"-¡Lindy-san nunca diría algo así! ¡Debe ser un malentendido!"
"-¡Soy el segundo Comandante de este clan, y cuando digo retirada, ES RETIRADA!"
"-Los que ya no podrán escapar ni protegerse, serán ustedes."
"-Si has de morir tú, o si he de morir yo… ¿qué diferencia habría?"
"-¿Quién es la Directora de Colmillo Brillante? ¡Que se presente ahora mismo si es tan valiente como para amenazarnos!"
"-¡Tienes que escucharme, en ningún momento yo…!"
"-Cada una de sus vidas está en mis manos, ¿puedes cargar tú con cada una de ellas, y dar la tuya propia si es necesario?"
"-¡Mi lugar está con Fate! ¡Y si no pueden entender eso… si no pueden entender eso…! ¡Entonces no me importa luchar contigo y con todos los demás!"
"-Te equivocas… Nosotros somos diferentes."
"-Te debo mi vida, y por ello he de defenderte hasta el final..."
El lobo y el cordero
Por: Kida Luna
Capítulo XXXVIll
Escape al Paraíso, Parte lll
-"¡Orión!" –chillaban los cachorros.
-"¡¿Qué estás esperando? –Karas jadeaba a un lado suyo, la sangre escurriéndose copiosamente en su cara-. ¡Levántate, tenemos que ir a pelear, ése es nuestro destino!"
El sonido de sus pulmones inhalar y exhalar el aire por su boca, nublaba por completo los sentidos del dingo café. Las preguntas surgieron una tras otra en su mente, interrogándose el por qué debían de continuar con algo así.
¿Qué sentido tenía?
-"¡Orión!"
-"Ya te oí –respondió cansado, forzándose a ponerse en pie-. Es sólo que… quiero descansar un rato…"
-"¡No! ¡Somos soldados! –los gritos se hicieron distorsionados a su oído-. ¡Nacimos para morir!"
-"¿En serio…?"
"¿De verdad… nacimos para morir…?"
Las preguntas asaltaron su conciencia conforme movía sus patas una delante de otra, caminando con esfuerzo al lado de Karas. Sin embargo, a unos pasos adelante, fueron Atariel y Áster quienes les cerraron camino.
-"Así que ustedes son los Comandantes aquí –el licaón rayado, Atariel, rompió el silencio-. Esto será interesante."
Los cuatro hocicos gruñeron amenazantes entonces, con los colmillos sacudiéndose dentro de éstos antes de dirigirse a sus oponentes. Ladridos continuos destrozaron sus tímpanos, con la piel plateada pegándose a la marrón mientras el cuerpo rojo y crema se movían en torno a círculos invisibles antes de encontrarse abruptamente.
Garras dejaron su marca en la tierra húmeda, hundiéndose en el fango para después partir el aire en dos; las colas dando volteretas y los hombros y muslos estirándose al máximo.
De repente, Orión rodó hasta detenerse cerca de donde los cachorros estaban, que veían atemorizados al Comandante plateado aproximarse. Por lo consiguiente, el dingo se puso de pie, escudándolos consigo mismo.
-"Yo soy tu oponente –gruñó, respirando rápidamente-. No los metas en esto."
-"Yo jamás metería inocentes en una pelea –respondió Áster, relamiéndose su propia sangre que escurría de su hocico-. No como ustedes, que han emboscado a Yagami en una contienda injusta."
El perro café se mordió los labios, queriendo renegar aquello, mas sabiendo que era la verdad.
-"Era necesario…"
-"¿Por qué? –los ojos avellana del licaón intentaron descifrar su tumultuoso mirar ambarino-. ¿Qué es lo que hemos hecho para ser vistos de otra manera? ¿Acaso es porque no me veo, no camino o no actúo como tú?"
Orión tan sólo apartó la cabeza, con las patas plantándose duramente en la hierba, en un intento por sacar así la tensión acumulada. El cansancio jugando con su vista, que de a momentos se nublaba por completo.
-"¿Quién eres tú… –la pregunta atrajo su atención-… para decirme que soy un error, cuando no ves los tuyos propios?"
Al finalizar la cuestión, Áster trotó hacia él, hallándose los dos pronto cara a cara de nuevo, para continuar con la disputa; los pensamientos desordenados del subordinado de Ian empezando a volverse más y más intrínsecos conforme los segundos pasaban.
"Soy quien apoya las reglas de Colmillo Brillante, ¿no debería ser eso suficiente…?"
¡CLASH!
Las certeras mordidas de Atariel, que se mantenía en constante movimiento alrededor de un Karas quieto, comenzaban a agotar a este último. Usaba la velocidad a su ventaja, consciente de que si el perro más grande y pesado que él llegaba a aprisionarle, se vería en serios problemas.
Él era ágil.
Pero la fuerza de Karas podía doblar la suya con facilidad.
-"No puedes correr para siempre" –gruñó el dingo, sintiendo los cortes crearse en su piel.
-"Pues parece que a ustedes se les da muy bien –Atariel se detuvo al frente suyo, con la mirada verde orgullosa y altiva-. Se les hace tan fácil jugarle sucio a otros."
-"En la guerra todo se vale –comenzó a caminar al ritmo de su oponente, otra vez en círculos-. El fin justifica los medios."
-"¿Qué dices? –bufó-. ¿Acaso no ves lo que tu fin causa en los derredores? ¿No sientes remordimiento alguno por los compañeros que han caído en esta batalla?"
-"Murieron con honor. Para eso fuimos entrenados."
-"¿Y lo mismo le dirás a esos cachorros asustados? ¿Qué desperdicien su vida humilde sólo porque el ambicioso de su líder desea hacer realidad sus deseos egoístas?"
Los orbes púrpuras se entrecerraron con rencor al escuchar las últimas palabras; las mandíbulas cerrándose y abriéndose apenas, en una muestra de silenciosa amenaza.
Sin poder evitarlo, Karas se aventó hacia el perro moteado, quien de inmediato lo esquivó; cuando estuvo fuera de su alcance por muy poco, Atariel dio la vuelta rápidamente y pegó un gran salto.
Su figura perdiendo ascenso en el aire, casi encima de él, se vio cristalizada en la vista violácea del dingo. Las mandíbulas cremas se separaron entonces con un bramido; no obstante, las patas blancas del can rojo se hundieron en la tierra maciza antes de impulsarle hacia arriba.
Los colmillos tomaron desprevenido el cuello del licaón que no pudo defenderse al seguir suspendido en las alturas. Un jalón le hizo desviarse a la derecha y quedar de cabeza, con esta última chocando estruendosamente contra el duro suelo mientras su oponente caía de pie.
Ambos hocicos se abrieron en ese instante, con uno liberando un gemido de dolor al sentir su cuerpo desplomarse también; en tanto el otro respiraba agitadamente, dejando la sangre fresca resbalar hasta los charcos que la lluvia había formado.
-"No toleraré que un salvaje me diga cómo hacer las cosas…" –jadeó.
-"¿Salvaje? –rió adolorido mientras se giraba panza abajo, sosteniéndose después solamente de sus tambaleantes cuartos delanteros-. ¿Y qué es tu Jefe, en ese caso? ¿Arruinando las vidas de aquellos que sólo intentan vivir la suya en paz…?"
-"Es ése estilo de vida el que destruye nuestro Colegio."
-"Je –tosió un poco de sangre antes de sonreír de lado, con un colmillo sobresaliendo de sus labios-, qué curioso que digas que para cumplir un sueño que ni siquiera es tuyo, destroces sin miramientos los de otros."
Un gruñido de dolor escapó del cánido salvaje al apreciar su nuca ser sujetada fuertemente. Las órbitas del dingo completamente dilatadas por la ira y la frustración que le provocaba aquella sensación de vértigo dentro de su estómago, que no paraba de crecer.
Su mirada violeta se pasó fugazmente hacia los cachorros que se replegaban, siendo protegidos por algunos adultos. No muy lejos suyo, observaba también al otro Comandante de Yagami ser levantado de la yugular por Orión, que le zarandeaba de derecha a izquierda como si fuese un muñeco de trapo, sin siquiera permitir que sus patas plateadas tocasen el suelo.
El viento atrapado y que rebotaba contra las paredes rocosas del boquete de un gran abismo, ubicado allí cerca y más abajo de las colinas hasta donde la pelea había llegado, bramó con ferocidad hasta extenderse sobre todos los presentes allí.
Un instante después, el rugido de Hayate se escuchó, con su cuerpo siendo despedido por los aires para acabar rodando violentamente sobre sí algunos metros.
Apenas lograse frenar el tosco movimiento, el hombro izquierdo de la mestiza fue asido por Ian, que sin perder tiempo, comenzó a barrerla de un lado a otro antes de salir corriendo a toda velocidad; el pelaje manchado de la reciente líder, enviando una sensación de quemazón por todos sus músculos debido al brusco arrastre del que era víctima.
Luego, el hocico negro tiró vehementemente de ella, arrojándola al aire y haciendo que la gravedad fuese cambiando la posición del cuerpo magullado de su contrincante, de manera que su cara acabase apuntando a las colinas que se hacían más pequeñas conforme ganaba altura.
El dingo oscuro saltó hacia ella. A tres segundos previos de que los filamentos blancos y puntiagudos se clavasen de nuevo en su ser, los ojos azules del perro salvaje se abrieron de golpe; usando la fuerza del viento silbante contra su espalda, Hayate dejó que este mismo le empujase a medida que despegaba las mandíbulas.
El chasquido de sus colmillos enterrarse en la frente de Ian, que recorrieron la cabeza negra hacia atrás antes de soltarle, dejaron la huella de una doble incisión larga y roja en él. La sobrina de Graham cayó al piso entonces, y vio enseguida a su contendiente aterrizar y darle la espalda mientras algunos metros les separaban.
Despacio, las patas blancas y moteadas hicieron que su cuerpo diese dos pasos adelante, conteniéndose a tiempo cuando su cuerpo quiso perder el equilibrio. La boca marrón entreabierta, con el incesante y fuerte respirar así como los ojos azules combatientes y tercos que no se mantenían quietos.
Ian volteó a verla lentamente, la mirada fríamente desdeñosa y su ser encarándole. Los hilillos de sangre en su sien resbalaron en dos caminos que se dividieron al llegar a su hocico; el pelaje tostado totalmente enmarañado, manchas bermellonas expandiéndose y creando un camino a través de la piel.
El graznido de Agito se escuchó por sobre sus cabezas, allá en el cielo tormentoso donde ella se elevaba junto a su grupo, con Rein siguiéndole de cerca; planeando las dos como estrellas fugaces entre los cuervos y los buitres que formaban densas barricadas en las alturas.
-"¿Líder? –Ian bufó antes de escupir sangre al pasto y tronarse los huesos del cuello con pereza-. No me hagas reír. Haré que te arrepientas, que lamentes hasta la última vida de esos mestizos a los que voy a desollar, uno por uno; y cuando haya acabado con ellos y los hayas visto morir a todos –rió bajito, tratando de contener la diversión en su voz-, será tu turno…"
-"No voy a permitirlo –gruñó mientras bajaba y enderezaba el cuello-. Voy a llevarte al infierno yo misma si es necesario."
-"¿Qué estás esperando, Yagami?"
Las patas blancas se desplazaron de golpe, galopando hasta que las mandíbulas pudieron rozar las mejillas oscuras; los movimientos de los cuartos de ambos canes continuaron sin detenerse, hundiéndose en el fango y amenazando con aplastarse la una la otra en tanto intentaban someter al contrario.
La risa de Ian fue en aumento, que tan sólo retrocedía o se movía a los lados para evitar sin preocupaciones las mordidas de Hayate; aquél sonido burlesco, reventando sus tímpanos aún más fuerte que los truenos enfurecidos, empezó por enloquecer la razón del perro manchado.
-"Oh, ¿y sabes qué se me olvidaba decirte? –comentó entretenido, alejando la cabeza de las fauces marrones-. Voy a disfrutar bastante cuando haga a Carim pagar por su traición –susurró en amenaza, relamiéndose los labios y machacando los dientes-; la rastriza que te pegamos a ti, no va a ser nada comparado con la que le daré a ella."
-"No…"
-"¿Qué? –rió con demencia, viéndola detenerse al fin-. ¡No te escucho, Yagami, habla más fuerte por favor!"
-"¡Dije que NO! ¡No vas a ponerle un solo dedo encima!"
El repentino ataque del licaón, impulsado por la ira, tomó por sorpresa al dingo que difícilmente pudo sacar el cuello del camino de los colmillos rojos. Sin embargo, sus reflejos no fueron suficientes.
Un chirrido como el de algo desgarrarse hizo que los ojos negros se abrieran no sólo con impresión, sino con un mudo dolor que pronto azotaría cada uno de sus sentidos.
Para cuando Hayate regresaba a su posición, un estrépito captó la atención de su oponente.
Los cielos se prendieron entonces con furor, inyectando de luz azul el trozo de oreja en el pasto que había dejado una herida que sangraba copiosamente en su dueño. Por tres segundos, ninguno de los dos dijo nada.
Pero en el instante en que el mirar azabache proyectó a la culpable, un grito colérico escapó de su garganta al igual que los dientes crujían y él embestía bruscamente al lobo pintado.
El tronar del cuerpo de Yagami al ser golpeado fue brusco, sacándole al aire por completo para después su cuello ser ceñido por los fieros colmillos del dingo. Luego, este último se encarreró al tiempo en que le sujetaba de modo que sus patas jamás tocasen el suelo.
Los pensamiento de la líder novata se nublaron, con la presión sobre ella empezando a asfixiarla y forzándola a mantener un solo ojo abierto; las figuras y sonidos a su alrededor distorsionándose de manera grotesca, como voces o gemidos guturales que venían del inframundo.
Perdió la cuenta de las veces que su cuerpo azotó la dura tierra, ya no reconociendo cuáles eran las viejas lastimaduras que se había hecho en el Paso de las Amapolas, ni cuáles eran aquéllas que se dibujaban por la disputa de esos momentos.
Poco a poco, el dolor dejó de fluir. Los sensores de alerta parecieron susurrarle, indicándole que la falta de sensibilidad no podía ser algo bueno.
-"¡HAYATE!"
El tono trastocado, pero indudablemente femenino, alcanzó sus oídos blancos. La preocupación genuina fue como un suave cobijo de la lluvia congelante, que se escurría y se metía por sus heridas, atormentándola; el corazón le latió ligeramente más fuerte, casi por inercia.
"-Pero es que no estás sola…"
"¿Carim…?"
Palabras amables y cálidas pasaron por su mente con una rapidez aturdidora, su boca trayendo por naturaleza el nombre de la única criatura que había reído y llorado junto a ella, importándole para nada si venía de un lado o de otro.
"¿Carim?"
Un zumbido lejano alcanzó sus orejas conforme sus ojos distinguían con dificultad una figura dorada muy cerca de sí; tanto, que juraría sentía lo terso de aquel pelaje, aún cuando éste estuviera hecho un desastre.
La presión alrededor de su cuello se fue desvaneciendo, hasta que sintió que lo que le jalaba hacia arriba la soltaba al fin, dejándola caer al suelo.
Sus orbes parpadearon torpemente, su vista todavía confundida. No obstante, pudo identificar a Carim, mordiendo con todas sus energías la yugular negra y gruesa del dingo.
Los cuartos delanteros de Hayate tambalearon al intentar pararse, justo en el mismo instante en que Ian volvía el hocico para encajar sin piedad los colmillos en la nuca amarilla. Con una sacudida brusca de su cabeza, uso su fuerza superior para librarse y golpear violentamente contra la hierba a la damisela pura; el odio que sentía ahora hacia ella, fulgurando en su impávida mirada.
Las mandíbulas de Gracia se entreabrieron cuando una pata negra aplastó su pecho contra el pasto y una boca con colmillos se cerró en su cuello; la falta de oxígeno haciendo su garganta arder, con el silbido del viento profundizando su desesperación en jadeos mudos que no alcanzaban a respirarle.
El crujido de la piel romperse hizo que las orejas de la africana se replegasen mientras sus ojos vacilaban profusamente. Las pupilas lavandas enfocándole con enorme esfuerzo.
"-Yo siempre he estado a su lado."
El dingo dorado estiró el cuello y cerró el hocico al momento en que sus párpados se cerraban también. Su faz calmándose de inmediato, en una silenciosa aceptación de que lo que había hecho, era lo mejor que había hecho en su vida si con ello lograba salvarla a ella…
¡SUÉLTALA YAAAAA!
Las patas de Yagami se movieron por instinto, una tremenda velocidad sacada de una fuente desconocida golpeando directamente el rostro de Ian contra la frente castaña.
Un quejido abandonó la boca del dingo, que fue abruptamente barrido metros lejos de la damisela. Sin darle oportunidad de levantarse, Hayate le sujetó tal como y les había sujetado a ella y a Carim, directo en la yugular; el hocico café arrugándose conforme gruñidos encolerizados provenían desde su diafragma.
Ojos azules brillando intensamente, con una chispa implacable amenazando con salir de ellos para quemarlo todo.
La sangre flotó en el aire cuando la presión que aplicaba el licaón aumentó. El cuerpo del can negro fue jalado hacia la izquierda entonces, para después ser levantado y arrojado a la derecha, hasta volar por los aires y caer de espaldas de manera tosca sobre el rígido suelo.
Todavía entorpecido, Ian pudo reconocer a la distancia al perro salvaje que se aproximaba corriendo hacia él, por lo que quiso apartarse para evadirla; sin embargo, los colmillos que asieron su cola con fuerza, le hicieron deslizarse pasos atrás, reteniéndolo.
De un solo movimiento de cabeza, Hayate le haló furiosa y lo volvió a azotar en el lodo. Aprovechando que lo tenía boca arriba e indefenso, mordió su cuello cuando le vio intentar levantarse.
La mirada aterradora y el gruñido feroz que fue en crescendo, hizo que el dingo se quedase quieto; consciente de que su adversaria no dudaría en destazar su carne si se atrevía a mover un solo músculo.
Los relámpagos iluminaron la figura de Hayate Yagami en ese instante, así como iluminaban también las de sus dos Comandantes.
Áster, que era suspendido en el aire, mordiendo el hocico del general marrón de Ian, sometiéndolo lentamente y logrando así que sus patas tocasen el suelo de nuevo. En ese preciso momento, hizo uso de todas sus fuerzas y arrojó de golpe a un Orión exhausto y herido que rodó en el pasto. Este último le miró desde abajo, de vez en cuando alternando la vista entre los cachorros asustados, situados no muy lejos de la batalla.
Atariel, por su parte, que seguía atrapado de la nuca por Karas, giró la cara y enterró los colmillos en el cuello de éste, y se forzó a sí mismo a levantarlo; el enorme esfuerzo tuvo resultados de inmediato, con las patas blancas del dingo abandonando el fango mientras la mordida que recibía, con más fuerza que la suya como para aguantar su gran peso, lo colocaba de cabeza encima de la silueta del licaón color crema.
Acto seguido, el Comandante rayado lo soltó y él cayó de espaldas en la tierra maciza, rebotando en ella una vez y quedando así boca arriba. El rugido del General que le enfrentaba, le hizo abrir los ojos, reflejándose en su mirada purpúrea el perro de manchas negras que corría de frente hacia él.
La sensación de que un bólido lo golpeó se desató por todas sus venas a medida que se sentía flotar de nuevo; aún cuando el tiempo pareció alargarse demasiado, fueron milisegundos los que tardó en desplomarse otra vez sobre la hierba.
Cuando Karas hizo el intento por pararse, su cuerpo cedió apenas se hubo separado unos milímetros del suelo. Los dingos, que contemplaban a su Líder y a sus dos Comandantes caer, se quedaron congelados.
Las orejas replegadas y el sentimiento de confusión y alarma expandiéndose en todo su sistema; cual si se sintiesen como ratones desamparados ante las garras del gato.
"Perdí", fue el pensamiento del perro rojo.
Vio a Atariel frente a sí, de pie y observándolo desde arriba, de antemano sabiendo que él había sido el ganador de aquella reyerta.
Karas tan sólo cerró los párpados borgoñas, dejando las orejas flojas doblarse al fin.
-"¿Qué estás esperando? –salió la voz siempre desprovista de emoción alguna-. Termina con esto y mátame, así sabré que al menos peleé mi muerte."
-"¿Qué estás diciendo?"
La pregunta extrañada hizo que los ojos morados se mostrasen, perplejos. Luego, éstos recorrieron el sitio de la contienda, donde la mayoría de sus cofrades eran fijados al suelo por hocicos o patas salvajes.
Órbitas licanescas de todos los colores devolviéndole un mirar con un toque de firmeza y rectitud. En ese instante, las mandíbulas de Hayate soltaron su agarre en el cuello de Ian, causando que las miradas de la jauría de este último se descubriesen sorprendidas y desconcertadas.
-"Colmillo Brillante es el lugar donde uno aprende a convivir con el resto en igualdad y camaradería –empezó a hablar con tranquilidad y decisión mientras se acercaba a los suyos-. Si no pueden hacer algo como eso, no podemos forzarlos; pero no por ello permitiremos que destruyan los sueños de aquellos que no tienen la culpa."
La vista de la sobrina de Graham se posó en los híbridos dispersados entre los dingos; los pelajes sucios y llenos de lastimaduras, el lodo cubriendo sus patas y la lluvia bajando por sus caras cansadas y sus bigotes caídos.
Y aún así, la sensación de que finalmente alguien comprendía sus sentimientos, a flor de piel, hizo que sus corazones se conmoviesen mientras sus ojos temblaban con lágrimas de comprensión.
Como si después de tanto tiempo, el mañana se revelase para ellos una vez más.
-"Nosotros no tomaremos sus vidas –Hayate explicó, ablandando su mirar y percibiendo cierta melancolía instalarse en ellos-. Son libres para decidir si seguirán actuando como lo hacen y tratando a los demás como hoy nosotros lo hemos hecho; cada una de las heridas y los gritos que esta tormenta ha presenciado, no se compararán jamás con el de aquellos que lo vivieron día tras día –cerró los párpados, respirando un poco para tratar de deshacer el nudo que luchaba por formarse en su garganta-. Y pueden ignorar ese dolor –agregó con voz quebrada-, o pueden aprender de él para darle la mano a quien lo necesita."
Las orejas de los dingos se pegaron aún más a sus nucas, mirándose entre sí y contemplando no sólo sus cuerpos abatidos, sino el de quienes habían sido sus enemigos por ese día, y por muchos días pasados. Un velo espeso cubrió los ópalos de todos, con los sentimientos de remordimiento y realización por fin cayendo en ellos.
Primero, fueron las pequeñas patas de un cachorro gris las que se movieron, con duda. Dio unos pasos más después, y observando el rostro amable pero triste de Hayate, se lanzó a correr con más seguridad.
La acción hizo que los demás infantes le siguieran, para después imitarlos los dingos más grandes. Poco a poco, el lado de los dingos fue quedando vacío a medida que el de los licaones, con Yagami al frente, se iba llenando más y más.
Aquellos que alguna vez se hubiesen aprovechado de la ojiazul, parándose ahora detrás suyo con un chillido amargo picando sus gargantas. El chacal y el coyote que en otrora molestaron a Tod, deteniéndose a sus costados, con el tigrillo dirigiéndoles una sonrisa exhausta pero sincera a las miradas avergonzadas.
El movimiento que se estaba suscitando hizo que ambos Comandantes caídos mirasen todo con profunda conmoción.
-"Levántate –pronunció la líder de los perros salvajes-, ninguno de ustedes será abandonado aquí. La duda que siempre reflejaron tus ojos perdidos, ¿puede irse ya, no lo crees? –sonrió-. Vamos, levántate."
De la vista ámbar de Orión las lágrimas empezaron a fluir por fin, con la boca entreabierta y su mirada acuosa fija en quien le hablaba. Se puso de pie, con sus patas tambaleantes a punto de dejarle caer de no ser porque Áster se ofreció de apoyo.
Las orejas cafés saltaron entonces, viéndole con asombro.
-"Ayudarnos unos a otros, es lo que hace la diferencia" –le respondió el can plateado.
-"¿Puedes caminar?"
La pregunta hizo que Karas elevase la cabeza para ver a Atariel, que le seguía observando desde arriba, mas ninguna chispa de burla ni orgullo asomándose por la comisura de sus ojos.
-"No voy a matarte –aclaró, dándose la vuelta y viéndole por sobre el hombro-. Los soldados no pelean para morir en la guerra; al contrario, pelean con todas sus fuerzas para vivir tras ésta."
Lo dicho hizo que por primera vez en su vida, el dingo cerrase sus orbes para abrirlos hacia un nuevo concepto. No era capaz de entender por entero lo que jamás había conocido, pero el sentimiento que despertaba –y que también era la primera vez que dejaba a sus ojos enseñarlo- era más que suficiente para moverlo.
Se levantó él solo, sabiendo que Atariel no le había ayudado porque comprendía su naturaleza orgullosa.
Lentamente, Orión y Karas, junto a los otros dos generales, acabaron de pie junto a Hayate; con los dos últimos situados a su derecha, y los primeros dos a la izquierda.
-"¡¿A dónde creen que van? ¡No pueden ser tan cobardes, regresen a sus lugares ahora o los regresaré yo mismo!" –demandó alto tras girarse panza abajo, todavía echado en el lugar donde la ojiazul le había aprisionado momentos atrás.
Los ojos de Ian admiraron el cambio en sus seguidores con la boca abierta, vislumbrando cómo todos lo pasaban de largo y abandonaban las filas que alguna vez habían servido para sus egoístas propósitos.
De repente, el dingo rojo se dejó caer, no pudiendo soportar su propio peso y respirando agitadamente. En ese instante, los orbes negros de su antiguo jefe le vieron con rencor.
-"No son más que una bola de traidores e inútiles…" –murmuró con hastío.
El cuerpo de Hayate cubrió entonces a Karas por delante, mientras sus ópalos azules enfrentaban sin miedo aquellos oscuros. Algunos de los dingos que todavía quedaban del otro lado, miraron al caído líder al pasar cerca suyo.
Fuesen miradas de temor, duda o compasión; pero que al final acaban en el arrepentimiento genuino.
-"Mentiría si dijese que olvidaré las cosas terribles que has hecho –Yagami le dijo, dirigiéndole la vista al cánido que permanecía echado en el suelo-. Mas sería injusto de mi parte negarte la segunda oportunidad que tus compañeros han aceptado."
Sin embargo, Ian le sonrió con maldad.
-"Tu estupidez de perdonar a otros, va a llevarte a la perdición, mestiza."
Un aullido asustado se disparó al cielo dantesco cuando las mandíbulas de Ian sujetaron a uno de los cachorros que pasaba a un lado suyo y se había quedado rezagado. Conforme sus patas lo ponían de pie, apoyó contra el suelo mojado al pequeño en tanto seguía sonriendo.
-"¡Ian, detente!"
La mirada cerúlea, colmada de angustia del licaón, no hizo sino ampliar su felicidad. Sus ojos fijos en los miles de canes al frente suyo, que le veían con frustración o miedo; el cachorro bajo sus dientes, congelado en su lugar.
Temblando de patas a cabeza.
-"¡Kito!"
Orión dejó su posición para rescatar de inmediato a su diminuta camarada; no obstante, el aumento de presión que aplicó el dingo negro en la pequeña garganta, aunado a la advertencia que se leía en su mirar, le hizo detenerse a medio camino.
-"Si cualquiera se atreve a acercarse –habló, sin soltar a su víctima-, no dudaré en matarlo."
-"Cobarde…" –gruñó Karas al observar con impotencia todo lo que ocurría.
-"¿Ahora soy un cobarde? –rió burlonamente-. Tú, mestiza, si quieres que el cachorro siga con vida dame la tuya en su lugar."
Los ojos de la aludida oscilaron a medida que sus dientes se apretaban entre sí. Finalmente, cerró los párpados y empezó a avanzar, provocando que el resto gimiera en impresión e hiciese ademán de pararle.
-"¡Ya escucharon! –rugió la ojiazul y miró a todos fijamente-. Soy responsable de la vida de cada uno de ustedes ahora –mencionó, contemplando de reojo a su tío-, y no dudaré en poner la mía en medio si con ello puedo proteger las suyas."
Dingos y licaones se admiraron entre sí, angustiados por la orden pero obedientes de todos modos. El silencio se cernió en las colinas una vez más, solamente los ruidos y luces de la tormenta permaneciendo latentes y vigilando los pasos del lobo pintado.
Alumbrando también, los peligrosos bordes al vacío, adyacentes a las elevaciones donde habían ido a parar y cuya boca abismal aparecía a tan sólo unos cuantos metros debajo.
La sonrisa de Ian se ensanchó.
Y fue todavía más placentero para él, cuando vio a Hayate pegarse al suelo y agachar la cabeza conforme cerraba los ojos, justo delante de sí.
El dingo se relamió el hocico con júbilo, elevó al cachorro cobrizo que tenía atrapado y lo arrojó lejos de allí. Enseguida, sus mandíbulas se separaron todavía más, con la saliva transparente y roja brillando entre la oscuridad que el firmamento nublado otorgaba.
Apuntó, con todas sus fuerzas y deseos asesinos, al cuello del licaón que tantos problemas le había causado.
Y que por fin, podría matar…
¡HAYAAAATEEEEEEE!
¡SLASH!
La boca de Carim se aferró a la yugular del dingo, a escasos centímetros de que tocase siquiera el pelaje de Hayate. La velocidad y la excedente fuerza del golpe recibido ante el mordisco, hizo que ambos salieran fuertemente disparados en la dirección errónea; rodando así al pasar la cresta, inevitablemente, colina abajo.
-"¡CARIM!"
El abismo que se abría bajo la pendiente impulsó a Yagami a correr detrás de los dos, con el resto siguiéndola y deteniéndose en la cima de la elevación; sin siquiera pensar en nada más, la ojiazul se aventó cuesta abajo, descendiendo a gran rapidez por la pendiente peligrosa.
Los relámpagos cubrieron todo con un centelleo cegador e intenso, con su efecto proyectando lo que sucedía como si fuese grabado en cámara lenta.
El mundo de Gracia dio giros y giros que parecían no tener no fin.
Hasta que finalmente, su cuerpo dejó de sentir el suelo debajo de ella para percibir como su propio peso se desvanecía en al aire mientras éste le susurraba con su aliento frío y siseante.
¡GRASP!
Las patas, que habían estado separadas de la tierra, volvieron a rozar ésta de nuevo cuando algo le sostuvo por la espalda. Los ojos lavandas del dingo se despegaron para contemplar a la ojiazul, cuyos cuartos daban la impresión de resbalarse por el borde en cualquier momento.
Al siguiente instante, Aria y Lotte surgían a los lados del licaón, sujetando cada una uno de los hombros dorados; ayudando así, a halarla de vuelta a la superficie.
Apenas estuvo de regreso, lo primero con lo que se encontró fue con los ojos llorosos de la africana que agachaba las orejas y la cola. Antes de que Carim pudiese decir algo, la otra se le pegó y pasó su cabeza tras su nuca en una especie de abrazo.
-"¡¿Por qué hiciste eso? –gritó mientras lloraba-. ¡Pude haberte perdido para siempre!"
La mirada de la damisela se entrecerró a medida que los sentimientos se agolpaban en sus ópalos vidriosos. Una sonrisa pequeña nació en sus labios al tiempo en que se separaba para frotar sus mejillas.
-"Porque amo a Hayate –susurró con voz entrecortada-. Y sólo quiero protegerla…"
La calidez y el cariño que sentían se transmitieron cuando se separaron una vez más, para verse a la cara. De repente, la realidad golpeó a la líder y ella no pudo evitar dedicarle una mirada de duda a la otra, que al saber a lo que se refería, no supo qué contestarle.
Despacio, el lobo pintado pasó a un lado suyo para aproximarse al borde. Su cabeza asomándose al abismo y sus ojos contemplando, con cierto desasosiego el cuerpo que yacía inerte al fondo, fueron iluminados por un fulgurante relámpago, así como el cadáver allá abajo.
Una sensación apabullante se cernió sobre Yagami, con los truenos rugiendo encima de ella y los rayos surcando las nubes.
Sin embargo, antes de que aquella sensación le embargase por completo, un grito agudo a gran distancia hizo que sus orejas se irguieran y su vista girase a otro lado de súbito.
" – " – "
-"¡NANOHA!"
El aullido de Fate hizo que sus amigas volteasen a ver a la serpiente que surgía detrás del lobo y el cordero. A pesar de que sus miradas decían que querían ir a ayudarlas, los herbívoros y depredadores que al final habían acabado persiguiéndolas, no les permitían desviarse.
Aquello también captó la atención de Momoko, que hacía rato se había a quitado a Lindy de encima. Los cascos delanteros que rasguñaban el aire volvieron a la hierba mojada, con el mirar de su dueña pasando a uno asustado al ver a la inmensa criatura que amenazaba la vida de su única hija.
-"¡Aléjate de ella!"
Las palabras de la lobezna fueron seguidas por un ronco bramido de advertencia. La lengua bífida revoloteó en el aire entonces, captando así toda la gama de olores que aún con la humedad presente en el ambiente, podía percibir lo suficiente como para saber dónde estaba cada quien.
El cuerpo de Jail, que había estado erguido, se fue en picada hacia el lobo agazapado en el suelo; las mandíbulas elásticas mordieron el aire, sólo para sentir su dueño después cómo algo le caía encima de la cabeza y clavaba sus colmillos en ésta.
La víbora se alzó y se sacudió violentamente, con Testarossa colgando de su piel escamosa gracias a sus dientes enganchados. Las fuertes sacudidas cesaron al poco tiempo, los irises sumamente delgados del Subdirector vislumbrando la manada de perros que se veía a lo lejos; arriba de ellos, una parvada de pájaros aleteaba en su dirección igual.
-"Cierren el camino" –silbó fríamente.
Los estudiantes pronto fueron formando una barricada en forma de media luna, no permitiendo que quienes querían pasar, cruzasen; miles de cuerpos ondulantes de serpientes se dejaron entrever entre la mediana hierba también.
Sus sonidos tenebrosos y sus pupilas hipnotizantes pudiendo ser contempladas al irse levantando una a una.
-"¡Nanoha! ¡Nanoha! ¡Maldita sea, quítense de en medio!" –exclamó Vita, tratando de bordear la peligrosa muralla de garras y dientes.
Los llamados, mugidos y alaridos de sus compañeras, que también buscaban una salida, rápidamente fueron silenciados por el de los enemigos pertenecientes a Colmillo o Casco.
El rugir de los truenos se escuchó por incontable vez, tan fuerte y poderoso como cuando la tormenta iniciase. Bajo la luz del firmamento, Scaglietti dirigió la mirada a Nanoha, ignorando por completo al lobo que intentaba perforar su frente.
Cuando la boca se curveó en una ancha sonrisa, cuyos colmillos bastante largos y puntiagudos resaltaron de ella, el cordero lanzó un gemido mudo al saber lo que vendría.
Esquivando el ataque de un salto, la herbívora empezó a correr con las fuerzas que le restaban. Pasados unos minutos, las altas y oscuras colinas quedaron atrás, para ser reemplazadas por un bosque espeso; allí donde con la luz escasa, las sombras hacían un juego de baile tétrico en cada rincón.
El batir de las hojas sonó tanto por las pezuñas que las pisoteaban en un santiamén, como por el cuerpo reptilesco que se arrastraba a gran velocidad sobre ellas. Siseos de la lengua bífida hacían un eco espeluznante en las orejas blancas de la pequeña criatura que veía todo a su alrededor volverse un nubarrón de manchas.
El lodo que había formado la lluvia, haciendo la tierra y la hojarasca muerta extremadamente resbaladiza, provocando que Takamachi patinase con cada vuelta que daba.
Golpes bruscos rompían los gritos de la tormenta, con Jail Scaglietti retorciendo y azotando su propio cuerpo contra el suelo o elevándose hasta las ramas o cortezas de los árboles; Fate asida todavía a él, sintiendo los grotescos empujones que recibía al igual que los ramalazos que torturaban su espalda y su estómago, que de regreso chocaba fuertemente con las escamas negras.
Aquellas sacudidas continuaron, fugaces y veloces así como la persecución del cordero que no desaparecía de los ojos amarillos. Las mandíbulas doradas del lobo haciendo presión –aún cuando su agarre se debilitaba más y más-, no sólo para intentar detenerlo, sino para tragarse los gemidos de dolor que luchaban por escapar de su garganta.
Crujidos de huesos se escucharon en más de una ocasión, los tallos de los árboles descascarándose ante el pelaje de oro que magullaba su madera; la piel abriéndose en raspones que ardían al contacto con la tierra mojada sobre la que era arrastrada por momentos.
" – " – "
Las hienas volaron por los aires para caer pesadamente al suelo después. Cirio se mantenía a duras penas de pie, respirando agitadamente y contemplando el enorme oso blanco que le veía desde muy arriba.
Sus heridas, incluyendo aquéllas profundas que había recibido durante su batalla en la cueva contra el grupo de Ian, ardiendo y congelando la sangre de sus venas gracias a la lluvia que se precipitaba feroz sobre todos.
Sin perder más tiempo, saltó hasta morder uno de los brazos gruesos, justo en el preciso momento en que Signum sujetaba una de las piernas del mamífero.
Bramidos tronaron muy cerca de ellos, donde Subaru pasaba corriendo para ser rápidamente alcanzada y derribada por un trío de jaguares. Siquiera le sirvió ponerse de pie, no pudiendo cortar la sensación de que sus orejas, cuartos y cola eran estiradas en contrarias direcciones.
¡GROOOAARRRRR!
El alarido portentoso de un oso se escuchó sobre los cuatro últimos, antes de que sus garras mandaran lejos de la pantera a los gatos con un solo golpe.
-"¡Subaru!"
-"¡Tía!"
La felina oscura pronunció con felicidad al observar al tigre que permanecía debajo del inmenso baribal. Sin embargo, su mirada cambió cuando de repente otro oso tiró al suelo al que les había ayudado.
-"¡NANOHA!"
Las extremidades largas de Momoko pasaron a tiempo por debajo de los osos que se desplomaban abruptamente en la pradera. Posponiendo su participación en la batalla que se desarrollaba allí, se dirigió lo más rápido que pudo hasta el bosque que se vislumbraba a la distancia.
No obstante, el paso le fue cortado cuando dos lobos negros se le atravesaron al frente. La sorpresa y la preocupación por su hija, no hizo sino solamente permitirle dar un paso hacia atrás; la acción infundiendo una confianza fugaz en los cánidos, que no dudaron en arrojársele encima.
-"¡¿Qué estás haciendo? ¡Si Jail alcanza a Nanoha jamás podrás volver a verla de nuevo!"
Los ojos estupefactos de la Directora de Casco se quedaron fijos en Lindy Harlaown, cuyas patas verdes mantenían las caras de ambos lupinos contra el lodo.
-"¡Muévete!"
El grito del lobo colorado, así como la media vuelta que dio, hizo que el cordero reaccionase para seguirla. Su propio aliento formándose frente a ellas, con los charcos de agua estancada chapoteando ante sus pisadas.
-"Fate… es diferente –susurró Lindy, consciente de la mirada pesada que la otra le dedicaba-. Podemos seguir peleando entre nosotras, o podemos cooperar y evitar que nuestros alumnos mueran en vano."
La vista zafiro continuó sobre ella, repasando cuidadosamente cada una de las heridas que sus cuernos y pezuñas habían causado.
El resoplido orgulloso y los pasos que la dejaron atrás sin miramientos, hizo que el lobo de los esteros gritase su nombre; dándose cuenta de que no importaba lo que dijese, la bovina se empeñaba en avanzar por sí sola.
-"¡Tenemos que abrir una brecha!" –exclamó Harlaown, a pesar de que sabía que la ojiazul ni siquiera se voltearía a verla.
Tratando de acoplarse a los movimientos de la herbívora, fue así como finalmente ambas rectoras hicieron un agujero en las filas de lobos que protegían la entrada al bosque.
Con cada una corriendo al lado de la otra, aún cuando aquella idea estuviese por demás alejada de la realidad.
" – " – "
-"¡FATE!"
Un grito mudo escapó de la garganta de la aludida cuando su espalda fue brutalmente azotada en el muro de una alta meseta. Sus colmillos soltaron su agarre al fin, con ella resbalando lentamente hasta el suelo.
Nanoha rápidamente se situó encima suyo, adoptando una posición defensiva mientras al frente Jail elevaba su largo y grueso cuerpo negro.
Sus orbes amarillos nunca habiéndose despegado del cordero en ningún momento, anunciándole puros augurios de muerte. La lengua bífida rozó el aire una vez más, enviando las señales a su cerebro de que las dos figuras que ansiaba asesinar se hallaban justo adelante.
-"No hay adonde correr ya –empezó a encorvarse-. ¿Qué vas a hacer ahora, Takamachi Nanoha?"
Los ojos azules le miraron con desafío, las patas plantándose firmemente en la hierba a medida que los dientes planos hacían presión. La anaconda sonrió complacida, admirando por primera vez el vivo retrato relampagueante de la Directora de Casco Resistente.
"Lástima que ni ella ni tú quedarán con vida."
Las fauces se abrieron y se arrojaron hacia Nanoha, que brincó para esquivarlas; sus pezuñas se apoyaron en la superficie maciza al tocarla, impulsándose así para saltar y apuntar sus cuernos a lo que sería el cuello del rastrero.
El golpe, sin embargo, siquiera molestó a Jail, que enseguida le dio un azote con la delgada punta de su cola. El fino latigazo envió al cordero a la tierra entre rebotes y giros.
No amedrentándose por eso, se frenó a sí misma con sus duros cascos. Su vista se posó por un breve momento en la faz tranquila de Fate, que yacía inconsciente detrás de la anaconda. Aquello le dio fuerzas renovadas, animándose a encarrerarse otra vez contra la bestia que tenía enfrente.
Pasaron uno al costado del otro, con el viento helado golpeando sus rostros y una pequeña incisión abriéndose en la mejilla izquierda de la serpiente; al mismo tiempo, los filosos colmillos del Subdirector habían creado una mancha roja que comenzaba a teñir el pelaje blanco alrededor de uno de los muslos de la herbívora.
Cuando sus cuartos volvieron a tocar piso, Takamachi trastabilló. La punzada expandiéndose por todo su sistema central nervioso; afortunadamente, agradecía que el gran tamaño de Scaglietti convirtiese sus mordidas en todo menos ponzoñosas.
Sus pensamientos fueron cortados al ver que de repente su oponente giraba y regresaba hacia ella. Conteniendo los quejidos de dolor al moverse, Nanoha logró saltar para atrás; no obstante, el cuerpo elástico que pasaba a su frente se encorvó para alcanzarla y golpearla directo en el estómago.
Un balido doliente salió de su boca conforme rodaba de nueva cuenta. Se puso de pie, tambaleante, sintiendo su pata derecha trasera querer ceder al suelo; los relámpagos que alumbraron entre las nubes grises, en el cenit, irradiaron la silueta del reptil constrictor.
Nanoha apenas y lo vio venir cuando la cabeza negra la embistió abruptamente; en el momento en que se precipitó sobre el fango que la lluvia hacía aumentar más y más, su cansada mirada vio cómo Jail se aproximaba hacia Fate.
Ni siquiera había hecho algún movimiento contra la lobezna desmayada, cuando sintió unos dientes enterrarse en su piel escamosa.
-"¡Estás peleando conmigo! –dijo, sacudiendo la cabeza para profundizar la herida-. ¡Deja a Fate-chan en paz!"
-"Entonces morirás primero" –siseó, mirándola de reojo.
Las mandíbulas se separaron y la saliva diáfana se escurrió de ellos. Al siguiente instante, los filamentos puntiagudos se afianzaban al lomo y vientre del cordero, que cerraba los párpados fuertemente ante la sensación de la carne desgarrarse.
Con un brusco movimiento, Jail hizo que le soltase. Luego, vapuleó el cuerpo pálido contra la hierba una y otra vez, como si estuviese barriendo el lugar; los golpes y los azotes estruendosos alcanzaron los oídos de las dos criaturas que ya se acercaban al pequeño espacio abierto.
Los gemidos y porrazos hicieron que los ojos cerrados del lobo temblasen, como si la conciencia retornase lentamente a ella. Para cuando sus pupilas borgoñas se entreabrieron, el cuerpo de la herbívora colisionaba estrepitosamente contra el muro de la meseta.
Trozos de roca se desprendieron mientras la boca blanca se abría en un grito silencioso.
-"¿Na… Nanoha…?" –susurró apenas Testarossa.
Lindy y Momoko llegaron a tiempo para ver cómo Scaglietti despegaba al cordero de la pared de piedra para levantarlo y soltarlo por sobre su cabeza; Nanoha flotó de revés por los aires y entre la lluvia, como si no fuese más que una ligera pluma.
Después, rebotó una sola vez en la hierba, quedando panza abajo. El agua que descendía del firmamento golpeteó su pelaje lleno de polvo y sangre; el abdomen reaccionando despacio, con la respiración disminuyendo a cada segundo que pasaba.
Jail Scaglietti se alzó de nuevo y estudió el rostro exhausto de la criatura que no hacía intento alguno por moverse; y sin esperar más, abalanzó todo su ser sobre ella.
-"¡NANOHA!"
El grito de Momoko superó el tamborilear de los truenos, siendo acompañado enseguida por el ruido de algo que era aplastado o triturado. El reloj pareció detenerse entonces, solamente desmentido este hecho por el silbido continuo del viento frío.
Los relámpagos cubrieron el bosque y las hojas de los árboles fueron arrancadas ante las inclementes ráfagas.
-"¡Fate…!"
El llamado fue cortado por el nudo en su garganta y las punzadas que recorrían su ser. Los ojos azules del cordero joven, entrecerrados, contemplando la figura del lobo atrapado frente a ella.
Por escasos segundos, la mente de Lindy, que se había quedado congelada junto a Momoko, le jugó una mala treta; el cuerpo que era apretado sin piedad por la fuerza constrictora de Jail, cambiando de repente su tonalidad dorada por una oscura entre parpadeos.
El matiz borgoña de los ojos de Fate se volvía púrpura, y a medida que sus mandíbulas se despegaban para tragar aire con desesperación, el recuerdo de la muerte de su madre, Precia Testarossa, se dibujaba vividamente frente a la mirada estupefacta del aguará-guazú.
Imágenes del pasado proyectándose a gran velocidad, desde la tormenta que caía encima de las copas de los árboles, la estampida de animales, hasta las sombras de cuya muerte se habían reflejado aquella noche en las cortezas de los árboles.
"Sueltála…", gimió en su mente, sintiendo las lágrimas brotar mientras el corazón se le hundía en el pecho al recordar su peor pérdida.
-"¡SUÉLTALA AHORA MISMO, JAIL!"
Las pupilas amieladas voltearon a ver a Harlaown, que se aproximaba velozmente hacia él. Súbitamente, en sintonía con el grito de un trueno, gotas de sangre fueron arrojadas al aire.
El siseo de la anaconda sonó alto, aflojando su agarre y liberando en el proceso a Fate, que se deslizó al suelo. El cuerpo de Jail empezó a zarandearse desesperadamente, tratando de sacarse de encima las mandíbulas azules que habían reventado su ojo izquierdo.
Con el líquido rojo resbalando por su cara y causando estragos en su visión, se arrastró y se golpeó a sí mismo constantemente, provocándole daño también a la criatura que seguía aferrada a él.
Dentaduras brotaron en la tierra y en los troncos de los árboles circundantes ante los ramalazos; enloquecido por el sufrimiento, el reptil se elevó al máximo y se precipitó bruscamente sobre el suelo, con Lindy quedando atascada entre este mismo y su piel escamosa.
El impacto hizo que la rectora lanzase un chillido, soltándole. Aprovechando su peso superior, Scaglietti la mantuvo atrapada allí, tirándole mordidas rencorosas que la otra conseguía esquivar meneando la cabeza de derecha a izquierda.
Los colmillos del lobo de crin contraatacando y fallando igual, la cola punteada en blanco retorciéndose por sus continuos ataques.
"¿Por qué…?", la mirada del cordero más grande permanecía fija en Lindy, que actuaba como si su alrededor no existiese. "¿Por qué se empeñan en hacer esto?"
-"¡Fate-chan! ¡Fate-chan, respóndeme!"
La figura de su hija llamando a la lobezna en el piso, que volteaba a ver a la primera con una débil sonrisa y revoloteo de orejas, se proyectó después en los ojos de Momoko.
-"¡Tonta! –baló Nanoha entre sollozos mientras replegaba las orejas flojas-. ¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?"
-"No llores… -recostó la cabeza que había levantado para verla-. Me gustas más… -jaló aire-… cuando estás sonriendo…"
"¿Por qué? ¿Por qué has salvado a mi hija? ¡Por qué has salvado a mi hija!"
La cabeza blanca se sacudió entonces, liberando de inmediato su garganta un gemido agonizante al sentir que el mundo se le ponía de cabeza y todo dejaba de tener absoluto sentido para ella…
-"¡Voy a matarte! –los golpes fallidos de sus mandíbulas contra la tierra resonaron-. ¡Recuperaré el sitio que me has robado y tomaré Midchilda para convertirla en lo que tú jamás has podido!"
-"¡Si he de morir, vendrás conmigo, Jail! –gruñó feroz mientras interponía sus patas delanteras entre ambos-. ¡Este lugar nunca será de tu pertenencia!"
-"¡SILENCIO!"
La boca se cerró en el cuello azul celeste. Acto seguido, la víbora la levantó y la golpeó contra la tierra tres veces; luego, la arrojó por los aires, viendo el cuerpo de la cánida barrerse en el suelo.
Sin darle oportunidad de defenderse, le aplastó de nuevo en tanto volvía a dirigir los colmillos hacia ella.
¡THUMP!
El choque entre la cornamenta -más grande y fuerte que la de Nanoha- y el cuello negro, hizo que la respiración se le escapase al ojimiel. El empuje de la ofensiva le obligó a dejar libre a Lindy, que sin perder tiempo se escabulló lejos de su alcance.
En cuanto la Directora de Colmillo se daba la vuelta, Momoko retornaba a su lado. A pesar del orgullo en aquellos relampagueantes ojos azules y del silencio entre ellas, el acuerdo sin palabras que hicieron fue sellado con simplemente mirarse de reojo.
De súbito, se lanzaron hacia Jail. La figura del cordero apareció al frente suyo, mas cuando quiso atacarle, éste salió de su campo de vista para que un momento después el can le golpease.
El reptil se recuperó del tambaleo, volteando a ver entonces con su único ojo la silueta del lobo de crin que no se quedaba quieto, dando la impresión de que miles de copias de ella corrían a su alrededor. Entre segundos, la herbívora volvía aparecer, y cada vez que intentaba morderla, desaparecía al siguiente instante.
Lo que le seguía a ello, era alguna mordida o empujón brusco por parte de Harlaown. Hartándose del juego del gato y el ratón, donde el señuelo era Momoko, Scaglietti fingió seguir el hilo un rato más.
Cuando vio a Takamachi surgir de nuevo, pretendió asaltarla, cambiando de dirección en el último momento para atacar al aguará-guazú que paraba de corretear a todos lados. Por fortuna, los rápidos reflejos de esta última la salvaron del daño.
No queriendo dejarla escapar, la anaconda enseguida le siguió, pero antes de que sus mandíbulas se cerrasen sobre ella, fue esta vez la rectora de Casco la que se interpuso; con una fuerte patada de sus cuartos traseros, cerró de golpe el hocico de la serpiente, que gimió en agonía.
Enfurecido, el rastrero levantó de improvisto con su cola al bovino, y justo cuando vio que Lindy venía hacia él, la arrojó encima de ella. El impacto hizo que la cánida perdiese el equilibrio y ambas cayeran así algunos metros lejos de él.
-"¡Fate-chan, no!" –Nanoha exclamó al verla ponerse de pie, queriendo imitarla también pero su pata trasera negándose a responderle.
La lobezna se dirigió hacia el Subdirector, bloqueándole el paso hacia las otras dos criaturas y aventándose a sujetar la yugular oscura. Sin embargo, al estar débil, bastaron unas cuantas sacudidas para que le soltase.
Cayó de pie, con el vientre rozando el suelo y la mirada empañándosele a medida que respirar se volvía algo muy difícil.
-"¡No te metas en esto, Fate!" –oyó la voz de Lindy, precisamente cuando ella y Momoko pasaban a su lado.
Sus ojos borgoñas contemplaron a ambas renovar la pelea contra la víbora. Las mordidas y el filo de los cuernos, los rasguños y siseos inundando el ambiente una vez más; la tormenta que todavía seguía encima de todas, continuando con su canto feroz.
Entre ataque y ataque, Lindy Harlaown fue acorralada. Los dos largos colmillos de la serpiente se dirigieron hacia ella; y fue en ese preciso instante, en que el cordero que acompañaba al lobo colorado, embistió con su cornamenta y con todas sus energías la boca salivante.
La cabeza del reptil chocó duro contra la corteza de un árbol, con la presión de las astas cafés haciendo grietas en sus dientes frontales más largos, hasta que finalmente éstos se quebraron con un chasquido.
El sufrimiento fue insoportable para el rastrero, de cuya boca escurría su propia sangre, al igual que lo hacía de la parte izquierda de su cara. Con la cólera reflejándose en su único ojo bueno, sujetó rápidamente una pata de cada una de las regentes y las alzó alto.
Sin contenerse, las dejó caer pesadamente en la tierra para elevarlas de nuevo, y ahora soltarlas lo más lejos que le fuera posible. Tanto el cordero como el aguará-guazú impactaron dolorosamente contra los troncos de los árboles, emitiendo gemidos silenciosos al mero contacto.
-"¡Madre!"
El berreo de Nanoha captó la atención del Subdirector, que lleno de ira por las punzadas que hacían palpitar sus músculos, se decidió a deshacerse de ella de una vez por todas al notar que no podía moverse de donde estaba.
La mirada preocupada de Momoko se posó en su hija, y en la serpiente que pegaba su cuerpo al ras del pasto para abalanzarse sobre ella.
-"¡NANOHA!"
El balido hizo un eco agudo en el bosque, despertando los relámpagos que alumbraron el lugar por completo. Los árboles y los arbustos y todo lo que estaba a su alrededor se convirtieron en figuras carentes de forma ante la velocidad con la que avanzaba hacia su objetivo.
De repente, Fate Testarossa apareció al frente, cubriendo a Nanoha. La decisión y la ausencia de miedo en sus orbes borgoñas confundieron por segundos a Jail, que al igual que Lindy, creyó ver el pelaje dorado oscurecerse totalmente.
La chispa rubí en su mirar, volviéndose una purpúrea.
"No…", algo dentro de él tembló. "Precia Testarossa está muerta, ¡la que tengo adelante no es otra sino Fate!"
Las patas negras se hundieron en el suelo a medida que las mandíbulas se abrían; al instante en que las nubes colisionaron en el cielo gris, Fate se impulsó al frente con todo lo que tenía.
Su cuerpo asemejó un bólido dorado, con sus cuartos apenas rozando la hierba. Ojos borgoñas y mieles se encontraron con un sentimiento tan profundo, donde ninguno de los dos admitía la derrota como una opción.
Finalmente, a escasos centímetros de distancia, la lobezna dio un gran salto y separó las fauces a cuanto podía también.
Las luces del cielo envolvieron por completo a todo y a todos, revelando ante las miradas atónitas de las otras tres, conforme su intensidad disminuía, los colmillos de Fate Testarossa atravesando el cráneo de la gigantesca anaconda mientras ella permanecía suspendida en el aire.
El latido del corazón de Jail retumbó sonoramente en sus propios oídos.
El agarre del lobo se zafó entonces, con éste desplomándose y rodando en la tierra ante el impulso tomado; el enorme cansancio y las restantes energías gastadas, la forzaron a quedarse tirada en el sitio donde había caído, limitándose a intentar normalizar su errática respiración.
Del lado contrario, a pocos milímetros de Nanoha, la cabeza y el cuerpo de la serpiente negra se precipitaban abruptamente encima del suelo. Hilillos rojos deslizándose desde su frente, donde dos agujeros profundos habían cercenado allí.
El ojo izquierdo sangrando copiosamente así como la boca entreabierta, de cuyo interior no salía ya ningún soplo de vida.
El silencio que habían guardado todas fue roto cuando el sonido de pisadas se escuchó cerca, hasta detenerse. Los depredadores y los herbívoros que se asomaban a aquel espacio abierto, cerrado por una meseta al frente, observaron estupefactos a la bestia inerte que un relámpago iluminó fugazmente.
Bisbiseos y murmullos se expandieron con rapidez, con los miles de ojos carnívoros enfocando al lobo y al cordero heridos; la furia reemplazando la confusión como el fuego que se había esparcido a tempranas horas ese día, antes de que la misma tormenta que lo iniciase lo sofocase con su lluvia.
-"¡Alto ahí!" –Lindy gritó, interponiéndose al ver que estaban a punto de irse encima de ellas.
-"¡Madre!"
La voz de Chrono sonó entre los susurros de todos, que salía al frente junto a Verossa.
-"¿Están todas bien?" –preguntaba el dingo, deteniendo su mirada en el lobo dorado que se paraba a marchas forzadas y caminaba hasta donde estaba Nanoha.
Pronto, más aullidos se escucharon, siendo esta vez Hayate, Signum y Agito las que se abrían paso entre el grupo de animales que se hallaba dentro del bosque.
Los herbívoros, que no habían hecho comentario ni movimiento alguno, se mostraron desconcertados y preocupados al ver a su Directora aparecer al frente también.
Preguntándose si acaso debieran tomar a Nanoha con ellos y volver, o esperar por si se armaba una revuelta de nuevo, para proteger tanto a la hija como a la madre.
-"A partir de este momento, Jail Scaglietti no es más una autoridad en Colmillo Brillante –habló alto y claro el lobo colorado-. Por orden directa, cualquier pelea que se suscite ahora mismo será fuertemente sancionada."
-"¡Pero si hacemos eso ellos comenzarán a atacarnos!" –exclamó sorprendido un dragón monitor.
-"¡¿Acaso no me han escuchado?" –ladró enojada, provocando que el varano se encogiese.
-"Lo mismo va exactamente para el resto –intervino Momoko, que se colocaba a un costado de la otra rectora-. Hemos hecho estragos terribles en su territorio sin razón aparente. Es hora de regresar al sitio al que pertenecemos."
-"¡Directora! ¿Qué pasará con la amenaza que le ha hecho? ¿Así nada más vamos a irnos?"
Las voces inquietantes de los estudiantes de Casco Resistente se alzaron, alarmados por la idea de una retirada que los dejaría como indefensos ante sus enemigos naturales.
-"No hay tal amenaza."
Las palabras de Orión, que caminaba entre cojeos hasta delante de todos, captaron la atención y las miradas entonces. El dingo marrón suspiró con pesar y cerró los ojos en vergüenza, mientras doblaba las orejas.
-"El mensaje que le di a la Directora Takamachi, junto con el supuesto atentado contra su hija, no fue más que una trampa para quitar a Lindy Harlaown del frente de Colmillo –explicó, volviendo la vista hacia Nanoha y Fate-. Jamás existió la amenaza de la que tanto hablan…"
-"¿Por qué deberíamos creerte? ¡No eres más que un asesino!"
-"Aún si fuera la verdad, lo mejor es enseñarles que no pueden seguir alimentándose de nosotros."
-"Tal vez deberíamos echar abajo Casco…"
-"¡No es nuestra culpa que estén debajo de la cadena alimenticia!"
-"¡¿Quién está debajo de qué?"
Los comentarios desdeñosos empezaron a despertar entre ambos bandos, con los dientes pelándose y los gruñidos reverberando de sus gargantas al igual que las pezuñas rascaban el suelo en advertencia.
-"¡Si ese es el caso, hay que deshacerse de ese cordero!"
-"¡Fue su lobo el que se metió en nuestras tierras, ¿qué tal si nosotros lo eliminamos también?"
La furia contenida en las voces hizo que tanto Nanoha como Fate, echadas en el suelo, arrejuntasen sus cuerpos el uno contra el otro; las dos observando con orejas gachas los cientos de ojos que tenían la vista puesta en ellas.
El miedo surgiendo de nuevo, con la idea de que aquello jamás acabaría tornándose más y más real conforme las frases se alzaban; las lágrimas se amontonaron en los ojos de la herbívora, en tanto la cazadora se limitaba a pegar el hocico a la tierra, sin energías y con el estrés subiendo a través de su rostro contrariado.
-"¿F-Fate…?" –balbuceó.
-"Sólo quiero… -hizo una pausa al mirarla de reojo-. S-Sólo quiero irme de aquí…"
Los gritos comenzaron a subir de tono, con los dueños ignorando las órdenes que sus Directoras daban en un intento por calmarlos. El sonido de los truenos se mezcló con el de las patas aplastando el pasto y los charcos de agua, así como los ladridos que ya tomaban fiereza también.
Sin embargo, el crujir de la hojarasca y la visión de unas cuantas sombras negras que se aproximaban del lado contrario a ellos, con sus ojos amarillos y brillantes, les hicieron volver a los susurros.
-"Señalar con el dedo al culpable es reprochable cuando ustedes ni siquiera se han visto en un espejo."
Las palabras frías, así como su mirada, abandonaron la garganta de la hiena que caminaba pacientemente hasta detenerse al frente de Nanoha y Fate. Detrás de Cirio, unas quince hienas más, las que habían quedado, rodearon por los costados a las dos criaturas que permanecían quietas.
-"¿Quién quiere arrebatarles la vida, entonces? –se relamió su propia sangre del hocico-. Puede que sean más, pero les aseguro que me llevaré a algunos de ustedes al infierno" –sus ojos ámbar se entrecerraron en advertencia conforme su cola oscilaba sin prisas.
-"¡¿Qué está mal contigo?"
-"¡Por qué estás defendiéndolas!"
-"¡¿No puedes abrir los ojos? ¡Es una trampa!"
El alboroto brotó una vez más, con los sentimientos frustrados siendo dedicados ahora a quien había sido alguna vez su colega.
No obstante, Cirio tan sólo miró por sobre el hombro al cordero detrás suyo, antes de respirar profundo y volver la vista al frente, con una sonrisa ladeada.
-"Tengo mis propias razones…"
-"¡Yo tampoco permitiré que les hagan daño! Nanoha-chan y Fate-chan fueron las primeras amigas que tuve aquí –guardó silencio por unos segundos y bajó la mirada-. Me niego a perder eso."
-"¡Líder! –se oyó el aullido en medio de la manada-. ¡Si esa es su decisión, nosotros también la apoyaremos!"
El movimiento de los licaones y dingos hizo que los animales apostados entre los árboles tuvieran que abrirles paso para evitar ser arrollados. El flanco adelante, que antes se veía tan desprotegido, ahora se convertía en uno más fuerte a medida que más patas se posicionaban del otro lado.
Fue cuestión de segundos para que Tod y el resto de los híbridos se animasen a ayudar de igual manera, separándose de las bestias que observaban todo con reticencia; y uniéndose así, a quienes habían vencido al ejército de Jail.
El retumbar del piso hizo despertar algunos chillidos y miradas de admiración al ver a los osos pasar por encima de ellos; cada uno colocándose también a la vera de Hayate, incluyendo el pequeño osezno que trotaba alegremente hacia ella.
-"¡Nanoha! ¡Fate!" –la voz de Vita se escuchó.
Enseguida, ésta junto a Arisa, Suzuka, Erio, Caro y Rein cruzaron por entre la brecha que se había formado en medio del grupo de animales. Apenas alcanzaron a sus amigas, los raposos saltaron de los lomos de las equinas para correr hasta ellas e inundarlas de preguntas.
-"Je, supongo que no nos dejas otra opción, ¿verdad, Testarossa?"
Signum volteó a mirar a Subaru y Tía, que con una sonrisa la siguieron también hacia el otro paraje. El gesto de satisfacción en la faz de la leona fue aún más grande cuando Agito aterrizó con un graznido sobre su espalda; pero no tuvo comparación alguna, en el momento en que sus propios ojos contemplaron a Shamal posarse a su lado.
Como si por instantes, no se pudiese creer que todo aquello realmente estaba sucediendo. Las ganas de llorar le invadieron, mas se contuvo y alzó la mirada al frente, impasible cual siempre había sido.
Aún si por dentro, esos orbes magenta que le observaban en silencio, por fin tan cerca de ella y ante la presencia de todos, la hacían temblar de emoción.
-"Hey, chicos, ¿y nosotros qué estamos esperando?"
Esta vez, Chrono salió primero, siendo seguido por Verossa y algunos de los profesores, tanto de Colmillo como de Casco. Carim no tardó en ir igual, situándose a un costado de Hayate mientras pegaba sus caras en una sutil caricia.
Inclusive la comadreja que había tomado parte vital en aquella emboscada, se hallaba allí.
El número de ambos bandos rápidamente se desbalanceó, provocando que las bocas de Nanoha y Fate se entreabrieran en una sonrisa; sus pupilas incrédulas llenas de una profunda gratitud, fijas en cada una de las criaturas que demostraban su amistad hacia ellas.
Las lágrimas resbalaron por fin de los ópalos zafiro del cordero, que cerraba los párpados conforme sus oídos todavía podían captar el trasladar de más y más patas.
Cuerpos grandes, chicos o medianos; ojos de gran infinidad de colores; y cientos de formas, de pie, frente a ellas. Las expresiones variando desde sonrisas amables, chispas de entusiasmo ardiendo en los irises negros hasta miradas firmes y seguras.
Seguras de que, lo que estaban haciendo, era la primera cosa que realmente hacían bien desde que la vida en Midchilda se hubiese creado.
-"Nanoha tiene razón –la voz de Momoko, suave y dócil como nunca antes se había escuchado en todo ese día, se dirigió a los estudiantes-. Yo alenté el ataque a Colmillo… y alenté el ataque hacia el lobo que salvó la vida mi hija…"
Los orbes azules le dedicaron arrepentimiento puro a la lobezna que descansaba en el suelo, causando que sus orejas se irguieran ante el gesto. Pronto, una mueca de increíble felicidad trazó sus facciones a medida que las orejas caían.
-"¿Qué van a hacer? –Lindy inquirió ahora, dando un paso al frente-. Todos aquí estamos dispuestos a pelear una vez más, ¿pero es eso lo que ustedes quieren?"
-"No."
Las vistas se enfocaron hacia el cordero que había hablado, viéndole ayudarse de sus cuartos delanteros para sentarse. Después, con un suspiro, y la lluvia ya más delgada cayendo sobre su cabeza, Nanoha abrió los ojos.
-"Cuando conocí a Fate, tuve bastante miedo. Recordé cada una de las cosas que me habían enseñado en la escuela acerca de los lobos –sus ojos admiraron a la lupina al lado suyo, que mantuvo el contacto visual-. Admito que pensé que me mataría en aquel entonces, pero no fue así. Cierto que no pudo evitar atacarme algunas veces –las palabras hicieron que Testarossa desviase la vista, avergonzada por las viejas memorias-, mas siempre se detuvo al final.
Y luego hice más amigos –sollozó, contemplando con alegría las caras delante de ella-. Hayate, Signum, Agito, Erio, Caro y muchos otros… E inclusive aquellos que están aquí de pie y yo no sé ni siquiera sus nombres –rió torpemente, entre lágrimas-. ¿Por qué pudimos entendernos perfectamente, si somos tan diferentes…?" –gimió en voz quebrada.
Las caras de los estudiantes, del lado contrario, se viraron para verse los unos a los otros. El pelaje sucio y totalmente enmarañado, cubierto de sangre y tierra por igual en cada uno de ellos; las patas, largas o cortas, puntiagudas o embotadas, revestidas de lodo.
La fina llovizna mojándoles, y las luces cada vez más tenues del cielo tocándoles apenas.
-"Yo… -el susurro de Fate, atrajo la atención-. Yo quiero a Nanoha, y no como un lobo normalmente quiere a un cordero –mencionó al entrecerrar la vista brillante-; la quiero porque es lo más importante para mí, y daría mi vida las veces que fuesen necesarias para verla sana y feliz. Sé que no soy la única que se ha sentido así –sus órbitas borgoñas se pasearon sobre todos, con algunos enderezando las orejas al saberse observados o permitiendo sus miradas flaquear-, creo que… creo que cada quien tiene a alguien especial que necesita proteger, porque si no la vida sería muy solitaria… ¿no es así?"
Las lágrimas bajaron por las mejillas del lobo, que conservaba la cabeza alta y la vista llorosa fija en cada uno de los rostros que le veían atentos. La brisa del viento, volviéndose lentamente más cálida, siendo el único sonido que se escuchaba.
Acompañado solamente por los clamores del firmamento gris que empezaban a morir ya.
-"No espero que lo comprendan del todo –la hija de Precia pegó los párpados conforme apartaba la cabeza, no pudiendo contener aún el llanto que resbalaba al pasto entre sus patas-. Soy una depredadora, y viviré con ello el resto de mis días; pero jamás me atrevería a hacerle daño a Nanoha. Es todo lo que tengo… -sus ojos se abrieron una vez más, ahora hundiéndose en las húmedas pupilas azules que le contemplaban desde arriba-... y moriría si llegase a perderlo…"
El gemido lastimoso que abandonó su garganta ante las últimas palabras, hizo que el cordero juntase sus frentes a medida que sus lágrimas caían también. Los sollozos escapando entre jadeos que trataban de recuperar el aliento y sobreponerse al cúmulo de emociones que apretaban sus agónicos corazones.
Los sentimientos que empezaron a aflorar, en forma de gotas cristalinas en los miles de ojos, conmovieron a todos allí. Las miradas se atrevieron a verse unas a otras, con la vergüenza y la melancolía poblando sus acongojadas y empapadas facciones.
El delicado repiqueteo de la lluvia se escuchó más nítido que nunca, con bajos gimoteos interrumpiéndole de vez en cuando. Los segundos pasaron y los humores antes agresivos, se tornaron pasivos y hasta reflexivos.
Los leones y los bisontes se dedicaron mirares confusos, mientras el tigre y el ciervo permanecían cerca uno del otro; los conejos alzaban despacio las orejas largas en tanto los halcones cerraban las alas y los jabalíes admiraban con algo distinto al miedo a los lobos.
-"Ya es tiempo de cambiar las cosas –Lindy retomó la palabra-. Somos fuertes, nos adaptamos al medio en el que vivimos a lo largo de nuestras vidas. Tenemos que hacer un esfuerzo –suplicó, elevando la vista al cielo que comenzaba a despejarse perezosamente-, tenemos que vivir uno al costado del otro, sin que el temor o la ira estén en medio."
-"Pero… -el tono vacilante de alguien sonó-… ¿qué vamos a comer…?"
-"Moriremos de hambre."
Los murmullos apenados fueron pronunciados, con la razón y los sentimientos contradiciéndose mutuamente a través del velo de sus ojos. El remordimiento y el instinto mezclándose de manera apabullante y terrorífica; de tal manera que les hacía encogerse, esconder la cola entre las patas o replegar las orejas.
Aquella imagen no hizo sino ablandar la mirada de la Directora de Colmillo, como la madre que observa a sus hijos perdidos. Cuando volteó a su izquierda, para ver a Momoko, un asentimiento y unos orbes amables fueron lo que recibió.
-"Midchilda, ha sido el hogar de familiares durante generaciones –explicó con calma-. La magia que naturalmente residía en cada uno de nosotros, fue sellada desde un principio en las dos escuelas que todos conocemos; el objetivo era mantener un equilibrio, evitar que los habitantes, ya bien armados para su propia supervivencia, iniciasen un caos sin control. Tal y como hoy ha sucedido, y las vidas de muchos se han perdido por este descuido."
Las miradas se desviaron a la tierra brillante, contemplando con una tristeza recién encontrada la hierba que se mostraba ahora más seca. El desconsuelo de los que no se hallaban esos momentos presentes, pesando en el interior de sus corazones.
-"Si todos aquí estamos de acuerdo –continuó el aguará-guazú-, podemos darle un mejor uso a la magia que cada uno ha hecho crecer."
-"¿No debe ser muy difícil, cierto, Fate?"
La lobezna sonrió al cordero alto que volteaba a verla, refregándose luego los ojos con una pata al tiempo que Nanoha descansaba el mentón sobre la cabeza dorada.
-"No –negó suavemente-. Si trabajamos juntos… nada será imposible."
Estudiantes se contemplaron a la cara una vez más, con los asentimientos y las pequeñas sonrisas despejando las dudas y vicios que durante toda su vida les habían sido inculcados.
De repente, un aullido agudo se escuchó, y a ése, le siguieron varios más. Mugidos, rugidos, graznidos y chillidos se conjugaron en una sola entonación hacia el firmamento azul sobre sus cabezas.
Aquellas lágrimas que se hubiesen derramado por diferentes razones, finalmente se deslizaban al suelo fértil con un solo deseo en común; el canto que alguna vez fue furioso y sombrío, se transformaba en uno sublime y colmado de miles de sensaciones y sentimientos.
Las nubes blancas dejando pasar poco a poco los rayos del sol que alejaban las sombras del extenso y vasto territorio que era Midchilda; las colinas, los valles, los bosques, sus lagos y sus montañas también siendo iluminados por la luz que había desaparecido hacía horas atrás.
Colmillo Brillante y Casco Resistente, situados en elevaciones lejanas y opuestas, exponiendo sus muros altos y fuertes. El mensaje que transmitía cada instituto, en cuyos inicios había sido la vigilancia de un mundo en armonía, retornaba por fin a sus orígenes.
A la postre, la tormenta que había azotado los campos por tantos años, se desvanecía en los ojos de los animales que vislumbraban el mañana con la promesa de un nuevo y mejor comienzo.
La utopía –idealizada durante el primer día de vida de cada uno, cuando la inocencia permanecía intocable-, que siempre había sido pintada de mil maneras diferentes y no era más que un sueño lejano, finalmente se sentía envolver sus corazones.
Especialmente, aquellos que pertenecían al lobo y al cordero que percibían sus vistas arder en una felicidad que pensaron jamás llegaría, mientras el viento cálido acariciaba sus pelajes.
Los obstáculos desvaneciéndose, los enemigos convirtiéndose en la nueva fuerza que les mantendría de pie. Y sus caras húmedas pero conmovidas, reflejándose en la mirada de la otra.
Donde los sueños de ambas criaturas, por fin se hacían realidad.
Los sueños que permanecieron bastante tiempo escondidos dentro del lobo y el cordero, cuyos nombres eran:
Fate Testarossa… y Takamachi Nanoha.
Fin.
No, todavía queda el epílogo, amigos. Pero eso ya es como algo extra =)
No daré mis despedidas aún, en parte porque este capítulo quedo más largo que los otros (que todos a decir verdad XDD) y no quiero atosigarlos más O:
Agradezco bastante a quienes han llegado hasta aquí. Ya sólo nos falta un poquito más ;)
Kida Luna.
