CAPÍTULO 4: EL REENCUENTRO
(BELLA P.O.V.)
La conversación con Alice me dejó muy preocupada, estaba claro que todos corríamos peligro.
Sergio y Paul se habían convertido en unos hermanos para mí, mantenían las rutinas de entrenamiento, y la verdad es que cada vez lo hacía mejor. La katana la medio dominaba y bueno mis poderes iban más a su voluntad que a la mía. Aún debía esforzarme por controlarlos, pero había mejorado un poquito.
Aunque Edward no caía bien a mis hermanos, ellos aceptaron que nos uniéramos a los Cullen por el bien de todos.
Sergio llamó a Edward para que no viniera a buscarnos, nosotros iríamos a Forks. Aunque vivíamos en México, podríamos haber llegado en, más o menos, tres días. Pero Paul prefirió ir con más calma para poder seguir entrenando por el camino.
Estábamos muy cerca de Forks. Sentía su olor, la humedad… Y los recuerdos venían a mí como las gotas de lluvia caían sobre mi rostro. Sabía que iba a ser duro volver a verlo, pero debíamos permanecer unidos por el bien de las dos familias.
– Sergio. – le llamé.
– Dime, Bella. ¿Qué te ocurre?
– Todo es muy difícil para mí. Aún amo a Edward y creo que lo haré siempre, pero a la vez no quiero verlo. Estoy muy confundida, cuando lo vea… ¿Qué hago? ¿Qué le digo?
– Tranquila, Bella. Con el tiempo lo superarás todo. Sé tú misma, porque tal y como eres, eres perfecta. Tus dudas y reacciones son muy normales. Piensa que estamos aquí para ayudarte. Y si lo prefieres, nos vamos . No estás obligada a nada. Recuerda que te abandonaron a tu suerte.
– No Sergio, ya sé que Edward se fue para irse con otra. –su voz retumbaba en mi cabeza para torturarme "No te quiero, siento algo por Victoria. Lo nuestro no funcionará nunca". – Pero el resto de los Cullen son como una familia para mí y nunca me perdonaría que les ocurriera algo.
– Como tú quieras, Bella. Nosotros estaremos a tu lado para lo que necesites.
Estábamos ya muy cerca de la casa de los Cullen. Reconocía los árboles por los que Edward me llevaba a pasear, el aire húmedo, el musgo sobre los árboles y la frondosidad del bosque; era el refugio perfecto para un clan de vampiros.
Aunque estaba más tranquila por la compañía de mis hermanos, sentía en el estómago los nervios, igual que si fuese humana. Pensaba que los vampiros olvidaban parte de su vida humana, pero mis recuerdos siguen tan nítidos como el primer día.
Al fin llegamos. Llamé a Alice telepáticamente (tenía que utilizar mis poderes para poder dominarlos) y ella enseguida salió a recibirnos.
Estaba toda la familia allí. Alice no paraba de dar saltitos de alegría:
– ¡Bella, Bella! – se notaba en su rostro que realmente se alegraba de verme. Me dio un abrazo y me dijo que me desbloqueara que quería hablar conmigo. – Como te he echado de menos, querida hermana. Por fin nos podremos ir de compras ¡No me gusta tu ropa!
– Desde luego no cambiarás ni en mil años. – le repliqué. Ella siguió hablándome:
– Bella, confía en mí y no creas todo lo que veas. Nada es lo que parece. – Acabó nuestra conexión al acabar el abrazo y se fue dando saltitos junto a Jasper. ¡Cuánto la había echado de menos!
De repente, no vi venir a Emmet. Me sentía como un gato enjaulado entre sus brazos. ¡Dios, que abrazo tan fuerte! Menos mal que no necesito respirar sino ya estaría pajarito. Me gustó mucho su recibimiento. Allí estaba Rosalie a su lado:
– Déjala ya, Emmet; que si no, no querrá quedarse con nosotros. No la agobies. – lo retó, dedicándome una gran sonrisa.
Carlisle y Emmet se acercaron a continuación. Fueron más pausados y se interesaron por mis hermanos. Con tanto recibimiento se me había olvidado que estaban allí.
– Ellos son Sergio y Paul, mis hermanos. – los presenté. Todos se saludaron mutuamente y nos invitaron a entrar en casa.
¡Los había extrañado tanto! ¡Y estaban todos tan guapos! Aún no había visto a Edward. Me sentía inquieta pensando en cómo iba ser nuestro reencuentro. Sergio lo notó, estaba preocupado por mí; aunque también había percibido que todos me querían y ya sólo le preocupaba lo mismo que a mí: Edward. Gracias a nuestros poderes pude conversar con él sin que nadie lo supiera, y así aparentar que no estaba nerviosa. Aguanté el tipo y no pregunté por él. Sabía que llegábamos y ni siquiera había venido a recibirnos.
– Bella, cariño. ¿Qué tal si pasamos dentro? – sugirió Esme, delante de la enorme puerta de la entrada, acompañándonos con la mano para que entráramos todos. – Hay muchas cosas que nos tienes que contar. Ha cambiado tanto tu vida… estás tan guapa, Bella. Nos alegramos que estés de vuelta.
