CAPÍTULO VIII
Diferentes perspectivas
El verde y húmedo césped de los terrenos del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería se mecía al compás de una cálida brisa otoñal que traía consigo una ineludible ensoñación que impulsaba el tumbarse cómodamente para cerrar los ojos y sencillamente no pensar en nada, simplemente dejarse llevar por los caminos del subconsciente y viajar lejos del castillo...
Desgraciadamente, esto no era lo que deseaba el muchacho rubio que, estirado bajo la sombra de un olmo, apoyaba la nuca sobre sus entrelazadas manos.
Él tenía demasiadas preocupaciones, al contrario que los compañeros de su misma casa que estaban tumbados junto a él, como para echarse en la hierba de los jardines sin hacer nada.
Los acontecimientos se estaban precipitando. El hecho de pasar al segundo estadio del plan no le resultaba demasiado molesto. Lo que le preocupaba era el verse forzado a hacerlo. No podía ceder, ésta no era un opción.
El curso había empezado hacía pocos días, y empezar a mostrar un ligero cambio de actitud hacia Granger podría resultar sospechoso. Sin embargo, cada vez que se le acercaba ella lo percibía. Aunque lo hiciera con la capa de invisibilidad.
Ella no era estúpida, tenía que reconocerlo. Si actuaba con demasiada rapidez se daría cuenta de que había gato encerrado, así que tendría que ser completamente sutil para lograr engañarla.
Resignado, se echó finalmente en el mullido césped con las manos entrecruzadas por detrás de la nuca y cerró los ojos para centrarse en pensar una forma de acercarse a la castaña.
Cediendo, empezó a perderse entre la multitud de sonidos y aromas que se deslizaban suavemente a su alrededor: El débil cuchicheo de la cálida brisa que se colaba entre los botones de su camisa, el crujido de las hojas mecidas de los árboles, el zumbido de los insectos que revoloteaban por el aire aprovechando los últimos días cálidos del año... Y un delicioso e embriagador perfume de manzanas verdes recién recogidas del árbol.
Inspiró más profundamente, intentando absorber toda la esencia del perfume. Cada vez lo olía más intensamente. Cada vez la persona que lo llevaba estaba más cerca de él.
Abrió pesadamente los ojos y se incorporó hasta quedar sentado, para poder observar su alrededor. Se vio perdido entre demasiada gente, así que cerró los ojos nuevamente para concentrarse en captar de dónde provenía la agradable fragancia.
Inspiró nuevamente. Sí. Ya lo tenía. Complacido, abrió los ojos y dirigió su mirada hacia atrás.
Estupefactos, sus ojos adquirieron unas dimensiones exageradas dentro de sus órbitas. Hermione Granger. Ella era la única chica que había en aquella dirección. Evidentemente, estaba acompañada por sus amigos: San Potter y la comadreja Weasley, pero no creía que hubieran caído tan bajo como para untarse el cuello con perfumes femeninos.
En este mismo instante lleno de desconcierto, una ráfaga de aire agitó la melena enmarañada de la chica, transportando en el aire el delicioso aroma.
Él inspiró ávidamente. No cabía duda alguna: el perfume pertenecía a Hermione Granger.
Empezó a sentirse algo molesto. No podía ser que existiera algo en esta chica capaz de suscitar su interés... ¿O talvez sí?
***
Una ráfaga de viento deslizó su perfume por el aire, hasta que éste se hubo introducido dentro de su nariz provocándole un leve cosquilleo.
Desde que la conocía, Hermione había utilizado este especial perfume.
Una vez le había preguntado dónde lo había comprado para regalárselo a Ginny, pero ella se había limitado a desviar la mirada y a decir tristemente:
- Desde que tengo uso de razón, el día de mi cumpleaños recibo un paquete de remitente anónimo que contiene un frasco de perfume. Siempre es el mismo: Éste.
Harry desvió la mirada de su amiga. Esta fragancia le hacía rememorar muchos recuerdos: muchos momentos especiales, alegres o tristes; importantes o indiferentes; emocionantes o aburridos; habían sido bañados por este perfume.
Se tumbó en el césped, entrecruzó las manos por detrás de su cabeza y cerró los ojos; dejándose llevar por la calma del momento. La calma que siempre precede la tormenta.
Había tenido mucha suerte: Hermione era fantástica, una gran amiga. Esta mañana había actuado con completa naturalidad, sin dar pie a ningún tipo de sospechas por parte de Ron o Ginny.
Por otra parte, era extraño que su mejor amigo no hubiera insistido en averiguar quién había estado la noche anterior en su dormitorio...
Sí, Ron había estado muy pensativo durante todo el día. Probablemente intentando encontrarle un significado a la pesadilla que tuvo la noche anterior.
Él estaba seguro de que no tenía ningún significado, sin embargo el pelirrojo no era el único que se había mostrado pensativo en exceso: Pese a su convincente actuación frente a los demás, cada vez que la había encontrado sola Hermione se hallaba completamente meditativa, con la mirada perdida y el rostro contraído por la preocupación...
¿Era sólo por el incidente de anoche, o había algo más que ofuscaba los pensamientos de su amiga?
***
Casualidad.
Tan sólo había sido pura casualidad. ¿Cuántas veces se lo había repetido en una sola mañana?
Pero por muchas veces que lo intentara una vocecilla en su interior le murmuraba que no se engañara, que sabía perfectamente que su pesadilla y la de su amigo estaban estrechamente relacionadas, aunque no supiera el porqué.
¿Podría ser que Ron estuviera en peligro? ¿Si así era, cómo debería actuar? Quizá debería apartarse de él durante un tiempo...
No. Esto le resultaría imposible. Él no aceptaría que su amiga estuviera enfadada con él sin ninguna razón. Insistiría hasta que ella se viera forzada a contarle la verdad, y ésta lo asustaría por completo.
Sintió un escalofrío. Una ráfaga de aire le agitó los cabellos y se coló por el cuello de su camisa erizándole la piel.
Entonces lo volvió a sentir: La misma mirada, fría y calculadora. Estos cuchillos afilados que se clavaban en su alma despedazándola despiadadamente.
Lentamente, conteniendo la respiración, desvió su rostro en dirección al olmo que cobijaba un grupo de alumnos de Slytherin, en el centro del cuál se encontraba él: Draco Malfoy.
Parpadeó, extrañada. Sus ojos no destilaban odio, como siempre habían hecho al mirarla. Podía leer una ligera confusión en esta gris mirada.
Sonrió. Al parecer, estaba ganando terreno. Era la ocasión perfecta para poner en marcha su plan.
Sólo había tres inconvenientes:
1. Tardaría un mes en tener la poción a punto.
2. Para tenerla a punto en este tiempo necesitaba conseguir los ingredientes que le faltaban este mismo día.
3. Para obtener dichos ingredientes, necesitaba la capa de invisibilidad de Harry.
El día de hoy iba a ser muy largo...
