Parejas: Mystrade & Johnlock

Géneros: Hurt/Comfort, Romance

Rating: M

Nota: Regalo para arcee93, ¡escogí el segundo reto! Pero que sea lo que querías, que te guste y que no me llames ñoña!

¡Feliz año a todos y todas!


Hikari

Capítulo 02

El silencio perduró entre los adultos durante unos segundos más donde solo se escuchaba el tintineo de las cervezas. Mycroft parecía estar pensando un largo discurso pero a decir verdad solo estaba decidiendo que palabras usar para explicarse.

John se levantó nervioso, llevó el bol de palomitas a la cocina y regresó al instante.

—Cuéntamelo por favor —pidió poniendo los brazos en jarras —. Es muy frustrante no saber absolutamente nada de la vida de Sherlock, me gustaría poder ayudarle en algo…

—Cuando Sherlock tenía ocho años nuestro padre regresó de un viaje de negocio. Venía de Tokio y como llegó en Enero y el cumpleaños de Sherlock ya había pasado le trajo un perro de la raza akita a modo de regalo —explicó Mycroft.

—¿Cómo el de la película? —preguntó Greg.

Mycroft asintió y se pasó la mano por los labios.

—Por ese momento, Sherlock lo estaba pasando mal en clase. Los chicos estaban forzando lazos de amistad y en todo apartaban a Sherlock, nunca pareció importarle demasiado pero además de no tener amigos le insultaban todos los días así que ese cachorro fue lo mejor que pudo pasarle. Le llamó Hikari, que significa luz y básicamente obligó al veterinario a que lo inscribiera en la cartilla con un kanji.

John suspiró y se sentó en un asiento, empezó a imaginarse por dónde venían los tiros, pero aún así dejo que Mycroft siguiera hablando.

—Iban juntos a todos los lados, nunca se separaban y el humor de Sherlock mejoró mucho durante los dos años que el perro estuvo con nosotros.

—¿Qué le pasó? —preguntó Greg apoyando el codo en el brazo del sofá y mirándole.

—Lo atropelló un camión. Un día iban de paseo, Sherlock cruzo la carretera y cuando llamó a Hikari pasó un camión a toda velocidad y lo arrolló.

—Que palo… —murmuró Greg.

—No reaccionó entonces, pero sé que estaba dolido. En ese momento comenzó la adolescencia y todo se fue truncando. No creo que fuese culpa de la muerte del perro pero eso le dolió mucho.

John miró al vacío unos segundos y luego se puso de pie. Caminó con decisión hacia las escaleras para subir a la habitación.

—No le gusta que se compadezcan de él Doctor Watson —le recordó Mycroft.

—¿No me digas? —le dijo John molesto mientras desaparecía en la habitación superior.

Cruzó el pasillo y se metió en la habitación que le habían asignado. Cerró la puerta con fuerza y encendió la luz.

—Te odio —le espetó a Sherlock.

—Déjame en paz —murmuró Sherlock rotando en el colchón y encogiéndose.

—No me da la gana —le dijo John acercándose —. Te ocurre algo, hay un recuerdo que te duele y no me lo cuentas. ¡Somos pareja por el amor de Dios!

—No voy a convertirme en un… —gruñó Sherlock escondiendo la cabeza en su pecho.

—¿Un qué Sherlock? ¿Un humano? —le dijo alzando las manos al aire exasperado —. Todos tenemos sentimientos, incluso tú señor Detective. Me gustaría saber qué es lo que te preocupa, que es aquello que te duele y no sabes cómo explicarlo. Odio enterarme por los demás.

—A Mycroft le encanta contar mis vergüenzas, habla con él.

—Tú eres mi novio, no Mycroft —dijo John acercándose a la cama, le cogió de un hombro y le empujó hasta colocarlo bocarriba.

El rostro de Sherlock estaba cubierto de lágrimas, sus ojos estaban rojos y sus ojos brillaban más que nunca.

—Por favor, habla conmigo Sherlock. Soy tu otra mitad, soy el único que te comprende y respalda.

El detective tragó saliva con fuerza y se incorporó, apoyó su frente contra la de John y le besó.

—Lo sé —susurró antes de volver a besarle —. Sé que eres el único.

John suspiró contra sus labios y se inclinó sobre él sin romper el beso. Se sentó a horcajadas sobre su cintura y le agarró las manos para ponerlas por encima de su cabeza.

—Eres un idiota… —dijo John entre dientes.

—Oh Dios mío cállate…

John hundió su mano izquierda en la nuca de Sherlock mientras que transformaba el beso en una lucha por el poder. Concretando quien manejaría los hilos esa noche. Uno al otro se devoraban entre suspiros y mordidas.

—Joder… —suspiró Sherlock apartándose un poco para tomar aire.

—¿Cansado detective?

La voz de John envió un escalofrío a lo largo de su columna, sonrió.

—Más le gustaría Doctor Watson.

Se incorporó hasta quedar sentado, con John aún sobre sus muslos y fueron quitándose la ropa a tirones. John había abandonado el jersey navideño tradicional por esa vez y llevaba un traje de chaqueta y corbata. Sherlock sonrió y tras desanudarle el adorno fue desabotonando uno a uno todos los botones mientras mordía hasta dejar marca la piel expuesta.

John gimió con suavidad y se arqueó hacia delante. Coló una mano por el cuello de la camisa de este haciéndole dar un respingo.

—Tienes las manos heladas —se quejó Sherlock antes de besarle los labios.

—Cállate.

John le dio un empujón para tumbarle y acabó quitándose la camisa. Se inclinó sobre Sherlock y rápidamente le quitarle las prendas de la parte superior. Cuando descubrió su torso, se relamió y se inclinó sobre él.

—No hagas eso —pidió mientras John besaba el torso.

—Tarde —respondió el médico antes de morderle un pezón.

Sherlock gimió y se arqueó hacia atrás, frotando su cuerpo contra el de John. Le odiaba. Aquel maldito médico había descubierto más partes sensibles en su cuerpo que el mismo en treinta años.

Y no era justo.

—Hijo de… Joder… —gimió de nuevo cuando John pasó al otro pezón.

El médico rió entre dientes y tras repetir la acción fue bajando poco a poco por todo su vientre. Besando allí, mordiendo allá. Delineó con la lengua el hueso de la cadera de Sherlock solo para ver como temblaba de pura impaciencia.

—Idiota… —murmuró Sherlock notando como el sudor le bajaba por la frente.

—Yo también te quiero.

Sherlock bufó y cerró los ojos mientras John le desabrochaba el pantalón. Sus mejillas se sonrojaron y su pulso subió un poco más. Había estado desnudo ante John muchas veces pero siempre le resultaba algo tan íntimo que le ponía de los nervios.

Los calzoncillos fueron lo segundo en ser quitado y John gimió al ver la brillante erección de Sherlock casi rozar su estómago. Sherlock suspiró y cerró los ojos, sintiéndose ligeramente impotente ante la situación.

—No sabes lo hermoso que estás así… —susurró.

Sherlock se dejó caer contra los cojines, se abrió un poco de piernas y las flexionó. John le miraba con tranquilidad, acariciando su propia erección por encima de la ropa que aún le quedaba.

Sherlock cerró los ojos y se concentró en el sonido que hacía la tela contra la mano de John. Sonrió de medio lado y movió un pie para acariciar el bulto con sus dedos.

—Mmmm… Sí, bien… —susurró.

Sherlock presionó el glande con el dedo gordo del pie pero luego lo apartó.

—Hazlo —pidió.

John abrió los ojos, se inclinó sobre él y lo besó.

—¿Sí…? —susurró moviendo sus labios sobre los de Sherlock.

—Quiero… —respondió Sherlock antes de besarlo —. Que me hagas tuyo.

John sonrió con autosuficiencia antes de apartarse. Se quedó de pie en el suelo y regresó al lado de Sherlock en cuanto se desnudó. Apartó los cojines lanzándonoslos a todos lados y apartó las sábanas para meterse debajo.

Sherlock rodeó la cintura de John con sus piernas y lo apretó contra él con fuerza.

—Joder —gimió cuando el miembro de John rozó su entrada.

—Impaciente —susurró John.

Sherlock rió y agitó la cabeza. A tientas, buscó una almohada y la colocó bajo su zona lumbar para quedar un poco alzado mientras John se lamía la mano y la movía alrededor de su erección.

El detective giró un poco la cabeza para verlo mejor y le imitó en cada acción pero rápidamente recibió una palmada en la mano.

—No te toques —le ordenó John.

—Ah, ¿tú si puedes y yo no? —preguntó apartando la mano.

—Yo me estoy lubricando, no tocando —dijo volviendo a lamerse la mano para dejar su erección cubierta de saliva.

—Capullo.

—¿Quieres que te folle o no? —preguntó John sonriendo —. Porque puedo dejarte aquí si quieres…

—No seas idiota… —murmuró Sherlock, se incorporó un poco y movió su mano alrededor de la erección de John —. Vamos, hazlo —pidió.

John apartó la mano con delicadeza y tras lamerse dos dedos lo introdujo con lentitud en Sherlock.

—Nunca me gustó esta parte —se sinceró el detective apretando los ojos.

—Merece la pena con lo que viene detrás, ¿verdad? —le preguntó con una sonrisa.

Sherlock se mordió el labio y elevó las caderas cuando John metió sus dedos completamente.

—Joder —se quejó aguantando el aire.

John besó su vientre, sus muslos. Esperando con paciencia a que Sherlock se relajara y que le dejara mover sus dedos.

—¿Qué le has pedido a Santa? —preguntó distraídamente.

—Lubricante —gruñó Sherlock —. No me hables de Santa ahora que pierdo la concentración…

John se echó a reír, Sherlock le siguió y fue cuando aprovechó para mover los dedos y acariciarle la próstata, haciéndole gemir esta vez de placer.

—¿Todo bien? —susurró John con voz tranquila.

—Métemela ya, John —exigió Sherlock.

John sacó los dados con lentitud, agarró su miembro y le penetró con la misma parsimonia que usaba siempre. Aquello desesperaba a Sherlock, odiaba la lentitud y cuando estaba tan desespeprado.

—Más rápido…

—No, que luego no te puedes sentar.

Sherlock apretó la sábana con los puños y elevó un poco las caderas para terminar de encajar con John. Tomó aire y lo aguantó durante unos segundos antes de soltarlo con tranquilidad. John se puso sobre él y le besó en los labios, el pecho le sudaba al igual que su frente, pero sonreía de oreja a oreja.

—¿Todo bien? —murmuró contra el oído de Sherlock.

—Mmm… Sí —susurró este moviéndose debajo de él.

John arrastró la frente por el toso de Sherlock mientras sacaba su miembro, luego lo volvió a meter y sonrió. Tardó unos minutos en coger un ritmo que Sherlock tolerara pero en cuanto lo encontró no paró.

Sherlock retorciéndose bajo él, gimiendo su nombre y exigiéndole que por Dios fuera más deprisa era algo tan fascinante que merecía la pena mantener ese maldito ritmo.

—John… —murmuró Sherlock cerrando los ojos —. Joder, lo necesito.

El médico tragó aire y agarró fuertemente las manos de Sherlock. El sonido rítmico de sus testículos chocar le distraía, costándole el habla.

—¿Quieres tocarte? —murmuró.

—Lo necesito… —suplicó Sherlock —.Ah… Joder, vuelve a hacer eso.

John rió contra su oído y le soltó una de las manos para bajarla a la erección de Sherlock. La garró con firmeza y comenzó a masturbarle al ritmo de las embestidas. Los gemidos se convirtieron en grito unísono que exigía más y más.

Más velocidad, más potencia en los movimientos.

Sherlock se arqueó elevando sus caderas mientras se corría sobre su pecho. Gemía el nombre de John entre gruñidos, respirando entrecortadamente. El médico se vino poco después, cuando dio una fuerte embestida y presionó la próstata de Sherlock.

—Ah, dios —exclamó —. Dios.

Cuando salió de Sherlock se dejó caer sobre su cuerpo. El detective alzó una mano cansado y le acarició la cabeza.

—Feliz Navidad John —murmuró.

El médico le besó el torso y se abrazó a él mientras cerraba los ojos listo para dormirse.

—Feliz Navidad, cariño —murmuró.

FIN


arcee93, ¡espero que te haya gustado! ¡Y no soy una ñoña!