Capítulo 5 - Las Ocho Páginas
Domingo 25 de Septiembre, año 20xx
La chica comenzó a temblar, su cuerpo invadido por el miedo, fue incapaz de reaccionar, y su mente fue incapaz de pensar en una forma de salir de aquella situación. Se había quedado completamente paralizada por el pánico y no sabía cómo iba a hacer para poder seguir con su propósito. Pensó por un momento que iba a morir ahí mismo, en ese preciso instante.
Apretó el puño en el que tenía la linterna, cerró los ojos, se dio la vuelta y los volvió a abrir.
No había nadie ahí.
La joven miró en todas direcciones, se fijó en los árboles de fuera del camino, pero no vio nada fuera de lo normal. Fijó su vista a la cámara. Ésta funcionaba a la perfección.
Amy se tiró al suelo, cayendo de rodillas, suspirando muy aliviada. Cuando sus piernas se sintieron con fuerzas para continuar, se levantó del suelo, cogió la nota y continuó buscando las páginas que le faltaban, que eran 2.
En esta ocasión, Amy iba con la guardia muy alta, muy pendiente de todo lo que podía oír, de todo lo que podía ver. No quería verse de nuevo en aquella situación que había vivido. No quería volver a sentir aquel miedo. Quería encontrar las dos hojas que le quedaban y marcharse de allí, para no volver nunca más por el campamento Valmount.
Se daba la vuelta muy de vez en cuando, para comprobar que realmente no había nadie tras su espalda. Caminaba hacia atrás, filmando con la cámara todo lo que podía, comprobando que ya no habría más interferencias.
Detuvo su marcha cuando su espalda tocó una superficie dura.
Amy gritó mientras se daba de nuevo la vuelta. Era solo un pequeño... ¿Poste? ¿Tronco de árbol?
Y no sólo había uno, había varios de ellos, colocados de forma ordenada en el suelo, verticalmente.
Ahí fue donde encontró la séptima nota, escondida en uno de aquellos postes.
- Always watches... No eyes. - leyó Amy en voz alta.
- Me parece a mí que ya has llegado demasiado lejos... - dijo una voz a su espalda.
Lo siguiente que Amy escuchó fue su cámara de vídeo, haciendo unos ruidos horribles. Eran de nuevo las interferencias.
Amy gritó y en aquella ocasión, sí que fue capaz de reaccionar. Sin mirar a quien le había hablado, dio media vuelta y salió corriendo, internándose en la parte profunda del bosque, saliéndose del camino. Pero eso ahora le importaba bien poco.
Llegó a un enorme claro, donde se detuvo a descansar un instante. Miró su cámara de vídeo. La pantalla aún se veía muy borrosa. "Eso" estaba todavía cerca.
Amy cerró sus ojos, recordando una de las notas. "No lo mires", pensaba la joven. "Si no lo miras... A lo mejor no te mata..." Luego pensó que la idea era muy estúpida, pero eso no le hizo cambiar de parecer. Aún con los ojos cerrados, gritó todo lo que pudo.
- ¿Qué es lo que quieres?
Esperaba una respuesta inmediata, pero no la recibió. Repitió la pregunta.
- ¿¡He dicho que qué quieres!? ¡Habla, sé que puedes hacerlo!
- Que pueda hacerlo no implica que quiera hacerlo... - contestó la voz que había oído antes.
Era una voz un tanto peculiar. Era muy profunda, grave, oscura, con un tono siniestro y tenebroso, que cuando oías, hacía que se te pusiese la piel de gallina y las piernas te temblaran. Sin embargo, Amy mantuvo -más o menos- la compostura y se mantuvo -o lo intentó- serena.
- Eres un cobarde... ¡Te pones a perseguirme y cuando se te pregunta algo no contestas! ¡Da la cara, maldito bastardo! - dijo la joven, en un ataque de rabia.
- ¿De qué me hablas? A lo mejor si abrieses los ojos, verías que lo que dices no tiene sentido.
Amy lo pensó durante un largo rato, hasta que al fin se decidió a abrirlos. En cuanto lo hizo, lanzó un grito de pánico y de puro terror, que la hizo sobresaltarse y caer al suelo.
Se encontró nada más y nada menos, que en frente del mismísimo Operador.
Amy miraba de arriba abajo a quien estaba enfrente a ella, aún incapaz de creerse lo que estaba viendo. Le parecía estar en una horrible pesadilla, de la cual no podía despertar.
Unos dos metros de altura.
Traje negro.
Corbata negra.
Piel pálida.
Y lo más importante... Carecía de rostro.
- Pareces impresionada. - dijo el Operador. - Y yo que pensaba que estarías preparada para verme...
- ¿Cómo...? ¿Cómo puedes hablar? ¡Si no tienes boca! - preguntó Amy, asustada.
- Que no puedas ver mi rostro, no implica que carezca de uno. Estúpida humana... - contestó él, con un tono de voz... ¿Molesto? - ¿No notas algo extraño en mi voz?
La joven se quedó pensando. ¿Extraño en su voz? ¿Qué tal todo? Para ella, aquella voz en su cabeza no era normal...
Espera, ¿en su cabeza?
- Efectivamente. Es algo que vosotros, humanos, llamáis "telepatía". ¿Ves como a veces no es necesario responder a ciertas preguntas? Sólo hay que pensar un poquito. Pero es algo que vosotros no hacéis con frecuencia... - pareció en ese momento que el monstruo reía.
- Pero todavía sigues sin responder a mi primera pregunta. ¿Qué es lo que quieres de mí?
- Pensaba que serías algo más inteligente que la otra que vino por aquí hace poco... - Se agachó hasta quedar a la altura de Amy, y levantó su mano, amenazándola. - Quiero lo único que puede mantenerme vivo. Tu alma. El alma de los humanos.
- ¡Entonces es cierto que matas! Eres... Eres...
- ¿Deplorable? ¿Despreciable? ¿Monstruoso, quizás? - preguntó él, con un tono sarcástico. - Por favor, humana, dime algo que no sepa.
- ... Un segundo, ¿has dicho la chica que vino antes? ¡Mi amiga Lyra! ¿Qué has hecho con ella?
El Operador no contestó. Se limitó a girar su cabeza libre de expresión, que parecía mirar hacia una dirección. Después, de su espalda brotó un tentáculo, que señaló la dirección a la que él miraba. Amy se levantó del suelo y se dirigió hacia la dirección señalada. Encontró una camiseta rasgada y manchada de sangre debajo de uno de los árboles que limitaban el camino.
- Lyra... - la joven fue incapaz de pronunciar el nombre de su amiga sin echarse a llorar. Dirigió su mirada al monstruo, en un ataque irrefrenable de rabia. - ¡Eres horrible!
Si al monstruo se le hubiese podido ver la cara, habría sonreído. Amy escuchó en su mente una risilla siniestra.
- Como bien te he dicho... Necesito vuestras almas para poder seguir viviendo. Y ya que ella vino voluntariamente por este lugar, no desaproveché la oportunidad.
- ¿Qué vino voluntariamente? - gritó la otra, algo confusa. - ¡Eso es mentira! ¡Tú la has secuestrado! ¡Sé qué eres! ¡Sé que a aquellos que te conocen te los llevas! ¡Y ella te conocía, lo sé! ¡Sé que la seguías, que la acosabas, que...!
- Que yo la acosara no significa que me la haya llevado yo aquí. Estúpida humana, ¿crees que si me la hubiese llevado yo le habría dejado escribir eso que llevas ahí? - añadió el Operador, refiriéndose a las notas que Amy había estado recogiendo.
- Pero... Su casa...
- Ah, eso sí que he sido yo. - le cortó entonces el Operador. - La caja.
- ... ¿La caja?
- Debiste haberla quemado. - el monstruo rió en la mente de la chica. - Esa caja será vuestra perdición.
Amy dio un par de pasos hacia atrás. ¿Su perdición? No entendía nada de nada. ¿No sería al revés?
- Al contrario... ¡No intentes liarme! - dijo Amy, intentando defenderse. - Con las pruebas recogidas en la caja, ¡la humanidad sabrá de ti! ¡Y entonces, acabaremos contigo!
Hubo unos instantes de silencio antes de que el Operador se echara a reír de nuevo y juntaba sus delgadas manos. Parecía que aquel comentario le había hecho mucha gracia.
- No entiendo de qué te ríes. ¡No estoy mintiendo! - gritó la chica, en un ataque de rabia.
- En que los humanos sois realmente estúpidos. Cuanto más sepa la gente de mí... Mejor. Todo... Se me hace más sencillo.
- ... No... No lo entiendo.
- A los humanos se os tiene que dar todo hecho. Por eso me sois tan repulsivos. - dijo el Operador, con una voz tétrica y seria. - Piénsalo. Os puedo controlar con la mente. Leo vuestros pensamientos...
No fue necesario que él dijese nada más. Amy acababa de comprenderlo. Si la gente sabía de este monstruo, él podía detectar quién era el que pensara en él. Leería sus pensamientos en todo momento, descubriendo así quién es, dónde vive... Cuando está solo.
Amy maldijo en lo bajo el haberse metido en aquella situación, el haberse adentrado el bosque. Y sobre todo, maldijo el hecho de no haber hecho caso a su amiga cuando ésta le dijo que no siguiese su pista.
Ahora ya era demasiado tarde.
... ¿O quizá no?
- El hecho que TODOS te conozcan, no te pone en ventaja. Si la gente sabe quién eres, comenzarán a estar preparados. Podrán prepararse para defenderse de ti. Y algún día, alguien acabará contigo.
El Operador no dijo nada. La joven dedujo que, entonces quizá, habría dado en el clavo. Dio media vuelta, para irse por el camino, para poder marcharse de allí lo antes posible.
- ¿Te vas ya? ¿Sin la hoja que te falta? - preguntó el monstruo de pronto, señalando con su huesudo dedo una especie de poste enorme, cercano al claro en el que se encontraban.
Amy dudó un instante sobre qué hacer. ¿Irse y dejar la nota atrás? ¿Y si el Operador le estaba mintiendo? ¿Se arriesgaría?
Finalmente, se acercó al poste y comenzó a inspeccionarlo, encontrando, a los pocos segundos, una última hoja.
Ésta era un poco distinta a las demás. Estaba mucho más mal escrita que las anteriores y tenía un poco de sangre encima. Sin embargo, el mensaje era más claro imposible:
"Can't run"
La chica arrancó la nota y entonces vio que el poste, reflejaba la sombra del Operador, que estaba detrás de ella. La sombra fue distorsionándose, haciéndose más grande. La joven se dio lentamente la vuelta.
El Operador se había hecho muchísimo más grande, cientos de tentáculos brotaron de su espalda y su rostro comenzó a formarse.
- Como bien te dijo tu amiga... Nadie puede escapar de mí. Y es hora de que, al igual que ella, me seas de utilidad.
La joven intentó salir corriendo, pero no sabía muy bien porqué, sus piernas no le respondían. ¿Sería por el miedo?
A pesar de que no podía moverse, fue capaz de preguntar una última cosa.
- ¿Qué eres, exactamente? ¿Un alien, un monstruo...?
- Nací de vuestras peores pesadillas... -contestó simplemente el Operador. - Soy el señor de las tinieblas, no soy real, tampoco ficticio. - la entidad calló para soltar una siniestra risa. - Me llaman... Slenderman.
Amy lanzó un último grito antes de ser atravesada por varios de los tentáculos del Operador. Perdió la vida en pocos instantes.
Su alma, viva, curiosa y llena de pasión por la investigación, sirvió de alimento para el nacido de la oscuridad.
Pero él sabía que no todo había terminado. Si quería divertirse un poco más, debía encontrar aquella caja.
Y ya sabía dónde encontrarla.
¿Qué es esto? ¿Sunny subiendo dos capítulos en un día? ¿¡CÓMO ES ESTO!?
Ok, explico, el capítulo que subí antes... Estaba incompleto |'D Cuando le di a 'copiar y pegar', no sé cómo, me dejé hoja y media sin pegar en FanFiction. Esa primera parte separada de la otra por la primera línea, es el VERDADERO final del capítulo 4 x''DDDD
Pues como me daba penita dejaros con la intriga, subo un capítulo más uwu
¡PERO HEY! Que este no es el último capítulo. Todavía queda uno más~ El cual ya veré cuándo subo x'D
-Ah, y sí, en mi cabeza, Slenderman es un sarcástico y habla telepáticamente (?)-
Pues nada, que lo disfrutéis òwo/
