Capítulo 5: "Un día en el parque"

El sol brillaba y el calor era casi sofocador. Se puso unos shorts blancos y una musculosa rosada. Calzó sus sandalias y saludó a su mamá antes de salir de la casa. Mientras bajaba las escaleras pensaba la razón por la cual había aceptado salir ese sábado con Sango y sus amigos. La verdad, no tenía muchas ganas de sentir aquella mirada dorada fría sobre sus espaldas, pero... Sango... Sacudió su cabeza levemente intentando espantar las ideas y suspiró. Caminó hasta llegar al lugar de encuentro y abrió sus ojos al darse cuenta que había alguien más en el lugar. Su corazón comenzó a latir de forma violenta y casi no podía respirar a causa de la emoción y también del miedo que tenía. Allí se encontraba él, apoyado contra el tronco de un árbol y con sus ojos cerrados, pensativo, como si estuviera en otro mundo. Sus mejillas se sonrojaron levemente y casi sintió que iba a desmayarse a causa del temblor de sus piernas. Se acercó lentamente e intentando no hacer mucho ruido, tal vez de esa manera, el chico no se daría cuenta que ella había llegado. Pero era inútil, él levantó la vista y la observó.

Sus ojos dorados estaban fijos en la joven que lo miraba de aterrorizada. ¿Acaso eso causaba él en ella?. Se recordó porque había aceptado salir con ellos. Lo repitió una y mil veces en su mente, pero era en vano, él sabía que la razón era otra. No podía evitarlo. Bufó molesto al darse cuenta de que nada de lo que hacía servía. Se quedó inmóvil en su lugar y la vio acercarse de forma tímida. Su corazón se oprimió. Se sentía tan... miserable.

Kagome dejó una distancia prudente entre ellos y se apoyó en la otra parte del tronco con la vista pérdida en algún lugar. Nunca llegaba temprano a ningún lado, ¿por qué justamente hoy se le había ocurrido ser puntual?. Suspiró con derrota, definitivamente, esa no fue su semana. Agachó la cabeza intentando buscar algo de protección, para no mirarlo. Los minuto pasaban y Kagome sentía que se consumía por dentro, ¿por qué no llegaban Sango y Miroku?. Sintió que el joven se movía y no pudo evitar dirigir una mirada hacia él, curiosa.

Malditos. Pensó mientras que apretaba los dientes por la rabia. Debió suponerlo en cuanto pasaron los primeros diez minutos. Miroku jamás llegaba tarde a ningún lado y Sango mucho menos. Ambos eran muy puntuales. Debió imaginarse que todo eso era una miserable trampa de ambos. Se sintió un imbécil. ¿Cómo se había podido engañar por esos dos...?. Se separó del tronco y miró a Kagome que también lo miraba de forma curiosa. Ella había sido una victima al igual que él.

- No van a venir- Dijo Inuyasha molesto.

La chica lo miró sorprendida. ¿Los habían engañado?. Se mordió el labio avergonzada, sintiéndose tonta por haber caído en tal chiquilinada. Levantó la vista apenas. Inuyasha la observaba fijamente. Seguramente debería pensar que era una chiquilla por haberse dejado engañar. Sintió deseos de llorar, el nudo en su garganta era insoportable.

- Ya veo- Contestó con un hilo de voz.

- ¿Quieres... a caminar?-

La pregunta salió de su boca casi sin pensar. Inuyasha se mordió el labio arrepentido y reprochándose por lo dicho. Ella lo miró sorprendida primero y luego su vista fue un mar de confusión. Asintió levemente y sin decir nada. Inuyasha comenzó a caminar y Kagome lo siguió un poco distante. Ambos iban en silencio, sin decir una sola palabra. ¡Vaya forma peculiar de pasar el día!. Ambos suspiraron al mismo tiempo y luego se miraron sorprendidos. Inuyasha sonrió de medio lado. El corazón de la joven dio un salto y sus mejillas se sonrojaron terriblemente. Jamás lo había visto sonreír, era tan... perfecto y hermoso. Jamás había visto algo similar en nadie. Bajó su mirada rápidamente.

- Creo que... hace un lindo día, ¿cierto?- Comentó el joven de ojos dorados.

- Sí, vaya que sí... - Respondió Kagome.

- Y... ¿conocías a Sango desde hace mucho?- Preguntó de pronto. Era un idiota, estaba cometiendo un error grave. Y lo sabía, pero... ¿acaso importaba?.

- Eh... - Dudó ella. Ese chico si que era raro- Si, desde muy pequeñas. Siempre estábamos juntas-

- Ah... ¿y por qué se separaron?-

- Es... cuando terminamos la primaria tuvimos que cambiarnos de colegio. Lamentablemente mi mamá no podía pagar el colegio donde iba a ir Sango, así que tuvimos que separarnos. Nos juntamos de vez en cuando, en estas vacaciones de verano mi mamá me dio la sorpresa de que podría pasarme a la escuela de Sango y bueno... aquí estoy- Contó con algo de vergüenza.

- Vaya... interesante-

Kagome levantó la vista sorprendida, ¿acaso había dicho que su historia era interesante?. ¿Había encontrado algo en ella que era interesante?. Tomó aire para darse valor y poder hablar con él.

- ¿Y qué hay de tí?-

- ¿De mí?- Contrarrestó él sorprendido.

- ¿Hace cuánto conoces a Sango y a Miroku?-

- En realidad conocía a Miroku desde hace bastante. Siempre estuvimos juntos y bueno, después llegó Sango y se hizo amiga de Miroku, por ende... también de mí-

- Ya veo-

Hubo un silencio en el que ninguno de los dos habló. Cada uno se mantenía en sus pensamientos. Inuyasha pensaba que se había equivocado, siempre estaba a la defensiva, con un escudo, intentando que nada lo traspasara, pero había roto todas las barreras. Lo había alcanzado de una forma extraña, de una manera que él no quería, pero que al mismo tiempo buscaba. ¿Por qué?. Ni él conocía la respuesta. Tal vez... si dejaba aquel recuerdo, si intentaba olvidar... ¿sería posible...?.

- Disculpa, pero... si te molesta mi presencia no es necesario que te quedes-

Inuyasha la observó por un momento. Sus ojos castaño mostraban una tristeza infinita. Había sido muy duro con ella y todo por... Sonrió un poco y su mirada llena de dureza se suavizó. Suspiró dándose por vencido. Era inútil y por más que lo intentara, no había forma de revertir el efecto. Algo pasaba en su interior y si seguía actuando de esa manera, jamás iba a averiguarlo.

- No te preocupes, no es eso- Contestó intentando que su voz sonara relajada.

Kagome lo miró. Iba a decir algo, pero de pronto se cerró su boca. ¿Y si arruinaba el momento como siempre solía hacerlo con alguna de sus tontas preguntas?. Prefirió guardar silencio y esperar a que él dijera algo más. Pero por el contrario, Inuyasha no dijo más nada. Solo siguió caminando, pero estaba vez de una forma diferente. Más relajado, más ameno, como si de pronto... no le molestara estar ahí con ella.

- Y... ¿tienes hermanos?-

Inuyasha largó una carcajada muy natural. La joven se sorprendió de verlo reír con tanta confianza, como si fueran grandes amigos. Sonrió un poco también intentando disimular su intriga. Tal vez se reía de ella. Espantó esa idea de la cabeza.

- Jaja, si, tengo uno. Pero... no sé si podría llamarlo hermano- Dijo riendo de buena gana.

- ¿Por qué?- `Preguntó de forma inocente ella.

- Es que... no es de esos hermanos que son cariñosos y te cuidan... más bien es una especie de cosa con vida que flota por la casa sin llamar la atención- Contó mientras que volvía a reír.

Kagome también rió por su comentario. Vaya que este chico era ingenioso, llamar a su hermano "cosa con vida". Ambos siguieron riendo un rato y luego de eso se miraron algo entusiasmados. Después de todo, podían llevarse bien, ¿no?.

- ¿Y qué hay de tí? ¿tienes hermanos?-

- Bueno, mi hermano no es una especie de cosa con vida que flota por la casa jaja, es más pequeño que yo y bastante enérgico- Comentó mientras que reía un poco.

- Ya veo, me imagino, al menos se debe sentir su presencia jaja-

- Jaja, si creo que sí- Kagome pasó una mano por sus cabellos y se abanicó un poco.

- Hace calor, ¿cierto?- Rió Inuyasha como al pasar.

- Uff, bastante... este tiempo es sofocador- Respondió.

- ¿Quieres tomar algo fresco?-

La chica lo miró nuevamente. Este chico cada vez era más extraño. Antes la despreciaba y ahora la estaba invitando a tomar algo. Pero... ¿qué acaso todos los hombres eran así de bipolares? ¿o solo era él?. Sonrió de manera sincera y asintió levemente. Inuyasha volvió a sonreír y caminaron juntos hasta un puesto de bebidas que había en el centro del parque.

Compraron sus bebida y se sentaron en un banco. Pasaron toda la tarde riendo y hablando de sus vidas de una manera amigable, agradable, cálida. Cuando se dieron cuenta de la hora ya había oscurecido bastante. Ambos se sorprendieron de que el tiempo hubiera pasado tan rápido. Kagome se levantó e Inuyasha la imitó.

- Bueno, creo que... ya es hora de que vuelva a casa- Dijo Kagome.

- Si, yo también- Apoyó.

- Nos vemos el lunes-

Kagome le dio un fugaz beso en la mejilla y se fue sin decir más nada. Inuyasha se sonrojó y la miró irse. Esto se había salido fuera de control. Todo estaba perdido y él había caído como un idiota, pero... ¿le importaba?. Se sentó nuevamente y se dio cuenta de que no. Estaba seguro de que no podría resistirse. Era tonto pensarlo. Suspiró y observó en la dirección por la cual la chica se había ido. Era tan sincera con él y él se había comportado de una forma tan despreciable con ella. Luego sonrió. Estaba seguro que eso podría solucionarse. Sí. Se pasó la mano por el cabello y cerró sus ojos en forma pensativa. Definitivamente estaba perdido. Lo estaba. Pero no le importaba. El tiempo sería el único juez. Sabía que ya no podía luchar más, era imposible. Abrió sus ojos dorados, como dos llamas de fuego y volvió a mirar el camino que la chica había tomado.

- Hasta el lunes... Kagome-

Continuará...


N/A: Espero que les guste el capítulo 5 :) si tienen alguna duda, saben donde encontrarme!!!! Un saludo enorme amigas, que tengan un hermoso día y un buen finde ^^

Kagome-Chan.