Capítulo 6: "Amigos"
Llegó casi ahogada a la escuela. Correr definitivamente no era lo suyo, y además, ya estaba bastante retrasada. O al menos eso pensaba. Cuando llegó notó que no habían llegado ninguno de sus amigos. Qué extraño. Suspiró un poco aliviada por el hecho de que el profesor no hubiera entrado todavía. Se sentó y dejó su mochila en el respaldo de su silla. Apoyó la cabeza entre sus brazos y su mente volvió al día del sábado. Vaya día. No había podido dejar de pensar en él desde lo que pasó, era algo inevitable. No comprendía la razón por la cual Inuyasha era tan cambiante con ella. Sintió que alguien se acomodaba algunos asientos atrás. Su corazón comenzó a latir con violencia y sus mejillas se sonrojaron de manera muy notoria y sintió vergüenza de sí misma. ¡Qué tonta era!. Tomó aire e intentó calmarse, tenía que calmarse. Miró de reojo y lo vio.
La noche fue bastante dura. Había estado muy ansioso y quería que llegara el lunes solamente para ver si las cosas podrían mejorar o no. ¿Podría ser que pasara?. Esa fue la pregunta tortuosa que lo persiguió durante todo ese fin de semana. La noche anterior no había podido dormir casi nada y hoy estaba verdaderamente cansado. Cuando la vio sentada en su asiento sintió que no podía reaccionar, no podía hablar, ni siquiera actuar con libertad. Intentó darse calma, raro en él. Bufó con molestia, estaba cansado de su propia actitud. Estaba tan molesto por su manera de actuar, por su forma de ser. En ese momento, envidiaba mucho a Miroku. Él no tenía problema de comunicación alguno y era muy extrovertido en cuanto a sus sentimientos. Podía hablar de forma tranquila y natural, incluso con la persona que le gustaba, Sango. Tomó aire con fuerza y se sentó. La miró desde lejos con las palabras en la boca.
- Hola- Saludó de forma casi innaudible.
- Ho... hola- Por supuesto ella lo había escuchado. Estuvo pendiente de cada uno de sus movimientos desde que llegó. ¿Cómo podía omitir aquel saludo?.
- ¿Todo en orden?- Preguntó de manera casi normal.
- Ah... si, ¿qué tal tú?- Respondió ella dándose vuelta y enfrentándose a él por primera vez.
- Bien, solo... aquí- Dijo sin más con una media sonrisa.
- Ya veo-
Nuevamente el silencio se hizo presente entre ellos. ¿Por qué ahora era todo tan diferente al día en qué estuvieron en el parque?. Tal vez, es porque estamos en la escuela, pensó Kagome. Pero... ¿eso quería decir que se llevaban bien mientras estuvieran solos?. Se sonrojó de solo pensarlo. No, no, no podía ser así. Inuyasha la miró de reojo nuevamente. Golpeó los dedos impaciente contra la mesa de su asiento. Ladeó el rostro esperando que Miroku o Sango entraran por la puerta del salón, pero ninguno aparecía y ya se estaba haciendo tarde. ¿Acaso podrían haberlo hecho nuevamente...?. ¡No se atreverían!, no después de que casi golpeó a Miroku el sábado. Torció la boca. El profesor entró al salón e Inuyasha frunció el ceño. Maldita sea, sí, lo habían hecho nuevamente. Cuando atrapara a esos dos... pensó apretando el puño.
La clase transcurrió nuevamente muy aburrida. Casi como de costumbre. Inuyasha mantenía la vista fija en la ventana, sintiéndose tonto al ser engañado por segunda vez, por las mismas personas, en una situación de la cual no podía evadirse. Pero... ¿acaso eso le molestaba?. Jamás lo había pensado de esa manera. El timbre del recreo sonó interrumpiendo sus pensamientos. Vaya, no se había dado cuenta que se había quedado tanto tiempo pensando. Raro en él. Todos se levantaron y el ruido se hizo presente gracias a todos los gritos. Alcanzó a Kagome, que estaba saliendo, con algo de impotencia por no poder hacer lo mismo que hacía con Sango todo el tiempo, en realidad quería estar con ella, compartir más tiempo a su lado, quería hacerlo, de verdad lo quería.
- ¿Y?, ¿cómo estuvo la clase?- Dijo casi sin saber que decir.
- Supongo que bien, un tanto aburrida... en realidad- Kagome miró hacia todos lados y bajó la voz- no me presté mucha atención jaja-
- No te preocupes, no fuiste la única-
Ambos caminaron hacia el patio de la escuela. Era un día soleado y estaba muy caluroso, por eso ambos se sentaron debajo de un árbol. Kagome recostó su espalda contra el tronco e Inuyasha se trepó sin mucho problema hasta una rama no muy alta. Se quedaron un rato en silencio. Ninguno sabía bien que decir, en realidad, esta situación era nueva para ambos, ya que, no podía explicar como de repente pasaron a odiarse a estar tan cerca. Kagome suspiró sin comprenderse a ella misma. Una suave brisa jugó con los cabellos de ambos y tomaron aire para darse valor, ya que, en cierto modo les incomodoba estar juntos, pero, al mismo tiempo, era agradable.
- Yo no... - Kagome abrió los ojos al sentir lla voz del chico. Levantó la cabeza para intentar verlo, pero lo único que podía divisar era su figura acostada en la rama del árbol- yo no quise... ser... tan grosero- Comentó casi en un susurro.
Nuevamente el silencio. Eso era una disculpa. Vaya. Kagome sonrió tontamente, ese era el efecto que últimamente el chico causaba en ella. Una risa tonta, infantil, soñadora... como si al verlo y al escucharlo fuera transportada hacia otro mundo, a otro lugar muy lejos.
- No tienes que disculparte... eso ya no importa- Respondió ella con una sonrisa sincera. En verdad, ya no le importaba.
Inuyasha se sorprendió de que pudiera ser cierto. A ella no le importaba, definitivamente no le importaba. Bajó la vista y solo vio su cabeza agachada. Definitivamente ella era diferente, no podía explicarse el porque, pero sabía que Kagome no era como todas. Era muy distinta y eso... le agrabada. Sonrió complacido y bajó del árbol con mucha agilidad. Se agachó delante de ella y la miró a los ojos con suma tranquilidad.
- Entonces... todo está bien, ¿cierto?- Consultó a modo de confirmación.
- Claro- Kagome extendió su dedo pequeño y lo miró expectante. Inuyasha bajó la vista hacia el dedo de Kagome y levantó la vista con el ceño fruncido, confundido. Ella sonreía animada y alegre- ¿amigos?- Preguntó.
Él extendió su dedo pequeño tambien y lo aferró al de ella casi impaciente. ¿Una promesa?, ¿de eso se trataba?.
- Amigos- Asintió.
El timbre sonó y ambos levantaron la vista. Nuevamente el tiempo se les pasó volando. Se levantaron como dos rayos y se miraron. Comenzaron a caminar rápidamente hacia el salón cada uno en sus pensamientos. Era tan... extraño. De pronto, eran amigos.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
- ¡Sango!- Gritó la morocha mientras que alcanzaba a su amiga.
- ¡Al fin! siempre tan puntual mi querida amiga- Comentó la castaña con un tono de sarcasmo.
- Lo siento, mi despertador no sonó... - Se disculpó.
- No importa, ¿cómo estás Kagome?-
- Hola Miroku, muy bien jaja. ¿qué tal tú?-
- Excelente, no podría estar mejor- Comentó mientras que abrazaba a Sango.
Ambos se miraron y sonrieron. Ya había pasado cinco mes. Sango y Miroku se habían puesto de novios, pero eso sí, Miroku no dejaba de hablar con chicas lindas y gritar cosas cada vez que las veía pasar. Sango lo golpeaba, lo gritaba, Miroku le pedía disculpas y luego se arreglaban. Era siempre igual, pero a pesar de eso, estaban muy bien. Se sentía muy feliz por ellos, aunque siempre tenía que aguantar verlos abrazarse y besarse delante de ella, cosa que no le molestaba, pero la hacía sentir demás. Rió internamente por el pensamiento. Le resultaba divertido salir con sus amigos y compartir tiempo juntos, sobre todo ahora que todo estaba muy bien.
- Disculpen la tardanza, rompí mi despertador-
La voz de Inuyasha los hizo darse vuelta. El chico se veía bastante relajado a pesar de todo y parecía estar muy animado el día de hoy. Todos rieron y Miroku se acercó a él golpeándolo en un hombro. El joven le dedicó una mirada asesina a la que Miroku no hizo mucho caso.
- Jajaja, eres una bestia, ¿por qué rompiste tu despertador?-
- Solo lo golpeé, no pensé que fuera tan frágil- Comentó molesto.
- Aún así sigues siendo un animal- Rió Miroku.
- Y tú eres un idiota mujeriego-
- Idiota no- Corrigió el chico de ojos azules.
- ¿Acaso mujeriego sí?- Desafió Sango con una mirada asesina.
- Nooooo, Sango, cariñito, mal interpretaste-
- Si, seguro... - Dijo Inuyasha sarcásticamente.
- Miroku, eres un baboso- Se quejó Sango dándole la espalda.
- No Sango, no es así... -
Ambos se pusieron a discutir nuevamente. Inuyasha los miró rendido y se acercó a Kagome que los miraba divertida.
- Hola Kag- Saludó con una sonrisa.
- Hola Inu, ¿cómo estás hoy? ¿mejor?- Preguntó ella un poco preocupada.
- ¡Feh!, claro que estoy bien, ¿cuándo me has visto mal?-
- ¿Ayer?-
- Tonterías-
Kagome suspiró. En esos cinco meses, Inuyasha y ella se habían hecho muy unidos. Compartían la mayor parte del tiempo juntos y hablaban mucho. Se podía decir que se hicieron grandes amigos y que se divertían cada vez que estaban juntos, eso sí, mientas no pelearan. A decir verdad, su relación había crecido bastante y ambos tenían la suficiente confianza para hablar de lo que sea con el otro. Eso les agradaba a ambos y se sentían muy cómodos estando juntos.
- Claro, como digas- Se burló ella mientras que le palmeba ael hombro.
- ¡¡Oye!!- Gritó Inuyasha apretando el puño al darse cuenta del tono de burla de la chica.
- Ya dejen de pelear ustedes dos- Dijo Sango.
- ¿Alguien pidió tu consejo?- Desafió Inuyasha observándola.
- Mi consejo siempre es bien recibido-
- En tus sueños-
- Eres un... malcriado- Sentenció la cataña con la mano en puño.
- ¡¿A quién le dices malcriado?!-
- Kagome me llevaré a Sango antes de que esto empeore- Sonrió Miroku mientras que tomaba a su novia por los hombros y la arrastraba lejos del alcanze de Inuyasha y sus palabras.
- Inuyasha, ya se fue Sango, no sigas hablando solo- Rió la joven mientras que se daba vuelta y comenzaba a caminar.
Él la miró por un segundo y la siguió desde no muy lejos. Ambos caminaban sin mucho que decir. Esos silencios también eran muy cómunes en ellos, y no les molestaban, porque estaba acostumbrados y a veces, les agradaba, porque significaba que no siempre necesitaban las palabras para poder comunicarse. Kagome paró de caminar y se sentó en un banco, mientras que Inuyasha se paró a su lado.
- ¿Y bien?- Preguntó ella.
- ¿Y bien qué?- Repitió él sorprendido.
- ¿Qué fue lo que pasó ayer?-
¿Debía decirle?. Bajó su rostro apenas y se seintió impotente. No, definitivamente no le diría. No ahora. Alzó la mirada dorada con mucho orgullo y la observó riendo. La chica abrió los ojos sin comprender cual era la gracia, era una pregunta seria. En verdad habpia estado preocupada por él y el muy tonto solo se reia.
- No fue nada, solo... uno de esos momentos en los que uno se siente mal sin motivo, supongo que sabes de que hablo- Dijo sin mucho interés.
- Ah... ¿solo eso?, ¿estás seguro?- Insistió. Tenía la impresión de que le estaba ocultando algo.
- Sí, si hubiera algo más, te lo diría. Ya sabes... - Animó.
- De acuerdo... confío en lo que me dices-
Nuevamente el silencio. Inuyasha respiró hondo y se sentó al lado de la chica sin mucho que decir. Estaba nervioso, sentía que su corazón latía con violencia, casi sin dejarlo respirar. Bufó un poco molesto y se revolvió inquieto en su sitio. La joven lo miró de reojo sin comprender que era lo que sucedía con él, estaba actuando de una forma muy extraña. Muy evasiva y nerviosa, casi se diría que algo lo estaba perturbando terriblemente, aunque no podía imaginar que es lo que era. De pronto, Inuyasha ladeó el rostro y la miró seriamente. Kagome sintió que sus mejillas se sonrojaban y que su respiración se volvía dificultosa. Su cuerpo temblaba y estaba un poco mareada, perderse en aquellos ojos color fuego, era como un sueño imposible de describir.
- ¿Sucede algo Inuyasha?- Preguntó nerviosa, casi sin poder hablar.
Silencio. La estaba matando. Iba a decir algo, pero lo vio titubear, se detuvo expectante a lo que el chico iba a decirle. Pero nuevamente, más silencio. ¿Podía existir algo más doloroso que eso?, no creía. Inuyasha sabía como desesperarla y esa era una de sus maneras más exitosas, hacerla esperar, desear, casi rogar por algo que ni ella misma sabía que era. Lo miró, perdiéndose nuevamente en aquella hermosa mirada. Era un sueño, un encanto del cual no podía, ni quería despertar. Se sentía atrapada entre sus redes, casi como una tonta.
- Kagome... -
Llamó él con su dulce voz, única en todo el mundo, lo que hizo que despertara en un segundo, volviendo su mirada ansiosa al muchacho que tenía enfrente y que lucía bastante inquieto y nervioso. Ese no era el Inuyasha que estaba acostumbrada a ver, no era el mismo chico con el que siempre hablaba y se reía hasta el cansancio, no. Era alguien diferente. Se movió inquieta en su lugar, esperando. Silencio. Ya no podía soportarlo más.
- ¿Sí?-
- Yo... quiero decirte que... -
Continuará...
N/A: Espero que les haya gustado este capítulo :) jajaja, van a querer matarme! :P las entiendo jajaja. Les mando un saludo enorme y MUCHAS GRACIAS por los reviews :) espero poder seguir leyendo sus comentarios, dudas y opiniones, me encanta y me divierto mucho ^^ por eso las animo a que me sigan escribiendo, es una manera hermosa de estar en contacto con ustedes =) que tengan una hermosa semana, nos vemos en otro capítulo, que prometo será pronto ;D
Kagome .
