Capítulo 8: "Luz"
Se sentó aburrido en la ventana mirando la lluvia que caía con insistencia. Frunció el ceño, ¿por qué había sido tan torpe?. Se llevó una mano a la cabeza ocultando parte de su rostro, estaba frustrado. Aunque, también había sido un alivio poder hablar de aquello que tanto lo atormentaba. No había sido tan malo después de todo. Aún recordaba lo sucedido la noche anterior.
- Yo... lo siento-
- Ya no importa... -
Y luego, aquel abrazo tan... cálido. Había sido algo que lo había calmado por completo, lo había relajado, lo había hecho olvidar aquel dolor que en esos momentos sentía. Se sintió tan acompañado, tan querido... como si de pronto, nada en el mundo importara más que ese abrazo.
- Gracias... -
- Sabes que siempre puedes contar conmigo-
Es cierto, él podía contar con ella. Podía confiar en que su amiga iba a estar en todo momento para él. Lo sabía. Un momento, ¿su amiga?... Kagome era su... ¿amiga?. Sus ojos dorados se fijaron en la cornisa en la cual estaba sentado. Se quedó pensativo por unos largos minutos. Las gotas que mojaron su rostro lo despertaron de su ensueño, seguía lloviendo y parecía aumentar la intensidad. De pronto vio una figura que se acercaba a su casa.
- ¡Kagome!- Gritó.
- ¿Ah?-
Kagome abrió los ojos horrorizada cuando lo vio saltar de la ventana desde un primer piso. Su corazón paró de latir. Al instante lo vio venir hacia ella con suma rapidez. Lo miró asombrada. Era bastante atrevido. Frunció el ceño molesta por haberla hecho preocupar. ¿No sabía que se podía lastimar saltando así?.
- ¡Te vas a mojar!- Dijo en tono en molesto el chico.
- ¡Y tú te vas a romper todo si sigues saltando como mono!- Contestó ella de igual forma.
- ¿Cómo mono?... ¡¿Acaso me llamaste mono?!-
- Sí.... ¡mono!-
Ambos se miraron de forma desafiante y con el ceño fruncido. De pronto un auto pasó y un gran charco de agua se levantó en el aire. Inuyasha y Kagome ladearon el rostro y parecía como si de pronto todo pasara en cámara lenta. El agua los mojó de pies a cabeza.
- ¡¡Maldición!!- Gritó Inuyasha.
- ¡Ay no!... todo lo que llevo en la bolsa va a mojarse-
- Vamos-
Inuyasha la tomó del brazo y la arrastró hasta el interior de la casa. Abrió la puerta y la obligó a entrar. Luego cerró y la dejó parada del lado de adentro. Kagome lo vio desaparecer escaleras arriba y al instante regresar con una toalla en la mano la cual le extendió.
- Gracias-
- Será mejor que te saques eso... o vas a enfermarte- Comentó.
Kagome enrojeció de manera brutal al escucharlo. Bajó la mirada y le devolvió la toalla avergonzada. Estaba loco, no pensaba quedarse más tiempo en ese lugar... con él.
- Descuida ya me voy... -
- ¡No te vas a ir a ningún lado en esas condiciones! Anda ten- Le extendió unos pantalones y una remera- y no te niegues- Sentenció mientras que se marchaba.
Kagome entró al baño y se sacó sus ropas completamente mojadas y se puso lo que Inuyasha le había dado. Se miró al espejo y torció la boca, ¡eran prendas enormes!. Suspiró y recogió lo que era de ella. Abrió la puerta y caminó hasta la cocina. El joven estaba preparando algo. Lo miró sin comprender.
- ¿Inuyasha?-
- ¿Qué prefieres? ¿té, café, chocolate?- Kagome iba a hablar pero él la interrumpió- cierto, te gusta el chocolate, siéntate-
Sin poder discutirle más nada se sentó. El chico le acercó el chocolate y luego salió de la cocina. Ella mantuvo la taza caliente entre sus manos. Por alguna extraña razón se sentía muy nerviosa. Suspiró intentando tranquilizarse. Pasaron unos minutos y lo vio volver. Ahora llevaba puestos unos jeans un tanto rotos y una remera bastante larga.
-Inuyasha, será mejor que me vaya, de seguro voy a molestar a tus padres si me quedo mucho tiempo- Se excusó la chica.
- No te preocupes, no hay nadie y llegarán tarde- Contestó sin darle mucha importancia al tema- además, tu ropa aún no se secó-
Kagome se quedó pensativa con la vista fija en el chocolate caliente. Inuyasha la observó de reojo, se notaba que ella estaba nerviosa. Bebió un poco de su café y se estiró en la silla con bastante pereza. Ambos se quedaron en silencio por un largo rato. Esos silencios siempre eran comunes entre ellos, pero les agradaba a pesar de todo.
- Inuyasha... -
- ¿Um?- Fue su única contestación.
- ¿Por qué... me contaste eso anoche?- Preguntó de pronto.
Inuyasha se quedó sin movimiento alguno. Intentó relajarse y carraspeó algo inquieto. Sus ojos dorados se clavaron en los de ella que lo observaba con mucha intriga.
- Verás... es que yo... necesitaba decírtelo-
- Pero... dijiste que algo que... aún no me has aclarado- Desvió ella.
- ¿Qué?- Preguntó nervioso. Parece que estaba acorralado. Ella se había dado cuenta.
- Me pediste perdón... por las veces que me trataste mal... pero dijiste que era para... protegernos. ¿Por qué? ¿de qué?-
- Es que yo... ya lo sabía-
- ¿Ya lo sabías?... ¿saber qué?-
Kagome cada vez se sentía más confundida. No entendía que estaba pasando, paraceía como si él le estuviera escondiendo algo. Pero... ¿qué?. ¿Qué acaso no confiaba en ella?. Se sintió herida ante ese pensamiento.
- Kagome yo... -
- Vaya-
Ambos se giraron para ver a un hombre de cabellos largos parado en la puerta. Inuyasha frunció el ceño y bufó molesto. Kagome lo observó con detenimiento. Era un poco más alto que Inuyasha y sus cabellos era casi plateados. No se parecían en casi nada, sobre todo porque ese hombre daba un aspecto más tranquilo, una seriedad bastante particular. Lo único que tenían en común... eran sus ojos dorados. Se sintió incómoda ante esa situación.
- Sesshoumaru... ¿qué acaso no ibas a llegar más tarde?- Preguntó molesto.
- Es mi casa, puedo llegar cuando quiera... ¿no?- Respondió el otro dirigiendo una mirada hacia Kagome que en seguida bajó la vista avergonzada.
- I... Inuyasha... será mejor que me vaya-
- No... - Se quejó Inuyasha como un niño pequeño y una voz que se parecía a un terciopelo.
- Se ha hecho tarde... - Insistió ella.
- De acuerdo, pero te llevo-
- No... estoy bien así, enserio- La chica se levantó rápidamente y recogió sus cosas- me cambio y... -
- No importa, puedes quedártelas... -
Kagome sonrió de manera conciliadora. Inuyasha la acompañó hasta la puerta y se quedaron parados de forma tonta, sin ser capaces de saludarse o hablarse.
- Nos vemos-
Rápidamente ella depositó un beso en la mejilla del chico y se fue como un rayo. Inuyasha la observó irse con una pena muy grande. Sentía un vacío enorme. Nuevamente había fallado... era un fracasado. Cerró la puerta con cuidado y apoyó la cabeza en la madera, cerró sus ojos y suspiró cansado. Esto se estaba volviendo una tortura.
- Siento haber arruinado tu diversión-
La voz irritable de su hermanastro lo hizo despertar. Abrió sus ojos y frunció el ceño sin comprender del todo sus palabras. Ladeó el rostro y lo enfrentó casi con una mirada nula.
- ¿A qué te refieres?-
- Si hubiera sabido que estabas con una chica no hubiera venido... al menos pagaste, ¿cierto?-
Sus ojos se volvieron dos llamas de fuego y apretó el puño con fuerza. Sin pensarlo dos veces le dio un golpe en la cara a su hermano. Lo miró con rencor, con odio. ¿Cómo podía pensar eso de ella y de él?. Claro, había olvidado que la única vida que conocía ese patán era la de usar a las mujeres como una diversión. Pero él no era así, era diferente.
- ¡¡Idiota!! ¡¡Ella no es ninguna de esas mujeres que tú sueles visitar!!- Bramó como un demonio.
Sesshoumaru se quedó inmóvil. Solo le devolvió una mirada fría, ausente, como de costumbre. Inuyasha mantuvo la vista fija en ese hombre sin sentimientos. Pasó por su lado con orgullo y una vez que estaba por subir las escaleras ladeó el rostro para mirarlo como si quisiera matarlo.
- Y que se la última vez que hablas así de ella... de lo contrario, la próxima vez terminarás con más de un golpe en el hospital- Comentó con voz apagada mientras que subía.
Se encerró en su cuarto molesto. No iba a permitir que nadie hablara mal de ella. Jamás. Su vista dorada estaba fija en el techo. Esto se estaba saliendo de control, tenía que animarse y hablar con ella de una buena vez por todas. Tenía que ser sincero, abrir su corazón... decirle que... la amaba con su vida. Suspiró cansado. Apretó el puño con fuerza, ¿por qué no podía?... ¿por qué demonios tenía que ser un hombre al que le costara tanto expresar sus sentimientos?. Apretó los dientes con fuerza. Estaba decidido, se lo diría... tenía que decirle que la amaba y que desde que llegó había sido una luz penetrando su oscuro corazón.
Continuará...
N/A: Hola amigas ^^ espero que les guste este capítulo! Ahora voy a empezar a escribir el otro :) ! Les mando un saludo enorme y GRACIAS por todos los reviews, me pone muy contenta saber que sigue la historia ^^
Las amo n_n que tengan un hermoso día!!!
Kagome.
