CAPÍTULO III
Una noticia inesperada
Hermione entreabrió los ojos pesadamente, para no quedar cegada por la cálida luz matutina que bañaba el dormitorio de las chicas de séptimo año. Intentó moverse, pero una pesada bola de pelo naranja reposaba sobre su estómago... Crockshants.
Con ternura, se incorporó para coger al gato en brazos y dejarlo en su cesta. Éste no se inmutó: siguió durmiendo profundamente.
Tras haberse desperezado un poco, se calzó las zapatillas y se dirigió al baño para darse una ducha de agua fresquita, que la despertaría por completo.
Mientras el agua resbalaba por su cuerpo la chica se examinaba con atención: Había cambiado bastante en los últimos años. Ya no era la pequeña chica que había llegado allí siete años atrás, ahora se había convertido en toda una mujer. Su cuerpo se había desarrollado completamente: sus senos, ni muy grandes ni muy pequeños, le proporcionaban un bonito escote; su cintura era estrecha, cosa que pronunciaban sus caderas, que se habían ensanchado un poco; y sus piernas eran largas y esbeltas, motivo de admiración de más de uno...
Cuando estuvo preparada bajó a la sala común para reunirse con Harry, Ron y Ginny; pero como de costumbre, fue la primera en llegar, así que sacó el libro de transformaciones de su cartera y se acomodó en su sillón favorito: el que quedaba un poco apartado de los demás y que estaba situado al lado de uno de los ventanales de la torre, desde donde podía contemplarse una maravillosa vista del lago y los lindes del Bosque Prohibido...
Estaba totalmente concentrada en la lectura cuando alguien acercó sus labios a su oreja para murmurarle seductoramente:
- Buenos días, princesa... ¿Cómo has dormido hoy?
- ¡Harry! ¿Se puede saber que haces sobresaltándome de esta manera? – saltó indignada la castaña, con las mejillas encendidas. Aunque supiera que él era su mejor amigo, y que ya tenía pareja; la chica no pudo evitar sonrojarse ante un saludo tan sugestivo.
- ¿Sobresaltándote? – contraatacó el aludido haciendo una mueca – Pensé que te gustaría... A Ginny le gusta que la salude así.
- Pero Harry, ¡Ginny es tu novia! – exclamó Hermione enojada - Es normal que le guste que la saludes así, sin embargo...
- Yo creo – interfirió la pequeña Weasley – que lo que le pasa a Hermione es que no está acostumbrada a recibir este tipo de atenciones... – concluyó con una sonrisa maliciosa.
- ¡Pero bueno! ¿Qué significa esto? Parece que os habéis puesto todos de acuerdo para amargarme el día... – se quejaba la castaña mientras se alejaba del divertido trío en dirección al retrato de la Dama Gorda.
Ginny no pudo evitar sonreír para sus adentros, parecía ser que su amiga empezaba a darle importancia a los asuntos del corazón...
Seguía dándole vueltas al asunto, emparejando mentalmente a la chica con todos los buenos partidos que había en el colegio, cuando los cuatro llegaron al Gran Comedor para desayunar.
Ésta mañana, la primera del curso, era muy ruidosa: Los alumnos comentaban alegremente las expectativas que tenían tanto del nuevo curso como de las nuevas asignaturas que impartirían ése año...
El grupo de gryffindors se dirigió a la mesa de su casa y tomó asiento junto a los compañeros de clase de Harry, Ron y Hermione.
- No entiendo como la gente puede estar tan animada... – dijo Ron bostezando – deberían sentirse nostálgicos porque el verano ya terminó y vamos a estar encarcelados aquí al menos hasta Navidad...
- Tu problema, Ronald, es que no sabes buscar el lado positivo de las cosas... – replicó enfurruñada Hermione.
- ¿El lado positivo? Ilumíname, Hermione, ¿qué lado positivo puedo encontrarle a esto? – siguió el pelirrojo entre enojado y divertido.
- Pues verás, - dijo la leona preparándose para echar uno de sus discursos instructores - un nuevo año representa un montón de nuevas oportunidades y experiencias, además de muchos retos y...
- Vale, vale... Ya lo he entendido Hermione.
Entonces hizo su aparición por el tejado de la enorme sala la primera lechuza con el correo matutino, seguida instantes después por un montón de ellas de todos los colores, tamaños y formas imaginables.
Dos de ellas, una blanca como la nieve y sumamente elegante y la otra pequeña como un puño y algo revoltosa, se separaron del grupo para aterrizar entre, o en el caso de la pequeña dentro, los platos del desayuno de nuestros amigos.
- ¡Buenos días Hedwig! ¿Qué me traes hoy? – dijo alegremente el ojiverde acariciando la cabeza de la lechuza blanca y cogiendo de su pico un sobre de pergamín y un periódico enrollado - ¡Vaya! Una carta... ¿De quién será? – comentó para si mismo emocionado.
- Puede ser que sea de Sirius – dijo Hermione interesada – Hace mucho que no recibes noticias suyas...
- ¡Ah! – exclamó Harry mientras leía quien era el remitente – Pues parece ser que sí...
- ¿De verdad? – dijo Ginny interesándose de repente, puesto que le tenía mucho aprecio al padrino de su novio – ¿Y qué dice?
- Dice: " Querido Harry. Espero que Ron, Hermione, Ginny y tu hagáis empezado el curso con buen pie y que todavía no os hagáis metido en líos. – aquí los cuatro se miraron sonriendo cómplicemente – No tengo mucho tiempo, así que iré al grano: Te mando un ejemplar de El Profeta para que leas el artículo de la portada. Tened mucho cuidado los cuatro, ¿entendido? Manteneos siempre unidos. Saludos, Sirius.
- ¿A qué se referirá? – preguntó Hermione expresando los pensamientos de todos.
- No lo sé... – dijo Harry pensativo – pero ahora mismo lo averiguaremos. – determinó mientras desenrollaba el periódico y lo alisaba para leerlo con mayor claridad.
En la portada del periódico había una fotografía que mostraba un hombre que sujetaba con las dos manos una placa de prisión: Era muy delgado, tenía las mejillas hundidas y los ojos saltones, su largo pelo liso le cubría la cara con algunos mechones, y su mirada era pérfida...
Encima de la foto, un titular rezaba lo siguiente: "El contrabandista escapa de Azkaban".
Lo seguían tres líneas que resumían así la noticia: Tom Adams, poderoso hechicero y principal figura del contrabando de objetos mágicos ilegales, ha conseguido burlar a los dementores y ha huido de la Prisión de los Magos sin dejar rastro. Más información en las páginas 10 y 11, por Rita Skeeter.
Harry abrió el periódico rápidamente por las páginas nombradas anteriormente: Un par de imágenes más del fugitivo, así como un minucioso examen de su vida vandálica, actos de contrabando y otros hechos poco relevantes de su vida.
Apesadumbrados por la noticia, restaron en silencio un par de minutos, hasta que Hermione decidió tomar la palabra:
- Mmm... Qué extraño, nunca había oído hablar de él...
- Yo tampoco. Supongo que el contrabando de objetos mágicos ilegales no es algo que llame demasiado la atención, puesto que es bastante común. – comentó Ron.
- Ron tiene razón... – dijo Ginny poco convencida – no debía ser muy conocido, hasta que ha logrado escapar de Azkaban, cosa que muy pocos magos han conseguido hasta ahora.
- Debe ser eso... – dijo Hermione pensativa.
Terminaron de desayunar en silencio, y esperaron sentados hasta que la profesora McGonagall pasase a repartir los nuevos horarios.
Hermione estaba algo incómoda: Hacía rato que se sentía observada.
Lentamente, desvió la mirada hacia la mesa de los Slytherin, y se cruzó con esos ojos grises que últimamente parecían odiarla y despreciarla más intensamente aún si es que eso era posible.
Turbada, dirigió su mirada al suelo. Había perdido. Tenía que reconocerlo.
Pero no dejaría que las cosas siguieran ese curso, le demostraría cuál era su verdadera posición. Este año estaba completamente decidida a enfrentarse a él, a hacerle pagar por todo el daño que le había causado en los últimos seis años...
Ya había empezado a planear su propia venganza: Sería dolorosa y lenta, muy lenta... Haría que Draco Malfoy se hundiera en la miseria... Por culpa de Hermione Granger.
***
Draco Malfoy estaba preocupado. Acababa de leer el artículo de Tom Adams... ¡Menudo imbécil! Le iba a traer problemas, lo sabía. Esperaba que los muros del castillo lo protegerían durante un tiempo, pero sabía que esta situación sería pasajera; tendría que ir con cuidado a partir de ahora...
Levantó la vista, intentando no pensar más en ello, y se topó con el grupo de amigos de gryffindor que más odiaba: San Potter, la Comadreja y la Sangre Sucia asquerosa; acompañados por el perrito faldero de Potter, Ginny Weasley. Eran repugnantes...
Y parecía que estaban muy interesados en algo que tenía Potter sobre la mesa...
Con curiosidad, se incorporó un poco para ver cuál era el objeto de su interés: lo temía. Un ejemplar de El Profeta.
Diablos, encima tenía que enterarse toda la escuela...
Pensativo, se quedó mirando al grupo un rato más. Esperaría a ver si ella reaccionaba de alguna manera en especial...
¡Bingo! La castaña dirigió su mirada hacia él, visiblemente incómoda.
Satisfecho, le sostuvo la mirada: Procuró llenarla de odio y desprecio, tanto que le resultara imposible sostenérsela durante mucho tiempo...
En efecto, pasados unos segundos la chica desvió su mirada hacia al suelo. Se notaba que estaba avergonzada...
Las cosas no podrían haber salido mejor.
Su plan había entrado en funcionamiento.
Y para su desgracia, ya no podría dar marcha atrás.
***
Hermione avanzaba por el pasillo junto a Harry y Ron, en dirección a las mazmorras.
Su primera clase era la perfecta combinación: Dos largas horas en el sitio menos apetecible del castillo, junto a los estudiantes más desagradables de todos, los de la casa Slytherin; con un profesor que los odiaba profundamente y intentaba en la mesura de lo posible hacerles la vida imposible.
En otro momento, Hermione hubiera deseado con todas sus fuerzas tener cualquier clase excepto ésa, pero ahora tenía un objetivo, y esta clase le iba a resultar de gran ayuda...
Al menos, eso era lo que la chica esperaba...
***
En el gran comedor un alumno de séptimo año de la casa Slytherin miraba satisfecho su nuevo horario.
Parecía que el destino quería acelerar el avance de su malvado plan...
¿Y quién era él para oponerse a las fuerzas del destino?
Nadie.
¿Aunque el destino le deparara un futuro que ni él mismo podría imaginar?
