeándole el rostro y la lluvia congelante empapándola más y más.

-"No soy quien para pedirles esto luego de haberlos dejado hace mucho–dijo en voz firme a su familia, con los ojos fijos en los dingos a varios metros de ellos-; pero les suplico… ¡les suplico a todos que me brinden su fuerza!" –se volteó a verlos mientras gritaba, esperando que sus ruegos fuesen escuchados.

Graham entonces caminó hasta quedar cara a cara con ella, sus ojos marinos dirigiéndose con una suma gravedad a aquellos celestes que no paraban de oscilar; el anhelo y el fuego ardiendo en su interior, expandiéndose en cada gesto de su cara.

-"Cada una de sus vidas está en mis manos –le respondió severamente-, ¿puedes cargar tú con cada una de ellas, y dar la tuya propia si es necesario?"

-"Lo haré –contestó segura, repasando su vista sobre los rostros de todos-. ¡Hayate Yagami, promete que cada vida que pelee aquí hoy jamás estará sola! –rugió sobre la tormenta-. ¡No he de abandonarlos...! –cerró los párpados conforme gemía, dejando sus orejas caer-. Porque ustedes nunca me abandonaron a mí…"

-"Eso es suficiente para mí."

Las pupilas de la sobrina del líder se abrieron sorprendidas al ver al Comandante rayado, Atariel, que ya al lado suyo, se giraba para ver al resto del clan que les rodeaba.

El asentimiento que se esparció rápidamente en los demás, hizo que una sonrisa trazase los labios de Hayate. En ese momento, Carim llegaba hasta donde la manada estaba, no pudiendo evitar imitar la mueca de felicidad al ver lo contenta que su compañera se mostraba.

La emoción y las lágrimas ahogando sus palabras, la cola café agitándose fuertemente y el corazón transmitiéndole viejos sentimientos de nostalgia que había enterrado junto a los recuerdos de su infancia hacía bastante tiempo.

-"Hayate –la voz de su tío la hizo voltearse-. Tú ve al frente."

-"¿Yo? –inquirió confusa-. Pero…"

-"Vamos, Hayate" –la llamó Carim, que le esperaba delante de todos.

En cuanto el licaón empezó a caminar hasta ella, los perros salvajes a su alrededor le abrieron paso y se echaron uno a uno contra el pasto, cerrando los ojos en respeto a medida que veían a la sobrina de Graham pasar al frente suyo. Una sensación abrumadora invadió a Yagami entonces, que les observaba con incertidumbre y sentía la humedad expandirse en su cuerpo.

Un nudo empezó a nacer en su garganta con cada pisada que daba, y con cada lobo pintado que ofrecía su lealtad incondicional al abandonar su postura en pie.

Para cuando hubo llegado al lado de Carim y se volteó a ver a su tío, a los Comandantes y a las fossas que le habían seguido, las sonrisas de los cinco hicieron que sus orejas se doblasen conforme las lágrimas asomaban a sus ojos.

-"Has crecido bastante, Hayate-chan" –mencionó Lotte, antes de hacer ella y su hermana la reverencia.

-"Sólo tengo una sobrina –continuó el mayor-. Pero estoy muy orgulloso de ella…"

-"¡Segundo Comandante, Áster, listo para recibir órdenes!" –ladró el perro plateado, mostrándole una sonrisa.

-"Primer Comandante, Atariel –se relamió el hocico en ansiedad-. Es un enorme placer estar bajo su mando, Líder."

En cuanto las palabras cesaron, los tres se acostaron encima del suelo también. La lluvia que caía, fina y persistente, se mezcló aún más con las lágrimas, la sangre y la suciedad que se adherían al pelaje marrón y moteado.

El ruido de más patas le hizo voltearse entonces a su derecha, donde Tod, John, el licaón viejo y varios híbridos más se detenían. Heridos y enlodados, y aún cuando no se echaban como los licaones, la sonrisa amable en sus rostros le decía a Hayate que ellos igual esperaban sus órdenes.

La pesada carga de emociones que la invadió, bajo aquella furiosa tormenta, la hizo cerrar los ojos fuertemente por unos segundos. Después, cuando volvió a abrirlos, una chispa de decisión se reflejó por encima del llanto que resbalaba por sus mejillas.

-"¡Ian! –exclamó desafiante-. ¡Colmillo Brillante nos pertenece a todos –los truenos zumbaron sobre sus cabezas-, y no vamos a permitir que destruyas eso!"

El aullido penetrante de Hayate fue secundado por el de todos los licaones e híbridos, al igual que Ian y su tropel lanzaba el suyo propio.

Relámpagos iluminaron en ese momento las caras de los herbívoros que permanecían en medio de ambos grupos, cuyos espíritus enardecidos se alborotaban ante el bramido de los canes y el tronar de sus patas contra las colinas de la pradera.

Preparados para luchar de nuevo, con las cornamentas cortando el aire en una amenaza muda…

" – " – "

-"¡Tía!"

El chillido de Subaru hizo que todas detuvieran su huida, volviendo su mirada al tigre que era atrapado por un leopardo. Los cuartos que rasguñaron la cara moteada la ayudaron a salir debajo de la criatura; sin embargo, no pudo correr al sentir unas garras sujetar su cola y jalarla hacia atrás.

Viendo que era inevitable, Lanster se decidió a voltearse y pelear.

Cuando la visión de más carnívoros se hizo más grande y clara, signo de que estaban muy cerca, ella les gritó que se fueran.

-"¡Pero…!" –gimió la pantera.

-"¡Fuera de aquí! –rugió enfadada-. ¡Tienes que proteger a Nanoha-san y Fate-san!"

Apretujando los dientes, la felina oscura se dio la vuelta. No obstante, no pudieron avanzar demasiado cuando un jaguar les apareció al frente; los ojos magenta contemplando con hambre a las criaturas al frente.

-"¡Subaru!"

Cuando el felino se abalanzó sobre ellas, fue Fate la que recibió el ataque al ver que la otra no había respondido a su llamada. Enterró los dientes en el lomo manchado, apreciando cómo su cuerpo se sacudía por los aires al intentar ser apartada; cuando vio que el mundo se ponía de cabeza, un jadeo mudo escapó de su garganta al sentir su espalda chocar contra el suelo y ser ella misma aplastada por el peso de un cuerpo.

-"¡Fate-san!"

Los intentos de Erio y Caro por ayudarla se vieron interrumpidos por los búfalos, que ya les habían alcanzado, obligándoles a correr para evitar ser embestidos. Pronto, Nanoha también se encontró saltando de un lado a otro, esquivando las mandíbulas repletas de colmillos.

¡THUMP!

Fate fue empujada al suelo, de nuevo. Aguantándose el dolor, se paró lo más firme que pudo, ignorando el lodo que hacía patinar sus patas, y corrió veloz hacia el jaguar que le había agredido.

Las cabezas de ambos chocaron, con el cuerpo del lobo suspendido en el aire, logrando así usar su peso para hacer caer al felino. Empero, apenas hubo vuelto a tocar tierra, un rinoceronte estuvo a punto de arrollarla; el dolor en sus sienes, por el ataque anterior, casi la hace desfallecer y perder el equilibrio.

Mas al ver que el perisodáctilo se daba la vuelta, en un nuevo intento, sacudió la cabeza para despabilarse. Debido a la poca habilidad del animal para desviarse con rapidez, la lobezna no tuvo problemas en salirse de su camino.

-"¡Caro!"

Los ojos borgoñas vieron al zorro ártico caer justo donde ella había escapado, obligándole a regresar para sujetarla por la nuca y sacarla de allí. Sin embargo, una fuerte punzada en una de sus patas traseras por parte del cuerno del pesado animal, la hizo soltar un chillido mientras caía y rodaba en el pasto, junto a la raposa.

El maullido feroz de un puma la hizo alzar la mirada entonces, para verle ahora al frente. En cuanto quiso ponerse de pie, el ramalazo eléctrico que le envió su cuarto herido se lo impidió.

-"¡Fate-chan, ¿estás bien?"

-"¡Nanoha, vete de aquí! ¡Por supuesto que estoy bien, yo…!"

Un quejido de dolor cortó su frase, con la preocupación inundando sus ojos al ver al cordero pararse delante suyo. Y Nanoha habría podido defenderlas absolutamente bien, de no ser porque al momento de enterrarle en el abdomen sus cuernos al félido, éste aprovechó para clavarle las mandíbulas en la espalda y lanzarla por los aires.

-"¡NANOHA! ¡Maldición!"

Cojeando, el lobo se apresuró para cubrir el cuerpo blanco con el suyo, escudándolo del gato que se lamía la sangre en los bigotes y se aproximaba lentamente a ellas.

Los colmillos de Fate crujieron, con la frustración reflejándose en sus enturbiados orbes carmesíes.

-"¡SUBARU!"

Los gritos de Tía, que ahora era derribada por el mismo jaguar que había atacado a Testarossa, no alcanzaban a sacar a la pantera de su estado paralizado. Todo su ser temblando y las pupilas esmeraldas fijas en la boca roja y goteante.

Los recuerdos de aquella noche de su niñez, recobrando vida y haciéndola sentir tan pequeña como en aquel entonces. El frío adentrándose cada vez más dentro de ella, con la mente apabullada y las patas tiesas gritándole que se moviese.

Pero le era imposible…

-"¡FATE!"

La mirada de Subaru siguió la voz de Nanoha, cuya cabeza era sujetada al suelo por un coyote, en tanto Fate mordía el cuello del puma y éste su nuca.

El fragor a lo lejos, donde Hayate, Rein y Shamal debían de estar peleando, la hizo entreabrir la boca en desesperación. La confusión empezó a apoderarse de ella al ver la destrucción que se desataba a su alrededor, donde todos peleaban contra todos.

La sangre caía junto a la lluvia, los truenos acompañaban los clamores y los relámpagos hacían destellar los rostros perdidos en furia y sed de guerra.

"No…"

Negó despacio, retrocediendo conforme los sonidos aumentaban de volumen súbitamente y los colores se volvían tan brillantes y cegadores. Los cuerpos se precipitaban uno tras otro, sin levantarse nuevamente.

Ojos blancos y vacíos.

Olor putrefacto y detestable…

"-¡Corre! ¡No mires atrás y corre, Subaru!"

Las palabras de su hermana la hicieron despegar los párpados que había cerrado por el miedo. Se dio la media vuelta lista para alejarse, cuando el gemido de Tía la hizo detenerse; su cara estrellada en el pasto por las patas blancas del jaguar, al tiempo en que las mandíbulas de éste trataban de crear un corte más profundo en su vientre, se proyectaron en las irises de Subaru.

El miedo, la angustia y el frío se convirtieron en un solo torbellino dentro de su corazón…

"-¿Estás bien?"

Sus recuerdos empezaron a sucederse uno tras otro de manera descontrolada y veloz; el bosque, los truenos, el viento, el tronco caído, Signum, los ojos amarillos brillantes…

Signum y Tía.

Signum y Tía. La única familia que le quedaba y que siempre la había protegido.

Sus colmillos crujieron ante la enorme presión que aplicó sobre ellos. Las patas oscuras plantándose firmes sobre la hierba, provocando que las garras retráctiles saltasen mientras la cola se hacía un arco que apuntaba al cielo nublado.

-"¡TÍÍÍÍÍAAAAA!"

El nombre fue desfigurado por un rugido potente que se escuchó por encima de la tormenta. Entonces, el jaguar que había estado arriba del tigre fue derribado, rodando colina abajo junto a la pantera que le había saltado encima.

-"¡Subaru!" –exclamó Lanster al asomarse al borde de la cima.

Apenas detenerse y separarse, ambos pares de ojos felinos brillaron en la oscuridad, con las mandíbulas siseando al aire y las uñas buscando piel en la cual encajarse.

El terror que le había perseguido durante mucho tiempo a Subaru Nakajima, siendo reemplazado prestamente por un sentimiento de coraje y convicción.

-"¡Nanoha!"

El empujón que Vita le dio con sus cuernos al coyote que mantenía a su amiga inmovilizada, fue suficiente para liberarla; al mismo tiempo, Fate conseguía levantar del pasto al puma para azotarlo y arrojarlo después lejos de ellas.

-"Fate-chan, no podemos dejarlos… –le susurró al verle colocarse a su lado-. Aún si conseguimos escapar, continuarán peleando hasta morir si no hacemos algo."

-"Tienes razón, Nanoha –acordó antes de toser algo de sangre al suelo-. Si nuestros amigos están arriesgando su vida por la nuestra, no sería justo si no hiciésemos lo mismo, ¿no crees?"

Los ojos de ambas se pasearon por todo el campo, admirando a sus compañeros batallar sin echarse atrás; soportando el frío y la lluvia, cargando con las magulladuras y tragándose el sufrimiento.

Con tal de brindarle no sólo a ellas, sino a todo Midchilda, una nueva oportunidad.

-"¡Aléjate de mi hija, ahora!"

El grito de Momoko, cuya figura ensombrecida les veía a distancia, hizo que la lobezna automáticamente se colocase enfrente del cordero que tanto amaba. El cuello dorado fue agachado a medida que los gruñidos reverberaban en el interior de su garganta.

-"¡No! –aulló alto, con las pupilas borgoñas centelleando en reto-. ¡De ninguna manera voy a dejar que ni usted ni nadie me separe de Nanoha! ¡Nos hemos esforzado demasiado para estar aquí hoy, así que no pienso permitirlo!" –negó, sacudiendo la cabeza tercamente a los lados y cerrando los párpados.

-"¡Nanoha!"

La mirada de la Directora de Casco se llenó de confusión al ver a su hija arrejuntarse al lado del lobo. Los ópalos azules colmados de determinación y el cuerpo pequeño y blanco apostado firmemente al pasto, preparado para cualquier cosa que pudiese venírseles encima a ambas.

-"¡NANOHA!" –llamó otra vez, sintiendo la frustración bullir en ella.

La aludida negó entonces, lentamente.

-"¡Mi lugar está con Fate! –exclamó, ignorando el ardor que tantos gritos le habían ya provocado a su garganta-. ¡Y si no pueden entender eso… si no pueden entender eso…! –desvió la vista, percibiendo la calidez de sus lágrimas volver-. ¡Entonces no me importa luchar contigo y con todos los demás!"

El eco lloroso se grabó como fuego en la mente de Momoko. Su respiración, ruidosa y visible frente a ella, fue aumentando; el odio por el ser que había hecho que su propia hija se rebelase, aquél que debía de haber planeado esa trampa para su propio beneficio, la hizo emitir un balido colérico a los cielos intermitentes.

Los cascos delanteros se elevaron al aire y chocaron fuertemente en la hierba, los dientes planos chirriando y esos ojos azules entrecerrándose con furor.

-"¡Mátenlo! -berreó con todas sus fuerzas-. ¡Maten a ese lobo y destrócenlo hasta que no quede nada de él!"

Los mugidos sonaron enardecidos, con todos los herbívoros abandonando a los carnívoros con quienes peleaban para dirigirse a un solo objetivo. En medio de la estampida de pezuñas, los pasos de Momoko Takamachi fueron cortados al ser derribada por Lindy.

El aguará-guazú asió sus cuatro patas lo más rígido posible a la tierra lodosa, impidiendo con el peso de su cuerpo que el cordero bajo ella, a pesar de sus movimientos desesperados, pudiese ponerse en pie.

-"¡Déjame ir!" –baló, golpeando bruscamente con la cabeza el mentón de la otra, pero no consiguiendo que la soltase.

-"¡No! ¡Escucha nada más lo que estás diciendo! ¡Podríamos terminar con todo esto si así lo quisieses, pero no haces más que culparnos cuando siquiera nos conoces!"

-"¡Son asesinos!"

-"¡No hemos hecho más que lo ustedes hicieron hoy!"

Momoko bajó la mirada entonces, permitiendo que la oscuridad cubriese sus facciones a medida que sus intentos por escapar cesaban. El aliento del lobo colorado encima suyo, rozando su pelaje enturbiado, que todavía conservaba algunos retazos blancos.

-"Te equivocas… -dijo en un hilo de voz, sereno y espeluznante-. Nosotros somos diferentes."

¡GRRROAAAARRRRR!

El rugido de los depredadores que se desviaban, junto a los habitantes de Casco, hacia Nanoha, Fate y Vita, hizo que las tres se pusiesen en pose defensiva.

Las miles de sombras galopando hacia ellas proyectándose en sus miradas que temblaban ante lo impredecible, apreciando sus extremidades tiritar por las sensaciones violentas que apresaban sus almas.

¡NOSOTROS SOMOS DIFERENTEEEEESSSSS!

El cuerpo níveo se levantó de golpe, lanzando un alarido y provocando que las garras de Lindy resbalasen y quedasen ahora solamente aferradas al lomo del cordero, que empezaba a brincar frenéticamente.

Las nubes grises colisionaron con vigor, rugiendo y escupiendo luces que envolvieron por segundos el enorme territorio que era Midchilda.

-"¡AHORA!"

En cuanto tenían a las criaturas casi encima, varias siluetas salieron detrás del trío para abalanzarse hacia sus enemigos venideros. Chillidos se oyeron al instante, con Nanoha sintiéndose perdida de repente al igual que el resto.

-"¡Quien quiera tocar a este cordero, tendrá que pasar sobre nosotros primero!"

El aullido de las hienas, afirmando la frase, retumbó en los oídos del lobo y el cordero. Los ojos azules del último, vislumbrando frente a ella la figura jadeante y lastimada de Cirio, que le veía por sobre el hombro.

-"Te debo mi vida –murmuró roncamente, cual si la voz quisiera fallarle-, y por ello he de defenderte hasta el final…"

De inmediato, regresó la mirada adelante y corrió para unirse a la lucha junto a sus camaradas, que pretendían formar una barricada que fuese impenetrable contra las bestias que les hacían volar como simples muñecos.

Pero que no les impedían ponerse de pie de nuevo, con los ojos y los colmillos brillando en fiereza…

Continuará…