CAPÍTULO XII
Sección prohibida
La puerta que custodiaba la tranquilidad nocturna de la biblioteca chirrió al abrirse lentamente, empujada por una invisible muchacha de ojos castaños y melena enmarañada.
Manteniendo la respiración, Hermione se adentró en la fría y oscura estancia llena de estanterías con un sinfín de libros. Sin embargo, el libro que buscaba no se hallaba allí. Estaba entre los libros de la Sección Prohibida.
Inspirando profundamente y armándose de valor, avanzó decidida hacia la puerta que separaba las dos secciones, pero no tomó la precaución de cerrar la puerta tras de sí. Fatal error: tras ella, otra figura invisible entró en la biblioteca. Un chico rubio con no muy buenas intenciones.
***
Mientras recorría con el dedo índice los lomos de los polvorientos libros de las estanterías, Hermione intentaba recordar dónde estaba el libro Molte Potente Potions, sin éxito. Frunció el ceño y se mordió el labio inferior, intentando recordar… Cuando lo volvió a notar.
Se quedó helada en el sitio, pero su mano empezó a temblar descontroladamente: allí había alguien, y sabía perfectamente de quién se trataba. Lo malo era que él no debía estar allí, de noche, y además, invisible…
***
Le encantaba que hiciera esto. Cuando se ponía nerviosa la sangre sucia podía ser incluso… ¿adorable? Le repugnó tal idea, pero debía admitir que no le faltaba razón…
Sabía que ella sabía que él estaba allí, así que se le acercó lentamente, para aumentar su tensión.
Cuando estuvo justo detrás de la chica, levantó la mano sin hacer ruido y acarició suavemente la invisible tela que la cubría, provocando en ella un intenso estremecimiento.
Sonrió para sus adentros, cínicamente: la tenía en sus manos.
***
Se dio la vuelta para encararse a la invisible mano que le había rozado la espalda, pero con la precipitación del momento su capa se deslizó de sus hombros, dejándola completamente expuesta e indefensa.
- M-Malfoy… Sé que estás ahí. – tartamudeó con un hilo de voz, pero intentando parecer segura de sí misma, sin éxito alguno.
- Premio Granger… -le respondió su voz invisible, con claro tono burleta.
- Quítate la capa de invisibilidad Malfoy –dijo ésta, ya mosqueada por el tono pedante del slytherin.
- Has olvidado decir la palabra mágica, Granger –se burló el aludido, cada vez más divertido ante la situación.
- Muy bien. –Dijo la castaña recuperando ya su tono desafiante- Si no te la quitas tú, lo haré yo.
Y dicho esto dio un paso hacia adelante, tomó con brusquedad la tela invisible, y tiró de ella con fuerza, mostrándole por fin un Draco Malfoy con el rostro contraído por la ira.
- No te atrevas a hacer esto nunca más, asquerosa Sangre Sucia. –le dijo destilando odio por su lengua viperina.
- ¿O qué me harás? –le desafió Hermione, más tranquila al hallarse en igualdad de condiciones con su contrincante.
No sabía como, pero la pobre chica se vio empotrada contra la librería que había estado examinando segundos antes, con las muñecas alzadas a ambos lados de su cabeza, con las muñecas aprisionadas entre unos helados dedos que le cortaban la circulación, y con el rostro del infame Draco Malfoy más cerca de lo que nunca le hubiera permitido de hallarse libre.
***
Triunfo. Triunfo rotundo. Esto era lo que la pedante gryffindor le había servido en bandeja de oro.
Sentirla así, a su completa merced, incapaz de hacer nada contra él… Era simplemente embriagador.
Dejándose llevar por la perfección de aquél instante, se deleitó observando como su nerviosismo aumentaba segundo a segundo:
Sus pupilas se habían dilatado por el miedo, y sus marrones iris buscaban ayuda por todas partes, sin encontrarla. Sus labios temblaban y dejaban escapar entrecortadas ráfagas de aire que salían de su boca como humo de tabaco. Su pecho se agitaba descontroladamente arriba y abajo, siguiendo el ritmo de sus pulmones al llenarse de oxígeno. Su pulso se volvía frenético entre los dedos de sus manos, que cada vez aumentaban más la presión…
Y en ese preciso instante lo decidió.
Decidió que pasaría a la parte más peligrosa de su plan, la parte que tenía ganas de poner en práctica des que todo esto había empezado.
Sin dejar de sonreír maquiavélicamente, fue acercando su rostro al de la chica, que estaba paralizada por el miedo y la sorpresa.
Pudo notar su cálido aliento azotando su rostro mientras él aspiraba su embriagador aroma a manzanas verdes.
Pudo notar el temblor de aquellos rojos y seductores labios cuando los suyos estaban a apenas unos centímetros.
Y, cerrando los ojos para saborear el momento, dejó que sus labios rozaran los de ella.
Sabían muy bien…
Excitado por aquella sensación tan placentera, aumentó la presión, sorprendiéndose al no notar ninguna resistencia.
Los labios de ella se abrieron tímidamente, para dejar que sus alientos se entremezclaran, saboreándose el uno al otro.
Los alientos dieron paso a las lenguas, que empezaron a tantearse para terminar en un frenético juego en el que los dos intentaban desesperadamente conocer cada rincón de la boca del otro…
Entonces él soltó sus muñecas para rodear con sus brazos la cintura de la chica y la apretó fuertemente contra él, haciendo que ella notara la excitación de su miembro.
Ella respondió rodeando su cuello y acariciándole el platinado cabello con pasión.
Ése momento era tan perfecto, tan mágico, que ninguno de los dos era consciente de con quién lo estaba viviendo.
Hasta que el maullido de un gato los sacó de su ensimismamiento.
