CAPÍTULO V

Pesadillas y sentimientos confusos

Hermione Granger cerró los ojos y suspiró profundamente.

Siempre que su cabeza estaba llena de sentimientos y pensamientos confusos se encerraba en su dormitorio, se tumbaba en su cama y cerraba los ojos; intentando así liberar su mente y observar la realidad desde una perspectiva completamente objetiva, libre de prejuicios y preocupaciones banales.

Necesitaba pistas. Algún indicio que le permitiera descubrir algo que pudiera ayudarla a entender qué estaba sucediendo en el colegio. Pero antes tenía que ocuparse de Draco Malfoy, así que decidió entregarse a un sueño profundo dispuesta a dedicar el día de mañana a avanzar en la preparación de su venganza...

***

Su respiración se hacía más agitada a medida que avanzaba por el estrecho y lúgubre pasillo con paso receloso. Perlas de sudor frío emanaban de su frente y recorrían su rostro hasta que caían en picado por su rígido cuello, tenso por el miedo.

A medida que se aproximaba a la puerta entreabierta, la opresión que sentía en el pecho se hacía más y más intensa, hasta que se izo insoportable. Aturdida, se detuvo para recuperar el aliento, y entonces escuchó una áspera voz que provenía de la estancia que se escondía detrás de la puerta de madera oscura:

- Hermione... –la sangre de la chica se heló en sus venas al oír la voz pronunciar su nombre, y mantuvo la respiración para evitar emitir cualquier ruido- ¿No vas a pasar? Tengo preparada una sorpresa para ti.

Cautelosamente, Hermione empezó a retroceder procurando no producir ni un mínimo sonido. Atravesó el pasillo en dirección contraria a la que lo había hecho segundos atrás y, comprobando que de la habitación no surgía ruido alguno, dio media vuelta bruscamente y empezó a descender las escaleras tan rápido como se lo permitían sus piernas, ahora sin intentar disimular su presencia en la casa...

No llegó al final. Cuando apenas había saltado seis escalones una cegadora luz verde se le aproximó por detrás...

***

- ¡No! – gritó desesperada la castaña, huyendo bruscamente de su pesadilla.

- ¿Hermione? – preguntó una soñolienta Lavander - ¿Estás bien?

- Sí... –respondió la aludida con un hilo de voz, tras lo cual la sombra de su amiga volvió a tumbarse en la cama.

Un sueño. Tan solo había sido un sueño. Se lo repetía una y otra vez para tranquilizarse, pero por su frente seguían resbalando pequeñas gotas de un perlado sudor frío. Había sido tan angustiosamente real...

***

En la mesa de Gryffindor del Gran Comedor los alumnos disfrutaban de un agradable desayuno: La mayoría charlaban amigablemente con los estudiantes sentados a su lado, mientras algunos algo más aplicados releían los libros de sus distintas asignaturas. Sólo una persona parecía ajena a este relajado ambiente:

Hermione Granger.

Ahora que el terror inicial se había disipado la chica intentaba comprender cual podría ser el significado del sueño, pero por más que lo intentaba no lo comprendía, y eso la ponía más y más nerviosa cada vez.

- Hermione –la llamaron dulcemente- ¿te encuentras bien? Estás muy callada... –le preguntó su amigo pelinegro.

- Tranquilo Harry –le respondió ésta ausente- sólo estoy pensando...

- Si hay algo que te preocupa, puedes contármelo. –dijo el chico seriamente- Sabes que puedes contar conmigo para cualquier cosa Hermione... –terminó, extrañamente concentrado en remover los cereales que flotaban en su cazo lleno de leche.

La gryffindor apretó afectuosamente la mano de su amigo que reposaba sobre la mesa, acto que sonrojó las mejillas de su amigo:

- Harry –dijo la chica posando su mirada en los ojos verdes de Harry- No quiero que te preocupes por mí innecesariamente... –como aquí el aludido entreabrió la boca para protestar, Hermione le puso el dedo índice sobre los labios haciendo que su amigo se detuviera bruscamente, algo turbado- Si algo grave me pasara sabes que tu y Ron seríais los primeros en saberlo.

- Pero... – intentó defenderse el chico, aún con el dedo de la castaña en los labios.

- Nada de pero –lo cortó con su mejor tono a lo McGonagall- Deja de preocuparte por pequeñeces y céntrate en lo que en estos momentos es realmente importante: Los estudios, el quidditch, Ginny...

Abatido, Harry se encaró nuevamente con su cuenco de cereales. Desde que se había reencontrado con su amiga en el andén nueve y tres cuartos, su relación con la más pequeña de los Weasley se había enfriado considerablemente, pese a los desesperados intentos de la pelirroja por seguir adelante como si nada pasara.

La situación era absurda, lo sabía. Por fin había encontrado una chica que realmente lo hacía feliz, y justo cuando parecía que las cosas en el amor le iban a ir bien, empezaron a surgir estos confusos sentimientos hacia la que siempre había considerado su mejor amiga.

Si las cosas seguían así, la situación se iba a poner fea. No sólo por Ginny, sino también por su exageradamente protector hermano y por Hermione, sobretodo por Hermione...

***

Draco Malfoy entró precipitadamente al Gran Salón y se dirigió con grandes zancadas a la mesa de Slytherin, donde lo esperaban sus dos guardaespaldas (muy ocupados en devorar todas las variedades de bollos, cereales y pastelillos que tenían a su alcance), y Pansy, que leía distraídamente el último número de la revista Corazón de Bruja.

Tomó asiento frente a sus amigos y empezó a llenar su plato de galletas y bollos, mientras silbaba alegremente, actitud que no pasó desapercibida a la chica con cara de buldog.

- ¡Buenos días Draco! –dijo excesivamente emocionada- ¿Cómo es que estás de tan buen humor hoy?

- Verás Pansy –dijo éste con tono autosuficiente- No tendría porque responder a tu pregunta, pero hoy estoy extremadamente feliz, así que te lo diré: Esta mañana rebuscando unos calcetines negros en mi baúl, encontré algo muy preciado para mi que hacía tiempo que daba por perdido.

- Vaya qué bien ¿no? –dijo la chica aparentemente muy interesada.

- Sí... – respondió el chico ausente, que había dirigido inconscientemente la mirada a la mesa de los estúpidos de gryffindor, y en cuyo rostro se dibujó una cínica sonrisa al vislumbrar entre la multitud de estudiantes a cierta castaña de pelo enmarañado.

Al verla recordó qué era lo que realmente lo había hecho feliz aquella mañana...

***

Arrojaba frenéticamente todo el contenido de su baúl por el suelo del dormitorio de los chicos de séptimo curso de la casa de las serpientes, cada vez más convencido de que lo que buscaba no se encontraba allí, cuando sus dedos rozaron un tejido sumamente suave y resbaladizo.

Satisfecho, retiró con manos temblorosas la pieza de ropa del fondo del baúl.

Sus ojos grises contemplaban con admiración la hermosa capa plateada, la misma que lo ayudaría a llevar a cabo su venganza...

***

De repente lo volvió a notar: Esa dura mirada gris que se clavaba en su persona cual afilados cuchillos.

Empezaba a hartarse de estos gestos de odio y desprecio intensos...

Decidida, dirigió una mirada cargada de emociones negativas hacia los ojos que la observaban desde la mesa de las serpientes.

Cuando los ojos marrones de la chica se encontraron con los grises y fríos ojos del rubio ésta se quedó sin aliento.

No podía ser... ¿Una simple mirada la dejaba indefensa? ¿Una mirada de Draco Malfoy? Realmente, la pesadilla la había trastornado más de lo que pensaba...

Sin embargo, este cruce de miradas no pasó desapercibido para todo el mundo:

Un sorprendido Harry Potter observaba la escena con sumo interés...

Y también, con un profundo resentimiento hacia el chico de slytherin...