Capítulo 12: "Después de la Tormenta"
Corría lo más rápido que podía. No le importaba nada a su alrededor, ni los autos que le tocaban bocina furiosos por su imprudencia. Hizo caso omiso a todos los insultos y siguió corriendo utilizando todas sus fuerzas. Golpeó la puertas de la sala y entró agitado. Dos miradas se clavaron y él de inmediato se acercó a ellos con mucha impaciencia.
- Inuyasha- Dijo Miroku.
- ¿Cómo está ella?- Preguntó con dolor.
- Kagome está... -
- Ella no está bien- Contestó Sango desde un rincón.
Inuyasha la observó fijamente y ella alzó la vista. Sus ojos castaños estaban hinchados y muy rojos, había estado llorando. Sintió que su corazón se oprimía. Caminó hasta su amiga y la abrazó con fuerza. La castaña correspondió y él la sintió llorar en su hombro.
- Lo siento Sango- Musitó.
- Ella... ella... -
Inuyasha la separó apenas y la miró preocupado. Su corazón no dejaba de sentir dolor, estaba tan angustiado, tan dolido, no podía soportar la idea de que Kagome estuviera en ese sanatorio, no podía.
- Tranquila... - Animó.
- Inuyasha, Kagome está mal, sufrió un desmayo al llegar a su casa y su presión no anda nada bien. Tiene mucha fiebre, demasiada- Comentó Miroku.
- No... - Susurró él con el dolor en sus ojos.
- Su madre está desesperada, en estos momentos la mandamos a su casa para que descanse-
Inuyasha sintió temblar a Sango. La miró, sus brazos seguían aferrados a los hombros de la castaña. Ella levantó la vista y lo miró con súplica.
- Inuyasha, ayúdala- Rogó.
- ¿Cómo podría yo...?-
- Ella escucha, los médicos lo dijeron... háblale... te necesita- Lloró.
Miroku asintió y él caminó hasta la puerta de la habitación. Se detuvo sin tener las fuerzas suficientes para abrir la puerta. Tomó aire muy profundamente y abrió. Tragó dolorosamente al verla. Estaba dormida, con algunos aparatos conectados que la controlaban constantemente. Se acercó despacio, sintiendo que cada paso que daba era un paso tortuoso. Se agachó al lado de la cama y aferró su mano a la de ella.
- Kagome- Murmuró.
Las lágrimas de pronto se agolparon en sus ojos dorados, oscuros, sin vida. La garganta le dolía demasiado, sentía una opresión en el pecho que no lo dejaba respirar. Había sido un tonto. Se lamentó de no haberla protegido de esto, él... él que había prometido cuidarla con su vida. Agachó el rostro enojado con sí mismo. Era un imbécil. La observó nuevamente. Se veía tan tranquila, durmiendo, tal vez... sin dolor.
- Perdóname-
Sintió un leve apretón en su mano. Abrió los ojos sorprendido y en seguida levantó la vista para observar a Kagome. Ella abrió los ojos apenas y los desvió hasta los dorados del chico. El chico notó que él estaba llorando y ella hizo una mueca a duras penas.
- I... nu... yasha- Musitó.
- No hables, oye, te va hacer mal- Reprochó el chico mientras que apartaba las lágrimas.
- Soy... una tonta-
- No digas eso... fue mi culpa, yo no debí... lo siento-
- Yo juré... creer en tí- Se quejó ella.
- Ya, calla... esto es todo mi culpa... -
- Te amo- Suspiró ella sintiendo un nudo en la garganta.
- Jamás lo dudé- Respondió él sonriendo.
- Yo tampoco... dude de tí... estaba enojada- Confesó ella.
- Ya lo sabía amor... no es necesario que lo digas-
Ella sonrió un poco y frunció el ceño, los mareos se hacían cada vez más fuertes. Inuyasha notó su incomodidad y entonces se acercó y depositó un suave beso en la frente de ella. El cuerpo de Kagome se estremeció ante el contacto de él.
- Gracias... -
- Siempre agradeciendo, ¿verdad?... Kagome, el amor no se agradece-
- Umm... - Ella cerró sus ojos y él sonrió- ¿vas a quedarte?-
- ¿Lo dudas?... -
- No-
- Mejor así- Se rió él.
Ella aferró más fuerte su mano a la de él. No iba a dejarlo ir, no. Su amor era demasiado como para poder permitir que él se fuera. El joven de ojos dorados sintió una punzada en su corazón. No la merecía. Ella era tan... perfecta y él tan solo un tonto que no sabía tratarla. Tragó con dolor.
Kagome había estado dos días internada y él no se había enterado. Era comprensible. Sango y Miroku no fueron capaces de avisarle, ya que Sango había casi sufrido un ataque cuando se enteró que su mejor amiga estaba en esas condiciones y Miroku se había hecho cargo de ella. Por eso no habían podido comunicarse con él antes.
Era normal que Kagome faltara dos días después de haberse peleado con él, lo más probable era que no quisiera cruzárselo. Pero... ¿y Miroku y Sango?. Fue entonces cuando decidió llamarlos para ver que sucedía y se enteró. No lo pensó dos veces para dejar todo lo que estaba haciendo y correr a verla. Aunque, había sufrido tanto...
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Esos dos días sin ella habían sido una tortura, se había sentido tan solo, no había manera de calmar su dolor. No había comido por días y se sentía tan inútil. Su mundo se había derrumbado. Sus padres estaban preocupados por él, le insistían en que volviera a ser el mismo, no sabían que le pasaba, ya que, él no había contado nada. De todas formas, no tenía ganas de andar publicando sus sentimientos en todos lados.
- ¿Sucede algo hijo?- Preguntó su madre preocupada.
- No mamá, todo esta bien- Respondió sin más mientras que hacía zapping en la tele.
- ¿Seguro?-
- ¡Ya dije que no es nada!- Gritó- maldición... - susurró a lo último.
Su madre se quedó observándolo por un instante. Su hijo se veía tan irritado, tan... muerto. Es como si algo vital le faltara. Suspiró agotada.
- Y... ¿cómo está Kagome?- Interrogó sonriendo.
Inuyasha frunció el ceño y apretó los dientes. Clavó su mirada en la televisión e intentó no pensar en ella. Solo se limitó a asentir su cabeza y su madre se sorprendió. Él no solía hacer eso cuando ella le preguntaba por Kagome. ¿Podría ser que...?.
No dijo más nada y se retiró de la sala dejándolo solo. Inuyasha la observó irse y luego tiró el control con furia al suelo. Se quedó inmóvil en el sofá sintiendo como el mundo se le venía abajo de a poco. Tan solo... tan muerto. Así se sentía. Bufó con molestia y se levantó. Pateó la mesa con brusquedad tirando y rompiendo todo lo que había en ella. Sin decir más nada, subió las escaleras y se encerró en su cuarto, una vez más.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Sus días habían sido una tortura, llenos de furia, tristeza, desolación... se detuvo un momento. Miró a Kagome que ahora respiraba acompasadamente. ¿Y los de ella?. ¿Acaso no habían sido peor?. Retuvo el aliento al solo pensar el sufrimiento de la chica. Por algo estaba ahí, ¿no?. Tragó con dolor.
Soltó su mano poco a poco y buscó algún papel en la habitación. Escribió una nota y salió del cuarto de forma cautelosa para no despertarla.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
El sol entró por las cortinas de forma cegadora. Ella abrió los ojos y pestañeó varias veces para recuperar la vista por completo. Ladeó el rostro buscando a Inuyasha pero él no estaba ahí. Sintió una opresión en el pecho, apoyó sus manos en la frazada y tocó algo. Bajó la vista y era un papel. Frunció el ceño sin comprender y lo abrió con cuidado.
"No te asustes, solo fui en busca de algo. Nos veremos más tarde. Te amo, lo sabes. Inuyasha"
Sonrió contenta de que sus temores no fueran ciertos. Al instante entró el doctor acompañado de su madre que sonreía ampliamente, sintiéndose aliviada.
- Mamá- Dijo ella al verla-.
- Kagome, hija que bueno que estás bien- Su madre la abrazó con fuerza.
- Si, ya estoy mejor-
- Muy bien Kagome, ya puedes cambiarte e irte a casa. Sorprendentemente tu estado de shock mejoró
bastante durante la noche-
- Vaya... no me imagino porque podría ser- Comentó ella sonriendo.
- Señora Higurashi, ¿podría acompañarme?. Tiene que firmar los papeles del alta- Dijo el doctor.
- Claro, Kagome hija, cámbiate que en cuanto termine nos marcharemos-
- Sí-
Su madre y el doctor salieron de la sala. Kagome se sentó en su cama moviendo sus piernas. Definitivamente se sentía mucho mejor. Suspiró aliviada y alzó la vista cuando la puerta se abrió. Sonrió ampliamente.
- ¡¡Kagome!!-
- ¡Sango, amiga!- Gritó llena de emoción.
Se paró y corrió a abrazarla. Estuvieron así unos instantes hasta que se separaron y sonrieron, felices de que todo volviera a ser como antes.
- Me asustaste mucho, tonta- Reprochó Sango.
- Lo sé y lo siento mucho- Se disculpó ella.
- Vine a ayudarte a preparar tus cosas, ¿esta bien?-
- ¡Claro que sí!, ¡qué pregunta! jaja-
- Se te ve mucho mejor amiga- Dijo la castaña mientras que guardabas varias prendas dentro del bolso- dime... ¿qué fue lo que sucedió?... ¿por qué llegaste a este estado?- Indagó.
- Es que... preferiría no hablar de eso por ahora- Fue su única respuesta.
- Es comprensible, no hay problema-
Kagome, su mamá y Sango salieron del sanatorio. El sol les dio en la cara como grato recibimiento y al levantar la vista, Kagome pudo verlo. Estaba parado frente a ellas con una amplia sonrisa, esperándola. Ella sonrió contenta y corrió para abrazarlo.
- Que bueno que ya estás mejor- Dijo entregándole un ramo de flores.
Kagome se sorprendió y sus ojos se llenaron de lágrimas, las cual cayeron por sus mejillas descuidadamente. Inuyasha se asustó y en seguida la miró preocupado.
- ¿Qué sucede?- Preguntó asustado.
- Estoy feliz, eso es todo... - Contestó abrazándolo nuevamente.
Sango los observó de lejos y sonrió, miró a la mamá de Kagome que también se veía complacida. Ella suspiró y se sintió contenta por su amiga.
- Es lógico, ¿no?- Comentó la castaña.
- Si, después de todo, ambos son humanos y cometen errores... lo bueno es que ahora todo está bien-
- Kagome no quiso contármelo, lo dejé pasar, después de todo Inuyasha me dijo como fueron las cosas- Dijo
Sango manteniendo la vista al frente.
- A mí también me contó, era normal que Kagome se pusiera así al ver a esa joven, pero... lo que ella no entendió es que por más que el pasado vuelva, si el presente es sincero, jamás va a poder reemplazarlo-
- Así es, pero... parece que ya lo comprendió- Rió Sango.
- Que bueno, Inuyasha me gusta como yerno- Bromeó la madre.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Se recostó en su cama feliz. Inuyasha se sentó a su lado y la observó con una sonrisa. Ella levantó la mirada.
-¿Qué?-
- Solo... admiro tu belleza- Comentó él guiñándole un ojo.
- ¡Qué tonto!- Ella lo empujó y él cayó al suelo.
- ¡¡Oye!! ¡eso no se vale! ¡ya verás!-
Inuyasha se levantó y comenzó a hacerle cosquilla. Kagome lo pateó y ambos rieron nuevamente. El joven la observó y se acercó a ella depositando un suave beso en sus labios. Kagome pasó sus manos por el cuello del chico se aferró a él. No iba a soltarlo. Inuyasha sonrió a medias y profundizó su beso, sintiéndose vivo nuevamente. Ambos sonrieron y siguieron besándose. Esta vez no les importaba el tiempo ni nada que pudiera interponerse.
- Te amo- Murmuró ella.
- Yo también, pero... espero que ya no dudes de mí-
- Jamás volveré a hacerlo, lo prometo-
- ¿En verdad?-
- Sí- Sentenció ella.
- Así me gusta- Rió él besándola nuevamente.
Siguieron entre besos y abrazos por varios minutos, rieron, y continuaban demostrándose su amor todo el tiempo. Era tan... hermoso estar así.
- Inuyasha... -
- ¿Um?-
- ¿Te diste cuenta?-
- ¿De qué?- Preguntó él sin comprender.
- Ya pasó... la tormenta- Comentó con una sonrisa.
Inuyasha sonrió nuevamente y la besó. Es cierto, desde que se habían peleado no había dejado de llover, pero cuando esa mañana, el sol había salido nuevamente. Inuyasha escondió su cabeza en el cuello de ella y Kagome acarició sus cabellos de forma dulce. Suspiró sintiéndose feliz, vivo nuevamente.
Es cierto, ahora estaban felices, y nada iba a separarlos, nada... porque... después de la tormenta, siempre sale el sol.
Continuará...
NA: Bueno, actualizando por segunda vez en el día ^^ jajajaja, espero que les haya gustado, si sigo inspirada probablemente actualice una vez más, sino, mañana :P jejeje. Cualquier cosa, saben donde encontrarme, gracias por los reviews ;) saludos amigas n.n
Kagome.
