Hay un universo de pequeñas cosas
Capítulo tres
When all I ever wanted was the simple things
A simple kind of life
Scorpius se apareció en Hogsmeade. Nunca había ido a La sonámbula, era un nuevo bar que habían abierto luego de la guerra y era demasiado turbio. O eso se rumoreaba...
Se envolvió en su capa negra. Hacía mucho frío y nadie caminaba por la calle a esas horas.
Apuró el paso y bajó la mirada, estaba mentalmente agotado y se preguntó quienes podían estar en la reunión. Tan ensimismado estaba que no vio a una figura que se acercó sigilosa a él. Apenas tuvo tiempo de levantar la cabeza cuando escuchó "Desmaius".
Albus corrió suavemente unos mechones rubios que caían sobre los ojos de su secuestrado, antes de realizar el contrahechizo. Scorpius se levantó como si tuviera un resorte y sacó su varita, apuntando directo a la cara del morocho.
- Potter... ¿Qué quieres? ¿Por qué me secuestraste?
- Malfoy, Malfoy... Esperaba más de ti... No que amenazaras a mi hermana en la primera. - Scorpius mantuvo cara neutral y levantó una ceja, sonriendo.
- No sé de qué hablas. No digo que no se lo merezca, pero... ¿Creer que fui yo? Me estimas demasiado. - Mantuvo su terror bien escondido y sonrió aún más, todavía apuntándolo.
- Baja el arma, Malfoy. No te traje para atacarte sino para defenderte. Tu grupito está haciendo demasiado alboroto. Estoy seguro que ya deben estar rodeados de aurores.- Scorpius entrecerró los ojos mientras sentía como un escalofrío lo recorría entero. No le preguntó cómo sabía y después de sacarle la varita miró la habitación en la que estaba. Era un lindo departamento, se fijó en extraños objetos que no reconocía y arrugó la nariz.
- ¿Dónde estamos? - Albus lo miró mientras sonreía.
- En el Londres muggle. Alquilé esto, es medio chico pero es acogedor.
Scorpius sacudió la cabeza y se guardó la varita de Albus en el bolsillo de su capa. – Bueno, ya que no puedo ir a Hogsmeade al menos puedo ir a casa.
-No te lo recomendaría…- Albus se incorporó, quedando frente al rubio. Si bien Potter no era alto, medía un par de centímetros más que él. –Viví entre aurores. Seguro que ahora están interrogando a tu madre sobre tu paradero. Hay demasiadas razones reales para creer que eres el atacante de mi hermana, y un par inventadas, claro está.
Scorpius tomó asiento si dejar de mirarlo y suspiró. -¿Qué se supone que haga? Soy prófugo por portación de apellido, Potter.
El moreno se encogió de hombros y encendió manualmente la chimenea bajo unos intensos ojos grises. – Nadie te va a venir a buscar acá, después de todo estás con un Potter ¿Te gusta? – Preguntó cambiando radicalmente de tema y señaló la habitación- Intenté decorarlo lo más Slytherin que pude.
Scorpius observó las prístinas paredes blancas que eran decoradas con una graciosa guarda con dibujos de serpientes. Los sillones eran de cuero negro y los objetos muggles abundaban.
- Eres el homenaje al mal gusto… - El rubio se llevó una mano a la cabeza y sonrió. - ¿Crees que nadie que te visite se va a dar cuenta que tienes a un Slytherin escondido?
- ¿No puedo ser fanático de las serpientes ahora? – Albus se encogió de hombros y sonrió azorado.
Los dos quedaron en silencio. Albus todavía parado junto a la chimenea. Scorpius jugaba con su varita sin sacarle los ojos de encima. - ¿Por qué haces esto, Potter? ¿Qué sacas con salvarme?
- No todo se hace a cambio de algo, Malfoy. Actúo por mi ideología, ¿sabes? Yo creo que lo que está haciendo el Ministerio es tan grave como lo que Voldemort hizo antes.
- ¿Por qué salvarme a mí? ¿Por qué sólo a mí y no a todo el grupo?
-Primero…- El Gryffindor se sacó su capa, dejándola en el respaldo de uno de los sillones. Vestía una camisa blanca de mangas cortas y Scorpius se envolvió aún más con su capa, sintiendo frío sólo de verlo. – No podía ocultar a una manada de Slytherins y salir ileso. Segundo, Malfoy eres el que atacó a mi hermana. Tienes más agallas que cinco de ellos juntos… además nos van a servir mucho tus habilidades para hacer pociones.
El rubio tenía ganas de insistir con que él no había atacado a la minúscula Potter, pero sabía que no tenía caso, además parecía que este Potter hasta parecía contento por eso. – ¿Quién dijo que quiero ayudarte en tu causa tan noble?, Potter.
- No es que quieras o no. No tienes otra opción, Malfoy. O me ayudas o tu padre se pudre en Azkaban ¿Qué elijes? – El silencio fue toda la respuesta y Albus sonrió.- Genial, ahora que nos entendemos creo que es hora de dormir. – Se desperezó y le sonrió. –Aunque si quieres podemos fijarnos si dan alguna película buena…
Scorpius se levantó. No le iba a preguntar qué era una "película" ni por dónde se "da". - ¿Dónde está mi habitación?
- Al final del pasillo a la derecha, a la izquierda está el baño. – Scorpius caminó con paso seguro, pero con la varita apretada entre sus dedos. Abrió la puerta y susurró "lumos" iluminando la habitación. –Acá eso se hace más fácil, Malfoy, los muggles tienen electricidad. Aprietas este botón y…¡luz! – Scorpius saltó cuando una luz más potente lo iluminó e inconcientemente buscó las velas.
-Ah… -Fue todo lo que dijo y observó la habitación. Había dos camas, una pegada a una ventana y la otra entre el armario y una mesa de luz. Frunció el entrecejo, pero no se quejó. –¡Potter no tengo ropa!
- Se compra. –Albus se encogió de hombros y se sacó la camisa.
- ¿Crees que los aurores no se van a enterar de que ando por aquí si voy a Gringotts? – Albus se estaba por desbrochar el pantalón cuando vio la mirada cohibida de Scorpius y sonrió de costado.
- No tienes por qué sacar de tu cuenta. Ya veremos mañana. – Albus se encerró en el baño y Scorpius se sentó en la cama más cercana a la ventana. Estaba confundido, su mundo estaba patitas para arriba y él se sentía inútil ¿Qué si les habían hecho algo a sus amigos? Respiró hondo y tomó la varita de Albus en su mano. No era tan delicada como la suya, pero parecía poderosa.
Albus Potter siempre había sido buen mago. Recordaba que superaba con creces a cualquiera en Defensa contra las Artes Oscuras. Podía haber jurado en sus épocas de estudiante que iba a ser auror, pero no. Terminó Hogwarts y huyó de Inglaterra ¿Por qué? ¿A dónde? Había sido un misterio. Nada se dijo sobre eso.
Pensó en su padre, encerrado en una celda y no pudo evitar sentir angustia. No se lo merecía. Vio como Albus entraba a la habitación, y agradeció que al menos tuviera puestos los pantalones. Tenía ganas de confesarle lo obsoleto que se sentía. Tenía ganas de gritarle que era una gran confusión. Él no podía ayudar porque no sabía y realmente no se veía capaz de enfrentar al Ministerio.
Pero todo lo que hizo fue lavarse los dientes (con las dos varitas en su bolsillo) y volver a su habitación. Apretar el mismo botón que Albus había apretado antes y meterse en la cama. Apenas pudo dormir más de veinte minutos hasta el amanecer donde el cansancio lo venció. No confiaba en Potter, y si bien el chico no hacía más que roncar y girarse eventualmente, no iba a bajar la guardia y esperar a que lo ataque.
El ruido de algo estrellándose lo sacó de su sueño y abrió con cautela los ojos. Estaba en una habitación que en nada se parecía a la suya. Suspiró y bajó de la cama, apenas era conciente del frío bajo sus pies. Caminó hasta la cocina y encontró a un chico de alborotado pelo negro y piel tostada recogiendo uno por uno filosos pedazos de un plato.
-Hey… -Albus soltó todo al escuchar la voz de Scorpius, cortando el delicado pantalón del rubio en la altura del muslo.
- ¡Perdón Scorpius! Me asusté… - Albus se mordió al ver que lo había lastimado y Scorpius movió la mano restándole importancia.
-Es solo un raspón. Reparo- Y el plato volvió a ser plato.- ¿Tan complicado es ese hechizo, Potter?
- No con varita, claro. – Albus apagó la hornalla y se secó las manos. – Deberías limpiarte el corte.
- O usar un hechizo cicatrizante. –Scorpius movió la varita y ya no había nada más que un pantalón roto. –Bien, mi único pantalón, Potter.
Albus sonrió mientras servía el desayuno. – No cantes victoria. Tu madre te ha mandado una buena cantidad de indumentaria y galeons.
Scorpius lo miró levantando una ceja mientras tomaba su te. - ¿Mi madre?
-También dice que espera que disfrutes tu viaje a los Estados Unidos.
-Oh… -Se lo terminó de tomar de una.- ¿Desde cuando tienes contacto con mi madre?
-Desde que decidí hacerle una visita hoy a la mañana. No queremos alertar a inocentes. Ni que ellos alerten a los inadecuados. – Albus le puso la tercera cucharada de azúcar a su café con leche y sonrió. – La decoración me vuelve todo un sly.
- Ni en tus sueños, Potter. Seré curioso ¿Qué voy a hacer durante todas las vacaciones de verano aquí encerrado?
-Podrías ser una buena esposa. – Albus se corrió justo a tiempo para evitar una maldición del rubio y rió. -¿Prometes esperarme todos los días con la casa limpia y la cena hecha? – Las maldiciones lo siguieron hasta el cuarto donde se encerró y continuó riendo.
Scorpius apoyó la cabeza contra la pared y suspiró ¿Qué había hecho él para merecer esto? podía escuchar la risa de Albus del otro lado de a habitación y sonrió. Hacía tiempo que no sentía su corazón palpitar con tanta fuerza, ni se sentía tan aliviado. Irónicamente, esa era la vez que más responsabilidades tenía en su vida. Pero la risa de Albus seguía sonando en su cabeza y él se sentía un niño otra vez.
NDA: Gracias por leer1
Kikimaru: Hola de nuevo. como estas? Primero, estaban mal las separaciones porque no lo había editado por aquí y ff te elimina los espacios en blanco que había usado para separar. Segudno Astoria no está enojada, sólo sabía que Scorpius no iba a tener ningun poder para evitar que lo lleven preso a Draco. Y era un momento de madre e hijo, por eso Maximo no la dejo pasar. Iba a arruinar todo. Gracias y nos leemos ;)
